ECLESIÁSTICO

PRÓLOGO

 

1Muchas y grandes enseñanzas hemos recibido de la ley, los profetas y los demás escritores que los siguieron, por los cuales se debe elogiar a Israel a causa de su instrucción y sabiduría.

2Y como no basta que sus lectores aprendan, sino que deben ser capaces de ayudar a los de fuera, de palabra y por escrito, 3mi abuelo Jesús, después de dedicarse intensamente a leer la ley, los profetas y los restantes libros paternos, y de adquirir un buen dominio de ellos, se decidió a componer por su cuenta algo en la línea de la sabiduría e instrucción, para que los deseosos de aprender, familiarizándose también con ello, pudieran adelantar en una vida según la ley.

4Te ruego, pues, que leas con atención y benevolencia y que seas indulgente si, a pesar de mi esfuerzo, no he acertado con la traducción de algunas frases. Porque lo que se expresó originalmente en hebreo no conserva el mismo sentido, traducido a otra lengua. Y no sólo este libro, sino también la ley y los profetas y los restantes libros son muy distintos en su lengua original.

5El año treinta y ocho del reinado de Benefactor vine a Egipto, donde pasé una temporada. Y como tuve buena ocasión de aprender, me pareció necesario aportar también mi trabajo y esfuerzo a traducir este libro, y así dediqué por entonces muchas vigilias y todo mi saber a completar y publicar el libro, en beneficio de los emigrantes deseosos de aprender y predispuestos por sus costumbres a vivir según la ley.

 

 

PRIMERA PARTE

 

Sabiduría y temor de Dios

(Prov 8,22-31; Sab 7)

 

1

             1Toda sabiduría viene del Señor

y está con él eternamente.

    2La arena de las playas, las gotas de la lluvia,

los días de los siglos: ¿quién los contará?

    3La altura del cielo, la anchura de la tierra,

la profundidad del Abismo: ¿quién las medirá?

    4La sabiduría fue creada antes que todo lo demás,

la inteligencia y la prudencia antes de los siglos.

    6La raíz de la sabiduría, ¿a quién se reveló?;

los secretos de sus obras ¿quién los conoció?

    8Uno solo es sabio e impone respeto:

el Señor, que está sentado en su trono.

    9Él fue quién creó la sabiduría, la conoció, la midió,

y la derramó sobre todas sus obras;

    10 la repartió entre los vivientes, según su generosidad;

se la regaló a los que lo aman.

    11Respetar al Señor es gloria y honor,

es gozo y corona de gozo;

    12respetar al Señor alegra el corazón,

trae gozo, alegría y vida larga.

    13Quien respeta al Señor acabará bien,

el día de su muerte lo bendecirán.

    14El principio de la sabiduría es respetar al Señor:

ella es creada junto con los fieles en el seno materno.

    15Puso entre los hombres su hogar

y se mantiene fielmente con su descendencia.

    16La plenitud de la sabiduría es respetar al Señor:

con sus frutos embriaga a sus fieles;

    17llena de tesoros toda su casa

y con sus productos los graneros.

    18La corona de la sabiduría es respetar al Señor:

sus brotes son la paz y la salud.

    19Dios hace llover la inteligencia y la prudencia,

y exalta la gloria de los que la poseen.

    20 La raíz de la sabiduría es respetar al Señor,

y sus ramas son una vida larga.

    21El respeto del Señor rechaza los pecados

y aparta sin cesar la ira divina.

 

Sabiduría y paciencia

   

    22El injusto apasionado no quedará sin castigo,

porque el ímpetu de la pasión lo hará caer.

    23El hombre paciente aguanta hasta el momento oportuno,

y al final su recompensa es la alegría;

    24hasta el momento oportuno oculta lo que piensa:

por eso la gente alabará su prudencia.

    25Tesoro de sabiduría son las sentencias proverbiales,

pero el pecador aborrece la religión.

    26Si deseas la sabiduría, guarda los mandamientos,

y el Señor te la concederá;

    27porque el respeto del Señor es sabiduría y educación,

y se complace en la fidelidad y la humildad.

 

Sinceridad

 

      28Hijo mío, no seas falso en el respeto del Señor,

no te acerques a él con doblez de corazón;

    29no seas hipócrita en tu trato con los hombres,

vigila tus labios;

    30 no te alabes a ti mismo, porque caerás

y traerás deshonra sobre tu persona;

el Señor descubrirá lo que ocultas

y te humillará en medio de la asamblea;

porque te acercaste sin respetar al Señor

mientras tu corazón estaba lleno de falsedad.

 

Paciencia, confianza y obediencia al Señor

 

2

             1Hijo mío, cuando te acerques a servir al Señor,

prepárate para la prueba;

    2mantén el corazón firme, sé valiente,

no te asustes cuando te sobrevenga una desgracia;

    3pégate a él, no lo sueltes,

y al final serás premiado.

    4Acepta todo cuanto te sobrevenga,

aguanta enfermedad y pobreza,

    5porque el oro se prueba en el fuego,

y los elegidos, en el horno de la pobreza.

    6Confía en el Señor, que él te ayudará;

espera en él, y te enderezará el camino.

    7Los que respetan al Señor, esperen en su misericordia,

y no se desvíen para no caer;

    8los que respetan al Señor, confíen en él,

que no les retendrá el salario hasta mañana;

    9los que respetan al Señor, esperen sus bienes,

alegría perpetua y misericordia.

    10 Repasen la historia y verán:

¿quién confió en el Señor y quedó defraudado?,

¿quién esperó en él, y quedó abandonado?,

¿quién gritó a él y no fue escuchado?

    11Porque el Señor es compasivo y misericordioso,

perdona el pecado y salva del peligro.

    12¡Ay del corazón cobarde, de las manos caídas!

¡Ay del pecador que va por dos caminos!

    13¡Ay del corazón débil que no confía

porque no alcanzará protección!

    14¡Ay de los que han perdido la paciencia!,

¿qué harán cuando el Señor venga a pedir cuentas?

    15Los que respetan al Señor no desobedecen sus palabras,

los que lo aman siguen sus caminos;

    16los que respetan al Señor tratan de complacerlo,

los que lo aman cumplen la ley;

    17los que respetan al Señor tienen el corazón dispuesto

y se humillan delante de él.

    18Pongámonos en las manos de Dios y no en manos de los hombres,

porque su misericordia es como su grandeza.

 

Honrar padre y madre

(Éx 20,12; Dt 5,16)

 

3

             1Escuchen, hijos míos, a su padre, háganlo y se salvarán.

             2Porque el Señor quiere que el padre sea respetado por los hijos

y afirma la autoridad de la madre sobre ellos.

    3El que honra a su padre alcanza el perdón de sus pecados,

    4el que respeta a su madre amontona tesoros;

    5el que honra a su padre se alegrará de sus hijos,

y cuando rece, será escuchado;

    6quien honra a su padre tendrá larga vida,

quien obedece al Señor honra a su madre;

    7quien respeta al Señor honra a sus padres

y sirve a los que lo engendraron.

    8De palabra y de obra honra a tu padre,

y vendrán sobre ti toda clase de bendiciones;

    9la bendición del padre afianza las raíces,

la maldición de la madre arranca lo plantado.

    10 No busques honra en la humillación de tu padre,

porque no sacarás honra de ella;

    11la honra de un hombre es la honra de su padre,

y la deshonra de la madre es vergüenza de los hijos.

    12Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre,

no lo abandones mientras viva;

    13aunque su inteligencia se vaya debilitando, sé comprensivo;

no lo hagas avergonzar mientras viva.

    14La ayuda que diste a tu padre no se olvidará,

será tenida en cuenta para pagar tus pecados;

    15el día del peligro Dios se acordará de ti

y disolverá tus pecados como el calor la escarcha.

    16Quien desprecia a su padre es un blasfemo,

quien insulta a su madre es maldecido por su Creador.

 

Humildad

   

    17Hijo mío, en todo lo que hagas actúa con humildad

y te querrán más que al hombre generoso.

    18Cuanto más importante seas, más humilde debes ser

y alcanzarás el favor de Dios;

    20 porque es grande la compasión de Dios,

y revela sus secretos a los humildes.

    21No pretendas lo que es demasiado elevado para ti

ni investigues lo que supera tus fuerzas;

    22reflexiona sobre lo que te han encomendado,

y no te preocupes por lo que está oculto;

    23no te inquietes por lo que te supera,

aunque te enseñen cosas que te desbordan,

    24¡porque son tan numerosas las opiniones de los hombres,

y sus locas fantasías los extravían!

    26El terco terminará mal,

quien ama lo bueno, lo conseguirá,

    27el terco se acarrea desgracias,

el cobarde añade pecado a pecado.

    25Donde faltan los ojos, falta la luz;

donde falta inteligencia, no hay sabiduría.

    28No corras a sanar la herida del orgulloso,

porque no tiene sanación, es el brote de una mala planta.

    29El sabio aprecia las sentencias de los sabios,

el oído atento a la sabiduría se alegrará.

 

Limosna

(Tob 4)

 

    30 El agua apaga el fuego ardiente

y la limosna consigue el perdón de los pecados.

    31Al que hace el bien lo recuerdan más tarde,

cuando resbale encontrará apoyo.

 

4

             1Hijo mío, no te burles de la vida del que sufre,

no desprecies al que sufre amargamente;

    2no hagas sufrir al necesitado

ni te escondas del que está en la miseria;

    3no apenes al que se siente abatido

ni aflijas al pobre que acude a ti,

ni niegues limosna al necesitado;

      4no rechaces la súplica del pobre,

    5ni le des ocasión de maldecirte:

    6si en la amargura de su dolor clama contra ti,

su Creador escuchará su clamor.

    7Hazte querer por la asamblea,

inclina la cabeza ante el que manda;

    8escucha con atención al pobre

y responde a su saludo con sencillez;

    9libra al oprimido del opresor

y no te repugne hacer justicia.

    10 Sé padre para los huérfanos y como un marido para las viudas,

y Dios te llamará hijo, tendrá piedad y te librará de la fosa.

 

Habla la Sabiduría

(Prov 1,20-33; 8,1-11)

 

    11La sabiduría instruye a sus hijos,

y cuida a los que la buscan.

    12Los que la aman, aman la vida;

los que la buscan, alcanzan el favor del Señor;

    13los que la guardan consiguen gloria del Señor,

la bendición de Dios los acompañará donde vayan;

    14los que la sirven, sirven al Santo;

Dios ama a los que la aman.

    15Quien me escucha juzgará rectamente,

quien me hace caso habitará en mi casa;

    17disimulada caminaré con él,

comenzaré probándolo con tentaciones;

cuando su corazón se entregue a mí,

    18volveré a él para guiarlo y revelarle mis secretos;

    19pero si se desvía, lo rechazaré y lo castigaré con la cárcel;

si se aparta de mí, lo arrojaré y lo entregaré a los asaltantes.

 

Timidez

 

    20 Hijo mío, aprovecha la ocasión pero cuídate del mal,

para que no tengas que avergonzarte de ti mismo;

    21porque hay una vergüenza que acarrea culpa,

y una vergüenza que trae gracia y honor.

    22No tengas consentimientos que te perjudiquen

ni dudes perjudicándote a ti mismo;

    23no retengas la palabra oportuna

ni escondas tu sabiduría;

    24porque hablando se muestra la sabiduría,

y la inteligencia, en la respuesta de la lengua.

    25No contradigas a Dios, humíllate ante Dios;

    26no te avergüences de confesar tu culpa,

no te opongas a la corriente.

    27No te sometas a un necio pero no te resistas a los que mandan.

No te sientes con juez injusto,

porque tendrás que juzgar según su capricho.

    28Lucha por la justicia hasta la muerte,

y el Señor peleará a tu favor.

    29No seas atrevido con tu boca,

y miedoso y cobarde en los hechos;

    30 no seas un león para tu familia,

miedoso y sin autoridad con tus servidores;

    31no tengas la mano abierta para recibir

y cerrada a la hora de dar.

 

Contra las falsas seguridades

 

5

             1No confíes en tus riquezas ni digas: Me basto a mí mismo;

no confíes en tus fuerzas para seguir tus caprichos;

    2no sigas tus antojos y codicias

ni camines según tus pasiones.

    3No digas: Nadie puede contra mí,

porque el Señor te pedirá cuentas;

    4no digas: He pecado, y nada malo me ha sucedido,

porque él es un Dios paciente.

    5No estés tan seguro de su perdón

para seguir cometiendo pecado tras pecado.

    6No pienses: es grande su compasión y perdonará mis muchas culpas;

porque tiene compasión pero también se enoja,

y su ira recae sobre los malvados.

    7No tardes en volverte a él dejando pasar los días;

porque su furor brota de repente,

y el día de la venganza perecerás.

    8No confíes en riquezas adquiridas injustamente,

que no te servirán el día de la desgracia.

 

Sobre el hablar

(19,4-17; 23,7-15; 27,8-15)

 

    9No limpies el trigo con cualquier viento

ni camines en cualquier dirección.

    10 Sé firme en tu modo de pensar

y sea una tu palabra;

    11sé rápido para escuchar

y date tiempo para responder;

    12si está en tu poder, responde al prójimo,

y si no, cállate la boca.

    13El hablar trae honra y trae deshonra,

la lengua del hombre es su ruina.

    14No tengas fama de chismoso ni emplees la lengua para murmurar;

para el ladrón se hizo la vergüenza,

y los duros castigos para el chismoso.

    15No hagas daño, ni poco ni mucho,

no te conviertas de amigo en enemigo.

 

6

             1Porque el desprecio trae deshonor y mala fama

de hombre perverso y chismoso.

 

La pasión

 

    2No caigas víctima de tu pasión,

porque encenderá tus fuerzas contra ti,

    3comerá tus hojas, arrancará tus frutos

y te dejará como árbol seco;

    4la pasión violenta destruye a quien la tiene

y lo hace motivo de risa de su enemigo.

 

Amigos

(9,10; 12,8-18; 22,19-26; 37,1-6)

 

    5Una palabra suave aumenta los amigos,

unos labios amables, los saludos.

    6Sean muchos los que te saludan,

pero amigo íntimo, uno entre mil;

    7si quieres un amigo, comienza por probarlo,

no confíes enseguida en él;

    8porque hay amigos de un momento

que no duran en tiempo de peligro;

    9hay amigos que se vuelven enemigos

y descubrirán tus peleas para avergonzarte;

    10 hay amigos que acompañan en la mesa

y no aparecen a la hora de la desgracia;

    11cuando te va bien, están contigo;

cuando te va mal, huyen de ti;

    12si te alcanza la desgracia, te dan la espalda

y se esconden de tu vista.

    13Apártate de tu enemigo

y sé prudente con tus amigos.

    14El amigo fiel es refugio seguro;

quien lo encuentra, encuentra un tesoro;

    15un amigo fiel no tiene precio

ni se puede pagar su valor;

    16un amigo fiel es algo maravilloso:

quien respeta a Dios lo consigue;

    17el que teme al Señor encamina su amistad

porque su amigo será como es él.

 

La sabiduría

(4,1-11; 14,20-27)

 

    18Hijo mío, desde la juventud busca la instrucción,

y hasta en la vejez te encontrarás con sabiduría.

    19Acércate a ella como quien ara y siembra,

esperando abundante cosecha;

cultivándola trabajarás un poco,

y mañana comerás sus frutos.

    20 Al necio le resulta difícil,

y el insensato no puede con ella;

    21lo oprime como piedra pesada,

y no tarda en sacársela de encima.

    22Porque la instrucción como su nombre lo indica

no se manifiesta a todos.

    23Escucha, hijo mío, mi opinión

y no rechaces mi consejo:

    24mete los pies en sus cadenas

y ofrece el cuello a su yugo,

    25arrima el hombro para cargar con ella

y no te irrites con sus ataduras;

    26con toda el alma acude a ella,

con todas tus fuerzas sigue sus caminos;

    27rastréala, búscala y la alcanzarás;

cuando la poseas, ya no la sueltes;

    28al fin alcanzarás su descanso,

y se te convertirá en alegría;

    29sus cadenas serán tu protección;

sus ataduras, traje de gala;

    30 su yugo, joya de oro;

sus correas, cintas de púrpura;

    31como traje de gala la llevarás,

te la colocarás como corona festiva.

    32Si quieres, hijo mío, llegarás a sabio;

si te lo propones, llegarás a entender;

    33si te gusta escuchar, aprenderás;

si prestas oído, te instruirás.

    34Asiste a la reunión de los ancianos,

y si hay uno sabio, pégate a él;

    35procura escuchar toda clase de explicaciones,

no se te escape un proverbio sensato;

    36observa quién es inteligente, y madruga para visitarlo,

que tus pies desgasten el umbral de su puerta.

    37Reflexiona sobre el respeto del Altísimo

y medita sin cesar sus mandamientos:

él te dará la inteligencia y según tus deseos te hará sabio.

 

Proverbios varios: serie negativa

 

7

             1No hagas el mal, y el mal no te alcanzará;

             2aléjate del pecado, y se apartará de ti;

    3no siembres en los surcos de la maldad,

si no quieres cosechar siete veces más.

    4No pidas a Dios poder ni al rey un puesto de honor;

    5no presumas de justo frente a Dios ni de prudente frente al rey;

    6no pretendas mandar si te falta energía para reprimir tu soberbia;

pues te acobardarás ante el noble

vendiendo por dinero tu integridad.

    7No te muestres injusto en la asamblea

ni te rebajes delante de la población.

    8No te enredes dos veces en un pecado,

porque ni de uno solo quedarás sin castigo.

    9No digas: Dios mirará mis muchas ofrendas,

el Altísimo recibirá mis súplicas.

    10 No seas impaciente en tu oración

y no seas avaro en tus limosnas;

    11no desprecies al hombre afligido,

recuerda que hay quien levanta y humilla.

    12No trames violencias contra tu hermano

ni tampoco contra tu amigo y compañero;

    13no te complazcas en mentir,

nada bueno puedes esperar de ello;

    14no te metas en la deliberación de los que gobiernan

ni multipliques las palabras de tu oración.

    15No hagas de mala gana las tareas de servicio,

pues el trabajo lo ha creado Dios.

    16No te creas que eres más que los otros;

recuerda que la cólera de Dios no tarda;

    17humilla más y más tu soberbia,

pues al hombre lo esperan los gusanos.

No insistas repitiendo tu súplica,

encomiéndate a Dios y acepta su camino.

    18No cambies un amigo por dinero

ni a tu hermano querido por oro de Ofir.

    19No repudies a una mujer sensata,

su belleza vale más que corales.

    20 No maltrates al servidor cumplidor

ni al obrero que se dedica a su oficio.

    21Ama al servidor inteligente como a ti mismo

y no le niegues la libertad.

 

Serie positiva

 

    22Si tienes ganado, cuida de él; si te es útil, consérvalo;

    23si tienes hijos, edúcalos; cuando aún son jóvenes, búscales mujer;

    24si tienes hijas, vigila su cuerpo,

y no seas condescendiente con ellas;

    25casa a tu hija y habrás hecho una gran tarea,

pero dásela a hombre prudente;

    26si tienes mujer, no la aborrezcas,

pero no te fíes de una que no amas.

    27Honra a tu padre de todo corazón

y no olvides los dolores de tu madre;

    28recuerda que ellos te engendraron,

¿qué les darás por lo que te dieron?

    29Teme a Dios de todo corazón

y venera a sus sacerdotes;

    30 ama a tu Creador con todas tus fuerzas

y no abandones a sus servidores;

    31honra a Dios y respeta al sacerdote,

y dale su parte como está mandado:

grano escogido, contribución para el culto,

sacrificios rituales, ofrendas consagradas.

    32Extiende la mano también al pobre,

para que sea completa tu bendición;

    33sé generoso con todos los vivos

y a los muertos no les niegues tu piedad;

    34no des las espaldas a los que lloran

y guarda luto con los que están de luto;

    35no abandones al que está enfermo,

y él te querrá.

    36En todo lo que hagas piensa en el final,

y nunca pecarás.

 

Cautela en la relación con los demás

 

8

             1No pongas pleito a un poderoso,

no vayas a parar en sus manos;

    2no pelees con un hombre rico:

pesará tu precio, y estás perdido

porque el oro ha perturbado a hombres influyentes

y la riqueza ha extraviado a nobles.

    3No discutas con un charlatán,

que es echar leña al fuego;

    4no trates con el necio,

no te vayan a despreciar los nobles.

    5No avergüences al que se arrepiente del pecado:

recuerda que todos somos culpables;

    6no te burles del anciano,

porque nosotros seremos viejos;

    7no te alegres de la muerte de nadie:

recuerda que todos moriremos.

 

Aprender de los mayores

 

    8No rechaces los discursos de los sabios,

estudia con dedicación sus enseñanzas;

porque de ellos aprenderás la instrucción

para entrar al servicio de los príncipes;

    9no desprecies las historias de los ancianos

que ellos escucharon a sus padres;

porque de ellos recibirás prudencia,

para saber responder cuando haga falta.

 

Trato con los hombres

 

    10 No enciendas fuego en las brasas del malvado,

no te vayas a quemar con sus llamas;

    11no huyas de la presencia del insolente,

dejándole que intrigue contra ti;

    12no prestes a uno más fuerte que tú,

y si le has prestado, dalo por perdido;

    13no des fianza por encima de lo que puedes,

y si la has dado, prepárate a pagar;

    14no pongas pleito a un juez,

porque sentenciará a su favor.

    15Con el imprudente no camines, porque agravarás tus desgracias;

él va derecho a lo que quiere, y tú pagarás su locura;

    16con el que se enoja fácilmente no seas testarudo,

no cabalgues con él por el camino;

porque no le importa derramar sangre,

y cuando nadie pueda auxiliarte, te matará;

    17con el tonto no tengas confidencias,

porque no sabe guardar tu secreto;

    18ante un extraño no hagas lo que es secreto,

porque no sabes lo que puede suceder;

    19no le abras tu corazón a cualquiera,

así no espantarás tu felicidad.

 

Trato con las mujeres

(25,13-27,18; Prov 7)

 

9

             1No seas celoso de tu propia mujer,

para que no aprenda a maltratarte;

    2no tengas celos de la mujer que amas,

y no te pisoteará;

    3no te acerques a mujer ajena, y no caerás en sus redes;

no intimes con la ramera, y no te cazará en sus lazos;

    4no trates con la que canta coplas,

y no te quemarás con su boca;

    5no te fijes demasiado en la muchacha soltera,

y no te entramparás por su causa;

      6no te enredes con la ramera,

y no le cederás tu fortuna:

    7sus miradas te enloquecerán

y te arruinarás frecuentando su casa.

    8Cierra tus ojos ante la mujer hermosa

y no te fijes en belleza que no es tuya;

por las mujeres se han perdido muchos,

y su amor quema como fuego;

    9con mujer casada no comas ni te sientes con ella a beber,

no sea que tu corazón se incline hacia ella y lo pagarás con tu vida.

 

Amigo de mucho tiempo

 

    10 No abandones al amigo de mucho tiempo, porque al nuevo no lo conoces;

amigo nuevo es vino nuevo: deja que envejezca y lo beberás.

 

Sobre las relaciones con los demás

 

    11No envidies al malvado,

porque no sabes cuánto vivirá;

    12no te alegres con el insolente que triunfa,

piensa que no morirá sin castigo;

    13aléjate del que puede matar, y no te espantará la muerte;

si te acercas, no lo ofendas, porque te quitará la vida;

mira que caminas entre lazos, que avanzas por una red.

    14Responde a tu prójimo de la mejor manera

e intima con los sabios;

    15comparte tus pensamientos con el prudente

y tus secretos con los entendidos;

    16gente honrada comparta tu pan,

y sea tu orgullo el temor del Señor.

 

Gobernantes

 

    17Con su destreza controla el artesano,

el gobernante a su pueblo con su elocuencia;

    18terror de su ciudad es el deslenguado,

la lengua irrespetuosa será aborrecida.

 

10

             1Gobernante prudente educa a su pueblo,

una buena administración es ordenada.

    2Como es el gobernante, así son los ministros;

como es el jefe de la ciudad, así son los vecinos.

    3Un rey entregado a los vicios arruina la ciudad,

la prudencia de los jefes puebla la ciudad.

    4En manos de Dios está el gobierno del mundo:

en él establece al hombre oportuno;

    5en manos de Dios está la autoridad del hombre:

él confiere su autoridad al que gobierna.

 

Soberbia

 

      6Por ninguna ofensa devuelvas mal al prójimo,

no marches por el camino de la soberbia;

    7la soberbia es odiosa al Señor y a los hombres;

para uno y otros es delito la opresión;

    8el poder pasa de nación a nación

a causa de la violencia y la soberbia.

    9¿Por qué se ensoberbece el que es polvo y ceniza

si ya en vida se pudren sus entrañas?

    10 Un achaque ligero, y el médico perplejo:

hoy rey, mañana cadáver.

    11Muere el hombre y hereda gusanos,

lombrices, orugas, insectos.

    12El inicio de la soberbia es la rebeldía del hombre

cuando su corazón se aparta de su Creador;

    13pues el pecador es pozo lleno de orgullo

y fuente de la que nacen planes perversos;

por eso Dios le envía terribles plagas

y lo castiga hasta acabar con él.

    14Dios derribó del trono a los soberbios

y sentó sobre él a los humildes;

    15el Señor arrancó las raíces de los pueblos

y plantó en su lugar a los oprimidos;

    16el Señor borró las huellas de los pueblos

y los destruyó hasta los cimientos;

    17los borró del suelo y los aniquiló

y acabó con su apellido en la tierra.

    18No es digna del hombre la insolencia,

ni la crueldad del nacido de mujer.

 

Valor del hombre

 

    19¿Una raza honrosa? –La raza humana–.

¿Una raza honrosa? –Los que respetan a Dios–.

¿Una raza despreciable? –La raza humana–.

¿Una raza despreciable? –Los que quebrantan la ley–.

    20 Entre hermanos se honra al mayor;

pero Dios aprecia a quien lo respeta:

    22forastero o extranjero, extraño o pobre,

su honor es respetar a Dios.

    23No hay que despreciar al pobre sensato,

ni hay que honrar al hombre violento;

    24príncipe, gobernante y juez reciben honor,

pero nadie es mayor que quien respeta a Dios.

    25Esclavo juicioso será enaltecido,

esclavo hábil no tendrá que quejarse.

    26No te hagas el sabio al realizar tus negocios

ni te gloríes en tiempo de necesidad;

    27más vale quien trabaja y le sobra de todo

que el que presume y le falta el pan.

    28Hijo mío, conserva tu honor con modestia,

y te darán los bienes que te mereces;

    29quien a sí mismo se declara culpable, ¿quién lo perdonará?,

¿quién respetará al que se desprecia?

    30 Hay pobres respetados por su saber,

hay hombres respetados por sus riquezas;

respetado por su riqueza: ¿cómo?;

despreciado por su pobreza: ¿cómo?

    31A quien se respeta en la pobreza, cuánto más en la riqueza;

a quien se desprecia en la riqueza, cuánto más en la pobreza.

 

Apariencias y juicio de Dios

 

11

             1Por su sabiduría el pobre lleva alta la cabeza

y se sentará entre los nobles.

    2No alabes a un hombre por su nobleza

ni lo desprecies por su fealdad:

    3la abeja es la menor entre los que vuelan,

pero su cosecha es la más dulce.

    4No te rías del que usa ropa gastada

ni te burles de los que pasan días difíciles,

porque las obras del Señor son admirables

y sus acciones, inexplicables para los hombres.

    5Muchos miserables se han sentado en tronos

y quien no se pensaba se colocó la corona;

    6muchos de posición elevada cayeron en desgracia

y también nobles cayeron en poder de otros.

    7No critiques antes de averiguar;

examina primero y después juzgarás.

    8Hijo mío, no respondas antes de escuchar

y no interrumpas el discurso del otro;

    9en cosas sin importancia no te entretengas

ni te metas en peleas de malvados.

    10 Hijo mío, no multipliques tus ocupaciones:

el que ansía enriquecerse no quedará sin castigo.

Hijo mío, por más que corras, no llegarás;

por más que busques, no encontrarás.

    11Hay quien trabaja y suda y corre,

y con todo llega tarde;

    12otro es pobre y vagabundo, falto de todo y rico en miseria,

pero el Señor se fija en él para bien y lo levanta de la basura,

    13le hace levantar la cabeza,

y muchos se asombran al verlo.

    14Bien y mal, vida y muerte,

pobreza y riqueza vienen del Señor;

    15sabiduría, prudencia y sensatez proceden del Señor,

castigo y camino recto proceden del Señor.

    16La ignorancia y la oscuridad se crearon para los criminales,

y el mal acompaña a los malvados;

    17pero el don del Señor es para los honrados,

él los ama y les asegura el éxito.

    18Uno se hace rico a fuerza de privaciones,

y se queda sin recompensa;

    19cuando dice: Ahora puedo descansar,

ahora comeré de mis pensiones,

no sabe cuánto tiempo pasará hasta que muera y lo deje todo a otro.

    20 Hijo mío, cumple tu deber, ocúpate de él,

envejece en tu tarea;

    21no admires a los malhechores,

espera en el Señor y aguarda su luz;

porque el Señor puede juzgar oportuno

enriquecer en un instante al pobre.

    22La bendición del Señor es la recompensa del honrado,

y a su tiempo florece su esperanza.

    23No digas: He arreglado todos mis asuntos,

y ahora, ¿qué me falta?

    24No digas: Ya tengo bastante,

¿qué mal me puede suceder?

    25Un día dichoso hace olvidar la desgracia,

un día desgraciado hace olvidar la dicha;

    26fácil es para Dios, a la hora de la muerte,

pagar al hombre su conducta.

    27Un mal momento hace olvidar los placeres;

pero sólo al final se sabe quién es el hombre.

    28No declares dichoso a nadie antes de informarte:

su final mostrará si es dichoso;

antes de que muera, no declares dichoso a nadie;

en el desenlace se conoce el hombre.

 

Cautela con el desconocido

 

    29No metas en tu casa a cualquiera:

el vendedor ambulante conoce muchas trampas.

Como jaula llena de pájaros

están sus casas llenas de fraudes.

    30 Como pájaro encerrado en la jaula

es el corazón soberbio: espera como lobo a su presa.

Cuántos son los delitos del codicioso:

como perro devora una casa.

El codicioso es violento:

llega y pone pleito a todos los bienes.

El vendedor ambulante, como un oso,

acecha la casa de los insolentes,

como espía busca un punto desprotegido.

    31El chismoso convierte el bien en mal

y cuenta mentiras sobre lo que tú más quieres.

    32Una chispa enciende muchos carbones;

el malvado está listo para matar.

    33Cuídate del malo, que engendra males

y te traerá deshonra para siempre;

no te juntes con el malvado, que torcerá tu camino

y te apartará de tus parientes;

    34el vecino desconocido desviará tu conducta

y te alejará de tus familiares.

 

Cautela en favorecer

 

12

             1Si haces el bien, mira a quién,

y podrás esperar algo de tus favores;

    2haz el bien al honrado y obtendrás recompensa,

si no de él, al menos del Señor.

    3Nada se saca de ayudar al malvado,

ya que no obrará rectamente;

    5doble mal recibirás en tiempo de necesidad

por todo el bien que le hiciste;

no le des armas, pues las volverá contra ti.

    6Porque Dios aborrece al malvado

y toma venganza de los perversos.

    7Da al bueno, no socorras al malvado,

alivia al que sufre, no des al arrogante.

 

El enemigo

(6,5-17; 27,22-29)

 

    8En la prosperidad no se conoce el amigo,

en la desgracia no se oculta el enemigo;

    9en la prosperidad aun el enemigo se vuelve amigo,

en la desgracia aun el amigo se aparta.

    10 No te fíes nunca del enemigo,

su maldad es como bronce que se oxida;

    11aunque te haga caso y se porte con modestia,

ten cuidado y desconfía de él;

haz como quien limpia un espejo;

a ver si la herrumbre no terminó de corroerlo.

    12No le des un puesto a tu lado,

porque te dará un empujón y ocupará tu puesto;

no lo hagas sentarse a tu derecha,

porque procurará ocupar tu asiento.

Entonces me darás la razón

y gemirás recordando mis advertencias.

    13¿Quién compadece al encantador de serpientes mordido

o al que se acerca a una fiera carnicera?

    14Lo mismo al que se junta con el arrogante

y se mancha con sus delitos.

Mientras va contigo, no se te revela;

cuando caes, no se agacha a librarte;

    15mientras tú estás de pie, no se da a conocer;

cuando tropiezas, no se contiene.

    16El enemigo habla con labios dulces,

y por dentro planea traiciones siniestras;

el enemigo llora con los ojos,

llega su ocasión, y no se sacia de sangre;

    17te ocurre una desgracia, y allí lo encuentras;

fingiendo apoyarte, te pondrá una zancadilla;

    18después sacude la cabeza, agita la mano,

y hablando entre dientes, cambia de expresión.

 

Trato con el rico

 

13

             1A quien toca la brea se le pega la mano,

quien se junta con el mentiroso aprende sus costumbres.

    2No levantes un peso superior a tus fuerzas,

no busques la compañía de personas más ricas que tú,

¿puede juntarse el jarro de metal con la olla de barro?,

chocarán y la olla se romperá.

    3El rico ofende y encima se siente orgulloso,

el pobre es ofendido y encima pide perdón.

    4Si le eres útil, se servirá de ti;

si ya no le eres útil, renuncia a ti;

    5si tienes algo, te dirá buenas palabras,

pero te explotará sin que le duela;

    6si te necesita, te tratará bien,

y con sonrisas te infundirá confianza;

te dirá amablemente: ¿qué necesitas?,

y con sus manjares te avergonzará;

    7mientras se aprovecha de ti, te engaña;

a la segunda y a la tercera te amenazará;

más tarde, al verte, te evitará

y moverá la cabeza riéndose de ti.

 

Trato con el noble

 

    8Cuídate de ser presumido,

no imites a los faltos de juicio.

    9Si estás cerca de un noble, guarda las distancias,

y él insistirá para que te acerques;

    10 no te acerques mucho, no sea que te aparte;

no te apartes mucho, no te hagas antipático;

    11no te tomes libertades con él

ni te fíes de sus muchos razonamientos,

pues con sus razonamientos te pone a prueba

y sonriendo te examina.

    12Cruelmente se burlará de ti

y no te ahorrará cadenas.

    13Ten cuidado y ponte en guardia

y no camines con hombres violentos.

 

Ricos y pobres

 

    15Todo animal ama a los de su especie:

lo mismo el hombre, a los que se le asemejan;

    17no se junta el lobo con el cordero

ni el malvado con el justo, ni el rico con el necesitado.

    18¿Pueden llevarse bien la hiena y el perro?,

¿pueden llevarse bien el rico y el pobre?

    19El asno salvaje es presa del león,

el pobre es pasto del rico.

    20 El soberbio aborrece al humilde,

el rico aborrece al necesitado.

    21Tropieza el rico, y su vecino lo sostiene;

tropieza el pobre, y su vecino lo empuja;

    22habla el rico, y muchos lo aprueban,

y aunque hable estupideces lo felicitan;

se equivoca el pobre y lo llenan de reproches;

habla con acierto, y no le hacen caso;

    23habla el rico, y lo escuchan en silencio,

y ponen por las nubes su talento;

habla el pobre, y dicen: ¿quién es?,

y si cae, encima lo empujan.

    24Buena es la riqueza adquirida sin culpa,

mala es la pobreza causada por el orgullo.

 

La conciencia

 

    25El corazón humano hace cambiar el rostro

para bien o para mal:

    26rostro sereno es señal de buena intención,

hablar por rodeos es señal de mala idea.

 

14

             1Dichoso el hombre que no se equivoca con sus palabras

y no tiene que sufrir remordimiento;

    2dichoso el hombre a quien no le reprocha la conciencia

ni ha perdido la esperanza.

 

Tacaño y generoso

 

    3El hombre mezquino no merece riquezas,

el hombre tacaño no se merece el oro;

    4el que se priva a sí mismo reúne para otros,

de sus bienes disfrutará el extraño;

    5el que es tacaño consigo, ¿con quién será generoso?;

ni él mismo disfruta de sus bienes;

    6el tacaño consigo es el supremo tacaño,

su tacañería se vuelve contra él.

    7Si hace un favor es por descuido,

al final delata su tacañería.

    9El mezquino piensa que su porción es pequeña,

toma la del prójimo y echa a perder la que le pertenece.

    10 El tacaño mira ansioso la comida

y ofrece una mesa vacía.

El generoso ofrece comida abundante,

el pozo seco da agua para la mesa.

    11Hijo mío, si tienes algo, sírvete de ello,

si tienes algo, trátate bien, y sé generoso con Dios.

    12Recuerda que en la tumba no disfrutarás

y que la muerte no tarda, aunque no te han dicho la hora de morir.

    13Antes de morir favorece a tu amigo,

dale de lo que tengas a mano.

    14No te prives de un día dichoso

y no se te pase por alto lo que es bueno y deseable.

    15¿Por qué dejar a un extraño tus riquezas

y tus sudores para que los repartan a suerte?

    16Da a tu hermano y trátate bien,

porque en el Abismo no hay que buscar placeres.

Todo lo que prometiste hacer cúmplelo en presencia de Dios.

    17Toda carne se consumirá como la ropa,

porque el decreto eterno es: Haz de morir.

    18Como crecen las hojas en un árbol frondoso,

una se marchita, la siguiente brota,

así las generaciones de carne y sangre:

una muere y otra nace.

    19Todas sus tareas se pudrirán,

lo que ganaron sus manos se irá con ellas.

 

La Sabiduría

(6,18-37; Prov 1,20-33)

 

    20 Dichoso el hombre que piensa en la Sabiduría

y busca la Prudencia,

    21el que presta atención a sus caminos

y se fija en sus sendas;

    22sale tras ella a espiarla

y la espera junto a su portal,

    23mira por sus ventanas

y escucha a su puerta,

    24acampa junto a su casa

y clava las estacas de su tienda junto a su pared,

    25pone su tienda junto a ella

y se acomoda como buen vecino,

    26pone nido en su ramaje

y mora entre su follaje,

    27se protege del calor a su sombra

y habita en su morada.

 

15

             1Quien respeta al Señor obrará así,

observando la ley alcanzará la sabiduría.

    2Ella le saldrá al encuentro como una madre

y lo recibirá como la esposa de la juventud;

    3lo alimentará con el pan de la inteligencia

y le dará a beber agua de sabiduría;

    4apoyado en ella no vacilará

y confiado en ella no fracasará;

    5lo elevará sobre sus compañeros

para que abra la boca en la asamblea;

    6alcanzará gozo y alegría,

y recibirá en herencia un nombre perdurable.

    7No la alcanzan los hombres falsos

ni la verán los arrogantes,

    8se queda lejos de los orgullosos

y los embusteros no se acuerdan de ella;

    9el malvado ni la alaba,

porque Dios no se la otorga;

    10 la boca del sabio pronuncia su elogio

y el que la posee la enseña.

 

Origen del pecado

 

    11No digas: Mi pecado viene de Dios,

porque él no hace lo que odia;

    12no digas: Él me hizo extraviar,

porque no necesita de hombres pecadores;

    13el Señor aborrece la maldad y la blasfemia,

los que lo respetan no caen en ellas.

    14El Señor creó al hombre al principio

y lo entregó el poder de elegir;

    15si quieres, guardarás sus mandatos,

porque es prudencia cumplir su voluntad;

    16ante ti están puestos fuego y agua:

elige lo que quieras;

    17delante del hombre están muerte y vida:

le darán lo que él escoja.

    18Es inmensa la sabiduría del Señor,

su poder es grande y todo lo ve;

    19los ojos de Dios ven las acciones,

él conoce todas las obras del hombre;

    20 a nadie mandó pecar

ni enseñó mentiras a los embusteros;

no deja sin castigo a los mentirosos

ni se apiada del que practica el fraude.

 

Dios castiga

 

16

             1No desees hijos hermosos pero inútiles

ni te alegres de hijos que sean malvados;

    2aunque prosperen, no goces con ellos

si no respetan al Señor;

    3no esperes que vivan mucho ni confíes en que terminarán bien,

porque no tendrán buena descendencia;

un cumplidor del deber vale más que mil

y más vale morir sin hijos que tener descendientes arrogantes.

    4Uno solo y estéril, si respeta al Señor, puebla una ciudad;

un grupo de bandidos la deja desierta.

    5Muchas cosas de ese género han visto mis ojos

y muchas más ha escuchado mi oído.

    6Por culpa de los malvados se encendió el fuego

y ardió la ira de Dios contra una banda de malvados;

    7no perdonó a los antiguos gigantes,

que se rebelaron en otro tiempo con su fuerza;

    8no perdonó a los vecinos de Lot

que se pervirtieron por su arrogancia;

    9no perdonó al pueblo condenado,

que fue desposeído por sus crímenes,

    10 ni a los seiscientos mil soldados

que fueron aniquilados por su arrogancia.

    11Y aunque no haya más que un rebelde

si escapa sin castigo, será por milagro.

Porque él tiene compasión y enojo, absuelve y perdona,

pero descarga su ira sobre los malvados;

    12tan grande como su compasión es su castigo,

y juzga a cada uno según sus obras.

    13No deja escapar al malvado con su presa

ni deja sin cumplir los deseos del justo.

    14El que hace limosna tendrá recompensa,

cada uno recibirá según sus obras.

    15El Señor endureció el corazón del Faraón

–que no lo quiso reconocer–

para manifestar sus obras bajo el cielo.

    16Todas las criaturas conocen su compasión,

dejó a los hombres su luz y su alabanza.

 

Dios ve

(23,18-20)

 

      17No digas: Me esconderé de Dios,

¿quién se acordará de mí en lo alto?

Entre tanta gente no me distinguirán,

¿quién soy yo en la anchura del mundo?

    18Mira: los cielos, el último cielo,

la tierra y el océano

se ponen de pie y

tiemblan cuando él baja hasta ellos;

    19las raíces de los montes, los cimientos del mundo

se ponen a temblar cuando los mira Dios.

    20 En mí no se fijará

ni hará caso de mi conducta;

    21si peco, nadie me verá;

si miento a escondidas, ¿quién se enterará?

    22¿Quién le informa de una buena acción,

qué puedo esperar de cumplir mi deber?

    23Gente sin juicio piensa así,

el hombre estúpido razona de ese modo.

 

Dios Creador

(43; Gn 1)

 

    24Escúchenme y aprendan sabiduría,

pongan atención a mis palabras,

    25voy a exponer con exactitud mi pensamiento

y con modestia mi doctrina.

    26Cuando al principio creó Dios sus obras

y las hizo existir, les asignó sus funciones;

    27determinó para siempre su actividad

y sus dominios por todas las edades;

no desfallecen ni se cansan ni faltan a su obligación.

    28Ninguna estorba a su compañera,

nunca desobedecen las órdenes de Dios.

    29Después, el Señor se fijó en la tierra

y la colmó de sus bienes;

    30 cubrió su superficie con toda clase de vivientes,

que han de volver a ella.

 

17

             1El Señor formó al hombre de tierra

y a ella lo hace volver;

    2le concedió un plazo de días contados

y le dio dominio sobre la tierra;

    3lo revistió de un poder como el suyo

y lo hizo a su propia imagen;

    4Hizo que todo viviente le temiera,

para que dominara a bestias y aves.

    6Les formó boca y lengua y ojos

y oídos y mente para entender;

    7los colmó de inteligencia y sabiduría

y les enseñó el bien y el mal;

    8les mostró sus maravillas,

para que se fijaran en ellas,

    10 para que alaben el santo Nombre

y cuenten sus grandes hazañas.

    11Les concedió inteligencia

y en herencia una ley que da vida;

    12hizo con ellos alianza eterna

enseñándoles sus mandamientos.

    13Sus ojos vieron la grandeza de su gloria

y sus oídos oyeron la majestad de su voz.

    14Les ordenó alejarse de toda idolatría

y les dio preceptos acerca del prójimo.

 

Dios retribuye

 

      15Los caminos de los hombres están siempre en su presencia,

no se ocultan a sus ojos.

    16Sus caminos desde la niñez se inclinan al mal,

no son capaces de transformar

en corazones de carne los de piedra.

Cuando dividió sobre la tierra las naciones.

    17puso un jefe sobre cada nación, pero Israel es la parte del Señor.

    18Por ser su primogénito lo educa

y porque le dio la luz de su amor no lo abandona.

    19Todas las obras de los hombres están ante él como el sol,

sus ojos observan siempre sus caminos;

    20 no se le ocultan sus injusticias,

todos sus pecados están a su vista.

    21El Señor, que es bueno y conoce a su criatura,

no los rechaza ni abandona, sino que los perdona.

    22El Señor guarda, como sello suyo, la limosna que el hombre hace,

y sus obras de caridad, como la pupila de sus ojos.

    23Después se levantará para retribuirlas

y dará a cada uno lo que merece.

 

Arrepentimiento

 

    24A los que se arrepienten los deja volver

y reanima a los que pierden la paciencia.

    25Vuelve al Señor, abandona el pecado,

suplica en su presencia y disminuye tus faltas;

    26retorna al Altísimo, aléjate de la injusticia

y detesta de corazón la idolatría.

    27En el Abismo, ¿quién alaba al Señor

como los vivos que le dan gracias?,

    28el muerto, como si no existiera, deja de alabarlo,

el que está vivo y sano alaba al Señor.

    29¡Qué grande es la misericordia del Señor

y su perdón para los que vuelven a él!

 

Dios comprende y perdona

 

    30 El hombre no es como Dios,

pues ningún hijo de Adán es inmortal;

    31¿qué hay más brillante que el sol?

–y sin embargo también tiene eclipses–

carne y sangre maquinan el mal.

    32Dios pasa revista al ejército del cielo,

cuánto más a los hombres de polvo y ceniza.

 

18

             1El que vive eternamente creó el universo:

             2el Señor es el único sin mancha, y no hay otro fuera de él.

    3Dirige el universo con la palma en la mano,

y todos cumplen su voluntad;

es rey universal y poderoso

que separa lo santo de lo profano.

    4Nadie es capaz de contar sus obras,

¿quién rastreará sus grandezas?

    5¿Quién podrá medir su grandeza

y quién contará sus favores?

    6No es posible aumentar ni disminuir

ni se pueden rastrear sus maravillas;

    7cuando el hombre termina, está empezando,

y cuando se detiene, no sale de su asombro.

    8¿Qué es el hombre, para qué sirve,

cuál es su bondad y su maldad?

    9Los días del hombre son contados,

y es mucho si llega a cien años;

    10 una gota del mar, un grano de arena:

eso son mil años comparados con la eternidad.

    11Por eso el Señor tiene paciencia con ellos

y derrama sobre ellos su compasión.

      12Pues sabe muy bien que están inclinados al mal,

y por eso abunda su perdón.

    13El hombre se compadece de su prójimo;

el Señor, de todos los vivientes;

avisa, y educa, y enseña, y guía como pastor a su rebaño.

    14Se compadece de los que reciben la corrección

y de los que se esfuerzan por cumplir sus mandamientos.

 

Dar con amor

 

    15Hijo mío, cuando hagas un favor, no reprendas,

y cuando des limosna no ofendas con tus palabras:

    16el rocío alivia el calor,

así una buena palabra vale más que un regalo;

    17¿no vale la palabra más que un regalo

cuando procede de un hombre caritativo?

    18El necio insulta sin caridad,

un regalo de mala gana hace llorar.

 

Prevenir

 

    19Antes de hablar, infórmate,

antes de caer enfermo, cuida tu salud;

    20 antes de ser juzgado, examínate,

y a la hora de la cuenta te perdonarán;

    21antes de caer enfermo, humíllate,

y cuando peques, muestra arrepentimiento.

    22Nada te impida cumplir pronto una promesa,

no esperes hasta la muerte para cumplirla.

    23Antes de rezar, prepárate,

no imites a los que tientan al Señor.

    24Acuérdate del día final de la cólera, del momento de la venganza,

cuando ocultará su rostro.

    25En época de abundancia, acuérdate del hambre,

y cuando seas rico, de la pobreza y la necesidad;

    26de la noche a la mañana cambia la situación:

ante el Señor todo pasa en un instante.

    27Un hombre sabio siempre está prevenido;

cuando tienta el pecado, se abstiene de obrar mal.

    28Un hombre inteligente conoce la sabiduría

y alaba al que la alcanza.

    29También los expertos en hablar están instruidos

y derramando proverbios acertados.

 

Dominarse

 

    30 Hijo mío, no sigas tus caprichos,

refrena tus deseos;

    31si cedes al placer de tus deseos,

tus enemigos se reirán de ti.

    32No le tomes gusto al lujo,

porque sus gastos te harán pobre.

    33No seas amigo de fiestas y borracheras

cuando tienes el bolsillo vacío.

 

19

             1Quien se da a la bebida, no se hará rico;

quien desprecia lo pequeño, se irá arruinando.

    2Vino y mujeres extravían a hombres inteligentes,

el que anda con prostitutas se vuelve descarado;

    3podredumbre y gusanos se apoderarán de él,

y su descaro será aniquilado.

 

Callar y hablar

 

    4El que confía demasiado pronto, es un irreflexivo;

el que peca, se perjudica a sí mismo.

    5El que goza pensando mal, será condenado;

el que resiste a los placeres, corona su vida.

    6El que domina la lengua, vivirá sin peleas;

el que detesta los chismes, sufrirá pocos males.

    7No repitas un chisme

y no perderás nada;

    8no se lo cuentes ni a amigo ni a enemigo,

y no lo descubras, a no ser que incurras en pecado.

    9Alguien te ha oído, se cuidará de ti,

y un día te odiará.

    10 ¿Has oído algo? Que muera dentro de ti;

aguanta, que no reventarás.

    11Una noticia pone en trance al necio,

como la criatura a la parturienta;

    12flecha clavada en el muslo

es la noticia en las entrañas del necio.

    13Pregunta a tu amigo: a lo mejor no lo ha hecho,

y si ha hecho algo, para que no lo vuelva a hacer;

    14pregunta al prójimo: a lo mejor no lo ha dicho,

y si lo ha dicho, para que no lo repita;

    15pregunta al amigo: muchas veces es calumnia,

no te fíes de cualquier palabra.

    16Hay quien comete un error sin querer,

¿quién no ha pecado con la lengua?;

    17pregunta al prójimo antes de reprenderlo

y deja lugar a la ley del Altísimo.

 

Sabiduría y temor de Dios

 

    20 Respetar al Señor es síntesis de la sabiduría,

cumplir su ley es toda la sabiduría.

    22No es sabiduría ser experto en maldad,

no es prudencia la deliberación de los malvados.

    23Hay una astucia que resulta detestable,

los insensatos carecen de sabiduría.

    24Más vale el ignorante que respeta al Señor

que el muy inteligente que quebranta la ley.

    25Hay una astucia exacta y a la vez injusta,

hay quien es sagaz para aparentar rectitud;

    26hay quien anda encorvado y se hace el arrepentido

mientras dentro está lleno de engaños:

    27se hace el ciego, se hace el sordo,

y cuando no lo piensas te pone la zancadilla,

    28y si le falta fuerza para hacerte daño,

cuando encuentre una ocasión te perjudicará.

    29Al hombre se lo conoce por su aspecto,

al sensato lo reconoces al encontrarlo;

    30 la manera de vestir, de reír, de caminar

manifiestan el carácter de un hombre.

 

Colección de dichos

 

20

             1Hay reprensiones inoportunas

y hay quien calla por prudencia;

    2es mejor reprender que irritarse;

    3quien confiesa la culpa se libra de la desgracia.

    4Eunuco que quiere violar a una joven

es el que quiere hacer justicia con la violencia.

    5Hay quien calla y pasa por sabio,

hay quien se hace antipático por su mucho charlar;

    6hay quien calla porque no tiene respuesta

y hay quien calla porque espera su momento;

    7el sabio calla hasta el momento oportuno,

el necio no espera la oportunidad.

    8El que habla mucho se hace odioso,

al que abusa de su autoridad se le detesta.

    9Hay desgracias que acaban bien

y hay ganancias que arruinan;

    10 hay regalos que no te aprovechan

y hay regalos que rinden el doble;

    11hay honores que traen humillaciones

y hay quien por la desgracia levantó cabeza;

    12hay quien compra mucho a poco precio

y después lo paga siete veces más.

    13El sabio, con pocas palabras, se hace simpático,

el necio malgasta su cortesía.

    14El regalo del necio no te aprovecha

porque lo ve mucho más grande de lo que es;

    15regala poco, critica mucho,

abriendo la boca como el que anuncia grandes cosas;

hoy presta, mañana reclama: ¡qué hombre tan odioso!

    16Dice el necio: No tengo amigos,

no hay quien agradezca mis favores;

    17los que comen mi pan son malas lenguas,

¡cuántos y cuántas veces se burlan de mí!

    18Más vale resbalar en el suelo que con la lengua;

la caída de los malvados siempre llega.

    19Hombre antipático es como cuento inoportuno

que a todas horas repiten los necios.

    20 Proverbio dicho por un necio se rechaza,

porque no sabe decirlo a tiempo.

    21Hay quien por pobreza no puede pecar

y descansa sin remordimientos.

    22Hay quien se destruye a sí mismo por timidez

y hay quien se destruye por ser vergonzoso.

    23Hay quien promete a un amigo por timidez

y lo convierte en enemigo sin necesidad.

 

Mentira

 

    24La mentira es una deshonra para el hombre,

siempre está en la boca de los necios;

    25mejor es el ladrón que el embustero:

los dos heredarán la perdición;

    26el mentiroso vive deshonrado

y siempre lo acompaña su vergüenza.

 

El sabio

 

    27El que habla bien se abre camino,

el prudente agrada a los grandes;

    28el que cultiva la tierra recoge su cosecha,

y al que agrada a los grandes le perdonan las culpas.

    29Regalos y favores ciegan al sabio,

son un bozal que impide los reproches.

    30 Sabiduría escondida y tesoro oculto,

¿para qué valen?

    31Mejor es el que oculta su necedad

que el que oculta su sabiduría.

 

Pecado: consecuencias y remedio

 

21

             1Hijo mío, ¿has pecado? No lo repitas,

y reza por los pecados pasados;

    2huye del pecado como de la culebra: si te acercas, te morderá;

sus dientes son dientes de león que destrozan vidas humanas.

    3La injusticia es espada de dos filos

y su herida es insanable;

    4crueldad y delirio de grandeza destruyen la riqueza,

la casa del soberbio quedará desierta;

    5la súplica del pobre va de la boca a los oídos

y Dios le hace justicia enseguida.

    6Quien odia la corrección sigue las huellas del pecador,

quien teme al Señor se arrepiente de corazón.

    7Al charlatán se lo conoce desde lejos,

el sensato reconoce sus limitaciones.

    8El que construye su casa con dinero ajeno

recoge piedras para su mausoleo.

    9Una banda de malhechores es un montón de trapos

que termina en una llamarada.

    10 El camino de los malvados está pavimentado,

pero desemboca en lo hondo del Abismo.

    11El que guarda la ley domina sus pensamientos,

respetar al Señor es el culmen de la sabiduría.

 

Necio y sabio

 

    12El que no es habilidoso no aprende,

pero hay una habilidad que produce amargura;

    13el saber del sabio es como una inundación,

su consejo es fuente de vida;

    14la mente del necio es vasija rota

que no retiene ningún conocimiento.

    15Cuando el inteligente oye una palabra sabia, la alaba y añade otra;

la oye el imbécil, se burla y no le presta atención.

    16La explicación del necio es fardo en el viaje,

los labios del prudente saben agradar;

    17la asamblea solicita el discurso del prudente

y reflexiona sobre sus palabras.

    18Casa en ruinas es la sabiduría del necio;

y el conocimiento del tonto, palabras incoherentes.

    19la instrucción es para el necio como cadenas en los pies,

como argolla en el brazo derecho;

    21la instrucción es para el inteligente joya de oro,

brazalete en el brazo derecho.

    20 El necio ríe a carcajadas

el sabio apenas sonríe;

    22el pie del necio se precipita en la casa,

el hombre de experiencia se detiene con respeto;

    23el necio espía la casa desde la puerta,

el bien educado se queda fuera;

    24es mala educación pegar el oído a la puerta,

el sensato se moriría de vergüenza.

    25Los charlatanes hablan constantemente,

el prudente pesa sus palabras en la balanza;

    26el necio dice todo lo que piensa

el sabio piensa todo lo que dice.

    27Cuando el impío maldice a Satanás,

se maldice a sí mismo;

    28el que murmura se daña a sí mismo,

y lo detestan todos los vecinos.

 

22

             1El perezoso se parece a una piedra ensuciada:

la gente silba al ver su indignidad;

    2el perezoso se parece al estiércol:

el que lo toca, sacude la mano.

 

Educación de los hijos

 

      3¡Qué desgracia ser padre de un hijo malcriado!,

y si es hija, no es menor desgracia.

    4Hija prudente enriquece al marido,

hija que no tiene vergüenza es desgracia de sus padres;

    5hija de las malas costumbres afrenta a padre y marido,

y es despreciada de los dos.

    6Advertencia inoportuna es música en duelo,

pero corrección y látigo siempre enseñan.

 

El necio

 

    9Enseñar a un necio es pegar una olla de barro rota,

o despertar a uno de un profundo sueño;

    10 quien da explicaciones a un necio se las da a uno medio dormido,

al final le responde: ¿de qué estás hablando?

    11Llora al muerto porque perdió la luz,

llora al necio porque perdió la inteligencia;

aunque mejor es llorar al muerto, que ya descansa,

pues la vida del necio es peor que la muerte;

    12el luto por un muerto dura siete días;

el de un necio o impío, toda la vida.

    13No hables mucho con el tonto ni vayas con el ignorante,

guárdate de él, no sea que tropieces o te salpique cuando se sacude;

apártate de él y estarás tranquilo y no te molestará su locura.

    14¿Qué hay más pesado que el plomo?

¿Cómo se llama? Necio.

    15Arena, sal, una bola de hierro

se soportan mejor que un tonto.

 

Ponderación

 

    16Casa trabada con vigas de madera no se derrumba en el terremoto;

decisión apoyada en una madura reflexión no temerá en el peligro.

    17Decisión asentada en reflexión prudente

es como estuco en pared bien lisa;

    18valla expuesta en una altura no resistirá al viento,

decisión cobarde de un plan insensato

no resistirá ninguna amenaza.

 

Amistad

(6,13-17; 37,1-6)

 

    19Quien hiere el ojo saca lágrimas,

quien hiere un corazón revela sus sentimientos;

    20 quien tira piedras a los pájaros los espanta,

quien critica a un amigo destruye la amistad.

    21Aunque hayas empuñado la espada contra el amigo,

no pierdas la esperanza, que aún hay remedio;

    22aunque hayas abierto la boca contra el amigo,

no temas, puedes reconciliarte;

en cambio, insultos, desprecios, descubrir secretos

y golpes a traición ahuyentan al amigo.

    23Gánate la confianza del prójimo mientras es pobre,

y gozarás con él de su prosperidad;

durante las dificultades hazle compañía,

y compartirás la herencia con él.

    24Antes de prender, el horno echa vapor y humo;

antes de la sangre hubo insultos.

    25No me avergüenzo de saludar a un amigo

ni me escondo de su vista;

    26si algún mal me sucede por su culpa,

el que se entere se cuidará de él.

 

Oración por el dominio propio

 

    27¡Quién pusiera un centinela en mi boca

y una cerradura de prudencia en mis labios

para no caer por su causa, para que no me pierda la lengua!

 

23

             1Señor, Padre y Dueño de mi vida,

no permitas que mis ojos sean soberbios,

no me dejes caer por su culpa.

    2¡Quién pusiera un guardia sobre mis pensamientos

y un sabio instructor en mi mente

que no perdonara mis equivocaciones ni disimulara mis pecados!

    3Para que no aumenten mis ignorancias

ni se multipliquen mis pecados;

para que no caiga ante mis adversarios

ni se alegre el enemigo de mi ruina.

    4Señor, Padre y Dios de mi vida,

    5aparta de mí los malos deseos;

    6gula y lujuria no se apoderen de mí,

no me entregues a pasiones vergonzosas.

 

Sobre el hablar

(5,9–6,1; 19,4-17; 27,8-15)

 

    7Hijos, escuchen mi instrucción sobre el hablar:

el que la guarda no quedará atrapado.

    8El pecador se enreda en sus propios labios,

el que desprecia e injuria tropieza con ellos.

    9No te acostumbres a pronunciar juramentos

ni pronuncies a la ligera el Nombre santo.

    10 Como el criado sometido a interrogatorio

no saldrá sin azotes,

así el que jura por el Nombre continuamente

no quedará limpio de pecado.

    11El que mucho jura se llena de maldad,

y el látigo no se apartará de su casa;

si se equivoca, cae en pecado,

si no cumple, peca el doble;

si jura en falso no será perdonado,

y su casa estará llena de desgracias.

    12Hay palabras que merecen la muerte:

¡que no se pronuncien en los pueblos de Jacob!

Los hombres religiosos están lejos de tales cosas

y no se revuelcan en pecados.

    13No acostumbres tu boca a mal hablar,

porque será causa de pecado;

    14acuérdate de tu padre y tu madre

cuando te sientes entre gente importante:

no sea que te descuides cuando estés con ellos

y eches una mancha en tu educación;

desearás no haber nacido

y maldecirás el día que viste la luz.

    15El que se acostumbra a insultar

no aprenderá en toda la vida.

 

Pasión sexual

 

    16Dos clases de hombres multiplican pecados

y una tercera provoca la cólera de Dios:

    17el sensual que arde como fuego,

no se apagará hasta consumirse;

el que fornica con una pariente,

no cesará hasta quemarse;

el lujurioso que encuentra sabroso cualquier pan,

no parará hasta que el fuego lo consuma.

    18El que es infiel al lecho matrimonial

diciéndose: ¿Quién me ve?,

la oscuridad me rodea, las paredes me encubren,

nadie me ve, ¿por qué temer?,

el Altísimo no tendrá en cuenta mis pecados,

      19sólo teme la mirada de los hombres

y no sabe que los ojos del Altísimo

son mil veces más brillantes que el sol

y contemplan todos los caminos de los hombres

y penetran hasta lo más escondido.

    20 Todo lo conocía antes de crearlo

y lo mismo después de terminado.

    21Pues cuando menos lo piense, será arrestado

y será castigado en la plaza pública.

    22Lo mismo la mujer que abandona al marido

y proporciona un heredero de un extraño:

    23En primer lugar, desobedeció la ley del Altísimo;

en segundo lugar, ofendió a su marido;

en tercer lugar, se prostituyó con adulterio

y le ha dado hijos de un extraño.

    24Será llevada ante la asamblea,

y el castigo recaerá sobre sus hijos;

    25sus hijos no echarán raíces

y sus ramas no darán fruto;

    26su recuerdo será maldecido

y su deshonra no se borrará.

    27Los que vengan después reconocerán

que nada hay más importante que respetar al Señor

ni más dulce que guardar sus mandamientos.

 

 

SEGUNDA PARTE

 

Himno a la Sabiduría

(1; Prov 8,22-31; Sab 7)

 

24

             1La sabiduría se alaba a sí misma,

se gloría en medio de su pueblo,

    2abre la boca en la asamblea del Altísimo

y se gloría delante de su poder:

    3Yo salí de la boca del Altísimo

y como niebla cubrí la tierra,

    4habité en el cielo,

mi trono estaba sobre columna de nubes;

    5yo sola recorrí el arco del cielo

y atravesé la hondura del Abismo,

    6reiné sobre las olas del mar y los continentes

y todos los pueblos y naciones.

    7Entre todos ellos busqué dónde descansar

y un sitio donde habitar.

    8Entonces el Creador del universo me ordenó,

el que me creó estableció mi residencia:

Reside en Jacob, sea Israel tu pueblo.

    9Desde el principio, antes de los siglos me creó,

y nunca dejaré de existir.

    10 En la santa morada, en su presencia ofrecí culto

y en Sión me establecí;

    11en la ciudad amada me hizo descansar,

en Jerusalén reside mi poder.

    12Eché raíces entre un pueblo glorioso,

en la parcela del Señor, en su herencia.

    13Crecí como cedro del Líbano

y como ciprés del monte Hermón,

    14crecí como palmera de Engadí y como rosal de Jericó,

como olivo crecí en la pradera y como plátano junto al agua.

    15Como canela y lavanda he perfumado

y di aroma como mirra exquisita,

como incienso y ámbar y bálsamo,

como perfume de incienso en el santuario.

    16Como terebinto extendí mis ramas,

un ramaje bello y frondoso;

    17como vid hermosa retoñé:

mis flores y frutos son bellos y abundantes.

    19Vengan a mí los que me aman,

y coman todo lo que quieran de mis frutos;

    20 mi recuerdo es más dulce que la miel,

poseerme es mejor que los panales.

    21El que me come tendrá más hambre,

el que me bebe tendrá más sed;

      22el que me escucha no fracasará,

el que me pone en práctica no pecará.

    23Todo esto es el libro de la alianza del Altísimo,

la ley que nos dio Moisés

como herencia para la comunidad de Jacob.

    25Ella desborda sabiduría como el Pisón

y como el Tigris en primavera,

    26va llena de inteligencia como el Éufrates

y como el Jordán durante la cosecha,

    27ofrece enseñanza como el Nilo

y como el Guijón durante la vendimia.

    28El primero no acabará de comprenderla

y el último no podrá agotarla,

    29porque su pensamiento es más ancho que el mar

y su consejo más que el océano.

    30 Yo salí como canal de un río

y como acequia que riega un jardín;

    31dije: Regaré mi huerto y empaparé mis jardines,

pero el canal se me hizo un río y el río se me hizo un lago.

    32Haré brillar mi enseñanza como la aurora

para que ilumine las distancias;

    33derramaré doctrina como profecía

y la entregaré a las futuras generaciones.

    34Miren que no he trabajado para mí solo,

sino para todos los que la buscan.

 

Lo que causa deleite y lo que causa disgusto

 

25

             1Hay tres cosas que me gustan,

que agradan a Dios y a los hombres:

concordia entre hermanos, amistad entre vecinos,

mujer y marido que se llevan bien.

    2Tres cosas detesta mi alma y su conducta me resulta insoportable:

pobre soberbio, rico tacaño y viejo mujeriego e irreflexivo.

 

Vejez

 

    3Si en la juventud no has guardado,

¿cómo quieres encontrar en la vejez?

    4¡Qué bien sienta a las canas el juicio

y a los ancianos saber aconsejar!

    5¡Qué bien sienta a los ancianos la sabiduría,

el consejo justo a hombres venerables!

    6La experiencia es corona de los ancianos,

y su orgullo es el temor del Señor.

 

Diez bienaventuranzas

 

    7Mi corazón guarda nueve bienaventuranzas

y mi boca proclamará la décima:

Dichoso el que se alegra con sus hijos,

el que no tiene que servir a un inferior;

    8dichoso el marido de mujer sensata,

el que no tiene que arar con buey y asno;

dichoso el que vive para ver la derrota de sus rivales,

y el que no resbala con la lengua;

    9dichoso el que encuentra un amigo,

y el que no habla a oídos sordos;

    10 qué grande es quien alcanza sabiduría,

pero nadie como quien respeta al Señor;

    11el respeto del Señor lo supera todo,

el que lo posee es incomparable.

 

La mujer mala

 

      13Ninguna herida como la del corazón,

ninguna maldad como la de la mujer,

    14ninguna pelea como la de las adversarias,

ninguna venganza como la de las rivales;

    15no hay veneno como el de la serpiente

ni hay enojo como el de la mujer;

    16más vale vivir con un león y un dragón

que vivir con mujer pleitera.

    17La mujer que se enoja deforma su aspecto

y pone cara terrible como de osa;

    18cuando su marido se sienta con los compañeros,

suspira amargamente sin poderse sostener.

    19Cualquier maldad es pequeña junto a la de la mujer;

¡caiga sobre ella la suerte del pecador!;

    20 cuesta arenosa para pies ancianos

es mujer charlatana para marido paciente.

    21No tropieces por la belleza de una mujer

ni te dejes cazar por sus riquezas:

    22es una infamia y una vergüenza

que la mujer mantenga al marido.

    23Corazón abatido, rostro sombrío,

pena del alma es la mujer malvada;

brazos débiles, rodillas vacilantes,

cuando la mujer no hace feliz al marido.

    24Por una mujer comenzó la culpa,

y por ella morimos todos.

    25No abras las compuertas al agua

ni des confianza a mujer malvada;

    26y si no quiere someterse a ti,

córtala de tu propia carne.

 

La mujer buena

 

26

             1Dichoso el marido de una mujer buena:

se duplicarán los años de su vida.

    2Mujer hacendosa es la alegría de su marido,

y lo hará feliz toda su vida.

    3Mujer buena es un hermoso regalo

que recibe el que respeta al Señor:

    4sea rico o pobre, estará contento

y siempre tendrá cara alegre.

 

La mujer mala

 

    5Tres cosas teme mi corazón

y una cuarta me asusta:

chismes en la ciudad, motín popular,

acusación falsa, las tres son peores que la muerte.

    6Pero mujer celosa es pena y dolor de corazón.

Lengua hiriente es común a los cuatro.

    7Mujer malvada es yugo que se mueve,

el que se la lleva agarra un alacrán.

    8Mujer borracha es irritante,

y no puede ocultar su vergüenza.

    9Mujer adúltera tiene ojos engreídos,

y se la conoce en los párpados.

    10 Vigila bien a la joven atrevida,

para que no aproveche la ocasión de fornicar;

    11cuídate de los ojos desvergonzados,

y no te extrañe que te ofendan.

    12Porque abre la boca como viajero sediento

y bebe de cualquier agua que encuentra;

se sienta frente a cualquier estaca de tienda

y abre la aljaba a cualquier flecha.

 

La mujer buena

 

      13Mujer hermosa alegra a su marido,

mujer prudente lo robustece;

    14mujer discreta es don del Señor:

no se paga un ánimo instruido;

    15mujer honesta duplica su encanto:

no tiene precio la que es dueña de sí misma.

    16El sol brilla en el cielo del Señor,

la mujer bella en su hogar bien arreglado;

    17lámpara que luce en candelabro sagrado

es un rostro hermoso en un cuerpo esbelto;

    18columnas de oro sobre bases de plata

son piernas esbeltas sobre pies firmes.

 

Exhortación

 

    19Hijo mío, conserva sana la flor de tu juventud

y no des tu vigor a extranjeras;

    20 busca un lote fértil en toda la llanura

y siembra tu semilla, fiel a la nobleza de tu raza;

    21así durarán sus frutos

y madurarán con la firmeza de tu estirpe.

    22Mujer que se vende vale un salivazo,

la casada es torre de la muerte para los que la gozan;

    23mujer irreligiosa tocará en suerte al malvado,

mujer religiosa, al que teme al Señor;

    24mujer desvergonzada vive en la deshonra,

joven pudorosa es modesta incluso ante el marido;

    25la mujer impúdica es una perra,

mujer pudorosa teme al Señor;

    26mujer que respeta al marido es tenida por sabia,

la que lo desprecia con arrogancia es tenida por irreligiosa.

    27Mujer chillona y charlatana

es corneta que toca para el combate.

Si el marido es del mismo carácter

vivirá siempre en pie de guerra.

    28Dos cosas me entristecen y una tercera me da rabia:

rico caído en la miseria, inteligente tratado con desprecio,

hombre honrado convertido en pecador:

el Señor lo entrega a la espada.

 

Mercader

 

    29Difícilmente se libra el mercader de cometer injusticia,

el comerciante no quedará libre de pecado.

 

27

             1Por querer ganar dinero muchos pecaron,

quien pretende enriquecerse se hace el ciego;

    2una estaca se clava entre piedra y piedra,

el pecado queda atrapado entre comprador y vendedor.

    3Si uno no es firme y diligente en honrar al Señor,

muy pronto se arruinará su casa.

 

Conocer a los hombres

 

    4Cuando se zarandea la criba y quedan los residuos,

así el desperdicio del hombre cuando discute;

    5el horno prueba la vasija del alfarero,

el hombre se prueba en su razonar,

    6el cuidado de un árbol se muestra en el fruto,

la mentalidad de un hombre en sus palabras;

    7no alabes a nadie antes de que razone,

porque ésa es la prueba del hombre.

 

Bien hablar

(5,9–6,1; 19,4-17; 23,7-14)

 

    8Si buscas la sinceridad, la alcanzarás

y te la vestirás como traje de gala.

    9Cada pájaro anida con los de su especie,

la verdad regresa al que es veraz;

    10 el león acecha la presa

y el pecado al malhechor.

    11El hombre religioso habla siempre sabiamente,

el necio cambia como la luna.

    12Entre necios cuida tu tiempo,

entre sabios detente;

    13la conversación de los necios es indignante

y su risa proviene de las groserías;

    14la conversación del malhablado pone los pelos de punta;

cuando discute hay que taparse los oídos;

    15pelea de arrogantes es como derramar sangre,

es penoso escuchar sus insultos.

 

Guardar secretos

 

    16El que descubre secretos destruye la confianza

y no encontrará amigo íntimo;

    17ama a tu amigo y séle fiel,

pero si revelas su secreto no vayas en su busca;

    18como uno destruye a su enemigo,

así has destruido la amistad de tu amigo;

    19has soltado un pájaro de la mano,

así has soltado a tu amigo y no lo cazarás;

    20 no lo persigas, que ya está lejos,

ha escapado como cierva de la red;

    21se puede vendar una herida, se puede remediar un insulto;

pero el que revela un secreto no tiene esperanza.

 

Falso amigo

 

    22El que guiña el ojo trama algo malo,

quien lo ve se aparta de él;

    23en tu presencia su boca es todo dulzura, admira tus palabras;

por detrás cambia de lenguaje y procura cazarte en tus palabras.

    24Muchas cosas detesto, pero ninguna como a él,

porque el Señor mismo lo detesta.

 

Quien la hace la paga

 

    25Tira una piedra a lo alto y te caerá en la cabeza;

un golpe a traición reparte heridas;

    26el que cava una fosa caerá en ella,

el que tiende una red quedará atrapado en ella;

    27al que hace el mal se le volverá contra él,

aunque no sepa de dónde le viene.

    28Burlas e insultos le tocarán al orgulloso,

pero la venganza lo acecha como un león.

Caerán atrapados en la red

    29los que se alegran de la caída de los buenos,

se consumirán de pena antes de morir.

 

Venganza

(Lv 19,17-18; Éx 23,4-5)

 

      30 Ira y enojo son odiosos:

el pecador los posee.

 

28

             1Del vengativo se vengará el Señor

y llevará estrecha cuenta de sus culpas.

    2Perdona la ofensa a tu prójimo,

y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas.

    3¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro

y pedir la salud al Señor?

    4No tiene compasión de su semejante,

¿y pide perdón de sus pecados?

    5Si él, que es un simple mortal, conserva la ira,

¿quién le perdonará sus pecados?

    6Piensa en tu fin y acaba con tu enojo,

piensa en la muerte y en la corrupción, y guarda los mandamientos.

    7Recuerda los mandamientos y no te enojes con tu prójimo,

recuerda la alianza del Señor, y perdona las ofensas.

 

Riñas

(Prov 15,18; 17,19; 26,21)

 

    8Huye de peleas y disminuirás los pecados,

el hombre violento enciende peleas;

    9el pecador provoca a los amigos

y siembra discordia entre los que viven en paz.

    10 Cuanto más leña, más arde el fuego;

cuanto más terquedad, más se enciende la pelea;

cuanto más poder, mayor es el enojo;

cuanto más riqueza, más crece la ira.

    11Una centella provoca un incendio,

pelea acalorada derrama sangre;

    12si soplas la chispa, la enciendes;

si escupes en ella, la apagarás;

las dos cosas salen de tu boca.

 

Calumnia

(Sant 3,1-12)

 

    13Maldice al murmurador y al mentiroso,

ha destruido muchas amistades;

    14lengua entrometida ha hecho tambalear a muchos,

haciéndolos huir de pueblo en pueblo,

ha destruido ciudades amuralladas

y ha derribado palacios de nobles;

    15lengua entrometida ha expulsado a mujeres capaces

privándolas del fruto de sus fatigas;

    16el que le hace caso no tendrá paz

ni podrá vivir tranquilo;

    17golpe de látigo deja un moretón,

golpe de lengua rompe los huesos;

    18muchos cayeron a filo de espada,

pero no tantos como las víctimas de la lengua;

    19dichoso el que se protege de ella y no es víctima de su furor,

el que no arrastra su yugo ni se enreda en sus cadenas;

    20 porque su yugo es de hierro

y sus cadenas de bronce;

    21la muerte que causa es terrible,

se está mejor en el Abismo.

    22Pero no podrá dominar a los buenos,

que no se quemarán en su fuego;

    23los que abandonan al Señor caerán en él,

prenderá en ellos y no se apagará;

lo soltarán tras ellos como un león,

y los destrozará como una pantera.

 

Exhortación

 

    24Rodea tu posesión con cerco de espinos,

guarda bien tu oro y tu plata;

    25para las palabras hazte balanza y platillos;

para la boca, puerta y cerrojo.

    26Cuidado, no resbales con la lengua,

y no caerás ante los que te acechan.

 

Prestar

(Dt 15,1-11)

 

29

             1Quien presta al prójimo hace obra de misericordia,

quien da una ayuda guarda los mandamientos.

    2Presta a tu prójimo cuando lo necesite,

y paga pronto lo que debes al prójimo,

    3cumple la palabra y séle fiel,

y en todo momento obtendrás lo que necesitas.

    4Muchos tomaron un préstamo como un regalo

y perjudicaron al que les prestó:

    5hasta conseguirlo le besan las manos,

ante las riquezas del prójimo humillan la voz;

a la hora de devolver dan largas,

echan la culpa a las circunstancias

y piden una prórroga.

    6A fuerza de insistir apenas recobrará la mitad,

y lo considerará buena suerte;

en otro caso se quedará sin dinero

y se habrá ganado un enemigo,

que le pagará con maldiciones e insultos,

con injurias, en vez de respeto.

    7Así muchos se niegan a prestar, no por maldad,

sino temiendo que los despojen sin razón.

    8Con todo, ten paciencia con el pobre

y no le hagas esperar tu limosna;

    9por amor a la ley recibe al pobre,

y en su necesidad no lo despidas con las manos vacías;

    10 pierde tu dinero por el hermano y el prójimo,

no dejes que se oxide bajo una piedra;

    11invierte tu tesoro según el mandato del Altísimo,

y te producirá más que el oro;

    12guarda limosnas en tu despensa,

y ellas te librarán de todo mal;

    13mejor que escudo resistente o poderosa lanza,

lucharán contra el enemigo a tu favor.

 

Fianza

(Prov 6,1-5)

 

    14El hombre bueno sale fiador por su prójimo,

el que no tiene vergüenza lo abandona;

    15no olvides el favor del que fió por ti,

pues se expuso por tu causa;

    16quien malgasta los bienes del fiador es un pecador,

quien abandona a su salvador es un desagradecido.

    17La fianza ha arruinado a muchos ricos

y los ha sacudido como a olas del mar;

    18dejó sin casa a hombres adinerados,

que tuvieron que emigrar al extranjero.

    19El pecador que se pone a dar fianzas por afán de lucro

se enredará en pleitos.

    20 Ayuda a tu prójimo según tus posibilidades,

pero ten cuidado de no arruinarte.

 

En casa ajena

(40,28-30)

 

    21Son esenciales para la vida agua, pan, casa

y un vestido para cubrir la desnudez.

    22Más vale vida pobre al reparo del propio techo

que banquete en casa ajena;

    23conténtate con lo que tienes, poco o mucho,

y no oirás las burlas de la vecindad.

    24Es vida dura ir de casa en casa,

donde eres forastero no puedes abrir la boca;

    25recibirás avergonzado hospedaje y bebida,

y encima tendrás que oír frases hirientes:

    26Anda, forastero, prepara la mesa,

dame de comer lo que tengas;

    27Vete, forastero, que viene gente importante,

llega mi hermano a hospedarse y necesito la casa.

    28Duro es esto para el hombre sensato:

injurias del casero, burlas del prestamista.

 

Educación de los hijos

(22,3-6)

 

30

             1Quien ama a su hijo lo castiga con frecuencia

para poder alegrarse más tarde,

    2quien castiga a su hijo sacará provecho de él,

y estará orgulloso de él ante los conocidos;

    3el que instruye a su hijo da envidia a su enemigo,

y estará satisfecho de él ante los amigos.

    4Fallece el padre como si no hubiera muerto,

porque ha dejado uno semejante a él;

    5mientras vive lo ve y se alegra,

cuando va a morir no se entristece;

    6ha dejado quien lo vengará de sus enemigos,

quien agradezca a los amigos.

    7Quien consiente a su hijo tendrá que vendarle las heridas,

a cada grito se le conmoverán las entrañas;

    8caballo no domado se vuelve salvaje,

hijo consentido sale terco;

    9sé blando con tu hijo, y te hará temblar;

sigue sus caprichos, y lo sentirás;

    10 no festejes sus gracias, y no llorarás con él,

al final no rechinarás los dientes.

    11No le des autoridad en la juventud

ni disimules sus locuras;

    12que baje la cabeza mientras es muchacho

y dale azotes cuando aún es pequeño;

no se te vuelva terco y se te rebele,

y te acarree disgustos del alma.

    13Corrige a tu hijo, ponle un yugo pesado

para que no levante el cuello contra ti.

 

Salud

(37,27-31)

 

    14Más vale pobre sano y robusto

que rico lleno de achaques;

    15la buena salud la prefiero al oro

y el buen ánimo a las perlas;

    16no hay riqueza como un cuerpo robusto

ni hay bienes como un corazón contento.

    17Más vale morir que vivir sin provecho,

y el descanso eterno más que sufrimiento crónico.

    18Manjares ofrecidos a una boca cerrada

son ofrenda presentada a un ídolo;

    19¿de qué sirve una ofrenda al ídolo incapaz de comer y de oler?,

lo mismo el que posee riquezas y no puede disfrutar de su fortuna,

    20 mira con los ojos y suspira

como eunuco que abraza a una doncella.

 

Alegría

 

      21No te dejes vencer por la tristeza

ni te atormentes por tus culpas:

    22alegría de corazón es vida del hombre,

el gozo alarga sus años;

    23consuélate, recobra el ánimo, aleja de ti la pena,

porque a muchos ha matado la tristeza,

y no se gana nada con la pena.

    24Celos y enojos acortan los años,

las preocupaciones hacen viejo antes de tiempo.

    25Corazón alegre es como un gran banquete

que hace provecho al que lo come.

 

Riqueza y honradez

(13,15-24)

 

31

1Los desvelos del rico acaban con su salud,

la preocupación por las riquezas aleja el sueño.

    2Las preocupaciones no lo dejan dormir

lo perturban más que grave enfermedad.

    3El rico trabaja por amontonar una fortuna,

y si descansa es para entregarse a los lujos

    4el pobre trabaja, y le faltan las fuerzas,

y si descansa, pasa necesidad.

    5El que codicia el oro no quedará sin castigo,

el que ama el dinero se extraviará por él.

    6Muchos quedaron aprisionados por el oro

y se entramparon por las perlas,

pero no les sirvieron para librarlos de la desgracia

ni para salvación el día de la cólera.

    7Son una trampa para el necio,

el inexperto se enreda en ella.

    8Dichoso el hombre que se conserva íntegro

y no se pervierte por la riqueza.

    9¿Quién es? Vamos a felicitarlo,

porque ha hecho algo admirable en su pueblo.

    10 ¿Quién en la prueba demostró ser perfecto?

Ése tendrá paz y tendrá honor.

¿Quién pudiendo desviarse no se desvió,

pudiendo hacer el mal no lo hizo?

    11Su bondad está confirmada,

y la asamblea pronunciará su elogio.

 

Invitado

(Prov 23,1-8)

 

    12Hijo mío, invitado a la mesa de un rico,

no seas glotón ni comentes: Cuántas cosas.

    13Piensa que el ojo envidioso es malo y que Dios lo aborrece;

nada se ha creado más triste que el ojo: por lo que sea, a él le toca llorar.

    15Trata a tu vecino con delicadeza, como a ti mismo,

pensando en lo que a ti te desagrada;

    14donde él mira no pongas tú la mano,

así no tropezarás con él en la fuente.

    16Sírvete lo que te pongan delante, no seas glotón, y no quedarás mal;

piensa que tu vecino es como tú y come lo que te pongan.

    17Termina el primero, como pide la educación,

y no seas insaciable, para que no te desprecien.

    18Si estás entre muchos invitados,

no te sirvas antes que el vecino.

    19Al hombre educado le basta poco,

y en la cama no se siente mal;

mientras que el insaciable sufre dolores,

insomnio, torturas, ahogo, diarreas;

    20 estómago que ha digerido tendrá sueño saludable,

por la mañana se levantará bien despierto.

    21Si lo tienes cargado de comida,

levántate, vomita y sentirás alivio.

    22Escucha, hijo mío, no me desprecies, y al final me darás la razón:

procede en todo con moderación, y no sufrirás desgracias.

      23Al huésped generoso lo bendicen los labios,

y su buena fama es duradera;

    24del huésped tacaño se murmura en la plaza,

y la fama de su mezquindad es duradera.

 

Vino

(Prov 23,29-35)

 

    25No te hagas el valiente con el vino,

que a muchos ha tumbado el alcohol.

    26El horno pone a prueba la obra del herrero,

el vino a los prepotentes cuando pelean.

    27El vino es vida para el hombre

si lo bebe con moderación.

¿Qué vida es ésa cuando falta el vino,

que fue creado desde el principio para alegrar?

    28Alegría, gozo y euforia es el vino

bebido a su tiempo y con moderación;

    29dolor de cabeza, tartamudez, deshonra

es el vino bebido con pasión e irritación.

    30 Mucho licor enreda al necio:

lo deja sin fuerzas y lleno de heridas.

    31Mientras se bebe vino no reprendas al vecino,

ni te burles de él cuando está alegre;

no lo ofendas con tus palabras

ni lo humilles delante de los demás.

 

Banquetes

 

32

1Si te toca presidir un banquete,

no presumas, sé como los demás;

    2ocúpate de ellos antes de sentarte,

mira qué necesitan antes de ocupar tu puesto;

así te alegrarás con la concurrencia

y te darán la corona de la cortesía.

    3Tú, anciano, habla cuando te corresponda,

pero refrena tu talento y no interrumpas el canto,

    4en el momento de brindar no sueltes un discurso,

y aunque no haya música, no exhibas tu sabiduría.

    5Joya de azabache en collar de oro

es el canto en medio del banquete,

    6sello de esmeralda engarzado en oro

es la música entre la delicia del vino.

    7Tú, joven, habla si es indispensable;

y no más de dos y tres veces, si te lo piden;

    8resume tus palabras, di mucho en poco espacio,

sé como quien sabe y se calla.

    9Con los ancianos no discutas,

con los que mandan no insistas.

    10 Antes del granizo brilla el relámpago,

antes de la modestia, la simpatía.

    11A la hora de despedirte no te entretengas,

saluda al huésped y vuelve a casa;

    12allí podrás entretenerte

respetando a Dios y sin cometer faltas;

    13da gracias por todo a tu Creador,

que te ha colmado de bienes.

 

Temor de Dios

 

    14El que consulta a Dios, recibirá su enseñanza;

el que madruga por él, obtendrá respuesta.

    15El que estudia la ley llegará a dominarla,

pero el hipócrita se enredará en ella.

    16El que teme al Señor aprenderá a juzgar,

sus buenas acciones brillarán como luz.

    17El hombre perverso rechaza la corrección

y acomoda la ley a su conveniencia;

    18el hombre prudente no esconde la sabiduría,

mientras que el insolente no guarda la lengua;

el sabio no acepta soborno,

el arrogante no acepta el mandato.

    19No hagas nada sin aconsejarte,

y una vez hecho no te arrepentirás.

    20 No sigas camino peligroso

y no tropieces dos veces en una piedra;

    21no te animes por camino de salteadores

y guárdate las espaldas.

    23En todas tus obras vigílate,

    22el que así obra guarda el mandato.

    24El que guarda la ley se guarda a sí mismo,

el que confía en el Señor no queda defraudado.

 

Proverbios varios

 

33

1El que teme al Señor no sufrirá desgracias,

sino que saldrá salvo de la prueba.

    2El que odia la ley no llega a sabio,

será como barco sacudido por la tempestad:

    3el hombre prudente entiende la Palabra del Señor

y su consejo es de fiar como un oráculo.

    4Ordena tus asuntos antes de realizarlos

y arregla la casa antes de habitarla.

    5Rueda de carro es la mente del necio,

aro que gira sus pensamientos.

    6Amigo antipático es como caballo en celo,

que relincha bajo cualquier jinete.

 

Oposiciones

 

    7¿Por qué un día es distinto de otro día,

si todos repiten la luz del sol?

    8La sabiduría de Dios los distinguió

y estableció entre ellos días festivos;

    9bendijo uno de ellos y lo santificó,

a los demás los hizo días ordinarios.

    10 Todos los hombres son piezas de barro,

pues de arcilla fue creado el hombre;

    11pero la sabiduría de Dios los distingue,

los hizo habitar la tierra e hizo diferentes sus destinos.

    12A unos los bendice y exalta, a unos los consagra y acerca a sí;

a otros los maldice y humilla y los arroja de sus puestos.

    13Como está el barro en mano del alfarero,

que lo maneja a su voluntad,

así está el hombre en manos de su Creador,

que le asigna un puesto en su presencia.

    14Frente al mal está el bien, frente a la vida la muerte,

frente al honrado el malvado, frente a la luz las tinieblas.

    15Contempla las obras de Dios:

todas de dos en dos, una corresponde a otra.

 

El autor

 

    16Yo, el último, me mantuve alerta

como quien recoge detrás de los viñadores;

    17madrugué con la bendición del Señor,

y como cosechero llené mi lagar.

    18Miren que no he trabajado para mí solo,

sino para todos los que buscan sabiduría.

    19Escúchenme, jefes de un pueblo noble;

pongan atención los que gobiernan la asamblea.

 

Testamentos

 

    20aNi a hijo ni a mujer, ni a amigo ni a vecino

des poder sobre tu vida mientras vivas;

    21mientras vivas y respires

no te sometas a nadie;

    20bno entregues lo tuyo a otro,

no sea que te arrepientas y tengas que suplicarle,

    22mejor es que tus hijos te supliquen

que estar tú dependiendo de ellos.

    23Sé dueño de todos tus asuntos,

y que no caiga mancha en tu reputación.

    24Cuando se cumpla el número de tus breves días,

el día de la muerte, repartirás tu herencia.

 

El trato con los servidores

(Ef 6,5-9; Col 3,22-24; Tit 2,9s)

 

    25Al asno, pasto, látigo y carga; al criado, disciplina y trabajo;

    26haz trabajar a tu servidor y encontrarás descanso,

si alza la cabeza, te traicionará;

    28hazlo trabajar para que no se rebele,

    29porque la pereza trae mucha malicia;

    27con yugo y riendas se doblega el cuello,

    30 al servidor malo cárgalo de cadenas.

Pero no te excedas con ningún hombre

ni hagas nada injustamente.

    31Si tienes un solo servidor, trátalo como a ti mismo,

pues lo has comprado a precio de sangre;

si tienes un solo servidor, considéralo un hermano,

no tengas celos de tu propia sangre.

    32Si lo maltratas, se escapará y lo perderás,

¿por qué camino podrás encontrarlo?

 

Sueños

(Dt 13,2-4; Jr 23,15-18)

 

34

1La esperanza del necio es vana y engañosa,

los sueños dan alas a los insensatos,

    2caza sombras o persigue vientos

el que se fía de sueños;

    3las visiones del sueño son como una imagen

como un rostro reflejado en el espejo.

    4¿Qué podrá limpiar la suciedad?,

¿qué podrá comprobar la mentira?,

    5magia, adivinación y sueños son falsedad:

puras fantasías como las de la parturienta.

    6Si no vienen como aviso del Altísimo,

no les hagas caso.

    7Cuántos se extraviaron con sueños

y fiándose de ellos fracasaron.

    8En cambio, la ley se ha de cumplir sin falta;

la sabiduría es la perfección de una boca sincera.

 

Viajes

 

    9Uno que ha viajado sabe muchas cosas,

hombre experimentado sabe lo que dice;

    10 quien no ha pasado pruebas sabe bien poco,

el que ha viajado aumenta sus recursos.

    11He visto mucho en mis viajes

y sé más de lo que cuento;

      12cuántas veces pasé peligros de muerte

y me libró mi experiencia.

 

Temor de Dios

 

    13Los que respetan al Señor vivirán,

porque esperan en su salvador;

    14el que respeta al Señor no se alarmará

ni se acobardará, porque él es su esperanza;

    15dichoso el que respeta al Señor:

¿en quién confía, quién es su apoyo?

    16El Señor se fija en los que lo aman,

es su robusto escudo, su firme apoyo,

sombra para el calor, reparo a mediodía,

protección del que tropieza, auxilio del que cae,

    17levanta el ánimo, alumbra los ojos,

da salud y vida y bendición.

 

Culto y justicia

(Is 1,10-20; Sal 50; Jr 7; Am 5,21-25)

 

    18Los sacrificios de cosas adquiridas injustamente son impuros,

ni son aceptados los dones de los malvados;

    19el Altísimo no acepta las ofrendas de los impíos

ni por sus muchos sacrificios les perdona el pecado;

    20 es sacrificar un hijo delante de su padre

quitar a los pobres para ofrecer sacrificio.

    21El pan de la limosna es vida del pobre,

el que se lo niega es homicida;

    22mata a su prójimo quien le quita el sustento,

quien no paga el justo sueldo derrama sangre.

    23Uno construye y otro derriba:

¿qué se gana sino más trabajo?

    24Uno reza y otro maldice:

¿a quién escuchará el Señor?

    25Uno se purifica del contacto de un cadáver y lo vuelve a tocar:

¿de qué le sirve el baño?

    26Lo mismo el que ayuna por sus pecados y luego vuelve a cometerlos,

¿quién escuchará su súplica?, ¿de qué le servirá su mortificación?

 

35

1El que observa la ley hace una buena ofrenda,

el que guarda los mandamientos ofrece sacrificio de comunión,

    2el que hace favores es como el que ofrenda la mejor harina,

el que da limosna ofrece sacrificio de alabanza.

    3Apartarse del mal es agradable a Dios,

apartarse de la injusticia es obtener el perdón de los pecados.

    4No te presentes a Dios con las manos vacías:

esto es lo que pide la ley.

    5La ofrenda del justo enriquece el altar,

y su aroma llega hasta el Altísimo.

    6El sacrificio del justo es aceptado,

su ofrenda memorial no se olvidará.

    7Honra al Señor con generosidad

y no seas mezquino en tus ofrendas;

    8cuando ofreces, pon buena cara,

y paga de buena gana los diezmos.

    9Da al Altísimo como él te dio:

generosamente, según tus posibilidades,

    10 porque el Señor sabe pagar

y te dará siete veces más.

 

Los gritos del pobre

 

      14No pretendas sobornarlo, porque no lo aceptará,

no confíes en sacrificios injustos;

    15porque es un Dios justo

y trata a todos por igual;

    16no favorece a nadie contra el pobre,

escucha las súplicas del oprimido;

    17no desoye los gritos del huérfano

o de la viuda cuando repite su queja;

    18mientras le corren las lágrimas por las mejillas

    19y el gemido se añade a las lágrimas,

    20 sus penas consiguen su favor

y su grito alcanza las nubes;

    21el reclamo del pobre atraviesa las nubes

y hasta alcanzar a Dios no descansa;

no se detiene hasta que Dios lo atiende,

y el juez justo le hace justicia.

    22Dios tampoco se hará esperar;

como guerrero, no reposará,

    23hasta quebrar la fuerza del tirano

y tomar venganza de los soberbios,

hasta arrancar el poder de los arrogantes

y romper la fuerza de los malvados,

    24hasta pagar al hombre sus acciones

y retribuir al mortal sus pensamientos,

    25hasta defender la causa de su pueblo

y darles la alegría de la salvación.

    26Bienvenida su misericordia en el momento del sufrimiento,

como lluvia durante la sequía.

 

Oración por Israel

(Sal 79)

 

36

1Sálvanos, Dios del universo,

2infunde tu terror a todas las naciones;

    3amenaza con tu mano al pueblo extranjero

para que sienta tu poder.

    4Como les mostraste tu santidad al castigarnos,

muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos;

    5para que sepan, como nosotros lo sabemos,

que no hay Dios fuera de ti.

    6Renueva los prodigios, repite los portentos;

    7exalta tu mano, robustece tu brazo;

    8despierta la ira, derrama tu enojo;

    9destruye al agresor, dispersa al enemigo;

    10 apresura la hora y acuérdate del juramento,

pues ¿quién podrá decirte: qué haces?

    11Que un fuego vengador devore a los que escapan,

que los opresores de tu pueblo vayan a la ruina.

    12Aplasta la cabeza de los jefes enemigos

que dicen: Nadie más que nosotros.

    13Reúne a todas las tribus de Jacob

    16y dales su herencia como antiguamente.

    17Ten compasión del pueblo que lleva tu Nombre;

de Israel, a quien nombraste tu primogénito;

    18ten compasión de tu ciudad santa,

de Jerusalén, lugar de tu residencia.

    19Llena a Sión de tu majestad,

y tu templo de tu gloria.

    20 Con tus obras antiguas muéstrales tu favor,

cumple las profecías pronunciadas en tu Nombre,

    21recompensa a los que esperan en ti

y demuestra que tus profetas dijeron la verdad,

    22escucha la súplica de tus servidores por amor a tu pueblo

y reconozcan los confines del mundo que tú eres Dios eterno.

 

Elección de mujer

(25,13–26,28; Prov 31,10-31)

 

      23El estómago recibe cualquier comida,

pero hay comidas más sabrosas que otras;

    24el paladar distingue los manjares,

la mente distingue las mentiras;

    25el malintencionado provoca desgracias,

el experimentado las retorcerá contra él.

    26La mujer acepta cualquier marido,

pero unas jóvenes son más bellas que otras.

    27La belleza de la mujer ilumina el rostro

y sobrepasa todo lo deseable;

    28si además habla acariciando,

su marido no es un mortal;

    29tomar mujer es la mejor fortuna:

auxilio y defensa, columna y apoyo.

    30 Viña sin tapia será saqueada,

hombre sin mujer andará vagabundo;

    31¿quién se fía de una banda armada

que va de ciudad en ciudad?,

así el hombre sin nido,

que se acuesta donde lo alcanza la noche.

 

Elección de amigo

(6,5-17; 12,8-18; 22,19-26)

 

37

1Cualquiera puede decir que es tu amigo,

pero hay amigos sólo de nombre.

    2¿No es un disgusto mortal

cuando el amigo íntimo se vuelve enemigo?

    3Ay del malpensado, ¿para qué fuiste creado?,

para llenar la superficie de la tierra de traiciones.

    4El amigo desleal comparte la alegría de la mesa,

pero en la desgracia se queda a distancia.

    5El amigo fiel peleará contra tu enemigo,

frente a tus rivales empuñará el escudo.

    6No olvides al amigo durante el combate

ni lo abandones al repartir el botín.

 

Elección de consejero

(2 Sm 17)

 

    7Todo consejero indica el camino,

pero hay quien aconseja en propio provecho;

    8cuidado con quien da consejos,

entérate primero de sus intereses;

porque también él piensa en sí mismo,

en cómo sacar provecho;

    9a lo mejor te dice: Vas por buen camino,

y luego se pone a observar tu ruina.

    10 No consultes con tu enemigo

ni cuentes tus propósitos al que te envidia:

    11con la mujer, acerca de su rival;

al que busca botín, sobre la guerra;

con el comerciante, acerca de negocios;

al que compra, sobre una venta;

con el tacaño, acerca de generosidad;

al cruel, acerca de perdonar;

con el ocioso, acerca de un trabajo;

al empleado por un año, sobre la cosecha;

con el servidor perezoso, acerca de la tarea:

no te fíes de tales consejos,

    12sino del hombre que siempre respeta a Dios,

y sabes que guarda los mandamientos,

que siente como tú sientes,

y si tropiezas, te ayudará.

    13Recibe también el consejo de tu corazón,

pues, ¿quién te será más fiel que él?

    14El corazón del hombre le informa de la oportunidad

mejor que siete centinelas que vigilan en las alturas.

      15Y después de todo, suplica al Señor

que dirija tus pasos en la verdad.

 

Los sabios

 

    16El pensamiento precede a toda acción

y la reflexión a toda tarea.

    17La mente es la raíz de toda conducta,

y produce cuatro ramas:

    18bien y mal, vida y muerte;

su señor absoluto es la lengua.

    19Hay sabios que son sabios para otros

y para sí mismos son insensatos;

    20 hay sabios odiosos al hablar,

y se privan de banquetes exquisitos.

    22Hay sabios que lo son para sí,

y cargan con el fruto de su saber;

    23hay sabios que lo son para su pueblo,

y el fruto de su saber es duradero.

    24Quien es sabio para sí está colmado de bendiciones,

los que lo ven lo felicitan;

    26el sabio para su pueblo hereda gloria,

y su fama vive para siempre.

    25La vida de un hombre son años contados,

la vida de Israel son años sin cuento.

 

Salud

(30,14-20)

 

    27Hijo mío, mientras tienes salud, pruébate a ti mismo,

y no te concedas lo que ves que te hace daño,

    28porque no todo es bueno para todos

ni a todos les gusta lo mismo,

    29no te precipites a todo lo exquisito

ni te entregues a todos los manjares;

    30 porque la gula acarrea enfermedades

y la glotonería provoca náuseas;

    31por falta de moderación muchos han muerto,

pero el que se domina alarga su vida.

 

Médico

 

38

1Respeta al médico, pues lo necesitas,

también a él lo ha creado Dios.

    2El médico recibe su ciencia de Dios

y del rey su sustento.

    3Por su ciencia lleva alta la cabeza

y se presenta ante los nobles.

    4Dios hace que la tierra produzca remedios:

el hombre prudente no los desdeñará.

    5¿No endulzó el agua con una rama,

mostrando así a todos su poder?

    7El médico alivia con plantas los dolores

y el boticario prepara sus ungüentos.

    6Dios concedió al hombre inteligencia

para que lo alaben por sus obras poderosas,

    8así las obras de Dios no tienen fin

ni la destreza de los hijos de Adán.

    9Hijo mío, cuando caigas enfermo, no te descuides,

reza a Dios, y él hará que te sanes;

    10 huye del delito, lava tus manos

y limpia tu corazón de todo pecado;

    11ofrece, sí, un sacrificio agradable,

según tus posibilidades;

    12pero deja actuar también al médico,

y no lo rechaces, porque también a él lo necesitas;

    13hay momentos en que de él depende el éxito,

    14y también él reza a Dios

para que le dé acierto al diagnosticar

y al aplicar la medicina saludable.

    15Peca contra su Creador

el que se hace fuerte frente al médico.

 

Duelo

(Sal 6; 38)

 

    16Hijo mío, por el muerto derrama lágrimas,

gime y entona el canto fúnebre;

dale sepultura, según lo merece,

y no faltes a su funeral;

    17llora de dolor, guárdale luto y hazle el duelo que merece,

uno o dos días para las lágrimas, después consuélate de la pena;

    18porque la pena acarrea la muerte

y la tristeza desgasta las fuerzas;

    19en la desgracia se prolonga la pena,

la vida del pobre le aflige el corazón.

    20 No vuelvas a estar pensando en él,

desecha su recuerdo y acuérdate del fin;

    22recuerda su ley, que es también la tuya:

él ayer, hoy tú.

    21No sigas recordándolo, pues no tiene esperanza;

a él no le aprovecha, a ti te perjudicas.

    23Cuando muere, cesa su memoria;

consuélate una vez que ha muerto.

 

Artes y oficios

 

    24El ocio del escritor aumenta su sabiduría,

el que está poco ocupado se hará sabio.

    25¿Cómo se hará sabio el que agarra el arado

y su orgullo es manejar la picana?

El que guía los bueyes, dirige los toros

y sólo se ocupa de los novillos,

    26se desvela por arreglar el establo

y se preocupa de trazar los surcos.

    27Lo mismo el artesano y el tejedor,

que emplean la noche como el día.

Los que esculpen relieves de sellos procurando variar los diseños

se esfuerzan por imitar el modelo y se desvelan por terminar la tarea.

    28Lo mismo el herrero, sentado junto al yunque,

concentrado en trabajar el hierro;

el humo y el fuego le secan la carne,

mientras lucha con el calor del horno;

el ruido del martillo lo ensordece,

mientras se fija en el modelo de la herramienta;

se esfuerza por dar término a su tarea

y se desvela por perfilar la obra.

    29Lo mismo el alfarero, sentado al trabajo,

hace girar el torno con los pies,

siempre preocupado por su tarea

y trabajando para completar la cantidad fijada;

    30 con el brazo modela la arcilla

y ablanda su resistencia con los pies;

se esfuerza por terminar el barnizado

y se desvela por tener limpio el horno.

    31Todos éstos se fían de su destreza

y son expertos en su oficio;

    32sin su trabajo la ciudad no tiene casa

ni habitantes ni transeúntes;

    33con todo, no les eligen senadores ni descuellan en la asamblea,

no toman asiento en el tribunal ni discuten la justa sentencia,

    34no exponen su doctrina o su decisión ni entienden de proverbios;

aunque mantienen la vieja creación,

ocupados en su trabajo de artesanos.

 

El sabio

(24,30-34; Prov 1,2-7; Sab 7s)

 

39

1En cambio, el que se entrega de lleno

a meditar la ley del Altísimo

investiga la sabiduría de los antiguos

y estudia las profecías,

    2examina las explicaciones de autores famosos

y penetra los dichos más complicados,

    3investiga el sentido oculto de proverbios

y estudia sin cesar las sentencias enigmáticas.

    4Presta servicio ante los poderosos

y se presenta ante los jefes,

viaja por países extranjeros

probando el bien y el mal de los hombres;

    5se propone madrugar por el Señor, su Creador,

y reza delante del Altísimo,

abre la boca para suplicar pidiendo perdón de sus pecados.

    6Si el Señor lo quiere,

él se llenará de espíritu de inteligencia;

Dios le hará derramar sabias palabras,

y él confesará al Señor en su oración;

    7Dios guiará sus consejos prudentes,

y él meditará sus misterios;

    8Dios le comunicará su doctrina y enseñanza,

y él se gloriará de la ley del Altísimo.

    9Muchos alabarán su inteligencia, que no caerá en el olvido;

nunca faltará su recuerdo, y su fama vivirá por generaciones;

    10 la gente comentará su sabiduría

y la asamblea pronunciará su elogio;

    11en vida, tendrá renombre entre millares,

que le bastará cuando muera.

 

Exhortación: todo es bueno

(Gn 1)

 

    12He pensado más cosas y las expondré,

pues estoy lleno como luna llena;

    13escúchenme, hijos piadosos, y crecerán

como rosal plantado junto a la corriente;

    14perfumen como incienso,

florezcan como azucenas, difundan fragancia,

levanten la voz cantando alabanzas,

bendigan al Señor por sus obras,

    15proclamen la grandeza de su Nombre

y alábenlo con himnos,

con cantos acompañados de instrumentos,

pronunciando aclamaciones:

    16Las obras de Dios son todas buenas,

y cumplen su función a su tiempo.

    17Con su palabra reunió las aguas,

a su orden se congregaron.

    18En cada momento se cumple su voluntad,

y nada rechaza su obra salvadora;

    19tiene delante las acciones de todo viviente,

y nada se esconde a su mirada;

    20 desde siempre y por siempre está mirando,

y no tiene límite su salvación.

Nada es pequeño o diminuto para él,

nada le es difícil o imposible.

    21No vale decir: ¿para qué sirve esto?,

pues cada cosa tiene asignada su función;

no vale decir: Esto es peor que aquello,

porque cada cosa vale en su momento.

    22Su bendición desborda como el Nilo,

como el Éufrates riega la tierra;

    23su cólera despoja a las naciones

y convierte en salobre la tierra fértil.

    24Sus caminos son llanos para los honrados

y son escabrosos para los arrogantes.

    25Al principio creó bienes para los buenos,

y para los malos, bienes y males.

    26Son esenciales para la vida humana: agua, fuego, hierro, sal,

harina, leche, miel, vino, aceite, vestido.

    27Todo esto aprovecha a los buenos

y se convierte en daño para los malos.

    28Hay vientos creados para el castigo

que con su furia arrancan de raíz las montañas,

para ejecutar la sentencia desatan su poder

y aplacan la cólera de su Creador.

    29Rayos y granizo, hambre y peste:

también fueron creados para el castigo;

    30 bestias feroces, alacrán y víbora,

y espada vengadora que aniquila a los malvados.

Todo ello fue creado para su función

y está almacenado hasta el momento oportuno.

    31Al recibir sus órdenes se alegran

y no protestan de sus mandatos.

    32Por eso hace tiempo que estoy convencido,

he reflexionado y lo he puesto por escrito:

    33Las obras de Dios son todas buenas

y cumplen su función a su tiempo.

    34No digas: ésta es mala, ¿para qué sirve?,

porque cada una es útil a su tiempo.

    35Y ahora canten con toda el alma

y bendigan el Nombre del Dios Santo.

 

La condición humana

 

40

1Dios ha asignado una penosa tarea

y un yugo pesado a los hijos de Adán,

desde que salen del vientre materno

hasta que vuelven a la madre de los vivientes:

    2preocupaciones, temor de corazón

y la espera angustiosa del día de la muerte.

    3Desde el que ocupa un trono elevado

hasta el que se sienta en el polvo y la ceniza;

    4desde el que lleva vestidos reales y corona

hasta el que se envuelve en un humilde manto:

    5¡cuánto afán y ansiedad y temor,

miedo a la muerte, resentimiento, peleas!

Y cuando se echa a descansar en la cama,

el sueño nocturno lo turba:

    6descansa un momento, apenas un instante,

y lo agitan las pesadillas;

aterrorizado por las visiones de su fantasía,

como quien escapa huyendo del que lo persigue;

    7y cuando se ve libre, se despierta

sorprendido de que su terror no tenía objeto.

    8Esto sucede a los vivientes, hombres y animales,

y siete veces más a los pecadores:

    9peste y asesinatos, rivalidad y puñales,

ruina y desastre, hambre y muerte.

    10 Para el malvado fue creada la desgracia,

por su culpa no se aleja la destrucción.

    11Lo que viene de la tierra vuelve a la tierra,

lo que viene del cielo vuelve al cielo.

    12Soborno e injusticia pasarán,

la verdad dura para siempre:

    13la ganancia del malvado se seca como torrente,

como río crecido por lluvia de tormenta;

    14al crecer arrastra rocas

pero en un instante todo se acaba.

    15El malvado no echará brotes,

el impío echa raíces en el saliente de una roca.

    16Como juncos a la orilla de un torrente,

que se secan antes de que llueva.

    17Pero la misericordia no desaparece jamás,

la limosna dura para siempre.

 

Mejor que los dos

 

    18Dulce es la vida del que se basta a sí mismo y del que trabaja:

pero mejor aún es encontrar un tesoro.

    19Los hijos y una ciudad perpetúan el nombre:

pero mejor aún es hallar la sabiduría.

Los hijos y una plantación hacen florecer el nombre:

pero mejor aún es una esposa enamorada.

    20 El vino y el licor alegran el corazón:

pero mejor aún es gozar del amor.

    21La flauta y la cítara armonizan el canto:

pero mejor aún es una lengua sincera.

    22Belleza y hermosura atraen los ojos:

pero mejor aún es un campo que verdea.

    23Amigo y compañero ayudan en la ocasión:

pero mejor aún es una mujer prudente.

    24Hermano y protector salvan del peligro:

pero mejor aún salva la limosna.

    25Oro y plata dan firmeza a los pies:

pero mejor aún es un buen consejo.

    26Riqueza y poder alegran el corazón:

pero mejor aún es el respeto a Dios.

A quien respeta a Dios nada le falta:

ni tiene que buscar apoyo.

    27El respeto a Dios es paraíso de bendiciones

y protege más que cualquier gloria.

 

Vivir de limosna

 

    28Hijo mío, no vivas de limosna,

más vale morir que andar mendigando;

    29el que está pendiente de mesa ajena

ha de contar que no vive;

comida mendigada es deshonrosa

y le sienta mal al hombre sensato;

    30 el hambriento pide con dulzura,

pero por dentro se requema con fuego.

 

Muerte

(38,16-23)

 

41

1¡Oh muerte, qué amargo es tu recuerdo

para el que vive tranquilo en medio de sus bienes,

para el hombre contento que prospera en todo

y tiene salud para gozar de los placeres!

    2¡Oh muerte, qué dulce es tu sentencia

para el hombre derrotado y sin fuerzas,

para el hombre que tropieza y fracasa,

que se queja y ha perdido la esperanza!

    3No temas la muerte, que es tu destino,

recuerda que lo compartes con antepasados y sucesores;

    4es el destino que Dios asigna a todo viviente,

¿y vas a rechazar la ley del Altísimo?

En la tumba nadie discutirá

por mil años o cien o diez.

    5Gente despreciable son los hijos de los malos

descendencia insensata habita la casa del perverso;

    6de hijo injusto vino un reino malvado,

su posteridad siempre será despreciable.

    7Al padre malvado lo maldice el hijo,

porque por su culpa la gente lo deshonra.

    8¡Ay de ustedes, poderosos,

que abandonan la ley del Altísimo!

    9Si dan fruto es para que se malogre;

si engendran, es para el luto;

cuando caigan, habrá gozo eterno,

cuando mueran, serán malditos.

    10 Lo que viene de la nada vuelve a la nada,

y así el impío del vacío vuelve al vacío.

    11El hombre es un soplo en un cuerpo,

pero el nombre del compasivo no perece.

    12Respeta tu nombre, porque él te acompañará

más que mil tesoros preciosos.

    13Los bienes de la vida duran pocos años,

la buena fama años sin cuento.

 

Vergüenza

(4,20-26)

 

    14Sabiduría oculta y tesoro escondido,

¿para qué sirven los dos?

    15Mejor es quien oculta su necedad

que el que oculta su sabiduría.

    16Hijos míos, escuchen mi instrucción sobre la vergüenza,

yo les enseñaré qué es lo que deshonra:

no está bien avergonzarse de cualquier cosa

ni todo sonrojo se debe aceptar.

    17Siente vergüenza ante tu padre y tu madre de cometer actos inmorales;

ante el jefe y el magistrado, de mentir;

    18ante el señor y la señora, de falsedad;

ante la asamblea y el pueblo, del crimen;

ante el amigo y compañero, de traicionarlos;

    19ante los vecinos, de arrogancia;

de no cumplir los pactos jurados; de meter los codos cuando comes;

de negar un favor que te piden;

    21de rechazar la visita de un amigo;

de retener la porción asignada a otro;

    20 de no responder a un saludo;

de mirar a la mujer de tu prójimo,

    22y de fijarte en la extraña.

De tener intimidades con tu criada y de acechar su lecho.

De insultar a un amigo;

de acompañar un regalo con un desprecio.

 

42

1De repetir lo que has escuchado y de revelar secretos.

Ésta será vergüenza auténtica que te traerá el favor de todos.

Pero de lo siguiente no te avergüences

ni peques por respetos humanos:

    2de la ley y mandatos del Altísimo,

de declarar libre al acusado inocente,

    3de ajustar cuentas con el socio o el amo,

de repartir una herencia o propiedad,

    4de usar pesas y balanzas exactas, de pesas y medidas controladas,

de obtener grandes y pequeñas ganancias,

    5de ganar comerciando con viajantes,

de educar con rigor a un hijo,

de castigar a un mal servidor,

    6de encerrar a la mujer infiel,

de echar llave donde hay muchas manos,

    7de contar bien el dinero de un depósito,

de anotar lo que das o recibes,

    8de corregir al necio y al inexperto

y al viejo que se aconseja con prostitutas.

Así serás verdaderamente prudente

y serás estimado de todos.

 

Cuidados por la hija

 

    9Una hija es tesoro inseguro para su padre,

le quita el sueño por la preocupación:

si es joven, teme que se le quede sin casar;

si casada, que se la repudien;

    10 si doncella, que se la seduzcan;

si casada, que sea infiel;

en la casa paterna, que quede encinta;

en casa del marido, que sea estéril.

    11Vigila a tu hija doncella,

para que no te acarree mala fama,

comentarios de la ciudad, desprecio de la gente

y burlas de los que se reúnen en la plaza.

Donde ella vive no debe haber ventana

ni su entrada se debe ver de todas partes.

    12Que no exhiba su belleza ante cualquier hombre

ni trate familiarmente con las mujeres;

    13porque del vestido sale la polilla

y de la mujer la malicia femenina.

    14Mejor es la dureza del marido que la indulgencia de la mujer,

la de mala fama trae infamia a la casa.

 

TERCERA PARTE

HIMNO POR LA NATURALEZA Y LA HISTORIA

 

El Creador

 

    15Voy a recordar las obras de Dios y a contar lo que he visto:

por la Palabra de Dios son creadas sus obras

y de su voluntad reciben su tarea.

    16El sol sale mostrándose a todos,

la gloria del Señor llena todas sus obras.

    17Aun los santos de Dios no bastaron

para contar las maravillas del Señor.

Dios fortaleció sus ejércitos,

para que estén firmes en presencia de su gloria.

    18Sondea el Abismo y el corazón,

penetra los secretos de ambos,

    19declara el pasado y el futuro

y revela los misterios escondidos.

    20 No se le oculta ningún pensamiento

ni se le escapa palabra alguna.

    21Ha establecido el poder de su sabiduría,

es el único desde la eternidad;

nada le puede ser quitado ni añadido ni le hace falta un maestro.

    22¡Qué amables son todas tus obras!,

y eso que no vemos más que una chispa.

    23Todas viven y duran eternamente

y obedecen en todas sus funciones.

    24Todas difieren unas de otras, y no ha hecho ninguna inútil.

    25Todas, una tras otra, muestran su belleza:

¿quién se saciará de contemplar su hermosura?

 

La creación

 

43

1El firmamento límpido es belleza del cielo,

la bóveda celeste es espectáculo majestuoso.

    2El sol cuando sale derramando calor,

¡qué obra tan maravillosa del Señor!,

    3a mediodía abrasa la tierra,

¿quién puede resistir su ardor?

    4Un horno encendido calienta la fundición,

un rayo de sol quema los montes,

una lengua del astro consume la tierra habitada

y su brillo ciega los ojos.

    5¡Qué grande el Señor que lo hizo!,

sus órdenes espolean a sus campeones.

    6También brilla la luna en fases y ciclos

y rige los tiempos como signo perpetuo,

    7determina las fiestas y las fechas

y se complace menguando en su órbita,

    8de mes en mes se renueva,

¡qué maravilloso cambiar!

Señal militar, instrumento celeste

que enciende el firmamento con su brillo.

    9Las estrellas adornan la belleza del cielo

y su luz resplandece en la altura divina;

    10 a una orden de Dios ocupan su puesto

y no se cansan de hacer la guardia.

    11Mira el arco iris y bendice a su Creador:

¡qué esplendor majestuoso!

    12Abarca el horizonte con su esplendor

cuando lo tensa la mano poderosa de Dios.

    13Su poder traza el relámpago

y acelera los rayos justicieros;

    14abre para un destino los depósitos del cielo

y hace volar las nubes como buitres.

    15Su poder condensa las nubes

y desmenuza las piedras de granizo.

    16El estruendo de su trueno estremece la tierra,

y con su fuerza sacude las montañas;

    17cuando él quiere, sopla el viento del sur,

la tormenta del norte, el ciclón y el huracán.

    18Sacude la nieve como bandada de pájaros,

y al bajar se posa como langosta;

su belleza blanca deslumbra los ojos,

y cuando cae, se extasía el corazón;

    19derrama escarcha como sal,

sus cristales destellan como zafiros.

    20 Hace soplar el helado viento del norte y su frío congela el estanque,

hiela todos los depósitos y reviste el pozo con una coraza;

    21quema la hierba del monte como la sequía

y los brotes de la pradera como una llamarada;

      22pero el rocío que deja caer lo sana todo:

afloja y fecunda la tierra reseca.

    23Su sabiduría somete el océano

y planta islas en el mar;

    24los navegantes describen su extensión,

y al oírlos, nos asombramos;

    25en él hay seres extraños y maravillosos

y toda especie de monstruos marinos.

    26Por él tiene éxito su mensajero

y su palabra ejecuta su voluntad.

    27Aunque siguiéramos, no acabaríamos,

la última palabra: Él lo es todo.

    28Alabemos su grandeza impenetrable,

él es más grande que todas sus obras;

    29el Señor es temible en extremo,

y son admirables sus palabras.

    30 Los que alaban al Señor, eleven la voz,

esfuércense todo lo que puedan, que aún queda más,

los que glorifican al Señor, redoblen las fuerzas,

y no se cansen, porque nunca acabarán.

    31¿Quién lo ha visto que pueda describirlo?,

¿quién lo alabará como él es?

    32Quedan cosas más grandes escondidas,

sólo un poco he visto de sus obras.

    33Todo lo ha hecho el Señor,

y a sus fieles les da sabiduría.

 

La historia

 

44

1Voy a hacer el elogio de los hombres de bien,

de la serie de nuestros antepasados:

    2gran gloria les repartió el Altísimo,

los engrandeció desde tiempos antiguos.

    3Alabemos: a los soberanos, por su gobierno del país;

a los hombres famosos, por sus hazañas;

a los consejeros, por su prudencia;

a los videntes, por su don profético;

    4a los príncipes de naciones, por su sagacidad;

a los jefes, por su inteligencia;

a los sabios pensadores, por sus escritos;

a los poetas, por sus vigilias.

    5Compositores según el arte,

que pusieron por escrito sus canciones.

    6Hombres ricos y poderosos,

que vivieron en paz en sus moradas.

    7Recibieron honor durante su vida,

y fueron la gloria de su tiempo.

    8Algunos dejaron su nombre

para ser respetados por sus herederos.

    9Otros no dejaron recuerdo, y acabaron al acabar su vida:

fueron como si no hubieran sido, y lo mismo sus hijos tras ellos.

    10 No así los hombres de bien:

su esperanza no se acabó,

    11sus bienes perduran en su descendencia,

su herencia pasa de hijos a nietos.

    12Sus hijos siguen fieles a la alianza,

y también sus nietos, gracias a ellos.

    13Su recuerdo dura por siempre,

su caridad no se olvidará.

    14Sepultados sus cuerpos en paz,

vive su fama por generaciones;

    15el pueblo cuenta su sabiduría,

la asamblea pregona su alabanza.

    16HENOC trataba con el Señor y fue arrebatado,

ejemplo de religión para todas las edades.

    17El justo NOÉ fue un hombre íntegro,

al tiempo de la destrucción él fue el renovador;

por él quedó vivo un resto

y por su alianza acabó el diluvio;

    18con señal perpetua se sancionó su pacto

de no destruir otra vez a los vivientes.

    19ABRAHÁN fue padre de muchos pueblos,

en su gloria no cabe mancha,

    20 porque cumplió el mandato del Altísimo

y pactó una alianza con él,

en su carne selló el pacto,

y en la prueba se mostró fiel;

      21por eso Dios le juró

bendecir con su descendencia a las naciones,

multiplicarlo como la arena de las playas,

y a sus descendientes como a las estrellas del cielo;

darle en herencia el país de mar a mar,

desde el Gran Río hasta el extremo de la tierra.

    22A ISAAC le aseguró descendencia

en atención de Abrahán, su padre;

    23le dio la alianza de sus antepasados,

y la bendición bajó sobre ISRAEL,

a quien confirmó la bendición y le dio la herencia,

señaló las fronteras de las tribus repartiendo lotes a las doce.

De él nació un hombre

amado por todos: MOISÉS.

 

45

1Amado de Dios y de los hombres,

Moisés, ¡bendita su memoria!:

    2le dio gloria como de un dios,

lo hizo poderoso entre los grandes;

    3a su palabra se precipitaban los signos,

lo mostró poderoso ante el rey,

le dio mandamientos para su pueblo y le mostró su gloria;

    4por su fidelidad y humildad

lo escogió entre todos los hombres,

    5le hizo escuchar su voz

y lo introdujo en la nube espesa;

puso en su mano los mandamientos,

ley de vida y de inteligencia,

para que enseñase los preceptos a Jacob,

sus leyes y decretos a Israel.

    6Consagró a AARÓN, de la tribu de Leví,

    7otorgándole un derecho perpetuo,

le concedió el gran honor de servir a la majestad del Señor;

le ciñó espléndido ornamento y lo revistió con manto de gala,

    8le vistió ornamentos preciosos,

insignias de poder y dignidad: calzón, túnica y manto,

    9y un cinturón de granadas, con cascabeles alrededor

que sonasen suavemente al caminar,

para que el sonido se oyese en el santuario,

como aviso para la gente.

    10 Ornamentos sagrados de oro y púrpura y lino, labor de artesano;

el pectoral de las suertes, el efod y el cinturón

    11tejido por un maestro con hilo escarlata;

en el pectoral piedras preciosas engarzadas y grabadas como sellos,

piedras variadas, grabadas en relieve,

una por cada tribu de Israel.

    12Corona de oro sobre el turbante

y una flor con la inscripción Consagrado:

honor, dignidad, gloria y poder,

encanto de los ojos, belleza perfecta.

    13Antes de él no hubo cosa semejante: ningún laico la vestirá jamás,

solamente sus hijos y sus nietos sucesivamente.

    14Su ofrenda se quema totalmente,

dos veces al día, sin faltar.

    15Moisés mismo lo consagró:

ungiéndolo con óleo sagrado,

así obtuvieron una alianza perpetua él

y sus hijos, mientras dure el cielo,

para servir a Dios como sacerdotes

y bendecir al pueblo invocando su Nombre.

    16Lo escogió entre todos

para ofrecer holocaustos y grasa,

para ofrecer en obsequio aroma que aplaca,

para hacer la expiación por los israelitas.

      17Le confió los mandamientos

y autoridad para legislar y juzgar,

le encomendó normas y preceptos

para que enseñara las normas al pueblo

y los preceptos a los israelitas.

    18Unos laicos en el desierto

ardían de envidia contra él:

la gente de Datán y Abirán,

los secuaces arrogantes de Córaj.

    19El Señor, al verlo, se indignó

y los consumió en el incendio de su ira,

envió contra ellos un prodigio:

una llama que los devoró.

    20 Pero aumentó la dignidad de Aarón, dándole su herencia,

le concedió como sustento las ofrendas sagradas,

    21comer lo ofrecido al Señor;

su porción es el pan presentado

como un don para él y su descendencia;

    22en cambio, no tiene propiedad en la tierra

ni reparte herencia con el pueblo,

su lote y herencia entre los israelitas son las ofrendas al Señor.

    23También FINEÉS, hijo de Eleazar,

hereda en tercer puesto esta dignidad;

pues con su celo por el Dios del universo

se mantuvo firme frente a la rebelión de su pueblo,

con su corazón y generosamente

expió por los israelitas.

    24También a él le aseguró Dios un derecho,

alianza de paz para cuidar del santuario;

otorgándole a él y sus descendientes

el sumo sacerdocio para siempre.

    25Aunque la alianza con David,

hijo de Jesé, de la tribu de Judá,

es herencia personal, debida a su dignidad,

la herencia de Aarón es para su descendencia.

    26Y ahora alaben al Señor, porque es bueno

y los corona de gloria.

Que les conceda prudencia para juzgar con justicia a su pueblo;

que no acabe la felicidad y el poder de ustedes nunca jamás.

 

46

1Soldado valiente fue JOSUÉ, hijo de Nun,

ministro de Moisés en la profecía,

destinado para que en sus días

los elegidos alcanzaran una gran victoria,

para tomar venganza de los enemigos y dar la herencia a Israel.

    2Qué glorioso cuando alzando el brazo

agitó su bastón de mando contra la ciudad.

    3¿Quién le pudo resistir

cuando peleaba las batallas del Señor?

    4Por su intervención se detuvo el sol, y un día duró lo que dos:

    5invocó al Dios Altísimo cuando lo acosaban alrededor,

y el Dios Altísimo le respondió

con fuerte granizo y pedrisco,

    6que arrojaban contra las tropas enemigas,

y en la cuesta aniquiló a los adversarios;

para que supieran los pueblos condenados a la destrucción

que el Señor velaba por sus batallas.

Porque siguió plenamente a Dios

    7y en tiempo de Moisés se mantuvo fiel,

él y CALEB, hijo de Jefoné,

resistieron el motín del pueblo,

apartaron de la asamblea la ira de Dios

y acabaron con la difamación;

    8por eso de seiscientos mil infantes

sólo se libraron los dos,

para introducir al pueblo en su herencia,

en la tierra que mana leche y miel.

    9El Señor dio fuerzas a Caleb,

que lo acompañaron hasta la vejez,

para establecerlos en los montes del país,

y también su descendencia recibió su herencia.

    10 Para que supieran los descendientes de Jacob

que vale la pena seguir plenamente al Señor.

    11Los JUECES, cada uno por su nombre, los que no se dejaron engañar,

los que no se apartaron de Dios, ¡bendita sea su memoria!

    12Que se renueve su fama en sus hijos

y revivan sus huesos en la tumba.

      13Amado del pueblo y favorito de su Creador,

pedido desde el vientre materno,

consagrado como profeta del Señor,

SAMUEL, juez y sacerdote;

por orden de Dios nombró a un rey

y ungió príncipes sobre el pueblo,

    14según la ley del Señor gobernó al pueblo

visitando los campamentos de Jacob.

    15Por su acierto se le consultaba como vidente,

por su palabra se acreditó como pastor.

    16También él invocó al Señor

cuando los enemigos lo atacaban por todas partes,

y ofreció un corderito en sacrificio.

    17El Señor tronó desde el cielo

y se oyó el estruendo de su voz,

    18derrotó a los jefes enemigos

y destruyó a los príncipes filisteos.

    19Cuando descansaba en su cama a punto de morir

invocó por testigos al Señor y a su ungido:

¿Quién me ha sobornado por un par de sandalias?,

y nadie se atrevió a contestarle.

    20 Aun después de su muerte fue consultado

y reveló al rey su destino,

alzando del sepulcro su profética voz

y profetizando la expiación de la culpa.

 

47

1Después de él surgió NATÁN,

que estuvo al servicio de DAVID,

    2como la grasa se aparta del sacrificio de comunión,

así David fue elegido entre los Israelitas.

    3Jugaba con leones como con cabritos,

y con osos como con corderillos;

    4siendo un muchacho mató a un gigante,

quitando la humillación del pueblo,

cuando su mano hizo girar la honda,

y derribó el orgullo de Goliat.

    5Invocó al Dios Altísimo, quien fortaleció su derecha

para eliminar al poderoso guerrero

y restaurar el honor de su pueblo.

    6Por eso le cantaban las muchachas

alabándolo por sus diez mil.

    7Ya coronado peleó y derrotó a sus enemigos vecinos,

derrotó a los filisteos hostiles, quebrantando su poder hasta hoy.

    8De todas sus empresas daba gracias

alabando la gloria del Dios Altísimo;

de todo corazón amó a su Creador,

entonando salmos cada día;

    9trajo instrumentos para servicio del altar

y compuso música de acompañamiento;

    10 celebró fiestas solemnes

y ordenó el ciclo de las solemnidades;

cuando, de madrugada, alababa el Nombre del Santo

resonaba el júbilo de las ceremonias.

    11El Señor perdonó su delito y exaltó su poder para siempre,

le confirió el poder real y afianzó su trono en Jerusalén.

    12Por sus méritos le sucedió

un hijo prudente que vivió en paz:

    13SALOMÓN, rey en tiempos tranquilos,

porque Dios pacificó sus fronteras;

construyó un templo en su honor

y fundó un santuario perpetuo.

    14¡Qué sabio eras en tu juventud,

rebosando doctrina como el Nilo!

    15Tu saber cubría la tierra,

y la llenaste con tu canto sublime;

    16tu fama llegaba hasta las costas,

que deseaban escucharte.

    17De tus cantos, proverbios, enigmas y sentencias

los pueblos quedaban pasmados;

    18te llamaban con el nombre glorioso con que llaman a Israel.

Pero amontonaste oro como hierro

y acumulabas plata como plomo;

    19entregaste a mujeres tus muslos

dándoles poder sobre tu cuerpo,

    20 echaste una mancha en tu honor

e infamia sobre tu lecho,

atrayendo la ira sobre tus descendientes

y desgracias sobre tu posteridad.

    21Por eso el pueblo se dividió en dos partes

y un reino rebelde surgió de Efraín.

    22Pero Dios no retiró su lealtad

ni dejó de cumplir sus promesas;

no aniquila a los hijos de sus escogidos

ni destruye la descendencia de sus amigos,

sino que dejó un resto a Jacob

y a David un retoño de su descendencia.

    23Salomón descansó con sus padres

y dejó por sucesor a uno de sus hijos:

rico en locura y falto de juicio,

que con su política hizo amotinarse al pueblo.

Surgió uno no se pronuncie su nombre

que pecó e hizo pecar a Israel;

    24fue un escándalo para Efraín, que lo condujo al destierro;

enorme fue su pecado, se entregó a toda maldad.

 

48

1Entonces se alzó como fuego un profeta

cuyas palabras eran horno encendido:

    2les quitó el sustento del pan,

con su celo los diezmó;

    3por orden de Dios cerró el cielo

e hizo que cayeran tres rayos.

    4¡Qué terrible eras, ELÍAS!,

¿quién se te compara en gloria?

    5Tú resucitaste un muerto,

sacándolo del Abismo por voluntad del Señor;

    6hiciste bajar reyes a la tumba

y arrojaste de sus lechos a hombres ilustres;

    8ungiste reyes vengadores

y nombraste un profeta como sucesor.

    7Escuchaste en el Sinaí amenazas

y sentencias vengadoras en Horeb.

    9Un torbellino te arrebató a la altura,

tropeles de fuego hacia el cielo.

    10 Está escrito que te reservan para el momento

de aplacar la ira antes de que estalle,

para reconciliar a padres con hijos,

para restablecer las tribus de Israel.

    11Dichoso quien te vea antes de morir

[y más dichoso tú que vives].

    12Cuando Elías fue arrebatado al cielo,

ELISEO recibió dos tercios de su espíritu.

En vida hizo múltiples milagros y prodigios con sólo decirlo;

en vida no temió a ninguno, nadie pudo sujetar su espíritu;

    13nada le resultaba imposible:

y hasta en la tumba profetizó su cuerpo;

    14en vida hizo maravillas

y en muerte obras asombrosas.

    15Y, con todo, el pueblo no se convirtió

ni dejó de pecar,

hasta que fueron arrojados de su país

y dispersados por toda la tierra.

Judá quedó diezmada,

con un jefe de la casa de David.

    16Algunos reyes obraron rectamente,

otros cometieron crímenes monstruosos.

    17EZEQUÍAS fortificó la ciudad desviando el agua hasta su interior,

cavó con bronce la roca y cerró los bordes del estanque.

    18En su reinado, lo atacó Senaquerib y despachó al copero mayor;

extendió la mano contra Sión y blasfemó de Dios con arrogancia.

    19Entonces los valientes se acobardaron

y se retorcían como parturientas,

    20 invocaron al Dios Altísimo extendiendo los brazos hacia él;

Dios escuchó sus súplicas y los salvó por medio de Isaías;

      21hirió el campamento sirio

y con su plaga sembró el pánico.

    22Porque Ezequías había obrado rectamente

manteniéndose en el camino de David,

como le mandaba el profeta ISAÍAS,

famoso y acreditado por sus oráculos.

    23En sus días, el sol volvió atrás

y alargó la vida del rey.

    24Con espíritu poderoso previó el futuro

y consoló a los afligidos de Sión,

anunció el futuro hasta el final

y los secretos antes de que sucediesen.

 

49

1El nombre de JOSÍAS es incienso aromático,

mezclado por un maestro perfumista,

su recuerdo es miel dulce al paladar

o música en el banquete,

    2porque sufrió por nuestra conversión

y acabó con los ídolos detestables;

    3se entregó a Dios de todo corazón

y en tiempos violentos fue compasivo;

    4excepto David, Ezequías y Josías, todos se pervirtieron,

los reyes de Judá abandonaron la ley del Altísimo hasta el final.

    5Por eso entregó su poder a otros

y su honor a un pueblo extranjero,

    6que incendió la ciudad santa

y asoló sus calles.

    7JEREMÍAS lo anunció, cuando lo maltrataron;

creado profeta en el vientre materno,

para arrancar y arrasar y demoler,

para edificar y plantar y consolidar.

    8Ezequiel tuvo una visión

y describió los diferentes seres del carro,

    9también mencionó a Job,

que se mantuvo en el camino justo.

    10 También los DOCE PROFETAS, ¡florezcan sus huesos en la tumba!,

ellos confortaron a Jacob y lo salvaron con firme esperanza.

    11Que grande fue ZOROBABEL,

anillo de sello en la diestra de Dios.

    12Y lo mismo JESÚS, hijo de Yosedec,

en cuyos días se construyó el altar,

se reedificó el templo santo destinado a gloria eterna.

    13NEHEMÍAS, nombre glorioso; él reconstruyó nuestras ruinas,

reparó los muros derruidos, colocando puertas y cerrojos.

    14Pocos ha habido en el mundo como HENOC,

también él arrebatado en persona.

    15No ha nacido varón como JOSÉ,

y sus restos fueron sepultados.

    16SEM y SET son respetados por los hombres,

pero a todos supera la gloria de ADÁN.

 

50

1El más grande de los hermanos y honor de su pueblo

es el sacerdote SIMEÓN, hijo de Juan.

En su tiempo se reparó el templo,

en sus días se restauró el santuario,

    2en su tiempo cavaron el depósito de agua

y un estanque grande como el mar,

    3en sus días reconstruyeron las murallas

con torreones para el palacio real;

    4protegió a su pueblo del saqueo

y fortificó la ciudad para el asedio.

    5Qué majestuoso cuando salía de la tienda

asomando detrás de las cortinas:

    6como estrella luciente entre nubes,

como luna llena en día de fiesta,

    7como sol refulgente sobre el palacio real,

como arco iris que aparece entre nubes,

    8como rama florida en primavera,

como azucena junto a un riachuelo,

como rama de cedro en verano,

    9como incienso ardiendo sobre la ofrenda,

como cadena de oro

con piedras preciosas engarzadas,

    10 como olivo frondoso cargado de olivas,

como árbol balsámico de espeso ramaje.

    11Cuando se ponía el traje de gala y vestía los ornamentos de fiesta,

cuando subía al altar glorioso dando realce a la explanada del santuario,

    12cuando de pie, junto al fuego del altar,

recibía de sus hermanos las porciones,

rodeado de una guirnalda de jóvenes

como pimpollos de cedros del Líbano

y lo cercaban como sauces junto al río

    13los hijos de Aarón, engalanados;

y ante toda la asamblea de Israel

presentaba los dones al Señor.

    14Cuando terminaba el servicio del altar

y preparaba la ofrenda del Altísimo,

    16aclamaban los sacerdotes aaronitas

tocando las trompetas labradas,

aclamaban, y su voz majestuosa resonaba

proclamando la presencia del Altísimo;

    17todo el pueblo a una se apresuraba

a arrodillarse rostro en tierra,

para adorar la presencia del Altísimo,

la presencia del Santo de Israel;

    18mientras los cantores entonaban

sobre suave acompañamiento de arpegios,

    19todo el pueblo cantaba

suplicando al Misericordioso.

Cuando terminaba el servicio del altar

y de ofrecer a Dios lo establecido,

    20 bajaba, y alzando las manos

hacia la asamblea de Israel,

pronunciaba la bendición del Señor,

honrándose con el Nombre del Señor.

    21De nuevo el pueblo se arrodillaba

para recibir la bendición del Altísimo.

    22Y ahora bendigan al Señor, Dios de Israel,

que ha hecho maravillas en la tierra,

que cría al hombre desde el vientre materno

y lo forma a su voluntad.

    23Él les conceda sabiduría

y que reine la paz entre ustedes.

    24Que el Señor mantenga su fidelidad con Simón

y le cumpla las promesas que le hizo a Fineés,

y no deje de cumplirlas ni a él ni a su descendencia

mientras dure el cielo.

Tres enemigos

 

    25Dos naciones aborrezco y la tercera ya no es pueblo:

    26los habitantes de Seír y Filistea y el pueblo necio que habita en Siquén.

 

Envío y firma

 

    27Enseñanza prudente, consejos oportunos

de Simón, hijo de Jesús, hijo de Eleazar, hijo de Sirá,

como brotaban de su meditación

y los pronunciaba con sabiduría.

    28Dichoso el que los medite, el que los estudie se hará sabio,

    29el que los cumpla tendrá éxito, porque respetar al Señor es vivir.

 

EPÍLOGO

 

Primera acción de gracias

 

51

1Te alabo, mi Dios y salvador;

te doy gracias, Dios de mi padre.

    2Contaré tu fama, refugio de mi vida,

porque me has salvado de la muerte,

detuviste mi cuerpo ante la fosa,

libraste mis pies de las garras del Abismo,

me libraste de las malas lenguas:

de lenguas que flagelan,

de labios que calumnian,

estuviste conmigo frente a mis rivales,

    3me auxiliaste con tu gran misericordia:

del lazo de los que esperan mi caída,

del poder de los que me persiguen a muerte,

me salvaste de múltiples peligros,

    4del cerco apretado de las llamas,

del incendio de un fuego que no ardía,

    5del vientre de un océano sin agua,

de labios mentirosos e insinceros,

de las flechas de una lengua traidora.

    6Cuando estaba ya para morir

y casi en lo profundo del Abismo,

    7me volvía a todas partes y nadie me auxiliaba,

buscaba un protector y no lo había,

    8recordé la compasión del Señor y su misericordia eterna,

que libra a los que se acogen a él y los rescata de todo mal;

    9desde el suelo levanté la voz

y grité desde las puertas del Abismo,

    10 invoqué al Señor: Tú eres mi Padre,

tú tienes poder para salvarme,

no me abandones en el peligro,

a la hora del espanto y turbación;

    11alabaré siempre tu Nombre

y te llamaré en mi súplica.

El Señor escuchó mi voz, oyó mi súplica,

    12ame salvó de todo mal, me puso a salvo del peligro.

Por eso doy gracias y alabo

y bendigo el Nombre del Señor.

 

Segunda acción de gracias

 

    12bDen gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia;

den gracias al Dios de la alabanza,

porque es eterna su misericordia;

den gracias al guardián de Israel,

porque es eterna su misericordia;

den gracias al Creador del universo,

porque es eterna su misericordia;

den gracias al redentor de Israel,

porque es eterna su misericordia;

den gracias al que reúne a los dispersos de Israel,

porque es eterna su misericordia;

den gracias al que reconstruye su ciudad y santuario,

porque es eterna su misericordia;

den gracias al que hace rebrotar el poder de la casa de David,

porque es eterna su misericordia;

den gracias al que escoge un sacerdote entre los sadoquitas,

porque es eterna su misericordia;

den gracias al escudo de Abrahán,

porque es eterna su misericordia;

den gracias a la roca de Isaac,

porque es eterna su misericordia;

den gracias al paladín de Jacob,

porque es eterna su misericordia;

den gracias al que escoge a Sión,

porque es eterna su misericordia;

den gracias al Rey de reyes,

porque es eterna su misericordia;

acrecienta el poder de su pueblo, alabanza de todos sus fieles,

de Israel, su pueblo escogido. Aleluya.

 

Poema a la Sabiduría

(6,18-37)

 

      13Siendo joven, antes de extraviarme, deseé la sabiduría con toda el alma,

    14la he buscado desde mi juventud

y hasta la muerte la perseguiré.

    15Crecía como un racimo que madura,

y mi corazón gozaba con ella.

Yo seguí fielmente su camino,

porque desde joven la había aprendido;

    16en el poco tiempo que estuve escuchándola

adquirí mucho saber.

    17Someterme a ella fue un honor,

daré gracias al que me la enseñó.

    18Decidí hacer un buen negocio,

cuando lo alcance no me avergonzaré;

    19la deseé ardientemente

y no apartaré de ella mi rostro;

mi alma saboreó sus frutos,

y jamás me apartaré de ella;

mi mano abrió sus puertas:

contemplaré sus secretos.

    20 Mi alma la siguió desde el principio,

y la encontré en toda su pureza.

Con sus consejos adquirí prudencia

y no la abandonaré;

    21mis entrañas se conmovían al mirarla,

por eso la adquirí como posesión preciosa;

    22el Señor me concedió lo que pedían mis labios,

con mi lengua le daré gracias.

    23Ustedes, ignorantes, vengan a mí,

y habiten en mi escuela.

    24¿Hasta cuándo quieren privarse de todo esto

y seguir sufriendo esa terrible sed?

    25Abrí la boca para hablar de ella:

adquiéranla gratuitamente.

    26Pongan el cuello bajo su yugo

y acepten de buena gana su carga;

porque ella se acerca al que la busca

y el que se entrega, la encuentra.

    27Vean con sus propios ojos qué poco trabajé,

y qué gran descanso conseguí.

    28Escuchen todos lo que aprendí en mi juventud,

y así obtendrán plata y oro.

    29¡Alégrense en mi escuela!

¡No se avergüencen de mis enseñanzas!

    30Hagan sus obras con justicia

y el Señor los recompensará a su tiempo.

Bendito sea el Señor por siempre,

alabado sea su Nombre de edad en edad.

 

Hasta aquí las palabras de Simón, hijo de Jesús, apellidado hijo de Sirá.

Sabiduría de Simón, hijo de Jesús, hijo de Eleazar, hijo de Sirá.

Sea bendito el Nombre del Señor ahora y siempre.

 

 

El libro, su autor y fecha de composición. El título del libro y la firma del autor se encuentran en la parte final de la obra (57,27-29), como en el Eclesiastés. Bajo el título encontramos reunidos varios términos sapienciales: enseñanza, consejo, prudencia, sabiduría. El autor es «Simón, hijo de Jesús, hijo de Elea­zar, hijo de Sirá» (50,27), hombre culto y experimentado, conocedor, por sus viajes, de diversos pueblos y culturas.

El libro fue compuesto en hebreo hacia el año 197 a.C. para reafirmar a los judíos de la Diáspora en la fidelidad a la ley y a la tradición de sus mayores, frente a la influencia generalizada de la cultura helenista. El texto hebreo desapareció pronto, quizás por no ser considerado como canónico por una parte de la tradición judía. Desde finales del s. XIX hasta la fecha, sin embargo, han ido apareciendo en diversos lugares fragmentos sueltos del original hebreo que equivalen a dos tercios de la obra completa.

La traducción griega, hacia el año 132 a.C., se debió al nieto de Ben Sirá. El abuelo había escrito en una lengua hebrea más bien académica, según los módulos formales hebreos. El nieto traduce al griego, lengua culta de estructura y estilo bien diversos. Cuenta con el antecedente de otros libros traducidos al griego. Su aclaración parece tener un tono apologético frente a los clásicos de la literatura griega: quiere salvar el prestigio del abuelo y de la literatura de su pueblo.

La «Sabiduría de Ben Sirá», uno de los libros más extensos del Antiguo Testamento, fue aceptado como canónico por la tradición cristiana, y llegó a ser tan leído en la Iglesia antigua que recibió el título de «Eclesiástico».

 

Contenido del Eclesiástico. Con Jesús Ben Sirá llegamos a un ejercicio profesional del saber, practicado en una escuela. Según sus confesiones en el libro, el autor se ha dedicado al estudio, enseñanza y exposición de lo que era tradicionalmente la sabiduría, sensatez o prudencia. Mantiene como fuentes del saber la experiencia, la observación y la reflexión; al mismo tiempo subraya el valor de la tradición (30,25; 36,16) y la necesidad de la oración (39,5-8).

En su tiempo la sabiduría consistía en buena parte en el estudio y comentario de textos bíblicos, narrativos y legales. De ordinario no cita explícitamente el pasaje comentado, se contenta con aludirlo; supone, quizás, que sus discípulos lo conocen. Al final del libro ofrece un brevísimo resumen de historia, en forma de tratado de vidas ilustres.

El principio de su doctrina consiste en una correlación: lo su­premo de la sabiduría es el respeto o reverencia de Dios, y esto se traduce en el cumplimiento de la ley, sobre todo en lo que respecta a la justicia y misericordia para con los débiles y necesitados. Es en Israel donde esta sabiduría se ha hecho presente y operante.

Hombre tradicionalmente piadoso y humano, Ben Sirá, sabe inspirar la piedad y la confianza en Dios a sus oyentes. De todas formas, el horizonte en que se mueve su enseñanza no va más allá de la vida presente donde, según la doctrina tradicional de la retribución, Dios recompensará al que le permanece fiel y castigará a los descarriados.

 

 

 

 

 

 

PRÓLOGO

 

Muy pocos libros del Antiguo Testamento cuentan con una información tan explícita de la totalidad de la obra, tal como lo encontramos aquí. Estas líneas escritas por el traductor del libro del hebreo al griego, nos in­forma varias cosas importantes: 1. Los motivos que tuvo para escribirlo: para que los lectores aprendan y puedan ayudar a los de fuera. 2. El autor: mi abuelo Jesús. Este Jesús, según 50,27 es hijo de un tal Eleazar, hijo de Sirá, de Jerusalén. 3. Las fuentes que inspiraron al au­tor: La Ley, los Profetas y los restantes libros paternos. 4. Mo­ti­vos y destinatarios de la traducción al griego: ofrecer a los judíos de la dispersión la oportunidad de instruirse en las tradiciones de su pueblo, en una lengua que dominaban más que la de sus ancestros. 5. Con­texto del traductor y de la traducción: Egipto, año 132; finalización del trabajo de traducción, año 117 a.C.

 

1,1-21 Sabiduría y temor de Dios. Comienza el libro estableciendo el origen de la sabiduría y definiendo quién es el único sabio y el grado de sabiduría que puede alcanzar un ser humano. Observando todo cuanto hay en derredor, arriba en el cielo y abajo en la tierra y el conjunto armonioso de todo cuanto existe, el autor concluye que sólo Dios es sabio (8); y bien, por encima de todo, como primera criatura que es derramada sobre todas las demás criaturas, está la sabiduría, creada antes de los siglos (4). Los comentaristas relacionan este primer poema con Jn 1,1-18, pero aclarando que en Juan, Jesús sobrepasa con mucho la dignidad de la sabiduría por cuanto el Verbo eterno que estaba con Dios, es el mismo Dios. Los versículos 11-21 desarrollan el tema del «camino» hacia la sabiduría: el respeto al Señor; o el temor de Dios, idea que se repite en forma de estribillo a lo largo del poema. Si la verdadera sabiduría es el te­mor del Señor, este temor o respeto no es otra cosa que el reconocimiento humilde y consciente de que somos criaturas y que el único sabio y omnipotente es Dios, y que, por tanto, el proyecto humano no debe pretender igualarse a Dios, «autodivinizarse», porque ello sería el camino a la deshumanización, del cual está lleno la historia de todos los tiempos hasta nuestros días. Se desprende, entonces, que el verdadero sabio o, mejor, el ca­mino a la sabiduría, es todo lo que conduzca a la au­téntica humanización del hombre y la mujer. Dios no ne­cesita pequeños dioses en la tierra, necesita sí hombres y mujeres muy concientes y libres que sean capaces de instaurar el proyecto de Dios en el mundo, manteniendo el papel que a cada uno le corresponde; eso podemos decir que es respeto o temor del Señor.

 

1,22-27 Sabiduría y paciencia. El temple de los impulsos es una de las preocupaciones de quien quiere ser sabio y prudente. Por la experiencia práctica de cada día, sabemos que las reacciones impulsivas no tienen buen fin. El autor, combina el llamamiento a la paciencia y a la intervención en el momento oportuno con el cumplimiento de los mandatos del Señor. Para Ben Sirá la verdadera sabiduría consiste precisamente en conocer la Ley del Señor y cumplirla.

 

1,28-30 Sinceridad. En toda relación ya sea humana o religiosa, lo primero y más importante es la inte­gridad. Una auténtica relación con el prójimo nos capacita para una verdadera relación con Dios. El autor está convencido de que Dios mismo avergonzará públi­camente a quien se acerque a Él con dobles intenciones. Ahora, ¿cuál puede ser en la práctica la doblez del co­razón de la que nos habla Ben Sirá? Acercarnos a Dios con un corazón lleno de odio, de resentimientos, de egoísmo y de falta de compromiso con nuestros semejantes.

 

2,1-18 Paciencia, confianza y obediencia al Señor. Este capítulo podemos dividirlo en cuatro secciones: la primera (1-6), dirigida de manera personal al discípulo de sabiduría, «hijo mío» como un estilo de enseñanza personalizada, donde se instruye al discípulo sobre las pruebas que tiene que afrontar si quiere ser fiel al Señor. No hay que pensar que el seguimiento del Señor y el sufrimiento son una misma cosa, o que Dios «quiere» o «necesita» el dolor y la prueba de sus fieles, eso nunca. Lo que pasa es que quien se comprometa a seguir al Señor, a serle fiel, tiene que enfrentar los rechazos, la exclusión, el dolor propiciado por quienes no aman ni respetan a Dios o por quienes en este mundo se creen dioses, amos y señores de la vida. En ese caso no se puede mantener la fidelidad a Dios y a este tipo de personas, irremediablemente la conducta y las palabras del seguidor del Señor tienen que ser una denuncia viva de todo lo que se opone al querer de Dios y ahí viene la incomprensión, el rechazo, incluso la persecución. La segunda sección (7-11), dirigida en forma impersonal, a «los que respetan al Señor», es una voz de ánimo y de confianza en Dios. El autor está convencido de la misericordia y la benevolencia divinas. El respeto o temor de Dios, atrae grandes beneficios para el creyente: la jus­ticia de Dios, la misericordia y la paz. La tercera sección (12-14), es una amonestación o advertencia contra los de corazón cobarde y los pecadores. Quien no se define ante el Señor y sus mandatos está a un paso de dejarse llevar por la corriente de los que no aman ni respetan a Dios; el autor previene porque de ello hay que dar cuentas (14). La cuarta sección (15-17) define a los que temen y respetan al señor por medio de una serie de cualidades o virtudes: son obedientes, aman a Dios, procuran complacerle, cumplen su Ley, tienen el corazón siempre dispuesto –disponibilidad– y, finalmente, son humildes delante del Señor. El versículo 18 invita a todos en general a servir a Dios más que a cualquier humano porque sólo Dios es misericordioso.

 

3,1-16 Honrar padre y madre. Ben Sirá tiene en mente Éx 20,12 y Dt 5,16 donde se manda expresamente honrar al padre y a la madre. En una sociedad que daba tanta importancia a la estructura de la familia, era apenas obvio que reclamara respeto y veneración por quienes en cierto modo representan y sustentan en el mundo el orden y la autoridad divina, los padres. La familia como estructura era el primer núcleo humano donde se reflejaba la estructura social dominante; si se trataba de una sociedad tribal, como en la época de los jueces, la familia era la célula de la tribu, donde tanto padres como hijos, sin confundir sus roles obviamente, participaban de la vida económica y social en igualdad de derechos y deberes, esto en solidaridad; si, por el contrario, se trata de una sociedad monárquica como la que se configuró a partir de David y que cada vez se va volviendo más rígida y tirana como la que conoce Jesús de Nazaret, la familia igualmente es el reflejo de la monarquía, era una micro-monarquía: el padre es el primero en el orden piramidal; tal como es concebido Dios respecto al mundo y el rey respecto a la nación (sociedad); junto al padre está la madre a quien hay que venerar y respetar, mas no porque se trate de una mujer, sino porque posee una prelación que le viene por ser compañera del varón; luego están los hijos, completamente sometidos al orden social, en la familia a sus padres; en la sociedad, al rey y a sus lugartenientes. Este tipo de orden familiar o de estructura de familia es el que hay que abandonar, según Jesús de Nazaret, si se quiere ser verdadero discípulo suyo; la primera tarea del reino es, entonces, derribar ese tipo de estructura familiar; «quien no deja padre y madre…» (Lc 14,26), no significa literalmente que haya que despreciar a papá, mamá y hermanos; es a la estructura familiar, soporte por generaciones de un orden social, económico y religioso contrario al querer de Dios y obstáculo definitivo para la instauración del reino.

 

3,17-29 Humildad. Una de las virtudes que más debe caracterizar al hombre es la humildad, que bien puede entenderse como el procurar no ponerse por encima de los demás, no sentirse ni más grande ni mejor que los otros. Dos ventajas o beneficios atrae la humildad: el amor de los demás y la compasión y la misericordia de Dios, aparte de que es a los humildes a quienes Dios revela sus designios (20; cfr. Lc 10,21). La virtud de la humildad debe ser una de las preocupaciones del sabio; cuanto más sabio se es, más conciencia debe haber de lo lejos que se está de la máxima sabiduría. Los versículos 22-29, dedicados al hombre intelectual responden a la arrogancia de quienes creían tener gran dominio de la ciencia y del conocimiento en una época en la que el pensamiento griego hacía creer que la sabiduría era conocer muchas cosas, dominar muchas materias. Para la corriente sapiencial en Israel, la sabiduría está en temer a Dios, cumpliendo sus mandatos y en saber vivir bien.

 

3,30–4,10 Limosna. La práctica de dar limosna era un elemento importante de la piedad judía; ya desde mucho antes de la época de Ben Sirá había surgido la convicción de que la limosna era una forma de expiar los pecados, la cual se completa posteriormente con la observación de que además ampliaba el círculo de amigos. Para la época del Nuevo Testamento, muchos fariseos practicaban la limosna de una forma pública llamando la atención de la gente con el fin de ganar simpatía y hacerse admirar. Jesús corrige esta actitud y sugiere a sus discípulos que lo hagan de tal forma que «la mano izquierda no se entere de lo que hace la derecha» (Mt 6,3). Ni con el fin de expiar los pecados, ni para aparentar ante los otros se debe compartir lo que se tiene; es pura cuestión de justicia, y ello se debe hacer con la convicción de que en el plan de Dios no existe esta diferenciación entre los ricos y desposeídos. El cristiano consciente y comprometido con la causa del Evangelio, debe buscar la manera de instaurar una práctica social que lleve a la abolición de la indigencia y, por tanto, de las raíces estructurales de la injusticia.

 

4,11-19 Habla la Sabiduría. El convincente discurso de la Sabiduría que se autorrevela como auténtico camino de realización humana, subraya los beneficios prácticos para quien le sigue: sensatez, instrucción, vida, alegría y bendición del Señor. No quedará defraudado quien la busca sinceramente y pone en práctica sus exigencias; de todo aquel que la busca se deja encontrar y «disimulada», caminará con él. No está exento de pruebas y dificultades quien la va alcanzando, pero ahí está justamente la posibilidad de crecimiento del sabio, en la perseverancia. Despreciarla es autocastigarse, pues queda privado de los beneficios que ella trae consigo.

 

4,20-31 Timidez. Este segmento contiene varias en­se­ñanzas prácticas para la vida, el que busca sabiduría la debe ir adquiriendo y aplicando en su vida corriente: au­tenticidad de vida, seguridad en sí mismo, sin arrogancia ni soberbia; considerarse el más pequeño delante de Dios y mantener viva la conciencia de la propia pequeñez; reconocer con humildad y valentía los propios defectos; mantener esta autenticidad de vida personal en las relaciones con los demás y, sobre todo, tener conciencia de que lo que más nos acerca a Dios es la lucha por la justicia; finalmente, tener la actitud de recibir, pero también de dar.

 

5,1-8 Contra las falsas seguridades. Encontramos una prevención para no caer en el error de confiar tanto en la riqueza y en los bienes al punto de darles más valor que a Dios y de sentirse más seguros en ellos que con Dios mismo. La absolutización de la riqueza y de los bienes materiales trae como consecuencia la relativización de Dios y, por tanto, de todo lo inherente a las relaciones con Él: su perdón, su misericordia, su acompañamiento, su guía. Una vida que tiene su seguridad en la riqueza está destinada a la perdición y peor aún si dicha riqueza ha sido adquirida de manera injusta.

 

5,9–6,1 Sobre el hablar. Otra de las enseñanzas de la sabiduría basada en la simple observación, es la discreción en las relaciones interpersonales. Una lengua sin control causa más mal que bien, pues por lo general quien es pronto para hablar, es lento en la reflexión y el discernimiento. El llamado es, entonces, a reflexionar primero, a discernir cada situación para hablar luego de lo que conviene. En nuestro pueblo es común el refrán «piensa para hablar, no hables para pensar».

 

6,2-4 La pasión. Invitación al control de sí mismo. Uno de los atributos propios del ser humano son sus pasiones, sus apetitos, sus impulsos; dejarse dominar por ellos es ir perdiendo calidad de vida e ir perdiendo también el sentido mismo de la vida y por aquí se camina con gran facilidad a la degeneración de las justas relaciones con Dios y con los demás. El llamado aquí es pues, al equilibrio y la sobriedad en nuestros actos.

 

6,5-17 Amigos. Al autor no le interesa el discurso teóri­co sobre la amistad, ni siquiera se detiene para definirla ni para especificar si es necesaria o no. Basado siempre en la observación directa y en la propia experiencia, el autor da unos consejos para saber elegir muy bien al amigo; no todos los que nos sonríen o se sientan a nuestra mesa son amigos de verdad; podemos tener muy bue­nas relaciones con muchas personas, pero, aconseja Ben Sirá, no confiar sino en uno: «sea uno tu confidente». Los momentos críticos y difíciles de la vida, cuando so­brevienen la desgracia y las contrariedades, son la me­jor ocasión para establecer quién es de verdad el amigo bue­no, el amigo fiel: aquel que no nos da la espalda y que incluso asume como suya propia nuestra situación; ése es el verdadero amigo, y es comparado con un refugio seguro, con un tesoro que no tiene precio ni se puede pagar por su valor.

 

6,18-37 La sabiduría. Esta sección se puede dividir en tres unidades, todas tienen como factor común la invitación a alcanzar sabiduría. La primera unidad (18-23) indica que la sabiduría, si se cultiva desde la juventud, asegura una vejez sensata, el que va alcanzando sabiduría se alimenta de ella como el campesino se alimenta de lo que plantan sus manos; esto implica disciplina. La segunda unidad (24-31) presenta la sabiduría como algo a lo que uno se somete libremente para ser cada día más libre; ella es yugo suave y carga ligera; así es como presenta también Jesús de Nazaret su propuesta de vida (cfr. Mt 11,30). Y la tercera unidad (32-37) invita a buscar esa sabiduría entre los mayores; era una convicción, como sigue siendo en la mayoría de nuestras comunidades, que los ancianos del grupo son los primeros maestros de sabiduría por cuanto ellos tienen detrás de sí un camino de vida ya recorrido, lleno de experiencias y de situaciones ya superadas. Pero de los ancianos no se aprende todo; según Ben Sirá, la sabiduría que se adquiere de un anciano sensato hay que completarla con el estudio y con la reflexión constante de la Ley de Dios. Hay que decir que para Ben Sirá, la verdadera sabiduría está en la Torá o Ley de Dios. Para él la Torá no conduce a la sabiduría, es la sabiduría.

 

7,1-21 Proverbios varios: serie negativa. Esta serie de proverbios que comienza con una negación, invita a una vida sencilla, sin complicaciones, ya que así debe ser la vida del sabio. No encontramos aquí ninguna or­ganización temática, pero sí podríamos resaltar algunas ideas que apuntan a ese estilo de vida sencillo que todo hombre debería perseguir: evitar el mal y la injusticia (1-3); no pedirle a Dios cargos de honor (4-7); contar siempre con la paciencia y misericordia de Dios (8s); no complicar la vida al prójimo atribulándolo o tramando violencia contra él (10-14); dignificar el trabajo (15); tener confianza y seguridad en Dios y en su respuesta (17); integridad en la relación con los demás, transparencia y lealtad al amigo, a la mujer sensata y al buen siervo (18-21).

 

7,22-36 Serie positiva. En esta sección encontramos prácticamente todo lo que formaba parte del universo del hombre de finales del Antiguo Testamento; Ben Sirá invita a que la relación personal con cada elemento de ese mundo sea algo auténtico y que sirva realmente de provecho y de crecimiento para el individuo; se menciona por tanto lo que un hombre poseía: ganados, hi­jos, hijas, mujer, padres y prójimo en general, sacerdotes y Dios. Con cada una de estas realidades, la persona debía fijar una relación de responsabilidad: conservando el ganado (22); educando a los hijos y buscándoles mu­jer (23) lo cual era absolutamente normal, el matrimonio de los hijos lo arreglaban sus padres; cuidando del cuerpo de sus hijas y casarlas bien; se entiende aquí que ha­bía que cuidar la integridad física de las hijas y en especial su virginidad para poder conseguirles un buen marido y, por tanto, una buena dote (24s); amando y respetando a la mujer amada, pero llegando al caso, también era lícito repudiarla (26), lo cual era una facultad exclusiva del varón; amando, respetando y venerando a los padres y auxiliándolos en sus dificultades (28s.32); siendo generoso y respetuoso con los sacerdotes (29-31) co­mo signo de amor y respeto a Dios (30s); siendo bondadoso y generoso para con los vivos (prójimo) en general (33-35) y siendo piadoso con los difuntos (33b). En definitiva, la motivación para este recto obrar, además del te­mor y el respeto a Dios, es el pensamiento sobre el «de­senlace final». Es probable que ya se estuviera co­menzando a perfilar el concepto sobre el «juicio final» que ya para la época del Nuevo Testamento encontramos más desarrollado y que nos describe Mateo en 25, 31-46, aunque hay quienes afirman que podría tratarse tam­bién de un concepto de «desenlace» no necesariamente escatológico, sino más bien en relación con la re­putación o buena fama que pervive después de la muerte de un ciudadano que haya actuado de esta manera.

 

8,1-7 Cautela en la relación con los demás. Un distintivo del hombre sabio es la cautela y la prudencia en sus relaciones con los demás. Una buena relación atrae beneficios, pero una mala relación puede perjudicar al hombre que no es cuidadoso; así, meterse en pleitos con un poderoso o con un rico, podría ser fatal; detenerse con un malhablado, es perder el tiempo, así como menospreciar a un anciano o un moribundo, si bien no trae perjuicios materiales, sí atrae el daño moral a la imagen o reputación del sabio.

 

8,8s Aprender de los mayores. Es la práctica más antigua del aprendizaje y del adoctrinamiento. La convicción es que los ancianos de la comunidad «escucharon a sus padres» es decir, son el patrimonio oral vivo de la comunidad, por tanto son ellos los que de viva voz nos enseñan lo que debemos saber para vivir bien.

 

8,10-19 Trato con los hombres. Retoma el tema de la necesaria cautela y de la prudencia que hay que tener en las relaciones con los demás. No hay que actuar de manera apresurada; primero hay que establecer el tipo de persona que se tiene al frente y sopesar el beneficio o el perjuicio que puede causar una relación con esa persona. Se trata de criterios muy prácticos casi siempre basados en el principio de ventaja/desventaja o beneficio/perjuicio; sin embargo, nótese que no se habla de ventajas o beneficios económicos o materiales, sino de posibilidades de complicarse la vida o de hacerla un poco más feliz y llevadera, según la clase de personas que nos rodean y según las relaciones que se establezcan con ellas.

 

9,1-9 Trato con las mujeres. Casi nunca sale bien librada la mujer en la Biblia a no ser que se trate de aquellos pasajes evangélicos donde Jesús aparece como el gran innovador de las relaciones con la mujer. Es obvio que una sociedad patriarcal como la que está detrás de cada escrito y de cada concepto bíblico, sólo pueda producir una visión negativa sobre la mujer. Por lo que se desprende de este pasaje, el joven que aspira a formarse como hombre de bien y más específicamente como hombre sabio, en las relaciones con la mujer debe ser mucho más cauteloso que en cualquier otro tipo de relación. En nuestro contexto actual no hay que hacer tanto énfasis en los «riesgos» que se corren tratando cierto tipo de mujeres, sino más bien educar a los niños y niñas en el respeto mutuo, hacerlos crecer con la conciencia de la igualdad de derechos y responsabilidades y, sobre todo, formar desde muy temprano la conciencia de aquella dignidad que tanto él como ella tienen delante de Dios y de los hombres.

 

9,10 Amigo de mucho tiempo. Un consejo de gran practicidad, no hay que hacer a un lado a los viejos amigos sólo porque en un determinado momento nos ro­dean otros nuevos. Estos nuevos, recomienda Ben Sirá, deben ser aquilatados por el tiempo, así como al vino nuevo hay que dejarlo añejar para degustarlo mejor, también la amistad debe darse su tiempo para llegar a comprender si es conveniente o no hacerse amigo de alguien. Podría sonar este consejo a una manera calculadora de entender las relaciones interpersonales; sin embargo, no está del todo desenfocado, la experiencia de la vida nos enseña que no todo el que nos sonríe ni nos toca el hombro, es nuestro amigo. Ya la sabiduría de nuestra gente también nos advierte, «ojos se ven, corazones no», o este otro, «más vale viejo conocido que nuevo por conocer». En todo caso, lo que aquí se subraya es el sentido de la prudencia y de la sana libertad a la hora de elegir a nuestros amigos.

 

9,11-16 Sobre las relaciones con los demás. Aun­que es muy válido estar atentos a la calidad de personas que conforman nuestro entorno social, siempre tendremos libertad para elegir a nuestros amigos, no es ya cristiano excluir a nadie de nuestro entorno, y si bien consideramos que alguien por su forma de ser, de pensar o de actuar no se ajusta a nuestros moldes sociales de pensamiento, ahí tenemos el gran desafío de confrontarlo evangélicamente, de hacerlo entrar en razón no con mu­cho discurso, sino con nuestro estilo de vida, jamás excluir ni condenar, actuar siempre como Jesús que acogió a todos sin excepción porque así es también el Pa­dre, «a todos nos ama por igual sin hacer distinción de personas» (Hch 10,34s).

 

9,17–10,5 Gobernantes. La parte final de este fragmento (10,4s) nos da la clave para entender la primera parte (9,17–10,3): el gobierno de la ciudad y del Estado debe hacerse con la paciencia y la destreza que usa el artesano para moldear su obra; el buen artesano produce obras hermosas, lo mismo el buen gobernante, su na­ción es un modelo de sociedad digna y justa; pero en definitiva, esto no es más que el reflejo de lo que es Dios, el Gran Artesano que sabiamente ha modelado el mundo y sabiamente lo gobierna.

 

10,6-18 Soberbia. En conexión con la idea del mal que nunca se debe hacer al prójimo, el autor desarrolla aquí el tema de la soberbia o el orgullo, actitudes humanas que, según Ben Sirá, son un «delito de opresión» tanto para Dios como para los seres humanos. La raíz del orgullo o la soberbia podrían estar en el distanciamiento de Dios, de los demás hombres y de sí mismo; se podría decir, entonces, que es un estado de enajenación cuando a causa de esa pérdida del sentido del justo equilibrio de la vida, se oprime a los demás como si fueran seres inferiores. El autor resalta lo que es el ser humano en realidad: un ser que al final de todo se convierte en polvo y ceniza, sea quien sea; luego no hay que pretender estar por encima de nadie y mucho menos sentirse superior a Dios. Cuando se cae en esta actitud, la persona es comparable a un foso de insolencia o a una fuente que mana planes perversos (13); a ése, Dios lo derriba para levantar al oprimido.

 

10,19-31 Valor del hombre. El honor y la vergüenza son los dos extremos en los que se jugaba la vida del hombre antiguo. Generalmente el honor estaba en relación directa con el poder y la riqueza, y en definitiva con la posición social; así que cuanta más riqueza, cuanto más cerca del poder se estuviera y cuanto más alto se estaba en la escala social, más honrada y honorada era una persona, a ese extremo había que tender; pero muchos, entonces, en una sociedad tan injusta como la que refleja la obra de Ben Sirá, estarían en el otro extremo, en la vergüenza a causa de su pobreza, de su carencia de poder y, por supuesto, a causa de su bajo estrato social. Ben Sirá enseña que hay otra medida distinta para establecer estas posiciones: el respeto al Señor, lo cual es en definitiva la acogida al plan de Dios y el po­nerse al servicio de ese plan cumpliendo los preceptos del Señor. Jesús de Nazaret es mucho más claro y establece como criterio para sentirse mayor, importante o más grande en el reino, hacerse el más pequeño y el servidor de todos. De manera que pese a que en nuestra sociedad la competencia por el poder, por el prestigio y por el honor preocupa a tantos desgastando en ello sus vidas y oprimiendo a los demás, nosotros tenemos ya un criterio, el mismo que insinúa Ben Sirá y que Jesús completa con su enseñanza y ejemplo de vida.

 

11,1-28 Apariencias y juicio de Dios. En conexión con el tema anterior, los versículos 1-6 continúan de­sarrollando el tema del motivo del verdadero honor, el cual ya no debe proceder de la riqueza y el poder ni de la posición social, sino del respeto al Señor y sus mandatos. Los versículos 8-28 desarrollan varios temas: 1. Dios es la fuente de la verdadera riqueza y Él la da a quien quiere, por eso no es aconsejable desgastar la vida buscándola (10-13). 2. Dios es el origen de todo (14-17), era la forma antigua de concebir la realidad; desafortunadamente todavía muchos cristianos están convencidos de que así es, y para completar, en muchas predicaciones se refrenda esta forma de pensar; es necesario ayudar a purificar la conciencia del creyente erradicando ese concepto ambiguo de Dios, que a la vez que lo señala como responsable último del mal, de la injusticia y de la muerte, nos exime a nosotros del compromiso efectivo y necesario por erradicar el mal y la injusticia. Aquí está la raíz de esa aceptación pasiva de la injusticia y la opresión que ciertamente ni proceden de Dios, ni forman parte de su proyecto para el mundo y para el hombre y que nosotros aceptamos como si así fuera. 3. No hay que poner la seguridad y la confianza en la riqueza puesto que aunque toda la vida y los esfuerzos se hayan empeñado en conseguirla, todo termina con la muerte (18s). 4. Ocuparse del presente, centrarse en su propio oficio y no admirar a los malhechores, pues el Señor se ocupa de los justos y de los que le son fieles (20-26).

 

11,29-34 Cautela con el desconocido. He aquí una enseñanza basada en la observación y en la experiencia de la vida: no admitir en casa a un extraño. El sabio no debe permitir que personas extrañas invadan su hogar, pues podría tratarse de alguien que termine sembrando la discordia y la contradicción entre los miembros de la familia. Contrasta esta enseñanza con la legendaria hospitalidad del hombre oriental. Con todo, hay que recordar que la época de Ben Sirá está muy marcada por un fuerte tráfico humano, hay mucha afluencia de extranjeros que llevan y traen noticias, pareceres y conceptos nuevos, unos muy buenos, pero otros muy ambiguos que podrían desestabilizar en cualquier momento el modo de ser y de pensar de los miembros más tradicionalistas del pueblo judío.

 

12,1-7 Cautela en favorecer. Contrasta esta enseñanza con la de Jesús de Nazaret, «haz el bien y no mires a quién» o «no repartas tus bienes entre los que te pueden devolver…»; se ve que los parámetros que traza Ben Sirá, predicados en un cierto ambiente social, responden más a una finalidad de reciprocidad, te doy para que me des; Jesús va más allá; mucho más interesado por la práctica de una verdadera justicia, propone salirse de lo «normal», de lo establecido, y compartir genero­samente sin esperar nada a cambio. Para Jesús, la di­námi­ca del reino que pretende instaurar tiene que ser totalmente distinta a lo que la injusticia ha impuesto hasta el presente.

 

12,8-18 El enemigo. Otro contraste entre Ben Sirá y el ideal propuesto por Jesús de amar a los enemigos y de bendecir a quienes nos maldicen (cfr. Mt 5,43-48; Lc 6,27-36). Ante todo debe primar el amor y la misericordia con todos.

 

13,1-7 Trato con el rico. Según Ben Sirá, hay una incompatibilidad natural entre el rico y el pobre. Las dos imágenes que utiliza para ilustrar este punto de vista son muy sugerentes: «quien toca la brea se le pega la mano» (1), y el cacharro de hierro que no debe juntarse con la olla de barro (2). La cuestión es, entonces, que hay que evitar la compañía del rico para no terminar siendo víctima de su explotación y, por tanto, humillado por él. A la luz del Evangelio, esta advertencia no vale tanto para los empobrecidos cuanto para los ricos, para los que han amasado su fortuna con la sangre del humilde y del desposeído; si ellos no renuncian a sus riquezas, no tendrán lugar en el reino de los cielos; y a la luz de la moderna concepción socio-antropológica de la realidad habría que agregar que si no se comprometen también ellos en la lucha real y efectiva contra las estructuras que generan la injusticia, no entrarán en el reino de los cielos.

 

13,8-13 Trato con el noble. Otro binomio que forma parte de este dualismo tan amado por el mundo griego antiguo y que también es tema de las enseñanzas de Ben Sirá, es el noble y el humilde (de origen humilde), la recomendación que debe seguir el sabio es el trato distante, no involucrarse con el noble, pero tampoco ha­cerse antipático; en todo caso, lo mejor es guardar prudentemente las distancias.

 

13,15-24 Ricos y pobres. Una vez más el tema de aquella incompatibilidad entre el rico y el pobre. En to­dos los casos el pobre es el peor librado, parece como si ser pobre fuera ciertamente una maldición; ¿cómo ha­bría que entender entonces la bienaventuranza de los pobres? ¿Cuándo y cómo ellos serán dichosos? ¿Cuándo su dignidad será respetada y su voz escuchada? Cuando se den dos condiciones necesarias e imprescindibles: 1. Cuando el rico asuma que su actitud es dañina para sí mismo porque en el fondo se ha hecho esclavo del dios dinero, del tener y del dominar, y dañina para los otros porque los convierte en objetos que le producen enriquecimiento. 2. Cuando el pobre asuma que su condición no es exactamente la que Dios quiere, que su em­pobrecimiento no es dignificante y que por tanto tiene que ponerse en camino de construir una sociedad más solidaria que genere denuncia y lucha contra las es­tructuras injustas; pero en solidaridad, generando re­sistencia contra la injusticia personal y estructural. Ahí sí comienzan a hacerse realidad las palabras de Jesús, porque así sí se va descubriendo que en ese proceso de re­sistencia y de lucha está realmente la presencia de Dios y que su proyecto va tomando forma.

 

13,25–14,2 La conciencia. Una de las preocupaciones del sabio es el equilibrio entre su mundo interior y su apariencia externa; eso lo podríamos llamar integridad. Una persona íntegra refleja en sus gestos externos sus sentimientos más íntimos, y esto no es tanto una virtud estrictamente religiosa, es más bien el esfuerzo por mantener una adecuada salud mental; quiera que no, la «psique» de un individuo se tiene que ir debilitando cuando vive en esa dicotomía, aparentar externamente lo que en su interior es totalmente diferente; así que en esto también es sabio Ben Sirá, vale la pena luchar por la autenticidad e integridad de la personalidad.

 

14,3-19 Tacaño y generoso. Para Ben Sirá hay dos clases de actitudes respecto al dinero y, en general respecto a los bienes materiales: la avaricia o tacañería y la generosidad o el desprendimiento. Por simple observación, el tacaño no se sirve ni siquiera a sí mismo y por tanto, no pude servir a los demás; su vida gira en torno a la obsesión de acumular, de tener, pero para un triste final: todo quedará en manos de quienes no hicieron nada para atesorar. El consejo de Ben Sirá es, entonces, la práctica de la generosidad: en primer lugar, ser generoso con Dios (11), ayudando a los demás (13.16a) y, obviamente, ser generoso disfrutando y gozando de los bienes (11.14.16b). La idea que subyace en este consejo es que lo que adquirimos en esta vida, es para disfrutarlo en esta vida, pues después de muertos ya no hay que buscar placeres en el Abismo; como quien dice, tanto los bienes como las personas terminan con la muerte. Nótese que las buenas obras que pueden hacerse con el dinero no tienen todavía la motivación que presentan en el Nuevo Testamento donde se enseña ya a ser generoso con los bienes para así «acumular un tesoro en el cielo donde no hay polilla ni gusano… » (cfr. Mt 6,20).

 

14,20–15,10 La sabiduría. Esta sección esta conformada por dos unidades bien diferenciadas. La primera (14,20-27) describe al hombre prudente que sale en busca de la sabiduría, la imagen es la de un cazador que con toda paciencia espía, sigue huellas, acampa, tiende redes hasta alcanzar su objetivo. Este hombre es declarado dichoso, bienaventurado (14,20); la segunda (15,1-10) describe las ventajas y bondades que trae consigo buscar y hallar la sabiduría. Lo primero es que se adquiere conocimiento y capacidad para practicar la Ley del Señor; ésa es la base fundamental sobre la cual se perciben los frutos y beneficios de la sabiduría. Mediante las imágenes de la nutrición y del alimento, la sabiduría, personificada en una generosa mujer, da pan y bebida a quien la busca. Este comportamiento de la sabiduría está dirigido sólo a quienes la buscan y sinceramente se afanan en encontrarla; ella no tiene parte con los hombres falsos, ni con los arrogantes ni con los cínicos, ni con los embusteros ni con los malvados, pues al final de cuentas, ellos son la antítesis del hombre que quiere ser sabio y, en definitiva, de la misma sabiduría.

 

15,11-20 Origen del pecado. Se desarrolla aquí el tema de la libertad personal para elegir el bien o el mal, la vida o la muerte (cfr. Dt 30,15-20); el pecado, el mal y todos los demás antivalores existentes en el mundo, no son obra de Dios ni corresponden a su designio sobre el mundo. En una etapa histórica del pueblo judío, muy rica en producción teológica, ya se había abordado este tema de la supuesta responsabilidad de Dios respecto al mal y el dolor del pueblo; fue después del exilio cuando las duras circunstancias vividas por los israelitas llevaron a replantearse su fe, su identidad y sobre todo, profundizar cuál podría ser el verdadero propósito de Dios con el hombre y con el mundo. De allí surgieron, por ejemplo, los once primeros capítulos del Génesis que a través de diferentes imágenes, cargadas todas de un extraor­dinario simbolismo, dan cuenta de cómo Dios todo lo creó bueno, conforme a un plan armónico y justo, y cómo el hombre, el único entre todas las criaturas dotado de libertad, fue trastocando el plan original de Dios hasta convertirlo en todo lo contrario al querer divino. De manera que ya no hay ningún argumento para creer y menos aún para predicar, que de Dios pueda provenir también el mal y el pecado.

 

16,1-16 Dios castiga. En la época del Antiguo Testa­mento, todo el mundo aspiraba a tener una prole numerosa. Ser padre y madre de muchos hijos era un signo de bendición divina; con todo, en los versículos 1-4 Ben Sirá advierte que lo importante no es la cantidad de hijos, sino la calidad de esos hijos, «más vale uno que mil», «más vale morir estéril que tener descendientes arrogantes» (3). El criterio es el cumplimiento del deber que, en la mentalidad del autor, es lo mismo que amar y respetar al Señor y demostrarlo cumpliendo sus preceptos. Los versículos 5-16 son como una demostración de lo expuesto al inicio, con testimonios de su propio tiempo («lo que han visto mis ojos») y con argumentos históricos («lo que ha escuchado mi oído»). Ben Sirá hace ver cómo, distintos grupos del pasado se entregaron al mal, se rebelaron contra Dios y por eso fueron juzgados, porque Dios juzga a cada uno según sus acciones. En el fondo pues, lo que quiere enseñar el autor es que los padres actuales no se deben preocupar tanto de engendrar muchos hijos, sino de formar bien, por el camino recto a su generación aunque sea poca, pero que no repitan las mismas acciones de los antepasados.

 

16,17-23 Dios ve. Este fragmento parece responder a alguna situación generalizada en la que tal vez estaban cayendo mucho los israelitas de la época, quizás in­fluenciados por ciertos conceptos sobre Dios, el hombre y el mundo, introducidos por el pensamiento griego. La enseñanza es que no hay que hacer el bien o el mal sólo porque Dios me ve o no me ve; hay que actuar bien, rectamente porque ésa es la vocación humana, la búsqueda del bien; el mal no «perjudica» a Dios, me perjudica a mí y a mi prójimo; y en cuanto al juicio de mis acciones, no hay que esperarlo directamente de Dios, primero está el de mi propia conciencia y el de ese próji­mo que ha salido beneficiado o perjudicado con mis actos. Sólo entonces, sabremos cuál podrá ser el juicio de Dios, ¡no hay que adivinarlo!

 

16,24–17,14 Dios Creador. Meditación sobre la crea­ción: astros, animales, plantas, el primer hombre, la primera pareja, el pueblo, todo lo creó Dios con un or­den y en armonía para que cada cosa cumpla su función y así es; en la naturaleza todo tiene una función y no se sale de ella; pero en el caso del hombre, la obra creadora de Dios introdujo elementos que están ausentes del resto de las criaturas: al hombre le dio dominio sobre la tierra; lo revistió de poder como el suyo; lo hizo a su propia imagen; lo dotó de inteligencia y sabiduría; lo hizo capaz de admirar el resto de la creación y de alabar el santo Nombre; le enseñó el bien y el mal, y cuando ya el hombre en asociación con otros formó un pueblo, les dio en herencia la Ley e hizo con ellos una alianza eterna. El versículo 14 sintetiza toda la Ley y los preceptos que exige el Señor: abstenerse de la idolatría y cumplir los preceptos acerca del prójimo. La pregunta que queda en el aire es, ¿cómo ha respondido el hombre, desde la antigüedad hasta hoy, a este plan maravilloso del Creador?

 

17,15-23 Dios retribuye. Todas las maravillas, la ar­monía de la creación y las dotes especiales que Dios dio al ser humano y la posterior respuesta que dio el ser hu­­mano a Dios, queda plasmado en estos versículos; el hombre no ha sabido responder en fidelidad y sabiduría al proyecto divino, y sin embargo, Dios está dispuesto siempre a perdonarlo y a darle siempre una nueva oportunidad.

 

17,24-29 Arrepentimiento. Dios no desoye ni abandona a ninguno de sus hijos e hijas que se arrepienten; el motivo: Él es misericordioso y su perdón es grande para quienes vuelven a Él. El arrepentimiento implica varias cosas: abandonar el pecado, la injusticia, detestar la idolatría y suplicar al Señor. La finalidad del arrepentimiento es alabar al Señor aquí en vida, porque, según la mentalidad de Ben Sirá, en el abismo ya nadie le alaba. Todavía, como puede verse, no hay una perspectiva de vida después de la muerte, el hombre termina íntegramente en ella.

 

17,30–18,14 Dios comprende y perdona. Esta con­statación que hace Ben Sirá aunque aparentemente es tan obvia, no deja de ser importante: el hombre no es como Dios; Dios es el único grande y sin tacha, en su po­der todo fue creado y todo se mantiene en Él. Por el contrario, el hombre es finito, sus días están contados, en cualquier momento puede caer y perderse completamente; todo esto lo comprende Dios y por eso no va­cila un instante para acoger y perdonar a todo el que se vuelve a Él. Ahora, ¿se puede decir lo mismo del hombre? ¿Habrá comprendido el hombre que no es Dios? Parece que no siempre. Tantos períodos azarosos en la his­toria de la humanidad hasta el presente, marcados por la injusticia, el poder de dominio y la opresión política, económica y religiosa, dejan ver que aún no se asume que el hombre no es Dios. No hay nada más opresor y alienante que el dominio y la autoridad de quienes se creen dioses, ya sean dirigentes políticos y religiosos, pues son personas deshumanizadas que arrastran a multitudes a la deshumanización haciéndoles perder el sentido de la justa dimensión de las cosas. En pocas palabras, no hay peor autoridad que aquella que algunos pretenden ejercer en nombre de Dios.

 

18,15-18 Dar con amor. Cuando las obras de caridad, llamadas en la teología tradicional, obras de misericordia, se cumplen por cumplir o por obligación o por aparentar, resultan deshonrosas y humillantes; ante todo debe primar el recto sentido de la misericordia y el criterio de la justicia.

 

18,19-29 Prevenir. Una instrucción muy práctica para la vida, para que ésta sea más descomplicada y para que nada nos tome por sorpresa: saber prever las cosas, y esto se logra mediante la reflexión y la observación constante de la realidad que nos rodea; esto también es signo de sabiduría.

18,30–19,3 Dominarse. La falta de autocontrol trae consecuencias muy negativas. El autocontrol, según Ben Sirá es necesario especialmente respecto de aquellos ape­titos que de seguirlos, arruinan nuestra vida socio-eco­nómica: los lujos, los apetitos sexuales, la comida y la be­bida. Hoy más que nunca conviene estar muy atentos res­pecto a estos mismos impulsos y apetitos pues con el actual desarrollo de la sociedad de consumo y su principal vehículo que son los medios masivos de comunicación, llevan a personas de toda condición social al con­­sumo desmedido y a crearse un tal cúmulo de ne­ce­sidades que poco a poco los va arruinando, lo cual obliga en la mayoría de los casos a relegar a otros niveles asuntos tan prioritarios como la salud, la educación, la vivienda…

 

19,4-19 Callar y hablar. Otra norma o enseñanza práctica para vivir bien: no creer todo a la ligera y, me­nos aún, precipitarse a comunicar a otros lo que se ha escuchado de otras personas. ¿Cuántos conflictos no se pueden evitar controlando la ligereza de la lengua? Si algo escuchamos de alguien cercano a nosotros o de nuestro prójimo, lo más práctico es confrontarlo a solas, es más constructivo y pedagógico para ambas partes; en cierto modo concuerda con la corrección fraterna que propone Jesús a sus discípulos (cfr. Mt 18,15-18).

 

19,20-30 Sabiduría y temor de Dios. La síntesis de la sabiduría es respetar al Señor, y el genuinamente sabio es aquel que cumple y pone en práctica la Ley del Señor. Con esto, Ben Sirá establece una enorme diferencia en­tre la sabiduría que él practica y enseña y la que comúnmente se llamaría también sabiduría, pero que en el fondo es sagacidad o inteligencia común. Puede ser que el sagaz o inteligente esté muy lejos entonces de la sabiduría que proviene del respeto al Señor y del cumplimiento de sus preceptos. ¿Cómo distinguir al sabio del sagaz o inteligente? Ben Sirá da unas pistas que de todos mo­dos no hay que tomar al pie de la letra: por su manera de vestir, de reír, de andar. Y no hay que tomar esto al pie de la letra porque nadie está autorizado para juzgar a nadie por su apariencia externa; es sólo en el trato, en la comunicación y el diálogo como podemos hacernos una idea, y eso aproximada, de lo que alguien es, y ni aun así, tenemos derecho a juzgar; en todo caso, debe primar siempre el amor y la misericordia para con el prójimo.

 

20,1-23 Colección de dichos. La primera parte de este capítulo está conformada por una colección de dichos varios sin ninguna unidad temática pero que de un modo u otro no dejan de ser sentencias útiles para el aspirante a sabio; no se trata tanto de instrucción propiamente tal cuanto de un «inventario» (lo que hay) de actitudes y comportamientos que el maestro ha observado y que también el discípulo va a poder observar y ante lo cual se sugiere un juicio o se deja para que el futuro sabio lo juzgue.

 

20,24-26 Mentira. Puestos en la balanza, el embustero y el ladrón, Ben Sirá prefiere al ladrón puesto que la lengua del mentiroso puede llegar a causar males más difíciles de reparar que los que puede causar un ladrón; sin embargo, ni lo uno ni lo otro son actitudes recomendables para el sabio porque ambos «heredarán la perdición».

 

20,27-31 El sabio. Apología del sabio y de la sabiduría. Es necesario revelar la sabiduría pero hay que saber cuándo, cómo y delante de quién.

 

21,1-11 Pecado: consecuencias y remedio. Una señal inequívoca de sabiduría es alejarse del pecado; antes de considerar los efectos del pecado, nótese que el texto nos da algunas pistas que nos permiten descubrir qué es lo que el autor entiende por pecado: la injusticia (3a.8); la crueldad y la arrogancia (3b); el desprecio a la corrección (6) y la fanfarronería (7). Estos males hay que evitarlos porque son altamente destructivos; son co­mo una espada de doble filo, no sólo destruyen a quien cae en ellos, sino también dañan a sus semejantes. Con­cluye el pasaje con el consejo clave: guardar la Ley que permite dominar los pensamientos, y respetar al Señor como camino de la más perfecta sabiduría.

 

21,12–22,2 Necio y sabio. Mediante una serie de contrastes fácilmente verificables, Ben Sirá pone en oposición lo que es un necio y lo que es un sabio. Estos contrastes tienen que ver especialmente con su manera de ser y de ver la vida (12-17). El necio es puesto en la misma línea del impío (27), del murmurador (28) y del holgazán (22,1s). Esta clase de personas hay que evitarlas como a una piedra que ha sido ensuciada.

 

22,3-6 Educación de los hijos. Muchos males se pueden evitar corrigiendo desde temprano a los hijos. Nótese cómo en el caso de los hijos malcriados, se habla de desgracia, pero en el caso de las hijas, la desgracia es mucho peor. Se trata de una sociedad patriarcal que impone a la mujer unos criterios de conducta y de moral no por lo que ella es en sí misma, sino con miras a no desacreditar a su padre tratándose de una mujer soltera, o a su marido si es ya casada.

 

22,9-15 El necio. Según el modo de pensar de Ben Sirá, el que es necio e insensato ya no tiene remedio, no hay posibilidad alguna de que pueda cambiar su vida. Ésta era la manera de ver de los griegos, el mundo para ellos estaba dividido entre libres y esclavos, ricos y po­bres, necios y sabios y, en fin, esta forma de ver la realidad no dejaba oportunidad para el cambio, pues se trataba de una realidad inamovible.

 

22,16-18 Ponderación. Las cosas bien hechas, la pa­labra bien dicha y sobre todo en el momento oportuno, son las que tienen un verdadero sentido y valor. Éste es otro ideal que el sabio debe alcanzar.

 

22,19-26 Amistad. Uno de los valores más importantes del ser humano es la capacidad de hacer amigos, aun­que no todo el mundo tiene la capacidad de man­tener ese valor en el grado tan alto que de por sí posee la amistad. Hay muchas maneras de romper una amistad y hay también la posibilidad de reconstruirla; sin em­bargo, hay amistades rotas que son irrecuperables; según el modo de pensar de Ben Sirá son aquellas que han terminado por traición, por descubrir secretos y por arrogancia (22). Lo más saludable es saber ganarse a los buenos amigos y mantenerles la lealtad. Ben Sirá re­co­mien­da hacerse amigo del pobre, porque en el caso de que prospere, nos será de gran apoyo, lo mismo solidarizarse con el triste y atribulado, eso es estar con el amigo en su desgracia, de un amigo así es muy difícil dudar.

 

22,27–23,6 Oración por el dominio propio. Las plegarias son más bien escasas en la literatura sapiencial (cfr. sin embargo, 36,1-22 y 51,1-12). Esta oración que en­con­tramos aquí no está del todo desconectada del tema anterior sobre el cultivo de la amistad, en el sentido de que la amistad puede perderse por una ligereza de la len­gua, cuando se revela un secreto, por ejemplo; ni tam­poco está desconectada de las unidades siguientes que también van a tratar el tema de la lengua. La plegaria consta de dos partes introducidas cada una por la invocación «Señor, Padre, Dueño de mi vida» (1) y «Señor, Padre, Dios de mi vida» (4). La primera parte se refiere al anhelo interior de dominar la lengua ya que por medio de ella se puede llegar a causar mucho mal; y la segunda parte, es también un anhelo, un deseo interior de llegar a dominar los apetitos y pasiones desenfrenadas puesto que es otro modo de perder calidad humana.

 

23,7-15 Sobre el hablar. El que tiene cuidado en su hablar no quedará jamás atrapado por sus propias palabras. Hay un dicho popular en nuestro pueblo, «el pescado muere por la boca» que sintoniza con esta enseñanza de Ben Sirá. Claro que el autor se centra más es­pecialmente en el tema del juramento y de la invocación ahí del Nombre de Dios. Jurar era muy frecuente, y para darle al juramento una mayor fuerza de verdad se hacía en nombre de Dios; ahora, si se descubría que el juramento era falso, el implicado era reo de castigo porque no sólo había pronunciado en vano el nombre de Dios, sino que había hecho aparecer como cierto lo que era falso, y esto en detrimento de su prójimo. En cierta medida estas enseñanzas preparan la enseñanza de Je­sús de Nazaret (Mt 5,33-37). El otro error que sale in­evitablemente por la boca es la costumbre del lenguaje descompuesto y en general del mal hablar. Ben Sirá llama en todo caso a «acordarse de los padres», lo cual quiere decir que se da por supuesta una adecuada educación familiar que se debe poner en práctica en cualquier circunstancia.

 

23,16-27 Pasión sexual. Esta sección comienza con un proverbio numérico, que tiene cierta frecuencia en la literatura sapiencial. Enuncia tres pecados que tienen que ver con el abuso de la sexualidad: la pasión incontrolada, el incesto y la fornicación, al tiempo que advierte sobre las consecuencias. De los pecados enunciados, se detiene en el adulterio, diferenciando el del esposo (18-21) donde critica la actitud contradictoria del adúltero que no teme al castigo de Dios, sino que se oculta a los ojos de los hombres «como si los ojos de Dios no brillaran mil veces más que el sol» (19), para decir que es a Dios a quien hay que dar finalmente cuentas del pe­cado. Luego se centra en el adulterio de la mujer. La legislación de Israel era muy clara y drástica y, por su­puesto, el autor la conoce (cfr. Lv 20,10; Dt 22,22-24; Jn 7,53–8,11); Ben Sirá enfatiza sobre la maldición que pe­sa sobre la mujer pero especialmente sobre los hijos ha­bidos en este tipo de relación. Hay un distanciamiento de la doctrina de Jeremías y más todavía de Ezequiel que habían intentado ya replantear este concepto del cas­tigo del pecado de los padres en sus hijos (cfr. Jr 31,29s; Ez 18). Todavía en el Nuevo Testamento encontramos rasgos de este concepto (cfr. Jn 9,2). En definitiva, todo esto podría evitarse si se guardara fielmente la Ley del Señor (27).

 

24,1-34 Himno a la Sabiduría. Los versículos 1s in­troducen el himno de alabanza que sobre sí misma va a proclamar doña Sabiduría, el cual se puede dividir en tres partes: 1. La Sabiduría se autodefine como criatura (3.8.9), salida de la boca del Altísimo, conforme al concepto bíblico teológico de que Dios lo creó todo por medio de su palabra. Por más que la Sabiduría se atribuye algunas características propias de una divinidad, queda establecido que es un criatura y que está al servicio del ser humano y tiene sentido por él. 2. La primera acción de la Sabiduría es buscar una morada, fijar una residencia, cuyo significado simbólico es encontrar el sentido de sí misma (4-7). 3. El Creador le fija como morada la «casa» de Jacob, el pueblo de Israel, y ella elige como lugar concreto de su residencia el monte Sión, es decir, la ciudad de Jerusalén. Se trata de un simbolismo utilizado por Ben Sirá para decir que al mismo pueblo que Dios se eligió para sí, le otorga además el más grande don: la Sabiduría, cuya concreción efectiva es la Torá o Ley (23). Se trata de un don maravilloso que ha beneficiado al pueblo haciéndolo el más particular entre todos los pueblos. Para Ben Sirá, la sabiduría griega con toda su propaganda y todo su aparato, está muy por debajo de la Sabiduría que Dios le ha otorgado a Israel, por eso no escatima adjetivos ni elogios para ponerla por encima de toda la obra creada (25-33), y al mismo tiempo él se define como servidor incansable de ella y llama a que todos la busquen (34).

 

25,1s Lo que causa deleite y lo que causa disgusto. Un nuevo proverbio numérico en el cual se contraponen aquellas cosas que deleitan la vida del sabio y aquellas que le causan fastidio. El sabio se debe deleitar en lo que agrada a Dios: la fraternidad, la lealtad y la armonía de los esposos; y debe rechazar o evitar caer en extremos que contradicen la verdadera calidad humana, los cuales ilustra con las detestables figuras del pobre orgulloso, el rico tacaño y el viejo mujeriego y tonto (en muchos lugares llamado «viejo verde»).

 

25,3-6 Vejez. El ideal de todo hombre debe ser llegar a una vejez cargado de experiencia de vida para que aun en su situación física limitada, sus pensamientos y sus palabras sirvan de luz y de guía para los que están apenas comenzando a vivir; pero este ideal no llega en el momento de la vejez, hay que comenzar a amasarlo desde la juventud.

 

25,7-11 Diez bienaventuranzas. Hay muchas formas de ser feliz, y uno de los secretos del sabio está en saber encontrar dicha y felicidad en cada circunstancia de la vida. El autor dice que guarda nueve bienaventuranzas en su corazón y quiere proclamar una décima; con lo cual indica que cada aspirante a sabio puede seguir agregando una y otra bienaventuranza o, lo que es lo mismo, uno y otro motivo para sentirse feliz en esta vida. Contrasta esta perspectiva con situaciones a veces tan extremas que frecuentemente se encuentran en nuestro mundo moderno, niños, jóvenes y adultos a quienes nada les falta y, sin embargo, no son felices quizás porque interiormente están vacíos a pesar de la abundancia externa. Lo actual de estas bienaventuranzas de Ben Sirá está en que una vez más encontramos que la felicidad de la vida no está en el tener, en el poseer, sino en el ser y en el esfuerzo cotidiano de darle el mejor sentido posible a esta vida que es única.

 

25,13–26,28 La mujer mala – La mujer buena – Ex­hortación. Salen aquí a flote los conceptos socio-culturales y religiosos de toda la época del Antiguo Testa­men­to concentrados en esta instrucción. Por supuesto que una lectura femenina de este pasaje, antes de enjuiciar al autor, debe primero tener en cuenta esos parámetros socio-culturales en que él se mueve, no propiamente para justificarlo, sino más bien para caer en la cuenta de que cada uno es hijo de su tiempo y que a Ben Sirá no se le puede exigir ningún giro especial en el comportamiento social patriarcal de su época, toda vez que no era su interés al poner por escrito su pensamiento. Esta aproximación descriptiva de lo que es la buena y la mala mujer no es más que la constatación del comportamiento social de una época y el reflejo de unos valores culturales que desde luego tienen que ser modificados e iluminados a la luz de las enseñanzas de Jesús, pero más especialmente a la luz de sus actitudes reales y concretas respecto a la mujer. Pasajes como este no hay que ignorarlos ni nos deben exasperar; por el contrario deberíamos mantenerlos a la mano para poder ir estableciendo con hechos reales y concretos las diferencias –si es que de verdad las hay– entre el modo de ser y de pensar de aquella «lejana» época patriarcal respecto a la mujer, y nuestras relaciones actuales con ellas y la visión que de sí misma tiene la mujer contempo­ránea.

 

26,29–27,3 Mercader. Con base en la observación del diario vivir, el autor da por sentado que mercaderes y comerciantes no se libran de la injusticia. Al parecer nunca gozaron de buena fama estos personajes; pero el mal no está en que uno sea comerciante, sino en que se deje arrastrar por el afán del lucro (27,1). Ahora bien, la clave para no caer en la injusticia la da el autor en 27,3, hay que ser firme y diligente en temer al Señor. Así, el temor del Señor no es solamente principio de la sabiduría, sino además principio fundamental de la justicia.

 

27,4-7 Conocer a los hombres. Usando la imagen de los metales preciosos que deben ser cribados, o la del árbol que si está bien plantado da buenos frutos, Ben Sirá nos habla del hombre auténtico que se revela en sus actos y palabras. El lenguaje, los razonamientos de un hombre nos revelan su calidad humana.

 

27,8-15 Bien hablar. Continúa la idea anterior. El hombre debe buscar siempre la sinceridad y ponerla en práctica en todo instante. El comportamiento del hombre sincero atrae a otros de igual calidad y busca también la compañía de otros hombres sinceros; su comportamiento externo es diferente al del hombre necio cuya compañía hay que evitar.

 

27,16-21 Guardar secretos. Una vez más vuelve al valor de la amistad cuyas características principales son la fidelidad y la lealtad. Cuando un amigo nos abre su corazón, seguramente lo ha pensado más de una vez y lo habrá hecho como un signo de confianza hacia no­sotros, y si por ligereza o por cualquier motivo nosotros hacemos públicas las confidencias de nuestro amigo, ¿no es ésta la peor de las faltas contra la amistad? ¿Con­fiará otra vez nuestro amigo en nosotros? Hoy es también muy válido el cuidado que debemos tener en el cultivo de una verdadera amistad basada en el respeto y la lealtad a la otra persona.

 

27,22-24 Falso amigo. En continuidad con el tema de la amistad, Ben Sirá hace notar cómo hay quienes se comportan de un cierto modo en nuestra presencia, pero adoptan otro comportamiento cuando damos la espalda; de este tipo de personas no hay que fiarse; en palabras del autor, son detestables y también hay que evitar su compañía. Es importante estar atentos para que no digan eso de nosotros.

 

27,25-29 Quien la hace la paga. Por observación y por ley natural, el mal que buscamos para los demás siempre revierte sobre nosotros, es como quien lanza una piedra hacia arriba: le cae encima. Por eso es también sabia la enseñanza, «el mal que no quieras para ti, no lo hagas a los demás» (Tob 4,15; Jesús lo enuncia en positivo: Mt 7,12; Lc 6,31); así como tampoco está bien alegrarse del mal ajeno, pues mañana podemos ser no­sotros los que tengamos que sufrir la misma suerte.

 

27,30–28,7 Venganza. Llamado al perdón y a la mi­sericordia para con el prójimo. Aquí encontramos la esencia de una de las peticiones del Padrenuestro: perdónanos como nosotros perdonamos a quienes nos han ofendido, y lo cual suscita una de las más bellas parábolas sobre el perdón que necesitamos continuamente y que también continuamente debemos brindar a nuestro prójimo (cfr. Mt 6,12.14s).

 

28,8-12 Riñas. Las pendencias y riñas afectan las sanas relaciones; ambas son causadas por personas que Ben Sirá califica de pecadoras y que por razones obvias, el aprendiz de sabio debe evitar. Se recalca el valor de la boca, por medio de ella se puede iniciar un conflicto y por medio de ella se puede superar.

 

28,13-23 Calumnia. Nada hay más peligroso y destructor que una lengua murmuradora, pues puede llegar hasta acabar con la paz (13.16) y acabar con la tran­quilidad y felicidad de hombres (14) y de mujeres (15). Una lengua habituada a la murmuración provoca situaciones peores que las que puede provocar hasta la misma muer­te. La posición del sabio es no hacerle caso del mur­murador y «maldecirlo» (13), esto es, alejarlo de su camino; el autor declara dichoso al que sabe protegerse de este tipo de influencia tan nociva para la sociedad (19).

 

28,24-26 Exhortación. Con esta exhortación concluye el tema de la murmuración y sus efectos. El sabio ha de poner barreras a lo que más ama y a sí mismo para protegerse del murmurador. Hay un llamado al justo discernimiento, sopesar cada palabra, cada expresión para no resbalar y caer ante los demás.

 

29,1-13 Prestar. En consonancia con la devoción y veneración que siente Ben Sirá por la Torá, aborda aquí el tema del auxilio al necesitado bajo el aspecto del préstamo, lo cual es visto como una obra de misericordia que ya establecía la ley mosaica (cfr. Éx 22,25; Lv 25,35-37; Dt 15,7-11; 23,19; 24,10-13), y al tiempo que recomienda auxiliar al prójimo en este sentido, también recomienda ser muy solícito a la hora de devolver lo que ha tomado prestado; hay que pagar pronto lo que se debe al prójimo. Con estas recomendaciones, el autor hace ver los «riesgos» que se corren al prestar dinero al prójimo; muchas veces se pierde lo prestado y se pierde también al amigo (4-7). En relación con este tema está también el de la limosna como una práctica que no sólo beneficia al necesitado, sino que atrae mucho bien al que la da (8-13).

 

29,14-20 Fianza. En relación con el tema de los préstamos, encontramos esta enseñanza sobre la fianza, co­mo una forma también de auxiliar al amigo (14), y si uno ha sido beneficiado por un fiador, no hay que olvidar ese favor (15). También se resaltan aquí los riesgos que se corren fiando a otra persona, muchas veces po­dría oca­sionar la ruina del fiador (17s); esto lleva a Ben Sirá a dar una recomendación general: ayudar al prójimo has­­ta donde sea posible teniendo cuidado de no arruinarse.

 

29,21-28 En casa ajena. En conexión con los dos temas precedentes, encontramos la situación del que no tiene ni siquiera lo mínimo para vivir; está expuesto al mal­trato, a la burla y, en definitiva, a andar errante. En la­­bios de un profeta este capítulo tendría unas connotaciones abiertamente de denuncia y de amenaza contra los ricos, los acaparadores y los egoístas. Sin embargo, así como nos lo presenta Ben Sirá, nos sirve para hacernos una idea de la situación socio-económica de la época que ya podemos concluir que estaba claramente definida como una sociedad injusta donde unos pocos eran los dueños de mucho y muchos, dueños de casi nada o de nada, destinados a una lucha agobiante por la subsistencia. No tenemos que hacer demasiado esfuerzo para imaginarnos las angustias de los pobres buscando un prés­tamo, pero antes, buscando a un fiador, y a otros men­­digando en la calle o recorriendo de casa en casa pi­diendo una limosna. No nos es difícil imaginarnos todo eso porque esa es la realidad que vivimos millones y mi­llones de hombres, mujeres y niños en nuestra sociedad actual. Por la Biblia sabemos que tratando de responder a estos extremos de empobrecimiento surgieron dos instituciones en el Antiguo Testamento que deberían ha­ber­se puesto en práctica sin ninguna vacilación puesto que ambas eran de obligatorio cumplimiento ya que están contempladas en la ley de Moisés. Se trata del «goelato» (Lv 25,25) que exigía al pariente más cercano de un en­deudado rescatar el bien o la prenda dejada al prestamista, y en el caso extremo de un endeudado que hu­biera tenido que someterse a su acreedor como prenda o como pago, el «go’el» debía pagar su rescate. La otra in­stitución era el «año sabático» (Dt 15,1-11); transformada por el Levítico en «año jubilar», que contemplaba la liberación de esclavos, condonación de deudas y recuperación de los bienes dejados en prenda. Con esta institución se buscaba una nivelación periódica de la sociedad para evitar ese desequilibrio extremo entre enriquecidos y empobrecidos. Como todos los grandes proyectos que deberían beneficiar a los empobrecidos, estas dos instituciones, especialmente la segunda, no pa­saron de ser un enunciado de ley muy bonito que siempre encontró mil trabas y obstáculos para su realización; si no hubiera sido así, no podríamos deducirlo del planteamiento de Ben Sirá que está escribiendo en torno al 180 a.C, ni podríamos constatarlo tampoco en la época del Nuevo Testamento. Hoy no contamos ni con «go’eles», ni con «años sabáticos» ni «años jubilares», ni nada por el estilo; pero contamos –deberíamos contar– con el Evangelio de la justicia que nos llama a todos a dar inicio a ese año de gracia, y tal vez sea mucho más efectivo que la figura de un go’el y hasta de un año sabático, la solidaridad entre nosotros los pobres. Los grandes se alían para prosperar y prosperan haciéndose cada vez más ricos, ¿no será que a nosotros nos ocurre lo contrario? Somos cada día más pobres porque somos cada vez menos solidarios, nos dedicamos cada uno por nuestro lado a «inventar» de qué vivir, in­cluso hasta nos hacemos la guerra. Pues bien, es hora de descubrir que tenemos muchos motivos para unirnos: el hambre, la falta de oportunidades para producir, la falta de tierra, de techo, de un futuro digno para nuestros hijos, y un arma común ante la cual tiembla hasta el más po­deroso: la solidaridad y la resistencia. Si comenzamos a generar en nuestras comunidades ac­ciones que nos ayu­den a no depender tanto de los po­derosos, esto es, creando fuentes de economía solidaria, sustituyendo productos de consumo por aquellos que nosotros mismos logremos elaborar; esto no sólo será una forma de resistencia sino al mismo tiempo una forma de denuncia para los opulentos. Es la única manera, cómo las palabras del cántico de María, «a los pobres colma de bienes», co­menzarán a hacerse realidad, de lo contrario… ¡ahí seguiremos en las mismas!

 

30,1-13 Educación de los hijos. Aunque parezcan exageradas las imágenes que utiliza Ben Sirá para sugerir la corrección de los hijos, que obviamente responden a un modelo preciso de relaciones familiares, es un hecho que si soñamos con una sociedad distinta, tenemos que empezar a construirla con nuestros hijos desde su más temprana edad. Hoy contamos con toda una serie de ayudas no tanto para «domar» al pequeño, sino para acompañarlo en todo su proceso de crecimiento y desarrollo. De la corrección, junto con la violencia, no podemos esperar ciudadanos de bien; mas de una co­rrección fundada en el amor y en la comprensión, podemos esperar hombres capaces de cambiar el mundo.

 

30,14-20 Salud. Ciertamente un cuerpo sano y un buen ánimo pueden ser signos de felicidad y de bienestar que es bueno buscarlos por todos los medios posibles; sin embargo, un quebranto de salud tampoco hay que verlo como una maldición o una desgracia. En la men­talidad antigua, la enfermedad era vista como un castigo de Dios por el pecado, así que quien gozaba de buena salud podía ufanarse ante los demás como al­guien libre de faltas. Hoy sabemos que las enfermedades pueden tener muchas causas, algunas las podemos prever, otras no; ahora, lo importante es que tanto en la sa­lud como en la enfermedad, nosotros sepamos vivir con dignidad y asumir cada realidad con altura.

 

30,21-25 Alegría. Así como es importante la salud del cuerpo y hay que procurarla siempre, también la salud del corazón conviene mantenerla a tono, y el signo de esta salud es la alegría, que debe estar por encima de pe­nas, tristezas y preocupaciones. No se trata de evadir aquello que nos entristece y preocupa, sino de saberlo enfrentar y superar con tal que la alegría no deje de ser siempre nuestra característica especial.

 

31,1-11 Riqueza y honradez. Según esta unidad, hay algo que une al rico y al pobre: la ausencia del sueño; en el rico por aumentar su riqueza y en el pobre por la preocupación sobre su subsistencia. La pregunta es, ¿es esto humano? ¿Quiere Dios esto para el hombre? Es claro que no. Tan deshumanizante es la riqueza que atrapa al hombre y lo reduce a un sediento del tener, como des­humanizante es la pobreza que reduce al hombre a un ser preocupado sólo por sobrevivir. Ninguno de es­tos extremos son queridos por Dios ni forman parte de su proyecto con el hombre. Ya es cuestión de la codicia humana que ha subvertido el plan armónico y de justicia querido por Dios, y ha traído como efecto estos dos ex­tremos que podemos palpar en nuestra realidad ac­tual. ¿De dónde podrá venir la solución? Sólo de no­so­tros mismos, de nadie más.

 

31,12–32,13 Invitado – Vino – Banquetes. Otra de las formas de demostrar la calidad de una persona es manteniendo una actitud y un comportamiento digno y civilizado en la mesa. 31,12-24 hace referencia a lo que tiene que ver con el comportamiento o los modales respecto a la comida; la regla o el criterio de comportamiento es pensar siempre en lo que puede desagradar al vecino. Los versículos 25-31 se refieren a la necesaria moderación en la bebida; ésta puede tener efectos muy benéficos y saludables, pero abusando de ella se puede caer en extremos por los cuales nos pueden rechazar. Finalmente 32,1-13 presenta una instrucción para quien preside un banquete (32,1-2) o para quien dentro de él es llamado a intervenir, ya sea un anciano (3-6) o un joven (7-10), ambos deben tener talento y prudencia en sus intervenciones. Cierra esta sección la instrucción sobre cómo salir del banquete y la acción de gracias que hay que dar siempre al Creador (11-13).

 

32,14-24 Temor de Dios. Hay dos modos de acercarse a la Ley y, de acuerdo a ello, se puede diferenciar dos tipos de personas: el que la consulta y a partir de ella obtiene instrucción, sabiduría, y desde aquí entiende que la meta es vivir en temor y respeto al Señor; y por otra parte está el que rechaza la Ley o la acomoda a su conveniencia; ése es el que rechaza la instrucción y la corrección y, por ende, rechaza también la sabiduría, de este modo, no sabe que guardar la Ley es guardarse a sí mismo.

 

33,1-6 Proverbios varios. Con estos proverbios se concluye el tema anterior. El conocimiento de la Ley y, en general, el conocimiento de la Palabra del Señor habilita al hombre para una vida libre de desgracias, es decir, para una vida feliz; en cambio, desconocerla o despreciarla es caminar en tinieblas o como barco a la deriva. Vivir en la verdad es consecuencia del conocimiento de la Palabra de Dios y ya sabemos que la verdad nos hace libres (cfr. Jn 8,32).

 

33,7-15 Oposiciones. Encontramos una reflexión basada en la observación directa del orden cósmico. Ben Sirá ha resaltado a lo largo de su obra la existencia de unos pares antagónicos de personas: el bueno y el pecador, el sabio y el necio, el rico y el pobre, etc.; aquí amplía ese dualismo enmarcándolo en el orden natural: hay días santos y días simplemente numerarios (esto según el calendario judío); frente al mal está el bien; frente a la vida, la muerte; frente al malvado, el justo; frente a la luz, las tinieblas (14); ahora, lo complicado es su doctrina sobre la procedencia del bien y del mal, de la bendición y de la maldición, de la exaltación y de la humillación, que, según él, provienen de la misma fuente. Según Ben Sirá, todos los hombres somos piezas de barro en manos del Creador (10); hasta aquí no hay mucha dificultad; si aceptamos que Dios nos ha creado, según la misma doctrina bíblica, a su imagen y semejanza, y que hombre y mujer nos creó (cfr. Gn 1,26s), no hay problema en aceptar la metáfora del alfarero; lo realmente difícil de aceptar es que ese Alfarero «a unos los bendice y exalta, a unos los consagra y acerca a sí; mientras que a otros los maldice y humilla y arroja de su presencia» (12s). No es posible mantener esta doctrina sin caer en un extremo dualista y ambiguo también con respecto a Dios. Es cierto que el hombre antiguo atri­buía a Dios todo, absolutamente todo, dado el concepto de soberanía que se tenía de Dios; pero lo importante es que hoy, no mantengamos nosotros esa misma creencia, pues eso equivaldría a tener que resignarnos ante un orden temporal injusto. Si en la predicación, en la catequesis o, en fin, en la enseñanza que llega a nuestras comunidades se mantiene esta doctrina, debemos hacer una pausa y revisar. Quienes nos enseñan esto están demasiado desactualizados, o decididamente son más servidores del orden injusto que ministros auténticos de la Palabra, porque, si bien, Dios es fuente de vida y de justicia, de Él no puede proceder sino única y exclusivamente vida y justicia, y eso es lo único que ha dado al hombre y eso es lo que espera de él en cuanto que es su criatura hecha a su propia imagen y semejanza; ahora, la constatación de que hay hombres dichosos, benditos, exaltados… y otros desgraciados y humillados, es una constatación clara del destino que el hombre mismo ha dado al plan divino de la justicia. Mantengamos que Dios es soberano, que Dios es señor absoluto de la vida, que ha dado al hombre libertad; cuando el hombre ha usado esa libertad en fidelidad a su Creador, sus obras y toda su vida han trasparentado la vida de Dios; pero cuando ha abusado de esa libertad, sus obras reflejan exactamente lo que no es Dios, ni lo que es el hombre en el proyecto de Dios, y lo peligroso de todo es que esta última parte se le atribuye a Dios sólo por el hecho de que «Dios no se opone» a ese antiproyecto de una manera abierta y directa. La verdad es que Dios sí se opone y rechaza toda injusticia, ahí está la Escritura, ahí está Jesús, ¡Debemos escucharlos!

 

33,16-19 El autor. Ben Sirá se compara a sí mismo con el que va rebuscando detrás del vendimiador, es decir, recogiendo lo que va dejando el cosechero, para decir que ha dedicado su vida entera al estudio y a la profundización de las tradiciones de su pueblo. Al final de su vida puede decirlo como uno de sus grandes logros, la experiencia adquirida y la sabiduría acumulada, no son para sí mismo, ellas tienen sentido, lo mismo que sus infatigables esfuerzos, en tanto que sirven a los otros, a la generación venidera. La sabiduría, y en general todo cuanto de bueno y valioso puede cultivar el espíritu humano, tienen su verdadero valor en cuanto están al servicio de los demás.

 

33,20-24 Testamentos. Según estos versículos, reputación, autonomía e independencia caminaban juntos. Esta enseñanza obedece al temor de llegar al extremo de tener que someterse al servicio de alguien como esclavo, extremo al cual se llegaba con mucha facilidad dadas las características socio-económicas de la época. Pero el autor no se refiere sólo a esta situación, también previene al futuro sabio para que no caiga en situaciones de dependencia económica, ni siquiera ceder su posición como jefe de hogar; también eso iba en contra de la reputación de un verdadero patriarca o «paterfamilia», como se lo denominó a la época del imperio romano.

 

33,25-32 El trato con los servidores. Con razón había que evitar caer en servidumbre. Estas instrucciones, aunque matizadas para el caso del hombre que posee un solo siervo, no dejan de ser duras y obedecen a lo que se dijo en el pasaje anterior, a una forma de ver la organización social donde los únicos con derechos propios eran los amos, mientras los esclavos eran prácticamente equiparables al resto de animales de trabajo. Es necesario volver a insistir que no porque pasajes como éste aparezcan en la Biblia hay que tomarlos enseguida como voluntad de Dios; aquí como en todo pasaje que tomamos de la Biblia hay que hacer el discernimiento y la confrontación necesaria con el criterio de justicia que forma parte de la esencia divina. Seguramente Dios no está de acuerdo con esta instrucción, comenzando porque ni siquiera está de acuerdo con la esclavitud ni con el domino de unos sobre otros.

 

34,1-8 Sueños. Uno de los fenómenos con características de enigma que siempre ha impresionado al hombre son sus sueños; sobre ellos se ha dicho mucho y se ha escrito también demasiado, desde lo más serio hasta lo más ridículo y, sin embargo, nadie ha podido decir la última palabra sobre este fenómeno tan natural. Ben Sirá aconseja prestarle atención sólo a los que vienen como aviso del Altísimo (6), pero como es tan difícil, si no imposible, saber exactamente cuándo son eso, lo mejor y más sano es no detenerse en ellos ni para bien ni para mal, ni mucho menos darle crédito a tanto charlatán que se aprovecha de la ingenuidad de la gente para llenar sus bolsillos haciendo ridículas interpretaciones. Más vale aprovechar lo que dice el mismo Ben Sirá: cumplir la Ley sin falta (8) ya que ello exige al menos sinceridad y da mejores frutos.

 

34,9-12 Viajes. No sólo viajando, sino además leyendo, instruyéndonos cada día más, aprovechando tantos medios que tenemos hoy a nuestro alcance para conocer más y más al mundo y al hombre en sus miles de formas de expresar su pensamiento, sus ideales, sus proyectos y sueños; eso también, aparte de ponernos en comunión con el resto de la humanidad, ayuda a mejorar nuestras relaciones y nos «libra» también de muchos peligros tales como la pérdida de identidad personal y cultural.

 

34,13-17 Temor de Dios. El verdadero temor o respeto al Señor es aquel que se traduce en esperanza y confianza en Él. La posición del hombre frente a Dios no es la de un competidor, nosotros somos sus hijos y Él es nuestro Padre, pero sobre todo un padre que protege y que no abandona.

 

34,18–35,10 Culto y justicia. Dos polos opuestos describe Ben Sirá en este pasaje. En primer lugar lo infructuoso de una religión cuando se practica sin relación directa con la justicia social: de nada vale y para nada aprovecha. Es muy interesante cómo la preocupación por la justicia queda aquí en estrecha relación con el quinto mandamiento que prohíbe matar; según Ben Sirá, es un homicida el que niega pan al empobrecido, y así mismo derrama sangre el que le quita el sustento (34,21s), y recordemos que Jesús de Nazaret pone también en este nivel el maltrato verbal al prójimo (cfr. Mt 5,21s). Así un examen de conciencia personal o un análi­sis de nuestra actual situación socio-política y eco­nómica, a la luz de estos criterios, sería muy beneficioso en orden a mejorar nuestras relaciones con el prójimo y al mismo tiempo exigir con toda autoridad, respeto y atención a nuestros derechos. 35,1-10 presenta el polo positivo de la religión practicada en un sano ambiente de justicia social e invita al creyente y al aprendiz de sabiduría a que siempre lo hagan así.

 

35,14-26 Los gritos del pobre. Las imágenes más her­mosas y con toda seguridad, las que más se acercan a la verdadera imagen de Dios, son éstas donde aparece verdaderamente conmovido y dispuesto a intervenir en favor del pobre. Ya en Éx 3,7-9 mostró esa faceta de su personalidad y es ésa la que tiene que alimentar nuestra fe, nuestra esperanza, nuestros esfuerzos y luchas por una verdadera justicia entre nosotros. Con base en ella nosotros tenemos que desacreditar y desenmascarar a ese falso dios al que se dirigen los opresores y a quienes ellos creen que agradan con sus magnificas ofrendas, mientras sus manos están manchadas de injusticia. El verdadero Dios, el que se reveló a Moisés y a los esclavos hebreos, el que de tantas formas anunciaron los profetas y el que, en definitiva, nos reveló Jesús de Nazaret, es exactamente el mismo y no cambia ni cambiará, por tanto ése no tendrá una mano estirada al empobrecido y otra hacia el opresor e injusto; ambas manos están dispuestas a acoger al humilde, al marginado, al ignorado de este mundo; pero a nosotros nos compete y obliga lu­char cada día por una mayor justicia para que nadie, ni siquiera el injusto si se convierte, quede excluido de esas manos acogedoras de Dios Padre-Madre.

 

36,1-22 Oración por Israel. Esta oración de súplica al Señor se puede dividir en dos partes. La primera parte (1-12) pide a Dios que con urgencia intervenga contra los enemigos de Israel, contra los gentiles (2), aunque inmediatamente solicita que amenace con su mano «al pueblo extranjero» (3); se podría suponer que el autor está pensando en el imperio griego, incluso hay quienes piensan que en ese momento podría estar pensando en Antíoco III, rey seléucida que gobernó entre 223 y el 187 a.C. Pero bien, lo que importa es la situación de opresión por la que está pasando la porción del pueblo que vive en tierra judía sometido política y culturalmente a los seléucidas, quienes día a día presionan más para helenizar sus territorios lo cual va en detrimento de la mentalidad, la religión y la cultura judía. La prepotencia del opresor lo lleva a lanzar expresiones como: «no hay como nosotros» (12), a la cual, el que ora al Señor, confiesa con convicción «no hay Dios fuera de Ti» (5), convicción que implica creer que así como Dios castigó a Israel, también castigará a las demás naciones para de­mostrar su poder y su gloria. La segunda parte (13-22) se centra en el pueblo de Israel para el cual se pide su unificación. Hay que recordar que ya para la época del autor se habla de «judíos de la dispersión», esto es, colonias de judíos que vivían en muchas otras ciudades fuera de sus fronteras, dispersos por otros lugares del Cer­cano Oriente, como Mesopotamia y Egipto. Los anhelos del autor son volver a tener a todo el pueblo unificado y re­unido en torno a los lugares más cargados de valor simbólico: Sión (Jerusalén) como ciudad propiedad de Dios, y el Templo como lugar concreto de su morada.

 

36,23-31 Elección de mujer. El ideal de la armonía de la creación se hace más real y concreto en las relaciones conyugales; es allí donde el proyecto de crecimiento, el amor y la ayuda mutua adquieren el carácter realmente humano y por tanto inteligente. Con todo, el presupuesto socio-cultural de Ben Sirá no apunta a esto como ideal, sino más bien como un golpe de suerte; es que hay que recordar que los matrimonios eran arreglados por los padres de los jóvenes, no había la posibilidad de conocerse mutuamente ni de prepararse adecuadamente para asumir su experiencia de pareja como un proyecto común, ella con el hombre adecuado ni él con la mujer adecuada. He ahí por qué la expresión «la mu­jer acepta cualquier marido» (26); lo tenía que aceptar, porque quien mandaba hasta en sus sentimientos era su padre. Por eso pues, la felicidad, la comprensión y la ar­monía venían a ser algo fortuito, pero además era un beneficio económico.

 

37,1-6 Elección de amigo. En el diario vivir y en la frecuente relación con los demás es posible verificar esta enseñanza de Ben Sirá, quien aconseja guardarse de «los amigos sólo de nombre» (1), de aquellos que con gran facilidad se convierten en enemigos (2) y de aquellos que están ahí sólo cuando las cosas van bien (4). En cambio hay que preferir y hasta recompensar a aquel que se mantiene fiel en la adversidad en «tiempos de la batalla» (5s).

 

37,7-15 Elección de consejero. Después de describir la psicología del consejero (7-9), encontramos una lista de consejeros a los cuales es inútil consultar puesto que abiertamente estarían en contra nuestra (10s), para concluir que sólo dos consejeros son idóneos para la consulta: aquel que siempre respeta al Señor y que guarda sus mandamientos y que, además, siente como tú (12) y, en segundo lugar, el propio corazón, esto es, la capacidad de discernir y de intuir lo que mejor conviene para sí mismo; el mismo corazón es el que finalmente se dirige al Señor para suplicarle que guíe nuestros pasos en la verdad (14s), ideal del hombre sabio.

 

37,16-26 Los sabios. Del pensamiento y de la acción proceden cuatro grandes realidades que sintetizan la vida humana: bien y mal, vida y muerte, pero en definitiva, las cuatro se fraguan en la lengua. Nuestra lengua pue­de generar mucho bien para otras personas o puede generar el mal; puede transmitir la vida si cada palabra refleja la verdad y el amor, pero también puede atraer muerte. Ya es responsabilidad de cada uno establecer la ca­lidad de sus palabras, determinar a qué o a quién sirve nuestra lengua, al bien o al mal, a la vida o a la muerte.

 

37,27-31 Salud. Un consejo muy práctico para mantener la salud es no dar rienda suelta al apetito; esta instrucción refleja un ambiente de banquetes y comilonas frecuentes, típico de un sector de la sociedad, pero a los miles y miles de hombres, mujeres y niños que pasan el día con el mínimo o con nada, ¿qué consejo aplica­remos?

 

38,1-15 Médico. Médicos, medicinas, boticarios y enfermos, todos han sido creados por Dios, según la mentalidad de Ben Sirá. En la enfermedad hay que su­plicar a Dios y arrepentirse, pero también hay que contar con el médico, quien también debería rezar para que su medicina tenga éxito. La invitación al arrepentimiento cuando se está enfermo, obedece al concepto de la época según el cual, una enfermedad era el resultado del pecado, era como un signo visible de un castigo de Dios. Aunque esta concepción está ya superada, aún quedan rezagos en nuestras comunidades de esa creencia; y es necesario erradicar completamente ese concepto; del Dios de la vida sólo puede venir vida, jamás Él nos mandará una enfermedad ni nada que sea doloroso para nosotros.

 

38,16-23 Duelo. También en el momento crucial y definitivo de la vida humana, la muerte, se tiene que notar la calidad de vida del sabio. En primer lugar, a la muerte hay que mirarla como una realidad absolutamente inevitable, y en segundo lugar, cuando le llega a cualesquiera de quienes nos rodean, lo más sano y justo es llorarlo, sepultarlo y hacer duelo, pero con mesura y poco a poco ir borrando su recuerdo (20.21) mientras nos llega el fin también a nosotros.

 

38,24-34 Artes y oficios. Según Ben Sirá a la sabiduría sólo pueden acceder aquellas personas que no tienen que jugarse la vida en la lucha diaria por conseguir el sustento; el agricultor, el herrero, el alfarero, en fin, el obrero de nuestro tiempo, el reciclador, el que se rebusca la vida en lo que puede, no podría llegar a sabio según este criterio. No olvidemos que esa era la forma de pensar de la época del autor, pensamiento influenciado por los griegos para quienes las personas dedicadas a estos oficios eran prácticamente esclavos y, por tanto, excluidos del mundo de los amos y señores.

 

39,1-11 El sabio. En contraposición a los hombres que no pueden hacer otra cosa que trabajar con sus ma­nos desde que sale el sol hasta su ocaso, Ben Sirá describe la vida de quien sólo se ocupa del estudio y de la investigación. Claro que no hay referencia al estudioso de ninguna otra ciencia, no se refiere al intelectual en ge­neral, sino al que se dedica al aprendizaje y al estudio de la Ley del Señor y, en fin, al contenido de las Escri­turas y sus mejores intérpretes (1-3). Este sabio o escriba, tiene un horizonte mucho más amplio: puede servir a los grandes y viajar por países extranjeros, lo cual es fuente de más y más conocimiento y sabiduría (5). Pero en medio de todo, y como componente esencial de esta «carrera», deben estar presentes la oración y la sabiduría de la Torá, pues Dios es fuente última de toda sabiduría (5-8). Una especie de recompensa final de esta vida así encauzada es el reconocimiento público y la fama, lo cual garantiza la perpetua memoria del sabio después de su muerte (9-11).

 

39,12-35 Exhortación: todo es bueno. Ya los autores de Gn 1,1s.4a, habían enfatizado la bondad de toda la creación como consecuencia de la misma bondad de Dios, lo mismo que la armonía y la función que desempeña cada criatura dentro del conjunto de la obra creada. Ben Sirá vuelve a reflexionar sobre ello, pero agregando ahora lo que él puede constatar desde sus ob­­servaciones. Todo es bueno, y los buenos se aprovechan de cada cosa buena; pero hay elementos malos, nocivos, que son como la porción para los malos. En esto hay que tener mucho cuidado porque no podemos pensar que un terremoto, un huracán, una inundación, sean cosas enviadas por Dios para castigar a alguien. Que sí hay elementos naturales que usados con mala intención pueden tener efectos mortales, es verdad; pero esa es ya responsabilidad humana, no de Dios.

 

40,1-17 La condición humana. Encontramos una descripción bastante sombría y pesimista de lo que es en términos muy amplios la condición humana: fatiga, trabajo, esfuerzo, lucha durante el día, y de noche, una es­pecie de tormento cuando viene el sueño, y una angustiosa espera de la muerte. Pareciera que hay un acento de angustia y de sin sentido de la vida por parte del autor. Sólo le consuela una cosa, esta angustia, esta de­sazón, es siete veces peor para el pecador (8). Nótese que a pesar de todo, todavía no hay una perspectiva que apunte al concepto de vida eterna. El autor refleja una cierta resignación, todo esto hay que soportarlo como designio y voluntad de Dios para regresar de nuevo al vientre de la madre de los vivientes (1), la tierra.

 

40,18-27 Mejor que los dos. Éste es un proverbio numérico muy raramente usado en la literatura sapiencial. Plantea la bondad y ventajas de un par de cosas a las cuales antepone una mejor. En todo caso es una técnica más para enseñar y aprender sabiduría.

 

40,28-30 Vivir de limosna. Vivir o no vivir de limosna desafortunadamente no es algo que dependa de uno mismo, puede ser que haya excepciones, pero en términos generales todo hombre y toda mujer aspiramos a vivir del fruto de nuestro trabajo, el no poder hacerlo es ya el producto de una sociedad injusta y del injusto reparto de los bienes creados, de la injusticia en la organización política y económica de nuestras sociedades. Más afrentoso que para el que tiene que pedir limosna debería ser para el acaparador y el codicioso los millones de limosneros e indigentes que vagan por nuestras ciudades, ¿hasta cuándo?

 

41,1-13 Muerte. Dos efectos distintos de la muerte, efecto negativo para el hombre que vive bien (1) y positivo para el que vive mal, para el derrotado y sin esperanzas (2). El consejo de Ben Sirá es no tener ningún temor a la muerte puesto que ella es inevitable para todos, tanto para el bueno como para el malo. Sólo que para el que vive de acuerdo con el querer de Dios, la muerte no borra su fama ni su reputación; su nombre tendrá perpetuidad en su descendencia. No así para el impío cuyas obras son malas lo mismo que su generación. Como puede verse, no se piensa en categorías de perpetuidad en un más allá, sino en una especie de prolongación del nombre en medio de los vivos.

 

41,14–42,8 Vergüenza. La sabiduría no puede ser algo oculto, debe ser reconocida, y ese carácter público ha de servir para el discernimiento de lo que debe constituir una vergüenza para el sabio (41,14–42,1) y aquello por lo cual no vale la pena avergonzarse. Nótese que los motivos de vergüenza están en relación con el comportamiento ético y moral del individuo. Los motivos que no deben producir vergüenza (42,2-8) están en relación con el cumplimiento de la Ley del Señor y con la práctica de la justicia.

 

42,9-14 Cuidados por la hija. Fiel reflejo de la mentalidad de la época de Ben Sirá y, en general de los tiempos bíblicos. Si se prodigan cuidados a la hija, no es por ella misma, porque se le reconozca dignidad o valor co­mo mujer, sino porque es un peligro latente que puede echar por tierra la reputación y la buena fama de su padre. Viendo las cosas así, se entiende por qué una hija es un tormento continuo para el padre mientras está en casa esperando el día de su matrimonio, y otro tormento para su marido… Pero esto no debe formar parte de la mentalidad cristiana de ahora, como ya se ha comentado anteriormente sobre la dignidad de la mujer en nuestras actuales comunidades.

 

42,15-25 El Creador. Comienza aquí un largo himno a la naturaleza y a la historia. El tema introductorio es sobre el Creador, donde se resalta la gran sabiduría del Artífice de todo cuanto existe y su designio para que todo cumpla perfectamente su función. Esta armonía y belleza de la creación son motivo para alabarlo y bendecirlo.

 

43,1-33 La creación. Esta parte del himno de alabanza comenzado en 42,15 se centra en las maravillas celestes y la función armónica de cada una de esas criaturas que adornan el firmamento: la bóveda celeste (1); el sol y su función (2-5); la luna, que además de iluminar la noche, marca las fiestas y las fechas (6-8); las estrellas (9s); el arco iris (11s) y, en fin, los fenómenos naturales que tienen origen en el firmamento o bóveda ce­­leste: el rayo y el trueno (13-16), la tormenta, el huracán y la nieve (17-21). Pero todo esto, visto con ojos de admiración, es para subrayar la grandeza del Creador: «Dios es todo», no en un sentido panteísta, sino en el sentido de Hacedor y Señor, como se entiende bíblicamente. Hay una clara conciencia de la incapacidad humana de abarcar la sabiduría con la que Dios creó todo, y lo mejor es alabar y bendecir al Señor por todas sus maravillas (32s).

 

44,1–50,24 La historia. El himno de alabanza al Creador y el que sigue, acción de gracias y admiración por las maravillas creadas, sirven de introducción para este largo encomio o exaltación de las figuras claves de la historia de Israel. La intencionalidad es demostrar cómo el poder y la grandeza de Dios derramadas en la creación tienen finalmente un punto de concreción: Is­rael y su largo camino histórico que comienza con He­noc y termina con Simón (o Simeón), Sumo sacerdote a quien Ben Sirá admira y venera profundamente.

 

44,1-15 Introducción. Lista genérica de los grandes hombres que le dieron brillo y lustro a Israel. Ellos fueron lo que fueron no por sus propios méritos, sino porque «gran gloria les repartió el Altísimo haciéndolos gran­des» (3). Esta primera mención general sólo se refiere a los dones o carisma con que Dios adornó a aquellos an­­tepasados, por lo cual sus nombres perduran por siempre, en contraposición a quienes no dejaron re­cuer­do, sus nombres se acabaron al acabarse su vida (9). Aquí hay que tener en cuenta la suerte que corrían mu­chos personajes que aun habiendo sido figuras públicas ampliamente reconocidas en su momento, pero que a juicio de los historiadores caminaron en contra del querer de Dios, sus nombres eran borrados definitivamente co­mo una especie de olvido simbólico o destino de los malvados. Así, por ejemplo, el olvido deliberado como rechazo y castigo a todos los reyes del reino del Norte y de aquellos de Judá que «hicieron el mal a los ojos del Señor».

 

44,16–45,5 Primeros antepasados. El encomio o elo­gio de los héroes de Israel comienza con Henoc (16) de quien se cuenta que fue arrebatado al cielo (Gn 5, 24); es puesto como ejemplo de religión para todos los tiempos pues trataba con Dios cara a cara. Noé (17) es visto como el origen más primitivo del pequeño «resto de Israel» ya que con él y su familia se dio inicio al nacimiento del pueblo después de la gran destrucción (cfr. Gn 9,8-17). De Abrahán (19-21) se resaltan varias cosas: cumplió la Ley del Señor –obviamente en tiempos en que no existía la Torá; ¡pero es que para el rabinismo judío, antes de la creación del mundo, Dios mismo se complacía leyendo la Torá!–; Dios sella con él un pacto y lo bendice; lo hace padre de muchos pueblos y, además, le promete un territorio. Isaac (22), heredero de su padre, de él recibe la bendición, la promesa de la descendencia numerosa lo mismo que la alianza y la promesa de un territorio. En Israel –Jacob– (23b) se perpetúa la alianza y se confirma la bendición y la promesa de la descendencia numerosa y del territorio, el cual quedó repartido entre las doce tribus. De este pueblo numeroso viene Moisés (23c) de quien el historiador dice que es la figura más amada de todo el pueblo ya que Dios lo dotó extraordinariamente para ser cabeza y guía de su pueblo en todos los aspectos. Nótese que en este primer tramo del elogio o encomio no se tienen en cuenta otras figuras tan importantes como el primogénito de Abra­hán, Ismael, también por promesa divina, padre de una gran multitud: los pueblos árabes; ni al hermano mayor de Isaac, Esaú, padre de los edomitas. Ni por accidente se menciona tampoco a ninguna matriarca de Israel: Sa­ra, Agar, Lía, Rebeca, Raquel… En y con ellos y ellas también hizo Dios historia.

 

45,6-26 Aarón y Finees. Ningún comentarista afirma que Ben Sirá sea sacerdote, pero que siente una admiración y una veneración inmensas por esta institución y por ciertas figuras sacerdotales, es un hecho palpable, lo cual se puede ver en el espacio dedicado a Aarón (6-22) no sólo para elogiar sus actitudes personales, sino para describir sus arreos sacerdotales, con lo cual nos prepara al gran elogio que hará de Simón, sacerdote contemporáneo de la época de Ben Sirá.

 

46,1-20 Josué y Caleb, Jueces, Samuel. La admiración por Josué se debe a que es el sucesor de Moisés en la dirección del pueblo hasta llevarlo a la tierra que Dios había prometido a los antepasados. De todos los que un día salieron de Egipto, sólo Josué y Caleb pusieron los pies en aquella tierra (8) porque fueron fieles y leales al Señor. Se recuerda en términos generales a los Jueces «que no se dejaron seducir ni se apartaron de Dios», para ellos se desea mucha bendición para su memoria. Y, finalmente, Ben Sirá encomia la figura de Samuel (13-20) a quien presenta como juez (13s), como profeta (15s.20), como guerrero (17-s) y, por encima de todo, como hombre justo (19s).

 

47,1-24 Primeros reyes: David y Salomón. El puente entre el período de los jueces y la monarquía es Natán (1) mencionado para introducir la figura de David (1b-12) y que sirve para legitimar el cambio de época, toda vez que es Natán el profeta de Dios, encargado de transmitir los mensajes divinos al rey. De David se resalta precisamente su elección divina (2s), pero además se señalan sus iniciativas respecto a la oficialización del culto en Jerusalén (8-10); no se oculta su pecado, pero para resaltar la infinita bondad y misericordia de Dios. Le sucede su hijo Salomón (13-23a), quien asumió el poder en un período de paz; se recuerda la primera época de su reinado y se resalta especialmente su sabiduría (14-17); pero a la hora de establecer el origen de todos los extravíos de Israel como pueblo organizado en torno a la monarquía, no se duda en poner en el mismo Salomón los orígenes de dichos desvíos (18-20). Con todo, se resalta otra vez la bondad y fidelidad de Dios que no destruyó a su pueblo por los pecados de Salomón, aunque sí lo castigó severamente con la división del reino y con el destierro, primero de los habitantes del Norte y luego de los del Sur. De la serie de reyes, directos sucesores de Salomón, ni de los que surgieron en el Norte, Ben Sirá hace mención alguna, más aún, llama a «no pronunciar sus nombres».

 

48,1–49,13 Profetas y reyes. Tal como sucedió en el desarrollo histórico de Israel, Ben Sirá presenta entremezcladas las figuras de los profetas más antiguos que coinciden en el Norte con la época de la monarquía, institución que ellos combaten con todas sus fuerzas. Se trata de Elías (48,1-11) y Eliseo, su sucesor (12-24) de quienes se resaltan las maravillas obradas por ellos en defensa de la religión israelita. De los reyes anteriores a la caída de Jerusalén Ben Sirá solamente menciona a dos: Ezequías (17-22) y Josías (49,1-3), y la explicación es que «todos se pervirtieron excepto David, Ezequías y Josías» (49,4). De los grandes profetas, Ben Sirá menciona a Isaías (49,22-24), gran consejero de Ezequías e instrumento de Dios a favor del pueblo; a Jeremías, profeta de la destrucción de Jerusalén (49,7) y a Ezequiel (49, 8); a los demás profetas los elogia refiriéndose al colectivo de «los doce» a quienes reconoce como los mejores mediadores entre Dios y el pueblo. El elogio menciona además a Zorobabel, gobernador impuesto por Persia cuando el pueblo fue liberado de la deportación y autorizado para regresar a su tierra. Zorobabel aspiraba a su­ceder a David. También se menciona a Josué, gran im­pulsor de la reconstrucción física de Jerusalén, y a Ne­­he­mías, aunque muy comprometido con la reconstrucción material, se le reconoce más su papel como reconstructor de la identidad israelita y, en definitiva, como uno de los grandes impulsores de la religión judía tal como se conoce hoy. Deliberadamente o por un lamentable lapsus, Ben Sirá no menciona a Esdras en este elogio a los héroes de Israel.

 

49,14-16 Primera conclusión. Una breve capitulación antes de dedicarse a hacer el elogio de Simón, cierra esta serie de elogios a los grandes antepasados de Is­rael. Menciona de nuevo a Henoc y la tradición según la cual fue misteriosamente arrebatado al cielo (14). A José, con quien ningún varón se le compara y, sin em­bar­go, a su muerte sus huesos fueron sepultados (15). De los tres hi­jos de Noé sólo menciona a Sem y a Set, Cam es ignorado quizás por la tradición bíblica de su maldición (cfr. Gn 9,20-25) y tal vez por las difíciles relaciones históricas con los pueblos que, según las mismas tradiciones ju­días, descienden de él. Finalmente es men­cionado Adán, quien «supera a todos en gloria» (16). Esta referencia a Adán, en estos términos, es única en to­do el Antiguo Tes­ta­mento.

 

50,1-24 Elogio del sumo sacerdote Simón. Mención aparte merece para Ben Sirá la figura del sumo sacerdote Simón (o Simeón) quien ejerció su ministerio en Jerusalén entre el 219 y el 196 a.C. Por lo que se ve, Ben Sirá le conoció, y según algunos comentaristas, ha­bría muerto un poco antes de que Ben Sirá escribiera su obra. De todos modos a los ojos de Ben Sirá, fue un gran personaje, el que más brillo y esplendor introdujo a la institución sacerdotal y quizás el que más se aproximó al ideal cultual y litúrgico; además parece que Simón me­joró bastante las instalaciones del modesto templo que había sido reconstruido unos dos o tres siglos antes que él. En todo caso Simón dejó una profunda huella en el pensamiento y los sentimientos de Ben Sirá. Los versículos 22-24 son una invitación a concluir este largo elogio de los hombres gloriosos de Israel alabando a Dios por sus maravillas y pidiendo de Él la sensatez, la paz y la fi­delidad por siempre.

 

50,25s Tres enemigos. Este proverbio numérico no tiene ninguna relación con todo lo dicho sobre la historia israelita a no ser que el autor lo haya querido poner aquí como contrapartida de lo que él más admira y ama, la gloria de Dios reflejada en la historia de Israel y, en concreto, en unos cuantos hombres que caminaron según su voluntad. Las tres naciones que tanto aborrece el autor son: los habitantes de Seír (Edomitas, descendientes de Esaú, «primos» de los israelitas); los filisteos o «pueblos del mar», de relaciones irreconciliables desde la época de la conquista, y «el pueblo necio que habita en Siquem» (los samaritanos, hermanos de los israelitas, que por circunstancias históricas mantienen el odio entre ellos hasta hoy).

 

50,27-29 Envío y firma. Pocos libros del Antiguo Testamento tienen la firma del autor, y éste es uno de esos pocos casos. El autor garantiza que esta obra es fruto del trabajo, del esfuerzo y de la meditación, y la propone como medio de crecimiento, de adquisición de sabiduría y, en definitiva, de éxito si cumple todo lo que aquí se enseña. La justificación es que todo está en línea con el respeto del Señor que es la manera de alcanzar vida plena. El libro propiamente termina aquí, lo que sigue puede catalogarse como tres apéndices.

 

51,1-12a Primera acción de gracias. Ésta es una oración de acción de gracias al Señor por haber librado al que ora de los más grandes peligros. El modelo de oración es muy reconocido en el Antiguo Testamento. El creyente se dirige al Señor para alabarlo y bendecirlo porque lo ha librado de la persecución, de la calumnia y de la angustia, situaciones tan extremas que se asemejan al desenlace de la misma muerte.

 

51,12b Segunda acción de gracias. Sin relación directa con la oración anterior, este himno, también de acción de gracias parece calcado sobre el salmo 136. El autor, que no parece ser Ben Sirá, empieza por reconocer a Dios como creador de todo, para señalar luego, mediante epítetos (guardián, redentor, reconstructor…) algunas de las grandes intervenciones divinas en la historia de Israel. Todo lo ha hecho Dios y lo ha dispuesto según su gran misericordia.

 

51,13-30 Poema a la sabiduría. Este poema puede dividirse en dos partes. La primera, con acentos autobiográficos, atribuible al mismo Ben Sirá, describe la inclinación del autor desde muy joven a seguir el camino de la sabiduría (13) y cómo pronto la reconoce y se ape­­ga a ella (14s) habiendo adquirido así mucha sabiduría (16). En los versículos 17-22 la sabiduría es personificada con rasgos de nodriza y de maestra (7) y relata to­do lo que de ella alcanzó y el deseo y la pasión con que la buscó (18-21), por lo cual el autor da gracias a Dios (22). La segunda parte (23-30) es una invitación a los jóvenes para que también empiecen como el autor a buscar sabiduría desde su edad temprana. El secreto de la sa­biduría está en hacer todo con justicia, pero esto tan simple requiere de toda una formación, todo un esfuerzo, abandonando a veces criterios y gustos propios para so­meterse a ella y así ponerse a tono con el querer de Dios.