ESDRAS

La vuelta del destierro

1 1El año primero de Ciro, rey de Persia, el Señor, para cumplir lo que había anunciado por boca de Jeremías, movió a Ciro de Persia a promulgar de palabra y por escrito en todo su reino: 2Ciro, rey de Persia, decreta: El Señor, Dios del cielo, me ha entregado todos los reinos de la tierra y me ha encargado construirle un templo en Jerusalén de Judá. 3Los que pertenezcan a ese pueblo, que su Dios los acompañe y suban a Jerusalén de Judá para reconstruir el templo del Señor, Dios de Israel, el Dios que habita en Jerusalén. 4Y a todos los supervivientes, dondequiera que residan, la gente del lugar les proporcionará plata, oro, hacienda y ganado, además de las ofrendas voluntarias para el templo del Dios de Jerusalén.

5Entonces, todos los que se sintieron movidos por Dios –jefes de familia de Judá y Benjamín, sacerdotes y levitas– se pusieron en marcha y subieron a reedificar el templo de Jerusalén. 6Sus vecinos les proporcionaron de todo: plata, oro, hacienda, ganado y otros muchos regalos, además de las ofrendas voluntarias.

7El rey Ciro hizo entrega de los utensilios del templo que Nabucodonosor se había llevado de Jerusalén para colocarlo en el templo de su dios. 8Ciro de Persia los puso en manos del tesorero Mitrídates, que los contó delante de Sesbasar, príncipe de Judá. 9Era la siguiente cantidad: treinta copas de oro, mil copas de plata, veintinueve cuchillos, 10treinta vasos de oro, cuatrocientos diez vasos de plata y mil objetos de otras clases. 11Total de objetos de oro y plata: cinco mil cuatrocientos. Sesbasar los llevó todos consigo cuando los desterrados subieron de Babilonia a Jerusalén.

 

Lista de los deportados que volvieron a su tierra

2 1Lista de los pertenecientes a la provincia de Judá, deportados a Babilonia por Nabucodonosor, que volvieron a Jerusalén y Judá –cada uno a su pueblo– desde el destierro. 2Fueron con Zorobabel, Josué, Nehemías, Serayas, Reelayas, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigvay, Rejún y Baná.

El número de la gente del pueblo fue el siguiente:

3Descendientes de Farós, dos mil ciento setenta y dos.

4Descendientes de Sefatías, trescientos setenta y dos.

5Descendientes de Araj, setecientos setenta y cinco.

6Descendientes de Pajat Moab, descendientes de Josué y de Joab,

dos mil ochocientos doce.

7Descendientes de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro.

8Descendientes de Zatú, novecientos cuarenta y cinco.

9Descendientes de Zacay, setecientos sesenta.

10Descendientes de Baní, seiscientos cuarenta y dos.

11Descendientes de Bebay, seiscientos veintitrés.

12Descendientes de Azgad, mil doscientos veintidós.

13Descendientes de Adonicán, seiscientos sesenta y seis.

14Descendientes de Bigvay, dos mil cincuenta y seis.

15Descendientes de Adín, cuatrocientos cincuenta y cuatro.

16Descendientes de Ater, de Ezequías, noventa y ocho.

17Descendientes de Besay, trescientos veintitrés.

18Descendientes de Yorá, ciento doce.

19Descendientes de Jasún, doscientos veintitrés.

20Descendientes de Guibar, noventa y cinco.

21Ciento veintitrés hombres de Belén.

22Cincuenta y seis de Netofá.

23Ciento veintiocho de Anatot.

24Cuarenta y dos de Azmaut.

25Setecientos cuarenta y tres de Quiriat Yearim, Quepira y Beerot.

26Seiscientos veintiuno de Ramá y Guibeá.

27Ciento veintidós de Micmás.

28Doscientos veintitrés de Betel y Ay.

29Descendientes de Nebo, cincuenta y dos.

30Descendientes de Magbís, ciento cincuenta y seis.

31Descendientes del otro Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro.

32Descendientes de Jarín, trescientos veinte.

33Descendientes de Lod, Jadid y Onó, setecientos veinticinco.

34Descendientes de Jericó, trescientos cuarenta y cinco.

35Descendientes de Senaá, tres mil seiscientos treinta.

36Sacerdotes:

Descendientes de Yedayas, de la familia de Josué, novecientos setenta y tres.

37Descendientes de Imer, mil cincuenta y dos.

38Descendientes de Pasjur, mil doscientos cuarenta y siete.

39Descendientes de Jarín, mil diecisiete.

40Levitas:

Descendientes de Josué y de Cadmiel, de la familia de Hodavías,

setenta y cuatro.

41Cantores:

Descendientes de Asaf, ciento veintiocho.

42Porteros:

Descendientes de Salún, Ater, Talmón, Acub, Jatitá y Sobay,

ciento treinta y nueve en total.

43Empleados del templo:

Descendientes de Sijá, Jasufá, Tabaot, 44Querós, Siahá, Fadón, 45Lebaná, Jagabá, Acub, 46Jagab, Samlay, Janán, 47Guidel, Gájar, Reayas, 48Resín, Necodá, Gazán, 49Uzá, Pasej, Besay, 50Asná, meunitas, nefusitas, 51Bacbuc, Jacufá, Jarjur, 52Baslut, Mejidá, Jarsá, 53Barcós, Sísara, Támaj, 54Nesij y Jatifá.

55Hijos de los servidores de Salomón:

Descendientes de Sotay, Soféret, Perudá, 56Yalá, Darcón, Guidel, 57Sefatías, Jatil, Poquéret, el sebaíta, y Amí.

58Total de empleados del templo y de los hijos de los servidores de Salomón, trescientos noventa y dos.

59Lista de los que subieron de Tel Mélaj, Tel Jarsá, Querub, Adán e Imer, pero no pudieron probar su ascendencia o su origen israelita: 60Descendientes de Pelayas, Tobías y Necodá, seiscientos cincuenta y dos.

61Y entre los sacerdotes, los descendientes de Jobayas, Hacós y Barzilay, que se casó con una hija del galaadita Barzilay y tomó su nombre. 62Buscaron su registro genealógico, pero no lo encontraron, y se les excluyó del sacerdocio. 63El gobernador les ordenó que no comiesen de los alimentos sagrados hasta que apareciese un sacerdote experto en consultar las suertes.

64La comunidad constaba en total de cuarenta y dos mil trescientas sesenta personas, 65sin contar los esclavos y esclavas, que eran siete mil trescientos treinta y siete. Había también doscientos cantores y cantoras; 66y tenían setecientos treinta y seis caballos, doscientos cuarenta y cinco mulos, 67cuatrocientos treinta y cinco camellos y seis mil setecientos veinte asnos.

68Cuando llegaron al templo de Jerusalén, algunos jefes de familia hicieron donativos para que el templo se reconstruyese en su mismo sitio. 69De acuerdo con sus posibilidades, entregaron al fondo del culto sesenta y un mil dracmas de oro, cinco mil minas de plata y cien túnicas sacerdotales.

70Los sacerdotes, los levitas y parte del pueblo se establecieron en Jerusalén; los cantores, los porteros y los empleados del templo, en sus pueblos, y el resto de Israel, en los suyos.

 

Restauración del altar y del culto

(Ageo, Zac 3; 6)

3 1Los israelitas se encontraban ya en sus poblaciones cuando al llegar el mes séptimo se reunieron todos en Jerusalén como un solo hombre. 2Entonces Josué, hijo de Yosadac, con sus parientes los sacerdotes, y Zorobabel, hijo de Sealtiel, con sus parientes, se pusieron a construir el altar del Dios de Israel para ofrecer en él holocaustos, como manda la ley de Moisés, hombre de Dios. 3Levantaron el altar en su antiguo sitio, a pesar del temor que les inspiraban los colonos extranjeros, y ofrecieron en él al Señor los holocaustos matutinos y vespertinos.

4Celebraron la fiesta de las Chozas, como está mandado, ofreciendo holocaustos según el número y el ritual de cada día 5y siguieron ofreciendo el holocausto diario, el de principios de mes, el de las solemnidades dedicadas al Señor y los ofrecidos voluntariamente al Señor.

6El día primero de octubre comenzaron a ofrecer holocaustos al Señor. Pero aún no se habían puesto los cimientos del templo. 7Entonces, de acuerdo con lo autorizado por Ciro de Persia, contrataron talladores de piedra y carpinteros, y dieron a los sidonios y tirios alimentos, bebidas y aceite para que enviasen a Jafa, por vía marítima, madera de cedro del Líbano.

8A los dos años de haber llegado al templo de Jerusalén, en el mes segundo, Zorobabel, hijo de Sealtiel, Josué, hijo de Yosadac, sus demás parientes sacerdotes y levitas, y todos los que habían vuelto a Jerusalén del cautiverio comenzaron la obra del templo, poniendo al frente de ella a los levitas mayores de veinte años. 9Josué, sus hijos y hermanos, Cadmiel y sus hijos, Hodavías, los hijos de Henadad, sus hijos y sus hermanos, los levitas, se pusieron todos al frente de los obreros que trabajaban en el templo.

10Cuando los albañiles terminaron de echar los cimientos, se presentaron los sacerdotes, revestidos, con trompetas, y los levitas, descendientes de Asaf, con platillos, para entonar himnos al Señor, según ordenó David, rey de Israel. 11Alabaron y dieron gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia con Israel.

Todo el pueblo alabó con grandes aclamaciones al Señor por haberse puesto los cimientos del templo. 12Muchos sacerdotes, levitas y jefes de familia –los ancianos que habían visto con sus propios ojos el primer templo– se lamentaban a voces, mientras otros muchos lanzaban gritos de alegría. 13Y era imposible distinguir entre gritos de alegría y sollozos, porque el clamor de la gente era tan grande que se oía desde lejos.

 

Interrupción de las obras

4 1Cuando los rivales de Judá y Benjamín se enteraron de que los desterrados estaban construyendo el templo del Señor, Dios de Israel, 2se presentaron a Zorobabel, a Josué y a los jefes de familia, y les dijeron:

–Vamos a ayudarlos, porque también nosotros servimos a su Dios, igual que ustedes, y le ofrecemos sacrificios desde que Asaradón de Asiria nos instaló aquí.

3Zorobabel, Josué y los demás jefes de familia les respondieron:

–No edificaremos juntos el templo de nuestro Dios. Lo haremos nosotros solos, como ha mandado Ciro de Persia.

4Entonces los colonos extranjeros se dedicaron a desmoralizar a los judíos y a atemorizarlos para que dejasen de construir. 5Desde tiempos de Ciro hasta el reinado de Darío de Persia estuvieron sobornando consejeros que hiciesen fracasar sus planes.

6Cuando Jerjes subió al trono, al comienzo de su reinado, redactaron una denuncia contra los habitantes de Judá y Jerusalén. 7Y en tiempos de Artajerjes, Bislán, Mitrídates, Tabeel y demás colegas enviaron un informe a Artajerjes de Persia. El documento estaba redactado en arameo, con aclaraciones también en arameo.

8El gobernador Rejún y el secretario Simsay escribieron al rey Artajerjes una carta contra Jerusalén. 9Exactamente, la firmaron el gobernador Rejún, el secretario Simsay, sus demás colegas, los jueces y los legados, funcionarios persas, ciudadanos de Uruc, Babilonia, Susa –es decir, elamitas–, 10los restantes pueblos que el ilustre emperador Asurbanipal deportó e instaló en las ciudades de Samaría y en el resto de Transeufratina, etc.

11Copia de la carta que enviaron:

Al rey Artajerjes, tus súbditos, habitantes de Transeufratina, etc.

12Comunicamos al rey que los judíos que han venido de tu región piensan reconstruir Jerusalén, ciudad rebelde y perversa; están dispuestos a levantar la muralla y ya han echado los cimientos. 13Sepa el rey que si reconstruyen esta ciudad y levantan sus murallas no seguirán pagando tributo, contribución ni peaje, lo que en definitiva perjudicaría a su majestad.

14Como nosotros vivimos a sueldo de la corona, no podemos tolerar esta ofensa a su majestad y le comunicamos lo que ocurre. 15Que investiguen en los anales de tus predecesores, en ellos comprobarás que se trata de una ciudad rebelde, perjudicial para los reyes y las provincias y que ha estado siempre fomentando insurrecciones. Por eso la destruyeron.

16Nosotros hacemos saber al rey que, si se reconstruye esta ciudad y se terminan sus murallas, perderá pronto los territorios de Transjordania.

17El rey respondió:

Al gobernador Rejún, al secretario Simsay y a sus demás colegas que residen en Samaría y en las restantes localidades de Transeufratina; paz, etc.

18Me han leído una traducción del documento que enviaron. 19Mandé investigar el caso y, efectivamente, esa ciudad se ha rebelado desde antiguo contra los reyes y se han producido en ella sediciones y revueltas. 20En Jerusalén ha habido reyes poderosos que dominaban toda Transeufratina, y a los que se pagaban impuestos, contribuciones y peajes. 21Manden, por lo tanto, que se impida a esos hombres reconstruir la ciudad hasta nueva orden. 22Actúen diligentemente en este asunto, para que no empeore la situación en perjuicio de los reyes.

23Cuando leyeron al gobernador Rejún, al secretario Simsay y a sus demás colegas la copia del documento del rey Artajerjes, se dirigieron en seguida a Jerusalén, a los judíos, y les obligaron con las armas a detener las obras. 24Se suspendieron, por lo tanto, las obras del templo de Jerusalén y estuvieron paradas hasta el año segundo del reinado de Darío de Persia.

 

Se reanuda la construcción

5 1Entonces, el profeta Ageo y el profeta Zacarías, hijo de Idó, comenzaron a profetizar a los judíos de Judá y Jerusalén en nombre del Dios de Israel que velaba sobre ellos. 2Al oírlos, Zorobabel, hijo de Sealtiel, y Josué, hijo de Yosadac, se pusieron a reconstruir el templo de Jerusalén, acompañados y alentados por los profetas de Dios. 3Pero Tatenay, gobernador de Transeufratina, Setar Boznay y sus colegas se acercaron, y les dijeron:

4–¿Quién les ha ordenado construir este templo y restaurar este santuario? ¿Cómo se llaman los hombres que han mandado construir este edificio?

5Pero Dios velaba por las autoridades de Judá y les permitieron seguir las obras mientras no llegase un decreto de Darío y les entregasen el escrito.

6Copia de la carta que enviaron Tatenay, gobernador de Transeufratina, Setar Boznay, sus colegas y las autoridades de Transeufratina al rey Darío. 7El escrito estaba redactado en los siguientes términos:

Al rey Darío, paz completa.

8Sepa el rey que hemos ido a la provincia de Judá y resulta que los judíos con su senado están construyendo en Jerusalén un gran templo con bloques de piedra, y recubren sus paredes de madera; trabajan a conciencia y el trabajo adelanta rápidamente. 9Entonces preguntamos al senado: ¿Quién les ha ordenado reconstruir esta casa y restaurar este santuario? 10Les pedimos también sus nombres, y tomamos por escrito los de sus jefes para poder informarte. 11Nos dieron la siguiente respuesta: Nosotros somos servidores del Dios del cielo y tierra, y estamos reconstruyendo un templo edificado antaño, que construyó y terminó un gran rey de Israel. 12Pero nuestros padres irritaron al Dios del cielo, y éste los entregó en manos del caldeo Nabucodonosor, rey de Babilonia, que destruyó este templo y deportó el pueblo a Babilonia. 13Sin embargo, el primer año de su reinado, Ciro de Babilonia ordenó reconstruirlo. 14Además, los objetos de oro y plata que Nabucodonosor se llevó del templo de Jerusalén al de Babilonia, el rey Ciro mandó sacarlos de este último y los consignó a un hombre llamado Sesbasar, al que nombró gobernador, 15diciéndole: Toma estos objetos, ve a llevarlos al templo de Jerusalén y que reconstruyan la casa de Dios en su mismo sitio. 16Sesbasar vino, echó los cimientos del templo de Jerusalén y desde entonces lo estamos construyendo; pero todavía no hemos terminado.

17Por consiguiente, si al rey le parece, que investiguen en los archivos reales de Babilonia, a ver si es verdad que el rey Ciro ordenó reconstruir este templo de Jerusalén. Y que nos comuniquen lo que el rey decida.

 

6 1El rey Darío ordenó investigar en la tesorería de Babilonia, que servía también de archivo, 2y resultó que en Ecbatana, la fortaleza de la provincia de Media, había un rollo redactado en los siguientes términos:

Memorándum.

3El año primero de su reinado, el rey Ciro decretó a propósito del templo de Jerusalén: Constrúyase un templo donde ofrecer sacrificios y echen sus cimientos. Su altura será de treinta metros y su ancho de otros treinta. 4Tendrá tres hileras de bloques de piedra y una hilera de madera nueva. Los gastos correrán a cargo de la corona. 5Además, los objetos de oro y plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor trasladó del templo de Jerusalén al de Babilonia, serán devueltos al templo de Jerusalén para que ocupen su puesto en la casa de Dios.

6Por consiguiente, Tatenay, gobernador de Transeufratina, Setar Boznay y sus colegas, las autoridades de Transeufratina, manténganse al margen 7y permitan al comisionado de Judea y al senado de Judá que trabajen reconstruyendo el templo de Dios en su antiguo sitio. 8En cuanto al senado de Judá y a la construcción del templo, les ordeno que se paguen a esos hombres todos los gastos puntualmente y sin interrupción, utilizando los fondos reales de los impuestos de Transeufratina. 9Los novillos, carneros y corderos que necesiten para los holocaustos del Dios del cielo, igual que el trigo, la sal, el vino y el aceite se les proporcionarán sin falta cada día, según las indicaciones de los sacerdotes de Jerusalén, 10para que ofrezcan sacrificios al Dios del cielo rogando por la salud del rey y de sus hijos.

11Asimismo, ordeno: al que no cumpla este edicto, arrancarán una viga de su casa y se lo ajusticiará sobre ella, y convertirán su casa en un montón de escombros. 12Y a todo rey o pueblo que, transgrediendo esta orden, intente destruir el templo de Jerusalén, el Dios que le ha dado su nombre lo aniquile.

La orden es mía y quiero que se cumpla a la letra. Darío.

13Tatenay, gobernador de Transeufratina, Setar Boznay y sus colegas hicieron puntualmente lo que había mandado el rey Darío. 14De este modo, el senado de Judá adelantó mucho la construcción, cumpliendo las instrucciones de los profetas Ageo y Zacarías, hijo de Idó, hasta que por fin la terminaron, conforme a lo mandado por el Dios de Israel y por Ciro, Darío y Artajerjes, reyes de Persia.

15El templo se terminó el día tres del mes de marzo, el año sexto del reinado de Darío. 16Los israelitas –sacerdotes, levitas y resto de los deportados– celebraron con júbilo la dedicación del templo, 17ofreciendo con este motivo cien toros, doscientos carneros, cuatrocientos corderos y doce chivos –uno por tribu– como sacrificio expiatorio por todo Israel. 18El culto del templo de Jerusalén se lo encomendaron a los sacerdotes, por grupos, y a los levitas, por clases, como manda la ley de Moisés.

19Los deportados celebraron la Pascua el día catorce del primer mes; 20como los levitas se habían purificado, junto con los sacerdotes, estaban puros e inmolaron la víctima pascual para todos los deportados, para los sacerdotes sus hermanos y para ellos mismos. 21La comieron los israelitas que habían vuelto del destierro y todos los que, renunciando a la impureza de los colonos extranjeros, se unieron a ellos para servir al Señor, Dios de Israel. 22Celebraron con gozo la fiesta de los Ázimos durante siete días; porque el Señor los había llenado de alegría al hacer que el rey de Asiria, los favoreciera y ayudara en la reconstrucción del templo del Dios de Israel.

 

Esdras llega a Jerusalén

7 1Años más tarde, durante el reinado de Artajerjes de Persia, Esdras, hijo de Serayas, de Azarías, de Jelcías, 2de Salún, de Sadoc, de Ajitub, 3de Amarías, de Azarías, de Merayot, 4de Zerajías, de Uzí, de Buquí, 5de Abisúa, de Fineés, de Eleazar, hijo del sumo sacerdote Aarón, subió de Babilonia. 6Era un letrado experto en la ley que dio el Señor, Dios de Israel, por medio de Moisés. El rey le concedió todo lo que pedía porque el Señor, su Dios, estaba con él.

7El año séptimo del rey Artajerjes subieron a Jerusalén algunos israelitas, sacerdotes, levitas, cantores, porteros y empleados del templo; 8llegaron a Jerusalén en julio del año séptimo del rey. 9El uno de marzo Esdras decidió salir de Babilonia y el uno de julio llegó a Jerusalén, con la ayuda de Dios, 10porque se había dedicado a estudiar la ley del Señor para cumplirla y para enseñar a Israel sus mandatos y preceptos.

11Copia del documento que entregó el rey Artajerjes a Esdras, sacerdote –letrado, especialista en los preceptos del Señor y en sus mandatos a Israel:

12Artajerjes, rey de reyes, al sacerdote Esdras, doctor en la ley del Dios del cielo. Paz perfecta, etc.

13Dispongo que mis súbditos israelitas, incluidos sus sacerdotes y levitas, que deseen ir a Jerusalén puedan ir contigo. 14El rey y sus siete consejeros te envían para ver cómo se cumple en Judá y Jerusalén la ley de tu Dios, que te han confiado, 15y para llevar la plata y el oro que el rey y sus consejeros han ofrecido voluntariamente al Dios de Israel, que habita en Jerusalén, 16además de la plata y el oro que recojas en la provincia de Babilonia y de los dones que ofrezcan el pueblo y los sacerdotes al templo de su Dios en Jerusalén. 17Emplea exactamente ese dinero en comprar novillos, carneros y corderos, con las oblaciones y libaciones correspondientes, y ofrécelos en el altar del templo dedicado a tu Dios en Jerusalén. 18El oro y la plata que sobren lo emplearán como mejor les parezca a ti y a tus hermanos, de acuerdo con la voluntad de su Dios. 19Los objetos que te entreguen para el culto del templo de tu Dios los pondrás al servicio de Dios en Jerusalén. 20Cualquier otra cosa que necesites para el templo te la proporcionarán en la tesorería real.

21Yo, el rey Artajerjes, ordeno a todos los tesoreros de Transeufratina que entreguen puntualmente a Esdras, sacerdote, doctor en la ley del Dios del cielo, todo lo que les pida, 22hasta un total de tres mil kilos de plata, cien cargas de trigo, cien medidas de vino y cien de aceite; la sal sin restricciones. 23Hágase puntualmente todo lo que ordene el Dios del cielo con respecto a su templo, para que no se irrite contra el reino, el rey y sus hijos. 24Y les hacemos saber que todos los sacerdotes, levitas, cantores, porteros, empleados y servidores de esa casa de Dios están exentos de impuesto, contribución y peaje.

25Tú, Esdras, con esa prudencia que Dios te ha dado, nombra magistrados y jueces que administren justicia a todo tu pueblo de Transeufratina, es decir, a todos los que conocen la ley de tu Dios, y a los que no la conocen, enséñasela.

26Al que no cumpla exactamente la ley de Dios y la orden del rey, que se le condene a muerte, o al destierro, o a pagar una multa, o a la cárcel.

27Bendito sea el Señor, Dios de nuestros padres, que movió al rey a honrar el templo de Jerusalén 28y me hizo ganar el favor del rey, el de sus consejeros y el de las autoridades militares. Animado al ver que el Señor, mi Dios, me ayudaba, reuní a algunos israelitas importantes para que subiesen conmigo.

 

8 1Lista de los jefes de familia, indicando su genealogía, que subieron conmigo desde Babilonia durante el reinado de Artajerjes:

2De los descendientes de Fineés, Guersón.

De los descendientes de Itamar, Daniel.

3De los descendientes de David, Jatús, hijo de Secanías.

De los descendientes de Farós, Zacarías y ciento cincuenta registrados con él.

4De los descendientes de Pajat Moab, Elioenay, hijo de Zerajías, con doscientos varones.

5De los descendientes de Zatú, Secanías, hijo de Yajziel, con trescientos varones.

6De los descendientes de Adín, Ebed, hijo de Jonatán, con cincuenta varones.

7De los descendientes de Elam, Isaías, hijo de Atalías, con setenta varones.

8De los descendientes de Sefatías, Zebadías, hijo de Miguel, con ochenta varones.

9De los descendientes de Joab, Abdías, hijo de Yejiel, con doscientos dieciocho varones.

10De los descendientes de Baní, Selomit, hijo de Yosifías, con ciento sesenta varones.

11De los descendientes de Bebay, Zacarías, hijo de Bebay, con veintiocho varones.

12De los descendientes de Azgad, Juan, hijo de Hacatán, con ciento diez varones.

13De los descendientes de Adonicán, los últimos, llamados Elifélet, Yeguiel y Semayas, con sesenta varones.

14De los descendientes de Bigvay, Utay y Zabud, con setenta varones.

 

El viaje a Jerusalén

15Los reuní junto al río que corre hacia Ahavá; acampamos allí tres días, y observé que había gente del pueblo y sacerdotes, pero no encontré levitas. 16Entonces envié a los jefes Eliezer, Ariel, Semayas, Elnatán, Yarib, Elnatán, Natán, Zacarías y Mesulán, y a Yoyarib y Elnatán, hombres prudentes, 17con la orden de presentarse a Idó, jefe de la localidad de Casifía, a fin de que nos proporcionaran empleados para el templo de nuestro Dios. 18Gracias a Dios, nos enviaron un hombre prudente, descendiente de Majlí, de Leví, de Israel: Serebías, que vino con dieciocho personas entre hijos y hermanos. 19También nos enviaron a Jasabías e Isaías, descendientes de Merarí, con veinte entre hijos y hermanos. 20Y doscientos veinte empleados del templo, de los que David y las autoridades destinaron al servicio de los levitas. Todos fueron designados por su nombre.

21Allí, junto al río Ahavá, proclamé un ayuno para hacer penitencia ante nuestro Dios y pedirle un feliz viaje para nosotros, nuestros niños y nuestros bienes. 22Porque nos daba vergüenza pedirle al rey infantes y soldados de caballería que nos protegiesen de los enemigos durante el viaje, después de haberle dicho: Nuestro Dios protege a los que le sirven, mientras su poder y su cólera se vuelven contra los que lo abandonan. 23Por esta intención ayunamos y suplicamos al Señor, que nos atendió benignamente.

24Escogí a doce príncipes de los sacerdotes y también a Serebías y Yasabías con diez de sus hermanos. 25Pesé ante ellos la plata, el oro y los objetos que el rey, sus consejeros y los israelitas residentes allí habían entregado como ofrenda al templo de nuestro Dios. 26Lo pesé, y les entregué diecinueve mil quinientos kilos de plata, cien objetos de plata que pesaban sesenta kilos y tres mil kilos de oro, 27veinte copas de oro de mil dáricos y dos objetos de bronce fino dorado, valiosos como el oro. 28Y les dije:

–Ustedes están consagrados al Señor. Estos objetos son sagrados y la plata y el oro son ofrendas voluntarias al Señor, Dios de nuestros padres. 29Vigílenlos y guárdenlos hasta que los pesen en Jerusalén, en las salas del templo, delante de los príncipes de los sacerdotes, los levitas y los jefes de familia de Israel.

30Los sacerdotes y levitas tomaron la plata, el oro y los objetos que habían contado para llevarlos a Jerusalén, al templo de nuestro Dios.

31El doce de marzo partimos del río Ahavá y nos encaminamos hacia Jerusalén. Nuestro Dios nos protegió y nos libró de enemigos y salteadores durante el viaje. 32Llegamos a Jerusalén y descansamos allí tres días. 33El cuarto contamos la plata, el oro y los objetos en el templo de nuestro Dios y se los entregamos al sumo sacerdote, Meremot, hijo de Urías, en presencia de Eleazar, hijo de Fineés, y de los levitas Yozabad, hijo de Josué, y Noadías, hijo de Binuy. 34Tras contar y pesar todo, se puso el inventario por escrito.

35Los deportados que volvían del cautiverio ofrecieron holocaustos al Dios de Israel: doce novillos por todo Israel, noventa y seis carneros, setenta y siete corderos y doce chivos como sacrificio expiatorio; todos en holocausto al Señor. 36Luego entregaron los decretos del rey a los gobernadores imperiales y a los funcionarios de Transeufratina, que ayudaron al pueblo y al templo de Dios.

 

El problema de los matrimonios con extranjeras

(Neh 13)

9 1Más adelante se me acercaron las autoridades para decirme:

–El pueblo de Israel, los sacerdotes y los levitas han cometido las mismas abominaciones que los pueblos paganos, cananeos, hititas, fereceos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos; 2ellos y sus hijos se han casado con extranjeras, y la raza santa se ha mezclado con pueblos paganos. Los jefes y los magistrados han sido los primeros en cometer esta traición.

3Cuando me enteré de esto, me rasgué los vestidos y el manto, me afeité la cabeza y la barba y me senté desolado. 4Todos los que respetaban la ley del Dios de Israel se reunieron junto a mí al enterarse de esta traición de los deportados. Permanecí abatido hasta la hora de la oblación de la tarde. 5Pero al llegar ese instante acabé mi penitencia, y con el vestido y el manto rasgados, me arrodillé y alcé las manos al Señor, mi Dios, 6diciendo:

–Dios mío, de pura vergüenza no me atrevo a levantar el rostro hacia ti, porque nuestros delitos sobrepasan nuestra cabeza y nuestra culpa llega al cielo. 7Desde los tiempos de nuestros padres hasta hoy nos hemos hecho muy culpables, y por nuestros delitos, nosotros con nuestros reyes y sacerdotes hemos sido entregados a reyes extranjeros, a la espada, al destierro, al saqueo y a la ignominia, como nos sucede en el día de hoy. 8Pero ahora el Señor, nuestro Dios, nos ha concedido un momento de gracia, dejándonos un resto y de darnos un refugio en su lugar santo, dando luz a nuestros ojos y concediéndonos respiro en nuestra esclavitud. 9Porque éramos esclavos, pero nuestro Dios no nos abandonó en nuestra esclavitud; él nos obtuvo el favor de los reyes de Persia, nos dio respiro para levantar el templo de nuestro Dios y restaurar sus ruinas y nos dio una muralla en Judá y Jerusalén.

10Y ahora, Dios nuestro, ¿qué podemos decir después de todo esto? Hemos abandonado los preceptos 11que nos diste, por medio de tus siervos los profetas, diciendo: La tierra que vas a poseer es una tierra manchada por la inmundicia de los pueblos paganos, por las abominaciones con que la han llenado de un extremo a otro, por sus impurezas. 12Por consiguiente, no entreguen sus hijas a sus hijos ni casen a sus hijos con sus hijas; nunca pretendan su alianza ni su favor; así se harán fuertes, comerán los frutos de la tierra y se la dejarán a sus hijos como herencia para siempre.

13Después de todo lo que nos ha ocurrido por nuestras malas acciones y nuestra grave culpa –aunque tú, Dios nuestro, has estimado por lo bajo nuestros delitos y nos has dejado salir con vida–, 14¿volveremos a violar tus preceptos, emparentándonos con estos pueblos abominables? ¿No te irritarías hasta acabar con nosotros sin dejar un resto con vida?

15Señor, Dios de Israel, este resto que hoy sigue con vida demuestra que eres justo. Nos presentamos ante ti con nuestras culpas, a pesar de que en estas condiciones nadie puede comparecer delante de ti.

 

10 1Mientras Esdras, llorando y postrado ante el templo de Dios, oraba y hacía esta confesión, una gran multitud de israelitas –hombres, mujeres y niños– se reunió junto a él llorando sin parar.

2Entonces Secanías, hijo de Yejiel, descendiente de Elam, tomó la palabra y dijo a Esdras:

–Hemos sido infieles a nuestro Dios al casarnos con mujeres extranjeras de los pueblos paganos. Pero todavía hay esperanza para Israel. 3Nos comprometeremos con nuestro Dios a despedir a todas las mujeres extranjeras y a los niños que hemos tenido de ellas, según decidas tú y los que respetan los preceptos de nuestro Dios. Cúmplase la ley. 4Levántate, que este asunto es competencia tuya y nosotros te apoyaremos. Actúa con energía.

5Esdras se puso en pie e hizo jurar a los príncipes de los sacerdotes, a los levitas y a todo Israel que actuarían de esa forma. 6Ellos lo juraron. Entonces Esdras salió del templo y fue al aposento de Yehojanán, hijo de Elyasib, donde pasó la noche. Pero en señal de duelo no comió ni bebió, entristecido como estaba por la infidelidad de los desterrados.

7Pregonaron por Judá y Jerusalén que todos los deportados se reunieran en Jerusalén. 8Al que no acudiese en el plazo de tres días establecido por las autoridades y los ancianos se le incautarían los bienes para el Señor y lo expulsarían de la comunidad de los desterrados. 9Al tercer día estaban en Jerusalén todos los judíos y benjaminitas. Era el veinte del mes noveno. Todo el pueblo se encontraba en la explanada del templo, temblando a causa del problema y de la lluvia intensa. 10El sacerdote Esdras se puso en pie y les dijo:

–Han pecado al casarse con mujeres extranjeras, agravando la culpa de Israel. 11Ahora, den gracias al Señor, Dios de nuestros padres y cumplan su voluntad separándose de los pueblos paganos y de las mujeres extranjeras.

12Toda la comunidad respondió en alta voz:

13–Haremos lo que nos dices. Pero somos muchos, y en época de lluvias no hay quien resista a la intemperie. El problema no se resuelve en un día ni en dos, porque somos muchos los que hemos cometido este pecado. 14Sería mejor que nuestros jefes representasen a toda la comunidad. Los ciudadanos que se hayan casado con una extranjera se presentarán cuando los llamen, junto con los concejales y jueces de cada pueblo, hasta que apartemos la cólera de Dios que hemos provocado con tal conducta.

15Sólo se opusieron Jonatán, hijo de Asael, y Yajzías, hijo de Tiqvá, apoyados por Mesulán y por el levita Sabtay.

16Los desterrados lo hicieron así. El sacerdote Esdras escogió algunos jefes de familia, según sus linajes, designándolos por su nombre. El día uno del décimo mes se sentaron a examinar el asunto 17y el día uno del primer mes terminaron con todos los hombres que se habían casado con extranjeras.

18Sacerdotes casados con extranjeras: Maseyas, Eliezer, Yarib y Guedalías, descendientes de Josué, hijo de Yosadac, y de sus hermanos; 19se comprometieron a dejar sus mujeres y a ofrecer un carnero por su pecado. 20Jananí y Zebadías, descendientes de Imer. 21Maseyas, Elías, Semayas, Yejiel y Uzías, descendientes de Jarín. 22Elioenay, Maseyas, Ismael, Netanel, Yozabad y Elasa, descendientes de Pasjur.

23Levitas: Yozabad, Semeí, Quelayas, que era quelita, Petajías, Judá y Eliezer.

24Cantores: Eliasib.

Porteros: Salún, Telen y Urí.

25Los demás israelitas que estaban en el mismo caso fueron: Ramías, Yizías, Malquías, Miyamín, Eleazar, Malquías y Benayas, descendientes de Farós. 26Matanías, Zacarías, Yejiel, Abdí, Yeremot y Elías, descendientes de Elam. 27Elioenay, Eliasib, Matanías, Yeremot, Zabat y Azizá, descendientes de Zatú. 28Juan, Ananías, Zabay y Atlay, descendientes de Bebay. 29Mesulán, Maluc, Adaya, Yasub, Seal y Yeramot, descendientes de Baní. 30Adná, Quelal, Benayas, Maseyas, Matanías, Besalel, Binuy y Manasés, descendientes de Pajat Moab. 31Eliezer, Yesiyas, Malquías, Semayas, Simeón, 32Benjamín, Maluc y Semarías, descendientes de Jarín. 33Matnay, Matatá, Zabad, Elifélet, Yeremay, Manasés y Semeí, descendientes de Jasún. 34Descendientes de Baní: Maday, Amrán, Uel, 35Benayas, Bedías, Queluhí, 36Vanías, Meremot, Eliasib, 37Matanías, Matenay, Yasay, 38Baní, Binuy, Semeí, 39Selemías, Natán, Adaya, 40Macnadbay, Sasay, Saray, 41Azarel, Selemías, Semarías, 42Salún, Amarías y José, 43Yeguiel, Matitías, Zabad, Zebiná, Yaday, Joel y Benayas, descendientes de Nebó.

44Todos éstos se habían casado con extranjeras y despidieron a sus mujeres y a sus hijos.

 

Nehemías

 

Introducción

1 1Autobiografía de Nehemías, hijo de Jacalías:

El mes de diciembre del año veinte me encontraba yo en la fortaleza de Susa 2cuando llegó mi hermano Jananí con unos hombres de Judá. Les pregunté por los judíos que se habían librado del destierro y por Jerusalén. 3Me respondieron:

–Los que se libraron del destierro están en la provincia pasando grandes privaciones y humillaciones. La muralla de Jerusalén está en ruinas y sus puertas consumidas por el fuego.

4Al oír estas noticias lloré e hice duelo durante unos días, ayunando y orando al Dios del cielo 5con estas palabras:

–Señor, Dios del cielo, Dios grande y terrible, fiel a la alianza y misericordioso con los que te aman y guardan tus preceptos: 6ten los ojos abiertos y los oídos atentos a la oración de tu servidor, la oración que día y noche te dirijo por tus servidores, los israelitas, confesando los pecados que los israelitas hemos cometido contra ti, tanto yo como la casa de mi padre. 7Nos hemos portado muy mal contigo, no hemos observado los preceptos, mandatos y decretos que ordenaste a tu siervo Moisés. 8Pero acuérdate de lo que dijiste a tu siervo Moisés: Si son infieles los dispersaré entre los pueblos; 9pero si vuelven a mí y ponen en práctica mis preceptos, aunque los desterrados se encuentren en los confines del mundo, allá iré a reunirlos y los llevaré al lugar que elegí para morada de mi nombre. 10Son tus servidores y tu pueblo, los que rescataste con tu gran poder y mano fuerte. 11Señor, mantén tus oídos atentos a la oración de tu servidor y a la oración de tus servidores que están deseosos de respetarte. Permíteme lograr mi cometido y que sea bien recibido por el rey.

Yo era entonces copero del rey.

 

El viaje

2 1Era el mes de marzo del año veinte del reinado de Artajerjes. Tenía el vino delante y yo tomé la copa y se la serví. En su presencia no debía tener cara triste. 2El rey me preguntó:

–¿Qué te pasa que tienes mala cara? Tú no estás enfermo, sino triste.

Me llevé un susto, 3pero contesté al rey:

–Viva su majestad eternamente. ¿Cómo no voy a estar triste cuando la ciudad donde se hallan enterrados mis padres está en ruinas y sus puertas consumidas por el fuego?

4El rey me dijo:

–¿Qué es lo que pretendes?

Me encomendé al Dios del cielo, 5y respondí:

–Si a su majestad le parece bien, y si está satisfecho de su servidor, déjeme ir a Judá a reconstruir la ciudad donde están enterrados mis padres.

6El rey y la reina, que estaba sentada a su lado, me preguntaron:

–¿Cuánto durará tu viaje y cuándo volverás?

Al rey le pareció bien la fecha que le indiqué y me dejó ir.

7Pero añadí:

–Si a su majestad le parece bien, que me den cartas para los gobernadores de Transeufratina, a fin de que me faciliten el viaje hasta Judá. 8Y una carta dirigida a Asaf, superintendente de los bosques reales, para que me suministren tablones para las puertas de la fortaleza del templo, para el muro de la ciudad y para la casa donde me instalaré.

9Gracias a Dios, el rey me lo concedió todo. Me proporcionó también una escolta de oficiales y jinetes, y cuando me presenté a los gobernadores de Transeufratina, les entregué las cartas del rey.

10Cuando el joronita Sanbalat y Tobías, el funcionario amonita, se enteraron de la noticia, les molestó mucho que alguien viniera a preocuparse por el bienestar de los israelitas.

11Llegué a Jerusalén y descansé allí tres días. 12Luego me levanté de noche con unos pocos hombres, sin decir a nadie lo que mi Dios me había inspirado hacer en Jerusalén. Sólo llevaba la cabalgadura que yo montaba. 13Salí de noche por la Puerta del Valle, dirigiéndome a la Fuente del Dragón y a la Puerta de la Basura; comprobé que las murallas de Jerusalén estaban en ruinas y las puertas consumidas por el fuego. 14Continué por la Puerta de la Fuente y el estanque real. 15Como allí no había sitio para la cabalgadura, subí por el torrente, todavía de noche, y seguí inspeccionando la muralla. Volví a entrar por la Puerta del Valle y regresé a casa. 16Las autoridades no supieron adónde había ido ni lo que pensaba hacer. Hasta entonces no había dicho nada a los judíos, ni a los sacerdotes, ni a los notables, ni a las autoridades, ni a los demás encargados de la obra. 17Entonces les dije:

–Ya ven la situación en que nos encontramos: Jerusalén está en ruinas y sus puertas incendiadas. Vamos a reconstruir la muralla de Jerusalén para que ya no seamos objeto de burla.

18Les conté cómo el Señor me había favorecido y lo que me había dicho el rey. Ellos dijeron:

–¡Vamos, pongámonos a trabajar!

Y pusieron manos a la obra con todo entusiasmo.

19Cuando se enteraron el joronita Sanbalat, Tobías, el siervo amonita, y el árabe Guesen, empezaron a burlarse de nosotros y a despreciarnos, comentando:

–¿Qué están haciendo? ¿Se van a rebelar contra el rey?

20Les repliqué:

–El Dios del cielo hará que tengamos éxito. Nosotros, sus servidores, seguiremos construyendo. Ustedes, en cambio, no tienen terrenos, ni derechos, ni un nombre en Jerusalén.

 

Reconstrucción de la muralla

3 1El sumo sacerdote, Eliasib, y sus parientes, los sacerdotes, pusieron manos a la obra y reconstruyeron la Puerta de las Ovejas; la consagraron y fijaron sus hojas; continuaron hasta la Torre de Ciento y hasta la Torre de Jananel. 2Junto a ellos trabajaron los hombres de Jericó, y junto a éstos, Zacur, hijo de Imrí. 3La Puerta de los Peces la reconstruyeron los hijos de Hasnaá; la armaron y fijaron sus hojas, barras y cerrojos. 4A su lado trabajó Meremot, hijo de Urías, hijo de Hacós; junto a éste, Mesulán, hijo de Berequías, hijo de Mesezabel; 5junto a éste, Sadoc, hijo de Baná; junto a éste trabajaron los de Tecua, aunque sus notables no quisieron colaborar con las autoridades. 6La Puerta del Barrio Nuevo la restauraron Yoyadá, hijo de Pasej, y Mesulán, hijo de Besodías; la armaron y fijaron sus hojas, barras y cerrojos. 7Junto a ellos trabajaron Melatías de Gabaón y Yadón de Meronot, con los hombres de Gabaón y de Atalaya, a expensas del gobernador de Transeufratina. 8Junto a él trabajó Uziel, hijo de Jarjayas, orfebre, y junto a éste el perfumista Ananías; ambos dejaron terminada la muralla de Jerusalén hasta el muro ancho. 9Junto a ellos trabajó Refayas, hijo de Jur, jefe de medio distrito de Jerusalén. 10A su lado lo hizo Yedayas, hijo de Jarumaf, delante de su casa. Junto a éste trabajó Jatús, hijo de Jasabnías.

11La parte siguiente, hasta la Torre de los Hornos, la restauraron Malquías, hijo de Jarín, y Jasub, hijo de Pajat Moab. 12Junto a éstos trabajó Salún, hijo de Halojés, jefe de medio distrito de Jerusalén, con sus hijas.

13La Puerta del Valle la restauró Janún con los habitantes de Zanoj; la reconstruyeron, fijaron sus puertas, barras y cerrojos, e hicieron quinientos metros de muralla, hasta la Puerta de la Basura.

14La Puerta de la Basura la restauró Malquías, hijo de Recab, jefe del distrito de Bet-Kérem; la reconstruyó y fijó sus hojas, barras y cerrojos.

15La Puerta de la Fuente la restauró Salún, hijo de Col-Jozé, jefe del distrito de Mispá; la reconstruyó, la cubrió y fijó sus hojas, barras y cerrojos; también construyó la muralla del estanque de Sélaj, junto al jardín real, hasta la escalera que baja de la Ciudad de David.

16A continuación, Nehemías, hijo de Azbuc, jefe de medio distrito de Bet-Sur, reparó hasta las tumbas de David, el estanque artificial y la Casa de los Valientes. 17A continuación lo hicieron los levitas: Rejún, hijo de Baní; junto a él, Jasabías, jefe de medio distrito de Queilá, su distrito. 18A continuación repararon sus parientes: Bavay, hijo de Jenadad, jefe de medio distrito de Queilá. 19Junto a él, Ezer, hijo de Josué, jefe de Mispá, restauró el sector a partir de la subida del arsenal del Ángulo.

20Baruc, hijo de Zabay, reparó el sector que va desde el Ángulo hasta la puerta de la casa del sumo sacerdote, Eliasib. 21Meremot, hijo de Urías, hijo de Hacós, restauró desde la puerta de la casa de Eliasib hasta el final de la misma. 22Luego lo hicieron los sacerdotes que habitaban en la vega del Jordán. 23Benjamín y Jasub repararon la zona frente a su casa, luego lo hizo Azarías, hijo de Maseyas, hijo de Ananías, en la zona junto a su casa. 24Binuy, hijo de Jenadad, reparó el sector desde la casa de Azarías hasta el Ángulo y la Esquina. 25Palal, hijo de Uzay, lo hizo a partir del Ángulo y la torre saliente del palacio real, la de arriba, que da al patio de la cárcel. Luego, Fedayas, hijo de Farós, reparó 26hasta enfrente de la Puerta del Agua, al este de la torre saliente. Los empleados del templo vivían en el Ofel.

27A continuación trabajaron los de Tecua, desde la torre grande saliente hasta la muralla del Ofel. 28A partir de la Puerta de los Caballos trabajaron los sacerdotes, cada cual frente a su casa. 29A continuación, Sadoc, hijo de Imer, reparó la zona delante de su casa y detrás de él lo hizo Semayas, hijo de Secanías, encargado de la Puerta de Oriente. 30Ananías, hijo de Selemías, y Janún, sexto hijo de Salaf, repararon el sector siguiente. Mesulán, hijo de Berequías, restauró frente a su vivienda. 31A continuación, el orfebre Malquías restauró hasta la casa de los empleados del Templo y de los comerciantes, frente a la Puerta de la Inspección, y hasta la habitación superior de la esquina. 32La zona entre la habitación superior de la esquina y la Puerta de las Ovejas la restauraron los orfebres y comerciantes.

33Cuando Sanbalat se enteró de que estábamos reconstruyendo la muralla, se indignó, y enfurecido, empezó a burlarse de los judíos, 34diciendo a su gente y a la guarnición samaritana:

–¿Qué hacen esos desgraciados judíos? ¿No hay nadie que se lo impida? ¿Van a ofrecer sacrificios? ¿Se creen que van a terminar el trabajo en un día? ¿O que de los montones de escombros van a sacar nuevas las piedras que se quemaron?

35El amonita Tobías, que se encontraba a su lado, dijo:

–Déjalos que construyan. En cuanto suba una zorra se desmoronará su muralla de piedra.

36Escucha, Dios nuestro, cómo se burlan de nosotros. Haz que sus insultos recaigan sobre ellos y mándalos al destierro para que se burlen de ellos. 37No encubras sus delitos, no borres de tu vista sus pecados, porque han ofendido a los constructores.

38Seguimos levantando la muralla, que quedó reparada hasta media altura. La gente tenía ganas de trabajar.

 

4 1Cuando Sanbalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los asdoditas se enteraron de que la reparación de la muralla de Jerusalén iba adelante –porque empezaban a cerrarse las brechas– se enfurecieron. 2Y se confabularon para luchar contra Jerusalén y sembrar en ella la confusión. 3Encomendándonos a nuestro Dios, pusimos una guardia día y noche para vigilarlos.

4Mientras los judíos decían: Los cargadores se agotan y los escombros son muchos; nosotros solos no podemos construir la muralla, 5nuestros enemigos comentaban: Que no sepan ni vean nada hasta que hayamos penetrado en medio de ellos y los matemos; así detendremos las obras.

6En esta situación, los judíos que vivían entre ellos, viniendo de diversos lugares, nos repetían una y otra vez que nos iban a atacar. 7Entonces aposté en trincheras detrás de la muralla y entre matorrales gente dividida por familias y armados con sus espadas, lanzas y arcos. 8Después de una inspección, dije a los notables, a las autoridades y al resto del pueblo:

–No les tengan miedo. Acuérdense del Señor, grande y terrible, y luchen por sus hermanos, hijos, hijas, mujeres y casas.

9Al ver nuestros enemigos que estábamos informados, Dios desbarató sus planes y pudimos volver a la muralla, cada cual a su tarea. 10Con todo, desde aquel día la mitad de mis hombres trabajaba mientras la otra mitad estaba armada de lanzas, escudos, arcos y corazas. Las autoridades se preocupaban de todos los judíos. 11Los que construían la muralla y los cargadores estaban armados; con una mano trabajaban y con la otra empuñaban el arma. 12Todos los albañiles llevaban la espada al cinto mientras trabajaban. Y el corneta iba a mi lado, 13porque había dicho a los notables, a las autoridades y al resto del pueblo: El trabajo es tan grande y tan extenso, que debemos esparcirnos a lo largo de la muralla, lejos unos de otros. 14En cuanto oigan la corneta, dondequiera que estén, vengan a reunirse con nosotros. Nuestro Dios combatirá por nosotros. 15Así seguimos, unos trabajando y otros empuñando las lanzas, desde que despuntaba el alba hasta que salían las estrellas. 16Por entonces también dije al pueblo:

–Todos pernoctarán en Jerusalén con sus criados. De noche haremos guardia y de día trabajaremos.

17Yo, mis hermanos, mis criados y los hombres de mi escolta dormíamos vestidos y con las armas al alcance de la mano.

 

Problemas sociales

(Jr 34,8-22)

5 1La gente sencilla, sobre todo las mujeres, empezaron a protestar enérgicamente contra sus hermanos judíos. 2Unos decían: Tenemos muchos hijos e hijas; que nos den trigo para comer y seguir con vida. 3Otros: Pasamos tanta hambre, que tenemos que hipotecar nuestros campos, viñedos y casas para conseguir trigo. 4Y otros: Hemos tenido que pedir dinero prestado para pagar el impuesto real. 5Somos iguales que nuestros hermanos, nuestros hijos son como los suyos, y, sin embargo, debemos entregar como esclavos a nuestros hijos e hijas; a algunas de ellas incluso las han deshonrado, sin que podamos hacer nada, porque nuestros campos y viñas están en manos ajenas.

6Cuando me enteré de sus protestas y de lo que sucedía me indigné y, sin poder contenerme, me encaré con los nobles y las autoridades. 7Les dije:

–Ustedes se están portando con sus hermanos como usureros.

8Convoqué contra ellos una asamblea general, y les dije:

–Nosotros, en la medida de nuestras posibilidades, rescatamos a nuestros hermanos judíos vendidos a los paganos. Y ustedes venden a sus hermanos para que luego nos los vendan a nosotros.

Se quedaron cortados, sin respuesta, 9y yo seguí:

–No está bien lo que hacen. Sólo respetando a nuestro Dios evitarán el desprecio de nuestros enemigos, los paganos. 10También yo, mis hermanos y mis criados les hemos prestado dinero y trigo. 11Olvidemos esa deuda. Devuélvanles hoy mismo sus campos, viñas, olivares y casas, y perdónenles el dinero, el trigo, el vino y el aceite que les han prestado.

12Respondieron:

–Se lo devolveremos sin exigir nada. Haremos lo que dices.

Entonces llamé a los sacerdotes para que les tomasen juramento de que cumplirían su palabra. 13Luego me despojé de mi manto, diciendo:

–Así despoje Dios de su casa y de sus bienes al que no cumpla su palabra, y que se quede despojado y sin nada.

Toda la asamblea respondió:

–Amén.

Y alabó al Señor. El pueblo cumplió lo prometido.

14Dicho sea de paso, desde el día en que me nombraron gobernador de Judá, cargo que ocupé durante doce años, desde el veinte hasta el treinta y dos del rey Artajerjes, ni yo ni mis hermanos comimos a expensas del cargo. 15En cambio los gobernadores anteriores fueron una carga para el pueblo, exigiéndole cada día cuatrocientos gramos de plata en concepto de pan y vino, y también sus servidores oprimían a la gente. 16Pero yo no obré así por respeto al Señor. Además, trabajé personalmente en la muralla, aunque yo no era terrateniente, y todos mis criados se pasaban el día en la obra. 17A mi mesa se sentaban ciento cincuenta nobles y consejeros, sin contar los que venían de los países vecinos. 18Cada día se aderezaba un toro, seis ovejas escogidas y aves; cada diez días encargaba vino de todas clases en abundancia. Y a pesar de esto nunca reclamé la pensión que me correspondía como gobernador, porque bastante agobiado estaba ya el pueblo.

19Dios mío, acuérdate para mi bien de todo lo que hice por esta gente.

 

Intrigas de los enemigos

6 1Cuando Sanbalat, Tobías, el árabe Guesen y el resto de nuestros enemigos se enteraron de que había reconstruido la muralla sin dejar ni una brecha –aunque todavía no había puesto las hojas de las puertas–, 2Sanbalat y Guesen mandaron a decirme:

–Ven a entrevistarte con nosotros en uno de los pueblos del valle de Onó.

3Venían con malas intenciones, y les contesté con unos mensajeros:

–Tengo muchísimo trabajo y no puedo bajar. No voy a dejar la obra parada para bajar a verlos.

4Cuatro veces me mandaron a decir lo mismo y les contesté igual. 5A la quinta, Sanbalat envió a su criado con una carta abierta, 6que decía: Se oye comentar entre la gente, y así lo afirma Guesen, que tú y los judíos piensan rebelarse, y que por eso has construido la muralla. 7Según esos rumores, tú serías el rey, y has nombrado profetas que te proclamen en Jerusalén rey de Judá. Esos rumores van a llegar a oídos del emperador. Ven, y decidiremos juntos lo que conviene hacer.

8Le respondí:

–Esos rumores de que hablas carecen de fundamento; son pura invención tuya.

9Querían intimidarnos, pensando que abandonaríamos la obra, dejándola a medio acabar. Al contrario, cobré nuevos ánimos.

10Por entonces fui a casa de Semayas, hijo de Pelayas, hijo de Mehetabel, que se hallaba impedido, y me dijo:

–Vamos a meternos en el templo, dentro de la nave, y cerramos la puerta. Porque van a venir a matarte; piensan matarte esta noche.

11Le contesté:

–Un hombre como yo no huye ni se mete en el templo para salvar la vida. No voy.

12Porque caí en la cuenta de que no era Dios quien lo enviaba; me hizo esta profecía sobornado por Tobías y Sanbalat, 13para que me entrase miedo y actuase de esa forma, cometiendo un pecado que pensaban aprovechar para denigrarme y difamarme.

14Dios mío, acuérdate de lo que han hecho Tobías y Sanbalat; también de la profetisa Noadías y de los otros profetas que intentaron asustarme.

15El veinticinco de septiembre, a los cincuenta y dos días de comenzada, se terminó la muralla. 16Cuando se enteraron nuestros enemigos y lo vieron los pueblos circundantes se llenaron de admiración y reconocieron que era nuestro Dios el autor de esta obra.

17Por aquellos días era intensa la correspondencia epistolar entre los notables de Judá y Tobías, 18ya que muchos judíos se habían juramentado con él por ser yerno de Secanías, hijo de Araj, y porque su hijo Juan estaba casado con la hija de Mesulán, hijo de Berequías. 19Me hablaban bien de él y a él le referían lo que yo hacía. Tobías siguió enviando cartas para intimidarme.

 

7 1Cuando estuvo reconstruida la muralla y coloqué las puertas, se asignaron los cargos de porteros, cantores y levitas. 2Puse al frente de Jerusalén a mi hermano Jananí, y a Ananías, jefe de la fortaleza, que era un hombre honrado y temeroso de Dios como pocos. 3Les dije:

–Que no abran las puertas de Jerusalén hasta que el sol caliente, y que las cierren y atranquen antes de que se ponga. Y que formen cuerpos de guardia con los habitantes de Jerusalén; unos vigilarán en los puestos y otros delante de su casa.

La repoblación de Jerusalén I

(Esd 2)

4La ciudad era espaciosa y grande, pero los habitantes escasos y no se construían casas. 5Entonces mi Dios me inspiró reunir a los notables, a las autoridades y al pueblo para hacer el registro. Encontré el registro de los primeros que habían vuelto, donde estaba escrito: 6Habitantes de la provincia que regresaron del destierro, adonde los llevó cautivos Nabucodonosor, rey de Babilonia, y volvieron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su pueblo: 7Vinieron con Zorobabel, Josué, Nehemías, Azarías, Raamías, Najmaní, Mardoqueo, Bilsán, Mispéret, Bigvay, Nejún y Baná.

Lista de los hombres del pueblo de Israel:

8Dos mil ciento setenta y dos descendientes de Farós.

9Trescientos setenta y dos descendientes de Sefatías.

10Seiscientos cincuenta y dos descendientes de Araj.

11Dos mil ochocientos dieciocho descendientes de Pajat Moab, descendientes de Josué y de Joab.

12Mil doscientos cincuenta y cuatro descendientes de Elam.

13Ochocientos cuarenta y cinco descendientes de Zatú.

14Setecientos sesenta descendientes de Zacay.

15Seiscientos cuarenta y ocho descendientes de Binuy.

16Seiscientos veintiocho descendientes de Bebay.

17Dos mil trescientos veintidós descendientes de Azgad.

18Seiscientos sesenta y siete descendientes de Adonicán.

19Dos mil sesenta y siete descendientes de Bigvay.

20Seiscientos cincuenta y cinco descendientes de Adín.

21Noventa y ocho descendientes de Ater, de Ezequías.

22Trescientos veintiocho descendientes de Jasún.

23Trescientos veinticuatro descendientes de Besay.

24Ciento doce descendientes de Jarif.

25Noventa y cinco oriundos de Guibeón.

26Ciento ochenta y ocho oriundos de Belén y Netofá.

27Ciento veintiocho de Anatot.

28Cuarenta y dos de Bet-Azmaut.

29Setecientos cuarenta y tres de Quiriat Yearim, Quepira y Beerot.

30Seiscientos veintiuno de Ramá y Guibeá.

31Ciento veintidós de Micmás.

32Ciento veintitrés de Betel y Ay.

33Cincuenta y dos descendientes de Nebo.

34Mil doscientos cincuenta y cuatro descendientes del otro Elam.

35Trescientos veinte de Jarín.

36Trescientos cuarenta y cinco de Jericó.

37Setecientos veintiuno de Lod, Jadid y Onó.

38Tres mil novecientos treinta de Senaá.

39Sacerdotes:

Novecientos setenta y tres descendientes de Yedayas, de la familia de Josué.

40Mil cincuenta y dos descendientes de Imer.

41Mil doscientos cuarenta y siete descendientes de Pasjur.

42Mil diecisiete descendientes de Jarín.

43Levitas:

Setenta y cuatro descendientes de Josué y de Cadmiel, de la familia de Hodavías.

44Cantores:

Ciento cuarenta y ocho descendientes de Asaf.

45Porteros:

Ciento treinta y ocho descendientes de Salún, Ater, Talmón, Acub, Jatitá y Sobay.

46Empleados del templo:

Descendientes de Sijá, Jasufá, Tabaot, 47Querós, Sia, Fadón, 48Lebaná, Jagabá, Salmay, 49Janán, Guidel, Gájar, 50Reayas, Resín, Necodá, 51Gazán, Siahá Uzá, Pasej, 52Besay, meunitas, nefusitas, 53Bacbuc, Jacufá, Jarjur, 54Baslut, Mejidá, Jarsá, 55Barcós, Sísara, Támaj, 56Nesij y Jatifá.

57Hijos de los servidores de Salomón:

58Descendientes de Sotay, Soféret, Perudá, Yalá, Darcón, Guidel, 59Sefatías, Jatil, Poquéret, el sebaíta, y Amí.

60Total de empleados del templo y de los hijos de los servidores de Salomón: trescientos noventa y dos.

61Lista de los que subieron de Tel Mélaj, Tel Jarsá, Querub, Adán e Imer, pero no pudieron probar su ascendencia o su origen israelita: 62seiscientos cuarenta y dos descendientes de Pelayas, Tobías y Necodá. 63Y de los sacerdotes, los descendientes de Jobayas, Hacós y Barzilay, que se había casado con una hija de Barzilay, el galaadita, y tomó su nombre. 64Buscaron su registro genealógico, pero no lo encontraron y se les excluyó del sacerdocio; 65el gobernador les prohibió comer los alimentos sagrados hasta que apareciese un sacerdote experto en consultar las suertes.

66En total, la comunidad constaba de cuarenta y dos mil trescientas sesenta personas, 67sin contar los esclavos y esclavas, que eran siete mil trescientos treinta y siete. 68Tenía doscientos cuarenta y cinco entre cantores y cantoras, setecientos treinta y seis caballos y doscientos cuarenta y cinco mulas, cuatrocientos treinta y cinco camellos y seis mil setecientos veinte asnos.

69Algunos jefes de familia hicieron donativos para la obra. El gobernador entregó al tesoro mil dáricos de oro, cincuenta aspersorios y quinientas treinta túnicas sacerdotales. 70Los jefes de familia ofrecieron para el culto veinte mil dáricos de oro y dos mil doscientas minas de plata. 71El resto del pueblo, veinte mil dáricos de oro, dos mil minas de plata y sesenta y siete túnicas sacerdotales.

72Los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, parte del pueblo, los empleados del templo y todo Israel se establecieron en sus pueblos. Al llegar el mes séptimo se encontraban instalados en ellos.

 

Lectura de la Ley

8 1Entonces todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que se abre ante la Puerta del Agua, y pidió a Esdras, el letrado, que trajera el libro de la ley de Moisés, que Dios había dado a Israel. 2El sacerdote Esdras trajo el libro de la ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era a mediados de septiembre. 3En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la ley.

4Esdras, el letrado, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. A su derecha se encontraban Matitías, Sema, Anayas, Urías, Jelcías y Maseyas; a su izquierda, Fedayas, Misael, Malquías, Jasún, Jasbadana, Zacarías y Mesulán. 5Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo –ya que se encontraba en un puesto elevado–, y cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. 6Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: Amén, amén. Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.

7Los levitas Josué, Baní, Serebías, Yamín, Acub, Sabtay, Hodiyías, Maseyas, Quelitá, Azarías, Yozabad, Janán y Felayas explicaron la ley al pueblo, que se mantenía en sus puestos. 8Leían el libro de la ley de Dios traduciéndolo y explicándolo para que se entendiese la lectura. 9El gobernador Nehemías, el sacerdote y letrado Esdras y los levitas que instruían al pueblo, viendo que la gente lloraba al escuchar la lectura de la ley, le dijeron:

–Hoy es un día consagrado al Señor, su Dios. No estén tristes ni lloren.

10Después añadió:

–Ya pueden retirarse, coman bien, beban vinos generosos y envíen porciones a los que no tienen nada, porque hoy es día consagrado a nuestro Dios. No ayunen, que al Señor le gusta que estén fuertes.

11Los levitas serenaban al pueblo, diciendo:

–¡Tranquilícense! Este día es santo; no estén tristes.

12El pueblo se fue, comió, bebió, envió porciones y organizó una gran fiesta, porque había comprendido lo que le habían explicado.

 

La fiesta de las Chozas

(Lv 23,33-43; Dt 16,13-15)

13Al día siguiente, los jefes de familia de todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas se reunieron con el letrado Esdras para estudiar el libro de la ley. 14En la ley que había mandado el Señor por medio de Moisés encontraron escrito: Los israelitas habitarán en chozas durante la fiesta del mes séptimo.

15Entonces anunciaron en todos sus pueblos y en Jerusalén:

–Vayan al monte y traigan ramas de olivo, pino, mirto, palmera y de otros árboles frondosos para construir las chozas, como está mandado.

16La gente fue, las trajo e hicieron las chozas; unos en la azotea, otros en sus patios, en los patios del templo, en la plaza de la Puerta del Agua y en la plaza de la Puerta de Efraín. 17Toda la asamblea que había vuelto del destierro hizo chozas, habitaron en ellas –cosa que no hacían los israelitas desde tiempos de Josué, hijo de Nun– y hubo una gran fiesta. 18Todos los días, del primero al último, Esdras leyó el libro de la ley de Dios. La fiesta duró siete días, y el octavo tuvo lugar una asamblea solemne, como está mandado.

 

Ceremonia de expiación

(Lv 16)

9 1El día veinticuatro de este mismo mes se reunieron los israelitas para ayunar, vestidos de sayales y cubiertos de polvo. 2La estirpe de Israel se separó de todos los extranjeros, y puestos de pie confesaron sus pecados y las culpas de sus padres. 3Permanecieron en sus puestos una cuarta parte del día, mientras se leía el libro de la ley del Señor, su Dios, y otra cuarta parte la pasaron confesando y rindiendo homenaje al Señor, su Dios.

4Josué, Baní, Cadmiel, Sebanías, Buní, Serebías, Baní y Quenaní subieron a la tribuna de los levitas e invocaron en alta voz al Señor, su Dios. 5Y los levitas Josué, Cadmiel, Baní, Jasabnías, Serebías, Hodiyas, Sebanías y Petajías dijeron:

–Levántense, bendigan al Señor, su Dios, desde siempre y por siempre; bendigan su Nombre glorioso, que supera toda bendición y alabanza.

6Y Esdras rezó:

Tú, Señor, eres el único Dios.

Tú hiciste los cielos,

lo más alto de los cielos

y todos sus ejércitos;

la tierra y cuantos la habitan,

los mares y cuanto contienen.

A todos les das vida,

y los ejércitos celestes

te rinden homenaje.

7Tú, Señor, eres el Dios

que elegiste a Abrán,

lo sacaste de Ur de los caldeos

y le pusiste por nombre Abrahán.

8Viste que su corazón te era fiel

e hiciste con él un pacto

para darle la tierra de los cananeos,

hititas, amorreos, fereceos,

jebuseos y guirgaseos,

a él y a su descendencia.

Y cumpliste la palabra

porque eres leal.

9Viste luego la aflicción

de nuestros padres en Egipto,

escuchaste sus clamores

junto al Mar Rojo.

10Realizaste signos y prodigios

contra el Faraón,

contra sus ministros

y toda la gente del país

–porque sabías

que eran arrogantes con ellos–

y te creaste una fama

que perdura hasta hoy.

11Abriste ante ellos el mar,

y cruzaron el mar

sin mojarse los pies.

Arrojaste al abismo

a sus perseguidores,

como una piedra

en aguas turbulentas.

12Con columna de nube

los guiaste de día,

con columna de fuego, de noche,

para iluminarles

el camino que debían recorrer.

13Bajaste al monte Sinaí,

hablaste con ellos desde el cielo.

Les diste normas justas, leyes válidas,

mandatos y preceptos excelentes.

14Les diste a conocer tu santo sábado,

les diste preceptos,

mandatos y leyes

por medio de tu siervo Moisés.

15Les enviaste pan desde el cielo

cuando tenían hambre,

hiciste brotar agua de la roca

cuando tenían sed.

Y les ordenaste

tomar posesión de la tierra

que, con la mano en alto,

habías jurado darles.

16Pero ellos, nuestros padres,

se mostraron arrogantes;

poniéndose tercos

desoyeron tus mandatos.

17No quisieron oír

ni recordar los prodigios

que hiciste en su favor.

Tercamente se empeñaron

en volver a la esclavitud de Egipto.

Pero tú, Dios del perdón,

clemente y compasivo,

paciente y misericordioso,

no los abandonaste,

18ni siquiera cuando hicieron

un ternero de metal fundido

y proclamaron: Éste es tu dios,

que te sacó de Egipto,

cometiendo una ofensa terrible.

19Pero tú, por tu gran compasión,

no los abandonaste en el desierto.

No se alejó de ellos

la columna de nube

que los guiaba por el camino de día,

ni la columna de fuego

que de noche les iluminaba

el camino que debían recorrer.

20Les diste tu buen espíritu

para instruirlos,

no les quitaste de la boca tu maná,

les diste agua en los momentos de sed.

21Cuarenta años

los sustentaste en el desierto

y nada les faltó;

ni sus vestidos se gastaron

ni se hincharon sus pies.

22Les entregaste reinos y pueblos,

repartiste a cada uno su región.

Se apoderaron

del país de Sijón, rey de Jesbón,

de la tierra de Og, rey de Basán.

23Multiplicaste sus hijos

como las estrellas del cielo,

los introdujiste en la tierra

que habías prometido a sus padres

en posesión.

24Entraron los hijos para ocuparla

y derrotaste ante ellos

a sus habitantes, los cananeos.

Los pusiste en sus manos,

igual que a los reyes

y a los pueblos del país,

para que dispusieran de ellos

a placer.

25Conquistaron fortalezas

y una tierra fértil;

poseyeron casas rebosantes

de riquezas,

pozos excavados, viñas y olivares,

y abundantes árboles frutales;

comieron hasta hartarse

y engordaron

y disfrutaron de tus dones generosos.

26Pero después fueron indóciles,

se rebelaron contra ti,

se echaron tu ley a las espaldas

y asesinaron a tus profetas,

que los amonestaban a volver a ti,

cometiendo gravísimas ofensas.

27Los entregaste

en manos de sus enemigos,

que los oprimieron.

Pero en su angustia clamaron a ti,

y tú los escuchaste desde el cielo;

y por tu gran compasión

les enviaste salvadores

que los salvaron de sus enemigos.

28Pero al sentirse tranquilos

hacían otra vez lo que repruebas;

los abandonabas

en manos de sus enemigos

que los oprimían;

clamaban de nuevo a ti,

y tú los escuchabas desde el cielo,

librándolos muchas veces

por tu gran compasión.

29Los amonestaste

para reducirlos a tu Ley,

pero ellos, altivos,

no obedecieron tus preceptos

y pecaron contra tus normas,

que dan la vida al hombre

si las cumple.

Volvieron la espalda con rebeldía;

tercamente, no quisieron escuchar.

30Fuiste paciente con ellos

durante muchos años,

tu Espíritu los amonestó

por tus profetas,

pero no prestaron atención

y los entregaste

en manos de pueblos paganos.

31Sin embargo, por tu gran compasión

no los aniquilaste ni abandonaste,

porque eres

un Dios clemente y compasivo.

32Ahora, Dios nuestro,

Dios grande, valiente y terrible,

fiel a la alianza y leal,

no menosprecies las aflicciones

que les han sobrevenido

a nuestros reyes,

a nuestros príncipes, sacerdotes

y profetas,

a nuestros padres y a todo tu pueblo

desde el tiempo de los reyes asirios

hasta hoy.

33Eres inocente

en todo lo que nos ha ocurrido,

porque tú obraste con lealtad,

y nosotros somos culpables.

34Ciertamente, nuestros reyes,

príncipes, sacerdotes y padres

no cumplieron tu ley

ni prestaron atención

a los preceptos y avisos

con que los amonestabas.

35Durante su reinado,

a pesar de los grandes bienes

que les concediste

y de la tierra espaciosa y fértil

que les entregaste,

no te sirvieron ni se convirtieron

de sus malas acciones.

36Por eso estamos ahora

esclavizados,

esclavos en la tierra

que diste a nuestros padres

para que comiesen

sus frutos excelentes.

37Y sus abundantes productos

son para los reyes

a los que nos sometiste

por nuestros pecados,

y que ejercen su dominio

a su arbitrio

sobre nuestras personas y ganados.

Somos unos desgraciados.

 

Renovación de la Alianza

10 1Con todo, hacemos un pacto y lo ponemos por escrito, sellándolo nuestras autoridades, nuestros levitas y nuestros sacerdotes.

2Lo firmaron Nehemías, hijo de Jacalías, y Sedecías, 3Serayas, Azarías, Jeremías, 4Pasjur, Amarías, Malquías, 5Jatús, Sebanías, Maluc, 6Jarín, Meremot, Abdías, 7Daniel, Guinetón, Baruc, 8Mesulán, Abías, Miyamín, 9Mazías, Bilgay, Semayas. Todos ellos sacerdotes.

10Levitas: Josué, hijo de Azanías; Binuy, descendiente de Jenadad; Cadmiel 11y sus hermanos; Secanías, Hodiyas, Quelitá, Felayas, Janán, 12Micá, Rejob, Jasabías, 13Zacur, Serebías, Sebanías, 14Hodiyas, Baní y Beninú.

15Autoridades: Farós, Pajat Moab, Elam, Zatú, Baní, 16Buní, Azgad, Bebay, 17Adonías, Bigvay, Adín, 18Ater, Ezequías, Azur, 19Hodiyas, Jasún, Besay, 20Jarif, Anatot, Nebay, 21Magpiás, Mesulán, Jezir, 22Mesezabel, Sadoc, Yadúa, 23Felatías, Janán, Anayas, 24Oseas, Ananías, Jasub, 25Halojes, Filjá, Sobec, 26Rejún, Jasabná, Maseyas, 27Ajías, Janán, Anán, 28Maluc, Jarín y Baná.

29El resto del pueblo, los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los empleados del templo y todos los extranjeros que se habían convertido a la ley de Dios, sus mujeres, hijos, hijas y todos los que tenían uso de razón 30se unieron a sus hermanos, los notables, y juraron solemnemente:

»Proceder según la ley de Dios dada por medio de Moisés, siervo de Dios, y poner en práctica todos los preceptos, decretos y mandatos del Señor.

31»No dar nuestras hijas a extranjeros y no casar a nuestros hijos con extranjeras.

32»No comprar en sábado o día de fiesta las mercancías, especialmente el trigo, que los extranjeros traen y venden en sábado.

»Renunciar cada siete años a la cosecha y a cualquier clase de deudas.

33Nos comprometimos además:

»A entregar cada año un tercio de siclo para el culto del templo de nuestro Dios: 34para los panes presentados y la ofrenda diaria; para el holocausto diario, el de los sábados, principios de mes, solemnidades, consagraciones y sacrificios expiatorios por Israel, y para todo lo que haga falta en el templo 35–en cuanto a la ofrenda de leña que debe arder en el altar del Señor, nuestro Dios, como manda la ley, sacerdotes, levitas y pueblo echaron suertes para traerla al templo por familias y en determinadas épocas cada año–.

36»A traer al templo cada año los primeros frutos de nuestros campos, las primicias de todos los árboles frutales 37y los primogénitos de nuestros hijos y ganados, como está escrito en la ley.

»A entregar a los sacerdotes que ofician en el templo los primogénitos de nuestros ganados mayor y menor.

38Para los sacerdotes llevaremos a los almacenes del templo lo mejor de nuestra harina, de nuestras ofrendas, de toda clase de frutos, del vino y del aceite, y daremos a los levitas el diezmo de nuestros campos –es decir, a los levitas que perciben el diezmo en todos los pueblos donde trabajamos–. 39Un sacerdote aaronita acompañará a los levitas cuando éstos reciban el diezmo, y los levitas entregarán la décima parte del mismo al templo de nuestro Dios, depositándolo en los almacenes del tesoro. 40Porque los israelitas y los levitas llevan las ofrendas de trigo, vino y aceite a los almacenes; allí está el mobiliario del santuario y viven los sacerdotes que están de servicio, los porteros y los cantores. En una palabra: no descuidaremos el templo de nuestro Dios.

 

La repoblación de Jerusalén II

11 1Las autoridades fijaron su residencia en Jerusalén, y el resto del pueblo se sorteó para que, de cada diez, uno habitase en Jerusalén, la ciudad santa, y nueve en sus pueblos. 2La gente colmó de bendiciones a todos los que se ofrecieron voluntariamente a residir en Jerusalén.

3Lista de los jefes de la provincia que fijaron su residencia en Jerusalén y en los pueblos de Judá. Cada cual residió en su propiedad, en su pueblo, seglares, sacerdotes, levitas, empleados del templo y los hijos de los servidores de Salomón. 4En Jerusalén residían judíos y benjaminitas.

Judíos: Atayas, hijo de Uzías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Sefatías, hijo de Mahlalel, descendiente de Fares; 5Maseyas, hijo de Baruc, hijo de Col-Jozé, hijo de Jazayas, hijo de Adaya, hijo de Yoyarib, hijo de Zacarías, hijo de Seloní. 6Total de descendientes de Fares que habitaban en Jerusalén: cuatrocientos sesenta y ocho hombres de recursos.

7Benjaminitas: Salú, hijo de Mesulán, hijo de Yoed, hijo de Fedayas, hijo de Colayas, hijo de Maseyas, hijo de Itiel, hijo de Isaías, 8y sus parientes, novecientos veintiocho hombres de recursos. 9Joel, hijo de Zicrí, estaba al frente de ellos, y Judá, hijo de Hasnuá, era el segundo jefe de la ciudad.

10Sacerdotes: Yedayas, Yoyarib, Yaquín; 11Serayas, hijo de Jelcías, hijo de Mesulán, hijo de Sadoc, hijo de Merayot, hijo de Ajitub, comisario del templo, 12y sus ochocientos veintidós parientes, que trabajaban en el templo; Adaya, hijo de Yeroján, hijo de Felalías, hijo de Amsí, hijo de Zacarías, hijo de Pasjur, hijo de Malquías, 13y sus doscientos cuarenta y dos parientes, jefes de familia; Amasay, hijo de Azarel, hijo de Ajzay, hijo de Mesilemot, hijo de Imer, 14y sus ciento veintiocho parientes, hombres de armas. Su superintendente era Zabdiel, hijo de Hagadol.

15Levitas: Semayas, hijo de Jasub, hijo de Azricán, hijo de Jasabías, hijo de Buní; 16Sabtay y Yozabad, jefes levitas al frente del servicio exterior del templo; 17Matanías, hijo de Micá, hijo de Zabdí, hijo de Asaf, que dirigía el canto y entonaba la acción de gracias; Bacbuquías, el segundo de sus hermanos; Abdías, hijo de Samúa, hijo de Galal, hijo de Yedutún. 18Total de levitas residentes en la ciudad santa: doscientos ochenta y cuatro.

19Porteros: Acub, Talmón y sus parientes, que hacían la guardia de las puertas: ciento setenta y dos.

20El resto de Israel, de los sacerdotes y de los levitas se estableció en los pueblos de Judá, cada cual en su propiedad. 21Los empleados del templo habitaban el Ofel; Sijá y Guispá estaban al frente de ellos. 22El encargado de los levitas de Jerusalén era Uzí, hijo de Baní, hijo de Jasabías, hijo de Matanías, hijo de Micá; era uno de los descendientes de Asaf, encargados del canto al servicio del templo. 23Una orden real y un reglamento fijaban la actuación de los cantores cada día. 24Petajías, hijo de Mesezabel, descendiente de Zéraj, hijo de Judá, estaba al servicio del rey para todos los asuntos del pueblo.

25En los pueblos y campos también habitaban judíos: en Villa Arbá y sus poblados, en Dibón y sus poblados, en Yecabsel y sus alrededores, 26en Yesúa, en Moladá, en Bet-Pélet, 27en Jasar Sual, en Berseba y sus poblados, 28en Sicelag, en Meconá y sus poblados, 29en En Rimmón, Soreá, Yarmut, 30Zanoj, Adulán y sus alrededores, en Laquis y su región, en Azecá y sus poblados. Se establecieron desde Berseba hasta el valle de Hinón.

31Los benjaminitas habitaban en Guibeá, Micmás, Ayá, Betel y sus poblados, 32Anatot, Nob, Ananías, 33Jasor, Ramá, Guittaym, 34Jadid, Seboín, Nebalat, 35Lod, Onó y en Gue Harasim. 36Grupos de levitas residían en Judá y Benjamín.

 

12 1Lista de los sacerdotes y levitas que subieron con Zorobabel, hijo de Sealtiel y con Josué: Serayas, Jeremías, Esdras, 2Amarías, Maluc, Jatús, 3Secanías, Rejún, Meremot, 4Idó, Guinetón, Abías, 5Miyamín, Maadías, Bilgá, 6Semayas, Yoyarib, Yedayas, 7Salú, Amoc, Jelcías, Yedayas. Eran los jefes de los sacerdotes y de sus parientes en tiempos de Josué.

8Levitas: Josué, Binuy, Cadmiel, Serebías, Judá, Matanías –encargado con sus hermanos de los himnos de acción de gracias–; 9sus hermanos Bacbuquías y Uní les ayudaban en el ministerio. 10Josué engendró a Joaquín; Joaquín engendró a Eliasib; Eliasib engendró a Yoyadá; 11Yoyadá engendró a Juan, y Juan engendró a Yadúa.

12Sacerdotes jefes de familia en tiempos de Joaquín: de la familia de Serayas, Merayas; de Jeremías, Ananías; 13de Esdras, Mesulán; de Amarías, Juan; 14de Maluc, Jonatán; de Secanías, José; 15de Jarín, Azná; de Meremot, Jelcay; 16de Idó, Zacarías; de Guinetón, Mesulán; 17de Abías, Zicrí; de Minyamín…; de Moadías, Piltay; 18de Bilgá, Samúa; de Semayas, Jonatán; 19de Yoyarib, Matnay; de Yedayas, Uzí; 20de Salú, Calay; de Amoc, Eber; 21de Jelcías, Jasabías; de Yedayas, Netanel.

22Los jefes de familia de los sacerdotes que vivieron en tiempos de Eliasib, Yoyadá, Juan y Yadúa están registrados en el libro de las Crónicas hasta el reinado del persa Darío.

23Levitas: Los jefes de familia están registrados en el libro de las Crónicas hasta el tiempo de Juan, nieto de Eliasib. 24Los jefes de los levitas eran Jasabías, Serebías, Josué, Binuy, Cadmiel; a sus órdenes estaban sus hermanos, que se turnaban por grupos en la alabanza y la acción de gracias, según dispuso David, hombre de Dios. 25Matanías, Bacbuquías, Abdías, Mesulán, Talmón y Acub eran porteros; hacían la guardia en los almacenes de las puertas. 26Todos éstos vivieron en tiempos de Joaquín, hijo de Josué, hijo de Yosadac, en tiempos del gobernador Nehemías y del sacerdote y letrado Esdras.

 

Inauguración de la muralla

27Al inaugurar la muralla de Jerusalén buscaron a los levitas por todas partes para traerlos a Jerusalén a celebrar la inauguración con una fiesta y con acciones de gracias, al son de platillos, arpas y cítaras. 28Se reunieron los cantores del valle del Jordán, de la región de Jerusalén, de los pueblos de Netofat, 29de Bet-Guilgal y de los campos de Guibeá y Azmaut –porque los cantores se habían construido poblados en las cercanías de Jerusalén–. 30Los sacerdotes y los levitas se purificaron y luego purificaron al pueblo, las puertas y la muralla.

31Mandé a las autoridades de Judá que subiesen a la muralla y organicé dos grandes coros. Uno iba por la derecha, encima de la muralla, hacia la Puerta de la Basura. 32Cerraban la marcha Oseas, la mitad de las autoridades de Judá, 33Azarías, Esdras, Mesulán, 34Judá, Benjamín, Semayas, Jeremías; 35sacerdotes con trompetas, Zacarías, hijo de Jonatán, hijo de Semayas, hijo de Matanías, hijo de Miqueas, hijo de Zacur, hijo de Asaf, 36y sus hermanos, Semayas, Azarel, Milalay, Guilalay, Maay, Netanel, Judá y Jananí, con los instrumentos de David, hombre de Dios. Esdras, el letrado, iba al frente de ellos.

37Pasaron por la Puerta de la Fuente y, siguiendo en línea recta, subieron a la escalera de la Ciudad de David y bajaron por la cuesta de la muralla, junto al palacio de David, hasta la Puerta del Agua, al este. 38aEl segundo coro, al que seguía yo con la mitad de las autoridades 41y los sacerdotes Eliacín, Maseyas, Minyamín, Miqueas, Elioenay, Zacarías y Ananías, con trompetas, 42ay Maseyas, Semayas, Eleazar, Uzí, Juan, Malquías, Elam y Ezer, 38bse dirigió hacia la izquierda, por encima de la muralla, a lo largo de la Torre de los Hornos hasta el muro ancho, 39y continuó por la Puerta de Efraín, la Puerta Antigua, la Puerta del Pescado, la Torre de Jananel, la Torre de los Cien y la Puerta de los Rebaños, hasta detenerse en la Puerta de la Cárcel. 40Los dos coros se situaron en el templo de Dios; 42b los cantores cantaban dirigidos por Yizrajías.

43Aquel día ofrecieron sacrificios solemnes y hubo fiesta, porque el Señor les había dado un gran motivo de gozo; también las mujeres y los niños compartían la alegría, y el regocijo de Jerusalén se escuchaba desde lejos.

44Por entonces se nombraron los encargados de los almacenes destinados a provisiones, ofrendas, primicias y diezmos, donde se guardaban, por campos y pueblos, las porciones que prescribe la ley para los sacerdotes y los levitas. Porque los judíos estaban contentos de los sacerdotes y levitas en funciones, 45que se ocupaban del culto de su Dios y del rito de la purificación, como habían mandado David y su hijo Salomón, y también de los cantores y porteros. 46Porque desde tiempos antiguos, en tiempos de David y Asaf, había jefes de cantores y cánticos de alabanza y de acción de gracias a Dios. 47Y en tiempos de Zorobabel y de Nehemías todos los israelitas entregaban diariamente los víveres a los cantores y porteros, y hacían ofrendas sagradas a los levitas, igual que éstos a los descendientes de Aarón.

 

Diversas reformas

13 1Por entonces, leyendo al pueblo el libro de Moisés, encontramos escrito: Los amonitas y moabitas nunca podrán pertenecer a la comunidad de Dios, 2porque no socorrieron a los israelitas con pan y agua, sino que contrataron a Balaán para que los maldijese –aunque nuestro Dios cambió la maldición en bendición–. 3Cuando escucharon esta cláusula apartaron de Israel a la masa de extranjeros.

4Antes de esto, el sacerdote Eliasib, encargado de las dependencias del templo y pariente de Tobías, 5le había acondicionado a éste una habitación espaciosa, en la que antes solían guardarse las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del trigo, del vino y del aceite debido a los levitas, cantores y porteros, y la contribución para los sacerdotes. 6En ese momento no me encontraba yo en Jerusalén, porque el año treinta y dos de Artajerjes, rey de Babilonia, fui a ver a su majestad; al cabo de cierto tiempo, con el permiso del rey, 7volví a Jerusalén y advertí la maldad que había cometido Eliasib acondicionándole a Tobías una habitación en los atrios del templo. 8Me pareció muy mal, mandé sacar de la habitación todas las cosas de Tobías, 9ordené que la purificasen y volví a guardar allí los utensilios del templo, las ofrendas y el incienso.

10Supe también que los levitas no habían percibido sus porciones y que por eso los levitas y los cantores encargados del culto se habían marchado a sus campos. 11Me encaré con los notables, y les dije:

–¿Por qué se ha descuidado el templo?

Mandé reunir a los levitas y volvieron a ocupar sus puestos. 12Todos los judíos trajeron a los almacenes el diezmo del trigo, del vino y del aceite. 13Puse al frente de los almacenes al sacerdote Selemías, al sacerdote Sadoc y al levita Fedayas, ayudados por Janán, hijo de Zacur, hijo de Matanías, que tenían fama de honrados; se encargaron de distribuir las porciones a sus hermanos.

14Tenme esto en cuenta, Dios mío, y no olvides mi piedad en favor del templo y de su culto.

15Vi también por entonces que algunos judíos pisaban las uvas para hacer el vino en sábado, otros hacían gavillas y las cargaban en mulos; e incluso introducían en sábado en Jerusalén vino, uvas, higos y toda clase de cargas. Les eché en cara que vendiesen su mercancía ese día. 16También los tirios residentes en Jerusalén traían pescado y toda clase de mercancías, y los vendían en sábado a los judíos y en Jerusalén.

17Me encaré con los nobles de Judá, y les dije:

–Obran mal profanando el día sábado. 18Es lo mismo que hicieron nuestros padres, y fíjense en el castigo que nos mandó nuestro Dios a nosotros y a esta ciudad. Profanando el sábado ustedes aumentan la ira de Dios contra Israel.

19Mandé que se cerrasen las puertas de Jerusalén al caer la tarde antes del sábado, con orden de no abrirlas hasta pasado el sábado. Y puse en las puertas a algunos de mis criados para que no entrase ninguna carga en día de sábado. 20Pero algunos comerciantes y mercaderes diversos se quedaron a pernoctar fuera de Jerusalén una y otra vez. 21Les advertí:

–¿Por qué duermen frente a la muralla? Si lo vuelven a hacer, los haré detener.

Desde entonces no aparecieron en sábado.

22Ordené a los levitas que se purificasen y ayudasen a los guardianes de las puertas a santificar el día sábado.

Tenme también esto en cuenta, Dios mío, y perdóname por tu gran misericordia.

23Por entonces advertí también que algunos judíos se habían casado con mujeres asdoditas, amonitas y moabitas. 24La mitad de sus hijos hablaban asdodeo u otras lenguas extranjeras, pero no sabían hablar hebreo. 25Me encaré con ellos, los maldije, golpeé a algunos, les tiré de los pelos y los conjuré solemnemente: No casen sus hijas con sus hijos ni tomen sus hijas para sus hijos o para ustedes. 26Ése fue precisamente el pecado de Salomón, rey de Israel. No había otro rey como él en toda la tierra, y su Dios lo quería tanto que lo hizo rey de todo Israel. Pero incluso a él lo hicieron pecar las mujeres extranjeras. 27Que no volvamos a enterarnos de que cometen la infamia de ofender a nuestro Dios casándose con extranjeras.

28Un hijo del sumo sacerdote, Yoyadá, hijo de Eliasib, era yerno del joronita Sanbalat. Lo alejé de mi presencia.

29¡Acuérdate de esta gente, Dios mío, porque profanaron el sacerdocio y la alianza de los sacerdotes y de los levitas!

30Yo los purifiqué de todo contacto con extranjeros y restablecí a los sacerdotes y levitas en sus respectivos cargos. 31También me ocupé de la ofrenda de leña en los tiempos señalados, igual que de las primicias.

Acuérdate de mí, Dios mío, para mi bien.

 

 

                                                         ESDRAS-NEHEMÍAS

 

¿Dos libros? Originariamente se trata de un solo libro, incorporado a la obra del Cronista. Más tarde sucede la separación, la colocación en la Biblia hebrea de Esdras y Nehemías antes de Crónicas y la división de Esdras en dos partes, llamadas primero y segundo libro de Esdras; posteriormente el segundo recibe el nombre de Nehemías, dando así relieve al personaje al asignarle un libro.

 

Orden de los libros y orden de los hechos. Los veintitrés capítulos no están en orden cronológico ni en el orden literario original. Se refieren a dos etapas distanciadas por un siglo: la primera repatriación, con la actividad de Ageo y Zacarías; otra repatriación con la actividad de Esdras y Nehemías. La primera es capital, porque afirma la continuidad del pueblo y de su historia. La segunda es importante para sus protagonistas y fuente de información fidedigna para nosotros. Es probable que Nehemías actuara antes que Esdras.

Dada la dificultad de restablecer el orden primitivo, proponemos aquí la reconstrucción que aceptamos como más probable –sin ir hasta los últimos detalles–.

Esdras 1–6: Repatriación en el 538 a.C. 1: Decreto de tolerancia. 2: Lista de repatriados. Llegada. 3: Construcción de un altar, se reanuda el culto, fiesta de las Chozas. Preparativos para el templo, se echan los cimientos. 4,1-5.24: Estorbos contra las obras. 5: Se reanudan los trabajos. 6: Dedicación del Templo. 4,6-23: Intrigas contra los judíos.

Nehemías 1–7: Construcción de la muralla. 1: En la corte: malas noticias, oración. 2: Permiso, viaje, inspección nocturna, dificultades. 3: Reparto del trabajo de construcción, burlas. 4: Amenazas; los constructores se arman. 5: Problemas sociales y desinterés de Nehemías. 6: Intrigas de los enemigos, intimidación y falsa profecía. 7,1-3: Las puertas de la ciudad.

Nehemías 7,4-72; 11–12: Repoblación de Jerusalén. 7: Repoblación de la capital, lista de repatriados. 11: Continuación de las listas. 12: Listas de sacerdotes y levitas. Inauguración de la muralla. Resumen.

Nehemías 8–10; 13: Alianza y reformas. 8: Lectura de la Ley. Fiesta de las Chozas. 9: Liturgia penitencial, oración de Esdras. 10: Renovación de la Alianza. 13: Reformas de Nehemías.

Esdras 7–10. 7: Esdras recibe poderes del rey persa. 8: Lista de repatriados. Viaje a Jerusalén. 9: Matrimonios mixtos: penitencia. 10: Asamblea, compromiso y ejecución. Lista.

 

Fuentes, autor y época. El autor ha utilizado las siguientes fuentes: Listas de personas y lugares conservadas quizás en el archivo del Templo o en algún archivo civil; algunas estaban ya incorporadas a las memorias. Un relato en arameo sobre la reconstrucción del Templo, que el autor recoge sin traducir: Esd 5s y 4,6-23. Las memorias de Esdras que abarcan: Esd 7,12–8,36; Neh 8; Esd 9s; Neh 9s. Las memorias de Nehemías que abarcan: Neh 1–7; 11–13.

El autor retoca y añade en diversas ocasiones; en general, respeta el texto original. Y hemos de agradecerle que haya dejado hablar a los protagonistas.

Para algunos, el autor del conjunto es el mismo de las Crónicas. Por eso se suele llamar esta obra histórica la Historia del Cronista. Su fecha de composición más probable es hacia el año 400 a.C. Al interrumpir la narración con la primera actividad de Esdras, parece considerar que los años siguientes no habían traído acontecimientos decisivos. Así comienza el gran silencio histórico, que se extiende hasta el tiempo de los seléucidas.

 

Mensaje religioso. ¿Qué añade estos libros al mensaje de Crónicas? Los que separaron este libro de los capítulos precedentes que conocemos por el nombre de Crónicas, sintieron que con esta nueva página comenzaba una nueva era. A nueva era, nuevo libro.  Precisamente el interés de Dios en la historia humana hace posible y real la nueva era. El Señor que «incitó» a Nabucodonosor al castigo, «suscita» ahora a Ciro para la reconstrucción.

Así se afirma el protagonismo de Dios: podrá la historia medirse por reinos humanos, pero su verdadero motor es Dios. Y su instrumento es el corazón del hombre: «El corazón del rey es una acequia a disposición de Dios, la dirige a donde quiere» (Prov 21,1).

Promulgando «el año primero de su reinado» un edicto de tolerancia religiosa, el emperador Ciro define su política y pregona el advenimiento de una nueva era. En la historia de Israel comienza también una nueva era. En adelante los israelitas serán los judíos, al rey sucederá el sacerdote; a los profetas, la escatología. En esta etapa se moldeará la comunidad del futuro.

 


1,1-11 La vuelta del destierro. Comienza una nueva era. Los que separaron este libro de los capítulos precedentes, que conocemos con el nombre de Crónicas, sintieron que con esta página comenzaba una nueva era, y entonces, a nueva era, nuevo libro. El Cronista quiso describir un final y lo concentró en Jerusalén, Templo y muralla. De los habitantes, unos murieron y otros fueron deportados como esclavos. Es decir, en la tierra prometida no quedaba nada, ni Templo, ni ciudad, ni habitantes. Quedaba un resto en Babilonia, y quedaba la fidelidad del Señor, soberano de la historia.

Precisamente ese interés de Dios en la historia de los hombres hace posible la nueva era. El Señor que incitó a Nabucodonosor para el castigo, suscita a Ciro para la restauración. Y, ¿cuál es la novedad? En la historia universal, el advenimiento de un nuevo imperio, que reemplaza a Asiria y Babilonia, aportando formas nuevas de vida internacional. Hay una novedad en la relación de Ciro con los judíos. El Señor no suscita jueces ni un rey para realizar su independencia, suscita un monarca extranjero. Sometida a él como provincia de un gran imperio, la comunidad judía se salvará de los enemigos vecinos y de las tentaciones políticas internas.

En la historia de Israel también comienza una nueva era. Ya el nombre lo dice: en adelante los israelitas serán los judíos; al rey sucederá el sacerdote; a los profetas la escatología. En esta etapa se modelará la nueva comunidad del futuro. En el edicto de tolerancia religiosa (2), el nuevo emperador define su política. La reconstrucción de los templos es una manera de congraciarse con las poblaciones locales y especialmente ganarse el apoyo de la clase sacerdotal, muy influyente de ordinario. La repatriación (3) será un modo de deshacer la política de los monarcas babilonios. Éstos habían quebrantado el nacionalismo judío. Ciro, permitiendo el regreso de los exilados marcaba la distancia que lo separaba de aquella política.

Este segundo éxodo es de principio a fin obra de Dios. No vuelven todos sino aquellos a quienes Dios «mueve» (5). Históricamente fue así: en la primera expedición solo regresaron unos escogidos, los entusiastas, los contagiados con la esperanza que predicó Isaías II, otros muchos se quedaron, los que habían perdido definitivamente la esperanza, los que se habían mezclado con la población, los que habían hecho fortuna en el destierro y no querían sacrificarla. No todos se sintieron movidos por Dios. Hacía falta en aquel momento sentir la pobreza o tener el desprendimiento para ponerse en marcha.

 

2,1-70 Lista de los deportados que volvieron a su tierra. El gusto del Cronista por listas y genealogías reaparece aquí con redoblada razón. Se trata de recoger para el recuerdo los nombres de aquellos primeros ciudadanos que volvieron a la patria. La lista es como una lápida escrita para la posteridad; de hecho, viven hoy judíos que hacen remontar su apellido a alguno de estos repatriados. La lista se encuentra con ligeras variantes en Neh 7.

 

3,1-13 Restauración del altar y del culto. Por analogía al capítulo 8, podemos calcular que el viaje se iniciaría en primavera y concluiría en pleno verano. Hay que imaginarse lo que significaba desplazar una caravana de cincuenta mil personas con los medios de entonces. El capítulo está centrado en el tema del Templo.

La restauración del culto restablece la legislación de Moisés y las instituciones de David. Esto significa que la nueva era está en continuidad con el pasado. La fiesta de las Chozas (4) correspondía al final de la vendimia y de todas las tareas del campo. Ordinariamente una fiesta agrícola, se aplicó a conmemorar el camino por el desierto al salir de Egipto. Resultaba oportuno celebrar como primera fiesta en la patria esa festividad alegre y popular: también los repatriados habían vivido en tiendas, repitiendo en cierto modo la experiencia de los salidos de Egipto.

 

4,1-24 Interrupción de las obras. Este capítulo tiene una coherencia temática: la oposición a las obras; pero no sigue el orden cronológico que es: Ciro, Darío, Jerjes, Artajerjes. Además, desde el versículo 8 el relato discurre en arameo. Con respecto a los rivales (1) se identifican a sí mismos como descendientes de los colonos trasladados por los asirios. Los colonos extranjeros eran representantes de un sincretismo religioso inconciliable con la fe israelita. Habían aprendido a venerar al Dios de Israel junto con sus dioses. Aceptar su ofrecimiento era poner en peligro a la comunidad naciente, por eso las autoridades judías lo rechazan.

A partir de esta negativa los colonos comienzan a poner trabas (4); indudablemente por detrás estaba un claro interés económico que nada tenía que ver con lo estrictamente religioso: la llegada de los antiguos dueños ponía en peligro sus propiedades. De arriba viene la orden de suspender las obras; los judíos tuvieron que aceptar de momento la intimación, hasta que se presentase otra ocasión favorable. Será la contribución de Nehemías.

 

5,1–6,22 Se reanuda la construcción. En estos capítulos pasamos a la segunda etapa del libro: la reconstrucción del Templo en tiempos de Darío I, en los años 520-515 a.C., o sea, desde que comienza la predicación de los profetas Ageo y Zacarías hasta que se celebra la dedicación del Templo y la Pascua sucesiva.

Los capítulos tienen una breve parte narrativa al principio y al fin y una larga parte documental. El primer documento es una carta informativa que transmite las explicaciones dadas por las autoridades judías; el segundo documento es una carta del emperador que recoge parte del decreto de Ciro. Finalizada la construcción del Templo se celebra la Pascua y el Templo reconstruido comienza a atraer y a reconstruir la unidad nacional con su presencia. Con todo, la formulación es genérica, quizá intencionadamente, como dejando la puerta abierta a los prosélitos, respondiendo a la visión universalista de Zacarías (8,20-23).

 

7,1–8,14 Esdras llega a Jerusalén. Con Esdras surge una nueva clase intelectual y religiosa en la historia de los judíos: el letrado o experto en la Ley. La función pudo muy bien nacer y desarrollarse en el destierro, cuando faltaba el culto. Un siglo más tarde, al acabarse prácticamente la clase profética, el experto de la Ley vería crecer su autoridad.

La Ley era ante todo un cuerpo de prescripciones, pero también por extensión, un cuerpo literario, que los letrados ayudaron a seleccionar, fijar, conservar y transmitir. De aquí pudo surgir la leyenda que hizo a Esdras el creador del primer canon de las Escrituras hebreas. En 7,10 tenemos descrita la vocación del «letrado»; se dedica a estudiar para «practicar y enseñar». La observancia es parte de su profesión, es maestro también con el ejemplo. En Eclo 39 se describe esta profesión como la más ilustre.

 

8,15-36 El viaje a Jerusalén. En total resultan casi mil quinientos varones. Parece como si la comunidad de Judá necesitase periódicamente estos refuerzos de población procedente de la diáspora.

En los versículos 21-23 vemos al guía espiritual de la caravana. Un viaje tan largo era un riesgo repetido por las bandas de salteadores que acechan las rutas caravaneras; el riesgo se multiplicaba cuando los peregrinos transportaban cargas valiosas. Pero Esdras no acepta escolta militar, así demostraba ante el emperador la grandeza de su Dios que cuida de sus fieles; y a los peregrinos les enseñaba a confiar en Dios, más que en los hombres. Nuevamente el desierto desempeña una función de prueba.

 

9,1–10,44 El problema de los matrimonios con extranjeras. En este capítulo y en el siguiente Esdras narra su acción en un asunto que considera trascendental: la cuestión de los matrimonios mixtos. El peligro de idolatría o sincretismo era lo que motivaba la prohibición en el  Éxodo y el Deuteronomio, un peligro que se volvía a presentar. En la convivencia de muchos pueblos dentro de un gran imperio unificado, el peligro máximo era perder la identidad nacional. De poco valía un Templo único si las familias lo acompañaban con cultos y ritos extraños. La acción enérgica de Esdras pretende cortar y prevenir estas posibilidades.

La comunidad del pueblo escogido se sigue llamando «los desterrados», aunque la mayoría son nacidos en Judá; como si el destierro fuera la clave de la continuidad. Si comparamos la lista que nos da 10,18-43 con la de los repatriados (2,1-70), observaremos que casi todos los casos responden a descendientes de familias de la primera caravana.

Con el último verso del capítulo 10 Esdras desaparece de la escena dejando a los suyos un ideal de segregación para mantener la identidad nacional y la pureza religiosa. Su legado es la interpretación rigorista de la Ley. Ahora vienen más de doscientos cincuenta años de silencio. Será a mediados del s. II a.C. cuando un historiador retome la pluma para contarnos lo que está sucediendo.

 

1,1-11 Introducción. El Eclesiástico (49,13) elogia a Nehemías por su tarea de reconstruir la muralla. Los seis primeros capítulos de este libro, más 12,27-43, se dedican a ese tema que indudablemente en aquel momento parecía de capital importancia, por eso la posteridad juzgó dignas de eterna memoria esas páginas. En el versículo 1 se nos indica la fecha, estamos en el año 445 a.C.

 

2,1-20 El viaje. Nehemías recibe la autorización del rey para desplazarse a Jerusalén a reconstruir las murallas. Las autoridades del lugar –a toda esta región se la denominaba «Transeufratina» o sea al otro lado del río Éufrates– se sienten molestas, pero no pueden enfrentarse a la voluntad real.

 

3,1–4,17 Reconstrucción de la muralla. En 3,1- 32 el autor nos ofrece una lista de nombres y secciones de trabajo. Puede ser un documento de archivo o unas notas para la organización. La tarea se reparte en 42 lotes. Nehemías era laico. Con su autoridad consigue que el sumo sacerdote trabaje también en la muralla, y que consagrando una puerta, dé un carácter sacro a la empresa. Luego el autor va a narrar las dificultades que hicieron dramática la construcción. Las razones de Sanbalar y sus amigos parecen ser la envidia, quizá también el miedo.

La mejor respuesta a las burlas será la actividad incesante y los resultados patentes.

De las burlas se pasa a las amenazas, pero Nehemías no se deja intimidar, prepara a su gente para repeler el posible ataque. La frase del versículo 4,11 ha hecho fortuna por su concisión expresiva más que por su realismo. El autor describe complacido la situación, las amenazas lejos de amedrentarlo, lo engrandecen. Y cuando ha puesto todos los medios posibles, pone su entera confianza en Dios.

 

5,1-19 Problemas sociales. No parece que lo que aquí se narra sucediese en los dos meses en que se reconstruía la muralla, pero es significativo que se cuente en este lugar. Indicaría que algunos judíos más pudientes aprovecharon el momento para oprimir a sus paisanos. Esta actitud ponía un duro interrogante a la comunidad; de poco serviría levantar un muro en torno a Jerusalén, para protegerla de los enemigos, si dentro de ella dominaba la explotación y la injusticia social. Nehemías enfrenta el problema, cuenta con la legislación de Israel sobre la justicia social (Lv 24,39-43 y Dt 15,1-11) y con el grito de algunos profetas (Is 58,6.7.12). Ya Jeremías había proclamado la liberación de los esclavos como condición para obtener la protección divina (Jr 34,8-22).

 

6,1–7,3 Intrigas de los enemigos. Habiendo fallado burlas e intimidaciones, los enemigos lanzan su ataque contra la cabeza. Este capítulo esquematiza los hechos en varias intimaciones orales, una acusación escrita y un intento de desacreditarlo; se añade una nota de conjunto sobre Tobías. Terminadas las obras, la muralla es como teofanía que inspira admiración y sobrecoge a los paganos. Realmente no fue empresa simple terminar las obras en menos de dos meses, en medio de la oposición externa y con dificultades internas. La obra es como un milagro de Dios, que había infundido una enorme confianza y tenacidad a los suyos.

 

7,4-72 La repoblación de Jerusalén I. Al terminarse la construcción de la muralla lo lógico sería que continuase el relato de una fiesta de dedicación; pero tenemos que leer una serie de episodios antes de encontrar dicha fiesta en el capítulo 12. Rodeada la ciudad con su muralla almenada, se aprecian los vacíos internos por la falta de casas y vecinos. Así pues, le queda a Nehemías una nueva tarea. Repoblar, pero parece que la capital no atraía: ¿solamente por la inseguridad? Quizá también porque no ofrecía buenas condiciones económicas, a no ser que uno fuera empleado del Templo, y aun éstos vivían en buena parte en sus posesiones o en poblaciones vecinas.

 

8,1-18 Lectura de la Ley – La fiesta de las Chozas. Sigue una serie de ceremonias y fiestas litúrgicas que se celebran apenas terminado el verano y las faenas del campo: lectura pública de la Ley, fiesta de las Chozas, liturgia penitencial, alianza con Dios.

 

9,1-37 Ceremonia de Expiación. La oración se inspira en la historia de Israel y concretamente en pasajes de diversas tradiciones, incluso con citas verbales. Es central el tema de la tierra. Después de la creación, al principio de la historia, Dios promete la tierra a Abrahán: así resulta que la promesa es la fuerza inicial que pone el resto en movimiento, es iniciativa y compromiso de Dios. En un segundo momento la tierra ha de ser entregada: hacia tal hecho gravitan la salida de Egipto y el camino por el desierto, en el hecho se cumple la promesa. El tercer momento es el presente: los judíos viven en la tierra prometida ya entregada, pero en calidad de vasallos; si falla la promesa, su valor queda comprometido.

 

10,1-40 Renovación de la Alianza. Firma del pacto y lista de los firmantes. La alianza contiene una primera estipulación genérica, como ley fundamental, que engloba todos los preceptos. Después se especifican algunas leyes que en el momento presente exigen atención: la ley de segregación en asuntos matrimoniales, la ley del sábado como signo de alianza, la ley del jubileo o remisión periódica de deudas en orden a la justicia social. Luego con otra terminología y con otro estilo, se añaden preceptos cúlticos.

 

11,1–12,26 La repoblación de Jerusalén II. El texto continúa el tema de la repoblación de Jerusalén y de ahí salta a los registros familiares complementarios.

 

12,27-47 Inauguración de la muralla. La inauguración de la muralla es una ceremonia que podía deleitar al Cronista. Una representación de autoridades, sacerdotes y levitas sube al remate de la muralla en un punto occidental de la ciudad. Desde allí se mueven procesionalmente, un grupo hacia el sur y otro hacia el norte, doblan los dos hacia el este y vuelven a girar para encontrarse en un punto al oriente, de donde bajan para entrar en el Templo. El resto del pueblo acompañaría la procesión por la parte inferior de la muralla o esperaría a la entrada del Templo. Se cantarían salmos al estilo del 48; 125 ó 147.

 

13,1-31 Diversas reformas. Este capítulo presenta algunas reformas de Nehemías. Vemos que coinciden con los compromisos del pacto; por eso tendrán lugar con ocasión de la ceremonia. O como parte de la penitencia o como consecuencia del pacto firmado.

Las memorias de Nehemías terminan invocando por quinta vez el recuerdo benévolo del Señor, según el espíritu y la letra de tantos salmos (Sal 25,7; 16,4).