DANIEL

Historia de Daniel

(1–6)

Daniel en la corte de Babilonia

1 1El año tercero del reinado de Joaquín, rey de Judá, Nabucodonosor, rey de Babilonia llegó a Jerusalén, y la sitió. 2El Señor entregó en su poder a Joaquín de Judá y todos los objetos que quedaban en el templo. Nabucodonosor se los llevó a Senaar, y los objetos del templo los metió en el tesoro del templo de su dios.

3El rey ordenó a Aspenaz, jefe de eunucos, seleccionar algunos israelitas de sangre real y de la nobleza, 4jóvenes, perfectamente sanos, de buen tipo, bien formados en la sabiduría, cultos e inteligentes y aptos para servir en palacio, y ordenó que les enseñasen la lengua y literatura caldeas. 5Cada día el rey les pasaría una ración de comida y de vino de la mesa real. Su educación duraría tres años, al cabo de los cuales pasarían a servir al rey.

6Entre ellos había unos judíos: Daniel, Ananías, Misael y Azarías. 7El jefe de eunucos les cambió los nombres, llamando a Daniel, Belsazar; a Ananías, Sidrac; a Misael, Misac, y a Azarías, Abed-Nego.

8Daniel hizo propósito de no contaminarse con los manjares y el vino de la mesa real, y pidió al jefe de eunucos que le dispensase de esa contaminación. 9El jefe de eunucos, movido por Dios, se compadeció de Daniel y le dijo:

10–Tengo miedo al rey, mi señor, que les ha asignado la ración de comida y bebida; si los encuentra más flacos que sus compañeros, pongo en peligro mi cabeza.

11Daniel dijo al guardia a quién el jefe de eunucos había designado para cuidarlo a él, a Ananías, a Misael y a Azarías:

12–Haz una prueba con nosotros durante diez días: que nos den verduras para comer y agua para beber. 13Compara después nuestro aspecto con el de los jóvenes que comen de la mesa real y trátanos luego según el resultado.

14Aceptó la propuesta e hizo la prueba durante diez días. 15Al acabar tenían mejor aspecto y estaban más gordos que los jóvenes que comían de la mesa real. 16Así que les retiró la ración de comida y de vino y les dio verduras.

17Dios les concedió a los cuatro un conocimiento profundo de todos los libros del saber. Daniel sabía además interpretar visiones y sueños.

18Al cumplirse el plazo señalado por el rey, el jefe de eunucos se los presentó a Nabucodonosor. 19Después de conversar con ellos, el rey no encontró ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías, y los tomó a su servicio.

20Y en todas las cuestiones y problemas que el rey les proponía, lo hacían diez veces mejor que todos los magos y adivinos de todo el reino.

21Daniel estuvo en palacio hasta el año primero del reinado de Ciro.

 

El sueño de Nabucodonosor

(Gn 41)

2 1El año segundo de su reinado, Nabucodonosor tuvo un sueño; se sobresaltó y no pudo seguir durmiendo.

2Mandó llamar a los magos, astrólogos, hechiceros y adivinos para que le explicasen el sueño. 3Cuando llegaron a su presencia, el rey les dijo:

–He tenido un sueño que me ha sobresaltado y quiero saber lo que significa.

4Respondieron los adivinos:

–¡Viva el rey eternamente! Cuente su majestad el sueño y nosotros explicaremos su sentido.

5El rey les dijo:

–¡Ordeno y mando! Si no me cuentan el sueño y su interpretación, los harán pedazos y demolerán sus casas; 6en cambio, si me dan a conocer el sueño y su interpretación, los llenaré de dones, regalos y honores. Por tanto, díganme el sueño y su interpretación.

7Ellos respondieron por segunda vez:

–Majestad, cuéntanos el sueño y te explicaremos su sentido.

8El rey repuso:

–Está claro que intentan ganar tiempo, porque han visto que mi decisión está tomada, 9si no me cuentan el sueño, les tocará a todos una misma sentencia. Porque se han puesto de acuerdo para contarme mentiras y engaños a ver si mientras tanto llega un cambio de situación. Así que cuéntenme el sueño y me convenceré de que también son capaces de interpretarlo.

10Los adivinos contestaron al rey:

–No hay un hombre en la tierra que pueda decir lo que el rey pide; ningún rey ni príncipe ha exigido cosa semejante a magos, astrólogos o adivinos. 11Lo que el rey exige es sobrehumano; sólo los dioses, que no habitan con los mortales, pueden decírselo al rey.

12Al oír esto, el rey se enfureció y mandó acabar con todos los sabios de Babilonia. 13Y decretó que los sabios fueran ejecutados. Y fueron también a buscar a Daniel y a sus compañeros para ajusticiarlos.

14Cuando Arioc, jefe de la guardia real, se dirigía a ejecutar a los sabios, 15Daniel aconsejó tener prudencia y preguntó al funcionario real:

–¿Por qué ha dado el rey un decreto tan severo?

16Arioc le explicó todo el asunto, y Daniel se dirigió al rey para pedirle un poco de tiempo para explicarle el sueño.

17Daniel volvió a casa y contó todo a sus compañeros, Ananías, Azarías y Misael, 18y les encargó que invocasen la misericordia del Dios del cielo para que les revelase el secreto y así Daniel y sus compañeros no tuvieran que perecer con los demás sabios de Babilonia.

19En una visión nocturna, Daniel tuvo la revelación del secreto, y bendijo al Dios del cielo, 20diciendo:

Bendito sea el Nombre de Dios

por los siglos de los siglos.

Él posee la sabiduría y el poder,

     21él cambia tiempos y estaciones,

hace reyes y los destrona.

Él da sabiduría a los sabios

y ciencia a los expertos,

     22revela los secretos más profundos

y conoce lo que ocultan las tinieblas.

     23Te alabo y te doy gracias,

Dios de mis padres,

porque me has dado

sabiduría y poder:

me has revelado lo que te pedía,

me has revelado el asunto del rey.

24Después Daniel acudió a Arioc, a quien el rey había encargado ejecutar a los sabios de Babilonia, y le dijo:

–No des muerte a los sabios de Babilonia; llévame a presencia del rey y le explicaré el sentido del sueño.

25Arioc lo condujo a toda prisa hasta el rey y le dijo:

–Hay un hombre de los deportados de Judá que está dispuesto a explicar el sueño a su majestad.

26El rey preguntó a Daniel:

–¿De modo que eres capaz de contarme el sueño y de explicarme su sentido?

27Daniel repuso:

–Su majestad interroga sobre un misterio que no se lo pueden explicar ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos; 28pero hay un Dios en el cielo que revela los secretos y que ha anunciado al rey Nabucodonosor lo que sucederá al final de los tiempos.

29Éste es el sueño que viste estando acostado. Te pusiste a pensar en lo que iba a suceder, y el que revela los secretos te comunicó lo que va a suceder. 30En cuanto a mí, no es que yo tenga una sabiduría superior a la de todos los vivientes; si me han revelado el secreto es para que le explique el sentido al rey y así puedas entender lo que pensabas.

31Tú, rey, viste una visión: una estatua majestuosa, una estatua gigantesca y de un brillo extraordinario; su aspecto era impresionante. 32Tenía la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, 33las piernas de hierro y los pies de hierro mezclado con barro. 34En tu visión una piedra se desprendió sin intervención humana, chocó con los pies de hierro y barro de la estatua y la hizo pedazos. 35Del golpe se hicieron pedazos el hierro y el barro, el bronce, la plata y el oro, triturados como la paja cuando se limpia el trigo en verano, que el viento la arrebata y desaparece sin dejar rastro. Y la piedra que deshizo la estatua creció hasta convertirse en una montaña enorme que ocupaba toda la tierra.

36Éste era el sueño; ahora explicaremos al rey su sentido: 37Tú, majestad, rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha concedido el reino y el poder, el dominio y la gloria, a quien ha dado poder 38sobre los hombres dondequiera que vivan, sobre las fieras salvajes y las aves del cielo, para que reines sobre ellos, tú eres la cabeza de oro. Te sucederá un reino de plata, menos poderoso. 39Después un tercer reino, de bronce, que dominará todo el mundo. 40Vendrá después un cuarto reino, fuerte como el hierro. Como el hierro destroza y aplasta todo, así destrozará y triturará a todos.

41Los pies y los dedos que viste, de hierro mezclado con barro de alfarero, representan un reino dividido; conservará algo del vigor del hierro, porque viste hierro mezclado con arcilla. 42Los dedos de los pies, de hierro y barro, son un reino a la vez poderoso y débil. 43Como viste el hierro mezclado con la arcilla, así se mezclarán las descendencias, pero no llegarán a ligarse, lo mismo que no se puede fundir el hierro con el barro. 44Durante esos reinados, el Dios del cielo suscitará un reino que nunca será destruido ni su dominio pasará a otro, sino que destruirá y acabará con todos los demás reinos, pero él durará por siempre; 45eso significa la piedra que viste desprendida del monte sin intervención humana y que destrozó el barro, el hierro, el bronce, la plata y el oro. Éste es el destino que el Dios poderoso comunica a su majestad. El sueño tiene sentido, la interpretación es cierta.

46Entonces Nabucodonosor se postró en tierra rindiendo homenaje a Daniel y mandó que le hicieran sacrificios y ofrendas.

47El rey dijo a Daniel:

–Sin duda que tu Dios es Dios de dioses y Señor de reyes; él revela los secretos, ya que tú fuiste capaz de explicar este secreto.

48Después el rey colmó a Daniel de honores y riquezas, lo nombró gobernador de la provincia de Babilonia y jefe de todos los sabios de Babilonia.

49A instancias de Daniel, el rey puso a Sidrac, Misac y Abed-Nego al frente de la provincia de Babilonia, mientras que Daniel quedó en la corte.

 

La estatua de oro

(Is 43,2; 2 Mac 7)

3 1El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de treinta metros de alto por tres de ancho, y la colocó en la llanura de Dura, provincia de Babilonia.

2Mandó convocar a los gobernadores, ministros, prefectos, consejeros, tesoreros, letrados, magistrados y autoridades de provincia para que acudieran a la inauguración de la estatua que había erigido el rey Nabucodonosor.

3Se reunieron los gobernadores, ministros, prefectos, consejeros, tesoreros, letrados, magistrados y autoridades de provincia para la inauguración de la estatua que había erigido el rey Nabucodonosor, y mientras estaban de pie frente a ella, 4el heraldo proclamó con voz potente:

5–A todos los pueblos, naciones y lenguas: cuando oigan tocar la trompeta, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, se postrarán para adorar la estatua que ha erigido el rey Nabucodonosor. 6El que no se postre en adoración será inmediatamente arrojado dentro de un horno de fuego ardiente.

7Así, pues, cuando los diversos pueblos oyeron tocar la trompeta, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron adorando la estatua de oro que Nabucodonosor había erigido.

8Entonces unos caldeos fueron al rey a denunciar a los judíos:

9–¡Viva el rey eternamente! 10Su majestad ha decretado que cuantos escuchen tocar la trompeta, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos se postren adorando la estatua de oro, 11y el que no se postre en adoración será arrojado dentro de un horno de fuego ardiente. 12Pues bien, hay unos judíos, Sidrac, Misac y Abed-Nego –a quienes has encomendado el gobierno de la provincia de Babilonia–, que no obedecen la orden real, ni veneran a tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has erigido.

13Nabucodonosor, terriblemente enfurecido, ordenó que trajeran a Sidrac, Misac y Abed-Nego, y cuando los tuvo delante, les dijo:

14–¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abed-Nego, que no respetan a mis dioses ni adoran la estatua que he mandado levantar? 15Miren: si al oír tocar la trompeta, la flauta, la cítara, el láud, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos están dispuestos a postrarse adorando la estatua que he hecho, háganlo; pero si no la adoran, serán arrojados inmediatamente dentro del horno de fuego ardiente, y, ¿qué Dios los librará de mis manos?

16Sidrac, Misac y Abed-Nego contestaron:

17–Majestad, a eso no tenemos por qué responder. Si es así, el Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido y nos librará de tus manos. 18Y aunque no lo haga, conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has levantado.

19Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abed-Nego y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, 20y ordenó a algunos de sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abed-Nego y los echasen en el horno de fuego ardiente.

21Así, vestidos con sus pantalones, camisas, gorros y demás ropa, los ataron y los echaron en el horno de fuego ardiente.

22La orden del rey era terminante y el horno estaba al rojo vivo; sucedió que las llamas envolvieron y devoraron a los que conducían a Sidrac, Misac y Abed-Nego; 23mientras los tres, Sidrac, Misac y Abed-Nego, caían atados en el horno de fuego ardiente.

 

Confesión de Nabucodonosor

24Entonces el rey, totalmente sorprendido, se levantó apresuradamente y preguntó a sus consejeros:

–¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?

Le respondieron:

–Así es, majestad.

25Preguntó:

–¿Entonces cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el horno sin sufrir nada? Y el cuarto parece un ser divino.

26Y acercándose a la puerta del horno encendido, dijo:

–Sidrac, Misac y Abed-Nego, siervos del Dios Altísimo, salgan y vengan aquí.

27Sidrac, Misac y Abed-Nego salieron del horno. Los gobernadores, ministros, prefectos y consejeros se acercaron para ver a aquellos hombres a prueba de fuego: no se les había quemado el pelo, los pantalones estaban intactos, ni siquiera olían a chamuscados.

28Nabucodonosor entonces dijo:

–Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abed-Nego, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y prefirieron enfrentar el fuego antes que venerar y adorar a otro dios fuera del suyo. 29Por eso decreto que quien blasfeme contra el Dios de Sidrac, Misac y Abed-Nego, de cualquier pueblo, nación o lengua que sea, sea hecho pedazos y su casa sea derribada. Porque no existe otro Dios capaz de librar como éste.

30El rey dio cargos a Sidrac, Misac y Abed-Nego en la provincia de Babilonia.

31El rey Nabucodonosor, a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en la tierra: Paz y prosperidad.

32Quiero contar los signos y prodigios que el Dios Altísimo ha hecho conmigo:

33¡Qué grandes son sus signos,

qué admirables sus prodigios!

Su reinado es eterno,

su poder dura por todas las edades.

 

Oración penitencial de Azarías

(Esd 9; Neh 9; Bar 1,15–3,8)

24Paseaban por las llamas

     alabando y dando gracias a Dios.

25Azarías se detuvo a orar,

     y abriendo los labios

     en medio del fuego, dijo:

26Bendito seas, Señor,

     Dios de nuestros padres,

     alabado y glorificado

     tu Nombre por siempre.

27Lo que has hecho con nosotros

     está justificado:

     todas tus acciones son justas,

     tus caminos son rectos,

     tus sentencias son justas.

28Son justas las sentencias

     que has ejecutado contra nosotros,

     contra tu Ciudad Santa,                    

     la Jerusalén de nuestros padres;

     con justicia y derecho

     lo has ejecutado todo

     por nuestros pecados.

29Porque hemos cometido

     toda clase de pecados,

     alejándonos de ti,

     rebelándonos contra ti,

     hemos cometido

            toda clase de pecados,

     hemos quebrantado

     los preceptos de tu ley;

30no hemos puesto por obra

     lo que nos habías mandado

     para nuestro bien.

31Por eso, todo lo que nos has enviado

     y nos has hecho,

     lo has hecho con justicia.

32Nos entregaste en poder

     de nuestros enemigos,

     impíos, malvados y rebeldes,

     del rey más injusto

     y perverso del mundo.

33Ya no podemos abrir la boca,

     porque la vergüenza

     abruma a tus siervos y a tus fieles.

34¡Por el honor de tu Nombre!,

     no nos abandones para siempre,

     no rompas tu alianza,

     no nos niegues tu misericordia.

35Por Abrahán, tu amigo;

     por Isaac, tu siervo;

     por Israel, tu consagrado;

36a quienes prometiste

     multiplicar su descendencia

     como las estrellas del cielo,

     como la arena de las playas.

37Por nuestros pecados, Señor,

     somos hoy el más pequeño

     de los pueblos,

     humillado por toda la tierra;

38no tenemos ya ni príncipe,

     ni jefe, ni profeta,

     ni holocaustos, ni sacrificios,

     ni ofrendas, ni incienso,

     ni lugar donde ofrecerte primicias

     y alcanzar tu misericordia.

39Pero tenemos un corazón

     quebrantado

     y un espíritu humillado;

     recíbelos como si fueran una ofrenda

     de holocaustos de toros y carneros,

     de millares de gordos corderos.

40Ése será el sacrificio

     que hoy te ofrecemos

     para aplacarte fielmente;

     porque los que confían en ti

     no quedan defraudados.

41En adelante te seguiremos

     de todo corazón, te respetaremos,

     buscaremos tu rostro.

     No nos defraudes;

42trátanos según tu ternura

     y tu gran misericordia;

43líbranos, con tu poder maravilloso,

     y da gloria a tu Nombre, Señor.

44Sean humillados

     los que nos maltratan,

     queden confundidos,

     pierdan el mando,

     sea destruido su poder

45y sepan que tú, Señor,

     eres el Dios único,

     glorioso, en toda la tierra.

 

Cántico de los tres jóvenes

(Sal 136; 148)

46Los criados del rey que los habían arrojado no cesaban de avivar el fuego. En el momento de echarlos, el horno estaba encendido siete veces más fuerte que de costumbre. Los criados que los echaron se encontraban en la parte superior, mientras otros, por debajo, alimentaban el fuego con petróleo, resina, estopa y leña. 47Las llamas se alzaban veinticuatro metros y medio por encima del horno, 48saltaron y consumieron a los caldeos que se encontraban cerca del horno.

49Un ángel del Señor bajó adonde estaban Azarías y sus compañeros, expulsó las llamas fuera del horno, 50metió dentro un viento húmedo que silbaba, y el fuego no los atormentó, ni los hirió, ni siquiera los tocó.

51Entonces los tres, al unísono, ento naban cánticos y bendecían y glorificaban a Dios en el horno, diciendo:

52Bendito seas, Señor,

     Dios de nuestros padres,

     a ti gloria y alabanza eternamente.

     Bendito sea tu Nombre,

     santo y glorioso,

     a él gloria y alabanza eternamente.

53Bendito seas en el templo

     de tu santa gloria,

     a ti gloria y alabanza eternamente.

54Bendito seas en tu trono real,

     a ti gloria y alabanza eternamente.

55Bendito cuando cabalgas

     sobre querubines

     penetrando los abismos,

a ti gloria y alabanza eternamente.

56Bendito seas en el firmamento del cielo,

     a ti gloria y alabanza eternamente.

57Criaturas todas del Señor,

     bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente.

58Ángeles del Señor, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente.

59Cielos, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente.

60Aguas del espacio, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente.

61Ejércitos del Señor, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente.

62Sol y luna, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

63astros del cielo, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente.

64Lluvia y rocío, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

65vientos todos, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

66fuego y calor, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

67fríos y heladas, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

68rocíos y nevadas, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

69témpanos y hielos, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

70escarchas y nieves,

     bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente.

71Noches y días, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

72luz y tinieblas, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

73rayos y nubes, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente.

74Que la tierra bendiga al Señor,

     cante en su honor eternamente;

75montes y cumbres, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

76cuanto germina en la tierra,

     bendiga al Señor,

     cante en su honor eternamente;

77manantiales, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

78mares y ríos, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

79cetáceos y cuanto se agita en el mar, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

80aves del cielo, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

81fieras y ganados, bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente.

82Hijos de los hombres,

     bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

83bendiga Israel al Señor,

     cante en su honor eternamente;

84sacerdotes del Señor,

     bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

85servidores del Señor,

     bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

86almas y espíritus justos,

     bendigan al  Señor,

     canten en su honor eternamente;

87santos y humildes de corazón,

     bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

88Ananías, Azarías y Misael,

     bendigan al Señor,

     canten en su honor eternamente;

     porque los sacó de la fosa,

     los libró del poder de la muerte,

     los arrancó de la llama ardiente

     y los libró del fuego.

89Den gracias al Señor, porque es bueno,

     porque es eterna su misericordia.

90Alaben a Dios,

     todos los fieles de Dios,

     denle gracias con canciones,

     porque es eterna su misericordia

     y dura por los siglos de los siglos.

 

Visión del árbol

(Ez 31)

4 1Yo, Nabucodonosor, estaba en paz en mi casa, con buena salud en mi palacio, 2cuando tuve un sueño que me asustó y las fantasías de mi mente me llenaron de espanto. 3Mandé que se presentaran todos los sabios de Babilonia para explicarme el sentido del sueño. 4Acudieron los magos, astrólogos, hechiceros y adivinos; les conté mi sueño, pero no supieron explicarme su sentido. 5Después se presentó Daniel –llamado Belsazar en honor de mi dios–, hombre dotado de espíritu profético, y le conté mi sueño:

6–Belsazar, jefe de los magos, sé que posees espíritu profético y que no se te resiste ningún secreto; te contaré mi sueño y tú me lo explicarás.

7Estando yo acostado tuve esta visión:

Vi un árbol gigantesco

en medio de la tierra:

8el árbol se hacía corpulento,

su copa tocaba el cielo, se le veía

desde los extremos de la tierra.

9Su follaje era hermoso,

de sus frutos abundantes

se alimentaban todos,

bajo él se guarecían

las fieras salvajes

y en su ramaje anidaban

las aves del cielo;

sustentaba a todos los vivientes.

10Estando yo acostado tuve esta visión:

Vi bajar del cielo

un Guardián Sagrado

11que gritó con voz fuerte:

Derriben el árbol, corten sus ramas,

arranquen sus hojas,

dispersen sus frutos;

que huyan de su sombra las fieras

y las aves de sus ramas.

12Dejen en tierra

sólo el tronco con las raíces.

Encadenado con hierro y bronce

en medio del campo;

que lo empape el rocío,

compartirá con las fieras

los pastos del suelo.

13Perderá el instinto de hombre

y adquirirá instintos de fiera,

y pasará en ese estado siete años.

14Lo han decretado los Guardianes,

lo han anunciado los Santos,

para que todos los vivientes

reconozcan que el Altísimo es dueño

de los reinos humanos,

que da el reino a quien quiere

y pone al más humilde en el trono.

15Éste es el sueño que he visto, yo, el rey Nabucodonosor; tú, Belsazar, explícame su sentido, porque ningún sabio ha sido capaz de hacerlo, mientras que tú posees espíritu profético.

16Por un rato, Daniel, llamado Belsazar, quedó perplejo, espantado por sus pensamientos.

El rey le dijo:

–Belsazar, no te asustes de mi sueño o de su sentido.

Belsazar replicó:

–Señor, ojalá el sueño se refiera a tus enemigos y su interpretación a tus rivales.

17El árbol gigantesco que viste, cuya copa tocaba el cielo y se veía hasta los confines de la tierra, 18de hermoso follaje y frutos abundantes que sustentaban a todos, a cuya sombra habitaban las fieras salvajes y en cuyo ramaje anidaban las aves del cielo, 19eres tú mismo, majestad; porque tu poder es inmenso, tu dominio alcanza hasta el cielo y tu imperio se extiende hasta los confines de la tierra.

20El Guardián Sagrado que viste bajar del cielo y que dijo: ‘Derriben el árbol, destrúyanlo dejando sólo su tronco y sus raíces en tierra; encadenado con bronce en medio del campo, empapado por el rocío de la noche compartirá con las fieras la hierba del suelo y pasará en ese estado siete años’, significa lo siguiente:

21Es el decreto del Altísimo pronunciado contra el rey, mi señor. 22Te apartarán de los hombres, vivirás con las fieras, te alimentarás con hierba como los toros, te mojará el rocío de la noche, y así pasarás siete años; hasta que reconozcas que el Altísimo es dueño de los reinos humanos y da el poder a quien quiere. 23Mandaron dejar el tronco con las raíces porque volverás a reinar cuando reconozcas que Dios es soberano. 24Por tanto, majestad, acepta mi consejo: redime tus pecados con limosnas, tus delitos socorriendo a los pobres, para que dure tu tranquilidad.

25Todo esto le sucedió al rey Nabucodonosor.

26Al cabo de doce meses, paseando por su palacio de Babilonia, 27dijo:

–Ésta es Babilonia la magnífica, que yo he construido como capital de mi reino, gracias a mi poderío y para honrar mi majestad.

28No había acabado de hablar, cuando se oyó una voz en el cielo:

29–¡Contigo hablo, rey Nabucodonosor! Has perdido el reino, te apartarán de los hombres, vivirás en compañía de las fieras comiendo hierba como los toros, te mojará el rocío de la noche, y así pasarás siete años, hasta que reconozcas que el Altísimo es dueño de los reinos humanos y da el poder a quien quiere.

30Inmediatamente ejecutaron la sentencia contra Nabucodonosor, lo alejaron de los hombres, comió hierba como los toros, lo mojó el rocío de la noche, le crecieron plumas de buitre y garras de ave rapaz.

31Pasado el tiempo, yo, Nabucodonosor, alcé los ojos al cielo, recobré la razón, bendije al Altísimo, alabé al que vive siempre:

     32Su reino es eterno,

su imperio dura

de generación en generación;

nada valen ante él

los que habitan la tierra,

y trata como quiere

al ejército del cielo;

nadie puede atentar contra él

ni exigirle cuentas de lo que hace.

33En aquel momento recobré la razón, recobré los honores y la dignidad real, mis consejeros y nobles acudieron a mí, volví a ocupar el trono y creció mi poder incomparable.

34Y ahora yo, Nabucodonosor, alabo y ensalzo y glorifico al Rey del cielo, porque sus obras son justas y rectos sus caminos; al que procede con soberbia lo humilla.

 

El festín de Baltasar

5 1El rey Baltasar ofreció un banquete a mil nobles del reino, y se puso a beber delante de todos. 2Después de probar el vino, mandó traer los vasos de oro y plata que su padre, Nabucodonosor, había robado en el templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y los nobles, sus mujeres y concubinas. 3Cuando trajeron los vasos de oro que habían robado en el templo de Jerusalén brindaron con ellos el rey y sus nobles, sus mujeres y concubinas. 4Mientras saboreaban el vino, alababan a los dioses de oro y plata, de bronce y hierro, de piedra y madera.

5De repente aparecieron unos dedos de mano humana escribiendo sobre la pared blanca del palacio, frente al candelabro, y el rey veía cómo escribían los dedos. 6Entonces su rostro palideció, la mente se le turbó, le faltaron las fuerzas, las rodillas le entrechocaban. 7A gritos mandó que vinieran los astrólogos, magos y adivinos, y dijo a los sabios de Babilonia:

–El que lea y me interprete ese escrito se vestirá de púrpura, llevará un collar de oro y ocupará el tercer puesto en mi reino.

8Acudieron todos los sabios del reino, pero no pudieron leer lo escrito ni explicar al rey su sentido. 9Entonces el rey Baltasar se inquietó mucho y cambió de color; sus nobles también estaban desconcertados.

10Al saber lo que les ocurría al rey y a los nobles, la reina entró en la sala del banquete y dijo:

11–¡Viva siempre el rey! No te inquieten tus pensamientos ni cambie tu semblante de color. En el reino hay un hombre a quien Dios ha concedido espíritu de profecía. En el reinado de tu padre demostró poseer inteligencia, prudencia y un saber sobrehumano. Tu padre, el rey Nabucodonosor, lo nombró jefe de los magos, astrólogos, hechiceros y adivinos, 12porque demostró tener un don extraordinario de ciencia y de penetración para interpretar sueños, aclarar enigmas y resolver problemas. Se trata de Daniel, a quien el rey puso el nombre de Belsazar. Que llamen a Daniel y nos dará la interpretación.

13Cuando trajeron a Daniel ante el rey, éste le preguntó:

–¿Eres tú Daniel, uno de los judíos desterrados que trajo de Judea el rey, mi padre? 14Me han dicho que posees espíritu de profecía, inteligencia, prudencia y un saber extraordinario. 15Aquí han traído a mi presencia los sabios y los astrólogos para que leyeran el escrito y me explicaran su sentido, pero han sido incapaces de hacerlo. 16Me han dicho que tú puedes interpretar sueños y resolver problemas; pues bien, si logras leer lo escrito y explicarme su sentido, te vestirás de púrpura, llevarás un collar de oro y ocuparás el tercer puesto en mi reino.

17Entonces Daniel habló así al rey:

–Quédate con tus dones y da a otro tus regalos. Yo leeré al rey lo escrito y le explicaré su sentido.

18Majestad: el Dios Altísimo concedió imperio y poder, gloria y honor a tu padre, Nabucodonosor. 19Y por aquel poder recibido, todos los pueblos, naciones y lenguas lo temieron y respetaron. Tenía poder sobre la vida y la muerte, engrandecía y humillaba a su antojo. 20Pero se ensoberbeció y creció su soberbia; entonces lo derribaron del trono real y lo despojaron de su dignidad. 21Tuvo que vivir lejos de los hombres, con instintos de bestia; en compañía de asnos salvajes, comiendo hierba como los toros, con su cuerpo empapado por el rocío de la noche, hasta que reconoció que el Dios Altísimo rige los reinos humanos y coloca en el trono a quien quiere.

22Y tú, Baltasar, su hijo, aun sabiendo esto, no has querido humillarte. 23Te has rebelado contra el Señor del cielo, has hecho traer los vasos de su templo para brindar con ellos en compañía de tus nobles, tus mujeres y concubinas. Han alabado a dioses de oro y plata, de bronce y hierro, de piedra y madera, que ni ven, ni oyen, ni entienden; mientras que al Dios dueño de tu vida y tus caminos ni lo has honrado. 24Por eso Dios ha enviado esa mano para escribir ese texto.

25Lo que está escrito es: Contado, Pesado, Dividido. 26La interpretación es ésta: Contado: Dios ha contado los días de tu reinado y les ha señalado el límite. Pesado: 27Has sido pesado en la balanza y te falta peso. 28Dividido: Tu reino se ha dividido y se lo entregan a medos y persas.

29Baltasar mandó vestir a Daniel de púrpura, ponerle un collar de oro y pregonar que tenía el tercer puesto en el reino.

30Baltasar, rey de los caldeos, fue asesinado aquella misma noche,

 

6 1y Darío, el medo, le sucedió en el trono a la edad de sesenta y dos años.

 

Daniel en el foso de los leones

(Sal 57,5)

2Darío decidió nombrar ciento veinte gobernadores regionales distribuidos por todo el reino, 3y sobre ellos tres ministros, a quienes los gobernadores rendirían cuentas para que no sufriesen los intereses de la corona. Uno de los tres era Daniel.

4Daniel sobresalía entre los ministros y los gobernadores por su talento extraordinario, de modo que el rey decidió ponerlo al frente de todo el reino. 5Entonces los ministros y los gobernadores buscaron algo de qué acusarle en su administración del reino; pero no le encontraron ninguna culpa ni descuido, porque era hombre de fiar que no cometía errores ni era negligente.

6Aquellos hombres se dijeron:

–No podremos acusar a Daniel de ninguna falta. Tenemos que buscar un delito de carácter religioso.

7Entonces los ministros y gobernadores fueron al rey diciéndole:

8–¡Viva siempre el rey Darío! Los ministros del reino, los prefectos, los gobernadores regionales, consejeros y gobernadores provinciales están de acuerdo en que el rey debe promulgar un edicto sancionando que en los próximos treinta días nadie haga oración a otro dios que no seas tú, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones. 9Por tanto, majestad, promulga esa prohibición y firma el documento para que no pueda ser modificado, según la ley de medos y persas que es irrevocable.

10Así, el rey Darío promulgó y firmó el decreto.

11Cuando Daniel se enteró de la promulgación del decreto, subió al piso superior de su casa, que tenía ventanas orientadas hacia Jerusalén. Y, arrodillado, oraba dando gracias a Dios tres veces al día, como solía hacerlo.

12Aquellos hombres lo espiaron y lo sorprendieron orando y suplicando a su Dios. 13Entonces fueron a decirle al rey:

–Majestad, ¿no has firmado tú un decreto que prohíbe hacer oración a cualquier dios fuera de ti, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones?

El rey contestó:

–El decreto está en vigor, como ley irrevocable de medos y persas.

14Ellos le respondieron:

–Pues Daniel, uno de los deportados de Judea, no te obedece a ti, majestad, ni a la prohibición que has firmado, sino que tres veces al día reza sus oraciones.

15Al oírlo, el rey se apenó profundamente y se puso a pensar la manera de salvar a Daniel, y hasta la puesta del sol hizo lo imposible por librarlo. 16Pero aquellos hombres apuraban diciéndole:

–Majestad, sabes que, según la ley de medos y persas, una prohibición o edicto real es válido e irrevocable.

17Entonces el rey mandó traer a Daniel y echarlo al foso de los leones. El rey dijo a Daniel:

–¡Que tu Dios a quien veneras con tanta constancia, te salve!

18Trajeron una piedra, taparon con ella la boca del foso y el rey la selló con su sello y con el de sus nobles, para que nadie pudiese modificar la sentencia dada contra Daniel. 19Luego el rey volvió a palacio, pasó la noche en ayunas, sin mujeres y sin poder dormir.

20Madrugó y fue corriendo al foso de los leones. 21Se acercó al foso y gritó afligido:

–¡Daniel, siervo del Dios vivo! ¿Ha podido salvarte de los leones ese Dios a quien veneras con tanta constancia?

22Daniel le contestó:

23–¡Viva siempre el rey! Mi Dios envió su ángel a cerrar las fauces de los leones, y no me han hecho nada, porque ante él soy inocente, como tampoco he hecho nada contra ti.

24El rey se alegró mucho y mandó que sacaran a Daniel del foso. Al sacarlo no tenía ni un rasguño, porque había confiado en su Dios. 25Luego el rey mandó traer a los que habían calumniado a Daniel y arrojarlos al foso de los leones con sus hijos y esposas. No habían llegado al suelo y ya los leones los habían atrapado y despedazado.

26Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas de la tierra:

27¡Paz y bienestar! Ordeno y mando: Que en mi imperio todos respeten y teman al Dios de Daniel.

Él es el Dios vivo

que permanece siempre.

Su reino no será destruido,

su imperio dura hasta el fin.

     28Él salva y libra,

hace signos y prodigios

en el cielo y en la tierra.

Él salvó a Daniel de los leones.

29Así fue como prosperó Daniel durante el reinado de Darío y de Ciro de Persia.

 

Las visiones

 

Primera:

Las cuatro fieras

7 1El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, Daniel tuvo un sueño, visiones de su fantasía, estando en la cama. Al punto escribió lo que había soñado:

2Tuve una visión nocturna: los cuatro vientos agitaban el océano. 3Cuatro fieras gigantescas salían del mar, las cuatro distintas.

4La primera era como un león con alas de águila; mientras yo miraba, le arrancaron las alas, la alzaron del suelo, la pusieron de pie como un hombre y le dieron mente humana.

5La segunda era como un oso medio erguido, con tres costillas en la boca, entre los dientes. Le dijeron: ¡Arriba! Come carne en abundancia.

6Después vi otras fieras como un leopardo, con cuatro alas de ave en el lomo y cuatro cabezas. Y le dieron el poder.

7Después tuve otra visión nocturna: una cuarta fiera, terrible, espantosa, fortísima; tenía grandes dientes de hierro, con los que comía y descuartizaba, y las sobras las pateaba con las pezuñas. Era diversa de las fieras anteriores, porque tenía diez cuernos. 8Miré atentamente los cuernos y vi que entre ellos salía otro cuerno pequeño; para hacerle sitio, arrancaron tres de los cuernos precedentes. Aquel cuerno tenía ojos humanos y una boca que profería insolencias.

9Durante la visión vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó:

Su vestido era blanco como nieve,

su cabellera como lana limpísima;

su trono, llamas de fuego;

sus ruedas, llamaradas.

10Un río impetuoso de fuego

brotaba delante de él.

Miles y miles le servían,

millones estaban a sus órdenes.

Comenzó la sesión

y se abrieron los libros.

11Yo seguía mirando, atraído por las insolencias que profería aquel cuerno; hasta que mataron a la fiera, la descuartizaron y la echaron al fuego. 12A las otras les quitaron el poder, dejándolas vivas una temporada.

13Seguí mirando, y en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo una figura humana, que se acercó al anciano y fue presentada ante él. 14Le dieron poder real y dominio: todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

15Yo, Daniel, me sentía agitado por dentro y me turbaban las visiones de mi fantasía. 16Me acerqué a uno de los servidores y le pedí que me explicase todo aquello. Él me contestó explicándome el sentido de la visión:

17–Esas cuatro fieras gigantescas representan cuatro reinos que surgirán en el mundo. 18Pero los santos del Altísimo recibirán el reino y lo poseerán por los siglos de los siglos.

19Yo quise saber lo que significaba la cuarta fiera, diversa de las demás; la fiera terrible, con dientes de hierro y garras de bronce, que devoraba y trituraba y pateaba las sobras con las pezuñas; 20lo que significaban los diez cuernos de su cabeza y el otro cuerno que salía y eliminaba a otros tres, que tenía ojos y una boca que profería insolencias, y era más grande que los otros.

21Mientras yo seguía mirando, aquel cuerno luchó contra los santos y los derrotó. 22Hasta que llegó el anciano para hacer justicia a los santos del Altísimo, y empezó el imperio de los santos.

23Después me dijo:

–La cuarta bestia es un cuarto reino que habrá en la tierra, diverso de todos los demás; devorará toda la tierra, la pisará y triturará. 24Sus diez cuernos son diez reyes que habrá en aquel reino; después vendrá otro, diverso de los precedentes, que destronará a tres reyes; 25blasfemará contra el Excelso, perseguirá a los santos del Altísimo e intentará cambiar el calendario y la ley. Dejarán en su poder a los santos durante un año y otro año y otro año y medio. 26Pero cuando se siente el tribunal para juzgar, le quitará el poder y será destruido y aniquilado totalmente. 27El poder real y el dominio sobre todos los reinos bajo el cielo serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo. Será un reino eterno, al que temerán y se someterán todos los soberanos.

28Fin del relato. Yo, Daniel, quedé inquieto con estos pensamientos y me puse pálido; pero todo me lo guardé en mi interior.

 

Segunda:

El carnero y el macho cabrío

(1 Mac 1)

8 1El año tercero del rey Baltasar, yo, Daniel, tuve una visión, después de la que ya había tenido. 2Contemplaba en visión que me encontraba en Susa, capital de la provincia de Elam, y contemplaba en visión que me encontraba junto al río Ulay.

3Levanté la vista y vi junto al río, de pie, un carnero de altos cuernos, uno más alto y detrás del otro. 4Vi que el carnero embestía hacia el oeste, hacia el norte y hacia el sur, y no había fiera que le resistiera, ni quien se librase de su poder; hacía lo que quería, alardeando.

5Mientras yo reflexionaba, apareció un chivo que venía del oeste, atravesando toda la tierra sin tocar el suelo; tenía un cuerno entre los ojos.

6Se acercó al carnero de los dos cuernos, que había visto de pie junto al río, y se lanzó contra él furiosamente. 7Lo vi llegar junto al carnero, embestirlo violentamente y herirlo; le rompió los dos cuernos, y el carnero quedó sin fuerza para resistir. Lo derribó en tierra y lo pateó, sin que nadie librase al carnero de su poder.

8Entonces el chivo hizo alarde de su poder. Pero, al crecer su poderío, se le rompió el cuerno grande y le salieron en su lugar otros cuatro cuernos orientados hacia los cuatro puntos cardinales.

9De uno de ellos salió otro cuerno pequeño que creció mucho, apuntando hacia el sur, hacia el este, hacia La Perla.

10Creció hasta alcanzar el ejército del cielo, derribó al suelo algunas estrellas de ese ejército y las pisoteó. 11Creció hasta alcanzar al jefe del ejército, suprimió el sacrificio cotidiano y profanó el templo. 12Le entregaron el ejército y en lugar del sacrificio expiatorio instaló la maldad. La verdad cayó por los suelos, mientras él actuaba con gran éxito.

13Entonces oí a dos santos que hablaban entre sí. Uno preguntaba: ¿Cuánto tiempo durará esta visión del sacrificio perpetuo suprimido, de la desolación del santuario y del ejército pisoteado? 14El otro contestaba: Dos mil trescientas tardes y mañanas; después el santuario será restablecido.

15Yo, Daniel, seguía mirando y procurando entender la visión cuando apareció frente a mí, de pie, una figura humana. 16Oí una voz humana junto al río Ulay que gritaba: Gabriel, explícale a éste la visión.

17Se acercó a donde yo estaba, y al acercarse caí espantado rostro en tierra; pero él me dijo: Hombre, has de comprender que la visión se refiere al final.

18Mientras él hablaba, caí en trance, con el rostro en tierra; él me tocó y me puso de pie. 19Después me dijo: Yo te explicaré lo que sucederá en el tiempo final de la cólera; porque se trata del plazo final.

20El carnero de dos cuernos que viste representa los reyes de Media y Persia. 21El chivo es el rey de Grecia; el cuerno grande entre sus ojos es el jefe de la dinastía. 22Los cuatro cuernos que salieron al quebrarse el primero son cuatro reyes de su nación, pero no con su misma fuerza.

23Al final de sus reinados,

en el colmo de sus crímenes,

se alzará un rey atrevido y astuto,

     24experto en enigmas,

de fuerza indomable,

prodigiosamente destructivo,

que actuará con gran éxito.

Destruirá a poderosos,

a un pueblo de santos.

25Con su astucia hará triunfar

el engaño en sus acciones.

Se creerá grande y destruirá

con toda calma a muchos.

Se atreverá

con el Príncipe de príncipes,

pero será destrozado

sin intervención humana.

26La visión en que hablaban de tardes y mañanas es auténtica. Pero tú guárdala en secreto, porque se refiere a un futuro remoto.

27Yo, Daniel, estuve enfermo unos días; cuando me levanté, me dediqué a los asuntos del rey, pero seguía desconcertado, sin comprender la visión.

 

Tercera:

Las setenta semanas

(Esd 9; Neh 9; Bar 1,15–3,38)

9 1El año primero de Darío, hijo de Jerjes, descendiente de los medos y rey de los caldeos, 2el año primero de su reinado, yo, Daniel, leía atentamente en el libro de las profecías de Jeremías el número de años que Jerusalén había de quedar en ruinas: 3eran setenta años. Después me dirigí al Señor, mi Dios implorándole con oraciones y súplicas, con ayuno, sayal y cubierto de ceniza.

4Oré y me confesé al Señor, mi Dios: Señor, Dios grande y terrible, que mantienes la alianza y eres leal con los que te aman y cumplen tus mandamientos: 5Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos.

6No hicimos caso a tus siervos los profetas que hablaban en tu Nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros antepasados y a todo nuestro pueblo.

7Tú, Señor, eres justo; pero nosotros los judíos nos sentimos avergonzados: tanto los habitantes de Jerusalén, como los otros israelitas, tanto los cercanos como a los que están lejos en todos los países por donde los dispersaste por los delitos que cometieron contra ti.

8Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y antepasados, porque hemos pecado contra ti.

9Pero aunque nosotros nos hemos rebelado, el Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona.

10No obedecimos al Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos los profetas.

11Todo Israel quebrantó tu ley y no ha querido obedecerte; por eso nos han caído encima las maldiciones, consignadas con juramento en la ley de Moisés, el siervo de Dios; porque pecamos contra él.

12Cumplió la palabra que pronunció contra nosotros y contra los jefes que nos gobernaban, enviándonos una calamidad –la que sucedió en Jerusalén– como no ha sucedido bajo el cielo.

13Según está escrito en la ley de Moisés, nos sucedió esta desgracia completa; a pesar de todo esto, no aplacamos al Señor, nuestro Dios, convirtiéndonos de nuestros crímenes y reconociendo tu verdad.

14El Señor, nuestro Dios, vigiló para enviarnos esa desgracia: el Señor, nuestro Dios, nos trata justamente, porque no le obedecimos.

15Pero ahora, Señor, Dios nuestro, que con mano fuerte sacaste a tu pueblo de Egipto, cobrándote fama que dura hasta hoy: hemos pecado y obrado mal.

16Señor, a la medida de tu justicia, aparta la ira y la cólera de Jerusalén, tu ciudad y tu monte santo. Por nuestros pecados y los delitos de nuestros antepasados Jerusalén y todo tu pueblo son afrentados por los pueblos vecinos.

17Ahora, pues, Dios nuestro, escucha la oración y las súplicas de tu siervo, mira benévolo a tu santuario destruido, ¡Señor mío, por tu honor!

18Dios mío, inclina tu oído y escúchame; abre los ojos y mira nuestra desolación y la ciudad que lleva tu Nombre; porque, al presentar ante ti nuestra súplica, no confiamos en nuestros méritos, sino en tu gran misericordia.

19Escucha, Señor; perdona, Señor; atiende, Señor; actúa sin tardanza, ¡Dios mío, por tu honor! Por tu ciudad y tu pueblo, que llevan tu Nombre.

20Aún estaba hablando y suplicando y confesando mi pecado y el de mi pueblo, Israel, y presentando mis súplicas al Señor, mi Dios, en favor de su monte santo; 21aún estaba pronunciando mi súplica, cuando aquel Gabriel que había visto en la visión llegó volando hasta mí, a la hora de la ofrenda de la tarde. 22Al llegar, me habló así:

23–Daniel, yo he salido para abrirte la inteligencia. Al principio de tus súplicas se pronunció una sentencia, y yo he venido para comunicártela, porque eres un predilecto. ¡Entiende la palabra, comprende la visión!:

24Setenta semanas están decretadas

para tu pueblo y tu Ciudad Santa:

para cerrar el delito,

poner fin al pecado

y expiar el crimen,

para traer una justicia eterna,

para que se cumplan

visiones y profecías

y consagrar el lugar santísimo.

25Has de saberlo y comprenderlo:

desde que se decretó la vuelta

y la reconstrucción de Jerusalén

hasta un príncipe ungido

pasarán siete semanas;

después

durante sesenta y dos semanas

será reconstruida con calles y fosos,

pero en tiempos difíciles.

26Pasadas las sesenta y dos semanas

matarán al ungido inocente;

vendrá un príncipe con su tropa

y arrasará la ciudad y el templo.

El final será un cataclismo,

y hasta el fin están decretadas

guerra y destrucción.

27Firmará una alianza con muchos

durante una semana,

durante media semana

hará cesar ofrendas y sacrificios

y pondrá sobre el altar

el ídolo abominable

hasta que el fin decretado

le llegue al destructor.

 

Cuarta:

La visión terrible

10 1El año tercero de Ciro, rey de Persia, le revelaron a Daniel una palabra: la palabra era verdadera, y se refería a un gran combate. Daniel estuvo atento a la palabra, y logró comprender la visión.

2Por entonces, yo, Daniel, estaba cumpliendo un luto de tres semanas: 3no comía manjares exquisitos, no probaba vino ni carne, ni me ungía con perfumes durante las tres semanas.

4El día veinticuatro del mes primero estaba yo junto al Río Grande. 5Levanté la vista y vi aparecer un hombre vestido con túnica de lino y con un cinturón de oro; 6su cuerpo era como el topacio, su rostro como un relámpago, sus ojos como antorchas, sus brazos y piernas como destellos de bronce pulido, sus palabras resonaban como una multitud.

7Solo yo veía la visión; la gente que estaba conmigo, aunque no veía la visión, quedó llena de terror y corrió a esconderse. 8Así quedé solo; al ver aquella magnífica visión me sentí desfallecer, mi semblante quedó desfigurado y no hallaba fuerzas. 9Entonces oí ruido de palabras, y al oírlas caí desvanecido con el rostro en tierra.

10Una mano me tocó, y me hizo apoyar tembloroso sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. 11Luego me habló:

–Daniel, predilecto: fíjate en las palabras que voy a decirte y ponte de pie, porque me han enviado a ti.

Mientras me hablaba así, me puse de pie temblando.

12Me dijo:

–No temas, Daniel. Desde el día aquel en que te dedicaste a estudiar y a humillarte ante Dios, tus palabras han sido escuchadas y yo he venido a causa de ellas. 13El príncipe del reino de Persia me opuso resistencia durante veintiún días; Miguel, uno de los príncipes supremos, vino en mi auxilio; por eso me detuve allí junto a los reyes de Persia. 14Pero ahora he venido a explicarte lo que ha de suceder a tu pueblo en los últimos días. Porque la visión va para largo.

15Mientras me hablaba así, caí rostro en tierra y enmudecí. 16Una figura humana me tocó los labios: abrí la boca y hablé al que estaba frente a mí:

–La visión me ha hecho retorcer de dolor, y no tengo fuerzas. 17¿Cómo hablará este servidor a tal señor? ¡Si ahora las fuerzas me abandonan y he quedado sin aliento!

18De nuevo una figura humana me tocó y me fortaleció. 19Después me dijo:

–No temas, predilecto; ten calma, sé fuerte.

Mientras me hablaba, recobré las fuerzas y dije:

–Me has dado fuerzas, señor, puedes hablar.

20Me dijo:

–¿Sabes para qué he venido? Ahora tengo que volver a luchar con el príncipe de Persia; cuando termine, vendrá el príncipe de Grecia. 21Pero te comunicaré lo que está escrito en el libro de la verdad. Nadie me ayuda en mis luchas excepto Miguel, el príncipe de ustedes.

 

11 1Yo por mi parte, durante el año primero de Darío el medo, le ayudé y reforcé a él. 2Ahora te comunicaré la verdad:

–Persia todavía tendrá tres reyes. El cuarto los superará en riquezas; pero cuando por las riquezas crezca su poderío, provocará a todo el reino griego.

3Surgirá un rey batallador, que tendrá grandes dominios y un poder absoluto. 4Cuando se afirme, su reino será dividido hacia los cuatro puntos cardinales. No lo heredarán sus descendientes ni será tan poderoso; su reino pasará a manos ajenas.

5Se hará fuerte el rey del sur, pero uno de sus generales lo superará y sus dominios serán más dilatados. 6Después los dos harán una alianza; la hija del rey del sur acudirá al rey del norte para hacer las paces. Perderá la fuerza de su brazo, su descendencia no subsistirá; serán entregados a la muerte ella, su séquito, su hijo y su protector.

7De sus raíces brotará un retoño en su lugar, que entrará en la fortaleza del rey del norte y los tratará como vencedor. 8Se llevará a Egipto sus dioses e ídolos y sus vasos preciosos de oro y plata, y por unos años dejará en paz al rey del norte.

9Este último invadirá el reino del rey del sur, pero se volverá a su territorio.

10Sus hijos declararán la guerra, reunirán ejércitos enormes: invadirá y pasará como una inundación, y volverá a luchar hasta la fortaleza.

11El rey del sur, irritado, saldrá a luchar contra él, pondrá en pie de guerra un gran ejército, el cual caerá en sus manos. 12Se llenará de soberbia con la victoria sobre el ejército y hará morir a millares, pero no prevalecerá.

13El rey del norte pondrá en pie de guerra otro ejército mayor que el primero; pasados unos años volverá con un gran ejército bien abastecido.

14Entonces muchos se levantarán contra el rey del sur; hombres violentos de tu pueblo se alzarán para cumplir una visión, pero fracasarán. 15Vendrá el rey del norte, hará un terraplén y conquistará la ciudad fortificada. Las tropas del sur no resistirán, ni siquiera los más valientes tendrán fuerza para resistir.

16El invasor actuará a su antojo, sin que nadie le pueda resistir. Se establecerá en La Perla de la Tierra y será suya toda entera. 17Decidido a someter todo el reino del sur, ofrecerá la paz y la firmará; le dará en matrimonio una princesa con intención de perderlo, pero el proyecto no resultará.

18Entonces se volverá contra las costas y conquistará mucho territorio; pero un jefe pondrá fin a su insolencia, para que no responda con insolencias.

19Entonces se dirigirá a las fortalezas de su territorio; allí tropezará y caerá sin dejar rastro.

20Un sucesor suyo despachará a un recaudador de impuestos de su majestad a requisar el tesoro del templo; en pocos días será liquidado aunque no de frente ni en la guerra.

21Le sucederá un hombre despreciable a quién no le correspondía ser rey. Se abrirá paso suavemente, y con intrigas se hará dueño del reino. 22Barrerá ejércitos enemigos desbaratándolos, y también al príncipe de la alianza. 23Aun disponiendo de poca gente, con sus cómplices y a fuerza de traiciones se irá haciendo fuerte. 24Sin agitarse irá penetrando en las zonas más fértiles de la provincia, y hará lo que no hicieron sus padres ni sus abuelos: repartirá botín, despojos, riquezas, atacará con estratagemas las fortalezas; pero por poco tiempo.

25Envalentonado, se dispondrá a atacar al rey del sur con un gran ejército; el rey del sur le hará frente con un ejército inmenso, pero caerá víctima de conspiraciones; 26los que compartían su pan le ocasionarán la ruina, su ejército será barrido y tendrá muchísimas bajas.

27Los dos reyes, llenos de malas intenciones, se sentarán a una mesa para decirse mentiras; pero no les valdrá de nada porque el plazo ya está fijado. 28El rey del norte volverá a su país con muchas riquezas y con planes contra la santa alianza, después de ejecutarlos volverá a su país.

29En el plazo fijado volverá al país del sur, pero no le irá como las otras veces. 30Naves de Chipre lo atacarán; se volverá asustado para desahogar su cólera contra la santa alianza. Al volver, hará caso a los que abandonan la santa alianza. 31Algunos destacamentos suyos se presentarán a profanar el santuario y la fortaleza, abolirán el sacrificio cotidiano e instalarán un ídolo abominable. 32Pervertirá con halagos a los que quebrantan la alianza, pero los que reconocen a su Dios se decidirán a actuar. 33Los maestros del pueblo instruirán a los demás, aunque por un tiempo tengan que enfrentar la espada, el fuego, la cautividad y la confiscación de bienes. 34Al verlos en tales peligros, unos cuantos les ayudarán y otros se les juntarán por adulación. 35La desgracia de algunos maestros servirá para purificar, perfeccionar y poner a prueba hasta que llegue el final, porque el plazo está fijado.

36El rey actuará a su antojo, lleno de soberbia desafiará a todos los dioses y hablará con arrogancia contra el Dios de los dioses; prosperará hasta el momento del castigo, que está decretado y se ejecutará. 37No respetará al dios de sus padres ni al favorito de las mujeres, no respetará a ningún dios, porque se creerá superior a todos. 38En cambio, dará culto al dios de la fortaleza, ofrecerá plata y oro, piedras preciosas y joyas a un dios desconocido de sus padres. 39Con la ayuda de un dios extranjero atacará fortalezas fortificadas; a los que lo reconozcan los colmará de honores, los nombrará gobernadores de pueblos numerosos y les dará tierras en recompensa.

40Al final, el rey del sur embestirá contra él; el rey del norte se lanzará en torbellino con carros, jinetes y muchas naves. Invadirá y cruzará países como una inundación.

41Penetrará en la Perla de la Tierra. Caerán a millares, pero se librarán de sus manos los edomitas, los moabitas y la flor de los amonitas. 42Echará mano a diversos países y ni siquiera Egipto se librará. 43Se adueñará del oro y la plata y todos los tesoros de Egipto; libios y nubios formarán su séquito. 44Pero alarmado por noticias recibidas del este y del norte, marchará con toda furia a destruir y aniquilar muchedumbres.

45Plantará su pabellón entre el mar y la Perla de la Santa Montaña. Se aproxima a su fin y nadie lo defenderá.

 

Resurrección y salvación

(Is 24–27; Ez 38s; Jl 3s)

12 1Entonces se levantará Miguel,

el arcángel

que se ocupa de tu pueblo:

serán tiempos difíciles,

como no los hubo

desde que existen las naciones

hasta ahora.

Entonces se salvará tu pueblo:

todos los inscritos en el libro.

2Muchos de los que duermen

en el polvo despertarán:

unos para vida eterna,

otros para ignominia perpetua.

3Los maestros brillarán

como brilla el firmamento,

y los que convierten a los demás,

resplandecerán como estrellas,

perpetuamente.

4Tú, Daniel, guarda estas palabras y sella el libro hasta el momento final. Muchos lo repasarán y aumentarán su saber.

5Yo, Daniel, vi a otros hombres de pie a ambos lados del río. 6Y pregunté al hombre vestido de lino, que estaba sobre el agua del río:

–¿Cuándo acabarán estos prodigios?

7El hombre vestido de lino, que estaba sobre el agua del río, alzó ambas manos al cielo y le oí jurar por el que vive eternamente:

–Un año y dos años y medio. Cuando acabe la persecución del pueblo santo, se cumplirá todo esto.

8Yo oí sin entender y pregunté:

–Señor, ¿cuál será el desenlace?

9Me respondió:

–Sigue adelante, Daniel. Las palabras están guardadas y selladas hasta el momento final. 10Muchos se purificarán, blanquearán y perfeccionarán; los malvados seguirán en su maldad, sin entender; los maestros comprenderán. 11Desde que supriman el sacrificio cotidiano y coloquen el ídolo abominable pasarán mil doscientos noventa días. 12Dichoso el que aguarde hasta que pasen mil trescientos treinta y cinco días. 13Tú vete y descansa. Te levantarás a recibir tu destino al final de los días.

 

Relatos griegos

 

Susana y Daniel

13 1Vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín, 2casado con Susana, hija de Jelcías, mujer muy bella y religiosa. 3Sus padres eran honrados y habían educado a su hija según la ley de Moisés. 4Joaquín era muy rico y tenía un parque junto a su casa; como era el más respetado de todos, los judíos solían reunirse allí.

5Aquel año fueron designados jueces dos ancianos del pueblo, de esos que el Señor denuncia diciendo: En Babilonia la maldad ha brotado de los viejos jueces, que pasan por guías del pueblo. 6Solían ir a casa de Joaquín, y los que tenían pleitos que resolver acudían a ellos.

7A mediodía, cuando la gente se marchaba, Susana salía a pasear por el parque con su marido. 8Los ancianos la veían a diario, cuando salía a pasear por el parque, y se enamoraron de ella: 9Pervirtieron su corazón y desviaron los ojos para no mirar a Dios ni acordarse de sus justas leyes.

10Los dos estaban locos de pasión por ella, pero no se confesaban mutuamente su tormento, 11porque les daba vergüenza admitir que estaban ansiosos de poseerla. 12Día tras día se las ingeniaban para verla.

13Un día dijeron:

–Vamos a casa, que es la hora de comer.

14Y al salir se separaron. Pero, dando media vuelta, se encontraron otra vez en el mismo sitio. Preguntando uno a otro el motivo, acabaron por confesarse su pasión. Entonces, de acuerdo, fijaron una ocasión para encontrarla sola.

15Un día, mientras aguardaban ellos el momento oportuno, salió ella como de ordinario, acompañada sólo de dos criadas, y se le antojó bañarse en el parque, porque hacía mucho calor. 16Allí no había nadie fuera de los dos viejos escondidos y espiándola.

17Susana dijo a las criadas:

–Tráiganme el perfume y las cremas y cierren la puerta del parque mientras me baño.

18Ellas, cumpliendo la orden, cerraron la puerta del parque y salieron por una puerta lateral para traer el encargo, sin darse cuenta de que los viejos estaban escondidos.

19Apenas salieron las criadas, se levantaron los dos ancianos, corrieron hacia ella 20y le dijeron:

–Las puertas del parque están cerradas, nadie nos ve y nosotros estamos enamorados de ti; consiente y acuéstate con nosotros. 21Si te niegas, daremos testimonio contra ti diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías despachado a las criadas.

22Susana lanzó un gemido y dijo:

–No tengo salida: si hago eso seré rea de muerte; si no lo hago, no escaparé de sus manos. 23Pero prefiero no hacerlo y caer en manos de ustedes antes que pecar contra Dios.

24Susana se puso a gritar, y los concejales, por su parte, también gritaron. 25Uno de ellos fue corriendo y abrió la puerta del parque. 26Al oír gritos en el parque, la servidumbre vino corriendo por la puerta lateral a ver qué le había pasado. 27Y cuando los viejos contaron su historia los criados quedaron abochornados, porque Susana nunca había dado que hablar.

28Al día siguiente, cuando la gente vino a casa de Joaquín, su marido, vinieron también los dos viejos con el propósito criminal de hacerla morir. 29En presencia del pueblo ordenaron:

–Vayan a buscar a Susana, hija de Jelcías, mujer de Joaquín.

30Fueron a buscarla, y vino ella con sus padres, hijos y parientes.

31Susana era una mujer muy delicada y muy hermosa. 32Los malvados le mandaron quitarse el velo que llevaba echado para gozar mirando su belleza. 33Toda su familia y cuantos la veían lloraban.

34Entonces, los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y pusieron las manos sobre la cabeza de Susana.

35Ella, llorando, levantó la vista al cielo, porque su corazón confiaba en el Señor. 36Los ancianos declararon:

–Mientras paseábamos nosotros solos por el parque, salió ésta con dos criadas, cerró la puerta del parque y despidió a las criadas. 37Entonces se le acercó un joven que estaba escondido y se acostó con ella. 38Nosotros estábamos en un rincón del parque, y al ver aquel delito corrimos hacia ellos. 39Los vimos abrazados, pero no pudimos sujetar al joven, porque era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta salió corriendo. 40En cambio, a ésta la agarramos y le preguntamos quién era el joven, pero no quiso decírnoslo. Damos testimonio de ello.

41Como eran ancianos del pueblo y jueces, la asamblea les creyó y condenó a muerte a Susana.

42Ella dijo gritando:

–Dios eterno que ves lo escondido, que lo sabes todo antes de que suceda, 43tú sabes que han dado falso testimonio contra mí, y ahora tengo que morir siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí.

44El Señor la escuchó.

45Mientras la llevaban para ejecutarla, Dios movió con su santa inspiración a un muchacho llamado Daniel; 46éste dio una gran voz:

–¡No soy responsable de ese homicidio!

47Toda la gente se volvió a mirarlo y le preguntaron:

–¿Qué pasa, qué estás diciendo?

48Él, plantado en medio de ellos, les contestó:

–Pero, ¿están locos, israelitas? ¿Conque sin discutir la causa ni investigar los hechos condenan a una israelita? 49Vuelvan al tribunal, porque ésos han dado falso testimonio contra ella.

50La gente volvió a toda prisa y los ancianos le dijeron:

–Ven, siéntate con nosotros y explícate; porque Dios te ha dado la madurez de un anciano.

51Daniel les dijo:

–Sepárenlos lejos uno del otro, que los voy a interrogar yo.

52Los apartaron, él llamó a uno y le dijo:

–¡Envejecido en años y en crímenes! Ahora vuelven tus pecados pasados; 53cuando dabas sentencia injusta condenando inocentes y absolviendo culpables, contra el mandato del Señor: No matarás al inocente ni al justo. 54Ahora, ya que tú la viste, dime debajo de qué árbol los viste abrazados.

Él respondió:

–Debajo de una acacia.

55Replicó Daniel:

–Tu calumnia se vuelve contra ti: el ángel de Dios ha recibido la sentencia divina y te va a partir por medio.

56Lo apartó, mandó traer al otro y le dijo:

–¡Eres cananeo y no judío! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. 57Eso hacían con las mujeres israelitas, y ellas por miedo se acostaban con ustedes; pero una mujer judía no ha tolerado la maldad de ustedes. 58Ahora dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?

Él contestó:

–Debajo de una encina.

59Replicó Daniel:

–Tu calumnia se vuelve contra ti: el ángel de Dios aguarda con la espada para dividirte por medio. Y así acabará con ustedes.

60Entonces toda la asamblea se puso a gritar bendiciendo a Dios, que salva a los que esperan en él. 61Se levantaron contra los dos ancianos a quienes por su propia confesión Daniel había declarado culpables de falso testimonio 62y los ajusticiaron según la ley de Moisés, aplicándoles la misma pena que ellos habían tramado contra su prójimo. Aquel día se salvó una vida inocente.

63Jelcías, su mujer, todos los parientes y Joaquín, el marido, alabaron a Dios, porque su pariente Susana no había cometido ninguna acción vergonzosa.

64Y desde aquel día, Daniel gozó de gran prestigio entre el pueblo.

 

Bel o el fraude descubierto

(Is 46; Jr 50,2.10)

14 1El rey Astiages fue sepultado en el sepulcro familiar y le sucedió en el trono Ciro, el persa.

2Daniel vivía con el rey, más honrado que sus demás amigos. 3Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel; cada día le llevaban medio quintal de sémola, cuarenta ovejas y ciento treinta litros de vino.

4También el rey lo veneraba y acudía todos los días a adorarlo, mientras que Daniel adoraba a su Dios.

5El rey le preguntó:

–¿Por qué no adoras a Bel?

Contestó:

–Porque yo no venero a dioses de fabricación humana, sino al Dios vivo, creador de cielo y tierra y dueño de todos los vivientes.

6El rey le contestó:

–Entonces, ¿no crees que Bel es un dios vivo? ¿No ves todo lo que come y bebe a diario?

7Daniel repuso sonriendo:

–No te engañes, majestad. Ése es de barro por dentro y de bronce por fuera y jamás ha comido ni bebido.

8El rey se enfadó, llamó a sus sacerdotes y les dijo:

–Si no me dicen quién se come esos alimentos morirán. Pero si demuestran que es Bel quién los come, Daniel morirá por haber blasfemado contra Bel.

9Daniel dijo al rey:

–Que se cumpla lo que has dicho.

10Los sacerdotes de Bel eran setenta, sin contar mujeres y niños. El rey se dirigió con Daniel al templo de Bel. 11Los sacerdotes de Bel le dijeron:

–Nosotros saldremos fuera. Tú, majestad, trae la comida, mezcla el vino y acércalo, después cierra la puerta y séllala con tu anillo. 12Mañana temprano volverás; si descubres que Bel no ha consumido todo, moriremos nosotros; en caso contrario, morirá Daniel por habernos calumniado.

13–Lo decían muy seguros, porque habían hecho debajo de la mesa un pasadizo oculto por donde entraban siempre a comer las ofrendas–.

14Cuando salieron ellos, el rey acercó la comida a Bel. Daniel mandó a sus criados que trajeran ceniza y la esparcieran por todo el templo, en presencia sólo del rey. Salieron, cerraron la puerta, la sellaron con el anillo real y se marcharon.

15Aquella noche los sacerdotes, según costumbre, vinieron con sus mujeres y niños y dieron cuenta de la comida y la bebida.

16El rey madrugó y lo mismo hizo Daniel. 17Preguntó el rey:

–¿Están intactos los sellos?

Contestó:

–Intactos, majestad.

18Al abrir la puerta, el rey miró a la mesa y gritó:

–¡Qué grande eres, Bel! No hay engaño en ti.

19Daniel, riéndose, sujetó al rey para que no entrase y le dijo:

–Mira al suelo y averigua de quién son esas huellas.

20El rey repuso:

–Estoy viendo huellas de hombres, mujeres y niños.

21Y lleno de furia, hizo arrestar a los sacerdotes con sus mujeres y niños. Le enseñaron la puerta secreta por donde entraban a comer lo que había en la mesa. 22El rey los hizo ajusticiar y entregó a Bel en poder de Daniel, el cual lo destruyó con su templo.

23Había también un dragón enorme, al que veneraban los babilonios.

24El rey dijo a Daniel:

–No dirás que éste es de bronce; está vivo, come y bebe; no puedes negar que es un dios vivo. Adóralo.

25Respondió Daniel:

–Yo adoro al Señor, mi Dios, que es el Dios vivo. Dame permiso, majestad, y mataré al dragón sin palo ni cuchillo.

26El rey contestó:

–Concedido.

27Entonces Daniel tomó resina, grasa y pelos; los coció, hizo unas tortas y se las echó en la boca al dragón. El dragón las comió y reventó. Daniel sentenció:

–Ahí tienen lo que ustedes adoraban.

28Al enterarse los babilonios se enfurecieron, se amotinaron contra el rey y dijeron:

–El rey se ha vuelto judío: ha destrozado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a los sacerdotes.

29Acudieron al rey y exigieron:

–Entréganos a Daniel si no quieres morir con tu familia.

30Viendo el rey que lo amenazaban con violencia, les entregó a Daniel a la fuerza. 31Ellos lo arrojaron al foso de los leones, donde pasó seis días.

32Había en el foso siete leones; cada día les echaban dos ajusticiados y dos ovejas; en aquella ocasión no les echaron nada para que devorasen a Daniel.

33En Judea vivía el profeta Habacuc. Aquel día había preparado un guiso, puesto pequeños trozos de pan en una canastilla y marchaba al campo para llevárselo a los que estaban cosechando.

34El ángel del Señor ordenó a Habacuc:

–Ese almuerzo llévaselo a Daniel, que está en Babilonia, en el foso de los leones.

35Habacuc respondió:

–Señor, ni he visitado Babilonia ni conozco ese foso.

36Entonces el ángel del Señor lo agarró por la cabeza y con el ímpetu de su Espíritu, lo llevó hasta Babilonia sujeto por los cabellos y lo depositó frente al foso.

37Habacuc gritó:

–Daniel, Daniel, toma el almuerzo que te envía Dios.

38Daniel respondió:

–Dios mío, te has acordado de mí, no has desamparado a los que te aman.

39Y levantándose se puso a comer. Mientras, el ángel del Señor restituía a Habacuc a su país.

40Al séptimo día vino el rey para llorar a Daniel. Se acercó al foso, miró dentro y allí estaba Daniel sentado. 41Con todas sus fuerzas gritó:

–¡Grande eres, Señor, Dios de Daniel, y no hay más Dios que tú!

42Lo hizo sacar, y a los culpables del atentado los hizo arrojar al foso, y al instante fueron devorados en su presencia.

 

 

 

La obra. Lo que hoy leemos como libro de Daniel es una obra compleja y aparte en el Antiguo Testamento. Empezando por la lengua, encontramos una serie de capítulos escritos en hebreo que imita el clásico, otros están escritos en arameo, otros en griego. Una obra trilingüe.

Es muy fácil separar los fragmentos griegos como adiciones posteriores, escritas en esa lengua o traducidas de un original semítico. No es fácil dar razón definitiva de la mezcla de hebreo con arameo; es más razonable pensar que los textos se escribieron primero en hebreo y que parte se tradujo al arameo, lengua corriente de la época.

La distribución de formas y temas no coincide con el reparto de lenguas. Encontramos tres tipos fundamentales: una serie de episodios narrativos, que tienen por protagonistas a Daniel y sus compañeros; una serie de visiones de Daniel explicadas por un ángel; dos plegarias amplias y otras breves. Los relatos están en hebreo (1), arameo (2–6) y griego (13–14); las visiones en arameo (7) y hebreo (8–12); las amplias plegarias en griego (3,24-90) y las demás en la lengua del contexto.

 

Autor. El personaje Daniel –«Dios es mi juez», en hebreo– es introducido unas veces en tercera persona (1–6); otras, en primera (8–12), como si fuera el autor. En el capítulo 7 pasa de la tercera a la primera. En los relatos aparece como adivino y jefe de magos (4,5; 5,10-12), y como político y administrador real (2,48; 6,3s; 8,27).

Parece ser que en la antigüedad hubo un personaje famoso por su bondad y sabiduría, llamado Daniel (Ez 14,14.20; 28,3). Fuera de la Biblia aparece como «Dnil» en el poema ugarítico de Aqhat. ¿Existió un personaje semejante, del mismo nombre, en tiempo del destierro? No lo sabemos. El caso es que Daniel se hizo legendario y popular; por eso lo seleccionaron como protagonista para esta obra. La pseudonimia es normal en el género apocalíptico: hay Apocalipsis de Henoc, de Moisés, de Isaías, de Baruc, etc.

 

Época. El libro está compuesto durante la persecución de Antíoco IV (175-163 a.C.), después del 167 a.C. y algo antes de su muerte. Por la persecución religiosa y las rivalidades internas, los judíos atraviesan una grave crisis. El autor quiere infundirles ánimo y esperanza: lo hace con un personaje ficticio y aureolado, en un género literario nuevo, el apocalíptico.

Algunos piensan que los capítulos 1–6 fueron escritos al final del período persa o al comienzo del helenista, o sea en la segunda mitad del s. IV a.C. Las adiciones griegas, por su carácter ficticio o fantástico, no permiten una datación probable.

 

Género apocalíptico. Con el libro de Daniel entra en el Antiguo Testamento un género literario nuevo, el género apocalíptico. El libro fue admitido en el canon judío de las Escrituras, no como libro profético, pues la serie estaba clausurada, sino entre los «Escritos», concepto vago y acogedor. En realidad, Daniel es el único escrito apocalíptico, entre muchos, considerado como inspirado por Dios. En las versiones griega y latina y en la tradición cristiana, Daniel figura como uno de los cuatro «profetas mayores».

La apocalíptica es heredera de la profecía; surge cuando la profecía se ha extinguido («ya no vemos nuestros estandartes, ni tenemos un profeta, ninguno de nosotros sabe hasta cuándo» Sal 74,9) y pretende llevar adelante su misión.

En momentos de crisis, la apocalíptica trae un mensaje de esperanza: la tribulación es pasajera, el Señor actuará, pronto y de modo definitivo. En varias ocasiones la apocalíptica se presenta como la visión actualizada de una profecía.

 

Tema. El tema del libro es el drama de la historia. Luchan y caen y se suceden imperios y reinos. Los soberanos y emperadores actúan como protagonistas, pero la historia está gobernada por Dios y es conducida a un desenlace que llega de modo repentino, aunque previsto por el vidente y explicado por el intérprete. El paso dramático de un imperio a otro anticipa y prefigura el cambio final: la restauración del reino definitivo y universal del Señor de la historia en la que los sujetos pasivos y sufrientes de la misma, los «elegidos y consagrados», pasarán a primer plano con un nuevo poder concedido por Dios. Lo que sucede después, se anuncia, no se describe.

Los recursos principales del género y del libro son la ficción narrativa y la alegoría. El autor despliega a grandes trazos el pasado, lo estiliza y lo cuenta como profecía. Para ello inventa un personaje pretérito, a quien da un nombre ilustre y pone en su boca la historia pasada como profecía de futuro. La alegoría sirve también para comunicar en clave enseñanzas políticamente peligrosas.

En el uso de la alegoría el autor de 2–7 ha sido genial. Con función alegórica ha sabido crear unas cuantas imágenes poderosas que han fecundado el arte y el pensamiento occidental: la estatua de diversos materiales, el emperador convertido en fiera, el festín de Baltasar, los jóvenes en el horno, Daniel en el foso de los leones, las cuatro fieras con el anciano y la figura humana. ¿Cuántos escritores podrán exhibir semejante repertorio? Gracias a su vigor imaginativo, esos símbolos han sobrevivido al fracaso de la expectación del autor, se han desprendido de sus ataduras alegóricas y han comenzado una nueva vida como instrumentos para interpretar la historia.

 

Daniel y el Nuevo Testamento. Tres doctrinas principales han influido de algún modo en el Nuevo Testamento. La angelología, incluso con los nombres concretos de Miguel y de Gabriel (Lucas, Judas y Apocalipsis). La doctrina de la resurrección y retribución en la otra vida. La «figura humana» del capítulo 7, que por una falsa traducción se convirtió en «el Hijo del Hombre» trascendente, el de la parusía anunciada.

Además de éstos, Mc 13,14 y Mt 24,15 mencionan al «ídolo abominable» de Daniel 9,27 y 12,11; Mc 13,19 y Mt 24,21 citan literalmente a Daniel 12,1. Finalmente 1 Cor 6,2 parece basado en Daniel 7,22. De los relatos griegos, el de Susana ha tenido gran aceptación en la teología y en el arte cristiano.


1,1-21 Daniel en la corte de Babilonia. Este primer capítulo al mismo tiempo que nos sitúa en la corte de Babilonia bajo el reinado de Nabucodonosor, es también la presentación de todo el libro. Después de describir brevemente el ambiente histórico (1s), el autor nos presenta a los personajes (3-7), entre los que sobresale el joven Daniel; la problemática religiosa más sobresaliente de la época: el tema de los alimentos prohibidos (8-16), y el motivo dominante del libro: la interpretación de los sueños y visiones o la capacidad que Dios ha infundido en Daniel para conocer e interpretar los sueños y visiones, como forma de poner en primer plano la absoluta soberanía de Dios incluso sobre reyes y reinos extranjeros (17-21).

Los biblistas están de acuerdo que el marco histórico que nos presentan los dos primeros capítulos es ficticio; es decir, no se trata en realidad del período de dominación babilónica, sino más bien de la época de dominación griega, s. III y II a.C. Los generales que heredan el imperio de Alejandro Magno han logrado expandir la cultura y el pensamiento griegos por todo el Oriente. La fe y la cultura israelitas se han visto confrontadas y hasta perseguidas por los dominadores extranjeros. Muchos judíos han aceptado sin problemas la nueva cultura, pero otros se resisten y hasta llegan a aceptar gustosos la muerte antes que infringir la ley de Moisés (8-16; cfr. 2 Mac).

Los griegos introducen rápidamente las novedades de la sabiduría helenista, que amplía mucho más los horizontes de la sabiduría y de la ciencia babilónicas, pero que desde el punto de vista del pensamiento judío, no está por encima de la sabiduría y conocimiento semitas. Esto explica por qué el libro subraya tanto la superioridad en sabiduría y conocimiento de Daniel y sus compañeros. La sabiduría de éstos está basada en el conocimiento y en la fe en el Dios de los antepasados de Israel. Con base en estos conceptos, el libro va a demostrar que a pesar de su poderío, su fuerza y su potencia, los reinos extranjeros serán siempre aniquilados por la fuerza y la potencia de uno solo: el Dios único y vivo de Israel. Y ello es motivo de consuelo en la angustia, luz en la incertidumbre, esperanza en la persecución y fortaleza para perseverar en la fe en una época en la que el creyente judío duda de la validez de sus dogmas y principios religiosos.

El lenguaje de Daniel es ante todo apocalíptico, dado el uso de tiempos y lugares ficticios, pero sobre todo por la utilización de imágenes y personajes rodeados de valor simbólico que sólo pueden captar quienes están en sintonía con la problemática e inquietudes de este autor creyente, enemigo a ultranza del pensamiento y la cultura griegos.

 

2,1-49 El sueño de Nabucodonosor. Al rey le asalta la duda y el temor por un sueño que ha tenido, por lo que acude a los magos y adivinos de su corte. Sin embargo, ni los de la corte ni los del resto del reino se sienten capaces de responder a la exigencia del rey. Él quiere no sólo que le interpreten el sueño, sino que adivinen qué fue lo que soñó. Con esta ambientación que incluye la sentencia de muerte para todos los magos y sabios de todo el imperio por su ineptitud (1-13), va a entrar en escena Daniel, que no se basa en su propio conocimiento, sino en el poder único y absoluto del Dios de Israel a quien pide la iluminación necesaria. Daniel, como jefe de todos los magos y sabios del imperio, representa la soberanía de Dios sobre cualquier reino por potente que sea. Todos salvaron la vida sólo cuando reconocieron que el Dios de Daniel es el único sabio y poderoso.

 

2,31-45: Los materiales con que está hecha la estatua y la interpretación que se hace de ella, está en relación con la forma como los antiguos calificaban las diferentes épocas de la historia, a partir del valor de los metales y materiales de uso corriente. Se nota que el metal más valioso era el oro, aplicado aquí al imperio babilónico; le sigue la plata, también metal precioso, pero menos que el oro, representaría al imperio medo; la parte de hierro representa al período persa; y el hierro y el barro representan los reinos asirio y egipcio, los dos polos donde se concentraron los generales herederos del imperio griego macedónico conquistado por Alejandro Magno. Esta gran mole, sin embargo, es derribada por una simple esquirla desprendida de una gran roca, que representa aquí el advenimiento del reino de Dios.

Aquí está el valor profético del simbolismo que envuelve este sueño y su interpretación. Todo lo que proviene de Dios comienza con lo más mínimo y desapercibido, no se impone por la fuerza ni la violencia. El mundo está cansado de la prepotencia de los poderosos que arman y desarman imperios según sus caprichos, es necesario centrar la atención en los pequeños signos en los que continuamente el reino de Dios se está manifestando, sin perder de vista que no es en lo llamativo y en lo espectacular, sino en las pequeñas cosas, pequeñas experiencias de vida, donde el Espíritu hará crecer y multiplicar los signos del reino.

 

3,1-33 La estatua de oro – Confesión de Nabucodonosor. Aunque este pasaje nos habla de Nabucodonosor que ordena construir una gran estatua, en realidad se trata del rey griego Antíoco IV (175-163 a.C.), quien mandó erigir una estatua de Zeus, dios principal del panteón griego, en Jerusalén (cfr. 1 Mac 1,54; 2 Mac 6,2). Con este relato el autor intenta animar a los creyentes para que resistan la agresión de los poderosos que quieren ocupar el lugar de Dios. Su perseverancia y fidelidad puede trocar la actitud del agresor, a tal punto de convertirlos al Señor.

 

3,24-45 Oración penitencial de Azarías. La oración de Azarías es una plegaria, inspirada en la manera como se componían los salmos penitenciales: autorreconocimiento de las culpas y conciencia del merecido y necesario castigo; por eso desde el dolor purgante se reconoce la grandeza y misericordia de Dios que no abandona a sus fieles; el final de la composición es la confesión de fe en Dios que rescatará a sus fieles.

 

3,46-90 Cántico de los tres jóvenes. Es una plegaria de alabanza común también en el salterio (véase Sal 135; 148; etc.); se trata de una invitación a toda la creación para que alabe al único Señor. En el contexto en que se encuentra, es la manera de invitar a desatender la orden del rey de adorar a la estatua de oro. No queda nada ni nadie excluido de esta invitación. También aquí se detecta el rasgo profético de la oración. Muchos contemporáneos del autor del libro, tal vez, estaban confundidos ante las pretensiones de los dominadores griegos. Aquí se establece de una vez por todas a quién hay que adorar y servir, al Único que puede salvar (3,96), Único Señor a quien algún día reyes y emperadores tendrán que reconocer (3,28s).

 

4,1-34 Visión del árbol. Segundo sueño de Nabucodonosor. Este capítulo se puede dividir en tres secciones: el rey relata el sueño (7b-15); Daniel interpreta el sueño (16-24); cumplimiento del sueño (25-34). Antes de la narración del sueño por parte del mismo rey, se reconoce que el único Señor de cielos y tierra el Señor, Dios de Daniel, Dios de Israel, quien actúa por medio de sus fieles judíos, para quienes la sabiduría es muy diferente a la de los sabios y adivinos paganos. De nuevo, pues, se quiere subrayar la única y absoluta soberanía de Dios sobre reyes, reinos y naciones.

 

5,1–6,1 El festín de Baltasar. Se recurre a episodios del pasado para tomar postura respecto a los hechos del presente. Con toda seguridad, los lectores contemporáneos de esta obra entendieron perfectamente que lo narrado respecto a Baltasar se refería en realidad a Antíoco IV. De este modo, el presente no queda cerrado a las perspectivas de futuro. Todo lo contrario, el creyente fiel es impulsado a ver el futuro con mayor claridad porque al fin de cuentas la historia tiene una dinámica propia que Dios mismo le imprime.

Daniel es de nuevo reconocido como el máximo sabio, pero no por sí mismo, sino por causa de su Dios.

 

6,2-29 Daniel en el foso de los leones. La primera parte del libro concluye con un episodio paralelo a su inicio: la fe y fidelidad de Daniel a su Dios le acarrea la persecución; una manera de hablar de las persecuciones y oprobios contra los fieles judíos bajo el reinado de Antíoco IV. Si antes fue el rechazo y la resistencia a adorar la estatua de oro, ahora el motivo no es del todo diferente; se trata de mantener firme la convicción de que sólo Dios puede salvar y que, por tanto, sólo de Él se puede esperar la salvación (15.17.21.23.28). En el capítulo tercero, el ambiente fue la erección de la estatua de Zeus en Jerusalén. En este momento el ambiente es el decreto real que prohíbe la religión judía en el reino de Antíoco IV. Muchos judíos se ajustaron a dicha norma, pero también muchos otros resistieron y permanecieron firmes hasta el final. Daniel, salvado del foso de los leones, es la imagen del fiel creyente que no claudica en su fe ni se doblega ante los caprichos del dominante de turno. También este episodio es profecía para nuestra época contemporánea.

 

7,1–12,13 Las visiones. Tal vez en algún momento de nuestra vida nos hemos detenido a pensar en el sentido de nuestra existencia, el por qué de los acontecimientos, máxime si las circunstancias en las que se vive son difíciles en todos los sentidos: económico, político, social y religioso; y más aún, si la experiencia del presente nos trae el triunfo de la injusticia, la violencia y la mentira. Ante tales circunstancias, uno siente a veces la tentación de abandonar la fe y la esperanza porque a simple vista no se ve ni se siente la intervención de aquel Dios en quien se cree y se espera. Éstas podrían ser a grandes rasgos las circunstancias históricas que se esconden detrás de las cuatro visiones que nos narra el libro de Daniel.

Por medio de las tres primeras, cada una con su interpretación, el sabio intenta responder a sus propias inquietudes y a las de sus contemporáneos sobre el futuro. El presente no es fácil, sobre todo para quienes poseen e intentan mantener su fe y su esperanza en el Dios que se ha venido revelando en la historia del pueblo de Israel. Los peligros de apostasía están a la puerta, por tanto, se necesita luz y fuerza para continuar hacia el futuro, tratando de entender el pasado y el presente.

La cuarta visión ilustra la duración de estas situaciones, épocas en las que se entrecruza una especie de competencia por parte de los poderosos contra el plan de Dios. ¿Cuándo cesará esa competencia? Cuando se reconozca que sólo Dios es Señor de la historia, y que sólo el plan divino garantiza la vida de los hombres y de la creación, y que cualquier proyecto humano debe fundarse en la voluntad de Él. Sólo cuando se reconozca esta dinámica, el futuro será esperanzador.

 

7,1-28 Primera: Las cuatro fieras. La primera visión tiene un gran parecido con el sueño de Nabucodonosor (2,28). En ambas predomina el número cuatro: allá tenemos cuatro metales, clasificados por su valor y aquí cuatro bestias, clasificadas por su fuerza. Pero aquí la atención está centrada en la cuarta bestia, que no tiene una denominación específica, pero que posee unas características muy particulares: posee diez cuernos, de los cuales desaparecen tres para dar espacio a uno más pequeño. Los diez cuernos se refieren a la sucesión de reyes de la dinastía seléucida, el último cuerno se refiere a Antíoco IV, tal vez el más feroz y opresor de todos. Pero la visión no termina con la descripción de la cuarta bestia y su acción maléfica. Aparece un anciano, un trono y un ser misterioso que en la narración se le da el apelativo de «hijo de hombre» (9-14). Estos elementos nos indican que para el autor se representa aquí una especie de juicio que el Altísimo realiza sobre la historia y sus protagonistas. De hecho el anciano y el tribunal entregan al «hijo del hombre» el poder sobre reinos y naciones, quienes se ponen a su servicio (14.26.27). El Nuevo Testamento identificará este «hijo de hombre» con Jesús, proclamado como el Mesías (cfr. Mc 13,26; 14,62; Mt 25,31; Lc 17,22.30; Hch 7,55-56).

El mensaje esperanzador de este juicio es el desmoronamiento de todo poder y potencia enemigos de Dios y el triunfo definitivo del proyecto divino y de sus fieles adoradores (26s).

Para nuestro tiempo: el creyente no puede conformarse con la simple espera de un ser celestial que aparezca para juzgar la prepotencia y altanería de los opresores modernos y de sus estructuras opresoras. En y desde la fe, el cristiano convencido del valor liberador, consolador y esperanzador de la Palabra y proyecto de Jesús, tiene que hacer de sus luchas y sudores una profecía actual y actuante. No porque los tiempos hayan cambiado cambia Dios de parecer. En nuestras manos está hacer que Dios enjuicie nuestro mundo actual, incrementando acciones de justicia, solidaridad y búsqueda de la fraternidad en medio de este mundo dividido y gobernado por las fuerzas del mal.

 

8,1-27 Segunda: El carnero y el macho cabrío. Esta nueva visión amplía prácticamente la anterior, aunque reduce el número de imperios. Nótese el predominio del símbolo del «cuerno», imagen antigua de fuerza y poder. Los dos animales representan al imperio persa y al griego respectivamente (20s); los cuernos del chivo serían los sucesores griegos del conquistador Alejandro Magno. El último cuerno, que alcanza proporciones cósmicas (10-12), es contemporáneo del redactor, y es quien más poder tiene y quien más expande la maldad.

 

9,1-27 Tercera: Las setenta semanas. La tercera visión (20-27), está precedida de una larga oración (4-19), que surge en el momento en el que Daniel investiga sobre la suerte de su pueblo en la Escritura (1-3). La oración como tal es una súplica, en donde se subrayan los pecados e infidelidades de Israel, y el poder y la misericordia de Dios, pero también se acentúa la esperanza salvífica del pueblo pecador. La visión reinterpreta la profecía de Jeremías según la cual el destierro en Babilonia tendría una duración de setenta años (Jr 25,11; 29,10). En la visión de Daniel aparece este período dividido en setenta semanas, y éstas divididas a su vez en períodos cargados de sentido simbólico con aumento creciente de la maldad hasta la última semana, que será la peor de todas. No se concede ningún reconocimiento al principado del mal por grande y terrible que sea, pues al final de todo se percibe que la ruina vendrá sobre el destructor (27). Como quien dice, la historia, aunque protagonizada en mayor parte por hombres violentos, tiene un actor último que es Dios, quien se manifestará en la plenitud de ella.

 

10,1–12,13 Cuarta: La visión terrible. Esta última visión no introduce propiamente nada nuevo, continúa ratificando el concepto de juicio divino sobre la historia y los acontecimientos que dentro de ella han protagonizado los distintos reyes y emperadores. El marco histórico sigue siendo el período dominado por los sucesores de Alejandro Magno.

 

Resurrección y salvación (12,1-13): Los versículos 1-4 son de obligatoria referencia cuando se quiere buscar el fundamento bíblico de la resurrección de los muertos. Para muchos comentaristas este pasaje constituye el punto culminante de la revelación contenida en el libro de Daniel. Dios concede la victoria final a su pueblo, haciendo que, tanto vivos como muertos, participen de ella. Quienes se mantuvieron fieles al Señor, aun en los peores momentos de la historia, serán premiados por Dios con la vida eterna.

Pero hay otra intuición: el castigo eterno que sobrevendrá a los impíos. A su manera, el libro de Daniel resuelve el interrogante sobre la suerte del justo que sufre y el malvado que prospera (cfr. Sal 37).

¿Cuándo se cumplirán estas cosas maravillosas? (5.8) La respuesta sigue siendo misteriosa y vedada, pero para los lectores contemporáneos de Daniel está claro que el fin de la crisis es inminente. Recordemos que la literatura apocalíptica utiliza imágenes y símbolos a veces tomados del pasado pero que aluden a un presente crítico con el fin de animar, consolar y sobre todo confortar e invitar a no desfallecer ante los embates del mal.

 

13s Relatos griegos. El texto hebreo de Daniel termina en el capítulo 12. Sin embargo, cuando se tradujeron los textos del Antiguo Testamento a la lengua griega (LXX) fueron añadidos estos relatos, de origen hebreo, pero compuestos en griego, donde se resalta la personalidad de Daniel. Se trata de relatos populares que tienen un carácter ejemplar. La enseñanza que quieren transmitir es sumamente simple y sencilla, para que cualquier lector u oyente de la época pudiera captarla sin dificultad.

 

13,1-64 Susana y Daniel. Con el relato de Susana se quiere alabar la sabiduría limpia y justa de Daniel; pero más que eso, se trata de inculcar en el creyente la convicción de que Dios no abandona ni deja en manos de malhechores a quien confía en Él y que, por su parte, los inicuos serán irremediablemente castigados.

 

14,1-42 Bel o el fraude descubierto. Otras dos historias ejemplares buscan ilustrar la vanidad de los ídolos. Son prácticamente dos sátiras: una contra quienes confían en divinidades de hechura humana (1-22), y la otra es contra la divinidad misma (23-27). Daniel queda en peligro por desenmascarar la falsedad idolátrica, pero el Dios vivo en quien él confía no lo abandona (28-40), al punto que los mismos idólatras tienen que reconocer al Único y verdadero Dios (41s).