EZEQUIEL

Vocación

Teofanía

(Éx 3,1–4,17; Is 6; Sal 18,97; Ap 4s)

1 1El año treinta, el día cinco del mes cuarto, estando yo entre los deportados, a orillas del río Quebar, se abrieron los cielos y contemplé una visión divina. 2Fue el año quinto de la deportación de Jeconías.

3Vino la Palabra del Señor a Ezequiel, hijo de Buzi, sacerdote, en tierra de los caldeos, a orillas del río Quebar.

4Entonces se apoyó en mí la mano del Señor, y vi que venía del norte un viento huracanado, una gran nube y un zigzagueo de relámpagos. Nube rodeada de resplandor, y entre el relampagueo como el brillo del metal pulido.

5En medio de éstos aparecía la figura de cuatro seres vivientes; 6tenían forma humana, cuatro rostros y cuatro alas cada uno.

7Sus piernas eran rectas y sus pies como pezuñas de novillo; rebrillaban como brilla el bronce pulido. 8Debajo de las alas tenían brazos humanos por los cuatro costados tenían rostros y alas los cuatro. 9Sus alas se juntaban de dos en dos. No daban la espalda al caminar; caminaban de frente. 10Su rostro tenía esta figura: rostro de hombre, y rostro de león por el lado derecho de los cuatro, rostro de toro por el lado izquierdo de los cuatro, rostro de águila los cuatro.

11Sus alas estaban extendidas hacia arriba; un par de alas se juntaban, otro par de alas les cubría el cuerpo.

12Los cuatro caminaban de frente, avanzaban a favor del viento, sin dar la espalda al caminar.

13Entre esos seres vivientes había como carbones encendidos parecían antorchas agitándose entre los vivientes; el fuego brillaba y lanzaba relámpagos. 14Iban y venían como chispas.

15Miré y vi en el suelo una rueda al lado de cada uno de los cuatro seres vivientes. 16El aspecto de las ruedas era como el brillo del topacio; las cuatro tenían la misma apariencia. Su hechura era como si una rueda estuviera encajada dentro de la otra, 17para poder rodar en las cuatro direcciones sin tener que girar al rodar. 18Tenían aros y llantas, y vi que la circunferencia de las cuatro llantas estaba llena de ojos.

19Al caminar los seres vivientes, avanzaban a su lado las ruedas; cuando los seres vivientes se elevaban del suelo, se elevaban también las ruedas; 20avanzaban hacia donde soplaba el viento; las ruedas se elevaban a la vez, porque llevaban el espíritu de los seres vivientes. 21Y así avanzaban cuando avanzaban ellos, se detenían cuando se detenían ellos y cuando ellos se elevaban del suelo las ruedas se elevaban a la vez, porque llevaban el espíritu de los seres vivientes.

22Sobre la cabeza de los seres vivientes había una especie de plataforma, brillante como el cristal –extendida por encima de sus cabezas–.

23Bajo la plataforma, sus alas estaban horizontalmente emparejadas; cada uno se cubría el cuerpo con un par. 24Y oí el rumor de sus alas, como estruendo de aguas caudalosas, como la voz del Todopoderoso, cuando caminaban; griterío de multitudes como estruendo de tropas; cuando se detenían, replegaban sus alas. 25También se oyó un estruendo sobre la plataforma que estaba encima de sus cabezas; cuando se detenían, replegaban las alas.

26Y por encima de la plataforma, que estaba sobre sus cabezas, había una especie de zafiro en forma de trono; sobre esta especie de trono sobresalía una figura que parecía un hombre. 27Y vi un brillo como de metal brillante, algo así como fuego lo enmarcaba, de lo que parecía su cintura para arriba, y de lo que parecía su cintura para abajo vi algo así como fuego. Estaba rodeado de resplandor.

28El resplandor que lo rodeaba era como el arco iris que aparece en las nubes cuando llueve. Era la apariencia visible de la gloria del Señor. Al contemplarla, caí rostro en tierra, y oí la voz de uno que me hablaba.

 

Vocación

(Éx 3,1–4,17; Jr 1; Is 6)

2 1Me decía:

–Hijo de hombre, ponte de pie, que voy a hablarte.

2Penetró en mí el espíritu mientras me estaba hablando y me levantó poniéndome de pie, y oí al que me hablaba. 3Me decía:

–Hijo de hombre, yo te envío a Israel, pueblo rebelde: se rebelaron contra mí ellos y sus padres, se sublevaron contra mí hasta el día de hoy. 4A hijos duros de rostro y de corazón empedernido te envío. Les dirás: Esto dice el Señor; 5te escuchen o no te escuchen, porque son un pueblo rebelde, y sabrán que hay un profeta en medio de ellos. 6Y tú, Hijo de hombre, no les tengas miedo, no tengas miedo a lo que digan, aun cuando te rodeen espinas y te sientes encima de alacranes. No tengas miedo a lo que digan ni te acobardes ante ellos, porque son un pueblo rebelde. 7Les dirás mis palabras, te escuchen o no te escuchen, porque son un pueblo rebelde. 8Y tú, Hijo de hombre, oye lo que te digo: ¡No seas rebelde, como ese pueblo rebelde! Abre la boca y come lo que te doy.

9Vi entonces una mano extendida hacia mí, con un rollo. 10Lo desenrolló ante mí: estaba escrito por ambos lados; tenía escritos cantos fúnebres, lamentos y amenazas.

 

Misión del profeta

(Jr 1; Is 50,4-9)

3 1Y me dijo:

–Hijo de hombre come lo que tienes ahí; cómete este rollo y vete a hablar a la casa de Israel.

2Abrí la boca y me dio a comer el rollo, 3diciéndome:

–Hijo de hombre, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este rollo que te doy.

Lo comí y su sabor en la boca era dulce como la miel.

4Y me dijo:

–Hijo de hombre, anda, vete a la casa de Israel y diles mis palabras, 5porque no se te envía a un pueblo de idioma extraño y de lenguas extranjeras que no comprendes. 6Por cierto, que si a éstos te enviara te harían caso; 7en cambio, la casa de Israel no querrá hacerte caso, porque no quieren hacerme caso a mí. Pues toda la casa de Israel son tercos de cabeza y duros de corazón. 8Mira, hago tu rostro tan duro como el de ellos y tu cabeza terca como la de ellos; 9como el diamante, más dura que el pedernal hago tu cabeza.

No les tengas miedo ni te acobardes ante ellos, aunque sean un pueblo rebelde.

10Y me dijo:

–Hijo de hombre, todas las palabras que yo te diga escúchalas atentamente y apréndelas de memoria. 11Ahora vete a los deportados, a tus compatriotas, y diles: Esto dice el Señor; te escuchen o no te escuchen.

12Entonces me arrebató el espíritu y oí a mis espaldas el estruendo de un gran terremoto al elevarse de su sitio la gloria del Señor. 13Era el revuelo de las alas de los seres vivientes al rozar una con otra, junto con el fragor de las ruedas: el estruendo de un gran terremoto. 14El espíritu me tomó y me arrebató y marché decidido y enardecido, mientras la mano del Señor me empujaba. 15Llegué a los deportados de Tel-Abib que vivían a orillas del río Quebar, que es donde ellos vivían, y me quedé allí siete días aturdido en medio de ellos.

 

PRIMERA ACTIVIDAD DEL PROFETA I

 

El profeta como centinela

(Is 21,6-12; Ez 33,1-7; Am 3,7-8)

16Al cumplirse los siete días me dirigió la palabra el Señor:

17–Hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel. Cuando escuches una palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. 18Si yo digo al malvado que es reo de muerte y tú no le das la alarma –es decir, no hablas poniendo en guardia al malvado para que cambie su mala conducta y conserve la vida–, entonces el malvado morirá por su culpa y a ti te pediré cuenta de su sangre. 19Pero si tú pones en guardia al malvado, y no se convierte de su maldad y de su mala conducta, entonces él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida. 20Y si el justo se aparta de su justicia y comete maldades, pondré una trampa delante de él y morirá; por no haberlo puesto en guardia, él morirá por su pecado y no se tendrán en cuenta las obras justas que hizo; pero a ti te pediré cuenta de su sangre. 21Si tú, por el contrario, pones en guardia al justo para que no peque, y en efecto no peca, ciertamente conservará la vida por haber estado alerta, y tú habrás salvado la vida.

22Entonces se apoyó sobre mí la mano del Señor, quien me dijo:

–Levántate, sal a la llanura y allí te hablaré.

23Me levanté y salí a la llanura: allí estaba la gloria del Señor, la gloria que yo había contemplado a orillas del río Quebar, y caí rostro en tierra. 24Penetró en mí el espíritu y me levantó poniéndome de pie; entonces el Señor me habló así:

–Vete y enciérrate dentro de tu casa. 25Y tú, Hijo de hombre, mira que te pondrán sogas, te amarrarán con ellas y no podrás soltarte. 26Te pegaré la lengua al paladar, te quedarás mudo y no podrás ser el acusador, porque son un pueblo rebelde. 27Pero cuando yo te hable, te abriré la boca para que les digas: Esto dice el Señor. El que quiera, que te escuche, y el que no, que lo deje; porque son un pueblo rebelde.

 

Acciones simbólicas

4 1Y tú, Hijo de hombre, agarra un ladrillo, póntelo delante y graba en él una ciudad, 2ponle cerco, construye torres de asalto contra ella, y haz un terraplén contra ella; pon tropas contra ella y emplaza máquinas de guerra a su alrededor.

3Y tú agarra una sartén de hierro y ponla como muro de hierro entre ti y la ciudad; dirige contra ella tu rostro; quedará sitiada y le apretarás el cerco. Es una señal para la casa de Israel.

4Y tú, acuéstate del lado izquierdo, y te echaré encima la culpa de la casa de Israel. Los días que estés así acostado cargarás con su culpa. 5Yo te señalo en días los años de su culpa –trescientos noventa días– para que cargues con la culpa de la casa de Israel.

6Cumplidos éstos, te acostarás del lado derecho y cargarás con la culpa de la casa de Judá cuarenta días: un día por cada año te señalo.

7Dirigirás el rostro y el brazo desnudo hacia el cerco de Jerusalén y profetizarás contra ella.

8Mira, te amarro con sogas, y no podrás cambiar de lado hasta que cumplas los días de tu asedio.

9Y tú, recoge trigo y cebada, habas y lentejas, mijo y maíz: échalo todo en una vasija y con ello hazte de comer. –Eso comerás trescientos noventa días, todos los días que estés echado de lado–.

10Comerás una cantidad fija de alimento: una ración diaria de ocho onzas; a una hora fija la comerás.

11Beberás el agua medida: la sexta parte de un jarrón, a una hora fija la beberás.

12Comerás un pan de cebada, que cocerás delante de ellos sobre excremento humano.

13Y dijo el Señor:

–Los israelitas comerán un pan impuro en las naciones por donde los disperse.

14Yo repliqué:

–¡Ay, Señor! Mira que yo nunca me he contaminado; desde muchacho nunca he comido carne de animal muerto o despedazado por una fiera; nunca ha entrado en mi boca carne de desecho.

15Me respondió:

–Está bien, te concedo que prepares tu pan no sobre excremento humano, sino sobre excremento de vaca.

16Y añadió:

–Hijo de hombre, cortaré el sustento

del pan en Jerusalén:

comerán el pan racionado y con susto,

beberán el agua medida y con miedo,

17para que, al faltarles el pan y el agua,

se consuman por su culpa,

y todo el mundo se horrorice.

 

5 1Y tú, Hijo de hombre, agarra una cuchilla afilada, agarra una navaja barbera y pásatela por la cabeza y la barba. Después agarra una balanza y haz tres porciones.

2Un tercio lo quemarás en el fuego en medio de la ciudad cuando termine el asedio, un tercio lo cortarás con la espada en torno a la ciudad, un tercio lo esparcirás al viento y yo los perseguiré con la espada desnuda.

3Recogerás unos cuantos pelos y los meterás en el dobladillo del manto; 4de éstos apartarás algunos y los echarás al fuego, y dejarás que se quemen.

Dirás a la casa de Israel:

5Esto dice el Señor:

Se trata de Jerusalén:

la puse en el centro de los pueblos,

rodeada de países,

6y se rebeló

contra mis leyes y mandatos

pecando más que otros pueblos,

más que los países vecinos.

Porque rechazaron mis mandatos

y no siguieron mis leyes,

7por eso así dice el Señor:

Porque fueron más rebeldes

que los pueblos vecinos,

porque no siguieron mis leyes

ni cumplieron mis mandatos,

ni obraron como es costumbre

de los pueblos vecinos;

8por eso así dice el Señor:

Aquí estoy contra ti

para hacer justicia en ti

a la vista de los pueblos.

9Por tus prácticas idolátricas,

haré en ti cosas que jamás hice

ni volveré a hacer.

10Por eso los padres se comerán

a sus hijos en medio de ti,

y los hijos

se comerán a sus padres;

haré justicia en ti,

y a tus supervivientes

los esparciré a todos los vientos.

11Por eso, ¡por mi vida!

–oráculo del Señor–,

por haber profanado mi santuario

con tus ídolos

y prácticas idolátricas,

juro que te rechazaré,

no me apiadaré de ti

ni te perdonaré.

12Un tercio de los tuyos

morirá de peste

y el hambre los consumirá

dentro de ti,

un tercio caerá a espada

alrededor de ti

y un tercio lo esparciré

a todos los vientos.

Y los perseguiré

con la espada desnuda.

13Agotaré mi ira contra ellos

y saciaré mi cólera

hasta quedarme a gusto;

y sabrán que yo, el Señor,

hablé con pasión

cuando agote mi cólera contra ellos.

14Te haré asombro y objeto de burla

para los pueblos vecinos,

a la vista de los que pasen.

15Serás objeto de burla e insultos,

escarmiento y espanto

para los pueblos vecinos,

cuando haga en ti justicia

con ira y cólera,

con castigos despiadados.

Yo, el Señor, lo he dicho:

16Dispararé contra ustedes

las flechas malignas del hambre,

que acabarán con ustedes

para acabar con ustedes

las dispararé.

Les haré pasar hambre

y les cortaré el sustento del pan.

17Mandaré contra ustedes

hambre y fieras salvajes

que los dejarán sin hijos;

pasarán por ti peste y matanza

y mandaré contra ti la espada.

Yo, el Señor, lo he dicho.

 

Contra los montes de Israel

(36,1-15)

6 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre,

mira a los montes de Israel

y profetiza contra ellos.

3¡Montes de Israel,

escuchen la Palabra del Señor!

Esto dice el Señor

a los montes y a las colinas,

a las quebradas y a los valles:

¡Atención!, que yo mando

la espada contra ustedes

para destruir sus santuarios;

4serán arrasados sus altares

y rotas sus imágenes sagradas;

haré que caigan sus muertos

delante de sus ídolos.

5–Arrojaré

los cadáveres de los israelitas

delante de sus ídolos–.

Esparciré sus huesos

en torno a sus altares.

6En todos los lugares

donde ustedes habiten

serán arruinadas las aldeas

y arrasadas las lomas;

hasta que queden arruinados

y arrasados sus altares,

rotos y destruidos sus ídolos,

arrancados sus altares

para quemar incienso

y borradas todas sus obras.

7Los muertos yacerán entre ustedes,

y sabrán que yo soy el Señor.

8Dejaré que algunos escapen

de la espada a otras naciones,

y cuando se dispersen

por sus territorios,

9los que se salven

se acordarán de mí

en las naciones adonde los deporten;

les desgarraré el corazón adúltero,

que se apartó de mí y los ojos

que fornicaron con sus ídolos;

sentirán asco de sí mismos

por lo mal que se portaron,

por sus prácticas idolátricas.

10Y sabrán que yo, el Señor,

no en vano los amenacé

con estos castigos.

11Esto dice el Señor:

Golpea las palmas y bailotea, y grita:

¡Bien

por las graves prácticas idolátricas

de la casa de Israel!,

que a espada, de hambre

y de peste caerán.

12El que está lejos morirá de peste,

el que está cerca caerá a espada

y el que aún quede vivo

de hambre morirá.

Agotaré mi cólera contra ellos.

13Y sabrán que yo soy el Señor

cuando sus muertos estén tirados

junto a sus ídolos

en torno a sus altares,

en las altas colinas,

en la cima de los montes,

al pie de los árboles frondosos

y al pie de las copudas encinas,

santuarios

donde ofrecían a sus ídolos

oblaciones de aroma que aplaca.

14Extenderé mi mano contra ellos

y haré del país un desierto desolado

–todos los poblados

desde el desierto hasta Ribla–.

Y sabrán que yo soy el Señor.

 

Llega el día

(Sof 1,7-18)

7 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Tú, Hijo de hombre, anuncia:

Esto dice el Señor

a la tierra de Israel:

¡El fin, llega el fin:

a los cuatro extremos del país!

3Ya te llega el fin:

Lanzaré mi ira contra ti,

te juzgaré como mereces

y pagarás tus prácticas idolátricas.

4No me apiadaré ni te perdonaré:

te daré la paga que mereces,

te quedarás

con tus prácticas idolátricas,

y sabrán que yo soy el Señor.

5Esto dice el Señor:

Se avecina desgracia tras desgracia:

6el fin llega, llega el fin,

te acecha, está llegando.

7Te toca el turno,

habitante de la tierra:

llega el momento,

el día se aproxima

sin retraso y sin tardanza.

8Pronto derramaré mi cólera sobre ti

y en ti agotaré mi ira;

te juzgaré como mereces

y pagarás tus prácticas idolátricas.

9No me apiadaré ni te perdonaré,

te daré la paga que mereces,

te quedarás

con tus prácticas idolátricas,

y sabrán que yo soy

el Señor que castiga.

10Ahí está el día,

está llegando, te toca el turno.

Florece la injusticia,

madura la insolencia,

11triunfa la violencia,

el cetro del malvado.

Sin retraso y sin tardanza,

12llega el momento, el día se avecina;

el comprador, que no se alegre;

el vendedor, que no esté triste

–porque a todos

los alcanza el incendio–.

13Porque el vendedor

no recobrará lo vendido

ni el comprador

retendrá lo comprado

–porque a todos

los alcanza el incendio–.

14Tocan la trompeta, preparan las armas,

pero nadie acude a la batalla

porque a todos

los alcanza mi incendio.

15La espada en la calle,

en casa la peste y el hambre:

el que está en descampado

muere a espada,

al que está en la ciudad

lo devoran el hambre y la peste.

16Los que escapan

huyendo a las montañas,

gimiendo como palomas,

morirán todos ellos,

cada cual por su culpa.

17Todos los brazos desfallecen

y todas las rodillas se aflojan;

18se visten sayal,

se cubren de espanto;

todos los rostros, consternados;

todas las cabezas, rapadas.

19Tirarán a la calle la plata,

tendrán el oro por inmundicia;

ni su oro ni su plata

podrán salvarlos

el día de la ira del Señor,

porque fueron su tropiezo y pecado.

No les quitarán el hambre

ni les llenarán el vientre.

20Estaban orgullosos

de sus espléndidas alhajas:

con ellas fabricaron estatuas

de sus ídolos abominables,

pero yo se los convertiré

en inmundicia.

21Se lo daré como botín a bárbaros,

como presa

a los criminales de la tierra,

y lo profanarán.

22Apartaré de ellos mi rostro

y profanarán mi tesoro:

invadirán la ciudad bandoleros

que la profanarán.

23Prepara cadenas,

que el país está lleno de crímenes,

la ciudad está llena de violencias.

24Traeré a los pueblos más feroces

para que se adueñen de sus casas;

pondré fin a su terca soberbia

y serán profanados sus santuarios.

25Cuando llegue el pánico,

buscarán paz, y no la habrá.

26Vendrá desastre tras desastre,

y alarma tras alarma;

pedirán visiones al profeta,

fracasarán las instrucciones

del sacerdote

y las propuestas de los ancianos.

27El rey hará duelo,

los nobles se vestirán de espanto,

a los terratenientes

les temblarán las manos;

los trataré como merecen,

los juzgaré con su misma justicia,

y sabrán que yo soy el Señor.

 

EL TEMPLO PROFANADO

 

Pecado

8 1El año sexto, el día cinco del mes sexto, estando yo sentado en mi casa y los ancianos de Judá sentados frente a mí, bajó sobre mí la mano del Señor. 2Vi una figura que parecía un hombre: de lo que parecía la cintura para abajo, fuego; de la cintura para arriba, como un resplandor, un brillo como de metal pulido. 3Alargando una forma de mano, me agarró por los cabellos; el espíritu me levantó en vilo y me llevó en éxtasis entre el cielo y la tierra a Jerusalén, junto a la puerta norte del atrio interior donde estaba situado el ídolo rival del Señor. 4Allí estaba la gloria del Dios de Israel, como la había contemplado en la llanura.

5Me dijo:

–Hijo de hombre, dirige la vista hacia el norte.

Dirigí la vista hacia el norte, y vi al norte de la puerta del altar el ídolo rival el que está a la entrada.

6Añadió:

–Hijo de hombre, ¿no ves lo que están haciendo? Graves prácticas idolátricas comete aquí la casa de Israel para que me aleje de mi santuario. Pero aún verás prácticas idolátricas mayores.

7Después me llevó a la puerta del atrio y vi una grieta en el muro.

8Me dijo:

–Hijo de hombre, abre un boquete en el muro.

Abrí un boquete en el muro y vi una puerta.

9Añadió:

–Entra y mira las atroces prácticas idolátricas que están cometiendo ahí.

10Entré, y vi grabados en las cuatro paredes toda clase de reptiles y animales inmundos, todos los ídolos de la casa de Israel. 11Frente a ellos, setenta ancianos de la casa de Israel estaban en pie, incensario en mano. Jazanías, hijo de Safán, entre ellos. Una nube de incienso se elevaba.

12Me dijo:

–¿No ves, Hijo de hombre, lo que están haciendo en secreto los ancianos de la casa de Israel cada uno en el nicho de su ídolo? Porque piensan: El Señor no nos ve, el Señor ha abandonado el país.

13Y añadió:

–Aún los verás hacer prácticas idolátricas mayores.

14Después me llevó junto a la puerta norte de la casa del Señor; allí estaban unas mujeres sentadas en el suelo, llorando a Tamuz.

15Me dijo:

–¿No ves, Hijo de hombre? Aún verás prácticas idolátricas mayores que éstas.

16Después me llevó al atrio interior de la casa del Señor. A la entrada del templo del Señor, entre el atrio y el altar, había unos veinticinco hombres, de espaldas al templo y mirando hacia el oriente: estaban adorando al sol.

17Me dijo:

–¿No ves, Hijo de hombre? ¡Le parecen poco a la casa de Judá las prácticas idolátricas que aquí cometen, que también han llenado el país de violencias, indignándome más y más! ¡Ahí los tienes despachando verdugos para enfurecerme!

18Pues también yo actuaré con cólera, no me apiadaré ni perdonaré; me invocarán a gritos, pero no los escucharé.

 

Sentencia y ejecución

(2 Re 10,17-27; Ap 7)

9 1Entonces le oí llamar en voz alta:

–Acérquense, verdugos de la ciudad, empuñando cada uno su arma mortal.

2Entonces aparecieron seis hombres por el camino de la puerta de arriba, la que da al norte, empuñando mazas. En medio de ellos, un hombre vestido de lino, con los instrumentos de escribano a la cintura. Al llegar, se detuvieron junto al altar de bronce. 3La gloria del Dios de Israel se había levantado del querubín en que se apoyaba, yendo a ponerse en el umbral del templo. Llamó al hombre vestido de lino, con los instrumentos de escribano a la cintura, 4y le dijo el Señor:

–Recorre la ciudad, atraviesa Jerusalén y marca en la frente a los que se lamentan afligidos por las prácticas idolátricas que en ella se cometen.

5A los otros les dijo en mi presencia:

–Recorran la ciudad detrás de él

hiriendo sin compasión y sin piedad.

6A viejos, muchachos y muchachas,

a niños y mujeres, mátenlos,

acaben con ellos;

pero a ninguno de los marcados

lo toquen.

Empiecen por mi santuario.

Y empezaron por los ancianos que estaban frente al templo.

7Luego les dijo:

–Profanen el templo, llenando sus atrios de cadáveres, y salgan a matar por la ciudad.

8Sólo yo quedé con vida. Mientras ellos mataban, caí rostro en tierra y grité:

–¡Ay Señor! ¿Vas a exterminar al resto de Israel, derramando tu cólera sobre Jerusalén?

9Me respondió:

–Grande, muy grande, es el delito de la casa de Israel y de Judá; el país está lleno de crímenes; la ciudad colmada de injusticias; porque dicen:

–El Señor ha abandonado el país, no lo ve el Señor.

10Pues tampoco yo me apiadaré ni perdonaré; doy a cada uno su merecido.

11Entonces el hombre vestido de lino, con los instrumentos de escribano a la cintura, informó diciendo:

–He cumplido lo que me ordenaste.

 

La gloria se marcha

(1 Sm 4,22)

10 1En la plataforma que estaba sobre la cabeza de los querubines vi una especie de zafiro, en forma de trono, que sobresalía.

2El Señor dijo al hombre vestido de lino:

–Métete debajo de la carroza bajo el querubín, recoge un puñado de brasas de entre los querubines y espárcelas por la ciudad.

Y vi que se metió.

3Al entrar este hombre, los querubines se encontraban al sur del templo –y la nube llenaba el atrio interior–.

4La gloria del Señor se remontó sobre los querubines y se colocó en el umbral del templo; la nube llenó el templo y el resplandor de la gloria del Señor llenó el atrio.

5El rumor de las alas de los querubines llegó hasta el atrio exterior: era como la voz del Todopoderoso cuando habla.

6El hombre vestido de lino, al recibir la orden de recoger fuego de debajo de la carroza, entre los querubines, se colocó al lado de una rueda.

7El querubín alargó la mano entre los querubines hacia el fuego que estaba entre los querubines lo recogió y se lo echó en el cuenco de las manos al hombre vestido de lino; él lo recogió y se marchó.

8A los querubines les asomaban por debajo de las alas una especie de brazos humanos.

9Y vi cuatro ruedas al lado de los querubines, una al lado de cada uno. El aspecto de las ruedas era como el brillo del topacio. 10Las cuatro tenían la misma apariencia. Su hechura era como si una rueda estuviese encajada dentro de la otra, 11para poder rodar en las cuatro direcciones sin tener que girar al rodar, pues ya de antemano estaban orientadas en la dirección en que rodaban. No se volvían al avanzar. 12La circunferencia de las cuatro llantas estaba llena de ojos.

13Oí que a las ruedas las llamaban La Carroza.

14Cada querubín tenía cuatro caras: de querubín, de hombre, de león y de águila. 15Los querubines se elevaron. Éstos eran los seres vivientes que yo había visto a orillas del río Quebar.

16Al caminar los querubines, avanzaban a su lado las ruedas. Las ruedas no se apartaban de su lado, ni siquiera cuando los querubines levantaban las alas para remontarse del suelo. 17Se detenían cuando se detenían ellos y junto con ellos se elevaban, porque llevaban el espíritu de los seres vivientes.

18Luego la gloria del Señor salió levantándose del umbral del templo y se colocó sobre los querubines. 19Vi a los querubines levantar las alas, remontarse del suelo –sin separarse de las ruedas– y salir. Y se detuvo junto a la puerta oriental de la casa del Señor; mientras tanto, la gloria del Dios de Israel sobresalía por encima de ellos.

20Eran los seres vivientes que yo había visto debajo del Dios de Israel a orillas del río Quebar, y me di cuenta de que eran querubines. 21Tenían cuatro rostros y cuatro alas cada uno, y una especie de brazos humanos debajo de las alas, 22su fisonomía era la de los otros que yo había contemplado a orillas del río Quebar. Caminaban de frente.

 

El resto

(Jr 24)

11 1Me arrebató el espíritu y me llevó por los aires a la puerta oriental de la casa del Señor la que mira al este; allí, junto a la puerta, había veinticinco hombres, entre los que distinguí a Jazanías, hijo de Azur, y a Palatías, hijo de Banías, jefes del pueblo.

2El Señor me dijo:

–Hijo de hombre, ésos son los que en esta ciudad maquinan maldades y planean crímenes. 3Andan diciendo: Pronto reconstruiremos las casas: la ciudad es la olla y nosotros la carne. 4Por tanto, profetiza contra ellos, profetiza, Hijo de hombre.

5Bajó sobre mí el Espíritu del Señor y me dijo:

–Di: Esto dice el Señor: Eso piensan ustedes, casa de Israel; yo conozco sus pensamientos. 6Han multiplicado sus víctimas en esta ciudad, han llenado de víctimas sus calles. 7Por tanto, esto dice el Señor: La ciudad es la olla, de la que los sacaré a ustedes, y sus víctimas son la carne.

8Temen la espada:

Pues mandaré la espada

contra ustedes

–oráculo del Señor–.

9Los sacaré de la ciudad,

los entregaré en poder de bárbaros

y haré justicia en ustedes.

10Los juzgaré en la frontera de Israel,

caerán a espada

y sabrán que yo soy el Señor.

11No será ya su olla ni ustedes la carne:

los juzgaré en la frontera de Israel.

12Y sabrán que yo soy el Señor,

cuyas leyes no han seguido,

cuyos mandatos no han cumplido,

sino que han imitado las costumbres    de los pueblos vecinos.

13Mientras yo profetizaba, cayó muerto Palatías, hijo de Banías; entonces caí rostro en tierra y rompí a gritar, diciendo:

–¡Ay, Señor, vas a aniquilar al resto de Israel!

14Me vino esta Palabra del Señor:

15–Hijo de hombre, los habitantes de Jerusalén dicen de tus hermanos, compañeros tuyos de exilio, y de la casa de Israel toda entera: Ellos se han alejado del Señor, a nosotros nos toca poseer la tierra. 16Por tanto, di: Esto dice el Señor:

Cierto, los llevé a pueblos lejanos, los dispersé por los países y fui para ellos un santuario pasajero en los países adonde fueron.

17Por tanto, di: Esto dice el Señor:

Los reuniré de entre los pueblos,

los recogeré de los países

en los que están dispersos

y les daré la tierra de Israel.

18Entrarán y quitarán de ella

todos sus ídolos

y prácticas idolátricas.

19Les daré un corazón íntegro

e infundiré en ellos

un espíritu nuevo:

les arrancaré el corazón de piedra

y les daré un corazón de carne,

20para que sigan mis leyes

y pongan por obra mis mandatos;

serán mi pueblo y yo seré su Dios.

21Pero si el corazón se les va

tras sus ídolos

y prácticas idolátricas,

les daré su merecido

–oráculo del Señor–.

22Los querubines levantaron las alas sin separarse de las ruedas; mientras tanto, la gloria del Dios de Israel sobresalía por encima de ellos. 23La gloria del Señor se elevó sobre la ciudad y se detuvo en el monte, al oriente de la ciudad. 24Entonces el espíritu me arrebató y me llevó por los aires al destierro de Babilonia, en éxtasis; la visión desapareció. 25Y yo les conté a los desterrados lo que el Señor me había revelado.

 

PRIMERA ACTIVIDAD DEL PROFETA II

 

Al destierro

(2 Re 25,11)

12 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre, vives en medio de un pueblo rebelde: tienen ojos para ver, y no ven; tienen oídos para oír, y no oyen; porque son un pueblo rebelde. 3Tú, Hijo de hombre, prepara el equipaje del destierro y emigra a la luz del día, a la vista de todos; a la vista de todos emigra a otro lugar, a ver si lo ven; porque son un pueblo rebelde. 4Saca tu equipaje, como quien va al destierro, a la luz del día, a la vista de todos, y tú sal al atardecer, a la vista de todos, como quien va al destierro. 5A la vista de todos abre un boquete en el muro y saca por allí tu equipaje. 6Cárgate al hombro tu equipaje, a la vista de todos sácalo en la oscuridad; tápate la cara, para no ver la tierra, porque hago de ti una señal para la casa de Israel.

7Yo hice lo que me mandó: saqué mi equipaje como quien va al destierro, a la luz del día; al atardecer abrí un boquete en el muro, lo saqué en la oscuridad, me cargué al hombro mi equipaje, a la vista de todos.

8A la mañana siguiente me dirigió la palabra el Señor:

9–Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, el pueblo rebelde, qué es lo que hacías? 10Pues respóndeles: Esto dice el Señor: Este oráculo contra Jerusalén va por el príncipe y por toda la casa de Israel que vive allí. 11Di: Soy señal para ustedes; lo que yo he hecho se lo harán ellos: irán –cautivos– al destierro. 12El príncipe que vive entre ellos se cargará al hombro el equipaje, abrirá un boquete en el muro para sacarlo, lo sacará en la oscuridad y se tapará la cara para que no lo reconozcan. 13Pero tenderé mi red sobre él y lo cazaré en mi trampa; lo llevaré a Babilonia, país de los caldeos, donde morirá sin poder verla. 14A su escolta y a su ejército los dispersaré a todos los vientos y los perseguiré con la espada desnuda. 15Y sabrán que yo soy el Señor cuando los desparrame por los pueblos y los disperse por los territorios. 16Pero dejaré a unos pocos, supervivientes de la espada, del hambre y de la peste, para que cuenten sus prácticas idolátricas por los pueblos adonde vayan, y sepan que yo soy el Señor.

17Me dirigió la palabra el Señor:

18–Hijo de hombre, come el pan con estremecimiento, bebe el agua con temblor y susto. 19Para los terratenientes dirás: Esto dice el Señor a los que habitan en Jerusalén en la tierra de Israel:

Comerán el pan con susto,

beberán el  agua con miedo,

porque devastarán

y despoblarán su país

por las violencias de sus habitantes;

20arrasarán las ciudades habitadas

y el país quedará desolado,

y sabrán que yo soy el Señor.

 

Estribillos

(Is 5,18s)

21Me dirigió la palabra el Señor:

22–Hijo de hombre, ¿qué significa ese refrán que dicen en la tierra de Israel: Pasan días y días y no se cumple la visión? 23Pues diles: Esto dice el Señor: Acabaré con ese refrán y no volverán a repetirlo en Israel. Diles tú este otro: Ya está llegando el día en que se cumplirá la visión. 24Porque ya no habrá visiones vanas ni vaticinios engañosos en la casa de Israel. 25Porque yo, el Señor, diré lo que tenga que decir, y lo que diga se hará, no se retrasará más; sino que en sus días, pueblo rebelde, lo diré y lo haré –oráculo del Señor–.

26Me dirigió la palabra el Señor:

27–Hijo de hombre, mira lo que anda diciendo la casa de Israel: Las visiones de éste van para largo, a largo plazo profetiza.

28Diles: Esto dice el Señor: No se retrasarán más mis palabras; lo que diga lo haré –oráculo del Señor–.

 

Falsos profetas y profetisas

(Dt 18,9-22; Jr 23,9-32; Miq 2,6-7; 3,5-8)

13 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre, profetiza contra los profetas de Israel, profetiza diciéndoles: Escuchen la Palabra del Señor. 3Esto dice el Señor:

¡Ay de los profetas insensatos

que se inventan profecías,

cosas que nunca vieron,

siguiendo su inspiración!

4Como chacales entre ruinas

son tus profetas, Israel.

5No han defendido

los boquetes de la muralla

ni levantaron un muro

en torno a la casa de Israel,

para que resistiera en la batalla,

el día del Señor.

6Visionarios falsos,

adivinos de engaños,

que decían: oráculo del Señor,

cuando el Señor no los enviaba,

esperando

que cumpliera su palabra.

7Ustedes han visto

visiones vanas

y han pronunciado

oráculos falsos

diciendo: oráculo del Señor,

cuando el Señor no hablaba.

8Por tanto, esto dice el Señor:

Por haber dicho mentiras

y haber visto engaños,

por eso aquí estoy contra ustedes

–oráculo del Señor–.

9Extenderé mi mano

contra los profetas

visionarios falsos

y adivinos de engaños;

no tomarán parte

en el consejo de mi pueblo,

ni serán inscritos en el censo

de la casa de Israel,

ni entrarán en la tierra de Israel,

y sabrán que yo soy el Señor.

10Sí, porque han extraviado

a mi pueblo, anunciando paz

cuando no había paz,

y mientras ellos construían

una pared inconsistente

ustedes la iban recubriendo de cal.

11Diles a los que recubren de cal:

Vendrá una lluvia torrencial,

caerá granizo,

se desencadenará

un viento huracanado.

12Cuando la pared se derrumbe, les dirán:

¿Qué pasó con la cal

que pusieron?

13Por tanto, esto dice el Señor:

Con furia desencadenaré

un viento huracanado,

una lluvia torrencial

mandaré con ira,

y granizo, en el colmo de mi furia.

14Derribaré la pared

que han recubierto de cal,

la tiraré al suelo,

quedarán al desnudo sus cimientos;

se desplomará y perecerán debajo,

y sabrán que yo soy el Señor.

15Cuando agote mi cólera

contra la pared y contra

los que la recubrieron de cal,

les dirán: ¿Qué pasó con la pared

y con los que la recubrieron de cal:

16con los profetas de Israel

que profetizaban para Jerusalén,

que tenían para ella visiones de paz,

cuando no había paz?

–oráculo del Señor–.

17Tú, Hijo de hombre, enfréntate con las mujeres de tu pueblo, metidas a profetisas por su cuenta, y profetiza contra ellas 18diciéndoles:

Esto dice el Señor:

¡Ay de las que cosen

lazos mágicos en las muñecas

y hacen velos

de todos los tamaños

para cazar a la gente!

Cazan a mi propio pueblo,

para enriquecerse ustedes.

19Me profanan ante mi pueblo

por un puñado de cebada

y un mendrugo de pan,

destinando a la muerte

al que no tenía que morir,

y a la vida

al que no tenía que vivir;

engañan de este modo

a mi pueblo,

que hace caso de sus mentiras.

20Por tanto, esto dice el Señor:

Aquí estoy yo contra los lazos

con que cazan a la gente al vuelo;

se los arrancaré de los brazos

a la gente que ustedes cazan,

y los soltaré para que vuelen.

21Rasgaré sus velos

y libraré a mi pueblo

de sus manos;

no volverán a ser presa

de sus manos,

y sabrán que yo soy el Señor.

22Porque han afligido

con engaños al justo,

sin que yo lo afligiera,

porque han dado apoyo

al malvado,

para que no se convirtiera

de su mala conducta

y pudiera conservar la vida;

23por tanto, no volverán

a ver falsedades

ni a vaticinar engaños,

libraré a mi pueblo

de sus manos,

y sabrán que yo soy el Señor.

 

Nostalgia de los ídolos

(Éx 20,3s; Dt 6,5)

14 1Se me presentaron algunos ancianos de Israel y se sentaron frente a mí. 2Entonces me dirigió la palabra el Señor:

3–Hijo de hombre, esos hombres se han puesto a pensar en sus ídolos y se han imaginado algo que les hace caer en pecado: ¿voy a permitir que me consulten? 4Por tanto, háblales así: Esto dice el Señor: cualquier israelita que se ponga a pensar en sus ídolos, imaginándose algo que le hace caer en pecado, cuando acuda al profeta, yo, el Señor, me encargaré de responderle, de acuerdo con la multitud de sus ídolos, 5y así llegaré al corazón de los israelitas que han desertado de mí por causa de sus ídolos. 6Por tanto, dile a la casa de Israel: Esto dice el Señor: Arrepiéntanse y conviértanse de sus idolatrías, den la espalda a sus prácticas idolátricas, 7porque a cualquier israelita o emigrante residente en Israel que apostate de mí y se ponga a pensar en sus ídolos imaginándose algo que lo hace caer en pecado, cuando acuda al profeta para consultarme, yo, el Señor, me encargaré de responderle. 8Me enfrentaré con él, haré de él un escarmiento proverbial, lo extirparé de mi pueblo, y sabrán que yo soy el Señor. 9Y si un profeta, dejándose engañar, pronuncia un oráculo, yo, el Señor, lo dejaré en su engaño; extenderé mi mano contra él y lo eliminaré de mi pueblo, Israel. 10Tanto el profeta como quien le consulte serán reos de la misma culpa. 11Para que la casa de Israel no vuelva a extraviarse lejos de mí ni a mancharse con sus crímenes, y así será mi pueblo y yo seré su Dios –oráculo del Señor–.

 

Cuatro casos de intercesión

(Gn 18,16-33; Éx 32,30-35; Nm 14,11-19; Am 7,1-6)

12Me dirigió la palabra el Señor:

13–Hijo de hombre, si un país peca contra mí cometiendo un delito, extenderé mi mano contra él, le cortaré el sustento del pan y le mandaré hambre y extirparé de él hombres y animales. 14Si se encontraran allí estos tres varones: Noé, Daniel y Job, por ser justos salvarían ellos la vida –oráculo del Señor–. 15Si suelto por el país fieras salvajes que lo dejen sin hijos, para que quede devastado y sin nadie que lo transite, por miedo a las fieras, 16aunque esos tres varones se encuentren allí, ¡por mi vida! –oráculo del Señor–, juro que no salvarán a sus hijos ni a sus hijas; ellos solos se salvarán y el país quedará devastado. 17Si mando la espada contra ese país, si ordeno a la espada que atraviese el país y extirpo de él hombres y animales, 18aunque se encuentren allí esos tres varones, ¡por mi vida! –oráculo del Señor–, juro que no salvarán a sus hijos ni a sus hijas, sino que ellos solos se salvarán. 19Si le envío la peste a ese país y derramo sobre él mi cólera, para extirpar de él hombres y animales, 20aunque se encuentren allí Noé, Daniel y Job, ¡por mi vida! –oráculo del Señor–, juro que no salvarán a sus hijos ni a sus hijas, sino que ellos solos, por ser justos, salvarán la vida. 21Porque así dice el Señor: ¡Cuánto más cuando yo mande mis cuatro terribles plagas: la espada, el hambre, las fieras salvajes y la peste, contra Jerusalén para extirpar de ella hombres y animales! 22Si queda allí algún superviviente, hijos e hijas que hayan logrado evadirse adonde están ustedes, entonces, al ver su conducta y sus malas obras, se sentirán aliviados de la catástrofe que mandé contra Jerusalén, de todo lo que mandé contra ella. 23Sí que se aliviarán, porque al ver su conducta y sus malas obras se darán cuenta de que todo lo que hice en Jerusalén no fue sin motivo –oráculo del Señor–.

 

La vid inútil

(Is 5,1-7; Os 10,1-8)

15 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre,

¿en qué gana la vid

a los demás arbustos silvestres?

3¿Sacan de ella madera

para cualquier labor?

¿Sacan acaso clavos

para colgar la vajilla?

4Si la echan al fuego

para que se consuma,

y el fuego le devora las puntas

y el centro se quema,

¿para qué trabajo servirá?

5Si cuando estaba entera

no se la utilizaba para nada,

¡cuánto menos se hará algo con ella

cuando la queme el fuego y la devore!

6Por tanto, esto dice el Señor:

Igual que el leño de la vid silvestre

que eché al fuego para alimentarlo,

así echaré

a los habitantes de Jerusalén,

7me enfrentaré con ellos:

¿escaparon del fuego?,

pues el fuego los devorará,

y sabrán que yo soy el Señor

cuando me enfrente con ellos.

8Convertiré su tierra en un desierto

por los delitos que han cometido

–oráculo del Señor–.

 

Una historia de amor

(20; 23; Os 2)

16 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre,

denuncia a Jerusalén

sus prácticas idolátricas,

3diciendo: ¡Esto dice el Señor: Jerusalén,

eres cananea de casta y de cuna:

tu padre era amorreo

y tu madre era hitita!

4Fue así tu alumbramiento:

el día en que naciste

no te cortaron el ombligo,

no te bañaron ni frotaron con sal,

ni te envolvieron en pañales.

5Nadie se apiadó de ti

haciéndote alguna de estas cosas,

por compasión,

sino que te arrojaron a campo abierto,

asqueados de ti, el día que naciste.

6Pasando yo a tu lado, te vi

pataleando en tu propia sangre,

y te dije mientras yacías en tu sangre:

Sigue viviendo y crece

como brote campestre.

7Creciste y te desarrollaste,

llegaste a la flor de tu juventud;

tus senos se afirmaron

y el vello te brotó,

pero estabas desnuda y en cueros.

8Pasando de nuevo a tu lado,

te vi en la edad del amor;

extendí sobre ti mi manto

para cubrir tu desnudez;

me comprometí con juramento,

hice alianza contigo

–oráculo del Señor– y fuiste mía.

9Te bañé, te limpié la sangre

y te ungí con aceite.

10Te vestí de bordado,

te calcé zapatos  de cuero fino;

te ceñí de lino, te revestí de seda.

11Te engalané con joyas:

te puse pulseras en los brazos

y un collar al cuello.

12Te puse un anillo en la nariz,

pendientes en las orejas

y diadema de lujo en la cabeza.

13Lucías joyas de oro y plata

y vestidos de lino, seda y bordado;

comías de la mejor harina,

miel y aceite;

estabas hermosa

y prosperaste más que una reina.

14Se difundió entre los pueblos

la fama de tu belleza,

que era perfecta

por el encanto con que te adorné.

–oráculo del Señor–.

15Te sentiste segura de tu belleza

y, amparada en tu fama,

fornicaste y te prostituiste

con el primero que pasaba.

16Tomaste tus vestidos

y sobre ellos fornicabas,

y te hiciste velos de colores.

17Tomaste tus alhajas,

el oro y la plata que yo te regalé,

y te hiciste estatuas de varones

con las que fornicabas.

18Tomaste tus vestidos bordados

y las revestiste con ellos,

y les ofrecías mi perfume

y mi incienso.

19El alimento que yo te daba

–la mejor harina, miel

y aceite te daba de comer–

también se lo ofreciste

como ofrenda de aroma que aplaca

–oráculo del Señor–.

20Tomaste a tus hijos y a tus hijas,

los que diste a luz para mí,

y se los inmolaste para que comieran.

No bastándote tus fornicaciones,

21degollaste a mis hijos

pasándolos por el fuego en su honor.

22Con tus abominables fornicaciones,

no te acordaste de tu niñez,

cuando estabas desnuda y en cueros

pataleando en tu propia sangre.

23Y encima de tanta maldad,

¡ay de ti, ay de ti! –oráculo del Señor–

24te edificabas prostíbulos

y te levantabas puestos

en todas las calles.

25En las encrucijadas

instalabas tus puestos

y envilecías tu hermosura;

abriéndote de piernas

al primero que pasaba,

continuamente te prostituías.

26Fornicaste con los egipcios,

tus vecinos, de grandes miembros,

y a fuerza de prostituirte,

me encolerizaste.

27Entonces extendí mi brazo contra ti,

te reduje la ración,

te entregué a la avidez de tus rivales,

las hijas de los filisteos,

que se sonrojaban

de tu conducta infame.

28Fornicaste con los asirios sin saciarte,

volvías a fornicar con ellos

y todavía no te saciabas.

29Sin cesar fornicaste en Caldea,

tierra de mercaderes,

y ni con eso te saciaste.

30¡Cómo me enfurecí contra ti

–oráculo del Señor–

cuando hacías todo eso,

lo que hace una ramera empedernida!

31Cuando instalabas tus prostíbulos

en las encrucijadas

y levantabas tus puestos

en todas las calles,

no cobrabas el precio

como hacen las prostitutas.

32¡Oh hembra adúltera,

que teniendo marido

recibe a extraños!

33A las prostitutas les hacen regalos;

tú, en cambio,

diste tu regalo de boda a tus amantes;

los sobornabas para que acudieran

de todas partes a fornicar contigo.

34Tú hacías lo contrario

que las otras hembras:

a ti nadie te solicitaba,

eras tú la que pagabas

y a ti no te pagaban,

y obrabas al revés.

35Por eso, prostituta,

escucha la Palabra del Señor.

36Esto dice el Señor:

Por haber prodigado tus encantos

y desnudado tus vergüenzas,

prostituyéndote con tus amantes,

con tus abominables ídolos,

por haberles ofrecido

la sangre de tus hijos;

37por eso aquí me tienes:

voy a reunir a todos tus amantes

a los que complaciste,

a todos los que amabas

y a los que aborrecías.

Los reuniré de todas partes contra ti,

te dejaré desnuda delante de ellos,

para que miren tus vergüenzas.

38Te aplicaré las penas de las adúlteras

y de las homicidas,

descargando sobre ti

mi furor y mi rabia.

39Te entregaré en sus manos:

derribarán tus prostíbulos,

demolerán tus puestos;

te quitarán los vestidos,

te arrebatarán las alhajas,

dejándote desnuda y en cueros.

40Traerán un tropel contra ti

que te apedreará

y te descuartizará a cuchilladas.

41Prenderán fuego a tus casas

y ejecutarán en ti la sentencia

en presencia de muchas mujeres;

42Aplacaré mi ira contra ti

y apartaré de ti mi cólera;

me serenaré

y no volveré a irritarme.

43Por no haberte acordado

de tu juventud,

por haberme provocado

con todas estas cosas,

también yo te pagaré

según tu conducta

–oráculo del Señor–.

¿No has añadido la infamia

a todas sus prácticas idolátricas?

44Mira, todos se burlan

diciéndote el refrán:

De tal madre, tal hija.

45Hija eres de tu madre,

que aborreció marido e hijos;

hermana eres de tus hermanas,

que aborrecieron maridos e hijos.

La madre de ustedes era hitita

y su padre un amorreo.

46Tu hermana la mayor

es Samaría con sus poblados,

situada a tu izquierda;

tu hermana la pequeña,

situada a tu derecha,

es Sodoma con sus poblados.

47No sólo seguiste sus caminos

e imitaste sus prácticas idolátricas,

sino que te pareció poco

y les ganaste en conducta depravada.

48¡Juro por mi vida!

–oráculo del Señor–

que Sodoma, tu hermana,

y sus poblados

no han obrado

como han obrado tú y tus poblados.

49Mira, ése fue el delito de Sodoma,

tu hermana: soberbia,

hartura de pan y bienestar apacible

tuvieron ella y sus poblados,

pero no dio una mano

al desgraciado y al pobre.

50Se engrieron frente a mí,

cometieron prácticas idolátricas,

y las quité de en medio

en cuanto lo vi.

51Y Samaría no pecó ni la mitad que tú;

tú has cometido

más prácticas idolátricas

que ellas, y con las prácticas

idolátricas cometidas,

has hecho buenas a tus hermanas.

52Ahora carga, tú también,

con tu vergüenza,

porque con tus pecados

dejaste en buen lugar

a tus hermanas;

te envileciste más que ellas,

ellas son inocentes a tu lado.

Sonrójate también

y carga con tu vergüenza,

porque has hecho

buenas a tus hermanas.

53Cambiaré su suerte,

la suerte de Sodoma y sus poblados,

la suerte de Samaría y sus poblados

–también cambiaré tu suerte

junto con la de ellas–,

54para que cargues con tu vergüenza

y te avergüences de cuanto hiciste

sirviéndoles a ellas de consuelo.

55Y tu hermana Sodoma y sus poblados

volverán a su estado antiguo:

Samaría y sus poblados

volverán a su estado antiguo

también tú y tus poblados

volverán a su estado antiguo.

56¿No te burlabas de Sodoma,

tu hermana, difamándola

en tu época de orgullo,

57antes de descubrirse tus vergüenzas?

¡Ahora eres la vergüenza

de las edomitas

y de sus vecinas las filisteas,

que te insultan por todas partes!

58Ahora cargas con tu infamia

y tus prácticas idolátricas

–oráculo del Señor–.

59Porque así dice el Señor:

Actuaré contigo

conforme a tus acciones,

pues menospreciaste el juramento

y quebrantaste la alianza.

60Pero yo me acordaré de la alianza

que hice contigo cuando eras joven

y haré contigo una alianza eterna.

61Tú te acordarás de tu conducta

y te sonrojarás,

al recibir a tus hermanas,

las mayores y las más pequeñas;

pues yo te las daré como hijas,

pero no en virtud de tu alianza.

62Yo mismo haré alianza contigo

y sabrás que yo soy el Señor,

63para que te acuerdes y te sonrojes

y no vuelvas

a abrir la boca de vergüenza,

cuando yo te perdone

todo lo que hiciste

–oráculo del Señor–.

 

El águila y el cedro

(Sal 80)

17 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre, plantea un enigma y narra una parábola a la casa de Israel, 3diciendo: Esto dice el Señor:

El águila gigante, de gigantescas alas,

de gran envergadura,

de plumaje tupido,

lleno de colorido, voló al Líbano;

tomó la copa de un cedro,

4arrancó la más alta de sus ramas

y se la llevó a un país de mercaderes,

plantándola

en una ciudad de traficantes.

5Después recogió semilla de la tierra

y la echó en terreno preparado.

La sembró en la ribera,

junto a aguas abundantes,

6para que germinara y se hiciera

vid aparrada, achaparrada,

para que orientara hacia ella

los sarmientos,

y le sometiera las raíces.

Y se hizo vid, y echó retoños

y se puso frondosa.

7aVino después otra águila gigante,

de gigantescas alas

y de plumaje tupido,

y entonces nuestra vid,

8a aunque estaba plantada

en buen terreno,

junto a aguas abundantes,

7b dirigió sus raíces hacia ella

y orientó hacia ella sus sarmientos,

para recibir más riego

que en la tierra

donde estaba plantada

8b y así echar ramas y dar fruto

y hacerse vid espléndida.

9Di: Esto dice el Señor:

¿Prosperará o la arrancarán de raíz

y se malogrará su fruto

y se marchitarán sus renuevos?

No hará falta un brazo robusto

ni mucha gente para arrancarla.

10Miren, ya está plantada: ¿prosperará?,

¿o se secará cuando la azote

el viento del este,

en la tierra donde germinó se secará?

11Me dirigió la palabra el Señor:

12–Dile a este pueblo rebelde:

¿No entienden lo que esto significa?

Di: Miren, el rey de Babilonia

fue a Jerusalén,

y apresando a su rey y a sus príncipes

se los llevó a Babilonia.

13Tomando a uno de estirpe real,

hizo con él un pacto

y lo comprometió con juramento,

llevándose a los nobles del país

14para que fuera un reino humilde

que no se ensoberbeciera

y observara fielmente el pacto.

15Pero se rebeló contra él

y envió mensajeros a Egipto

pidiendo caballos

y tropas numerosas.

¿Tendrá éxito?,

¿escapará con vida el que hizo esto?

El que violó el pacto,

¿escapará con vida?

16¡Por mi vida! –oráculo del Señor–, juro que en el territorio del rey que lo hizo rey, cuyo juramento menospreció y cuyo pacto violó, en Babilonia morirá. 17Y el faraón no intervendrá en favor suyo en la guerra con un gran ejército y mucha tropa cuando hagan terraplenes y construyan torres de asalto para matar a tanta gente. 18Menospreció el juramento y violó el pacto. Dio la mano y después hizo esto. No escapará con vida. 19Por tanto, así dice el Señor:

¡Juro por mi vida!, que lo castigaré

por haber menospreciado

mi juramento

y por haber violado mi pacto.

20Tenderé mi red sobre él

y lo cazaré en mi trampa;

lo llevaré a Babilonia para juzgarlo allí

por sus traiciones

y por todos sus extravíos.

21Lo mejor de su ejército caerá a espada

y los supervivientes

se dispersarán a todos los vientos,

y sabrán que yo, el Señor, he hablado.

22Esto dice el Señor:

Tomaré la copa de un cedro

del cedro alto y encumbrado;

cortaré un brote

de la más alta de sus ramas

y yo lo plantaré en un monte

elevado y señero,

23lo plantaré en el monte

encumbrado de Israel.

Echará ramas, dará fruto

y llegará a ser un cedro magnífico;

anidarán en él todos los pájaros,

a la sombra de su ramaje

anidarán todas las aves.

24Y sabrán los árboles silvestres

que yo, el Señor,

humillo al árbol elevado

y elevo al árbol humilde,

seco el árbol verde

y reverdezco el árbol seco.

Yo, el Señor, lo digo y lo hago.

 

Responsabilidad personal

(33,1-20)

18 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–¿Por qué andan repitiendo

este refrán en la tierra de Israel:

Los padres comieron uvas agrias

y a los hijos

se les destemplan los dientes?

3¡Por mi vida!, les juro

–oráculo del Señor–

que nadie volverá a repetir

ese refrán en Israel.

4Sépanlo: todas las vidas son mías;

lo mismo que la vida del padre,

es mía la vida del hijo;

el que peca es el que morirá.

5El hombre que es justo,

que observa el derecho y la justicia,

6que no participa

en banquetes idolátricos

levantando los ojos

a los ídolos de Israel;

que no profana

a la mujer de su prójimo,

ni se acuesta

con la mujer en su regla;

7que no explota,

sino que devuelve

la prenda empeñada;

que no roba, sino que da

su pan al hambriento

y viste al desnudo;

8que no presta con usura

ni cobra intereses;

que aparta la mano de la maldad

y juzga imparcialmente los delitos;

9que camina según mis preceptos

y guarda mis mandamientos,

cumpliéndolos fielmente,

ese hombre es justo

y ciertamente vivirá

–oráculo del Señor–.

10Si éste engendra

un hijo criminal y homicida,

que quebranta algunas

de estas prohibiciones

11o no cumple todos estos mandatos,

sino que participa

en banquetes idolátricos

y profana a la mujer de su prójimo;

12que explota

al desgraciado y al pobre,

que roba y no devuelve

la prenda empeñada,

que levanta los ojos a los ídolos

y comete prácticas idolátricas;

13que presta con usura y cobra intereses,

ciertamente no vivirá;

por haber cometido

todas esas prácticas idolátricas,

morirá ciertamente

y será responsable de sus crímenes.

14Y si éste engendra un hijo,

que a pesar de haber visto

los pecados de su padre no los imita;

15que no participa

en los banquetes idolátricos

levantando los ojos

a los ídolos de Israel;

que no profana

a la mujer de su prójimo;

16que no explota

ni se apropia la prenda empeñada;

que no roba, sino que da

su pan al hambriento

y viste al desnudo;

17que aparta la mano de la maldad

y no cobra interés usurario;

que cumple mis mandamientos

y camina según mis preceptos,

ese hombre no morirá

por culpa de su padre,

sino que ciertamente vivirá.

18Su padre, que cometió

atropellos y robos

y maltrató a su gente,

murió por su culpa.

19Ustedes objetarán: ¿Por qué no carga

el hijo con la culpa del padre?

Si el hijo observa

el derecho y la justicia

y guarda mis preceptos y los cumple,

ciertamente vivirá.

20El que peca es el que morirá;

el hijo no cargará

con la culpa del padre,

el padre no cargará

con la culpa del hijo;

sobre el justo recaerá su justicia,

sobre el malvado recaerá su maldad.

21Si el malvado se convierte

de los pecados cometidos

y guarda mis preceptos

y practica el derecho y la justicia,

ciertamente vivirá y no morirá.

22No se le tendrán en cuenta

los delitos que cometió,

por la justicia que hizo vivirá.

23¿Acaso quiero yo

la muerte del malvado

–oráculo del Señor–

y no que se convierta

de su conducta y que viva?

24Si el justo se aparta de su justicia

y comete maldad,

imitando las prácticas idolátricas

del malvado,

no se tendrá en cuenta

la justicia que hizo:

por la iniquidad que perpetró

y por el pecado que cometió morirá.

25Ustedes objetarán: No es justo

el proceder del Señor.

Escucha, casa de Israel:

¿Es injusto mi proceder?

¿No es el proceder de ustedes

el que es injusto?

26Cuando el justo se aparta de su justicia,

comete la maldad y muere,

muere por la maldad que cometió.

27Y cuando el malvado se convierte

de la maldad que hizo

y practica el derecho y la justicia,

él mismo salva su vida.

28Si recapacita y se convierte

de los delitos cometidos,

ciertamente vivirá y no morirá.

29Objeta la casa de Israel:

No es justo el proceder del Señor.

¿Es injusto mi proceder,

casa de Israel?

¿No es el proceder de ustedes

el que es injusto?

30Pues bien, casa de Israel,

yo juzgaré a cada uno

según su proceder

–oráculo del Señor–.

Arrepiéntanse y conviértanse

de sus delitos,

y no caerán en pecado.

31Quítense de encima los delitos

que han cometido

y estrenen un corazón nuevo

y un espíritu nuevo,

y así no morirán, casa de Israel.

32Porque yo no quiero la muerte de nadie

–oráculo del Señor–.

¡Conviértanse y vivirán!

 

La leona y los cachorros

19 1Tú entona esta lamentación

por los príncipes de Israel:

2¡Qué leona tu madre

en medio de leones!

Tumbada entre leoncillos

amamantaba a sus cachorros.

3Crió a uno de sus cachorros,

que se hizo león joven

y aprendió a desgarrar la presa,

devorando hombres.

4Juntaron gente contra él,

lo atraparon en la fosa,

y con argollas se lo llevaron

a la tierra de Egipto.

5Y viendo desvanecida

y burlada su esperanza,

tomó otro de sus cachorros

y lo hizo león joven.

6Se paseaba entre los leones

hecho ya un león joven;

7hacía estragos en los palacios

y arrasaba las ciudades;

tenía el país y sus moradores

espantados con sus rugidos.

8Cargaron contra él los pueblos

de las comarcas vecinas;

tendieron sus redes sobre él

y lo atraparon en la fosa.

9Con cadenas y con argollas

lo llevaron al rey de Babilonia;

enjaulado se lo llevaron

para que no volviera

a oírse su rugido

en las montañas de Israel.

 

La vid arrancada

(Is 27,2-5.11; Ez 17,6-10)

10Tu madre es como vid sarmentosa

plantada al pie del agua:

produjo sombra y fruto

por la abundancia de agua.

11Echó ramas vigorosas

para cetros reales;

se elevó su estatura

hasta tocar las nubes;

destacaba por su altura;

por su abundancia de sarmientos.

12Pero la arrancaron con rabia

y la tiraron por tierra,

y el viento del este secó su fruto;

se desgajó y se secó

y el fuego devoró su rama vigorosa.

13Ahora está plantada en el desierto,

en terreno reseco y sediento.

14Brotó fuego de una rama

y devoró sus retoños y sus frutos.

No queda en ella ramas fuertes,

cetro para gobernar.

Es un canto fúnebre:

se canta como lamentación.

 

Historia de una rebeldía

(16; 23)

20 1El año séptimo, el día décimo del quinto mes, vinieron algunos ancianos de Israel a consultar al Señor y se sentaron frente a mí. 2Entonces me dirigió la palabra el Señor:

3–Hijo de hombre, habla así a los ancianos de Israel: Esto dice el Señor: ¿Vienen a consultarme? ¡Por mi vida! Juro que no me dejaré consultar por ustedes –oráculo del Señor–. 4¡Júzgalos tú, júzgalos tú, Hijo de hombre! Dales a conocer las prácticas idolátricas de sus padres, 5diciéndoles: Esto dice el Señor:

Cuando elegí a Israel,

juré con la mano en alto

a la descendencia de la casa de Jacob;

cuando me manifesté a ellos

en Egipto les dije con la mano en alto:

Yo soy el Señor, su Dios.

6Aquel día les juré con la mano en alto

sacarlos de Egipto

y llevarlos a una tierra

que yo mismo les había explorado:

manaba leche y miel,

era la perla de las naciones.

7Y les dije:

Arrojen sus detestables dioses

que atraen sus miradas

y no se contaminen

con los ídolos de Egipto.

Yo soy el Señor, su Dios.

8Pero se rebelaron contra mí

y no quisieron obedecerme;

ninguno arrojó los detestables dioses

que atraían sus miradas

ni se deshizo de los ídolos de Egipto.

Entonces pensé derramar

mi cólera sobre ellos

para agotar en ellos mi ira

en territorio egipcio.

9Pero actué por respeto a mi Nombre,

para que no fuera profanado

ante los paganos con los que vivían,

y en cuya presencia

me manifesté a ellos

para sacarlos de Egipto.

10Los saqué de Egipto

y los llevé al desierto.

11Les di mis preceptos

y les enseñé mis mandamientos,

que dan la vida al que los cumple.

12Les di también mis sábados

como señal recíproca,

para que se supiera

que yo soy el Señor

que los santifico.

13Pero se rebeló contra mí

la casa de Israel en el desierto:

no caminaron según mis preceptos,

rechazaron mis mandamientos,

que dan la vida al que los cumple,

y profanaron gravemente

mis sábados.

Entonces pensé derramar

mi cólera sobre ellos,

en el desierto, para exterminarlos.

14Pero actué por respeto a mi Nombre,

para que no fuera profanado

ante los paganos,

en cuya presencia los había sacado.

15No obstante, juré en el desierto,

con la mano en alto,

no llevarlos a la tierra

que les había asignado,

que manaba leche y miel

y era la perla de las naciones,

16por haber rechazado

mis mandamientos,

por no haber caminado

según mis preceptos,

por haber profanado mis sábados,

porque se les iba el corazón

tras sus ídolos.

17Pero compadecido de ellos,

no los aniquilé

ni acabé con ellos en el desierto.

18A sus hijos les dije en el desierto:

No caminen según los preceptos

de sus padres,

ni guarden sus mandamientos,

ni se contaminen con sus ídolos.

19Yo soy el Señor, su Dios:

caminen según mis preceptos,

guarden mis mandamientos

y cúmplanlos;

20santifiquen mis sábados:

serán señal recíproca

para que se sepa

que soy el Señor, su Dios.

21Pero sus hijos se rebelaron contra mí:

no caminaron según mis preceptos,

ni guardaron ni cumplieron

mis mandamientos,

que dan la vida al que los cumple,

y profanaron mis sábados.

Entonces pensé derramar

mi cólera sobre ellos

para agotar en ellos

mi ira en el desierto.

22Pero retraje mi mano

y actué por respeto a mi Nombre

para que no fuera profanado

ante los paganos,

en cuya presencia los había sacado.

23Con todo, juré en el desierto,

con la mano en alto,

dispersarlos por las naciones

y esparcirlos por los países,

24por no haber cumplido

mis mandamientos,

por haber rechazado mis preceptos

y haber profanado mis sábados,

por haberse entregado

a los ídolos de sus padres.

25¿Acaso les di yo

preceptos no buenos,

mandamientos

que no les darían la vida?

26¿Los contaminé

con las ofrendas que hacían

sacrificando en el fuego

a sus hijos primogénitos?

¿Los horroricé para que así

supieran que yo soy el Señor?

27Por tanto, Hijo de hombre,

habla así a la casa de Israel:

Esto dice el Señor:

Sus padres

encima me ofendieron

cometiendo esta traición:

28Cuando los introduje en la tierra

que con la mano en alto

había jurado darles,

al ver una colina alta,

al ver un árbol frondoso,

allí hacían sus sacrificios,

allí depositaban su irritante ofrenda,

allí ponían sus oblaciones

de aroma que aplaca,

allí vertían sus libaciones.

29Entonces les pregunté:

¿Qué hay en ese lugar alto

que frecuentan?

Y se quedó con el nombre

de lugar alto

hasta el día de hoy.

30Por tanto, dile a la casa de Israel:

Esto dice el Señor:

Se contaminan

igual que sus padres,

se prostituyen con sus ídolos,

31ofrecen a sus hijos

pasándolos por el fuego,

se siguen contaminando

con sus ídolos,

¿y voy a dejarme consultar

por ustedes, casa de Israel?

¡Por mi vida! –oráculo del Señor–,

juro que no me dejaré consultar.

32Jamás se realizarán los planes

que están pensando:

Seremos como los demás pueblos,

como las razas de otros países,

que adoran al leño y a la piedra.

33¡Por mi vida!

–oráculo del Señor–,

juro que con mano poderosa,

con brazo extendido,

con cólera incontenible,

reinaré sobre ustedes

34y los sacaré de los países

y los reuniré de entre las naciones

por las que están dispersos,

con mano poderosa,

con brazo extendido,

con cólera incontenible.

35Y los llevaré

al desierto de los pueblos

para pleitear allí

con ustedes cara a cara.

36Igual que pleiteé

con sus padres

en el desierto de Egipto,

así pleitearé con ustedes

–oráculo del Señor–.

37Los haré pasar bajo el cayado

y los haré entrar uno a uno

por el aro de la alianza,

38y excluiré a los rebeldes

que se sublevan contra mí;

los sacaré del país de su destierro,

pero no entrarán

en la tierra de Israel.

Y sabrán que yo soy el Señor.

39A ustedes, casa de Israel,

esto les dice el Señor:

Cada uno que vaya

a servir a sus ídolos

si no quiere obedecerme,

pero que no siga profanando

mi santo Nombre

con sus ofrendas idolátricas.

40Porque en mi santo monte,

en el más alto monte de Israel

–oráculo del Señor–,

allí en la tierra, me servirá

la casa de Israel toda entera.

Allí los aceptaré,

allí les pediré sus tributos,

sus primicias

y sus dones sagrados.

41Como aroma que aplaca

los aceptaré

cuando los saque de los países

y los reúna de entre las naciones

en las que están dispersos

y muestre en ustedes mi santidad

a la vista de los paganos.

42Y sabrán que yo soy el Señor

cuando los lleve a la tierra de Israel,

al país que con la mano en alto

juré dar a sus padres.

43Allí, cuando se acuerden

de su conducta

y de las malas obras

con que se contaminaron

sentirán asco de ustedes mismos

por las maldades que cometieron.

44Y sabrán que yo soy el Señor

cuando los trate

como exige mi Nombre,

no según su mala conducta

y sus obras perversas,

casa de Israel –oráculo del Señor–.

 

El bosque en llamas

21 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre, ponte mirando al sur, vaticina al mediodía, profetiza así al bosque austral: 3¡Bosque austral, escucha la Palabra del Señor! Esto dice el Señor:

Voy a prenderte un fuego que devore

tus árboles verdes, tus árboles secos.

No se apagará la ardiente llamarada

que abrasará todos los terrenos,

desde el sur hasta el norte.

4Y verá todo mortal

que yo, el Señor, lo encendí,

y no se apagará.

5Yo entonces repliqué:

–¡Ay, Señor! Van diciendo de mí:

Es un charlatán.

6Me dirigió la palabra el Señor:

7–Hijo de hombre,

ponte mirando a Jerusalén,

dirige tu palabra hacia el templo,

8di así a la tierra de Israel:

Tierra de Israel, esto dice el Señor:

Aquí estoy contra ti,

desenvaino la espada

para extirpar de ti

a inocentes y culpables.

9Porque tengo que extirpar de ti

a inocentes y culpables,

por eso sale mi espada de la vaina

contra todo mortal, de sur a norte.

10Y sabrá todo mortal que yo, el Señor,

desenvainé mi espada:

no volverá a la vaina.

11Y tú, Hijo de hombre,

gime doblando la cintura,

gime amargamente a la vista de ellos.

12Y cuando te pregunten por qué gimes,

responderás:

Porque al llegar una noticia

todos los corazones desmayarán

y desfallecerán todos los brazos,

todos los espíritus vacilarán

y flaquearán todas las rodillas.

Mira que llega, que sucede

–oráculo del Señor–.

 

Canto a la espada

(Is 27,1; Jr 50,35-38)

13Me dirigió la palabra el Señor:

14–Hijo de hombre, profetiza diciendo:

Esto dice el Señor:

¡Espada, espada afilada

y además pulida!

15Afilada para degollar,

pulida para brillar.

…………………………………………….

16La llevaron a pulir

antes de empuñarla;

ya está afilada la espada,

ya está pulida,

para ponerla en manos del asesino.

17Grita y gime, Hijo de hombre,

porque la alzan contra mi pueblo,

contra todos los príncipes de Israel;

los han entregado a la espada,

junto con mi pueblo;

por tanto, golpéate el pecho.

………………………………………..

18–oráculo del Señor–.

19Y tú, Hijo de hombre,

profetiza y golpea las palmas:

que se duplique la espada,

que se triplique,

la espada de los acribillados,

la espada grande que acribilla,

que los tiene acorralados.

20Para que el corazón tiemble

y haya muchos caídos,

contra todas sus puertas

enderezo la punta de la espada,

hermanada con el rayo,

desnuda para la matanza.

21Da estocadas a derecha

y tajos a izquierda:

donde tu hoja sea requerida.

22También yo golpearé las palmas

y descargaré mi rabia.

Yo, el Señor, he hablado.

23Me dirigió la palabra el Señor:

24–Y tú, Hijo de hombre, traza dos rutas para la espada del rey de Babilonia; las dos arrancarán del mismo país. 25Pon una señal en el inicio de cada ruta para la espada: A Rabat de los amonitas; a Judá, que tiene en Jerusalén su plaza fuerte. 26Ha hecho alto el rey de Babilonia en la bifurcación del camino, donde se dividen las dos rutas, para consultar los presagios: revuelve las flechas, pregunta a los ídolos, inspecciona el hígado de las víctimas. 27Ya tiene en su mano derecha el vaticinio: ¡A Jerusalén! ¡A prorrumpir en alaridos y lanzar gritos de guerra, a dirigir máquinas de guerra contra las puertas, a hacer un terraplén y construir torres de asalto!

28A los habitantes de Jerusalén les pareció falso el vaticinio, porque les habían jurado vasallaje; pero él los acusará y los arrestará. 29Por tanto, así dice el Señor:

Porque les denuncian su culpa

y se descubren sus delitos;

porque quedan patentes

sus pecados

y todos sus crímenes;

porque están procesados,

los arrestarán por la fuerza.

30Y tú, malhechor infame,

príncipe de Israel,

cuyo día ha llegado,

la hora del castigo final;

31esto dice el Señor:

¡Fuera el turbante, quítate la corona!

Esto ya no será así:

lo humilde será elevado

y lo excel so será humillado;

32ruinas, ruinas,

todo lo convierto en ruinas.

Pero esto no sucederá

hasta que llegue

el que ha de ejecutar la sentencia

que yo le he encargado.

33Y tú, Hijo de hombre, profetiza:

Esto dice el Señor

contra los amonitas

y contra sus insultos.

¡Espada, espada

desenvainada para la matanza,

pulida para brillar!

34De ti, en visiones falsas,

vaticinan engaños.

¡Que te apliquen al cuello

de los malhechores infames,

cuyo día ha llegado,

la hora del castigo final!

35¡Vuelve a la vaina!

En el mismo lugar

donde fuiste forjada,

en tu país natal, te juzgaré;

36derramaré mi furor sobre ti,

alimentaré contra ti

el fuego de mi furia

y te entregaré

en poder de hombres bárbaros,

artesanos del exterminio.

37Serás pasto del fuego,

tu sangre caerá en tu propia tierra.

Jamás serás nombrada,

porque yo, el Señor, he hablado.

 

La ciudad sanguinaria

(Is 3,1-15; Sal 55,10-12)

22 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Y tú, Hijo de hombre, juzga,

juzga a la ciudad sanguinaria,

denúnciale

todas sus prácticas idolátricas,

3diciendo: Esto dice el Señor:

¡Ciudad que se encamina

a su destrucción,

derramando sangre dentro de sí,

y que se ha contaminado

fabricándose ídolos!

4La sangre

que derramaste te condena,

te han contaminado

los ídolos que fabricaste.

Has precipitado tu hora

y has llegado al fin de tu existencia.

Por eso te hago

objeto de insulto de los pueblos

y burla de todas las naciones.

5Las vecinas y las remotas

se burlan de ti,

famosa por tu impureza,

grande por tu anarquía.

6Mira, los príncipes de Israel

solo ocupados en derramar sangre.

7En ti despojan al padre y a la madre,

en ti atropellan al forastero,

en ti explotan al huérfano

y a la viuda.

8Menosprecias mis cosas santas,

y profanas mis sábados.

9En ti hay hombres que calumnian

para derramar sangre:

en ti van a comer a los montes

banquetes idolátricos,

en ti se cometen infamias.

10En ti hay quien peca

con su madrastra,

en ti quien violenta

a la mujer en su regla.

11En ti unos cometen

prácticas idolátricas

con la mujer del prójimo;

otros abusan

infamemente de su nuera,

otros violentan a su hermana,

hija de su mismo padre.

12En ti se practica el soborno

para derramar sangre;

cobras interés usurario,

te enriqueces a costa del prójimo

y a mí me tienes olvidado

–oráculo del Señor–.

13Pero yo estoy golpeando las palmas

al ver los negocios que haces

y la sangre que hay en ti.

14¿Seguirá tu corazón inconmovible

y firmes tus manos

cuando yo actúe contra ti?

Yo, el Señor, lo digo y lo hago.

15Te dispersaré por las naciones

y te esparciré por los países,

y así te limpiaré de toda mancha.

16En ti quedaré profanado

a la vista de los paganos,

y sabrás que yo soy el Señor.

17Me dirigió la palabra el Señor:

18–Hijo de hombre, la casa de Israel

se me ha convertido en resto inútil:

todos ellos sean plata,

cobre y estaño,

hierro y plomo dentro del horno;

se han convertido en resto inútil.

19Por tanto, esto dice el Señor:

Por haberse convertido

todos en resto inútil,

por eso voy a reunirlos

dentro de Jerusalén.

20Igual que se reúne plata y cobre,

hierro, plomo y estaño

dentro del horno,

y se aviva el fuego

para que se funda todo,

de la misma manera los reuniré;

en mi ira y en mi cólera

los meteré y los fundiré.

21Los juntaré

y alimentaré contra ustedes

el fuego de mi furia,

que los fundirá en ella.

22Allí se fundirán

igual que se funde la plata

dentro del horno.

Y sabrán que yo, el Señor,

he derramado mi cólera

sobre ustedes.

23Me dirigió la palabra el Señor:

24–Hijo de hombre, dile a Jerusalén:

Eres tierra no limpiada ni llovida,

en el día de mi furor.

25Sus príncipes dentro de ella

eran león que ruge

al desgarrar la presa;

devoraban a la gente,

arrebataban riquezas

y objetos preciosos,

multiplicaban dentro de ella

el número de viudas.

26Sus sacerdotes violaban mi ley

y profanaban mis cosas santas;

no separaban

lo sagrado y lo profano

ni declaraban

lo que es puro o es impuro.

Ante mis sábados cerraban los ojos,

y así fui profanado

en medio de ellos.

27Sus nobles dentro de ella eran lobos

que desgarraban la presa,

derramando sangre

y eliminando gente

para enriquecerse.

28Sus profetas eran

como los que cubren con cal

que les ofrecían visiones falsas

y les vaticinaban embustes,

diciendo: Esto dice el Señor,

cuando el Señor no hablaba.

29Los terratenientes cometían

atropellos y robos,

explotaban al desgraciado

y al pobre

y atropellaban injustamente

al emigrante.

30Busqué entre ellos uno

que levantara una cerca,

que por amor a la tierra

aguantara en la brecha frente a mí,

para que yo no la destruyera;

pero no lo encontré.

31Entonces derramé

mi furor sobre ellos,

los consumí en el fuego de mi furia;

di a cada uno su merecido

–oráculo del Señor–.

 

Las dos hermanas

(Jr 3,6-11; Ez 16; Os 2)

23 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre,

había dos mujeres

hijas de la misma madre;

3se prostituyeron en Egipto,

doncellas eran y se prostituyeron.

Allí fueron manoseados sus pechos,

allí perdieron su virginidad.

4Ohlá se llamaba la mayor

y Ohlibá su hermana.

Después fueron mías

y dieron a luz hijos e hijas.

5Ohlá, siendo mía, se prostituyó

y se enamoró de sus amantes:

6guerreros vestidos de púrpura,

gobernantes y regidores;

todos eran galanes gallardos,

jinetes cabalgando en sus caballos.

7Y fornicó con ellos,

que eran lo más selecto de los asirios;

se contaminó con los ídolos

de todos sus enamorados.

8Pero no dejó de fornicar

con los egipcios

que se habían acostado

con ella de muchacha,

le habían quitado su virginidad

y fornicado con ella.

9Por eso la entregué

en poder de sus amantes,

en poder de los asirios,

sus enamorados.

10Ellos desnudaron sus vergüenzas,

le arrebataron hijos e hijas

y a ella la mataron a espada;

fue la habladuría de las mujeres

por la sentencia

que en ella ejecutaron.

11Ohlibá, su hermana, que lo vio,

se envició aún más que ella

y fornicó más que su hermana.

12Se enamoró de los asirios:

gobernantes y regidores,

guerreros espléndidamente vestidos,

jinetes cabalgando en sus caballos,

jóvenes apuestos todos ellos.

13Y vi cómo se contaminaba:

las dos iban por el mismo camino.

14Aún fueron a más sus fornicaciones:

vio grabados de hombres

en las paredes,

figuras de caldeos

pintadas en rojo,

15con cinturones ceñidos a las caderas,

adornadas con turbantes las cabezas,

todos con aspecto de capitanes,

fiel retrato de los babilonios,

naturales de Caldea,

16y se enamoró de ellos a primera vista

y les envió mensajeros a Caldea.

17Y acudieron a ella los babilonios,

a su lecho de amoríos,

contaminándola con sus fornicaciones;

una vez contaminada,

se hastió de ellos.

18Descubrió sus fornicaciones

y desnudó sus vergüenzas;

entonces yo me hastié de ella

lo mismo que me había hastiado

de su hermana.

19Todavía acrecentó sus fornicaciones,

añorando su juventud,

cuando se prostituía en Egipto,

20y volvió a enamorarse

de aquellos lujuriosos amantes,

que tienen miembros de burros

y esperma de sementales.

21Añorabas

tu juventud infame,

cuando los egipcios

desfloraron tu seno,

seducidos

por tus pechos de doncella.

22Por tanto, Ohlibá, esto dice el Señor:

Mira, yo vuelvo contra ti

a tus amantes,

de los que sentiste hastío;

los traigo contra ti de todas partes;

23a los babilonios y todos los caldeos,

a Pecod y Soá y Coa,

y a todos los asirios con ellos,

jóvenes apuestos,

todos gobernantes y regidores,

capitanes y oficiales,

cabalgando en caballos todos ellos.

24Vienen contra ti infantes y jinetes

y carros, multitud de tropas;

te cercan con escudos

y corazas y cascos;

les encomiendo la justicia

y ejecutarán en ti su sentencia.

25Descargaré sobre ti mi pasión

y te tratarán con rabia;

te arrancarán nariz y orejas

y lo que quedará de ti caerá a espada;

te arrebatarán hijos e hijas

y el fuego devorará

a los que sobrevivan.

26Te arrancarán los vestidos

y te arrebatarán las joyas;

27pondré fin a tu infamia

y a la prostitución

que empezaste en Egipto,

y no volverás

a levantar a ellos los ojos

ni a acordarte de Egipto.

28Porque esto dice el Señor:

Mira, voy a entregarte

en manos de los que aborreces,

en manos de aquellos

de quienes sentiste hastío.

29Te tratarán con odio

y te quitarán cuanto ganaste;

te dejarán desnuda, en cueros,

visibles tus vergüenzas de prostituta.

30Esto es lo que te traen

tu infamia y tus prostituciones,

por fornicar con las naciones

y contaminarte con sus ídolos.

31Por seguir el camino de tu hermana,

pongo su copa en tus manos.

32Esto dice el Señor:

Beberás la copa de tu hermana,

ancha y profunda y de gran capacidad.

Serás objeto de risa y de burla.

33Te llenarás de embriaguez y amargura,

es copa de espanto y aturdimiento:

la copa de tu hermana Samaría.

34La beberás hasta el fondo

la romperás con tus dientes

y con sus pedazos

te desgarrarás los pechos.

Porque soy yo quien habla

–oráculo del Señor–.

35Por tanto, así dice el Señor:

Por haberte olvidado de mí

y haberme dado las espaldas,

carga también tú con tu infamia

y tus fornicaciones.

36El Señor me dijo:

–Juzga a Ohlá y a Ohlibá,

acusándolas

de sus prácticas idolátricas.

37Porque cometieron adulterio

y hay sangre en sus manos,

cometieron adulterio

con sus ídolos;

y hasta a sus propios hijos,

los que dieron a luz para mí,

se los inmolaron, para que comieran.

38Algo más hicieron:

profanaron mi santuario

y violaron mis sábados.

39Después de degollar a sus hijos

en honor de sus ídolos,

entraron en mi santuario

profanándolo.

Ahí tienes lo que hicieron

dentro de mi casa.

40Y mandaban también avisos

a hombres que venían de lejos,

les mandaban mensajeros

y en seguida acudían;

para ellos te bañabas,

te pintabas los ojos

y te engalanabas con joyas.

41Te sentabas en un lecho suntuoso

delante de una mesa bien servida

y les ofrecías

mi perfume y mi incienso.

42Una multitud alegre

se divertía con ella,

eran muchedumbre,

hombres bebedores

traídos del desierto;

le ponían pulseras en los brazos

y diademas de lujo en la cabeza.

43…………………………………………………

44Acudían a ella

como quien acude a una prostituta;

así acudían a Ohlá y a Ohlibá,

hembras depravadas.

45Pero varones justos las juzgarán

aplicándoles las penas

de las adúlteras y de las homicidas,

porque adúlteras son

y hay sangre en sus manos.

46Porque esto dice el Señor:

traerán gente contra ellas

que se ensañe con ellas

y las despoje.

47La gente las apedreará

y las cortará con sus espadas;

matarán a sus hijos e hijas

y prenderán fuego a sus casas.

48Así pondré fin

a la infamia de esta tierra

y escarmentarán todas las mujeres

y no imitarán su mala conducta.

49Les darán el merecido

de su mala conducta

y cargarán con sus pecados

de idolatría,

y sabrán que yo soy el Señor.

 

La olla al fuego

(11,1-12; 22)

24 1El año noveno, el día décimo del décimo mes, me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre, apunta la fecha de hoy, de hoy mismo. El rey de Babilonia hoy mismo ha atacado a Jerusalén. 3Cuenta una parábola a este pueblo rebelde, diciéndoles: Esto dice el Señor:

Prepara la olla, prepárala,

echa en ella agua;

4echa en ella trozos de carne,

los mejores trozos,

la pata y el costillar;

llénala de huesos escogidos.

5Aparta lo mejor del rebaño;

luego apila debajo la leña,

cuece los trozos en la olla

y hierve los huesos.

6c Vacíala pedazo a pedazo,

sin echarlas a suerte.

6ab Por tanto, así dice el Señor:

¡Ay ciudad asesina,

olla herrumbrada

que no se desherrumbra!

7Porque la sangre

que en la ciudad se derramó

la echó sobre la roca desnuda,

no la derramó en la tierra

para que el polvo la cubriera.

8Para encolerizarme, para vengarme

he puesto sobre la roca desnuda,

la sangre que derramó:

así no será cubierta.

9Por tanto, así dice el Señor:

¡Ay, ciudad asesina!

Yo mismo agrando la hoguera,

10arrimo más leña,

enciendo el fuego,

consumo la carne, saco el caldo

y los huesos se queman.

11Coloco la olla vacía sobre las brasas

para que el cobre se recaliente,

se ponga al rojo

y se le derrita la suciedad,

se le consuma la herrumbre.

12Pero, por más que uno se esfuerce,

ni al fuego se le desprende

su mucha herrumbre.

13Por tu infame inmundicia,

porque intenté limpiarte

y no quedaste limpia

de tu inmundicia,

no volverás a ser limpiada

hasta que descargue en ti mi cólera.

14Yo, el Señor, lo digo,

lo realizo y sucede,

no lo paso por alto,

ni me apiado, ni me arrepiento.

Según tu conducta

y tus malas obras

te juzgaré –oráculo del Señor–.

 

Muerte de la esposa

(Jr 16,1-9)

15Me dirigió la palabra el Señor:

16–Hijo de hombre,

voy a arrebatarte repentinamente

el encanto de tus ojos;

no llores ni hagas duelo

ni derrames lágrimas;

17laméntate en silencio

como un muerto, sin hacer duelo;

colócate el turbante

y cálzate las sandalias;

no te cubras la cara

ni comas el pan del duelo.

18Por la mañana

yo hablaba a la gente,

por la tarde se murió mi mujer

y a la mañana siguiente hice

lo que se me había mandado.

19Entonces me dijo la gente:

¿quieres explicarnos

qué nos anuncia

lo que estás haciendo?

20Les respondí:

Me dirigió la palabra el Señor:

21Dile a la casa de Israel:

Esto dice el Señor:

Mira, voy a profanar mi santuario,

del que están tan orgullosos,

el encanto de sus ojos,

el tesoro de sus almas.

Los hijos e hijas que dejaron

caerán a espada.

22Entonces harán lo que yo he hecho:

no se cubrirán la cara

ni comerán el pan del duelo;

23seguirán

con el turbante en la cabeza

y las sandalias en los pies,

no llorarán ni harán duelo;

se consumirán por su culpa

y se lamentarán unos con otros.

 

El profeta mudo

(3,26s; 33,21s)

24Ezequiel les servirá de señal:

harán lo mismo que él ha hecho.

Y cuando suceda

sabrán que yo soy el Señor.

25Y tú, Hijo de hombre,

el día que yo les arrebate su refugio,

su espléndida alegría,

el encanto de sus ojos,

el ansia de sus almas,

26ese día se te presentará un fugitivo

para comunicarte una noticia.

27Ese día se te abrirá la boca

y podrás hablar

en presencia del fugitivo,

y no volverás a quedar mudo.

Les servirás de señal

y sabrán que yo soy el Señor.

 

ORÁCULOS CONTRA LAS NACIONES

 

Contra Amón

(Jr 49,1-6; Am 1,13-15)

25 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre, ponte de cara a los amonitas y profetiza contra ellos, 3diciendo a los amonitas: Escuchen la Palabra del Señor: Esto dice el Señor:

Por haber exclamado: ¡Qué bien!,

cuando profanaban mi santuario,

cuando devastaban

la tierra de Israel,

cuando la casa de Judá

iba al destierro;

4por eso te doy en propiedad

a los orientales:

colocarán en ti sus cercados

y plantarán en ti su campamento;

ellos se comerán tus frutos,

ellos se beberán tu leche.

5Haré a Rabat pastizal de camellos

y a Amón corral de ovejas,

y sabrán que yo soy el Señor.

6Porque así dice el Señor:

Por haber aplaudido

y saltado de alegría,

por haberte regocijado,

con todo el desprecio de tu alma,

a causa de la tierra de Israel;

7por eso extiendo mi mano contra ti:

te daré como botín a las naciones,

te extirparé de entre los pueblos

y te exterminaré de la tierra,

te destruiré para que sepas

que yo soy el Señor.

 

Contra Moab

(Is 15–16; Jr 48)

8Esto dice el Señor:

Por haber dicho Moab:

Mira, la casa de Judá,

igual que todas las naciones;

9por eso voy a abrir

el costado de Moab,

desde sus ciudades fronterizas

hasta Bet-Yesimot, Baal-Maón

y Quiriataín, la joya del país;

10la daré en propiedad a los orientales,

junto con Amón,

para que no sea nombrada

entre las naciones.

11Haré justicia contra Moab

y sabrán que yo soy el Señor.

 

Contra Edom

(Is 34; Jr 49,7-22; Abd)

12Esto dice el Señor:

Por haberse Edom

vengado cruelmente

de la casa de Judá,

porque delinquió

vengándose de ellos;

13por eso, así dice el Señor:

extiendo mi mano contra Edom:

exterminaré de ella

hombres y animales,

la convertiré en ruinas:

de Temán a Dedán

todos caerán a espada.

14Tomaré venganza de Edom

por mano de mi pueblo, Israel;

tratarán a Edom

según mi cólera y mi rabia;

conocerán entonces mi venganza

–oráculo del Señor–.

 

Contra los filisteos

(Is 14,28-32; Jr 47,1-7; Am 1,6-8)

15Esto dice el Señor:

Por haberse ensañado los filisteos,

por haber tomado venganza,

aniquilando con profundo desprecio,

por vieja hostilidad;

16por eso, así dice el Señor:

extiendo mi mano contra los filisteos,

voy a ajusticiar a los verdugos,

voy a acabar con los supervivientes

de la orilla del mar.

17Haré con ellos una venganza terrible,

castigos despiadados,

y sabrán que yo soy el Señor

cuando ejecute en ellos

mi venganza.

 

Contra Tiro I

(Am 1,9-12)

26 1El año undécimo, el día primero del mes, me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre,

por haber dicho Tiro de Jerusalén:

¡Ya está rota

la puerta de los pueblos!

Ha caído en mi poder;

en ella alimentaré mi espada;

3por eso dice el Señor:

Aquí estoy, Tiro, contra ti;

levanto contra ti

naciones numerosas

igual que el mar levanta su oleaje.

4Demolerán las murallas de Tiro,

derribarán sus torres;

barreré hasta el polvo de ella

convirtiéndola en roca pelada.

5Será tendedero de redes

en medio del mar,

porque he hablado yo

–oráculo del Señor–.

Serán botín de las naciones,

6y sus poblados del campo

serán pasados a cuchillo,

y sabrán que yo soy el Señor.

7Porque esto dice el Señor:

Yo traigo contra Tiro desde el norte

a Nabucodonosor,

rey de Babilonia, rey de reyes,

con caballos y carros y jinetes

y un ejército de tropa numerosa.

8Pasará por la espada

a tus poblados del campo.

Armará contra ti torres de asalto,

contra ti elevará terraplenes,

contra ti avanzará con sus escudos.

9Con duros troncos

golpeará tus murallas

y demolerá a hachazos tus torres.

10Te envolverá la polvareda

de sus escuadrones de caballos.

El estrépito de las caballerías

y el rodar de los carros

hará que tiemblen tus murallas

cuando entre por tus puertas

como se entra en una ciudad

toma da por asalto.

11Con los cascos de sus caballos

irá pisoteando tus calles.

Pasará por la espada a tus vecinos

y echará por tierra

tus robustos pilares.

12Harán botín de tus tesoros

y saquearán tus mercancías.

Derribarán tus murallas

y derruirán tus suntuosos edificios.

Arrojarán en medio del mar

tus piedras y tu madera

y tus escombros.

13Haré cesar

el bullicio de tus canciones

y no se escuchará

el acompañamiento de tus cítaras.

14Te convertiré en roca pelada,

serás tendedero de redes.

No te reedificarán;

que yo, el Señor, he hablado

–oráculo del Señor–.

15Esto dice el Señor:

Tiro, al estruendo

de tu derrumbamiento,

con el lamento de tus caídos

y la matanza de tus víctimas

en medio de ti, las islas temblarán.

16Bajarán de sus tronos

todos los príncipes marinos,

se despojarán de sus mantos

y se quitarán sus ropajes bordados;

se vestirán de terror

y se sentarán en el suelo,

temblarán sin cesar,

espantados de ti.

17Te entonarán esta lamentación:

¡Cómo ha desaparecido,

desbaratada por el mar,

ciudad famosísima!

Era más fuerte que el mar,

ella y sus jefes;

qué terror infundían

ella y sus jefes;

18ahora se estremecen las islas

al derrumbarte tú,

y las costas marinas

se horrorizan de tu desenlace.

19Porque esto dice el Señor:

Cuando yo te convierta

en ciudad arrasada,

igual que las ciudades despobladas;

cuando levante contra ti el océano

y te cubran las aguas caudalosas,

20te precipitaré

con los que bajan a la fosa,

los pobladores del pasado;

pondré tu domicilio

en el fondo de la tierra,

en las ruinas perpetuas,

con los que bajan a la fosa,

para que no vuelvas a reinar

ni a adornar la tierra de los vivos.

21Te convertiré en espanto,

dejarás de existir;

te buscarán, pero no te encontrarán

nunca jamás

–oráculo del Señor–.

 

Contra Tiro II

27 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Y tú, Hijo de hombre, entona una lamentación a Tiro.

3Di: ¡Oh Tiro, princesa de los puertos,

mercado de innumerables

pueblos costeros!,

esto dice el Señor:

Tiro, tú decías:

Soy la belleza acabada.

4Tu territorio era el corazón del mar,

los que te hicieron

modelaron a la perfección tu belleza;

5con abetos de Senir

armaron todo tu maderaje;

escogieron un cedro del Líbano

para erigir tu mástil;

6con robles de Basán

fabricaron tus remos;

tu cubierta es de madera de cedro

de las costas de Chipre,

incrustado de marfil;

7tus velas, de lino bordado de Egipto,

eran tu estandarte;

tu toldo era de color violeta y rojo

de las costas de Elisa.

8Príncipes de Sidón y Arvad

eran tus remeros,

sabios de Tiro eran tus timoneles;

9ancianos y sabios de Biblos

reparaban tus desperfectos;

todas las naves del mar

y sus marineros comerciaban contigo;

10tenías alistados en tu ejército

guerreros persas, lidios y libios;

escudo y casco colgaban en ti,

te engalanaban con ellos.

11Los de Arvad y Jelec

estaban en tus murallas,

los de Gamad en tus torres;

en tus murallas colgaron sus escudos,

dando remate a tu belleza.

12Tarsis comerciaba contigo, por tu opulento comercio: plata, hierro, estaño y plomo te daba a cambio. 13Grecia, Tubal y Mosoc comerciaban contigo; con esclavos y objetos de bronce te pagaban. 14Los de Bet-Togarma te daban a cambio caballos de tiro y de carrera y mulos. 15Los de Rodas comerciaban contigo; muchos pueblos costeros negociaban contigo en colmillos de marfil y madera de ébano. 16Aram negociaba contigo por la abundancia de tus productos: entregaba piedras preciosas, púrpura, bordados, hilo, corales y rubíes a cambio de tus mercancías.

17Judá y la tierra de Israel comerciaban contigo; con trigo de Menit, rosquillas, miel, aceite y bálsamo te pagaban. 18Damasco acudía a tu mercado por la multitud de tus productos, por tu opulento comercio con vino de Jelbón y lana de Sajar. 19De Izal traían a tu feria hierro forjado, canela y caña aromada como pago. 20Dedán comerciaba contigo con sillas de montar.

21Arabia y los príncipes de Cadar negociaban contigo; en borregos, carneros y chivos negociaban. 22Los mercaderes de Sabá y Ramá comerciaban contigo; te daban a cambio los mejores perfumes, piedras preciosas y oro. 23Jarrán, Canné y Edén, Asiria y Kilmad comerciaban contigo; 24comerciaban contigo en objetos primorosos, mantos de terciopelo con adornos, tejidos preciosos, cuerdas sólidamente trenzadas; en esto comerciaban contigo.

25Naves de Tarsis

transportaban tus mercancías;

te llenaste y pesabas demasiado

en el corazón del mar;

26tus remeros te condujeron

a aguas profundas;

viento del este te destrozó

en el corazón del mar;

27tu riqueza,

tu comercio, tus mercancías,

tus marineros y tus pilotos,

los que reparan tus averías

y tus mercaderes y tus guerreros,

toda la tripulación de a bordo,

naufragarán en el corazón del mar,

el día de tu naufragio.

28Al grito de auxilio de tus pilotos

retumbará el espacio;

29saltarán de sus naves

cuantos empuñan remo,

marineros y capitanes,

para quedarse en tierra.

30Se escucharán sus gritos,

gimiendo amargamente por ti;

se echarán ceniza en la cabeza,

se revolcarán en el polvo.

31Se raparán por ti, se vestirán el sayal;

llorarán por ti amargamente

con duelo amargo.

32Te entonarán un canto fúnebre,

te cantarán lamentos:

¿Quién como Tiro,

sumergida en el seno del mar?

33Al desembarcar tus mercancías

hartabas a muchos pueblos;

con tu opulento comercio

enriquecías a reyes de la tierra.

34Ahora estás destrozada

en los mares, en lo hondo del mar;

cargamento y tripulación

naufragaron a bordo.

35Los habitantes de las costas

se espantan de ti,

y sus reyes están aterrados,

con el rostro descompuesto.

36Los mercaderes de los pueblos

silban por ti;

¡siniestro desenlace!,

dejarás de existir para siempre.

 

Contra el rey de Tiro

28 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre,

di al príncipe de Tiro:

Esto dice el Señor:

Se llenó de soberbia tu corazón

y te dijiste:

Soy Dios,

estoy sentado en un trono de dioses

en el corazón del mar;

tú que eres hombre y no dios

te creías sabio como los dioses.

3¡Si eres más sabio que Daniel!,

ningún enigma se te resiste.

4Con tu talento, con tu habilidad,

te hiciste una fortuna;

acumulaste oro y plata

en tus tesoros.

5Con agudo talento de mercader

ibas acrecentando tu fortuna,

y tu fortuna te llenó de soberbia.

6Por eso, así dice el Señor:

Por haberte creído sabio

como los dioses,

7por eso traigo contra ti

bárbaros pueblos feroces;

desnudarán la espada

contra tu belleza y tu sabiduría,

profanando tu esplendor.

8Te hundirán en la fosa,

morirás con muerte vergonzosa

en el corazón del mar.

9Tú que eres hombre y no dios,

¿te atreverás a decir: Soy Dios,

delante de tus asesinos,

en poder de los que te apuñalen?

10Morirás con muerte de incircunciso,

a manos de bárbaros.

Yo lo he dicho

–oráculo del Señor–.

11Me dirigió la palabra el Señor:

12–Hijo de hombre, entona una lamentación al rey de Tiro.

Así dice el Señor:

Eras modelo de perfección,

lleno de sabiduría,

de acabada belleza;

13estabas en un jardín de dioses,

revestido de piedras preciosas:

coralina, topacio y aguamarina,

crisólito, malaquita y jaspe,

zafiro, rubí y esmeralda;

de oro labrado

tus aretes y colgantes,

preparados el día de tu creación.

14Te puse junto a un querubín

protector de alas extendidas.

Estabas en la montaña sagrada

de los dioses,

entre piedras de fuego te paseabas.

15Era intachable tu conducta

desde el día de tu creación

hasta que se descubrió tu culpa.

16A fuerza de hacer tratos,

te ibas llenando de violencia,

y pecabas.

Te desterré entonces

de la montaña de los dioses

y te expulsó el querubín protector

de entre las piedras de fuego.

17Te llenó de soberbia tu belleza

y tu esplendor

te trastornó el sentido;

te arrojé por tierra,

te hice espectáculo para los reyes.

18Con tus muchas culpas,

con tus sucios negocios,

profanaste tu santuario;

hice brotar de tus entrañas

fuego que te devoró;

te convertí en ceniza sobre el suelo,

a la vista de todos.

19Tus conocidos de todos los pueblos

se espantaron de ti;

¡siniestro desenlace!,

para siempre dejaste de existir.

 

Contra Sidón

20Me dirigió la palabra el Señor:

21–Hijo de hombre, ponte de cara a

Sidón y profetiza contra ella.

22Esto dice el Señor:

Aquí estoy contra ti, Sidón,

en ti me cubriré de gloria.

Sabrán que yo soy el Señor

cuando haga justicia contra ella

y brille en ella mi santidad.

23Mandaré contra ella peste

y sangre por sus calles;

caerán acuchillados sus habitantes

por la espada hostil que la rodea,

y sabrán que yo soy el Señor.

24Y no tendrá ya la casa de Israel

espino punzante ni zarzal desgarrador

en los vecinos que la hostigan,

y sabrán que yo soy el Señor.

25Esto dice el Señor: Cuando recoja la casa de Israel de entre los pueblos donde está dispersa y brille en ella mi santidad, a la vista de las naciones, volverán a habitar su tierra, la que di a mi siervo Jacob; 26habitarán en ella seguros, edificarán casas y plantarán viñas; habitarán seguros, cuando haga justicia en los vecinos que la desprecian, y sabrán que yo soy el Señor, su Dios.

 

Contra Egipto

(Is 19; Job 40,25-31)

29 1El año décimo, el doce del décimo mes, me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre, ponte de cara al faraón, rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto, 3habla así:

Esto dice el Señor:

Aquí estoy contra ti,

faraón, rey de Egipto,

colosal cocodrilo acostado

en el cauce del Nilo,

que dices: Mío es el Nilo,

y yo me lo he hecho.

4Te pondré argollas en las fauces,

prenderé en tus escamas

los peces de tu Nilo;

te sacaré del cauce de tu Nilo

con todos los peces de tu Nilo

prendidos en tus escamas.

5Te arrojaré al desierto,

a ti y a los peces de tu Nilo;

quedarás tendido en pleno campo,

sin que nadie te recoja y te entierre.

Te echaré de comida

a las fieras de la tierra

y a las aves del cielo;

6así sabrán los habitantes de Egipto

que yo soy el Señor.

Porque has sido bastón de caña

para la casa de Israel:

7cuando su mano te empuñaba,

te partiste y les heriste la mano;

cuando se apoyaban en ti,

te quebraste y los hiciste tambalearse.

8Por eso, así dice el Señor:

Traigo la espada contra ti,

exterminaré en ti hombres y animales.

9La tierra de Egipto

será desolación y ruina;

sabrán entonces que yo soy el Señor.

Por haber dicho: Mío es el Nilo,

yo soy quien lo ha hecho;

10por eso, aquí estoy contra ti

y contra tu Nilo;

convertiré Egipto en ruina,

en desierto desolado,

de Migdal a Asuán

y hasta la raya de Etiopía.

11No la transitará pie humano,

no la recorrerá pezuña de animal;

nadie la poblará en cuarenta años.

12Haré a Egipto la más desolada

de todas las tierras:

sus ciudades quedarán más arrasadas

que todas las ciudades en ruinas,

por cuarenta años.

Dispersaré a Egipto

entre las naciones,

lo esparciré por los países.

13Porque esto dice el Señor:

Al cabo de cuarenta años

recogeré a Egipto

de entre los pueblos

por los que ande disperso.

14Cambiaré la suerte de Egipto,

haciéndolos regresar

a la tierra de Patrós,

a su cuna, donde formarán

un reino miserable,

15el más miserable de todos los reinos,

y no volverán a alardear

frente a las naciones:

los haré pequeños

para que no sometan a las naciones.

16Ya no serán la confianza

de la casa de Israel,

sino que le denunciarán

el delito de haberlos seguido;

sabrán entonces que yo soy el Señor.

 

Nabucodonosor conquistará Egipto

(Jr 43,8-13)

17El año veintisiete, el uno del primer mes, me dirigió la palabra el Señor:

18–Hijo de hombre, Nabucodonosor, rey de Babilonia, lanzó a su ejército en dura campaña contra Tiro; toda cabeza quedó calva, toda espalda llena de llagas; pero ni él ni su ejército sacaron nada de la campaña contra Tiro. 19Por eso, así dice el Señor: Voy a entregar Egipto a Nabucodonosor, rey de Babilonia: se llevará sus tesoros, lo despojará y lo saqueará, servirá de paga a su ejército. 20Como paga por su hazaña, pues por mí la hicieron, le entregaré Egipto –oráculo del Señor–.21Ese día haré germinar el vigor de la casa de Israel, y a ti te daré palabra intrépida en medio de ellos, y sabrán que yo soy el Señor.

 

El día de Egipto

30 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre, profetiza:

Esto dice el Señor:

Griten: ¡Maldito aquel día!,

3que está cerca el día,

está cerca el día del Señor:

será día cargado de nubarrones,

la hora de las naciones.

4La espada vendrá contra Egipto,

y Etiopía se estremecerá

cuando caigan acuchillados en Egipto;

les arrebatarán sus tesoros,

demolerán sus cimientos.

5Etiopía, Put, Lidia,

y la entera Arabia,

Libia y los habitantes del país aliado

caerán con ellos a espada.

6Esto dice el Señor:

Caerán los que apoyan a Egipto,

su orgulloso poderío se derrumbará;

de Migdal a Asuán

caerán a espada

–oráculo del Señor–.

7Quedará el país más desolado

que ningún otro país,

sus ciudades más arruinadas

que ninguna otra ciudad.

8Sabrán que yo soy el Señor

cuando prenda fuego a Egipto

y queden desbaratados

cuantos le auxilian.

9Ese día despacharé correos en barcos

para sobresaltar

a la confiada Etiopía;

se estremecerán el día de Egipto,

que está llegando.

10Esto dice el Señor:

Pondré fin a la opulencia de Egipto

por medio de Nabucodonosor,

rey de Babilonia.

11A él y a sus tropas,

terror de las naciones,

los traigo para devastar el país;

desnudarán la espada contra Egipto,

llenando el país de acuchillados.

12Convertiré el Nilo en tierra seca,

venderé el país a desalmados;

arrasaré el país y cuanto hay en él

por mano de bárbaros;

yo, el Señor, he hablado.

13Esto dice el Señor:

Exterminaré a los ídolos,

acabaré con los dioses de Menfis

y con los príncipes de Egipto,

que no existirán más.

Meteré miedo a Egipto,

14arrasaré Patrós,

prenderé fuego a Tanis

y haré justicia contra Tebas,

15derramaré mi cólera en Pelusio,

fortaleza de Egipto,

exterminaré a la muchedumbre

de Tebas,

16prenderé fuego a Egipto,

Pelusio se retorcerá de dolor,

abrirán brecha en Tebas,

…………………………………………….

17los jóvenes de Avén y Pi-Beset

caerán a espada;

las mujeres irán cautivas.

18En Tafnes se oscurecerá el día,

cuando yo rompa allí

el cetro de Egipto

y se extinga su terca soberbia;

una nube la velará,

sus hijas irán cautivas.

19Haré justicia contra Egipto,

y sabrán que yo soy el Señor.

20El año undécimo, el siete del primer

mes, me dirigió la palabra el Señor:

21–Hijo de hombre, le he roto el brazo al faraón, rey de Egipto, y ahí lo tienes, no lo han vendado aplicando medicamentos, colocando un vendaje para que cobre fuerzas y así pueda empuñar la espada; 22por tanto, esto dice el Señor:

Aquí estoy contra el faraón,

rey de Egipto;

voy a romperle los dos brazos,

el sano y el roto,

y haré que se le caiga

la espada de la mano.

23Dispersaré a Egipto entre las naciones,

lo esparciré por los países.

24Le robusteceré los brazos

al rey de Babilonia,

y le pondré mi espada en la mano;

al faraón le romperé los brazos,

gemirá ante él

con gemidos de acuchillado.

25Fortaleceré los brazos

del rey de Babilonia,

al faraón se le caerán los brazos;

sabrán que yo soy el Señor

cuando entregue mi espada

al rey de Babilonia

para que la descargue contra Egipto.

26Dispersaré a Egipto

entre las naciones,

lo esparciré por los países,

y sabrán que yo soy el Señor.

 

Contra el faraón I

(Is 14,4-23; Ez 17,22-24; Dn 4)

31 1El año undécimo, el día uno del mes tercero, me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre, di al faraón,

rey de Egipto, y a su tropa:

¿A quién te pareces en tu grandeza?

3Fíjate en Asiria, cedro del Líbano,

de magnífico ramaje,

tupido y umbroso,

de estatura gigante,

cuya copa llega hasta las nubes.

4Lo criaron las lluvias,

las aguas subterráneas lo elevaron:

con sus corrientes

rodeaban su tronco

y regaban con sus acequias

al arbolado de la campiña.

5Así se empinó por encima

de los árboles de la campiña;

se hizo tupido su ramaje,

dilatada su copa,

gracias a la abundancia de las aguas.

6Anidaban en su ramaje

las aves del cielo,

tenían cría bajo su copa

las fieras salvajes,

a su sombra se cobijaba

muchedumbre de pueblos.

7Era magnífico por su corpulencia,

por la envergadura de sus ramas,

pues hundía su raíz

en aguas abundantes.

8Los cedros del parque de los dioses

no lo sobrepasaban,

ni competían con su ramaje

los abetos,

ni los plátanos igualaban su copa;

ningún árbol

del parque de los dioses

podía competir con su hermosura.

9Lo hice magnífico, tupido de ramas,

lo envidiaban los árboles del paraíso,

del parque de los dioses.

10Pues bien, esto dice el Señor:

por haberse elevado tan alto

y haber levantado su copa

hasta las nubes,

y haberse engreído por su altura,

11lo entregué a merced

de la nación más poderosa

para que lo tratara

según su maldad.

12Lo cortaron los bárbaros más feroces,

lo tiraron por los barrancos:

por los valles fueron

cayendo sus ramas;

se fue desgajando su copa

por los barrancos del país,

de su sombra escaparon

los pueblos de la tierra,

dejándolo abatido.

13Anidaron en su tronco caído

las aves del cielo

y se guarecieron en su copa

los animales salvajes.

14Para que no eleven su estatura

los árboles bien regados,

y no levanten su copa

hasta las nubes

ni confíen en su altura

los bien regados;

porque todos están

destinados a la muerte,

a lo profundo de la tierra,

en medio de los hijos de Adán

que bajan a la fosa.

15Esto dice el Señor:

El día que bajó al abismo

vestí de luto el Océano:

detuve sus corrientes,

las aguas caudalosas se estancaron.

Enluté al Líbano por él,

por él entristecieron

todos los árboles del campo.

16Al estruendo de su caída

hice temblar a las naciones,

cuando lo precipité en el abismo

con los que bajan a la fosa;

entonces se consolaron

en lo profundo de la tierra

los árboles del paraíso,

los mejores del Líbano,

los bien regados.

17También ellos bajaron

al abismo con él,

con los muertos a espada;

y los que se cobijaban a su sombra

se diseminaron entre las naciones.

18¿Con qué árbol del paraíso

competías en gloria y en grandeza?

Fuiste precipitado

con los árboles del paraíso

a lo profundo de la tierra:

ahí estás tendido

en medio de incircuncisos,

con los muertos a espada.

Se trata del faraón y de su tropa

–oráculo del Señor–.

 

Contra el faraón II

32 1El año duodécimo, el día uno del mes duodécimo, me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre, entona esta lamentación al faraón, rey de Egipto:

Parecías león de las naciones,

pero eres cocodrilo del Nilo;

chapoteas en la corriente

y enturbias las aguas con tus patas,

pateando en su corriente.

3Esto dice el Señor:

Tenderé mi red sobre ti,

y con ella te atraparé,

4te dejaré tendido en tierra,

te estrellaré contra el suelo,

para que aniden en ti

las aves del cielo

y se ceben en ti las fieras salvajes.

5Pondré en las lomas tu carne

y llenaré con tu carroña los valles;

6regaré con tu sangre la tierra,

la exprimiré sobre los cerros

y cauces de los ríos

se llenarán con tu aguaza.

7Oscureceré el cielo

cuando te extingas

y enlutaré sus estrellas;

al sol lo cubriré con nubarrones

y la luna no dará más luz;

8los astros fulgurantes del firmamento

por ti los enlutaré

y mandaré tinieblas a tu tierra

–oráculo del Señor–.

9Afligiré el corazón de muchos pueblos

cuando llegue la noticia

de tu destrucción

a las naciones, a países desconocidos.

10Al empuñar ante ellos mi espada

haré que se espanten de ti

muchos pueblos,

que sus reyes se horroricen de ti;

el día de tu abatimiento

temblarán a cada rato

por su propia vida.

11Porque esto dice el Señor:

La espada del rey de Babilonia

te alcanzará.

12A espada de valientes,

los más feroces de las naciones,

haré caer a tu tropa;

arrasaré el orgullo de Egipto

y quedará deshecha su tropa.

13Acabaré con el ganado de la ribera

del río caudaloso:

no lo enturbiará ya el pie del hombre,

pezuña de ganado no lo enturbiará.

14Entonces sosegaré sus aguas

y haré fluir su caudal como aceite

–oráculo del Señor–.

15Cuando convierta a Egipto

en desolación

y quede el país despoblado,

cuando hiera a todos sus habitantes,

sabrán que yo soy el Señor.

16Ésta es la lamentación que cantarán; la cantarán las capitales de las naciones, por Egipto y sus tropas la cantarán –oráculo del Señor–.

17El año duodécimo, el quince del mes, me dirigió la palabra el Señor:

18–Hijo de hombre, entona cantos fúnebres a las tropas de Egipto; condúcelas junto con las capitales de naciones ilustres a las profundidades de la tierra, con los que bajan a la fosa.

19¿Eres más privilegiado que los demás? Pues desciende, acuéstate con los incircuncisos. 20Caerán en medio de muertos a espada y permanecerán con él todas sus tropas, 21le dirán los más bravos guerreros en medio del abismo: Tú y tus aliados, bajen y permanezcan con los incircuncisos muertos a espada.

22Allí está Asiria y todo su ejército rodeando su sepulcro; todos cayeron muertos a espada, 23y los sepultaron en el fondo de la fosa, su ejército rodeando su sepultura; todos cayeron muertos a espada, por haber aterrorizado el mundo de los vivos.

24Allí está Elam y sus tropas, rodeando su sepultura; todos cayeron muertos a espada, bajaron incircuncisos a las profundidades de la tierra, por haber aterrorizado el mundo de los vivos; arrastran su vergüenza con los que bajan a la fosa. 25En medio de acuchillados le ha sido preparado un lecho a Elam, sus tropas rodeando su sepulcro; todos ellos incircuncisos, muertos a espada, por haber aterrorizado el mundo de los vivos; arrastran su vergüenza con los que bajan a la fosa, en medio de acuchillados los echaron.

26Allí están Mesec y Tubal y sus tropas, rodeando su sepulcro; todos incircuncisos, muertos a espada, por haber aterrorizado el mundo de los vivos. 27Pero no están sepultados con los valientes caídos en el pasado, que bajaron al abismo con sus armas de guerra: la espada bajo la cabeza, el escudo sobre su cuerpo. ¡Aún dan miedo sus hazañas en el mundo de los vivos! 28Tú, en cambio, te irás desmoronando en medio de incircuncisos, yacerás con los muertos a espada.

29Allí está Edom con sus reyes y príncipes: los sepultaron con los muertos a espada, yacerán con los incircuncisos que bajan a la fosa.

30Allí están todos los caudillos del norte y los sidonios todos, que bajaron sin honor con los acuchillados, por haber infundido terror con sus proezas: yacen incircuncisos con los muertos a espada, arrastran su vergüenza con los que bajan a la fosa.

31Viéndolos el faraón se consolará de la pérdida de sus tropas: muertos a espada el faraón y todo su ejército –oráculo del Señor–. 32Por haber aterrorizado el mundo de los vivos, se encontrará tumbado en medio de incircuncisos, con los muertos a espada, el faraón con sus tropas –oráculo del Señor–.

 

Segunda actividad del Profeta

 

El profeta como centinela

(3,16-27 y 18)

33 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre, habla así a tus compatriotas: Cuando yo envíe la espada contra una población y el vecindario escoja a uno del lugar y lo ponga de centinela; 3si al divisar la espada que avanza contra la población da la alarma al vecindario a toque de trompeta, 4el que oyendo el toque de trompeta no se ponga alerta, será responsable de su propia sangre cuando llegue la espada y lo arrebate. 5Puesto que oyó el toque de trompeta y no se puso alerta, responderá de su propia sangre; si hubiera estado alerta, habría salvado la vida. 6Pero si el centinela divisa la espada que avanza y no toca la trompeta, y el vecindario no se pone alerta, y llega la espada y arrebata a alguno de ellos, éstos mueren por su culpa, pero al centinela le pediré cuenta de la sangre.

7A ti, Hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches palabras de mi boca, les darás la alarma de mi parte. 8Si yo digo al malvado: ¡Malvado, eres reo de muerte!, y tú no hablas poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; 9pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, y él no cambia de conducta, él morirá por su culpa y tú salvarás la vida.

10Y tú, Hijo de hombre, dile a la casa de Israel: Ustedes piensan de este modo: Nuestros crímenes y nuestros pecados pesan sobre nosotros y por ellos nos consumimos, ¿podremos seguir con vida? 11Pues diles: ¡Por mi vida! –oráculo del Señor–, juro que no quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta y viva. ¡Conviértanse, cambien de conducta, malvados, y no morirán, casa de Israel!

12Y tú, Hijo de hombre, di a tus compatriotas: Al justo no lo salvará su justicia si comete un delito, al malvado no lo condenará su maldad si se convierte de ella. Si el justo peca de nada le valdrá su buen comportamiento anterior. 13Si digo al justo: vivirás, y él, confiado en su justicia, comete un delito, no se tendrá en cuenta su justicia, sino que morirá por el delito que cometió. 14Si digo al malvado: morirás, y él se convierte de su pecado, practica el derecho y la justicia, 15devuelve la prenda, restituye lo robado y sigue los preceptos de vida sin incurrir en delito, entonces vivirá y no morirá, 16no se tendrá en cuenta ningún pecado de los que cometió; por haber practicado el derecho y la justicia vivirá.

17Replicarán tus compatriotas: No es justo el proceder del Señor, cuando son ellos los que no proceden rectamente. 18Si se pervierte el justo de su justicia y comete un delito, por él morirá. 19Si el malvado se convierte de su maldad y practica la justicia y el derecho, por ellos vivirá. 20¿Insisten en decir que no es justo el proceder del Señor? A cada uno lo juzgaré según su conducta.

 

Llega el fugitivo

(24,26-27)

21El año duodécimo de nuestra deportación, el día cinco del mes décimo, se me presentó un fugitivo de Jerusalén y me dio esta noticia: Han destruido la ciudad. 22La tarde anterior había venido sobre mí la mano del Señor, y permaneció hasta que el fugitivo se me presentó por la mañana; entonces se me abrió la boca y no volví a estar mudo.

 

En Jerusalén

23Me dirigió la palabra el Señor:

24–Hijo de hombre, los moradores de aquellas ruinas de la tierra de Israel andan diciendo: Si Abrahán, que era uno solo, se adueñó de la tierra, ¡cuánto más nosotros, que somos muchos, seremos dueños de la tierra! 25Pues diles: Esto dice el Señor: Ustedes, que comen en los montes levantando los ojos a sus ídolos y derraman sangre, ¿van a poseer la tierra? 26Ustedes, que se apoyan en sus espadas, cometen prácticas idolátricas y profanan a la mujer del prójimo, ¿van a poseer la tierra? 27Diles así: Esto dice el Señor: ¡Por mi vida! Les juro que los que estén en las ruinas caerán a espada, a los que estén en descampado los entregaré como pasto a las fieras y los que estén en los fortines y refugios morirán apestados. 28Convertiré el país en desierto desolado y así terminará su terca soberbia. Quedarán desolados los montes de Israel, sin nadie que los transite. 29Sabrán que yo soy el Señor cuando convierta el país en desierto desolado, por todas las prácticas idolátricas que cometieron.

 

El cantante de amor

(Is 5,1–7; Os 2)

30Y tú, Hijo de hombre, la gente de tu pueblo anda murmurando de ti junto a los muros y a la puerta de las casas, diciéndose uno a otro: Vamos a ver qué palabra nos envía el Señor. 31Acuden a ti en tropel y mi pueblo se sienta delante de ti; escuchan tus palabras, pero no las practican; con la boca dicen elogios, pero su ánimo anda tras el negocio. 32Eres para ellos como un cantante de amor, tienes buena voz y tocas armoniosamente. Escuchan tus palabras, pero no las practican. 33Pero cuando se cumplan, y están a punto de cumplirse, se darán cuenta de que tenían un profeta en medio de ellos.

 

Los pastores de Israel

(Jr 23,1-8; Sal 23; Jn 10,1-18)

34 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza diciéndoles: ¡Pastores!, esto dice el Señor:

¡Ay de los pastores de Israel

que se apacientan a sí mismos!

¿No son las ovejas lo que tienen

que apacentar los pastores?

3Se alimentan con su leche,

se visten con su lana;

matan a las más gordas,

pero no apacientan el rebaño.

4No fortalecen a las débiles,

ni sanan a las enfermas,

ni vendan a las heridas;

no recogen las descarriadas,

ni buscan las perdidas

y maltratan brutalmente a las fuertes.

5Al no tener pastor,

se dispersaron

y fueron pasto de las fieras salvajes.

6Mis ovejas se dispersaron

y vagaron sin rumbo

por montes y altos cerros;

mis ovejas se dispersaron

por toda la tierra,

sin que nadie las buscase

siguiendo su rastro.

7Por eso, pastores,

escuchen la Palabra del Señor:

8¡Lo juro por mi vida!

–oráculo del Señor–.

Mis ovejas fueron presa,

mis ovejas fueron pasto

de las fieras salvajes,

por falta de pastor;

porque mis pastores

no cuidaban mi rebaño,

los pastores se apacentaban

a sí mismos

y mi rebaño no lo apacentaban.

9Por eso, pastores,

escuchen la Palabra del Señor:

10Esto dice el Señor:

Me voy a enfrentar con los pastores:

les reclamaré mis ovejas,

los quitaré de pastores

de mis ovejas

para que dejen de apacentarse

a sí mismos, los pastores;

libraré a mis ovejas de sus fauces,

para que no sean su manjar.

11Así dice el Señor:

Yo mismo en persona

buscaré mis ovejas

siguiendo su rastro.

12Como sigue el pastor

el rastro de su rebaño

cuando las ovejas se le dispersan,

así seguiré yo

el rastro de mis ovejas

y las libraré sacándolas

de todos los lugares

por donde se dispersaron

un día de oscuridad y nubarrones.

13Los sacaré de entre los pueblos,

los congregaré de los países,

los traeré a su tierra,

los apacentaré

en los montes de Israel,

en las cañadas

y en los poblados del país.

14Los apacentaré en ricos pastizales,

tendrán sus prados

en los montes más altos de Israel;

allí se recostarán en fértiles praderas

y pastarán pastos jugosos

en los montes de Israel.

15Yo mismo apacentaré mis ovejas,

yo mismo las haré descansar

–oráculo del Señor–.

16Buscaré las ovejas perdidas,

recogeré las descarriadas;

vendaré a las heridas,

sanaré a las enfermas:

a las gordas y fuertes las guardaré

y las apacentaré como es debido.

17Y a ustedes, mis ovejas,

esto dice el Señor:

Voy a juzgar entre oveja y oveja:

¡entre carneros y chivos!

18¿No les basta alimentarse con el mejor pasto,

que pisotean con las pezuñas

el resto del pastizal?

¿Ni beber el agua clara,

que enturbian la restante

con las pezuñas?

19Y luego mis ovejas tienen que pastar

lo que pisotearon sus pezuñas

y tienen que beber

lo que sus pezuñas enturbiaron.

20Por eso, así les dice el Señor:

Yo mismo juzgaré el pleito

de las ovejas flacas y las gordas.

21Porque ustedes empujan de costado,

con la espaldilla,

y cornean a las débiles,

hasta dispersarlas y hacerlas huir,

22yo salvaré a mis ovejas

y no volverán a ser botín;

yo juzgaré el pleito de mis ovejas.

23Les daré un pastor único

que las pastoree: mi siervo David:

él las apacentará,

él será su pastor.

24Yo, el Señor, seré su Dios,

y mi siervo David,

príncipe en medio de ellos.

Yo, el Señor, lo he dicho.

25Haré con ellos alianza de paz:

eliminaré de la tierra

los animales dañinos;

acamparán seguros en el desierto,

dormirán en los bosques.

26Ellos y mi colina

toda a la redonda

serán una bendición:

enviaré lluvias a su tiempo,

una bendición de lluvias.

27El árbol silvestre dará su fruto

y la tierra dará su cosecha,

y ellos estarán seguros

en su territorio.

Sabrán que yo soy el Señor

cuando haga saltar

las ataduras de su yugo

y los libre del poder de los tiranos.

28No volverán a ser

botín de las naciones

ni los devorarán las fieras salvajes;

vivirán seguros, sin sobresaltos.

29Haré brotar para ellos

una plantación famosa:

no volverá a haber

muertos de hambre en el país

ni tendrán que soportar

la burla de los pueblos.

30Y sabrán que yo,

el Señor su Dios, estoy con ellos,

y ellos son mi pueblo,

la casa de Israel

–oráculo del Señor–.

31Y ustedes son mis ovejas,

ovejas de mi rebaño,

y yo soy su Dios

–oráculo del Señor–.

 

Contra el monte de Seír

(25,12-14)

35 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre, ponte de cara al monte Seír y profetiza así contra él: 3Esto dice el Señor:

Aquí estoy contra ti, monte Seír,

extenderé mi mano contra ti

para hacerte desierto desolado.

4Convertiré en escombros tus ciudades,

quedarás desolado

y sabrás que yo soy el Señor.

5Porque, movido

por un rencor antiguo,

entregaste a los israelitas a la espada

el día del desastre,

el día del castigo final;

6por eso, ¡juro por mi vida!

–oráculo del Señor–

que en sangre te convertiré

y la sangre te perseguirá.

¿Aborreces la sangre?,

pues la sangre te perseguirá.

7Convertiré el monte Seír

en desierto desolado

y extirparé de él

al que va y al que viene.

8Llenaré de apuñalados

tus montes y tus valles

y todos los cauces de tus ríos;

allí yacerán los muertos a espada.

9Te convertiré en eterna desolación,

tus ciudades no serán habitadas,

y sabrán que yo soy el Señor.

10Por haber dicho:

Las dos naciones serán mías,

y me apoderaré de los dos países

–y el Señor estaba allí–;

11por eso, ¡juro por mi vida!

–oráculo del Señor–

que te trataré con la misma ira

y con la misma rabia

con que tú los trataste,

movida de odio,

y haré que me conozcas,

cuando te juzgue.

12Y sabrás que yo, el Señor,

escuché los insultos que decías

a los montes de Israel:

Están desiertos: nos los han dado

para que los devoremos.

13Se envalentonaron contra mí

con sus palabras desafiantes

y fueron irrespetuosos contra mí

con su palabrería

–y yo lo estaba oyendo–.

14Esto dice el Señor:

Con gozo de toda la tierra

te convertiré en desolación.

15Lo mismo que te alegraste

al quedar desolada la herencia

de la casa de Israel,

así haré contigo:

quedará desolado el monte Seír

y todo el territorio de Edom,

y sabrán que yo soy el Señor.

 

A los montes de Israel

(6)

36 1–Y tú, Hijo de hombre, profetiza así a los montes de Israel: Montes de Israel, escuchen la Palabra del Señor:

2Esto dice el Señor: Por haber dicho su enemigo: ¡Bien! Los cerros antiguos son propiedad nuestra; 3por eso profetiza así:

Esto dice el Señor: Porque los han arrasado y pisoteado y conquistado los restantes pueblos; porque han sido objeto de habladurías y la gente los ha difamado; 4por eso, montes de Israel, escuchen la Palabra del Señor:

Esto dice el Señor a los montes y a los cerros, a los cauces de los ríos y a los valles, a las ruinas desoladas y a las ciudades abandonadas, que fueron botín y burla del resto de los pueblos vecinos; 5por tanto, esto dice el Señor: Juro que en el fuego de mi celo hablo contra el resto de las naciones que se han apoderado de mi tierra con regocijo de corazón y mala entraña, despoblándola y saqueándola. 6Por eso profetiza a la tierra de Israel diciendo a los montes y a los cerros, a los cauces de los ríos y a los valles:

Esto dice el Señor: Yo hablo con celo y con cólera, porque han cargado con el oprobio de las naciones; 7por eso, así dice el Señor: Juro con la mano en alto que los pueblos que los rodean cargarán con sus propios ultrajes. 8Y ustedes, montes de Israel, echarán ramas y darán fruto para mi pueblo, Israel, que está para llegar. 9Porque yo voy hacia ustedes, me vuelvo hacia ustedes: serán cultivados y sembrados. 10Multiplicaré la población de toda la casa de Israel; serán repobladas las ciudades y las ruinas serán reconstruidas. 11Multiplicaré su población y su ganado serán muchos y fecundos y haré que los habiten como antiguamente y les concederé más bienes que al principio, y sabrán que yo soy el Señor. 12Haré que los transite la gente de mi pueblo, Israel; tomarán posesión de ustedes y serán su herencia y no volverán a quedarse sin hijos.

13Esto dice el Señor: Porque te dicen: Eres devoradora de hombres, has dejado a tu nación sin hijos; 14por eso no devorarás más hombres ni dejarás a tu nación sin hijos –oráculo del Señor–. 15Haré que no escuches más los ultrajes de los paganos, y ya no tendrás que cargar con las afrentas de los pueblos ni volverás a dejar a tu nación sin hijos –oráculo del Señor–.

 

Castigo y reconciliación

16Me dirigió la palabra el Señor:

17–Hijo de hombre, cuando la casa de Israel habitaba en su tierra la contaminó con su conducta y con sus malas obras; para mí su proceder fue como sangre inmunda. 18Entonces derramé mi cólera sobre ellos por la sangre que habían derramado en el país y por haberlo contaminado con sus ídolos. 19Los esparcí por las naciones y anduvieron dispersos por los países; según su proceder y sus malas obras los juzgué. 20Al llegar a las diversas naciones profanaron mi santo Nombre, pues decían de ellos: Éstos son el pueblo del Señor, han tenido que salir de su tierra. 21Entonces sentí lástima de mi Nombre santo, profanado por la casa de Israel en las naciones adonde fue. 22Por eso, di a la casa de Israel:

Esto dice el Señor: No lo hago por ustedes, casa de Israel, sino por mi santo Nombre, profanado por ustedes en las naciones adonde fueron. 23Mostraré la santidad de mi Nombre ilustre profanado entre los paganos, que ustedes profanaron en medio de ellos, y sabrán los paganos que yo soy el Señor –oráculo del Señor– cuando les muestre mi santidad en ustedes. 24Los recogeré por las naciones, los reuniré de todos los países y los llevaré a su tierra. 25Los rociaré con un agua pura que los purificará: de todas sus inmundicias e idolatrías los he de purificar. 26Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. 27Les infundiré mi espíritu y haré que caminen según mis preceptos y que cumplan mis mandatos poniéndolos por obra. 28Habitarán en la tierra que di a sus padres; ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios.

29Los libraré de sus inmundicias, llamaré al trigo y lo multiplicaré y no los dejaré pasar hambre; 30haré que abunden los frutos de los árboles y las cosechas de los campos, para que no los insulten los paganos llamándolos muertos de hambre. 31Al acordarse de su conducta perversa y de sus malas acciones, sentirán asco de ustedes mismos por sus culpas y prácticas idolátricas. 32Sépanlo bien, no lo hago por ustedes –oráculo del Señor–; tengan vergüenza y sonrójense de su conducta, casa de Israel.

33Esto dice el Señor: Cuando los purifique de sus culpas, haré que se repueblen las ciudades y que las ruinas se reconstruyan. 34Volverán a cultivar la tierra desolada, después de haber estado desierta a la vista de los caminantes. 35Dirán: Esta tierra desolada está hecha un paraíso, y las ciudades arrasadas, desiertas, destruidas, son ahora plazas fuertes habitadas. 36Y los pueblos que queden a su alrededor sabrán que yo, el Señor, reedifico lo destruido y planto lo arrasado. Yo, el Señor, lo digo y lo hago.

37Esto dice el Señor: Me dejaré suplicar por la casa de Israel y le concederé esto: multiplicaré su población como un rebaño. 38Como rebaño de ovejas consagradas, como ovejas en Jerusalén durante la fiesta, así se llenarán de gente las ciudades arrasadas. Y sabrán que yo soy el Señor.

 

Los huesos y el espíritu

(Is 26,14-19)

37 1La mano del Señor se posó sobre mí y el Señor me llevó en espíritu, dejándome en un valle todo lleno de huesos. 2Me hizo pasarles revista: eran muchísimos los que había en la cuenca del valle; estaban resecos. 3Entonces me dijo:

–Hijo de hombre, ¿podrán revivir esos huesos?

Contesté:

–Tú lo sabes, Señor.

4Me ordenó:

–Profetiza así sobre esos huesos: Huesos secos, escuchen la Palabra del Señor. 5Esto dice el Señor a esos huesos: Yo les voy a infundir espíritu para que revivan. 6Les injertaré tendones, les haré crecer carne; tensaré sobre ustedes la piel y les infundiré espíritu para que revivan. Así sabrán que yo soy el Señor.

7Pronuncié la profecía que se me había mandado, y mientras lo pronunciaba, resonó un trueno, luego hubo un terremoto y los huesos se juntaron, hueso con hueso. 8Vi que habían prendido en ellos los tendones, que brotaba la carne y tenían la piel tensa; pero no había espíritu en ellos.

9Entonces me dijo:

–Llama al espíritu, llama, Hijo de hombre, diciéndole al espíritu: Esto dice el Señor: Ven, espíritu, desde los cuatro vientos y sopla en estos cadáveres para que revivan.

10Pronuncié el llamado que se me había mandado. Penetró en ellos el espíritu, revivieron y se pusieron en pie: era una muchedumbre inmensa.

11Entonces me dijo:

–Hijo de hombre, esos huesos son toda la casa de Israel. Ahí los tienes diciendo: Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza se ha desvanecido; estamos perdidos. 12Por eso profetiza diciéndoles: Esto dice el Señor: Yo voy a abrir sus sepulcros, los voy a sacar de sus sepulcros, pueblo mío, y los voy a llevar a la tierra de Israel. 13Sabrán que yo soy el Señor cuando abra sus sepulcros, cuando los saque de sus sepulcros, pueblo mío. 14Infundiré mi espíritu en ustedes para que revivan, los estableceré en su tierra y sabrán que yo, el Señor, lo digo y lo hago –oráculo del Señor–.

 

Las dos varas

(Is 11,10-16; Ez 34,23s)

15Me dirigió la palabra el Señor:

16–Y tú, Hijo de hombre, agarra una vara y escribe en ella: Judá; agarra luego otra vara y escribe en ella: José. 17Júntalas la una con la otra de modo que formen una sola vara y queden unidas en tu mano. 18Y cuando la gente de tu pueblo te diga: Explícanos lo que quieres decir, 19respóndeles:

Esto dice el Señor: Voy a tomar la vara de José y a juntarla con la vara de Judá, de modo que formen una sola vara y queden unidas en mi mano.

20Toma en la mano las varas escritas, y enseñándoselas, diles:

21Esto dice el Señor: Yo voy a recoger a los israelitas de las naciones adonde marcharon, voy a congregarlos de todas partes y los voy a repatriar. 22Los haré un solo pueblo en su país, en los montes de Israel, y un solo rey reinará sobre todos ellos. No volverán a ser dos naciones ni a desmembrarse en dos monarquías. 23No volverán a contaminarse con sus ídolos y fetiches y con todos sus crímenes. Los libraré de sus pecados y apostasías, los purificaré: ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. 24Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis mandatos y cumplirán mis preceptos, poniéndolos por obra. 25Habitarán en la tierra que le di a mi siervo Jacob, en la que habitaron sus padres; allí vivirán para siempre, ellos y sus hijos y sus nietos, y mi siervo David será su príncipe para siempre. 26Haré con ellos una alianza de paz, alianza eterna pactaré con ellos. Los estableceré, los acrecentaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; 27tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. 28Y sabrán las naciones que yo soy el Señor que consagra a Israel, cuando esté entre ellos mi santuario para siempre.

 

ORÁCULOS CONTRA GOG

 

Contra Gog: escatología

(Is 24–27; 34; Jl 3s; Ap 20,8s)

38 1Me dirigió la palabra el Señor:

2–Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia Gog, jefe y caudillo de Mesec y Tubal, y profetiza así contra él:

3Esto dice el Señor: Aquí estoy contra ti, Gog, jefe y caudillo de Mesec y Tubal; 4te haré volver y te pondré argollas en la mandíbula; los sacaré a la lucha a ti y a todo tu ejército: caballos y jinetes, todos bien equipados; una milicia inmensa, con escudos y bien equipados, todos empuñando la espada. 5Parás, Nubia y Put van con ellos, todos con escudos y cascos. 6Gómer y todas sus tropas; Bet-Togarma, el norte remoto, con todas sus tropas; pueblos innumerables te siguen. 7¡En pie de guerra, prepárate tú, con toda la milicia que tienes reclutada, mantenlos alerta! 8Después de mucho tiempo te pasarán revista; al terminar los años invadirás una nación rescatada de la espada, reunida de muchos países en los montes de Israel, que fueron desierto durante mucho tiempo. Fueron sacados de entre los pueblos y habitan todos confiados. 9Pero tú te levantarás como una tempestad, avanzarás como un nubarrón hasta cubrir el país. Tú, con todos tus escuadrones y tropas aliadas incontables.

10Esto dice el Señor: Aquel día te vendrán pensamientos y planearás planes malvados: 11Invadiré un país abierto y atacaré a gente pacífica que habita confiada en ciudades sin murallas, sin cerrojos y sin puertas; 12para entrar a saquear y alzarme con el botín, para alargar la mano a las ruinas repobladas. Atacaré a un pueblo recogido de entre las naciones, que se ha hecho con ganado y hacienda y habita en el ombligo del mundo. 13Sabá y Dedán, los mercaderes de Tarsis y todos sus traficantes te dirán: ¿Conque vienes a saquear? ¿Has reclutado tu milicia para alzarte con el botín; para robar plata y oro, para arrebatar ganado y hacienda, para alzarte con un rico botín?

14Pues bien, Hijo de hombre, profetiza contra Gog:

Esto dice el Señor: Aquel día, cuando mi pueblo, Israel, habite confiado, te despertarás 15y vendrás desde tu territorio, desde el norte remoto, con tropas aliadas incontables, todos montados a caballo, una gran milicia, un ejército inmenso, 16y atacarás a mi pueblo, Israel, lo mismo que un nubarrón, hasta cubrir el país. Al cabo de los años te traeré contra mi país, para que, al ver mi santidad actuando sobre ti, Gog, me reconozcan las naciones.

17Esto dice el Señor: Tú eres aquel de quien hablé antiguamente por medio de mis siervos los profetas de Israel; ya entonces profetizaron durante años que yo te traería contra ellos. 18Aquel día, cuando Gog invada la tierra de Israel –oráculo del Señor–, brotará mi cólera y mi indignación. 19En el fuego de mi furia y en mi pasión lo juro: aquel día habrá un gran terremoto en la tierra de Israel, 20temblarán ante mí los peces del mar y las aves del cielo, los animales salvajes y los reptiles del suelo y todos los hombres de la superficie de la tierra. Se derrumbarán las montañas, los riscos se despeñarán y las murallas se desplomarán. 21Daré cita contra él a la espada –oráculo del Señor–, y la espada de cada uno se volverá contra su hermano. 22Lo castigaré con peste y con sangre; haré caer una lluvia torrencial y granizo, fuego y azufre caerán sobre él y sus escuadrones y sus tropas aliadas incontables. 23Mostraré mi grandeza y mi santidad y me daré a conocer a muchas naciones, y sabrán que yo soy el Señor.

 

39 1Y tú, Hijo de hombre, profetiza así contra Gog:

Esto dice el Señor: Aquí estoy contra ti, Gog, jefe y caudillo de Mesec y Tubal, 2te haré volver y te conduciré, te levantaré en el norte remoto y te llevaré a los montes de Israel. 3De un golpe te tiraré el arco de la mano izquierda y las flechas se te caerán de la mano derecha. 4En los montes de Israel caerás tú con todos tus escuadrones y las tropas que vienen contigo. Te daré como pasto a todas las aves de rapiña y a las fieras salvajes. 5Caerás en campo abierto, porque yo lo he dicho –oráculo del Señor–. 6Enviaré fuego contra Magog y los que habitan confiados en las islas, para que sepan que yo soy el Señor. 7Daré a conocer mi Nombre santo en medio de mi pueblo, Israel; ya no profanaré mi Nombre santo, y sabrán las naciones que yo soy el Señor, el Santo de Israel. 8Mira que llega, que sucede –oráculo del Señor–: es el día que predije.

9Saldrán los vecinos de los poblados y prenderán y quemarán las armas: arco y flechas, coraza y escudo, venablo y jabalina; harán fuego con ellas durante siete años. 10No tendrán que acarrear leña del monte ni tendrán que cortarla en los bosques, pues harán fuego con las armas. Saquearán a sus saqueadores y despojarán a sus despojadores –oráculo del Señor–.

11Aquel día le daré a Gog un mausoleo, un sepulcro en Israel: el valle de Abarim, al este del Mar Muerto, obstruirá el paso a los caminantes. Allí enterrarán a Gog con toda su horda, y le pondrán de nombre Gue Hamon de Gog. 12La casa de Israel los enterrará para limpiar el país, y tardarán siete meses. 13Entre todos los del país los enterrarán, y el día en que me cubra yo de gloria será memorable para ellos –oráculo del Señor–. 14Destacarán patrullas que se dediquen a rastrear el país y a enterrar a los que aún queden a flor de tierra, para limpiar el país. Pasados siete meses harán la inspección. 15El rastreador que recorriendo el país vea un hueso humano, plantará junto a él una señal, hasta que lo entierren los enterradores en Gue Hamon de Gog, 16y dejen limpio el país.

17Y tú, Hijo de hombre, esto dice el Señor:

Di a las aves de toda pluma y a las fieras salvajes: Reúnanse y congréguense de todas partes al banquete que les he preparado, un banquete colosal en los montes de Israel. Comerán carne y beberán sangre: 18comerán carne de héroes y beberán sangre de príncipes de la tierra; ellos serán los carneros, corderos y chivos, los novillos y los toros, todos engordados en Basán. 19Comerán grasa hasta que se harten y beberán sangre hasta embriagarse: es el banquete que les he preparado. 20Se hartarán en mi mesa de caballos y jinetes, de héroes y guerreros –oráculo del Señor–.

21Mostraré mi gloria a las naciones: todas las naciones verán el juicio que hago en ellos y la mano que lo ejecuta. 22A partir de aquel día sabrá la casa de Israel que yo soy el Señor, su Dios. 23Y las naciones sabrán que la casa de Israel fue deportada por su culpa, por haberse rebelado contra mí; por eso les oculté mi rostro, los puse en manos de su adversarios y cayeron todos a espada. 24Los traté según merecían su inmundicia y sus delitos, ocultándoles mi rostro. 25Por tanto, así dice el Señor: Ahora cambio la suerte de Jacob, me apiado de la casa de Israel y soy celoso de mi santo Nombre. 26Cargarán con su deshonra y su deslealtad contra mí cuando habiten en su tierra seguros, sin sobresaltos; 27cuando los haga regresar de las naciones y los recoja de los países hostiles y muestre en ellos mi santidad a la vista de muchos pueblos. 28Sabrán que yo soy el Señor, que si los deporté entre los paganos, ahora los reúno en su tierra sin dejarme ninguno. 29No volveré a ocultarles mi rostro, yo que he infundido mi espíritu en la casa de Israel –oráculo del Señor–.

 

Nuevo templo y nueva tierra

 

El nuevo templo

(Éx 25–31; 35–40; 1 Re 6s)

40 1El año veinticinco de nuestra deportación, el diez del mes, día de año nuevo, el año catorce de la caída de la ciudad, ese mismo día vino sobre mí la mano del Señor, 2y el Señor me llevó en éxtasis a la tierra de Israel, dejándome en un monte muy alto, en cuya cima se erguía una mole con traza de fortaleza. 3Me llevó allá y vi junto a la puerta un hombre que parecía de bronce: tenía en la mano un cordel de lino y una regla de medir. 4Este hombre me dijo:

–Hijo de hombre, mira y escucha atentamente, fíjate bien en lo que voy a enseñarte, porque has sido traído aquí para que yo te lo enseñe. Anuncia a la casa de Israel todo lo que veas.

5Una muralla ceñía todo el perímetro del templo. La regla de medir que el hombre llevaba en la mano era de seis codos codo mayor, de a codo y palmo. La muralla medía tres metros de espesor por tres metros de alto.

6Entró por la puerta oriental: subió los peldaños y se puso a medir. 7El umbral de la puerta medía tres metros de fondo; las celdas, tres metros de largo por tres de ancho; 8la pared, entre habitación y habitación dos metros y medio; el umbral interior de la puerta contigua al vestíbulo, tres metros. 9El vestíbulo de la puerta medía cuatro metros; los pilares, un metro; el vestíbulo estaba al fondo. 10La puerta oriental tenía tres celdas a cada lado, todas de las mismas dimensiones. Las pilastras de ambos lados tenían también las mismas dimensiones. El ancho de la puerta tenía cinco metros. 11El pasillo de la puerta medía metro y medio de ancho. 12Las celdas tenían en su embocadura una baranda de medio metro. 13Las celdas medían tres metros de lado. El pórtico, desde el fondo de una celda hasta el fondo de la otra, doce metros y medio. 14Las puertas de las celdas estaban frente a frente. El vestíbulo medía diez metros y comunicaba con el atrio. 15El largo total, desde la fachada de la entrada hasta el frente del vestíbulo interno, veinticinco metros. 16Las celdas del lado interior de la puerta tenían ventanas. También el vestíbulo tenía ventanas. Los pilares del vestíbulo estaban ornamentados con palmas.

17Luego me llevó al atrio exterior, en el que había treinta habitaciones. Un empedrado bordeaba todo el atrio. 18El empedrado arrancaba de las puertas y su anchura correspondía a la longitud de éstas. 19Es el empedrado inferior. El atrio, desde el frente de la puerta exterior hasta la fachada de la puerta interior, medía cincuenta metros.

20Midió también la puerta norte del atrio exterior a lo largo y a lo ancho. 21Tenía las mismas dimensiones que la puerta anterior: veinticinco metros de largo por doce metros y medio de ancho, con sus tres celdas a cada lado, sus pilastras y su vestíbulo. 22Las ventanas del vestíbulo y las palmas ornamentales tenían las mismas dimensiones que las de la puerta oriental. Tenía una escalinata de siete peldaños. El vestíbulo estaba al fondo. 23Por el norte, lo mismo que por el este, la puerta del atrio interior daba frente a la puerta del atrio exterior. Entre puerta y puerta había una distancia de cincuenta metros.

24Me condujo hacia el sur. Allí vi la puerta sur. Sus pilastras y su vestíbulo medían lo mismo que los de las demás puertas. 25Las celdas y el vestíbulo de la puerta tenían ventanas, iguales a las de las demás puertas. La puerta medía veinticinco metros de largo por doce metros y medio de ancho. 26Tenía una escalinata de siete peldaños. El vestíbulo estaba al fondo. 27Los pilares del vestíbulo estaban ornamentados con palmas. El atrio interior tenía también una puerta mirando al sur. Entre puerta y puerta había una distancia de cincuenta metros.

28Por la puerta sur me llevó al atrio interior. Esta puerta medía lo mismo que las demás. 29Sus celdas, sus pilastras y su vestíbulo medían lo mismo que los de las demás puertas. 30La puerta y su vestíbulo tenían ventanas. La puerta medía veinticinco metros por doce metros y medio.

31El vestíbulo comunicaba con el atrio exterior. Sus pilares estaban ornamentados con palmas. Tenía una escalinata de ocho peldaños. 32Me llevó al atrio interior en dirección este. Esta puerta medía lo mismo que las demás. 33Sus celdas, sus pilastras y su vestíbulo medían lo mismo que los de las demás puertas. La puerta y su vestíbulo tenían ventanas. La puerta medía veinticinco metros por doce metros y medio. 34El vestíbulo comunicaba con el atrio exterior. Sus pilares estaban ornamentados con palmas. Tenía una escalinata de ocho peldaños. 35Me llevó a la puerta norte, que medía lo mismo que las demás. 36Sus celdas, sus pilastras y su vestíbulo tenían ventanas. La puerta medía veinticinco metros por doce metros y medio. 37El vestíbulo comunicaba con el atrio exterior. Sus pilares estaban ornamentados con palmas. Tenía una escalinata de ocho peldaños.

47El atrio central era un cuadrado de cincuenta metros de lado. El altar estaba situado enfrente del templo.

48Me llevó al vestíbulo del templo. Los pilares medían dos metros y medio. La entrada tenía siete metros de luz. Los costados de la puerta medían metro y medio. 49El vestíbulo medía diez metros de ancho por seis de fondo. Tenía una escalinata de diez peldaños. Junto a los pilares había sendas columnas.

 

41 1Me llevó a la nave del templo. Los pilares medían tres metros de espesor. 2La entrada tenía cinco metros de luz; las paredes laterales de la entrada medían dos metros y medio. La nave medía veinte metros de largo por diez de ancho.

3Penetró en la pieza interior. Los pilares de la entrada medían un metro. La entrada tenía tres metros de luz. Las paredes laterales de la entrada medían tres metros y medio. 4Esta pieza medía diez metros de largo por diez de ancho. Entonces me dijo: Éste es el Santísimo.

 

40 38Había un cuarto que comunicaba con el vestíbulo de la puerta. Era el lavadero de las víctimas de los holocaustos. 39A cada lado del vestíbulo de la puerta había dos mesas destinadas a degolladero de las víctimas de los holocaustos y de los sacrificios expiatorios y penitenciales. 40Fuera del vestíbulo, a cada costado de la entrada de la puerta norte, había dos mesas. 41Cuatro mesas había dentro de la puerta y otras cuatro fuera. Eran ocho en total las mesas destinadas a degolladero. 42a Las cuatro mesas para las víctimas de los holocaustos estaban construidas con piedras talladas. Medían setenta y cinco centímetros de largo por setenta y cinco de ancho y cincuenta de alto. 43a Un palmo medían las repisas que había empotradas en las paredes. 42b En ellas se ponían las herramientas utilizadas para degollar las víctimas de los holocaustos y del sacrificio. 43b La carne de las ofrendas se ponía en las mesas.

44Me condujo al atrio interior, donde había dos habitaciones: una al costado de la puerta norte, mirando al sur, y otra al costado de la puerta oriental, mirando al norte. 45Y me dijo:

–Esta habitación orientada al sur es para los sacerdotes que atienden al servicio del templo; 46y la habitación orientada al norte es para los sacerdotes que atienden al servicio del altar, es decir, los sadoquitas, escogidos entre los levitas para servir al Señor.

 

41 5La pared del templo medía tres metros de espesor. Las habitaciones laterales, todo alrededor del templo medían dos metros de anchura. 6Las habitaciones estaban superpuestas formando tres plantas. La pared del templo tenía unos soportes en los que se apoyaban las vigas de las habitaciones, que así no iban empotradas en la pared del templo. 7Las habitaciones se hacían más anchas a medida que se subía, pues en cada planta ganaban espacio al muro del templo. Desde la planta baja se podía subir a la intermedia y a la superior.

8El templo estaba bordeado por un empedrado. Las habitaciones laterales tenían más de una vara de cimientos. El empedrado medía tres metros. 9La pared exterior de las habitaciones laterales medía dos metros y medio de espesor. 10Entre las habitaciones laterales al templo y los bloques de habitaciones quedaba un espacio de diez metros de anchura alrededor del templo. 11Las habitaciones laterales comunicaban con este espacio por dos puertas, una al norte y otra al sur. Este espacio tenía una pared de dos metros y medio de espesor.

12Junto a este recinto, por el lado occidental, se levantaba un pabellón de treinta y cinco metros de ancho por cuarenta y cinco de largo. La pared de este pabellón medía dos metros y medio de espesor. 13Longitud total del templo, cincuenta metros. Longitud del pabellón, incluyendo el espesor del muro y el recinto, cincuenta metros. 14Anchura de la fachada oriental del templo, incluyendo el recinto, cincuenta metros. 15Anchura del pabellón contiguo al recinto, por la parte de atrás, cincuenta metros.

La nave del templo y el vestíbulo estaban revestidos de madera. 16Los umbrales de las ventanas estaban revestidos de madera. La pared estaba guarnecida de madera desde el suelo hasta las ventanas; igualmente las mismas ventanas, todo estaba recubierto de madera. 17En las paredes del Santísimo y de la nave había paneles ornamentados con palmas y querubines alternándose. 18Los querubines tenían dos rostros: 19un rostro humano mirando a la palma de un lado y un rostro de león mirando a la palma del otro lado. Todo el templo tenía esta ornamentación. 20Desde el piso hasta el paño que carga sobre la puerta, toda la pared estaba ornamentada con querubines y palmas.

21La puerta de la nave tenía columnas cuadradas. 22Delante del santuario había una especie de altar de madera: medía metro y medio de alto por uno de largo y uno de ancho; tenía ángulos salientes; su base y sus paredes eran de madera. Me dijo: Ésta es la mesa que está en presencia del Señor.

23La puerta de la nave tenía dos hojas. 24La puerta del santuario tenía dos hojas. Las hojas de estas puertas eran giratorias. 25Estaban ornamentadas con querubines y palmas. Tenían la misma ornamentación que las paredes. En la fachada del vestíbulo había un saliente de madera. 26Las paredes laterales del vestíbulo y el saliente estaban ornamentadas con querubines y palmas.

 

42 1Me llevó a la parte norte del atrio exterior y me condujo a un bloque de habitaciones situado frente al recinto y frente al pabellón, por el norte. 2Medía cincuenta metros de largo por veinticinco de ancho, por el lado norte. 3Se levantaba entre el recinto interior de diez metros y el empedrado del atrio exterior. Tenía tres galerías, una encima de otra. 4La fachada de este bloque daba a una calle interior, de cinco metros de ancho por cincuenta de largo. Este bloque comunicaba con la calle por el norte.

5Las habitaciones del piso superior eran menos amplias que las de los pisos bajo e intermedio, porque las galerías les robaban espacio. 6En efecto, el bloque constaba de tres plantas, y no tenía columnas como las del atrio exterior; por eso estaba escalonado, con entrantes en los pisos intermedio y superior. 7Un muro de veinticinco metros de longitud separaba este bloque de habitaciones del atrio exterior. 8El bloque del atrio exterior medía veinticinco metros de longitud. Este bloque caía enfrente del otro y medía cincuenta metros. 9Desde el atrio exterior se podía entrar en este bloque de habitaciones por una puerta que se abría al este, en el arranque del muro del atrio. 10Al sur había otro bloque gemelo frente al recinto y al pabellón. 11Delante pasaba una calle. Tenía el mismo aspecto que el bloque del norte; medía lo mismo de longitud y de anchura, tenía idénticos accesos y estructura. 12Al pie de este bloque se abría una puerta en el arranque del muro, por la parte oriental.

13Me dijo: Las habitaciones de estos bloques, hacia el norte y hacia el sur, emplazados frente al recinto, son sacristías. En ellas los sacerdotes que se acercan al Señor comerán los manjares sacrosantos. En ellas depositarán la oblación sacrosanta y la ofrenda, el sacrificio expiatorio y el penitencial, porque el lugar es sagrado. 14Los sacerdotes que entren allí no podrán salir del recinto santo al atrio exterior sin antes quitarse las vestiduras con las que oficiaron, porque son sagradas. Deben cambiarse de ropa antes de acercarse a donde está el pueblo.

15Cuando terminó de medir el ámbito del templo, me sacó por la puerta oriental y se puso a medir el perímetro del templo. 16El lado oriental medía doscientos cincuenta metros, medidos con la caña de medir. 17Pasó al lado norte, que medía doscientos cincuenta metros, medidos con la caña de medir. 18Pasó al lado sur, que medía doscientos cincuenta metros, medidos con la caña de medir. 19Pasó al lado occidental, que medía doscientos cincuenta metros, medidos con la caña de medir. 20Lo midió por los cuatro costados. Lo circundaba una muralla de doscientos cincuenta metros de ancho por doscientos cincuenta de largo, que separaba lo sacro de lo profano.

 

Vuelve la gloria

(Éx 40,34-38; 1 Re 8,10s; 10,19; Ez 11,23)

43 1Me condujo a la puerta que mira al este: 2vi la gloria del Dios de Israel que venía de oriente, con estruendo de aguas caudalosas; la tierra reflejó su gloria. 3La visión que tuve era como la visión que había contemplado cuando vino a destruir la ciudad como la visión que había contemplado a orillas del río Quebar. Y caí rostro en tierra. 4La gloria del Señor entró en el templo por la puerta oriental. 5Entonces me arrebató el espíritu y me llevó al atrio interior. La gloria del Señor llenaba el templo.

6Entonces oí a uno que me hablaba desde el templo –el hombre seguía a mi lado–, 7y me decía:

–Hijo de hombre,

éste es el sitio de mi trono,

el sitio de las plantas de mis pies,

donde voy a residir para siempre

en medio de los hijos de Israel.

La casa de Israel y sus monarcas

ya no profanarán mi Nombre santo

con sus fornicaciones

ni con los cadáveres

de sus reyes difuntos.

8Poniendo su umbral junto a mi umbral

y postes de sus puertas

pegados a los míos

–ellos y yo pared por medio–,

profanaron mi Nombre santo

con las prácticas idolátricas

que perpetraron,

y por eso los consumió mi ira.

9Pero ahora alejarán de mí

sus fornicaciones

y los cadáveres de sus monarcas,

y residiré en medio de ellos

para siempre.

10Y tú, Hijo de hombre, describe a la casa de Israel el templo, a ver si se avergüenza de sus culpas. 11Al medir el plano, se avergonzarán de lo que hicieron. La estructura y disposición del templo, sus entradas y salidas, sus preceptos y leyes, enséñaselos y diséñalos, para que pongan por obra todas sus leyes y preceptos.

12Ley del templo. El área entera de la cima del monte es lugar sacrosanto. Ésta es la ley del templo.

13Dimensiones del altar. La caja del altar medía medio metro de profundidad y medio metro de espesor; entre el borde y el altar quedaba un espacio de medio metro; el borde medía una cuarta.

14Alzado del altar. El bloque inferior desde la caja medía un metro de altura y tenía una plataforma de medio metro. El bloque superior medía dos metros de altura y tenía una plataforma de medio metro. 15Desde aquí hasta el ara, dos metros de altura. Del ara sobresalían cuatro remates.

16Dimensiones del ara. Un cuadrado de seis metros de lado. 17El bloque superior era un cuadrado de siete metros de lado. Entre el altar y el borde quedaba un espacio de medio metro; el borde que lo rodeaba medía veinticinco centímetros. La escalinata del altar miraba al oriente.

18Me dijo:

–Hijo de hombre, esto dice el Señor: Preceptos sobre el altar. El día en que terminen de construirlo, para ofrecer holocaustos y rociarlo de sangre, darás un novillo para el sacrificio expiatorio 19a los sacerdotes levitas del linaje de Sadoc, que se acercan a mí para servirme –oráculo del Señor–. 20Tomarás su sangre, untarás con ella los cuatro salientes del altar, los cuatro ángulos de sus bloques y el borde que rodea la base, y así lo purificarás y lo expiarás. 21Tomarás el novillo del sacrificio expiatorio y lo quemarán en el sitio establecido del templo, fuera del santuario. 22El segundo día ofrecerás un chivo sin defecto como sacrificio expiatorio; con él harás la expiación del altar siguiendo el mismo rito que con el novillo. 23Terminada la expiación, ofrecerás un novillo y un carnero sin defecto, 24los ofrecerás al Señor, y los sacerdotes les echarán sal y se los ofrecerán al Señor en holocausto. 25Durante siete días ofrecerás un chivo como sacrificio expiatorio, y ofrecerán un novillo y un carnero sin defecto. 26Durante siete días purificarán el altar, lo expiarán y lo consagrarán. 27Así pasarán estos siete días. A partir del octavo, los sacerdotes ofrecerán sobre el altar sus holocaustos y sacrificios de comunión. Y yo se los aceptaré –oráculo del Señor–.

 

44 1Luego me hizo volver a la puerta exterior del santuario que mira a oriente; estaba cerrada.

2Y me dijo:

–Esta puerta permanecerá cerrada. No se abrirá nunca y nadie entrará por ella, porque el Señor, el Dios de Israel, ha entrado por ella; permanecerá cerrada. 3Sólo el príncipe en funciones podrá sentarse allí para comer el pan en presencia del Señor; entrará por el vestíbulo de la puerta y saldrá por el mismo camino.

4Luego me llevó por la puerta del norte hacia la fachada del templo. Contemplé la gloria del Señor, que llenaba el templo del Señor, y caí rostro en tierra.

5Y me dijo:

–Hijo de hombre, fíjate bien, mira con los ojos, escucha con los oídos: voy a comunicarte los preceptos y leyes del templo del Señor. Fíjate bien en los que tienen acceso al templo y al santuario.

6Dile al pueblo rebelde, a la casa de Israel: Basta ya de cometer prácticas idolátricas, casa de Israel. 7Profanan mi templo metiendo en mi santuario extranjeros, incircuncisos de corazón e incircuncisos de carne, y ofreciéndome como alimento grasa y sangre, mientras quebrantan mi alianza con sus prácticas idolátricas. 8En vez de atender al servicio de mis cosas santas, les encargan a ellos el servicio de mi santuario. 9Por tanto, esto dice el Señor: Ningún extranjero incircunciso de corazón e incircunciso de carne entrará en mi santuario; absolutamente ninguno de los extranjeros que viven con los israelitas.

10Los levitas, que se alejaron de mí cuando Israel se extravió, abandonándome para seguir a sus ídolos, pagarán su culpa, 11y desempeñarán en mi santuario el oficio de porteros y sacristanes del templo. Ellos degollarán las víctimas del holocausto y del sacrificio del pueblo, al servicio de la gente. 12Porque le sirvieron delante de sus ídolos, arrastrando al pecado a la casa de Israel; por eso les juro con la mano en alto –oráculo del Señor– que pagarán sus culpas, 13y no se acercarán a mí para oficiar como sacerdotes ni podrán acercarse a mis cosas santas o sacrosantas. Cargarán con su vergüenza y con las prácticas idolátricas que perpetraron. 14Yo los nombro encargados de todos los servicios y oficios auxiliares del templo.

15Pero los sacerdotes levíticos descendientes de Sadoc, que se hicieron cargo del servicio de mi santuario cuando los israelitas anduvieron extraviados lejos de mí, se acercarán a mí para servirme y estarán en mi presencia, para ofrecerme grasa y sangre –oráculo del Señor–. 16Ellos entrarán en mi santuario y se acercarán a mi mesa como ministros míos y se encargarán de mi servicio.

17Cuando tengan que entrar por la puerta del atrio interior, se pondrán vestiduras de lino; no llevarán ropa de lana cuando vayan a oficiar en las puertas del atrio interior o dentro del atrio. 18Irán cubiertos con turbantes de lino, llevarán calzones de lino, pero no se ceñirán, para no sudar. 19Cuando tengan que salir al atrio exterior, donde está el pueblo, se quitarán las vestiduras con las que oficiaron, dejándolas en las sacristías, y se pondrán otra ropa. Así no consagrarán al pueblo con sus vestiduras.

20No se raparán la cabeza ni irán desmelenados; se recortarán el pelo. 21Ningún sacerdote beberá vino cuando vaya a entrar en el atrio interior. 22No tomarán por mujer a viuda ni a repudiada; sólo podrán casarse con vírgenes del linaje de la casa de Israel o con la viuda de un sacerdote. 23Declararán a mi pueblo lo que es sagrado y lo que es profano y dictaminarán lo que es puro o impuro. 24En los pleitos actuarán como jueces. Sentenciarán según mis leyes; guardarán mis mandatos y preceptos en todas mis festividades y santificarán mis sábados. 25No se contaminarán con ningún cadáver, a no ser del padre, la madre, el hermano o la hermana soltera. 26Después de purificarse, contará siete días, 27y cuando vaya a entrar en el atrio interior para oficiar en el santuario, ofrecerá por sí mismo un sacrificio expiatorio –oráculo del Señor–.

28No tendrán propiedad hereditaria: yo soy su propiedad; no les darán ninguna posesión en Israel: yo soy su posesión. 29Comerán la ofrenda y las víctimas de los sacrificios expiatorios y penitenciales. 30También les pertenece todo lo dedicado al Señor. Lo mejor de las primicias de toda especie y de los tributos de toda especie será para los sacerdotes. La primicia de la molienda se la darán al sacerdote para que la bendición descienda sobre la casa de ustedes. 31Los sacerdotes no comerán ningún ave ni animal terrestre muerto o desgarrado por una fiera.

 

Reparto de la tierra

(Jos 13–21)

45 1Cuando se repartan por sorteo la herencia de la tierra, reservarán para el Señor como tributo una fracción sagrada de doce kilómetros y medio de longitud por diez de anchura. Toda su superficie será sagrada. 2En ella se dejará para el santuario un cuadro de doscientos cincuenta metros de lado, rodeado de veinticinco metros de pastos. 3Aquí medirán una parcela de doce kilómetros y medio de largo por cinco de ancho, en la que se levantará el santuario. 4Es la parcela sacrosanta del país. Se adjudicará a los sacerdotes ministros del santuario que se acercan al Señor para servirle. Allí tendrán solares para sus casas y pastos para el ganado. 5A los levitas, empleados del templo, se les adjudicará una propiedad de doce kilómetros y medio de longitud por cinco de anchura, para que tengan ciudades donde habitar. 6El área señalada como territorio de la ciudad medirá doce kilómetros y medio de largo por dos y medio de ancho, a lo largo del territorio sagrado. Pertenecerá a toda la casa de Israel.

7Al príncipe le asignarán una propiedad a ambos lados del territorio sagrado y de los límites de la ciudad; se extenderán desde el límite del territorio sagrado y del límite de la ciudad hasta el mar por occidente y hasta la frontera por oriente. Su longitud de frontera a frontera corresponde a una de las porciones asignadas a las tribus. 8Ésta será su posesión en Israel. Mis príncipes ya no explotarán a mi pueblo, sino que adjudicarán la tierra a la casa de Israel, por tribus.

9Esto dice el Señor: ¡Basta ya, príncipes de Israel! Abandonen la violencia y el robo y practiquen el derecho y la justicia. Dejen de atropellar a mi pueblo –oráculo del Señor–.

10Usen balanzas justas, pesas justas y medidas justas. 11La unidad de medida será la misma para sólidos y líquidos. Un canasto y un tonel serán iguales y de una misma medida, de manera que tanto el tonel como el canasto tendrán la décima parte de una carga. A partir de la carga serán fijadas las medidas. 12El siclo valdrá veinte óbolos. Cinco siclos serán siempre cinco siclos, diez siclos serán diez siclos y cincuenta siclos valdrán una mina.

13Arancel tributario: una sexta parte de una medida de trigo por cada carga de trigo y una sexta parte de una medida de cebada por cada carga de cebada. 14Tasa de aceite el aceite se medirá con el tonel: un tonel por cada carga pues diez toneles hacen una carga. 15Una oveja por cada rebaño de doscientas cabezas, como tributo de las familias de Israel, para expiar por medio de la ofrenda, del holocausto y del sacrificio de comunión –oráculo del Señor–.

16Toda la población en Israel está obligada a dar al príncipe este tributo. 17El príncipe es responsable del holocausto, la ofrenda y la libación en las fiestas, días de luna nueva, sábados y solemnidades de la casa de Israel. Él en persona hará el sacrificio expiatorio, la ofrenda, el holocausto y el sacrificio de comunión para expiar por los pecados de la casa de Israel.

18Esto dice el Señor: El día uno del mes primero tomarás un novillo sin defecto y purificarás el santuario. 19El sacerdote tomará sangre de la víctima expiatoria, untará con ella los marcos de las puertas del templo y los cuatro ángulos del bloque del altar y el marco de la puerta del atrio interior. 20Lo mismo harás el siete del mes por los que hayan pecado por inadvertencia o por ignorancia, y así expiarás por el templo. 21El día catorce del mes primero celebrarán la Pascua. Comerán panes ázimos durante siete días. 22El primer día ofrecerá el príncipe un novillo como víctima expiatoria por sí y por toda la población del país. 23Cada uno de los siete días de la fiesta ofrecerá al Señor en holocausto siete novillos y siete carneros sin defecto y un chivo como víctima expiatoria. 24Añadirá una ofrenda de una medida de harina por cada novillo y una medida de harina por cada carnero, más siete litros de aceite por cada medida de harina. 25En la fiesta del día quince del mes séptimo se hará la misma ofrenda durante siete días: sacrificio expiatorio, holocausto, ofrenda y aceite.

 

46 1Esto dice el Señor: La puerta oriental del atrio interior permanecerá cerrada los seis días laborables. Sólo se abrirá los sábados y los días de luna nueva. 2El príncipe entrará desde el exterior por el vestíbulo, deteniéndose junto al marco de la puerta; los sacerdotes ofrecerán el holocausto y el sacrificio de comunión; el príncipe se postrará en el umbral de la puerta y volverá a salir. La puerta no se cerrará hasta el atardecer. 3También los terratenientes del país se postrarán ante el Señor, a la entrada de la puerta, los sábados y días de luna nueva.

4Oblación del príncipe al Señor: Los sábados: un holocausto de seis corderos sin defecto y un carnero sin defecto. 5Como ofrenda, una medida de harina por carnero, y por los corderos, a voluntad, más siete litros de aceite por cada medida de harina. 6Los días de luna nueva: un novillo sin defecto, seis corderos y un carnero sin defecto. 7Como ofrenda, una medida de harina por novillo, una medida por carnero, y por los corderos, según sus posibilidades, más siete litros de aceite por cada medida.

8El príncipe entrará por el vestíbulo de la puerta y saldrá por el mismo camino. 9Pero cuando los terratenientes del país vayan a presentarse ante el Señor en las festividades, los que entren por la puerta del norte para hacer la adoración saldrán por la del sur, y los que entren por la puerta del sur saldrán por la del norte; no se retirarán por la misma puerta por la que entraron, sino que saldrán por la de enfrente. 10Y el príncipe entrará y saldrá en medio de ellos.

11En las fiestas y solemnidades la ofrenda consistirá en una medida de harina por novillo, una medida por carnero, y por los corderos a voluntad, más siete litros de aceite por cada medida.

12Cuando el príncipe ofrezca voluntariamente al Señor un holocausto o sacrificio de comunión, le abrirán la puerta oriental, ofrecerá su holocausto o sacrificio de comunión como todos los sábados, y luego saldrá. Y cuando salga, cerrarán la puerta.

13Ofrecerás diariamente al Señor en holocausto un cordero de un año sin defecto; lo ofrecerás todas las mañanas. 14Añadirás cada mañana como ofrenda la sexta parte de una medida de harina, más dos litros de aceite para amasar la harina de la mejor calidad; esta ofrenda al Señor es un rito cotidiano y perpetuo. 15El cordero con la ofrenda y el aceite lo ofrecerán todas las mañanas como holocausto cotidiano.

16Esto dice el Señor: Cuando el príncipe dé parte de su herencia a alguno de sus hijos, a éstos les pertenece como propiedad hereditaria. 17Pero si da parte de su herencia a un súbdito suyo, a éste le pertenecerá hasta el año de la remisión. Luego retornará al príncipe. 18Es herencia de sus hijos y a ellos les pertenece. El príncipe no quitará al pueblo su herencia, expropiándole tiránicamente. Sólo podrá dejar a sus hijos lo que sea propiedad suya, para que mi pueblo no se disperse, despojado de su propiedad.

19Me llevó por la entrada de al lado de la puerta a los bloques de sacristías sacerdotales, que dan al norte; en la parte de atrás, al occidente, había un local. 20Y me dijo:

–Éste es el local donde los sacerdotes cocerán las víctimas de los sacrificios expiatorios y penitenciales y prepararán la ofrenda; así no tendrán que sacarlos al atrio exterior, pues consagrarían al pueblo.

21Me sacó al atrio exterior y me lo hizo atravesar hasta las cuatro esquinas del atrio; allí, en cada esquina del atrio, había un patio. 22Al abrigo de las cuatro esquinas había patios de veinte metros de longitud por quince de anchura; los cuatro tenían las mismas dimensiones. 23Los cuatro estaban cercados; al pie de la cerca había hornos. 24Y me dijo:

–Éstas son las cocinas donde los servidores del templo cocerán los sacrificios del pueblo.

 

El manantial del templo

(Jl 4,18; Zac 14,8; Sal 46,5)

47 1Me hizo volver a la entrada del templo. Del umbral del templo manaba agua hacia oriente –el templo miraba a oriente–. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al sur del altar. 2Me sacó por la puerta norte y me llevó por fuera a la puerta del atrio que mira al oriente. El agua iba corriendo por el lado derecho. 3El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia el este. Midió quinientos metros, y me hizo atravesar las aguas: ¡agua hasta los tobillos! 4Midió otros quinientos, y me hizo cruzar las aguas: ¡agua hasta las rodillas! Midió otros quinientos, y me hizo pasar: ¡agua hasta la cintura! 5Midió otros quinientos: era un torrente que no pude cruzar, pues habían crecido las aguas y no se hacía pie; era un torrente que no se podía vadear.

6Me dijo entonces:

–¿Has visto, Hijo de hombre?

A la vuelta me condujo por la orilla del torrente.

7Al regresar, vi a la orilla del río una gran arboleda en sus dos márgenes. 8Me dijo:

–Estas aguas fluyen hacia el oriente, bajarán hasta el desierto, desembocarán en el mar de las aguas pútridas y lo sanearán. 9Todos los seres vivos que bullan, allí donde desemboque la corriente tendrán vida, y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. 10Se pondrán pescadores a su orilla: desde Engadí hasta Eglaín habrá tendederos de redes; su pesca será variada, tan abundante como la del Mediterráneo. 11Pero sus pantanos y esteros no serán saneados: quedarán para salinas. 12A la vera del río, en sus dos riberas, crecerá toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.

13Esto dice el Señor: Fronteras de la tierra que las doce tribus de Israel recibirán como propiedad hereditaria. 14Todos recibirán partes iguales. Yo juré con la mano en alto dársela a sus padres; por eso esta tierra les tocará a ustedes como propiedad hereditaria.

15Fronteras de la tierra: Por el norte: desde el Mediterráneo, por Jetlón, el Paso de Jamat, Sedad, 16Berota y Sibrain –separando los territorios de Damasco y Jamat–, hasta Jasar Enon, que limita con Haurán. 17Así que la frontera va desde el Mediterráneo hasta Jasar Enon, separando al norte los territorios de Damasco y Jamat. Ésta es la frontera norte.

18Por el este: desde Hazar Enon, por la línea que separa los territorios de Haurán y Damasco, siguiendo el curso del Jordán, entre Galaad e Israel, hasta el Mar del este y hasta Palma. Ésta es la frontera oriental.

19Por el sur: desde Tamar hasta el oasis de Meribá Cades y, siguiendo el torrente, hasta el Mediterráneo. Ésta es la frontera sur.

20Por el oeste: limita con el mar Mediterráneo, hasta la latitud del Paso de Jamat. Ésta es la frontera occidental.

21Ésta es la tierra que se repartirán las doce tribus de Israel. 22Se la repartirán a suerte como propiedad hereditaria, incluyendo a los emigrantes residentes entre ustedes que hayan tenido hijos en su país. Serán para ustedes como los demás israelitas. Entrarán en la distribución con las tribus de Israel. 23A los emigrantes les darán su propiedad hereditaria en el territorio de la tribu donde residan –oráculo del Señor–.

 

48 1Lista de las tribus:

En el extremo norte –que va desde el Mediterráneo, por Jetlón y el Paso de Jamat, hasta Hazar Enon, separando por el norte la región de Damasco de la de Jamat–, se extiende de este a oeste el territorio de Dan.

2Lindando con Dan, se extiende de este a oeste el territorio de Aser.

3Lindado con Aser, se extiende de este a oeste el territorio de Neftalí.

4Lindando con Neftalí, se extiende de este a oeste el territorio de Manasés.

5Lindando con Manasés, se extiende de este a oeste el territorio de Efraín.

6Lindando con Efraín, se extiende de este a oeste el territorio de Rubén.

7Lindado con Rubén, se extiende de este a oeste el territorio de Judá.

8Lindando con Judá, se extiende de este a oeste el territorio sagrado: medirá doce kilómetros y medio de anchura, y de este a oeste, lo mismo que las demás porciones. En el centro se levantará el santuario.

9El territorio sagrado que reservarán como tributo al Señor tendrá doce kilómetros y medio de longitud por diez de anchura.

10Beneficiarios del territorio sagrado: A los sacerdotes les corresponderá una parcela rectangular, de doce kilómetros y medio de longitud –lados norte y sur– por cinco de anchura –lados oriental y occidental–. En el centro se levantará el santuario del Señor.

11Se trata de los sacerdotes consagrados, descendientes de Sadoc, que se hicieron cargo de mi servicio y no se extraviaron como los levitas, cuando se extraviaron los israelitas, 12y les corresponderá una porción sacrosanta del territorio sagrado de la tierra, colindante con la de los levitas.

13A los levitas les corresponderá una parcela de doce kilómetros y medio de longitud por cinco de anchura, lindando con la de los sacerdotes. Área total del territorio sagrado: doce kilómetros y medio de longitud por diez de anchura. 14Nada de esto podrán vender ni permutar. No podrán enajenar lo mejor de la tierra, porque es porción santa del Señor.

15Queda una extensión de dos kilómetros y medio de anchura por doce y medio de longitud: es terreno profano. Pertenece a la ciudad para viviendas y pastos. La ciudad se levantará en el centro. 16Área de la ciudad: dos mil doscientos cincuenta metros por cada lado, norte, sur, este y oeste. 17Tendrá ciento veinticinco metros de prados comunales al norte, sur, este y oeste.

18Quedan al este y al oeste de la ciudad, colindantes con el territorio sagrado, sendas parcelas de cinco kilómetros de longitud. Con lo que produzcan se alimentarán los que trabajen en la ciudad. 19Las labrarán los obreros de todas las tribus israelitas que trabajen en la ciudad. 20Área total del territorio sagrado, incluyendo lo que pertenece a la ciudad: un cuadrado de doce kilómetros y medio de lado.

21Quedan los terrenos del príncipe. Están situados a ambos lados del territorio sagrado y de las posesiones de la ciudad. Se extienden por el este desde la raya de doce kilómetros y medio hasta la frontera oriental, y por el oeste, desde la raya de doce kilómetros y medio hasta la frontera occidental, paralelos a los territorios de las tribus. Pertenecen al príncipe. En medio quedará el territorio sagrado con el santuario del templo.

22Igualmente, las propiedades de los levitas y de la ciudad quedarán enclavadas entre los terrenos del príncipe y los territorios de Judá y de Benjamín.

23Resto de las tribus:

De este a oeste se extiende el territorio de Benjamín.

24Lindando con Benjamín, se extiende de este a oeste el territorio de Simeón.

25Lindado con Simeón, se extiende de este a oeste el territorio de Isacar.

26Lindando con Isacar, se extiende de este a oeste el territorio de Zabulón.

27Lindando con Zabulón, se extiende de este a oeste el territorio de Gad.

28El territorio de Gad coincide al sur con la frontera sur, que va desde Palma, por el oasis de Meribá Cades, siguiendo el cauce del torrente, hasta el Mediterráneo.

29Ésta es la tierra que distribuirán en propiedad hereditaria a las tribus de Israel y éstas son sus porciones –oráculo del Señor–.

30a Puertas de salida de la ciudad: 31allevarán los nombres de las tribus de Israel.

30b Por el lado norte, 31b que mide dos mil doscientos cincuenta metros, tres puertas: la puerta de Rubén, la puerta de Judá y la puerta de Leví.

32Por el lado oriental, que mide dos mil doscientos cincuenta metros, tres puertas: la puerta de José, la puerta de Benjamín y la puerta de Dan.

33Por el lado sur, que mide dos mil doscientos cincuenta metros, tres puertas: la puerta de Simeón, la puerta de Isacar y la puerta de Zabulón.

34Por el lado occidental, que mide dos mil doscientos cincuenta metros, tres puertas: la puerta de Gad, la puerta de Aser y la puerta de Neftalí.

35Perímetro de la ciudad: nueve kilómetros.

Desde entonces la ciudad se llamará El Señor está allí.

 

Su vida. No sabemos cuándo nació. Probablemente en su infancia y juventud conoció algo de la reforma de Josías, de su muerte trágica, de la caída de Nínive y del ascenso del nuevo imperio babilónico. Siendo de familia sacerdotal, recibiría su formación en el templo, donde debió oficiar hasta el momento del destierro. Es en el destierro donde recibe la vocación profética.

Su actividad se divide en dos etapas con un corte violento. La primera dura unos siete años, hasta la caída de Jerusalén; su tarea en ella es destruir sistemáticamente toda esperanza falsa; denunciando y anunciando hace comprender que es vano confiar en Egipto y en Sedecías, que la primera deportación es sólo el primer acto, preparatorio de la catástrofe definitiva. La caída de Jerusalén sella la validez de su profecía.

Viene un entreacto de silencio forzado, casi más trágico que la palabra precedente. Unos siete meses de intermedio fúnebre sin ritos ni palabras, sin consuelo ni compasión.

El profeta comienza la segunda etapa pronunciando sus oráculos contra las naciones: a la vez que socava toda esperanza humana en otros poderes, afirma el juicio de Dios en la historia. Después comienza a rehacer una nueva esperanza, fundada solamente en la gracia y la fidelidad de Dios. Sus oráculos precedentes reciben una nueva luz, los completa, les añade nuevos finales y otros oráculos de pura esperanza.

 

Autor del libro. Lo que hoy conocemos como libro de Ezequiel no es enteramente obra del profeta, sino también, de su escuela. Por una parte, se le incorporan bastantes adiciones: especulaciones teológicas, fragmentos legislativos al final, aclaraciones exigidas por acontecimientos posteriores; por otra, con todo ese material se realiza una tarea de composición unitaria de un libro.

Su estructura es clara en las grandes líneas y responde a las etapas de su actividad: hasta la caída de Jerusalén (1–24); oráculos contra las naciones (25–32); después de la caída de Jerusalén (33–48). Esta construcción ofrece el esquema ideal de amenaza-promesa, tragedia-restauración. Sucede que este esquema se aplica también a capítulos individuales, por medio de adiciones o trasponiendo material de la segunda etapa a los primeros capítulos; también se traspone material posterior a los capítulos iniciales para presentar desde el principio una imagen sintética de la actividad del profeta.

El libro se puede leer como una unidad amplia, dentro de la cual se cobijan piezas no bien armonizadas: algo así como una catedral de tres naves góticas en la que se han abierto capillas barrocas con monumentos funerarios y estatuas de devociones limitadas.

 

Mensaje religioso. La lectura del libro nos hace descubrir el dinamismo admirable de una palabra que interpreta la historia para re-crearla, el dinamismo de una acción divina que, a través de la cruz merecida de su pueblo, va a sacar un puro don de resurrección. Este mensaje es el que hace a Ezequiel el profeta de la ruina y de la reconstrucción cuya absoluta novedad él solo acierta a barruntar en el llamado «Apocalipsis de Ezequiel» (38s), donde contempla el nuevo reino del Señor y al pueblo renovado reconociendo con gozo al Señor en Jerusalén, la ciudad del templo.

El punto central de la predicación de Ezequiel es la responsabilidad personal (18) que llevará a cada uno a responder de sus propias acciones ante Dios. Y estas obras que salvarán o condenarán a la persona están basadas en la justicia hacia el pobre y el oprimido. En una sociedad donde la explotación del débil era rampante, Ezequiel se alza como el defensor del hambriento y del desnudo, del oprimido por la injusticia y por los intereses de los usureros. Truena contra los atropellos y los maltratos y llama constantemente a la conversión. Sin derecho y sin justicia no puede haber conversión.

 


1,1-28 Teofanía. Sólo al final del capítulo (28), el lector encuentra lo que representa la visión que ha tenido el profeta: la aparición de la Gloria de Dios. Para el creyente actual, la convicción más profunda y natural es que «Dios está en todas partes»; a nadie se le ocurre decir lo contrario. Sin embargo, en la época del profeta Ezequiel ningún creyente afirmaría eso que para nosotros es tan obvio. Pues bien, con Ezequiel empieza a intuirse tímidamente esta gran verdad. La intuición es tímida, porque en el mundo antiguo cada localidad, reino o nación era el espacio de una divinidad. Babilonia era el espacio exclusivo del gran Marduk, ¿cómo era posible entonces que el Señor después de haber sido derrotado en su propia ciudad, Jerusalén, se hiciera presente en el territorio del dios vencedor? Para el judaísmo que nace después del 534 a.C., el problema de la aparición de la Gloria del Señor en Babilonia no radica en que se haya aparecido en el territorio de otro dios, sino en el hecho de que se haya dado fuera de los límites de Israel, en tierra pagana; he ahí la pequeña dificultad que tuvo este pasaje junto con 3,23 y 10,18s para ser admitido en el canon judío.

El hecho es que en la llanura, junto al río Quebar, Ezequiel dice haber contemplado la Gloria del Señor. A través de unas imágenes cargadas de simbolismo, el profeta pretende plantear que Dios supera cualquier límite propio de la creación humana; que su presencia no está limitada a un espacio, por más sagrado que éste sea; que allí donde hay alguien necesitado de su presencia, allí está Él; Jesús lo dirá sin tener que recurrir a ninguna imagen extraordinaria: «donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy allí, en medio de ellos» (Mt 18,20).

Superando, pues, cualquier expectativa, Dios se hace presente en medio de la tragedia de su pueblo. Es la marginación, el dolor, la muerte el lugar donde Dios se hace presente por una razón muy simple: esos son lugares necesitados de su presencia. Si para Ezequiel y sus compañeros de destierro contemporáneos esto parece difícil de asimilar, a nosotros nos resulta hoy lo más normal; con todo, ahí está el desafío del evangelizador actual: hacer que en esos espacios los sujetos que sufren la marginalidad, la exclusión y el empobrecimiento, vean a Dios, al Dios que no soporta esa situación y que busca erradicarlas con el concurso y compromiso propios del creyente.

 

2,1-10 Vocación. El profeta lo es porque ha sido llamado directamente por Dios, y en el hecho del llamado se funda toda la autoridad de sus palabras y de sus acciones; con ese argumento se podrá dirimir cualquier conflicto o duda respecto a otros que se autodenominan profetas. Dios llama, convoca. No debemos pensar que este tipo de llamados ocurrieron exclusivamente en la antigüedad. Dios sigue llamando, aunque cada uno tiene una experiencia muy personal de vocación. Ezequiel era sacerdote desde su nacimiento; en la época del Antiguo Testamento, los sacerdotes nacían de familia sacerdotal, no tenían que decidirse a ser sacerdotes como hoy; desde niños estaban en contacto con los asuntos propios del servicio sacerdotal.

Pero además de su oficio sacerdotal, Ezequiel recibe la llamada para ser profeta. En los relatos de vocación que nos narra el Antiguo Testamento (Éx 3; Is 6; Jr 1) no hay que entender estas intervenciones extraordinarias y exclusivas de Dios como algo que se diera en la antigüedad de forma esporádica. Hay que entenderlos más bien como una manera de expresar esa experiencia honda e íntima del fiel del Señor, en la que parecen unirse la fe y el amor al Señor y a su causa, así como la realidad que vive y afecta al creyente. Ambos elementos afectan y determinan la vida del elegido, son brasas encendidas que lo «atormentan» continuamente: su fe y amor a su Dios lo urgen, lo angustian; por otro lado, la realidad que vive lo desafía continuamente, lo cuestiona: ¿Dónde está Dios? ¿Qué papel juega en una realidad que prácticamente lo esconde? La ubicación del ser humano en esta encrucijada es lo que podríamos llamar «vocación», y no resulta sencillo expresarla; por eso, el elegido se tiene que valer de imágenes y símbolos mediante los cuales intenta decir lo indecible, narrar lo inenarrable. Del mismo modo, cada creyente, hombre o mujer, estamos llamados a vivir esa experiencia.

 

3,1-15 Misión del profeta. En la vocación está implícita la misión; vocación y misión son dos momentos inseparables de una misma realidad. En el camino es donde el elegido va aprendiendo que su misión no es fácil, que no siempre será escuchado (cfr. Éx 3,11s; 4,1-13), que a nadie interesarán sus palabras. Pero el éxito o el fracaso no deberían preocupar al enviado; basta que asuma su tarea, el resto será la obra que el Espíritu realizará en cada uno, de acuerdo a su propia disposición. Cuántas veces hemos dedicado tiempo, amor, esfuerzo y empeño a tareas evangelizadoras en lugares y circunstancias que uno cree que serán todo un éxito; sin embargo, al final queda la sensación de haber perdido el tiempo. Pues no. El problema es que, a veces, pretendemos desempeñar todas las funciones como si fuéramos omnipotentes, como si quisiéramos reemplazar a Dios en el mundo; con frecuencia se nos olvida que uno es el que siembra, otro el que riega, pero uno solo es el que da el crecimiento (cfr. 1 Cor 3,6-9).

El enviado no puede perder de vista lo que acabamos de decir; de lo contrario, se pierde en el camino y cuando menos piensa se está predicando a sí mismo, dedicado a reclamar para sí los éxitos de la misión y a cargar sobre otros los fracasos. Ezequiel nos revela esta conciencia: «vete a la casa de Israel y diles mis palabra» (4). Con ello, Dios no viola ni desconoce la voluntad del enviado: ha sido su propia decisión. Alinearse con la voluntad del Padre, asumir como nuestra la voluntad de Dios, es precisamente lo que lleva a Dios a manifestar su complacencia (Mc 1,11). Yo, tú, mi comunidad, mi Iglesia, ¿estaremos en esa onda de la complacencia del Padre?

 

3,16-27 El profeta como centinela. La primera responsabilidad que va a recibir el profeta es la de ser centinela, guardián de Israel. Es una misión muy delicada, ya que no siempre su mensaje será comprendido y, sobre todo, compartido por los oyentes. Esa incomprensión ya se puede comenzar a presentir en la imagen de las cuerdas con que atan al profeta (25) y en su mudez (26).

El mensaje que Ezequiel transmitirá a sus compañeros de exilio no encaja con las expectativas e ilusiones que todos poseen, y ello hará que muchas veces el profeta aparezca como un «enemigo» del grupo. La palabra de Dios no siempre es consoladora para todo el mundo; por eso, los profetas se convierten en personajes poco deseables, ¡paradójicamente entre los que dicen tener más fe! ¿Cuál podrá ser, entonces, la calidad de esa fe? Jesús mismo vivió esta realidad en carne propia. ¿Por qué la Palabra de Dios ha perdido hoy prácticamente esa particularidad de incomodar? ¿No será que hoy falta más sabor de profecía a nuestro modo de anunciar la Palabra?

 

4,1–5,17 Acciones simbólicas. La primera actividad profética de Ezequiel va dirigida tanto a los que comparten su situación de desterrado como a los que aún permanecen en tierra de Judá, especialmente en su capital Jerusalén. Todavía no se ha llevado a cabo la destrucción de la ciudad y su templo y algunos albergan la creencia de que no sucederá. Los capítulos 424 están orientados a demostrar y desenmascarar los grandes pecados y las infidelidades de Israel, por los cuales será juzgado y castigado. Encontraremos vocabulario bélico: asalto, asedio, amenazas propias de la época –espada, hambre y peste–. Todo ello está orientado a destruir, literalmente, en cada israelita cualquier falsa esperanza. Ezequiel, como Jeremías, tiene la desafortunada misión de arrancar y derribar (Jr 1,10), de dejar el corazón completamente vacío en orden a comenzar una nueva posibilidad de relación con Dios. Por eso no será siempre comprendido ni aceptado su mensaje. Mediante palabras, gestos y relatos de visiones, el profeta busca hacer entrar en razón a sus contemporáneos. La destrucción de la ciudad y del templo son los ejes propios de la predicación de Ezequiel; sólo una cosa prevalecerá: las promesas de Dios.

A las varias acciones simbólicas que realiza el profeta siguen diversos oráculos de condena: 1. El primero tiene como causa la rebeldía de la casa de Israel (5,5-11); la amenaza consiste en la destrucción de todo el país y la dispersión de los sobrevivientes. 2. El segundo se debe a la profanación del santuario mediante ídolos y abominaciones; el castigo (5,12-15) ya estaba ilustrado con los cabellos arrancados de Ezequiel (5,1-4). El profeta no duda en poner en labios del Señor expresiones tan fuertes como: «juro que te rechazaré, no me apiadaré de ti, ni te perdonaré» (11b; véase también 8,18; 9,10, etc.). Tal vez busca con ello tocar las conciencias de sus oyentes y espectadores, haciéndoles caer en la cuenta de la magnitud de sus culpas y las consecuencias venideras.

 

6,1-14 Contra los montes de Israel. El tercer oráculo va dirigido contra los montes de Israel. Una costumbre usual entre los cananeos antiguos era realizar cultos de todo tipo en los lugares altos. Cuando Israel se estableció en Canaán cayó en la tentación de hacer lo mismo. Los profetas siempre advirtieron que eso era un peligro para la religión israelita; sin embargo, muchos siguieron practicando dichos cultos. Ezequiel, que conoce el comportamiento de sus paisanos, no deja pasar la oportunidad para hacer ver que estas prácticas han irritado tremendamente al Señor, por lo cual serán castigados. En la amenaza que encontramos aquí también se mencionan las tres plagas típicas: la peste, la espada y el hambre (12).

 

7,1-27 Llega el día. Descripción del día de la ira del Señor. En la mentalidad de mucha gente pervive aún la expresión «la ira de Dios» o «la ira santa», expresiones o imágenes simbólicas que no tienen otra función que intentar describir lo que no es fácil describir, sin corresponder en realidad a la imagen de Padre misericordioso y bueno que nos ha revelado Jesús. Es necesario corregir esas imágenes de Dios en la catequesis y en la pastoral en general.

 

8,1-18 Pecado. Ezequiel es transportado en visión hasta el templo de Jerusalén, donde es obligado a presenciar cuatro prácticas idolátricas cuya gravedad se va acrecentando: 1. En el templo han entronizado una estatua rival, un ídolo (5). 2. En los muros hay grabaciones de animales inmundos a los cuales se les rinde culto (10s). 3. La idolatría alcanza a las mujeres, que lloran delante de la estatua de Tamuz, antiguo dios mesopotámico (14). 4. Por último, la adoración al sol, otra forma de idolatría que consiste en la adoración de los astros (16). Como se puede ver, hay sobradas razones para que Ezequiel se sienta movido a profetizar la destrucción de Jerusalén y su templo junto con todos los idólatras.

 

9,1-11 Sentencia y ejecución. Como en la salida de Egipto, hay quienes escapan a la aniquilación. En Egipto fueron los israelitas que habían rociado con la sangre del cordero los marcos de sus puertas (Éx 12,13); de la destrucción que se desata aquí escapan los que han sido marcados en la frente –literalmente los marcados con la letra taw, última letra del alfabeto hebreo–. Son los preparativos para el siguiente evento que nos narrará Ezequiel: la partida de la Gloria del Señor de su templo y del país.

 

10,1-22 La gloria se marcha. El templo ya no es el «lugar» apto para la presencia de Dios; primero, porque se ha convertido en lugar de abominaciones: ha sido profanado; segundo, porque está contaminado con cadáveres dispersos por todos lados, al igual que la ciudad. Ezequiel maneja toda esta simbología para transmitir la idea de por qué el Señor ya no puede estar más en tierra israelita. Desde el destierro, Ezequiel preparará el camino para una nueva etapa en la historia religiosa de su pueblo. Dios ha castigado con la espada, el hambre y la peste, y para rematar castiga ahora con su ausencia a todos los que han quedado en territorio israelita. Nótese cómo inmediatamente después de estos eventos el Señor mismo se compromete con sus fieles desterrados en la creación de unas realidades nuevas: retorno, nuevo corazón y, por tanto, nueva alianza (cfr. 11,17-21).

 

11,1-25 El resto. Este capítulo refleja con 33,3-29 la problemática que surge una vez realizados los destierros selectivos por parte de los babilonios. El problema tiene dos puntos de vista: 1. El de los que no fueron al destierro: la tierra pertenece a los que se quedaron. El Señor está con ellos y los defiende, como la olla evita que el fuego devore la carne (1-3). La respuesta del profeta, puesta bajo la autoridad del Señor, es: No, no será así (cfr. 33,23-29). 2. El punto de vista de los que fueron desterrados: ellos están cumpliendo un castigo purificador; ese castigo será temporal. Con ellos está el Señor, Él se ha convertido para ellos en un «santuario pasajero en los países adonde fueron» (16), pero con ellos reconstruirá su pueblo Ésta es la posición del profeta «aprobada» por el Señor (17-21). Así, para refrendar los dos oráculos anteriores, Ezequiel cierra su visión con la partida de la Gloria del Señor del país del Israel (22-25).

 

12,1-20 Al destierro. Dos nuevas acciones simbólicas para ilustrar el rumbo que tomarán los acontecimientos en Judá y Jerusalén. Haciendo una especie de pantomima, Ezequiel da a entender que hasta el mismo rey de Judá buscará huir, pero no escapará al castigo (12-14). La consecuencia de la invasión definitiva será el hambre y la muerte.

 

12,21-28 Estribillos. Se alarga el plazo, la visión no se cumple. A lo mejor, nosotros hemos dicho lo mismo en más de una ocasión. Ezequiel se contenta con reafirmar lo que ha dicho. Para muchas personas, la profecía es en primer lugar un punto de interrogación: ¿es verdadera o falsa? Mientras más detalles haya en la profecía, más contento se está, porque es fácil ver si la profecía era realmente inspirada. En realidad, Dios no envía a los profetas para que se presten a ese juego. El profeta habla, y lo que vale es su respuesta al llamado de Dios. Con frecuencia no anuncia nada nuevo, sino que renueva un mensaje que permanecía en el pasado y al que le da vida. Nos sentimos impactados o no por la fuerza de sus intervenciones y la resonancia que encuentran en los corazones rectos; tratamos de discernir comparando sus dichos con muchas otras palabras del pasado que nos fueron transmitidas por la Escritura y por la comunidad del pueblo de Dios. Eso es lo esencial. Es bueno que verifiquemos la realización de la profecía, pero a veces ésta se realiza sólo parcialmente, muy mal o de un modo muy distinto al que se podía esperar.

 

13,1-23 Falsos profetas y profetisas. Este capítulo está dirigido contra los falsos profetas, con la particularidad de que hace distinción entre profetas (1-16) y profetisas (17-23). Se acusa a ambos de embusteros, y la acusación contra las profetisas nos dejar entrever las prácticas de encantamiento y quizá de seducción que empleaban. El verdadero profeta no puede maquillar la realidad, aunque su mensaje no sea comprendido, aunque no sea escuchado (3,5.7); el profeta no puede distorsionar a su antojo la Palabra del Señor.

 

14,1-11 Nostalgia de los ídolos. Muchos de los exiliados reconocían el carisma profético de Ezequiel; con todo, no se habían convertido porque tienen a sus ídolos arraigados en su corazón (5). Cuando van a consultar al profeta lo hacen con un fin muy utilitario, para resolver sus problemas inmediatos. La respuesta divina ignora los matices: Ezequiel no los convertirá haciéndose útil y simpático.

 

14,12-23 Cuatro casos de intercesión. Es conveniente leer estos versículos junto con el capítulo 18 y 33,10-20, donde se recoge la doctrina de Ezequiel sobre la responsabilidad personal en el bien y en el mal. Hay que olvidarse del tiempo en que las personas valían menos que el clan. La infidelidad de Acán mereció que toda su familia fuese lapidada (Jos 7,25); la tribu de Benjamín no podía entregar a los violadores de Guibeá sin faltar a la solidaridad del clan (Jue 19). Pero esos tiempos de tribalismo han quedado atrás; ahora, la fidelidad del padre no justificará a sus hijos delante de Dios. Aparentemente, este rechazo de cualquier tipo de intercesión se opone a lo que enseña la intercesión de Abrahán en Gn 19. Son dos aspectos del mismo proceso evolutivo de la revelación.

 

15,1-8 La vid inútil. El profeta compara a Israel con la planta que da las uvas, la vid. Es útil sólo si da frutos; de lo contrario sólo sirve para cortarla y echarla al fuego. Israel es una vid que Dios mismo plantó y a la que prodigó todos sus cuidados, pero a la hora de la cosecha no dio nada. No queda otro camino que echarla al fuego (cfr. Jn 15,6).

 

16,1-63 Una historia de amor. Mediante diversas imágenes, el profeta recuerda a su pueblo las relaciones amorosas que Dios ha tenido con ellos. Aquí sigue las huellas de Oseas y de Jeremías, cuando comparan las relaciones entre Dios y su pueblo con un matrimonio por amor. Oseas había impuesto esa visión en dos hermosos poemas (Os 2 y 14). Ezequiel convierte aquí el poema en una historia constantemente entrecortada por la explicación de los diversos detalles. A uno pueden gustarle o no la insistencia, las repeticiones, los detalles crudos; pero forma parte de las Escrituras y es una figura que se podría aplicar a la historia posterior del pueblo cristiano.

 

17,1-24 El águila y el cedro. Esta nueva alegoría se refiere a los reyes de Judá. Recordemos que la alegoría es diferente a la parábola. Ésta hace que el oyente tome conciencia de una situación en la que se encuentra y que se le presenta en un marco muy distinto. Toda parábola tiene su moraleja, pero no se trata de buscar si cada detalle de la historia corresponde o no a una persona o a un hecho de la situación presente. La alegoría, en cambio, construye una historia poco verosímil, pero cuyos detalles tendrán uno a uno su aplicación en la situación presente. La parra que se vuelve hacia el gran águila (17,7) no es un hecho verosímil, por eso el lector contemporáneo entiende mejor a Ezequiel cuando en el versículo 11 comienza a hablar como estamos acostumbrados hoy. Pero, indudablemente, la alegoría se escribió para sus primeros lectores, que pensaban de forma diferente a nosotros.

El oráculo de los versículos 22-24 introduce una nueva promesa de restauración, descrita como la era del Mesías.

 

18,1-32 Responsabilidad personal. Tenemos aquí uno de los mensajes más importantes de este libro, que se repite más brevemente en 14,12-14 y 33,10. El proverbio del que reniega Ezequiel expresa una realidad: la generación de los exiliados está pagando los errores y los pecados de las generaciones precedentes. Para los contemporáneos de Ezequiel, esa certeza justificaba un cierto fatalismo y la sensación de derrota ante la situación presente. Equiparaban la justicia de Dios a la de los hombres, acostumbrados como estaban a que se castigaran las faltas del padre de familia masacrando a todos los suyos.

Ahora que están lejos de su país y que el culto al Señor ya no se celebra no hay remedio. Ezequiel habla de una justicia de Dios que toma en cuenta a las personas y da a cada uno lo que se merece. Afirma la posibilidad de convertirse y de obtener de Dios las bendiciones perdidas por la conducta anterior; Dios sólo quiere dar vida, con tal que se vuelva a su Alianza. Todo eso es decisivo para devolver la esperanza y para motivar a esos exiliados, cuyos hijos volverán un día a su país para reconstruir el pueblo de Dios sobre bases más serias. Sin embargo, los oyentes de Ezequiel no podían dejar de ver que la vida desmentía su optimismo respecto a la justicia de Dios: hay muchos casos en que los justos no llegan a viejos y no parecían verse recompensados por sus trabajos. Se comprende entonces que después de haber detallado todos los posibles pecados del malvado, Ezequiel utilice sin más precisión las palabras «vivirá», «morirá». Afirma lo que debiera ser y que tal vez no será; aunque todavía no ha llegado el momento de creer en una recompensa después de la muerte, guarda dentro de sí la idea de que Dios sabrá hacer algo para que el justo reciba lo que merece.

 

19,1-14 La leona y los cachorros – La vid arrancada. Esta lamentación evoca dos imágenes del reino de Judá hasta la llegada de Nabucodonosor, rey de Babilonia: la primera es la imagen de la leona y sus dos cachorros, que algunos interpretan como Joacaz y Sedecías; la otra imagen es la de la vid, próspera en otro tiempo, pero árida ahora y pronta para ser devorada por el fuego.

 

20,1-44 Historia de una rebeldía. Para Ezequiel, la historia de su pueblo se ha desarrollado en una constante tensión entre alianza-rebeldía, fidelidad-infidelidad, pecado-castigo. En cada una de las etapas, desde su nacimiento hasta la época del profeta, Israel se mostró siempre rebelde al plan divino: cuando estaba en Egipto (5-9); en el desierto (10-17); y en la tierra prometida (30-38). Sin embargo, al final Israel reconocerá sus pecados, el Señor lo reunificará y lo hará volver a la tierra prometida (39-44) por el honor del Nombre del Señor. En cada etapa, el Señor pensó acabar con todos; si no lo hizo fue para no profanar su propio Nombre (9.14.22).

 

21,1-37 El bosque en llamas – Canto a la espada. Encontramos cuatro oráculos; los tres primeros van dirigidos contra Israel, mientras que el cuarto y más largo va dirigido contra Amón y Babilonia. El primer oráculo evoca un gran incendio que abrasará el bosque del sur, esto es, Judá y su capital. Este oráculo es una respuesta a quienes se mofan del profeta porque sus palabras no se cumplen (5), y al mismo tiempo nos prepara para la noticia de la destrucción de Jerusalén y del templo. Los restantes oráculos (13-18; 19-22; 23-37) están construidos a partir de la imagen de la «espada del Señor», expresión simbólica del castigo de Dios, castigo que puede ejecutar Él personalmente o valiéndose de otros, en este caso de los babilonios. La imagen del rey en el cruce de caminos (26), consultando y echando suertes, subraya su valor de instrumento en manos del Señor. Al final, la espada castigadora también será juzgada y destruida (35).

 

22,1-31 La ciudad sanguinaria. El desenlace de la inminente destrucción está cada vez más próxima. El profeta subraya con mayor detalle la lista de pecados de Israel. Dos son los pecados que dan origen a todos los demás: la idolatría y el derramamiento de sangre, término que encierra la injusticia, la violencia y los asesinatos. Estos delitos y pecados son obra de todos y cada uno de los habitantes de Judá y de Jerusalén. Nótese cómo se mencionan todos los estratos sociales: los príncipes (25), los sacerdotes (26), los nobles (27), los profetas (28), los terratenientes (29) y el pueblo en general (30). Por ello, el Señor procederá con todo su furor (31).

 

23,1-49 Las dos hermanas. De nuevo, el profeta evoca el pasado histórico de su pueblo (cfr. Ez 16) valiéndose esta vez de la alegoría de las dos hermanas que siguen un camino de prostitución e infidelidades, siendo ambas esposas de un mismo señor. Ohláh se llamaba la mayor y Ohlibá, la menor. Estos dos nombres encierran el modo de pensar de los israelitas del reino del sur después de la división del territorio el 931 a.C.: el reino del norte fue el promotor de la división, quedando por tanto separado también de Dios. Ohláh viene de la palabra «ohel» que significa «tienda de campaña», y significa «tienda de ella», «su propia tienda». En el relato representa a Samaría, capital del reino del norte. De otro lado, las tradiciones del sur subrayan que el Señor se quedó con la casa de Judá, en la santa ciudad de Jerusalén y en el templo construido por Salomón. Oholí significa «mi tienda», y Ohlibá, «mi tienda –está– en ella»; se trata de un concepto socio-religioso puesto bajo la autoridad del Señor. El mensaje que quiere transmitir Ezequiel con esta alegoría es muy claro: ni siquiera la hermana con quien se quedó el Señor se comportó fielmente, también se prostituyó entregándose a todo tipo de pecados; los amantes con quienes se había prostituido serán ahora sus verdugos.

 

24,1-27 La olla al fuego – Muerte de la esposa – El profeta mudo. Las cosas en Judá están cada día peor. La ciudad ha comenzado a ser sitiada y es probable que esta vez no escape a la destrucción. Ezequiel describe con dos nuevas acciones simbólicas el desenlace de la situación. La primera acción simbólica (1-14) ilustra el castigo por los excesos de corrupción y maldad que hay dentro de la ciudad. La siguiente acción describe el impacto sicológico y moral que produjo en los israelitas la destrucción de la ciudad y del templo (15-27).

 

25,1–32,32 Oráculo contra las naciones. Comienza una nueva sección del libro, cuyo tema dominante son los oráculos contra las naciones. Después de haberse ensañado contra Israel, Ezequiel se dirige ahora a las naciones vecinas, algunas de las cuales coinciden con antiguos reinos vasallos de David y enemigos posteriores de Israel. La idea general de estos oráculos es que Judá no estará sola en su desgracia, también sus vecinas recibirán su paga. Como la mayoría de los profetas, Ezequiel se dirige contra Amón (25,1-7), Moab (25,8-11), Edom (25,12-14) y Filistea (25,15-17). En términos generales, los reproches dirigidos contra estos pueblos son casi los mismos: el gozo malsano que sintieron ante la caída de Judá y el haber dado rienda suelta a su odio reprimido, convertido en venganza. El esquema de los oráculos es casi siempre el mismo: palabras de acusación, reproche y condena.

Fuera de estos pueblos, el profeta se dirige también contra Tiro en los capítulos 26s. De hecho, esta ciudad nunca fue enemiga de Israel; si el profeta la emprende contra ella es por haber sido capaz de resistir durante trece años el asedio de Nabucodonosor, cosa que no pudo hacer Judá: lo que podría ser motivo de admiración es para el profeta motivo de irritación, puesto que es una clara resistencia al castigo divino. El rey de Tiro va a ser visto como una especie de altanero competidor del Señor, lo cual es intolerable para el profeta. Para el profeta es inconcebible que todas las naciones queden rendidas a Babilonia, menos Tiro y su monarca (28,1-19). Y es que la realidad histórica es que aquella ciudad nunca pudo ser destruida por Babilonia.

Para la época de Ezequiel, Sidón no tenía ya mucha importancia, pero también es víctima de las invectivas del profeta (28,20-24). Se percibe un amargo resentimiento contra ella.

En medio de los reproches y las condenas aparece una promesa de retorno, salvación y prosperidad futura para el pueblo de Israel (28,25s).

Por último, el profeta dirige sus oráculos contra Egipto (29,1–32,32). Ya desde la época de Isaías, Egipto ocupa un lugar importante en la predicación profética contra las naciones. Ezequiel sigue esta línea de tradición profética y le dedica cuatro capítulos que agrupan unos diez oráculos. El motivo de las invectivas contra Egipto se puede resumir en el peligro que representaron para los israelitas sus continuas invitaciones a formar coalición para repeler los ataques provenientes del norte. Aunque alguna vez se dejó convencer, finalmente no obtuvo el respaldo esperado; en pocas palabras: Egipto utilizó a Israel, pero nunca se comprometió efectivamente a defenderlo; logró que Israel confiara ingenuamente en su vecino y que desconfiara del poder y de la protección de Dios.

Para Ezequiel hay ahora una nueva amenaza: en Egipto hay refugiados judíos que albergan la esperanza de que Judá no desaparecerá, como no ha desaparecido aún el país que los alberga. Esto les hace creer erróneamente que se van a salvar de la tragedia, por eso Ezequiel vaticina a través de imágenes míticas la caída de Egipto y de sus faraones como la de cualquier mortal y, por ende, también la caída de Judá y su capital.

 

33–39 Segunda actividad del profeta.  Encontramos una nueva sección del libro, cuyo acento principal es la esperanza. Estos capítulos se pueden agrupar en el siguiente orden aproximado: llegada de una nueva época, un nuevo orden de cosas (33); el verdadero pastor de Israel que es el Señor se encarga personalmente de reunir y apacentar a su rebaño disperso (34); los desterrados volverán a su tierra con el compromiso de no mancharla nuevamente (36); de sus propias cenizas nacerá de nuevo la nación de Israel (37); será un país tan fuerte que nadie podrá vencerle, porque Dios mismo lo defiende (38s).

 

33,1-20 El profeta como centinela. Como en 3,17, Ezequiel es comparado con un centinela que debe estar atento para prevenir a su pueblo de cualquier peligro. Su misión es delicada, porque bajo su responsabilidad no solamente está la totalidad del pueblo (2-6), sino también cada individuo (7-9). Esta imagen del centinela simboliza la misión y el deber del profeta que debe estar muy atento a los signos de los tiempos para interpretar en ellos la voluntad de Dios: qué es lo que quiere Dios en cada acontecimiento y cuál debe ser la respuesta del hombre. Para ello es necesario mantener una continua sintonía con Dios y dejarse guiar por su Palabra, de manera que esa Palabra es como el alimento del profeta; Jesús mismo lo sentirá así: «mi alimento es hacer la voluntad del que me envió» (Jn 4,34).

 

33,21s Llega el fugitivo. Los oráculos e invectivas contra Jerusalén (24,26s) habían terminado con la llegada de un fugitivo desde Jerusalén que portaba la mala noticia de la destrucción de la ciudad. Este pasaje retoma de nuevo la imagen del fugitivo para dar inicio a los mensajes de esperanza que va a comenzar a transmitir el profeta. Para los deportados, quizás ésta sea la peor de las noticias, muchos pensarían que era el fin de la historia; el profeta tendrá que armarse de valor y comenzar el difícil proceso de restauración moral y espiritual de sus paisanos para hacerles ver que la historia continúa, que Dios sigue actuando en ella y que seguirá contando con quienes sean capaces de captar en medio de todo ello su acción y su voluntad.

 

33,23-29 En Jerusalén. De nuevo la discusión sobre el derecho a la tierra; la cuestión se dirime por el criterio de la conversión: quien no se convierta de sus maldades no tendrá derecho a habitar la tierra.

 

33,30-33 El cantante de amor. Crítica a la actitud de la gente que acude al profeta sólo para oír lo bonito que habla, pero no pone en práctica lo que enseña.

 

34,1-31 Los pastores de Israel. Para Ezequiel, como para Jeremías, los responsables de los males de Israel son sus propios dirigentes. La acusación que hace Dios por medio de sus profetas es que lo único que hicieron en el pasado fue apacentarse a sí mismos, abandonando a sus ovejas (1-6; cfr. Jr 23,1-3); por eso, el Señor mismo tendrá que ponerse al frente de su rebaño (7-10), cuidando de que cada una regrese a su pastizal. Nótese cómo se acentúa el cuidado especial que Dios como buen pastor prodiga especialmente a las más flacas y débiles del rebaño (15s). Esta misma imagen del único y buen pastor nos la transmitirá Juan aplicada a Jesús (Jn 10,11).

Para Ezequiel hay una cosa clara: en el futuro no habrá más reyes en Israel (23). David viene a desempeñar el papel de memoria del pasado, será como el patrono espiritual del Israel reconstruido; pero el único rey será el Señor: el mediador humano será únicamente príncipe, el cual tendrá que responder por la justicia y el derecho en el pueblo y velar por la nueva alianza de paz que establecerá el Señor con sus ovejas, una vez que las haya juzgado (25); en definitiva, tendrá que velar por el nuevo orden y las nuevas relaciones entre los miembros del pueblo y de éstos con la naturaleza (26-29).

 

35,1-15 Contra el monte de Seír. En medio de las promesas de retorno a la tierra y de restauración es inevitable hablar de nuevo contra Edom, el reino vecino de Israel que en medio del caos provocado por los invasores babilónicos aprovechó para vengarse de sus antiguos dominadores (cfr. 25,12-14).

 

36,1-15 A los montes de Israel. El mensaje esperanzador para las montañas de Israel deja ver el sentimiento que manifestaban sus vecinos. La destrucción de Judá y de su capital fue un escarnio para quienes se sentían inmunes a los ataques y vejaciones de los poderosos. Sin embargo, Dios no es ajeno a ese padecimiento moral, la hora del desquite está próxima.

 

36,16-38 Castigo y reconciliación. La suerte de Israel no fue algo fortuito, sino algo que él mismo propició dada su mala conducta, con la cual no sólo se degradó en su propia calidad de vida, sino que profanó y puso en ridículo el mismo nombre de Dios entre las demás naciones (16-21). Pero Dios ha decidido reparar el ultraje de su propio Nombre santificándolo del siguiente modo: hará volver a su tierra a los israelitas debidamente purificados de sus manchas pasadas (24s); infundirá en ellos un corazón y un espíritu nuevos (27) para que sean capaces de mantener los compromisos de la nueva alianza (27s) y así puedan saborear de modo definitivo las promesas (29s). Las culpas y desviaciones del pasado serán un continuo referente para la conversión y la fidelidad (31s). Sólo entonces, una vez purificados, podrán los hijos de Israel repoblar felices y en paz la tierra de sus antepasados (33-38). Pero, eso sí, Israel nunca podrá argumentar sus propios méritos para disfrutar de todas estas bondades, pues es una «casa de rebeldía». Esta idea la va a ilustrar Ezequiel con la visión de los huesos secos.

 

37,1-14 Los huesos y el espíritu. Una de las visiones más famosas de Ezequiel es ésta de los huesos secos. No basta sólo con hacer caer en la cuenta a sus paisanos de que estaban como muertos; ya habían comenzado a experimentar la muerte desde el momento en que fueron desplazados de su tierra y se había completado con la noticia de la destrucción de Jerusalén y de su templo. Pero no era el final: de ese cadáver que es ahora Israel, Dios hará florecer de nuevo la vida; será una obra exclusiva de Dios, de su Espíritu que es vida y que sólo puede transmitir vida. El mismo espíritu que aleteaba sobre las aguas antes de la creación será quien puede devolver la vida a Israel.

 

37,15-28 Las dos varas. Mediante una nueva acción simbólica, Ezequiel ilustra a su pueblo cuál es el querer de Dios. Si en la visión de los huesos revivificados está presente la idea de la resurrección del pueblo, ese pueblo no puede revivir para seguir siendo igual. La resurrección implica la reunificación de las doce tribus de Israel, regidas ahora por una sola y única autoridad (24), con un único santuario (28), en donde el Dios de la alianza fijará su morada para quedarse con su pueblo.

 

38s Contra Gog: escatología. Ezequiel no se contenta con anunciar promesas futuras para un Israel renovado y de nuevo asentado en su tierra. Parece que el Nombre y el poder del Señor no quedan suficientemente «vengados» del ultraje del que ha sido víctima ante los demás pueblos y naciones. Estos capítulos esbozan en términos apocalípticos lo que será la venganza del Señor. Desde el extremo norte (39,1), el sitio de donde habían venido las antiguas invasiones, el Señor hace que se desborden como una tremenda avalancha los ejércitos de Gog, rey de Magog, que representa a todos los pueblos que quieren asaltar al pueblo de Israel. Ese Israel renovado que vive seguro en ciudades sin murallas, sin puertas ni cerrojos, será el lugar de encuentro de Dios con todos los enemigos de su pueblo para tomar venganza definitiva aniquilándolos a todos. Ese «día del Señor» será el día de su triunfo final y de una paz definitiva para Israel. Explotará así finalmente a los ojos de las naciones la gloria de su Nombre, y semejante estallido manifestará que el fracaso y la humillación soportados por Israel se debían a su pecado, no a la impotencia de su Dios.

 

40,1–48,35 Nuevo templo y nueva tierra. Es la última parte del libro de Ezequiel, en la cual se nos presentan las líneas básicas de la reconstrucción política y religiosa de Israel según la mentalidad del profeta. La visión de que nos habla Ezequiel sucede catorce años después de que Jerusalén fuera destruida, tras un período en el que el profeta ha reflexionado mucho sobre cómo podría empezar a resurgir el nuevo Israel. En líneas generales, para Ezequiel la restauración debe comenzar por la reconstrucción del nuevo templo, donde la Gloria del Señor pueda volver para permanecer en medio de su pueblo (40,143,12); el siguiente elemento es el funcionamiento del culto, que deberá ser muy detallado y perfecto (43,1346,24). En cuanto al pueblo, éste será reubicado en la tierra según el reparto asignado (48,1-29). Los deberes religiosos y políticos del príncipe en funciones se deberán regir por las leyes del templo.

 

40,1–42,20 El nuevo templo. Ezequiel nos narra una de sus últimas visiones, donde es conducido por un misterioso personaje que le enseñará detalladamente las medidas del nuevo templo. El profeta es conducido desde el patio exterior (40,17-19) al patio interior (40,28-31) y al Santo de los santos (41,3). Ante la mirada de Ezequiel, este personaje va verificando la superficie de patios y construcciones, habitaciones y salones, especialmente las dimensiones de muros y puertas en orden a delimitar lo más minuciosamente posible las líneas que separarán los espacios profanos de los sagrados (42,20).

 

43,1–44,31 Vuelve la gloria. Era necesario delimitar muy bien el área del templo y dentro de él el espacio más sagrado, alejándolo lo más posible de toda mancha externa (43,7-9), porque lo que viene a continuación es nada menos que el regreso de la Gloria del Señor al nuevo templo (43,4s); la entrada de la Gloria es triunfal. Si para Ezequiel la experiencia del destierro tiene su punto culminante en la partida de la Gloria de Dios de Jerusalén, el fin del destierro tiene su inicio en el regreso de la misma Gloria a su punto de partida. Para el profeta está claro que al estar dispuestos el templo del Señor y el palacio del rey en la misma área se produjo la profanación de la morada santa; por eso, el nuevo templo se reserva un área sagrada que aleja toda posible profanación (43,10-12).

El lugar por donde ha hecho su entrada triunfal la Gloria de Dios, es decir, la puerta oriental, permanecerá perpetuamente cerrada, con lo cual se quiere expresar la decisión de Dios de no volver a salir de en medio de su pueblo (44,1-9). Esta permanencia exige una especial atención a la calidad de los que pueden entrar al templo, quedando excluidos los incircuncisos y los extranjeros (44,7-9).

El siguiente paso en la disposición del ambiente para el culto es la calidad de los que ejercerán este ministerio (44,10-31). Ezequiel distingue en el servicio al altar entre los levitas, que por sus infidelidades pasadas perdieron calidad y son casi servidores de segunda categoría, y los sacerdotes hijos de Sadoc, quienes tienen el privilegio de entrar en el santuario, para lo cual deben estar sometidos a las más rigurosas normas de pureza personal, ritual y cultual.

 

45,1–46,24 Reparto de la tierra. Se fijan las normas para el reparto ideal de la tierra. Lo primero que hay que tener en cuenta son los espacios que tendrán carácter sagrado: el espacio del templo (45,1-4a), para los sacerdotes (45,4b), y levitas (45,5s), y por último, para el príncipe (45,7), quien no será como antaño «dueño» del país, poseerá una parcela y el resto lo distribuirá a su pueblo por tribus (45,8).

Se entremezclan los deberes religiosos y sociales del príncipe con la fijación del calendario litúrgico del templo (45,9–46,18). En cuanto al príncipe, debe ser ejemplo de fe y de vida para el pueblo, promotor principal de la justicia y el derecho. Su función ya no será la de rey, pues Israel no tendrá otro rey que el Señor. En cuanto al calendario litúrgico, quedan fijadas la fiesta de la pascua (45,18-24), la de las tiendas o cabañas (45,25), los sábados y las fiestas de luna nueva (46,1-7). Nótese el interés especial que hay en los detalles de las ofrendas y sacrificios de cada fiesta.

La prescripción exclusiva para el príncipe (46,16-18) busca evitar que su propiedad desaparezca, pero más importante aún es evitar que esa propiedad aumente en detrimento de la propiedad de los demás israelitas. En el fondo, es una medida socio económica muy justa que busca evitar la concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos.

 

47,1–48,35 El manantial del templo. Las anteriores disposiciones referentes al lugar sagrado –templo–, las personas sagradas –sacerdotes y levitas– y al príncipe sirven como marco para introducir este nuevo elemento de la visión de Ezequiel: el río de vida que brota desde el costado oriental del templo y que se va extendiendo fecundando todo el territorio,  incluso el Mar Muerto. Es como si la maldición y la desgracia que han pesado sobre Israel y su territorio comenzaran a desaparecer al paso del agua vivificante y purificadora que brota desde el nuevo templo habitado por la Gloria del Señor . Siglos después, esta misma imagen será utilizada por el autor del Apocalipsis (Ap. 22,1s).

El territorio fecundado y fertilizado idealmente por el manantial que brota del templo es repartido también ideal y equitativamente entre las doce tribus de Israel (47,13–48,29); siete habitarán al norte del templo y cinco habitarán al sur; cada tribu recibirá una franja de tierra que va desde el Mediterráneo hasta la frontera oriental del país.

Esta imagen es la síntesis final del territorio reconquistado y de la ciudad y el templo reconstruidos (48,30-35). La ciudad adquiere un nombre simbólico cargado de sentido esperanzador para los israelitas que se encuentran en el exilio: «Dios está aquí».