ISAÍAS

La profecía de Isaías. Isaías es el primero de los grandes profetas, cuya personalidad e impacto de su mensaje hizo que bajo su nombre y autoridad se reuniera una colección de escritos proféticos posteriores a su muerte y a su época, formando una obra de conjunto que nos ha sido transmitida como la «profecía de Isaías».

Durante siglos todo el escrito se atribuyó a un solo autor, a Isaías –que en hebreo significa «El Señor salva»–. Hoy día la obra aparece claramente dividida en tres partes: los capítulos 1–39 serían del profeta Isaías propiamente dicho; los capítulos 40–55, de un profeta anónimo que ejerció su ministerio, dos siglos más tarde, entre los desterrados de Babilonia, durante el ascenso de Ciro (553-539 a.C.), y al que conocemos como Isaías II o Deuteroisaías; finalmente, los capítulos 56–66 formarían una colección de oráculos heterogéneos perteneciente a la época del retorno del destierro y de la reconstrucción del templo, a la que se le ha dado el título de Isaías III o Tritoisaías.

A pesar de las diferencias entre sí y del largo período histórico que abarcan las tres partes de la obra (tres siglos), el conjunto del escrito aparece como un todo unitario, portador de un mismo espíritu profético y de una misma visión trascendente de la historia.

 

Isaías el profeta. De la persona de Isaías sólo sabemos lo que él mismo dice en su libro y lo que nos deja leer entre líneas: un hombre exquisitamente culto, de buena posición social, quien siguiendo quizás una tradición familiar ocupó un puesto importante en la corte real de Jerusalén. Hijo de un tal Amós, sintió la vocación profética en el año 742 a.C. «el año de la muerte del rey Ozías» (6,1).

Ya metido en su ministerio profético, se casó con una mujer designada como «profetisa» (8,3), de la que tuvo dos hijos, cuyos nombres simbólicos (7,3 y 8,3) se convierten en oráculo vivo sobre la suerte del pueblo. Toda su actividad profética se desarrolló en Jerusalén, durante los reinados de Ozías (Azarías), Yotán (739-734 a.C.), Acaz (734-727 a.C.) y Ezequías (727-698 a.C.).

 

Su época. En el terreno de la política internacional, el libro de Isaías nos trasmite los ecos de un período de angustia que discurre bajo la sombra amenazadora del expansionismo del imperio asirio. El año 745 a.C. sube al trono Tiglat Piléser III, consumado y creativo militar. Con un ejército incontrastable va sometiendo naciones con la táctica del vasallaje forzado, los impuestos crecientes, la represión despiadada. Sus sucesores, Salmanazar V (727-722 a.C.) y Senaquerib (704-681 a.C.), siguen la misma política de conquistas. Cae pueblo tras pueblo, entre ellos Israel, el reino del norte, cuya capital, Samaría, es conquistada (722 a.C.), a lo que seguiría, poco después, una gran deportación de israelitas y la instalación de colonos extranjeros en el territorio ocupado.

Mientras tanto, el reino de Judá que ha mantenido un equilibrio inestable ante la amenaza Asiria, se suma, en coalición con otras naciones y contra los consejos de Isaías, a un intento de rebelión, y provoca la intervención armada del emperador que pone cerco a Jerusalén. La capital se libra de modo inesperado: el invasor levanta el cerco, pero impone un fuerte tributo (2 Re 18,14).

 

Mensaje religioso. Como escritor, Isaías es el gran poeta clásico, dueño de singular maestría estilística; amante de la brevedad, la concisión y las frases lapidarias. En su predicación al pueblo sabe ser incisivo, con imágenes originales y escuetas, que sacuden con su inmediatez.

La visión de la santidad y del poder universal de Dios que ha tenido en su llamada profética dominará toda su predicación. Verá la injusticia contra el pobre y el oprimido como una ofensa contra «el Santo de Israel», su nombre favorito para designar a Dios. Desde esa santidad, tratará de avivar la vacilante fe del pueblo.

A la soberanía de Dios se opone el orgullo de las naciones poderosas, orgullo que será castigado pues el destino de todas las naciones está en sus manos. Es justamente este orgullo –antítesis de la fe, de labrarse su propio destino a través de alianzas con potencias vecinas– el pecado de Judá que más denunciará y fustigará el profeta. Pero a pesar de las infidelidades del pueblo y sus dirigentes, Isaías abrirá un horizonte mesiánico de esperanza: Dios se reservará un «resto» fiel de elegidos, hará que perdure la dinastía de David y convertirá a Jerusalén en el centro donde se cumplirán sus promesas.

ISAÍAS I

Visión de Isaías

1 1Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén en tiempos de Ozías, de Yotán, de Acaz y de Ezequías, reyes de Judá.

 

Requisitoria de Dios

y confesión del pueblo

(Am 4,6-13)

2Escuchen, cielos;

presta oído, tierra;

que habla el Señor:

He criado y educado hijos,

y ellos se han rebelado contra mí.

3Conoce el buey a su amo,

y el asno el pesebre de su dueño;

pero Israel no me conoce,

mi pueblo no recapacita.

4¡Ay, gente pecadora,

pueblo cargado de culpas,

raza de malvados,

hijos degenerados!

Han abandonado al Señor,

han despreciado al Santo de Israel,

han vuelto la espalda.

5¿Dónde seguirlos hiriendo,

si acumulan más delitos?

La cabeza es una llaga,

el corazón está agotado,

6de la planta del pie a la cabeza

no les queda parte sana:

llagas, moretones, heridas recientes,

no sanadas ni vendadas,

ni aliviadas con ungüento.

7Su país está desolado;

sus ciudades, incendiadas;

sus campos, ante sus propios ojos,

los devoran extranjeros.

¡Desolación

como en la catástrofe de Sodoma!

8Y Sión, la capital,

ha quedado

como cabaña de viñedo,

como choza de melonar,

como ciudad sitiada.

9Si el Señor Todopoderoso

no nos hubiera dejado un resto,

seríamos como Sodoma,

nos pareceríamos a Gomorra.

 

Segunda requisitoria

(58; Sal 50; Eclo 35)

10Escuchen la Palabra del Señor,

príncipes de Sodoma;

escucha la enseñanza de nuestro Dios,

pueblo de Gomorra.

11¿De qué me sirve

la multitud de sus sacrificios?

–dice el Señor–.

Estoy harto

de holocaustos de carneros,

de grasa de animales cebados;

la sangre de novillos,

corderos y chivos no me agrada.

12Cuando entran a visitarme

y pisan mis atrios,

¿quién exige algo de sus manos?

13No me traigan

más ofrendas sin valor,

el humo del incienso es detestable.

Lunas nuevas, sábados, asambleas…

no aguanto reuniones y crímenes.

14Sus solemnidades

y fiestas las detesto;

se me han vuelto una carga

que no soporto más.

15Cuando extienden las manos,

cierro los ojos;

aunque multipliquen las plegarias,

no los escucharé.

Sus manos están llenas de sangre.

16Lávense, purifíquense,

aparten de mi vista

sus malas acciones.

Cesen de obrar mal,

17aprendan a obrar bien;

busquen el derecho,

socorran al oprimido;

defiendan al huérfano,

protejan a la viuda.

18Entonces, vengan, y discutamos

–dice el Señor–.

Aunque sus pecados sean

como el rojo más vivo,

se volverán blancos como nieve;

aunque sean rojos como escarlata,

quedarán como lana.

19Si saben obedecer,

comerán lo sabroso de la tierra;

20si rehúsan y se rebelan,

la espada los comerá.

Lo ha dicho el Señor.

 

La ciudad infiel

(Jr 23; Ez 16; Os 2)

21¡Cómo se ha prostituido

la Ciudad Fiel!

Antes llena de derecho,

morada de justicia;

ahora no hay más que criminales.

22Tu plata se ha vuelto basura,

tu vino está aguado,

23tus jefes son bandidos,

socios de ladrones:

todos amigos de sobornos,

en busca de regalos.

No defienden al huérfano,

no se encargan

de la causa de la viuda.

24Por eso –oráculo del Señor Todopoderoso, el Fuerte de Israel–:

me vengaré de mis enemigos,

me desquitaré de mis adversarios.

25Volveré mi mano contra ti:

para limpiarte

de tus impurezas en el crisol

y eliminar todos tus desechos;

26te daré jueces como los antiguos,

consejeros como los de antes:

entonces te llamarás

Ciudad Justa, Ciudad Fiel.

27Sión será redimida con el derecho,

los repatriados con la justicia.

28Vendrá la ruina

para rebeldes y pecadores juntos,

los que abandonan al Señor

perecerán.

 

Contra los cultos idolátricos

(17,9-11; 27,11; 47,14)

29Ustedes se avergonzarán

de las encinas que amaban,

se sonrojarán

de los jardines que elegían.

30Serán como encina de hojas secas,

como jardín sin agua.

31El poderoso será un trapo,

su obra será la chispa:

arderán los dos juntos

y no habrá quien los apague.

 

Sión, centro del reino escatológico

(66,18-24; Miq 4,1-3; Zac 8,20-23; Sal 76; 87)

2 1Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén:

2Al final de los tiempos

estará firme el monte

de la casa del Señor,

sobresaliendo entre los montes,

encumbrado sobre las montañas.

Hacia él confluirán las naciones,

3caminarán pueblos numerosos.

Dirán: Vengan, subamos

al monte del Señor,

a la casa del Dios de Jacob:

él nos instruirá en sus caminos

y marcharemos por sus sendas,

porque de Sión saldrá la ley;

de Jerusalén, la Palabra del Señor.

4Será el árbitro entre las naciones,

el juez de pueblos numerosos.

De las espadas forjarán arados;

de las lanzas, hoces.

No alzará la espada

pueblo contra pueblo,

ya no se adiestrarán para la guerra.

5Casa de Jacob, ven,

caminemos a la luz del Señor.

 

Teofanía y juicio de Dios

6Has desechado a tu pueblo,

a la casa de Jacob,

porque está llena

de adivinos de oriente,

de astrólogos filisteos,

y han pactado con extraños.

7Su país está lleno de plata y oro,

y sus tesoros no tienen número;

su país está lleno de caballos,

y sus carros no tienen número;

8su país está lleno de ídolos,

y se postran

ante las obras de sus manos,

hechas con sus dedos.

9Pero el mortal será doblegado,

será humillado el hombre

y no podrá levantarse.

10Métete entre las rocas,

escóndete en el polvo,

ante el Señor terrible,

ante su majestad sublime.

11Los ojos orgullosos serán humillados,

será doblegada

la arrogancia humana;

sólo el Señor

será ensalzado aqueldía,

12que es el día del Señor Todopoderoso:

contra todo lo orgulloso y arrogante,

contra todo lo alto y engreído,

13contra todos los cedros del Líbano,

contra todas las encinas de Basán,

14contra todos los montes elevados,

contra todas las colinas encumbradas,

15contra todas las altas torres,

contra todas las murallas fortificadas,

16contra todas las naves de Tarsis,

contra todos los navíos opulentos:

17será doblegado el orgullo del hombre,

será humillada la arrogancia humana;

sólo el Señor será ensalzado aquel día,

18y todos los ídolos desaparecerán.

19Métanse en las cuevas de las rocas,

en las grietas de la tierra,

ante el Señor terrible,

ante su majestad sublime,

cuando él se levante

para llenar la tierra de espanto.

20Aquel día el hombre arrojará

sus ídolos de plata; sus ídolos de oro

–que se hizo para postrarse ante ellos–,

a los ratones y a los murciélagos;

21y se meterá en huecos de las rocas

y en las hendiduras de las piedras.

Ante el Señor terrible,

ante su majestad sublime,

cuando se levante

llenando la tierra de espanto.

22Dejen de confiar en el hombre

que solo tiene

un soplo de vida en la nariz:

¿Para qué estimarlo tanto?

 

Anarquía en Jerusalén

(59,9-15; Ez 22)

3 1Miren que el Señor Todopoderoso

aparta de Jerusalén y de Judá

toda clase de sustento:

todo sustento de pan,

todo sustento de agua;

2capitán y soldado, juez y profeta,

adivino y anciano;

3jefe de batallón y notable,

consejero, artesano y mago

y experto en encantamientos.

4Nombraré jefes a muchachos,

los gobernarán niños.

5Se atacará la gente, unos a otros,

un hombre a su prójimo;

se amotinarán

muchachos contra ancianos,

plebeyos contra nobles.

6Un hombre agarrará a su hermano

en la casa paterna y le dirá:

Tienes un manto, sé nuestro jefe,

toma el mando de esta ruina.

7El otro protestará ese día:

No soy médico,

y en mi casa no hay pan

ni tengo manto:

no me nombren jefe del pueblo.

8Se desmorona Jerusalén,

Judá se derrumba:

porque hablaban

y actuaban contra el Señor,

rebelándose en presencia de su gloria.

9Su descaro testimonia contra ellos,

alardean de sus pecados

como Sodoma, no los ocultan:

¡ay de ellos,

que se acarrean su desgracia!

10¡Dichoso el justo: le irá bien,

comerá el fruto de sus acciones!

11¡Ay del malvado: le irá mal,

le darán la paga de sus obras!

12Pueblo mío,

a quien un niño pequeño lo tiraniza

y mujeres lo gobiernan:

pueblo mío, tus guías te extravían,

borran el trazado de tus sendas.

13El Señor se levanta a juzgar,

de pie va a sentenciar a su pueblo.

14El Señor viene a entablar un pleito

con los jefes y príncipes de su pueblo.

Ustedes han arrasado las viñas,

tienen en casa lo robado al pobre.

15¿Qué es eso?

¿Con qué derecho

aplastan a mi pueblo,

y pisotean la cara de los pobres?

–oráculo del Señor Todopoderoso–.

 

Contra el lujo femenino

(32,9-14; Am 4,1-3)

16Dice el Señor:

Porque se envanecen

las mujeres de Sión,

andan con el cuello estirado

provocando con la mirada,

caminan con pasos cortos

haciendo sonar

las pulseras de los pies:

17Por eso el Señor cubrirá de sarna

la cabeza de las mujeres de Sión,

el Señor desnudará sus vergüenzas.

18Aquel día

arrancará el Señor sus adornos:

pulseras de los pies,

diademas, medias lunas,

19pendientes, brazaletes, velos,

20pañuelos, cadenillas, cinturones,

frascos de perfume, amuletos,

21sortijas y anillos de nariz,

22trajes, mantos, chales, bolsos,

23vestidos de gasa y de lino,

turbantes y mantillas.

24Y tendrán:

en vez de perfume, podredumbre;

en vez de cinturón, soga;

en vez de rizos, calvicie;

en vez de sedas, un sayal;

en vez de belleza, cicatriz.

25Tus hombres caerán a espada;

tus soldados, en la guerra;

26gemirán y harán luto tus puertas,

asolada te sentarás en el suelo.

 

Las viudas de Jerusalén

4 1Aquel día, siete mujeres

agarrarán a un sólo hombre,

diciéndole:

Comeremos de nuestro pan,

nos vestiremos con nuestra ropa;

danos sólo tu apellido,

quita nuestra deshonra.

2Aquel día, el retoño del Señor

será joya y gloria,

y el fruto del país, honor y ornamento

para los sobrevivientes de Israel.

3A los que queden en Sión,

a los restantes en Jerusalén,

los llamarán santos: los inscritos

en Jerusalén entre los vivos.

4Cuando lave el Señor la suciedad

de las mujeres de Sión

y limpie la sangre

dentro de Jerusalén,

con un viento justiciero,

con un soplo abrasador,

5creará el Señor en todo el recinto

del Monte Sión y su asamblea

una nube de día, un humo brillante,

un fuego llameante de noche.

Toldo y tabernáculo cubrirán su gloria:

6de día serán sombra contra el calor,

reparo en el aguacero,

refugio en la tempestad.

 

Canto a la viña

(Os 10,1-8; Sal 80)

5 1Voy a cantar

en nombre de mi amigo

un canto de amor a su viña:

Mi amigo tenía una viña

en fértil terreno.

2Removió la tierra,

la limpió de piedras

y plantó buenas cepas;

construyó en medio una torre

y cavó un lagar.

Y esperó que diera uvas,

pero dio frutos agrios.

3Y ahora, habitantes de Jerusalén,

hombres de Judá,

por favor, sean ustedes los jueces

entre mi viña y yo.

4¿Qué más podía hacer por mi viña

que yo no lo haya hecho?

¿Por qué, esperando que diera uvas,

dio frutos agrios?

5Y ahora les diré a ustedes

lo que voy a hacer con mi viña:

quitar su valla

para que sirva de pasto,

derruir su cerca para que la pisoteen.

6La dejaré arrasada:

no la podarán ni la limpiarán,

crecerán zarzas y cardos;

prohibiré a las nubes

que lluevan sobre ella.

7La viña del Señor Todopoderoso

es la casa de Israel,

son los hombres de Judá

su plantación preferida.

Él esperó de ellos derecho,

y ahí tienen: asesinatos;

esperó justicia,

y ahí tienen: lamentos.

 

Amenazas contra los malvados

(Am 5,7-17; 6,1-11; Hab 2,6-20)

8¡Ay de los que añaden casas a casas

y juntan campos con campos,

hasta no dejar sitio,

y vivir ellos solos en medio del país!

9Soy testigo:

lo ha jurado el Señor Todopoderoso:

Sus muchas casas serán arrasadas,

sus palacios magníficos

quedarán deshabitados,

17pastarán corderos

como en praderas propias,

chivos cebados comerán en sus ruinas,

10diez cuadras de viña

no darán más que un tonel,

y una carga de semilla

dará solo una canasta.

11¡Ay de los que madrugan

en busca de licores,

y hasta el crepúsculo

los enciende el vino!

12Todo son cítaras y arpas,

panderetas y flautas

y vino en sus banquetes,

y no atienden a la actividad de Dios

ni se fijan en la obra de su mano.

13Y así mi pueblo, inconsciente,

va deportado;

sus nobles mueren de hambre,

y el pueblo se quema de sed.

14El abismo ensancha sus fauces,

dilata la boca sin medida:

allá bajan los nobles y el pueblo,

su tumulto y sus festejos.

15Será doblegado el mortal,

será humillado el hombre,

los ojos arrogantes serán humillados.

16El Señor Todopoderoso

será exaltado al juzgar,

el Dios santo mostrará

su santidad en la sentencia.

18¡Ay de los que arrastran a sí la culpa

con cuerdas de bueyes,

y el pecado con sogas de carretas!

19Los que dicen:

Que se dé prisa,

que apresure su obra,

para que la veamos;

que se cumpla en seguida

el plan del Santo de Israel,

para que lo comprobemos.

20¡Ay de los que llaman al mal bien

y al bien mal,

que tienen las tinieblas por luz

y la luz por tinieblas,

que tienen lo amargo por dulce

y lo dulce por amargo!

21¡Ay de los que se tienen por sabios

y se creen inteligentes!

22¡Ay de los valientes para beber vino

y campeones para mezclar licores;

23de los que por soborno

absuelven al culpable

y niegan justicia al inocente!

24Por eso, como la lengua de fuego

devora el rastrojo

y la paja se consume en la llama,

su raíz se pudrirá,

sus brotes volarán como polvo.

Porque rechazaron la ley

del Señor Todopoderoso

y despreciaron la Palabra

del Santo de Israel.

25Por eso se enciende

la ira del Señor contra su pueblo

y extiende la mano para herirlo.

Tiemblan los montes,

yacen los cadáveres

como basura por las calles.

     Y con todo eso no se aplaca su ira,

     sigue extendida su mano.

 

Invasión asiria

(8,5-8; 10,28-32)

26Izará una bandera

para un pueblo remoto,

silbará hacia el confín de la tierra:

mírenlo llegar veloz y ligero.

27Nadie se cansa, nadie tropieza,

no se acuesta, no se duerme,

no se desprende

el cinturón de los lomos,

no se desata

la correa de las sandalias.

28Sus flechas están afiladas

y todos los arcos tensos;

los cascos de sus caballos

son como de piedra

y las ruedas, como torbellinos.

29Su rugido es de león,

ruge como los cachorros,

gruñe y atrapa la presa,

la retiene, y nadie se la arranca.

30Aquel día bramará contra él

como brama el mar.

Mira a la tierra en espesas tinieblas,

nubarrones oscurecen la luz.

 

Vocación de Isaías

(Éx 3s; Jue 6,12-24; Jr 1; Ez 2; Sal 99)

6 1El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: el borde de su manto llenaba el templo. 2Por encima de él había serafines erguidos, con seis alas cada uno: con dos alas se cubrían el rostro, con dos alas se cubrían el cuerpo, con dos alas volaban. 3Y se gritaban el uno al otro: ¡Santo, santo, santo, el Señor Todopoderoso, la tierra está llena de su gloria! 4Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. 5Yo dije:

¡Ay de mí, estoy perdido!

Yo, hombre de labios impuros

que habito en medio

de un pueblo de labios impuros,

he visto con mis ojos al Rey

y Señor Todopoderoso.

6Y voló hacia mí uno de los serafines con un carbón encendido en la mano, que había retirado del altar con unas tenazas; 7lo aplicó a mi boca y me dijo:

Mira: esto ha tocado tus labios,

ha desaparecido tu culpa,

está perdonado tu pecado.

8Entonces escuché la voz del Señor,

que decía:

–¿A quién mandaré?,

¿quién irá de nuestra parte?

Contesté:

–Aquí estoy, mándame.

9Él replicó:

–Anda y dile a ese pueblo:

Escuchen con sus oídos,

pero sin entender;

miren con sus ojos,

pero sin comprender.

10Entorpece el corazón

de ese pueblo,

endurece su oído, ciega sus ojos:

que sus ojos no vean,

que sus oídos no oigan,

que su corazón no entienda,

que no se convierta y sane.

11Pregunté:

–¿Hasta cuándo, Señor?

Y me contestó:

–Hasta que se desmoronen las ciudades despobladas y las casas deshabitadas, y queden los campos desolados. 12Porque el Señor alejará a los hombres, y crecerá el abandono en el país. 13Y aunque queden en él uno de cada diez, de nuevo será barrido; como la encina o el roble que, al cortarlos, sólo dejan un tronco. Este tronco será semilla santa.

 

LIBRO DE EMANUEL

 

Primer aviso a Acaz

(8,9s; 14,24-27)

7 1Reinaba en Judá Acaz, hijo de Yotán, hijo de Ozías. Rasín, rey de Damasco, y Pécaj, hijo de Romelías, rey de Israel, subieron a Jerusalén para atacarla; pero no lograron conquistarla.

2Llegó la noticia al heredero de David:

–Los sirios acampan en Efraín.

Y se agitó su corazón y el del pueblo como se agitan los árboles del bosque con el viento.

3Entonces el Señor dijo a Isaías:

–Ve al encuentro de Acaz, con tu hijo Sear Yasub, hacia el extremo del canal del Estanque de Arriba, junto al camino del campo del Tintorero, 4y le dirás:

¡Vigilancia y calma!

No temas, no te acobardes,

ante esos dos cabos

de tizones humeantes.

5Aunque Siria

trame tu ruina diciendo:

6Subamos contra Judá, sitiémosla,

abramos brecha en ella

y nombraremos en ella rey

al hijo de Tabeel.

7Así dice el Señor:

No se cumplirá ni sucederá:

8aDamasco es capital de Siria,

y Rasín, capitán de Damasco;

9aSamaría es capital de Efraín,

y el hijo de Romelías,

capitán de Samaría.

8bDentro de sesenta y cinco años,

Efraín, destruido,

dejará de ser pueblo.

9bSi ustedes no creen, no subsistirán.

 

Segundo aviso:

el signo de Emanuel

(Jue 13; 16; Mt 1,23)

10El Señor volvió a hablar a Acaz:

11–Pide una señal al Señor, tu Dios; en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.

12Respondió Acaz:

–No la pido, no quiero tentar al Señor.

13Entonces dijo Dios:

–Escucha, heredero de David:

¿No les basta cansar a los hombres, que cansan incluso a mi Dios? 14Por eso el Señor mismo les dará una señal:

Miren: la joven está embarazada

y dará a luz un hijo,

y le pondrá por nombre Emanuel.

15Comerá leche cuajada con miel,

hasta que aprenda

a rechazar el mal

y a escoger el bien.

16Porque antes que aprenda el niño

a rechazar el mal

y escoger el bien,

quedará abandonada la tierra

de los dos reyes que te hacen temer.

17El Señor hará venir sobre ti, sobre tu pueblo, sobre tu dinastía días como no se conocieron desde que Efraín se separó de Judá.

 

Invasión asiria

(5,26-30)

18Aquel día

les silbará el Señor a los tábanos

del confín del delta de Egipto

y a las abejas del país de Asiria,

19y vendrán y se posarán en masa

en las honduras de las quebradas,

en las hendiduras de las rocas,

en todo matorral,

en todo bebedero.

20Aquel día le afeitará el Señor

con navaja alquilada

al otro lado del Éufrates

la cabeza y el pelo de sus partes,

y le rapará la barba.

21Aquel día cada uno mantendrá

una novilla y dos ovejas,

22y como abundará la leche,

comerán leche cuajada;

sí, comerán leche cuajada y miel

los que queden en el país.

23Aquel día,

un viñedo de mil cepas

de mil monedas de valor

producirá zarzas y cardos.

24Entrarán por él con arcos y flechas,

porque todo el país

será zarzas y cardos;

25en las laderas cultivadas con azadón

no entrarás por miedo

a las zarzas y cardos;

serán pasto de vacas,

pisoteado por ovejas.

 

El hijo de Isaías

8 1El Señor me dijo:

–Toma una tabla grande, y escribe con caracteres ordinarios: Pronto-al-saqueo, Rápido-al-botín.

2Entonces yo tomé dos testigos fieles: Urías, sacerdote, y Zacarías, hijo de Baraquías.

3Me acerqué a la profetisa; ella concibió y dio a luz un hijo. El Señor me dijo:

4–Ponle por nombre Pronto-al-saqueo, Rápido-al-botín. Porque antes que el niño aprenda a decir papá, mamá, las riquezas de Damasco y el despojo de Samaría serán llevados a presencia del rey de Asiria.

 

Invasión

(5,26-30; Jr 1,13-16)

     5El Señor volvió a dirigirme la palabra:

6Ya que ese pueblo ha despreciado

el agua de Siloé, que corre mansa,

por la arrogancia de Rasín

y del hijo de Romelías,

7sepan que el Señor

hará que los sumerjan

las aguas del Éufrates,

torrenciales e impetuosas:

–el rey de Asiria,

con todo su ejército–

rebasan las orillas,

desbordan las riberas,

8invaden Judá, lo inundan,

crecen y alcanzan hasta el cuello.

Y se desplegarán sus alas

hasta cubrir la anchura de tu tierra,

¡oh Emanuel!

 

Liberación

(14,24-27)

9Sean crueles, pueblos,

que saldrán derrotados,

escúchenlo, países lejanos:

ármense, que saldrán derrotados,

ármense, que saldrán derrotados;

10hagan planes, que fracasarán;

pronuncien amenazas,

que no se cumplirán,

porque tenemos a Emanuel.

 

El Señor, piedra de tropiezo

11Así me dijo el Señor, mientras su mano me agarraba y me amonestaba para que no siguiera el camino de este pueblo:

12–No llamen aliados

a los que ese pueblo llama aliados,

no los aterre ni los atemorice

lo que él teme;

13al Señor Todopoderoso

llámenlo Santo,

que sólo él les infunda temor;

que sólo él los haga temblar,

14él será piedra para tropezar

y roca para despeñarse

para las dos casas de Israel,

será lazo y trampa

para los habitantes de Jerusalén:

15muchos tropezarán en ella,

caerán, se destrozarán,

se enredarán y quedarán atrapados.

 

Dios esconde su rostro

(1 Sm 28)

16Guardo selladas las instrucciones

que garantizan mis discípulos,

17y aguardo al Señor,

que oculta su rostro

a la casa de Jacob, y espero en él.

18Aquí estoy yo con mis hijos

–los que me dio el Señor–

como signos y presagios para Israel

de parte del Señor Todopoderoso,

que habita en el Monte Sión.

19Seguramente les dirán:

Consulten a los espíritus y adivinos,

que susurran y musitan:

¿No consulta un pueblo a sus dioses,

y a los muertos acerca de los vivos?

20Seguro que les hablarán así.

 

Días oscuros

21Pasará por allí,

agobiado y hambriento,

y rabioso de hambre

maldecirá a su rey y a su Dios.

Volverá la cabeza a lo alto

22y mirará a la tierra:

todo es aprieto

y oscuridad sin salida,

angustia y tinieblas densas,

sin aurora;

23ano habrá salida

para la angustiada.

 

Profecía mesiánica

(2 Sm 7,8-16; Miq 5,1-3)

23bSi en otro tiempo humilló el país de Zabulón, y el país de Neftalí, en un futuro ensalzará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la región de los paganos.

 

9 1El pueblo que caminaba a oscuras vio una luz intensa,

los que habitaban un país de sombras se inundaron de luz.

2Has acrecentado la alegría,

has aumentado el gozo:

gozan en tu presencia,

como se goza en la cosecha,

como se alegran

los que se reparten el botín.

3Porque la vara del opresor,

el yugo de sus cargas,

su bastón de mando

los trituraste como el día de Madián.

4Porque la bota

que pisa con estrépito

y la capa empapada en sangre

serán combustible, pasto del fuego.

5Porque un niño nos ha nacido,

nos han traído un hijo:

lleva el cetro del principado

y se llama Consejero maravilloso,

Guerrero divino,

Jefe perpetuo, Príncipe de la paz.

6Su glorioso principado y la paz

no tendrán fin,

en el trono de David y en su reino;

se mantendrá y consolidará

con la justicia y el derecho,

desde ahora y por siempre.

El celo del Señor Todopoderoso

lo realizará.

 

La ira del Señor

(Jr 5; Am 4,6-12)

7El Señor ha lanzado

una amenaza contra Jacob,

ha alcanzado a Israel;

8la entenderá el pueblo entero,

Efraín y los jefes de Samaría,

que van diciendo

con soberbia y presunción:

9¿Se cayeron los ladrillos?,

reconstruiremos con piedras talladas;

¿se derrumbó

el maderamen de sicómoro?,

lo reemplazaremos con cedro.

10El Señor incitará

contra ellos al enemigo

y provocará a sus adversarios:

11por delante Damasco,

por la espalda los filisteos

devorarán a Israel a boca llena.

     Y, con todo, no se aplaca su ira,

     sigue extendida su mano.

12Pero el pueblo no se ha vuelto

al que lo hería, no ha buscado

al Señor Todopoderoso.

13El Señor cortará a Israel

cabeza y cola,

palma y junco en un solo día.

14El anciano honorable es la cabeza,

el profeta embaucador es la cola.

15Los que guían a ese pueblo

lo extravían,

los que se dejan guiar

son aniquilados.

16Por eso el Señor

no perdona a los jóvenes,

no se compadece

de huérfanos y viudas;

porque todos son impíos y malvados

y toda boca profiere infamias.

     Y, con todo, no se aplaca su ira,

     sigue extendida su mano.

17Sí, la maldad

está ardiendo como fuego

que consume zarzas y cardos,

prende en la espesura del bosque,

y el humo se alza en torbellinos.

18a Con la ira del Señor arde el país,

y el pueblo es pasto del fuego:

19b uno devora la carne de su prójimo

18b y ninguno perdona a su hermano;

19a destroza a la derecha,

y sigue con hambre,

devora a izquierda, y no se sacia.

20Manasés contra Efraín,

Efraín contra Manasés,

juntos los dos contra Judá.

21Y, con todo, no se aplaca su ira,

     sigue extendida su mano.

 

Malaventura

(5,8-23)

10 1¡Ay de los que decretan

leyes injustas,

de los notarios

que registran vejaciones,

2que dejan sin defensa

al desamparado

y niegan sus derechos

a los pobres de mi pueblo,

que hacen su presa de las viudas

y saquean a los huérfanos!

3¿Qué harán el día de la cuenta,

cuando la tormenta lejana

se eche encima?

¿A quién acudirán buscando auxilio

y dónde depositarán su fortuna,

4para no ir encorvados

con los prisioneros

y no caer con los asesinados?

     Y, con todo, no se aplaca su ira,

     sigue extendida su mano.

 

Asiria, instrumento de Dios

(Jr 25,1-14; 51,20-24)

5¡Ay Asiria, vara de mi ira,

bastón de mi furor!

6Contra una nación impía lo despaché,

lo mandé contra el pueblo

de mi cólera,

para que entrase a saquear

y lo despojase

y lo pisase como barro de la calle.

7Pero él no pensaba así,

no eran ésos sus cálculos;

su propósito era aniquilar,

exterminar no pocas naciones.

8Decía:

¿No son todos mis ministros reyes?

9¿No fue Calno como Cárquemis?

¿No fue Jamat como Arpad?

¿No fue Samaría como Damasco?

10Como mi mano se apoderó

de reinos insignificantes

y de sus imágenes…

11Lo que hice con Samaría

y sus imágenes,

¿no lo voy a hacer con Jerusalén

y sus ídolos?

12–Cuando termine el Señor

toda su tarea en el monte Sión

y en Jerusalén,

exigirá cuentas de sus conquistas

a su orgullo,

a la arrogancia altanera de sus ojos–.

13Él decía:

Con la fuerza de mi mano

lo he hecho,

con mi talento,

porque soy inteligente.

Cambié las fronteras de las naciones,

saqueé sus tesoros

y derribé como un héroe

a los jefes de sus sitiales.

14Mi mano tomó, como un nido,

las riquezas de los pueblos;

como quien recoge

huevos abandonados,

agarré toda la tierra,

y no hubo quien batiese las alas,

quien abriese el pico para piar.

15–¿Cómo?, ¿se envanece el hacha

contra el leñador?,

¿se gloría la sierra

contra quien la maneja?

Como si el bastón manejase

a quien lo levanta,

como si la vara alzase

a quien no es leño.

16Por eso, el Señor Todopoderoso

meterá debilidad en su gordura,

y debajo del hígado

le encenderá una fiebre

como un fuego abrasador.

 

El resto de Israel

17La Luz de Israel

se convertirá en fuego,

su Santo en una llama

que arderá y devorará

sus zarzas y cardos en un solo día.

18El esplendor de su bosque

y de su huerto lo consumirá Dios

de médula a corteza,

será como un enfermo que se apaga;

19y quedarán tan pocos árboles

de su bosque,

que un niño podrá contarlos.

20Aquel día, el resto de Israel,

los supervivientes de Jacob,

no volverán a apoyarse en su agresor,

sino que se apoyarán sinceramente

en el Señor, el Santo de Israel.

21Un resto volverá, un resto de Jacob,

al guerrero divino:

22aunque fuera tu pueblo, Israel,

como arena del mar,

sólo un resto volverá a él;

la destrucción decretada

rebosa justicia.

23El Señor va a cumplir

en medio de la tierra

la destrucción decretada.

 

Oráculo de liberación

24Por eso,

así dice el Señor Todopoderoso:

Pueblo mío, que habitas en Sión,

no temas a Asiria,

aunque te hiera con la vara

y alce su bastón contra ti,

a la manera egipcia;

25porque dentro de muy poco

la ira se acabará

y mi furor los aniquilará.

26El Señor Todopoderoso

sacudirá contra ellos su látigo,

como cuando hirió a Madián

en Sur Oreb,

como cuando alzó su bastón

contra el mar, en el camino de Egipto.

27Aquel día su carga

resbalará de tu hombro,

arrancarán su yugo de tu cuello.

 

Avance asirio y derrota

(Miq 1,10-16)

28Sube del lado de Rimón,

llega hasta Ayat,

atraviesa Migrón,

revisa las armas en Micmás.

29Desfilan por el desfiladero,

hacen noche en Guibeá;

alarmada está Ramá,

Guibeá de Saúl ha huido.

30Clama a voces, Villa de Galín;

escúchala, Lais;

contesta, Anatot.

31Madmená va desbandada,

los vecinos de Guebín buscan refugio.

32Hoy mismo hace alto en Nob,

y ya agita la mano

contra el monte Sión,

la colina de Jerusalén.

 

Paz mesiánica

(9; 30,18-26; 65,16-25; Sal 72)

33Miren, el Señor Todopoderoso

desgaja con violencia el ramaje,

son talados los árboles más elevados,

los más altos se desploman;

34es cortada a hachazos

la espesura del bosque

y a manos del Poderoso

el Líbano va cayendo.

 

11 1Pero retoñará el tocón de Jesé,

de su cepa brotará un vástago

2sobre el cual se posará

el Espíritu del Señor:

espíritu de sensatez e inteligencia,

espíritu de valor y de prudencia,

espíritu de conocimiento

y respeto del Señor.

3Lo inspirará el respeto del Señor.

No juzgará por apariencias

ni sentenciará sólo de oídas;

4juzgará con justicia a los desvalidos,

sentenciará con rectitud

a los oprimidos;

ejecutará al violento

con el cetro de su sentencia

y con su aliento

dará muerte al culpable.

5Se terciará como banda la justicia

y se ceñirá como fajín la verdad.

6Entonces el lobo y el cordero

irán juntos, y la pantera

se tumbará con el cabrito,

el novillo y el león engordarán juntos;

un chiquillo los pastorea;

7la vaca pastará con el oso,

sus crías se tumbarán juntas,

el león comerá paja como el buey.

8El niño jugará en agujero de la cobra,

la criatura meterá la mano

en el escondrijo de la serpiente.

9No harán daño ni estrago

por todo mi Monte Santo,

porque se llenará el país

de conocimiento del Señor,

como colman las aguas el mar.

 

Retorno de los desterrados

(35; Ez 37,15-28)

10Aquel día la raíz de Jesé

se levantará como una bandera

para los pueblos:

a ella acudirán las naciones

y será gloriosa su morada.

11Aquel día el Señor

tenderá otra vez su mano

para rescatar al resto de su pueblo:

a los que queden en Asiria

y Egipto y en Patros,

en Nubia y en Elam,

en Senaar y en Jamat y en las islas.

12Izará una bandera ante las naciones

para reunir a los israelitas desterrados

y congregar a los judíos dispersos

de los cuatro extremos del orbe.

13Cesará la envidia de Efraín

y se acabará el rencor de Judá:

Efraín no envidiará a Judá,

Judá no tendrá rencor a Efraín.

14Se lanzarán sobre la espalda

de los filisteos a occidente

y unidos despojarán

a las tribus de oriente;

Edom y Moab caerán en sus manos

y los amonitas se les someterán.

15El Señor secará

el golfo del mar de Egipto,

haciendo señas con la mano

a su viento abrasador,

y lo herirá en sus siete canales,

que se pasarán en sandalias.

16Y habrá una calzada

para el resto de su pueblo

que quede en Asiria,

como la tuvo Israel

cuando subió de Egipto.

 

Himno

(Sal 98)

12 1Aquel día recitarás:

Te doy gracias, Señor,

porque estabas irritado contra mí,

pero ha cesado tu ira

y me has consolado.

2Siendo Dios mi salvador,

confío y no temo

porque mi fuerza y poder es el Señor,

él fue mi salvación.

3Sacarán agua con gozo

del manantial de la salvación.

4Aquel día, recitarán:

Den gracias al Señor,

invoquen su Nombre,

cuenten a los pueblos

sus hazañas,

proclamen que su Nombre

es sublime.

5Canten al Señor,

que hizo proezas,

que las conozca toda la tierra;

6grita jubilosa, Sión, la princesa,

que es grande en medio de ti

el Santo de Israel.

 

ORÁCULOS CONTRA LAS NACIONES

(21; Jr 50s)

 

Contra Babilonia

13 1Oráculo contra Babilonia que Isaías hijo de Amós recibió en una visión.

2Sobre un monte pelado

levanten la bandera,

grítenles con fuerza

agitando la mano,

para que entren

por las puertas de los príncipes.

3Yo he dado órdenes

a mis consagrados,

he reclutado a mis guerreros,

entusiastas de mi honor,

para ejecutar mi ira.

4Escuchen: tumulto en los montes,

como de un gran ejército,

escuchen: estruendo de reinos,

de naciones aliadas;

el Señor Todopoderoso

revisa su ejército para el combate.

5Van llegando de tierra lejana,

del confín del cielo:

el Señor con las armas de su ira,

para arrasar la tierra entera.

6Den alaridos, que está cerca

el día del Señor

y llegará como azote

del Todopoderoso;

7por eso los brazos desfallecerán

y se desmayarán

los corazones humanos;

8espasmos y angustias

los agarrarán, se turbarán

y se retorcerán como parturientas.

Se mirarán espantados unos a otros:

rostros febriles, sus rostros.

9Miren, llega implacable

el día del Señor,

su cólera y el estallido de su ira,

para dejar la tierra desolada

exterminando de ella

a los pecadores.

10Las estrellas del cielo

y las constelaciones

no destellan su luz,

se entenebrece el sol al salir,

la luna no irradia su luz.

11Tomaré cuentas

al mundo de su maldad,

a los perversos de sus crímenes;

terminaré con la soberbia

de los insolentes

y el orgullo de los tiranos

lo humillaré.

12Haré que los hombres

escaseen más que el oro,

y los mortales,

más que el metal de Ofir.

13Porque sacudiré el cielo

y temblará la tierra en su asiento

por la cólera

del Señor Todopoderoso,

el día que estalle su ira.

14Entonces, como cierva acosada

o como rebaño que nadie congrega,

volverán unos a su pueblo,

huirán otros a su tierra;

15el que es atrapado,

muere atravesado,

el que es capturado cae a espada;

16sus niños son estrellados

ante sus ojos,

sus casas saqueadas,

sus mujeres violadas.

17Miren: yo incito contra ellos

a los medos,

que no aprecian la plata

ni les importa el oro;

18sus arcos acribillan a los jóvenes,

no perdonan a los niños,

no se apiadan de las criaturas.

19Quedará Babilonia,

la perla de los reinos,

joya y orgullo de los caldeos,

como Sodoma y Gomorra

cuando Dios las arrasó;

20jamás la habitarán,

nunca más será poblada;

el beduino no acampará allí

ni los pastores

apacentarán sus rebaños;

21allí se apacentarán las fieras,

sus casas se llenarán de búhos,

morarán allí avestruces

y brincarán chivos allí;

22aullarán hienas en sus mansiones

y chacales en sus lujosos palacios.

Está a punto de llegar su hora,

no serán prolongados sus días.

 

Vuelta del destierro

14 1Sí, el Señor

se apiadará de Jacob,

volverá a escoger a Israel

y a establecerlo en su patria;

los extranjeros se asociarán a ellos

y se incorporarán

a la casa de Jacob.

2Las poblaciones los irán recogiendo

para llevarlos a su lugar;

la casa de Israel los poseerá,

como siervos y siervas,

en la tierra del Señor.

Harán cautivos a sus cautivadores,

dominarán a sus opresores.

3Cuando el Señor te dé reposo

de tus penas y temores,

y de la dura esclavitud

en que serviste,

4entonarás esta sátira

contra el rey de Babilonia:

 

Sátira contra el rey de Babilonia

(Ez 28; 32)

¡Cómo ha acabado el tirano,

ha cesado su agitación!

5Ha quebrado el Señor

el cetro de los malvados,

la vara de los dominadores,

6al que golpeaba furioso a los pueblos

con golpes incesantes

y oprimía con furia a las naciones

con opresión implacable.

7La tierra entera descansa tranquila,

gritando de júbilo.

8Hasta los cipreses

se alegran de tu suerte

y los cedros del Líbano:

Desde que yaces tendido,

ya no sube el talador contra nosotros.

9El abismo en lo hondo

se estremece por ti,

al salir a tu encuentro:

en tu honor despierta a las sombras,

a todos los potentados de la tierra

y levanta de su trono

a todos los reyes de las naciones,

10y te cantan a coro diciendo:

¡También tú consumido

como nosotros, igual que nosotros,

11tu majestad

ha sido precipitada al abismo

junto con el sonido de tus arpas!

La cama en que yaces son gusanos;

tu manta, lombrices.

12¿Cómo has caído del cielo,

lucero de la aurora,

y estás derrumbado por tierra,

agresor de naciones?

13Tú, que te decías:

Escalaré los cielos,

encima de los astros divinos

levantaré mi trono

y me sentaré

en el Monte de la Asamblea,

en el vértice de la montaña celeste;

14escalaré la cumbre de las nubes,

me igualaré al Altísimo.

15¡Ay, abatido al abismo,

a las profundidades de la fosa!

16Los que te ven

se te quedan mirando,

meditan tu suerte:

¿Es éste el que hacía temblar la tierra

y estremecerse los reinos,

17el que dejaba el mundo desierto,

arrasaba sus ciudades

y no soltaba a sus prisioneros?

18Todos los reyes de las naciones

descienden a sepulcros de piedra,

todos reposan con gloria,

cada cual en su mausoleo;

19a ti, en cambio,

te han arrojado sin darte sepultura,

como carroña asquerosa;

te han cubierto de muertos

traspasados a espada,

como a cadáver pisoteado.

20No te juntarás a ellos en el sepulcro

porque arruinaste tu país,

asesinaste a tu pueblo;

se extinguirá para siempre

el apellido del malvado.

21Preparen la matanza de sus hijos,

por la culpa de sus padres,

no sea que se levanten

y se adueñen de la tierra

y cubran el mundo de ruinas.

22Yo me levantaré contra ellos

–oráculo del Señor Todopoderoso–

y extirparé de Babilonia

posteridad y apellido,

retoño y vástago

–oráculo del Señor–;

23la convertiré en posesión de erizos,

en agua estancada,

la barreré bien barrida,

hasta que desaparezca

–oráculo del Señor Todopoderoso–.

 

Contra el rey de Asiria

(10,5-16)

24El Señor Todopoderoso

lo ha jurado:

lo que he planeado sucederá,

lo que he decidido se cumplirá:

25quebrantaré a Asiria en mi país,

la pisotearé en mis montañas;

resbalará de los míos su yugo,

su carga resbalará de sus hombros.

26Éste es plan decidido

sobre toda la tierra,

ésta es la mano extendida

sobre todos los pueblos:

27Y si el Señor Todopoderoso decide,

¿quién lo impedirá?;

si su mano está extendida,

¿quién se la apartará?

 

Contra Filistea

(Jr 47; Ez 25,15-17; Am 1,6-8)

28El año de la muerte del rey Acaz se pronunció este oráculo:

29No te alegres, Filistea entera,

de que se haya quebrado

la vara que te hería;

porque de la raíz de la serpiente

brotará una víbora

y su fruto será un dragón alado,

30b que hará morir de hambre tu raíz

y matará tu resto;

30a mientras que los desvalidos

pastarán en mis praderas

y los pobres se tumbarán tranquilos.

31Gime, puerta; grita, ciudad;

tiembla, Filistea entera,

porque viene del norte

una humareda

en columnas apretadas.

32¿Qué responder

a los mensajeros de esa nación?

–Que el Señor fundó a Sión

y en ella se refugiarán

los oprimidos de su pueblo–.

El luto de Moab

(Jr 48; Ez 25,8-11; Am 2,1-3)

15 1Oráculo contra Moab:

La noche que asolaron Ar,

sucumbió Moab;

la noche que asolaron Quir,

sucumbió Moab.

2La gente de Dibón

sube llorando a las alturas;

por Nebo y Madaba

lanza alaridos Moab,

con las cabezas rapadas

y las barbas afeitadas.

3En las calles, vestidos de sayal,

en plazas y azoteas

todos lanzan alaridos,

deshechos en llanto.

4Se lamentan Jesbón y Elalé,

hasta en Yahas se escucha su clamor;

por eso a Moab

le tiemblan las entrañas,

respira jadeando.

5Mi corazón se lamenta por Moab:

sus fugitivos marchan hacia Soar.

Que por la cuesta de Lujit

suben llorando,

que por la vía de Joronain

lanzan gritos desgarradores,

6que la fuente de Nimrín

se ha secado,

marchito está el césped,

consumida la hierba, falta el verdor.

7Por eso cargan

con riquezas y provisiones

hacia el torrente de los Sauces.

8Que un grito va recorriendo

las fronteras de Moab:

hasta Eglaín llega su grito,

hasta Beer Elim su alarido.

9Que la fuente de Dimón

está llena de sangre.

Reservo nuevas plagas

contra Dimón:

el león contra el resto de Moab,

contra los supervivientes del campo.

 

Los moabitas se refugian en Judá

16 1Envíen carneros

al soberano del país,

desde Petra del desierto al Monte Sión.

2Como pájaros espantados,

nidada dispersa,

irán las muchachas de Moab

por los vados del Arnón.

3Danos consejo, toma una decisión;

extiende tu sombra como la noche,

en pleno mediodía,

esconde a los fugitivos,

no descubras al prófugo.

4Da asilo a los fugitivos de Moab,

sé tú su escondrijo

ante el devastador.

Cuando cese la opresión,

termine la devastación

y desaparezca

el que pisoteaba el país,

5habrá en la tienda de David

un trono fundado en la lealtad

y la verdad:

en él se sentará

un juez celoso del derecho,

y que practique la justicia.

 

Lamentaciones sobre Moab

(25,9-12; Jr 48)

6Nos hemos enterado

de la soberbia de Moab,

una soberbia desmedida;

de su orgullo,

su soberbia y su arrogancia;

¿qué vale su inútil charlatanería?

7Por eso gemirán los moabitas

por Moab, todos gemirán;

por las tortas pasas de Quir Hareset

suspiren de puro afligidos.

8Languidece la campiña de Jesbón,

la viña de Sibmá,

jefes de naciones

aplastaron sus sarmientos:

hasta Jazer llegaban,

serpenteaban por el desierto,

sus retoños se extendían

y cruzaban el mar.

9Por eso lloraré con el llanto de Jazer

por la viña de Sibmá;

los regaré con mis lágrimas,

Jesbón y Elalé.

Que murieron las coplas

de tu vendimia y tu cosecha,

10se retiraron del huerto

el gozo y la alegría;

en las viñas ya no cantan jubilosos,

ya no pisan el vino en el lagar,

las coplas enmudecieron.

11Por eso mis entrañas por Moab

vibran como cítara

y mi pecho por Villa del Alfarero.

12Un día se verá a Moab

fatigarse hacia su santuario,

irá con plegarias a su templo,

pero no le valdrá.

13Tal fue la amenaza que en otro tiempo pronunció el Señor contra Moab; 14pero ahora dice el Señor: Dentro de tres años, años de jornalero, será humillada la nobleza de Moab con toda su numerosa plebe, y los que queden serán pocos, escasos e impotentes.

 

Oráculo contra Damasco

17 1Oráculo contra Damasco:

Miren:

Damasco va a dejar de ser ciudad,

será un montón de escombros.

2Sus pueblos,

abandonados para siempre,

serán para los rebaños,

que se tumbarán

sin que nadie los espante.

3Efraín va a perder su plaza fuerte

y Damasco su poderío,

y al resto de los arameos les sucederá

como a la nobleza de Israel

–oráculo del Señor Todopoderoso–.

4Aquel día la nobleza de Jacob

quedará pobre,

y enflaquecerá la gordura de su cuerpo:

5como cuando el segador

abraza la mies

y su brazo siega las espigas:

como se recogen las espigas

en el valle de Refaín

6y quedan sólo restos olvidados;

como cuando al apalear el olivo

quedan dos o tres aceitunas

en lo alto de la copa,

cuatro o cinco en sus ramas fecundas

–oráculo del Señor, Dios de Israel–.

 

Fin de la idolatría

(Jr 49,23-27; Am 1,3s)

7Aquel día el hombre

se fijará en su Hacedor,

sus ojos mirarán al Santo de Israel;

8y ya no se fijará en los altares,

hechura de sus manos,

ni mirará las piedras conmemorativas

y los postes sagrados

que fabricaron sus dedos.

 

Los jardines de Adonis

(1,29-31)

9Aquel día tus plazas fuertes serán como las que evacuaron los heveos y amorreos ante el avance israelita: quedarán desiertas.

10Porque olvidaste a Dios, tu Salvador,

y no te acordaste

de tu Roca de refugio.

Plantabas plantaciones deliciosas

e injertabas gajos extranjeros:

11el día que lo plantabas

lograbas que germinara

y que floreciese el injerto

a la mañana siguiente;

pero la cosecha se malogra

un día funesto de dolor insanable.

 

La marea de los pueblos

(Ez 38,19-23; Sal 65,7)

12¡Ay!, retumbar de muchedumbres

como retumbar

de aguas que retumban;

bramar de pueblos, como bramar

de aguas impetuosas que braman.

13Él les da un grito, y huyen lejos,

empujados como paja del monte

por el viento,

como la flor del cardo

por el vendaval.

14Al atardecer se presenta el espanto,

antes de amanecer ya no existen.

Tal es el destino

de los que nos saquean,

la suerte de los que nos despojan.

 

Contra el reino de Nubia

18 1¡Ay del país

del zumbido de alas,

más allá de los ríos de Nubia,

2que envía correos por el mar,

en canoas de junco sobre las aguas!

Corran, mensajeros ligeros,

al pueblo esbelto de piel bronceada,

a la gente temida

de cercanos y lejanos,

al pueblo vigoroso y dominador,

cuya tierra surcan canales.

3Habitantes del mundo,

moradores de la tierra,

al alzarse la bandera en los montes,

observen;

al sonar la trompeta, escuchen,

4que esto me ha dicho el Señor:

Desde mi morada

yo contemplo sereno,

como el ardor deslumbrante del día,

como nube de rocío

en el calor de la cosecha.

5Porque antes de la vendimia,

concluida la floración,

cuando la flor se convierta

en racimo que va madurando,

cortará los zarcillos con la podadora,

arrancará y arrojará los sarmientos,

6y juntos serán abandonados

a los buitres del monte

y a las fieras salvajes:

los buitres veranean sobre ellos,

sobre ellos invernan

las fieras salvajes.

7Entonces traerá tributo

al Señor Todopoderoso

el pueblo esbelto, de piel bronceada,

la gente temida

de cercanos y lejanos,

el pueblo vigoroso y dominador,

cuya tierra surcan canales,

al lugar dedicado

al Señor Todopoderoso,

al Monte Sión.

 

Contra Egipto

19 1Contra Egipto:

Miren al Señor,

que montando en nube ligera

penetra en Egipto:

vacilan ante él los ídolos de Egipto,

y el corazón de los egipcios

se desmaya en el pecho.

2Incitaré a egipcios contra egipcios:

pelearán uno con su hermano,

otro con su compañero,

ciudad contra ciudad,

reino contra reino.

3El valor de los egipcios

se les deshará en el pecho

y anularé sus planes.

Consultarán a los ídolos

y a los agoreros,

y a los adivinos y a los hechiceros.

4Entregaré a los egipcios

en manos de señor cruel,

un rey cruel los dominará

–oráculo del Señor Todopoderoso–.

5Se secarán las aguas del Nilo,

el río quedará seco y árido,

6apestarán los canales,

los brazos del Nilo

menguarán hasta secarse,

cañas y juncos se marchitarán.

7La hierba de la orilla del Nilo

y todos los sembrados junto al Nilo

se secarán,

barridos por el viento desaparecerán.

8Gimen los pescadores, se lamentan

los que echan el anzuelo en el Nilo,

y los que extienden las redes

en el agua desfallecen;

9quedan defraudados

los que trabajan el lino,

los cardadores y tejedores

están pálidos,

10los amos están consternados,

los jornaleros abatidos.

11¡Qué locos los magnates de Tanis,

los sabios que aconsejan al faraón

consejos desatinados!

¿Cómo dicen al faraón:

Soy discípulo de sabios,

discípulo de antiguos reyes?

12¿Dónde han quedado tus sabios?

Que te anuncien, ya que tanto saben,

lo que el Señor Todopoderoso

planea contra Egipto.

13Los magnates de Tanis son necios,

son ilusos los magnates de Menfis,

los notables de sus tribus

descarrían a Egipto.

14El Señor ha infundido

en sus entrañas un soplo de vértigo:

descarrían a Egipto

en todas sus empresas,

como da traspiés

el borracho vomitando.

15No les resultará a los egipcios

empresa que emprendan,

sean cabeza o cola, palma o junco.

 

Conversión de Egipto y Asiria

(Sal 87)

16Aquel día los egipcios serán como mujeres: se asustarán y temblarán ante la mano que el Señor Todopoderoso agita contra ellos. 17Judea será el espanto de Egipto: sólo mencionarla, le producirá terror, por el plan que el Señor Todopoderoso planea contra él.

18Aquel día habrá en Egipto cinco ciudades que hablarán la lengua de Canaán y que jurarán por el Señor Todopoderoso; una de ellas se llamará Ciudad del Sol.

19Aquel día habrá en medio de Egipto un altar del Señor y un monumento al Señor junto a la frontera. 20Serán signo y testimonio del Señor Todopoderoso en territorio egipcio. Si claman al Señor contra el opresor, él les enviará un salvador y defensor que los libre.

21El Señor se manifestará a los egipcios, y ellos reconocerán aquel día al Señor. Le ofrecerán sacrificios y ofrendas, harán votos al Señor y los cumplirán. 22El Señor herirá a los egipcios: los herirá y los sanará; ellos volverán al Señor, él los escuchará y los sanará.

23Aquel día habrá una calzada de Egipto a Asiria: los asirios irán a Egipto y los egipcios a Asiria; los egipcios con los asirios darán culto a Dios.

24Aquel día Israel será mediador entre Egipto y Asiria, será una bendición en medio de la tierra; 25porque el Señor Todopoderoso lo bendice diciendo: ¡Bendito mi pueblo, Egipto, y la obra de mis manos, Asiria, y mi herencia, Israel!

 

Acción simbólica:

Contra Egipto y Nubia

20 1El año en que el general en jefe enviado por Sargón, rey de Asiria, llegó a Azoto, la atacó y la conquistó. 2Entonces el Señor habló por medio de Isaías, hijo de Amós [antes le había dicho]:

–Anda, desátate el sayal de la cintura, quítate las sandalias de los pies.

Él lo hizo y anduvo desnudo y descalzo.

3El Señor explicó:

–Como mi siervo Isaías ha caminado desnudo y descalzo durante tres años, como signo y presagio contra Egipto y Nubia, 4así conducirá el rey de Asiria a los cautivos egipcios y a los deportados nubios, jóvenes y viejos, descalzos y desnudos, con las nalgas al aire, las vergüenzas de los egipcios.

5Aquel día los habitantes de esta costa quedarán apenados y defraudados por la suerte de Nubia, su confianza, y de Egipto, su orgullo; 6y dirán: Ahí tienen a los que eran nuestra confianza, a los que acudíamos en busca de auxilio para que nos libraran del rey de Asiria; y ahora nosotros ¿cómo nos salvaremos?

 

Caída de Babilonia

(13s; 47; Jr 50s)

21 1Oráculo de la marisma:

Como torbellinos

que azotan al Negueb,

viene del desierto,

de un país temible.

2Se me ha manifestado

una visión siniestra:

el traidor traicionado,

el devastador devastado.

¡Adelante, elamitas;

al asedio, medos!,

acallen los gemidos.

3Al verlo, mis entrañas

se agitan con espasmos,

me agarran angustias

como angustias de parturienta;

me agobia el oírlo,

me espanta el mirarlo;

4se me turba la mente,

el terror me sobrecoge,

la tarde suspirada

se me ha vuelto espanto.

5–¡Preparen la mesa,

extiendan el mantel,

a comer y a beber!

–¡De pie, capitanes,

a engrasar el escudo!

6Esto me ha dicho el Señor:

Ve y coloca un vigía,

lo que vea que lo anuncie:

7Si ve gente montada,

un par de jinetes,

montados en jumentos

o montados en camellos,

que preste atención,

redoblada atención,

8y que grite: ¡Lo veo!

–Como vigía, Señor,

yo mismo estoy de pie todo el día,

y en mi puesto de guardia

yo sigo erguido toda la noche.

9¡Atención! Llega uno montado,

un par de jinetes,

y anuncian: Ha caído,

ha caído Babilonia:

las estatuas de sus dioses

yacen destrozadas por tierra.

10Pueblo mío, trillado en la era,

lo que he escuchado

al Señor Todopoderoso,

Dios de Israel, te lo anuncio.

 

Contra Duma

11Oráculo contra Duma:

Uno me grita de Seír:

Vigía, ¿cuánto queda de la noche?

Vigía, ¿cuánto queda de la noche?

12Responde el vigía:

Vendrá la mañana y también la noche.

Si quieren preguntar,

pregunten, vengan otra vez.

 

Contra Arabia

13Oráculo contra Arabia:

En la maleza del desierto

pasarán la noche,

caravanas de Dedán;

14al encuentro del sediento

salgan con agua,

habitantes de Tema,

lleven pan a los fugitivos,

15porque van huyendo de la espada,

de la espada afilada,

de los arcos tensos,

de la lucha encarnizada.

16Esto me ha dicho el Señor:

Dentro de un año, año de jornalero,

se acabará la nobleza de Cadar,

17y quedará

de los arqueros de Cadar

bien poca cosa

–lo ha dicho el Señor,

Dios de Israel–.

 

Contra Jerusalén

(29,1-16; Jr 21,13s; 22,20-23)

22 1Oráculo del Valle de la Visión:

pero, ¿qué te pasa

que te subes en masa a las azoteas?,

2llena de ruido, ciudad estridente,

ciudad divertida.

Tus caídos no han caído a espada,

no han muerto en combate;

3todos tus jefes desertaron en bloque,

sin un disparo de arco

cayeron prisioneros;

todas sus tropas fueron apresadas

cuando se alejaban huyendo.

4Por eso digo: Dejen de mirarme

y lloraré amargamente,

no insistan en consolarme

de la derrota de mi pueblo.

5Aquél era un día de pánico,

de humillación y desconcierto

que enviaba el Señor Todopoderoso.

En el Valle de la Visión

socavaban los muros,

y se oían gritos por los montes.

6Elam se cargaba la aljaba,

había jinetes y carros de Aram,

Quir desnudaba el escudo.

7Tus valles mejores

se llenaban de carros,

los jinetes cargaban contra la puerta,

8dejando desguarnecido a Judá.

Aquel día, inspeccionaban el arsenal

en el palacio de columnas de madera

9y miraban cuántas brechas tenía

la ciudad de David;

recogían el agua

en la cisterna de abajo,

10hacían recuento

de la casas de Jerusalén,

demolían casas

para reforzar la muralla,

11entre los dos muros

hacían un depósito

para el agua del pozo viejo.

Pero no se fijaban

en el que lo ejecutaba

ni miraban

al que lo dispuso hace tiempo.

12El Señor Todopoderoso

los invitaba aquel día

a llanto y a luto,

a raparse la cabeza y a ceñir sayal;

13pero ustedes, fiesta y alegría,

a matar vacas, a degollar corderos,

a comer carne, a beber vino,

a comer y a beber,

que mañana moriremos.

14Me ha comunicado su decisión

el Señor Todopoderoso:

Juro que no se expiará

ese pecado de ustedes

hasta que mueran

–lo ha dicho el Señor

Todopoderoso–.

 

Contra el mayordomo de palacio

15Así dice el Señor Todopoderoso:

Anda, ve a ese mayordomo de palacio,

a Sobná,

16b que se labra en lo alto un sepulcro

y se excava en la piedra un mausoleo:

16a ¿Qué tienes aquí,

a quién tienes aquí,

que te labras aquí un sepulcro?

17Mira, el Señor

te arrojará con violencia:

te aferrará con fuerza

18y te hará dar vueltas

y vueltas como un aro

sobre la llanura dilatada.

Allí morirás,

allí pararán tus carrozas de gala,

vergüenza de la corte de tu señor.

 

Nuevo mayordomo

19Te echaré de tu pueblo, te destituiré de tu cargo. 20Aquel día llamaré a mi siervo Eliacín, hijo de Jelcías: 21le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será un gobernante para los habitantes de Jerusalén y para el pueblo de Judá.

22Le pondré en el hombro

la llave del palacio de David:

lo que él abra nadie lo cerrará,

lo que él cierre nadie lo abrirá.

23Lo hincaré como un clavo

en sitio firme,

dará un trono glorioso a su familia;

24colgarán de él

los nobles de su familia,

vástagos y descendientes,

toda la vajilla menor,

de bandejas a cántaros.

25Aquel día

–oráculo del Señor Todopoderoso–

cederá el clavo

hincado en sitio firme,

y la carga que colgaba de él

se soltará, caerá y se romperá

–lo ha dicho el Señor–.

 

Contra Tiro y Sidón

(Ez 26–28; Am 1,9s)

23 1Oráculo contra Tiro:

Lloren, naves de Tarsis,

porque está destruido su puerto.

Al volver de Chipre lo descubrieron.

2Enmudezcan, habitantes de la costa,

mercaderes de Sidón,

que cruzan el mar

3y envían viajantes por el océano.

Sacaba su ganancia

del grano de Sijor,

de las cosechas del Nilo;

llegaste a ser emporio internacional.

4Avergüénzate, Sidón,

que habla el mar,

la fortaleza marina:

No me he retorcido

ni he dado a luz,

no he criado muchachos

ni sacado adelante muchachas.

5Cuando los egipcios se enteren,

se retorcerán por las noticias de Tiro.

6Vuelvan a Tarsis,

lloren, habitantes de la costa.

7¿Es ésta su ciudad divertida,

de origen remoto,

cuyos pies la llevaban

a colonias lejanas?

8¿Quién decretó tal cosa contra Tiro,

la que regalaba coronas,

cuyos comerciantes eran príncipes

y sus mercaderes grandes de la tierra?

9El Señor Todopoderoso decretó

abatir el orgullo de los príncipes

y humillar a los grandes de la tierra.

10Vuelve a tu tierra, ciudad de Tarsis,

que el puerto no existe ya.

11El Señor extendió

la mano sobre el mar,

hizo estremecerse los reinos;

y mandó destruir el puerto de Canaán.

12Dijo: No volverás a divertirte,

doncella violentada, capital de Sidón;

levántate y cruza hasta Chipre,

que tampoco allí tendrás reposo.

13Mira el país de los caldeos:

erigieron torres y

devastaron sus palacios,

lo entregaron a las fieras,

lo redujeron a escombros.

14Lloren, naves de Tarsis,

porque está destruido su puerto.

 

Tiro, olvidada y restaurada

15Aquel día, Tiro quedará olvidada setenta años que es la duración de la vida de un rey, y al cabo de setenta años aplicarán a Tiro la copla de la prostituta:

16Toma la cítara,

recorre la ciudad, prostituta olvidada,

toca buena música,

canta muchas coplas,

a ver si se acuerdan de ti.

17Al cabo de los setenta años, el Señor se ocupará de Tiro, y ella volverá a su antiguo comercio, fornicando con todos los reinos de la superficie del mundo. 18Pero las ganancias de su comercio serán consagradas al Señor, no serán almacenadas ni atesoradas. Sus ganancias serán para los que habitan ante el Señor, para que coman y se sacien y se vistan con esplendor.

 

ESCATOLOGÍA

(34s; 65s; Ez 38s; Zac 14)

 

Catástrofe

24 1Miren al Señor

que agrieta la tierra

y la resquebraja,

devasta la superficie

y dispersa a sus habitantes:

2lo mismo pueblo que sacerdote,

esclavo que señor,

esclava que señora,

comprador que vendedor,

prestatario que prestamista,

acreedor que deudor.

3Queda la tierra rajada,

queda saqueada

–el Señor ha pronunciado

esta amenaza–.

4Languidece y se debilita la tierra,

desfallece y se debilita el mundo,

desfallecen el cielo y la tierra,

5la tierra está profanada

bajo sus habitantes,

que violaron la ley,

trastocaron el decreto,

rompieron el pacto perpetuo.

6Por eso la maldición

se devora la tierra

y lo pagan sus habitantes,

por eso se consumen

los habitantes de la tierra

y quedan hombres contados.

 

La ciudad desolada

(16; Jr 48)

7Languidece el vino nuevo,

desfallece la vid,

gimen los corazones alegres;

8cesa el alborozo de los tamboriles,

se acaba el bullicio

de los que se divierten,

cesa el alborozo de las cítaras.

9Ya no beben vino entre canciones

y el licor es amargo

para el que lo bebe.

10La ciudad, desolada, se derrumba,

están cerradas

las entradas de las casas;

11hay lamentos por las calles

porque no hay vino,

se apagaron las fiestas,

se desterró el alborozo del país.

12En la ciudad

sólo quedan escombros

y la puerta está herida de ruina.

 

El resto

13Sucederá en medio de la tierra y entre los pueblos lo que en el apaleo de la aceituna o en la segunda pasada después de la vendimia. 14Ellos alzarán la voz vitoreando la grandeza del Señor:

Aclamen desde occidente,

15respondan desde oriente

glorificando al Señor;

desde las islas del mar,

al Nombre del Señor, Dios de Israel.

16Desde el confín de la tierra

nos llegan cánticos:

¡Gloria al Justo!

 

Destrucción

Pero yo digo:

¡Qué dolor, qué dolor, ay de mí!

Los traidores traicionan,

los traidores traman traiciones.

17Pánico y zanja y trampa contra ti,

habitante de la tierra:

18el que escape del grito de pánico

caerá en la zanja,

el que salga del fondo de la zanja

quedará atrapado en trampa.

Se abren las compuertas del cielo

y retiemblan los cimientos

de la tierra:

19se tambalea y se bambolea la tierra,

tiembla y retiembla la tierra,

se mueve y se remueve la tierra,

20vacila y oscila la tierra

como un borracho,

cabecea como una choza;

tanto le pesa su pecado,

que se desploma y no se alza más.

 

Juicio y reino del Señor

(Dn 7; Sal 82)

21Aquel día juzgará el Señor

a los ejércitos del cielo en el cielo,

a los reyes de la tierra en la tierra.

22Se van agrupando

y quedan encerrados,

presos en la prisión;

pasados muchos días

comparecerán a juicio.

23La luna se sonrojará,

se avergonzará el sol

cuando reine el Señor Todopoderoso

en el Monte Sión, en Jerusalén,

glorioso delante de su senado.

 

Himno de los salvados

(Sal 76)

25 1Señor, tú eres mi Dios,

te ensalzo y te doy gracias,

porque realizaste planes admirables,

asegurados desde antiguo.

2Convertiste la ciudad en escombros,

la plaza fuerte en demolición,

el castillo de los bárbaros en ruina

que jamás será reedificada.

3Por eso un pueblo poderoso

reconoce tu gloria

y la capital de los tiranos te respeta:

4porque fuiste refugio del desvalido,

refugio del pobre en peligro,

reparo del aguacero,

sombra contra el calor.

Porque el ímpetu de los tiranos

es aguacero de invierno,

5es calor de verano

el tumulto de los bárbaros;

tú aplacas el calor

con sombras de nubes

y ahogas los cantos de los tiranos.

 

6El Señor Todopoderoso

ofrece a todos los pueblos,

en este monte,

un festín de manjares suculentos,

un festín de vinos añejados,

manjares deliciosos,

vinos generosos.

7Arrancará en este monte

el velo que cubre a todos los pueblos,

el paño que tapa a todas las naciones;

8y aniquilará la muerte para siempre.

El Señor enjugará las lágrimas

de todos los rostros

y alejará de la tierra entera

la humillación de su pueblo

–lo ha dicho el Señor–.

9Aquel día se dirá:

Aquí está nuestro Dios,

de quien esperábamos

que nos salvara:

celebremos y festejemos su salvación.

10La mano del Señor

se posará en este monte,

mientras que Moab

será pisoteado en su sitio,

como se pisa la paja

en el agua del estercolero;

11allí dentro extenderá las manos,

como las extiende

el nadador al nadar.

Pero el Señor aplastará su orgullo

y los esfuerzos de sus manos;

12los altos baluartes de sus murallas

los doblegará, abatirá y tumbará

en el suelo, en el polvo.

 

Himno de victoria

26 1Aquel día se cantará este canto

en el territorio de Judá:

Tenemos una ciudad fuerte:

le ha puesto para salvarla

murallas y baluartes.

2Abran las puertas,

para que entre un pueblo justo

que guarda los compromisos;

3su voluntad es firme,

tú velas por su paz,

porque confía en ti.

4Confíen siempre en el Señor,

porque el Señor

es la Roca perpetua:

5doblegó a los que habitaban

en la cumbre,

y a la ciudad inaccesible la abatió,

la abatió hasta el suelo,

la tumbó en el polvo;

6y la pisan los pies,

los pies del oprimido,

las pisadas de los desvalidos.

 

Los juicios del Señor

7La senda del justo es recta,

tú allanas el sendero del justo.

8En la senda de tus juicios,

Señor, te esperamos,

invocamos tu Nombre con ansia:

9mi alma te ansía de noche,

mi espíritu en mi interior

madruga por ti;

porque cuando tus juicios

llegan a la tierra,

aprenden justicia

los habitantes del mundo.

10Si se trata

con clemencia al malvado,

no aprende justicia,

en un país honrado comete crímenes,

sin fijarse en la grandeza del Señor;

11aunque alces la mano,

Señor, no la miran.

Que miren confundidos

tu celo por el pueblo

y que el fuego

devore a tus enemigos.

12Señor, tú nos gobernarás en paz,

porque todas nuestras empresas

nos las realizas tú.

13 Señor, Dios nuestro,

aunque fuera de ti

nos dominaron otros señores,

nosotros invocamos

solamente tu Nombre.

 

Resurrección

(Ez 37,1-14; 1 Cor 15)

14Los muertos no vivirán,

las sombras no se alzarán,

porque tú los juzgaste y aniquilaste

y extirpaste su memoria.

15Multiplicaste el pueblo, Señor,

multiplicaste el pueblo

manifestando tu gloria,

ensanchaste los confines del país.

16Señor, en el peligro acudíamos a ti,

cuando apretaba

la fuerza de tu escarmiento.

17Como la mujer embarazada,

cuando le llega el parto,

se retuerce y grita de dolor,

así éramos en tu presencia, Señor:

18concebimos, nos retorcimos,

dimos a luz… viento;

no trajimos salvación al país,

no le nacieron habitantes al mundo.

19¡Vivirán tus muertos,

tus cadáveres se alzarán,

despertarán jubilosos

los que habitan en el polvo!

Porque tu rocío es rocío de luz,

y la tierra de las sombras parirá.

20Anda, pueblo mío,

entra en tus aposentos

y cierra la puerta por dentro;

escóndete un breve instante

mientras pasa la cólera.

21Porque el Señor

va a salir de su morada

para castigar la culpa

de los habitantes de la tierra:

la tierra descubrirá

la sangre derramada

y ya no ocultará

a los asesinados en ella.

 

28 1Aquel día castigará el Señor

con su espada grande,

templada, robusta,

a Leviatán, serpiente huidiza;

a Leviatán, serpiente tortuosa,

y dará muerte al dragón marino.

 

Canción de la viña

(5,1-6)

2Aquel día cantarán

a la viña hermosa;

3Yo, el Señor, soy su guardián,

la riego con frecuencia,

para que no le falte su hoja,

noche y día la guardo.

4Ya no estoy irritado.

Si me diera zarzas y cardos,

me lanzaría contra ella

para quemarlos todos.

5Si se acoge a mi protección,

hará las paces conmigo,

¡sí, las paces hará conmigo!

 

Renovación de Israel

6Llegarán días

en que Jacob echará raíces,

Israel echará brotes y flores,

y sus frutos cubrirán la tierra.

7¿Lo ha herido

como hiere a los que lo hieren?

¿Lo ha matado

como mueren los que lo matan?

8Lo castigas espantándolo,

expulsándolo,

arrollándolo con viento impetuoso

en día de viento del este.

9Con esto se expiará

la culpa de Jacob,

y éste será el fruto

de alejar su pecado:

dejar las piedras de los altares

como piedra caliza triturada

y no erigir postes sagrados

ni altares de incienso.

10La plaza fuerte está solitaria,

como mansión despreciada,

abandonada como el desierto:

allí pastan novillos,

allí se tumban

y consumen sus ramas.

11Al secarse el ramaje, se quiebra,

vienen mujeres y le prenden fuego.

Porque es un pueblo insensato,

por eso su Hacedor no se apiada,

su Creador no lo compadece.

 

Reunión final en Jerusalén

(11,11s)

12Aquel día trillará el Señor las espigas

desde el Gran Río

hasta el Torrente de Egipto;

pero ustedes, israelitas,

serán buscados uno por uno.

13Aquel día sonará la gran trompeta,

y vendrán los dispersos de Asiria,

los desterrados de Egipto,

para postrarse ante el Señor

en el monte santo de Jerusalén.

 

ORÁCULOS VARIOS

 

Contra el reino del Norte

28 1¡Ay de la corona esplendorosa

de los ebrios de Efraín

y de la flor marchita,

joya de su atavío,

que está en la cabeza

de los hartos de vino!

2Miren: Viene uno fuerte y robusto,

de parte del Señor,

como tormenta de granizo,

tormenta asoladora,

como tormenta de aguas

impetuosas y desbordadas,

con la mano derriba todo al suelo

3y con los pies pisotea

la corona fastuosa

de los ebrios de Efraín

4y la flor marchita, joya de su atavío,

que está en lo alto

del valle fértil.

Será como breva temprana,

que el primero que la ve,

apenas la agarra, se la traga.

5Aquel día será

el Señor Todopoderoso

corona enjoyada, diadema espléndida

para el resto de su pueblo:

6sentido de justicia

para los que se sientan a juzgar,

valor para los que rechazan

el asalto a las puertas.

 

Contra los que se burlan del profeta

(Ez 12,21-28)

7También éstos

se tambalean por el vino

y dan traspiés por el licor;

sacerdotes y profetas

se tambalean por el licor,

los aturde el vino,

dan traspiés por el licor,

se tambalean con la visión,

tartamudean al dar sentencias;

8todas las mesas están llenas

de vómitos y suciedad,

y no queda espacio libre.

9–¿A quién viene a adoctrinar,

a quién a enseñar la lección?,

¿a recién destetados,

apartados del pecho?

10Dice: ce con ce, ce con ce,

pe con pe, pe con pe,

chico aquí, chico allí.

11–Ahora bien

con lengua balbuciente,

en lenguaje extraño

el Señor hablará a este pueblo,

12el que les había dicho:

En esto está el reposo,

den reposo al cansado,

en esto está el descanso,

pero no quisieron obedecer.

13Entonces el mensaje del Señor

les sonará así:

ce con ce, ce con ce,

pe con pe, pe con pe,

chico aquí, chico allí,

para que vayan y caigan de espaldas

y se destrocen y se enreden

y queden atrapados.

 

Pacto con la muerte y verdadero cimiento

(Sab 1,16)

14Escuchen la Palabra del Señor,

gente burlona,

que gobiernan

a ese pueblo de Jerusalén:

15ustedes decían:

Hemos firmado

un pacto con la muerte,

una alianza con el abismo:

cuando pase el azote arrollador,

no nos alcanzará,

porque tenemos

la mentira por refugio

y el engaño por escondrijo.

16El Señor dice así:

Miren, yo coloco en Sión una piedra

probada, angular,

preciosa, de cimiento:

quien se apoya no vacila.

17Usaré como plomada la justicia,

como nivel el derecho;

el granizo arrasará

el falso refugio de ustedes

y el agua arrollará

su escondrijo.

18Su pacto con la muerte

se romperá,

su alianza con el abismo

será anulada;

y cuando pase el azote arrollador

los pisoteará,

19cada vez que pase, los arrebatará,

y ha de pasar mañana tras mañana,

de día y de noche;

entonces bastará el terror

para aprender la lección.

 

Contra los cínicos

20Será corta la cama para estirarse

y estrecha la manta para arroparse.

21Como en el monte Perasim

se alzará el Señor,

como en el valle de Gabaón

se desperezará,

para ejecutar su obra, obra extraña,

para cumplir su tarea, tarea inaudita.

22Por tanto, no se burlen,

no sea que se aprieten sus cadenas,

que me he enterado

de la destrucción decretada

por el Señor Todopoderoso

contra todo el país.

 

Instrucción agrícola

23Escuchen, presten oído a mi voz,

atención, escuchen mi discurso:

24El que ara,

¿se pasa los días arando,

abriendo surcos,

desterronando, para sembrar?

25Cuando ha igualado la superficie,

siembra hinojo y esparce comino,

echa trigo y cebada,

y en los bordes escanda y mijo;

26su Dios lo instruye,

le enseña las reglas.

27Porque el hinojo no se trilla con el trillo ni las ruedas del carro se pasan sobre el comino: el hinojo se trilla con varas y el comino con látigo; 28el grano no se tritura hasta lo último, sino que se trilla arreando el rodillo del carro, que lo rompe sin triturarlo. 29También esto es disposición del Señor Todopoderoso: su plan es admirable y es grande su destreza.

 

Contra Jerusalén

(22,1-14; Ez 22)

29 1¡Ay Ariel, Ariel,

ciudad que sitió David!

Añadan años a años,

gire el ciclo de las fiestas,

2y asediaré a Ariel,

y habrá llantos y lamentos.

Serás para mí como Ariel:

3te sitiaré en redondo,

te estrecharé con trincheras

y alzaré baluartes contra ti.

4Abatida, hablarás desde el suelo

y tu palabra sonará

apagada desde el polvo,

como voz de fantasma

desde la tumba

susurrarás tus palabras

desde el polvo.

5El tropel de tus enemigos

será como polvareda.

El tropel de tus agresores

como nube de polvo;

pero de improviso, de repente,

6te auxiliará el Señor Todopoderoso

con fragor y estruendo

de grandes truenos,

con huracán y vendaval

y rayos abrasadores.

7Y acabará como sueño

o visión nocturna

el tropel de los pueblos

que combaten a Ariel,

sus trincheras, sus baluartes,

sus sitiadores.

8Como sueña

el hambriento que come,

y se despierta con el estómago vacío;

como sueña el sediento que bebe,

y se despierta con la garganta reseca,

así será el tropel de los pueblos

que combaten contra el Monte Sión.

9Queden tontos y torpes,

enceguézcanse y quédense ciegos;

se emborracharán, y no de vino,

se tambalearán, y no por el licor;

10sino porque el Señor les derrama

un viento de modorra

que les embotará los ojos

y les cubrirá las cabezas.

11Cualquier visión les resultará

como el texto de un libro sellado:

se lo entregan a uno que sabe leer,

diciéndole: Por favor, lee esto;

y él responde:

No puedo, que está sellado.

12Se lo entregan

a uno que no sabe leer,

diciéndole: Por favor, lee esto;

y él responde: Si no sé leer.

13Dice el Señor:

Ya que este pueblo

se me acerca con la boca

y me glorifica con los labios,

mientras su corazón está lejos de mí,

y su culto a mí

es precepto humano y rutina,

14yo seguiré multiplicando prodigios,

prodigios maravillosos:

fracasará la sabiduría de sus sabios

y se eclipsará

la prudencia de sus prudentes.

 

Malaventura

(Sal 139,8-12)

15¡Ay de los que

traman secretamente

para esconderle sus planes al Señor!

Hacen sus obras en la oscuridad,

diciendo:

¿Quién nos ve, quién se entera?

16¡Qué desatino! Como si el barro

se considerara alfarero,

como si la obra dijera del que la hizo:

No me ha hecho,

como si el cacharro dijera del alfarero:

No me entiende.

 

Salvación escatológica

(32,15-20)

17Pronto, muy pronto,

el Líbano se convertirá en jardín,

y el jardín parecerá un bosque;

18aquel día oirán los sordos

las palabras del libro,

sin tinieblas ni oscuridad

verán los ojos de los ciegos;

19los oprimidos volverán

a festejar al Señor

y los pobres se alegrarán

con el Santo de Israel,

20porque no quedarán tiranos,

se acabarán los cínicos

y serán aniquilados

los que se desviven por el mal;

21los que acusan a uno en un proceso,

ponen trampas

al que defiende en un tribunal

y con falsedades

hunden al inocente.

22Por eso, esto dice el Señor,

Dios de la casa de Jacob,

que redimió a Abrahán:

Ya no fracasará Jacob,

no sentirá vergüenza;

23cuando vean lo que hace mi mano

en medio de ellos,

santificarán mi Nombre,

santificarán al Santo de Jacob

y temerán al Dios de Israel.

24Los que habían perdido la cabeza

comprenderán,

y los que protestaban

aprenderán la lección.

 

Contra el pacto con Egipto

(19,1-15; 31,1-3)

30 1¡Ay de los hijos rebeldes!

–oráculo del Señor–,

que hacen planes

sin contar conmigo,

que firman pactos

sin contar con mi profeta,

añadiendo pecados a pecados;

2que bajan a Egipto

sin consultar mi oráculo

buscando la protección del faraón

y refugiarse a la sombra de Egipto;

3la protección del faraón

los hará fracasar

y el refugio a la sombra de Egipto

los defraudará.

4Cuando estén sus jefes en Soán

y lleguen sus embajadores a Janés,

5todos se sentirán defraudados

por un pueblo inútil

que no puede auxiliar ni servir,

si no es de fracaso y decepción.

 

Contra la embajada

6Oráculo contra la Bestia del Sur:

Por tierra hostil y siniestra,

de leones y leonas rugientes,

de víboras y dragones alados,

llevan sus riquezas a lomo de asno

y sus tesoros a giba de camello,

7a un pueblo inútil,

cuyo auxilio es vano y nulo;

por eso lo llamo así:

Fiera que ruge y no hace nada.

 

Testamento de Isaías

(8,16-20)

8Ahora ve y escríbelo en una tablilla,

grábalo en bronce,

que sirva en el futuro

de testimonio perpetuo:

9Es un pueblo rebelde,

hijos renegados,

hijos que no obedecen

la ley del Señor;

10que dicen a los videntes:

No tengan visiones,

y a los profetas:

No profeticen sinceramente;

dígannos cosas agradables,

profetícennos ilusiones;

11apártense del camino,

retírense de la senda,

dejen de ponernos delante

al Santo de Israel.

12Por eso, así dice el Santo de Israel:

Ya que rechazan este mensaje,

y confían en la opresión

y en la perversidad,

y se apoyan en ellas,

13por eso esa culpa será para ustedes

como grieta que baja

en una alta muralla,

y la arquea, hasta que de repente,

de golpe, se desploma;

14como vasija de loza rota,

hecha añicos sin piedad,

hasta no quedar entre sus añicos

ni un trozo

con que sacar brasas del rescoldo,

con que sacar agua del pozo.

15Así decía el Señor,

el Santo de Israel:

La salvación de ustedes está

en convertirse y tener calma,

su fuerza consiste

en confiar y estar tranquilos.

Pero no quisieron

16y dijeron:

–No. Huiremos a caballo.

–Está bien, tendrán que huir.

–Correremos a galope.

–Más correrán los que los persigan.

17Huirán mil

ante la amenaza de uno,

huirán ante la amenaza de cinco,

hasta quedar como un poste

en la cumbre de un monte,

como señal sobre una colina.

 

Conversión del pueblo

18Pero el Señor espera

para apiadarse de ustedes,

aguanta para tenerles compasión

porque el Señor es un Dios recto:

dichosos los que esperan en él.

19Vecinos de Sión,

habitantes de Jerusalén,

no tendrán que llorar,

porque se apiadará al oír tu gemido;

apenas te oiga, te responderá.

20Aunque el Señor

les dé el agua tasada

y el pan medido,

ya no se esconderá tu Maestro,

con tus ojos verás a tu Maestro;

21si se desvían a derecha o izquierda,

tus oídos oirán

una llamada a la espalda:

Éste es el camino, caminen por él.

22Tendrás por impuros

tus ídolos recubiertos de plata

y tus estatuas revestidas de oro:

las arrojarás como inmundicia,

las tratarás como basura.

23Te dará lluvia para la semilla

que siembres en el campo,

el grano de la cosecha del campo

será rico y sustancioso;

aquel día tus ganados

pastarán en anchas praderas;

24los bueyes y asnos

que trabajan en el campo

comerán forraje fermentado,

aventado con pala y horquilla.

25En todo monte elevado,

en toda colina alta,

habrá acequias y cauces de agua,

el día de la gran matanza,

cuando caigan las torres.

26La luz de la luna

será como la del sol,

la luz del sol

será siete veces más intensa,

cuando el Señor vende

la fractura a su pueblo

y le sane la herida que le causó.

 

Teofanía y castigo de Asiria

(Hab 3; Sal 18)

27Miren:

el Señor en persona viene de lejos,

arde su cólera

con espesa humareda;

sus labios están llenos de furor,

su lengua es fuego abrasador,

28su aliento es río desbordado

que alcanza hasta el cuello:

para zarandear a los pueblos

con zaranda de exterminio,

para poner freno de extravío

a la quijada de las naciones.

29Ustedes entonarán un cántico,

como en noche sagrada de fiesta:

se alegrará el corazón

al compás de la flauta,

mientras van al monte del Señor,

a la Roca de Israel.

30El Señor hará oír

la majestad de su voz,

mostrará su brazo que descarga

con ira furiosa y rayos abrasadores,

con tormenta y aguacero y granizo.

31A la voz del Señor se acobardará

Asiria, a golpes de palo;

32y cada golpe

de la vara de castigo

que el Señor descargue sobre ella,

lo acompañarán con tamboriles

y cítaras y danzas guerreras.

33Que está preparada

hace tiempo en Tofet,

está dispuesta, ancha y profunda,

una hoguera con leña abundante:

y el soplo del Señor,

como torrente de azufre,

le prenderá fuego.

 

Contra el pacto con Egipto

(30,1-5)

31 1¡Ay de los que bajan

a Egipto por auxilio

y buscan apoyo en la caballería!

Confían en los carros,

porque son numerosos,

y en los jinetes,

porque son muy fuertes;

sin fijarse en el Santo de Israel

ni consultar al Señor.

2Pero él también es hábil

para enviar desgracias

y no ha cambiado su palabra.

Se alzará

contra la casa de los malvados,

contra la ayuda de los malhechores.

3Los egipcios

son hombres y no dioses,

sus caballos son carne

y no espíritu.

El Señor extenderá su mano:

tropezará el protector

y caerá el protegido,

los dos juntos perecerán,

4porque me ha dicho esto el Señor:

Como gruñe el león

o el cachorro con su presa

y se reúne contra él

un tropel de pastores,

pero él no se asusta de sus voces

ni se intimida por su tumulto,

así bajará el Señor Todopoderoso

a combatir sobre el Monte Sión

y sobre su cima.

5Como un ave aleteando,

el Señor Todopoderoso

protegerá a Jerusalén:

protección liberadora,

rescate salvador.

6Hijos de Israel, vuelvan a él

de lo hondo de su rebelión.

 

Conversión de Judá y fin de Asiria

7Aquel día todos rechazarán

los ídolos de plata y los ídolos de oro

que hicieron

sus manos pecadoras.

8Asiria caerá a espada no humana,

espada no de mortal la devorará;

y si sus mozos escapan de la espada,

caerán en trabajos forzados.

9Despavorida escapará su Roca,

sus jefes quedarán

espantados de su bandera

–oráculo del Señor,

que tiene una hoguera en Sión,

un horno en Jerusalén–.

 

Reino de la justicia

(11,1-9; Sal 72)

32 1Miren:

reinará con justicia un rey

y sus jefes gobernarán

según derecho.

2Será cada uno

como abrigo del viento,

reparo del aguacero,

como acequias en tierra seca,

sombra de roca maciza

en tierra reseca.

3Los ojos de los que ven

no estarán cerrados

y los oídos de los que oyen

atenderán;

4la mente precipitada

aprenderá sensatez,

la lengua tartamuda

hablará con soltura y claridad.

5Ya no llamarán noble al necio

ni tratarán de excelencia al pícaro,

6porque el necio dice necedades

y por dentro planea el crimen,

practica el vicio

y habla perversamente del Señor,

deja vacío al hambriento,

priva de agua al sediento.

7El pícaro usa malas artes

y maquina sus intrigas:

perjudica a los hombres con mentiras

y al desvalido

que defiende su derecho.

     8En cambio, el noble

tiene planes nobles

y está firme en su noble sentir.

 

Contra las mujeres frívolas

(3,16-24; Am 4,1-3)

9Mujeres despreocupadas,

levántense, escuchen mi voz,

damas confiadas,

presten oído a mi discurso:

10Dentro de un año y unos días

temblarán las confiadas,

porque se consumirá la vendimia

y no habrá cosecha.

11Estremézcanse las despreocupadas,

tiemblen las confiadas,

desnúdense del todo

y cíñanse un sayal,

12golpéense los pechos en duelo

por los campos preciados,

por las viñas fecundas,

13por las tierras de mi pueblo

donde crecen zarzas y cardos,

por las casas alegres

y la ciudad divertida.

14Porque el palacio está vacío,

la ciudad populosa desierta,

la colina y la torre de guardia,

convertidos en cuevas

para siempre, en delicia de asnos

y pastizal de rebaños.

 

Restauración

(65,16-25)

15Hasta que se derrame

sobre nosotros

un aliento de lo alto;

entonces el desierto será un jardín,

el jardín parecerá un bosque,

16en el desierto morará la justicia,

y el derecho habitará en el jardín,

17el efecto de la justicia será la paz,

la función de la justicia,

calma y tranquilidad perpetuas;

18mi pueblo habitará

en un lugar pacífico,

en moradas tranquilas,

en mansiones sosegadas;

19aunque sea talado el bosque,

aunque sea abatida la ciudad.

20Dichosos ustedes

que siembran junto al agua

y dejan sueltos al toro y al asno.

 

Esperanza en el Señor

33 1¡Ay de ti, devastador,

nunca devastado;

saqueador, nunca saqueado!

Cuando acabes de devastar

te devastarán a ti,

cuando termines de saquear

te saquearán a ti.

2¡Piedad, Señor, que esperamos en ti!,

sé nuestro brazo por la mañana

y nuestra salvación en el peligro.

3A tu voz atronadora

se desbandaron los pueblos,

al levantarte tú

se dispersaron las naciones,

4y se recogía botín

como se recoge la langosta,

se abalanzaban a él

como avalancha de saltamontes.

5El Señor es sublime,

porque habita en lo alto,

él ha llenado a Sión

de justicia y derecho;

6la fidelidad será su adorno,

la sabiduría y el conocimiento

serán su provisión salvadora,

el respeto del Señor será su tesoro.

7Oigan, los enviados gimen en la calle,

los mensajeros de paz

lloran amargamente:

8están destruidas las calzadas

y ya no transitan caminantes.

Ha roto la alianza,

despreciando a los testigos

y no respetando al hombre.

9Languidece y se marchita el país,

el Líbano se decolora y queda mustio,

el Sarón está hecho una estepa,

están pelados el Basán y el Carmelo.

10Ahora me pongo de pie,

dice el Señor;

ahora me yergo, ahora me alzo:

11Concebirán paja y darán a luz polvo,

y mi aliento como fuego

los consumirá;

12los pueblos serán calcinados,

como cardos segados arderán.

13Los lejanos,

escuchen lo que he hecho;

los cercanos, reconozcan mi valor.

14Temen en Sión los pecadores,

un temblor se apodera

de los perversos:

¿Quién de nosotros habitará

en un fuego devorador,

quién de nosotros habitará

en una hoguera perpetua?

15–El que procede con justicia,

habla con rectitud

y rehúsa el lucro de la opresión;

el que sacude la mano

rechazando el soborno

y tapa su oído

a propuestas sanguinarias;

el que cierra los ojos

para no complacerse en el mal,

16ése morará en las alturas:

picachos rocosos

serán su fortificación,

con abundancia de pan

y provisión de agua.

17Un rey en su esplendor

contemplarán tus ojos,

verán un país dilatado,

18y te dirás sobrecogido:

¿Dónde está el que contaba,

dónde está el que pesaba,

dónde el que contaba las torres?

19Ya no verás al pueblo violento,

cuya lengua es oscura

y no se entiende,

que pronuncia de modo extraño

e incomprensible.

20Contempla a Sión,

ciudad de nuestras fiestas:

tus ojos verán a Jerusalén,

morada tranquila,

tienda permanente,

cuyas estacas no se arrancarán,

cuyas cuerdas no se soltarán.

21Que allí el Señor

es nuestro capitán,

en un lugar de ríos

y canales anchísimos,

que no surcan barcas de remo

ni la nave capitana los cruza:

23a están flojas sus cuerdas,

no sujetan el mástil

ni despliegan las velas.

22Porque el Señor es nuestro juez,

el Señor nuestro gobernador,

el Señor nuestro rey; él nos salvará:

23b entonces el ciego

repartirá enorme botín

y hasta los cojos se darán al saqueo;

24y ningún vecino dirá:

Me siento mal,

porque al pueblo que allí habita

le han perdonado la culpa.

 

ESCATOLOGÍA DE ISAÍAS II

 

Juicio

(13,21s; 66,15-17; Jl 4,1-8; Sof 1,14-18)

34 1Acérquense, pueblos,

a escuchar;

naciones, atiendan;

escuche la tierra y los que la llenan,

el mundo y cuanto produce;

2porque el Señor está irritado

con todas las naciones,

enojado con todos sus ejércitos;

los consagra al exterminio,

los entrega a la matanza.

3Sus muertos son arrojados

y de los cadáveres

se levanta el hedor,

los montes chorrean sangre

4y los valles se resquebrajan,

el cielo se enrolla como un pliego

y se marchitan sus ejércitos,

como se marchita el follaje de la vid,

como se marchita

la hoja de la higuera.

5Porque la espada del Señor

se embriaga en el cielo:

mírenla bajar hacia Edom

para ejecutar a un pueblo condenado.

6La espada del Señor chorrea sangre,

está grasienta de sebo,

sangre de corderos y machos cabríos,

sebo de entrañas de carneros.

Porque el Señor hace

carnicería en Bosra,

gran matanza en Edom;

7y caen juntos búfalos

con toros y novillos.

Se empapa la tierra de su sangre,

el polvo está grasiento de su sebo;

8porque es el día

de la venganza del Señor,

año de desquite

para la causa de Sión.

9Sus arroyos se transforman en brea

y el polvo en azufre,

su territorio se vuelve brea ardiente,

10que no se apaga de día ni de noche,

y su humareda sube perpetuamente;

de edad en edad seguirá desolada,

por siglos de siglos

nadie la transitará.

11Se adueñan de ella

el pelícano y el erizo,

la lechuza y el cuervo la habitan.

El Señor le aplica la plomada del caos

y el nivel del vacío;

12y no queda nombre

con que llamar a su reino,

sus jefes vuelven a la nada.

13En sus palacios crecen espinos;

en sus torreones, cardos y ortigas;

se convierte en morada de chacales,

en guarida de avestruces;

14se reúnen hienas y gatos salvajes,

el chivo llama a su compañero,

allí descansa el búho

y encuentra dónde posarse;

15allí anida la serpiente,

pone, incuba y empolla sus huevos;

allí se juntan los buitres

sin que falte a las hembras

compañeros.

16Estudien el libro del Señor:

ni uno solo de ellos falta,

porque lo ha mandado

la boca del Señor

y su aliento los ha reunido.

17Echa la suerte para ellos

y con la cuerda de medir en su mano

les reparte el país:

lo poseerán para siempre,

de edad en edad lo habitarán.

 

Vuelta a Sión

(43,19s; 55,12s)

35 1El desierto y la tierra reseca

se regocijarán,

el arenal de alegría florecerá,

2como flor de narciso florecerá,

desbordando de gozo y alegría;

tiene la gloria del Líbano,

la belleza del Carmelo y del Sarón;

ellos verán la gloria del Señor,

la belleza de nuestro Dios.

3Fortalezcan las manos débiles,

afirmen las rodillas vacilantes.

4Digan a los cobardes:

Sean fuertes, no teman;

ahí está su Dios,

que trae el desquite,

viene en persona,

los desagraviará y los salvará.

5Se despegarán los ojos del ciego,

los oídos del sordo se abrirán,

6saltará como ciervo el tullido,

la lengua del mudo cantará;

porque ha brotado agua

en el desierto,

arroyos en la estepa,

7el arenal será un estanque,

lo reseco un manantial,

la hierba cañas y juncos,

en la cueva

donde se tumbaban chacales.

8Lo cruzará una calzada

que llamarán Vía Sacra,

no pasará por ella el impuro,

los inexpertos no se extraviarán.

9No habrá por allí leones,

no se acercarán bestias feroces,

sino que caminarán los redimidos

10y volverán por ella

los rescatados del Señor:

volverán a Sión con cánticos:

en cabeza, alegría perpetua,

siguiéndolos, gozo y alegría;

pena y aflicción se alejarán.

 

SECCIÓN HISTÓRICA

 

Invasión de Senaquerib

(2 Re 18; Is 8,5-8; 10,28-32)

36 1El año catorce del reinado de Ezequías, Senaquerib, rey de Asiria, subió contra las ciudades fortificadas de Judá y las conquistó.

2Desde Laquis el rey de Asiria despachó al copero mayor para que fuera con un fuerte destacamento a Jerusalén, al rey Ezequías. El copero mayor se detuvo ante el canal del Estanque de Arriba, junto al camino del Campo del Tintorero. 3Salieron a recibirlo Eliacín, hijo de Jelcías, mayordomo de palacio; Sobná, el secretario, y Yoaj, el canciller, hijo de Asaf. 4El copero mayor les dijo:

–Digan a Ezequías: Así dice el emperador, el rey de Asiria: ¿En qué fundas tu confianza? 5Tú piensas que la estrategia y la valentía militares son cuestión de palabras. ¿En quién confías para rebelarte contra mí? 6¿Te fías de ese bastón de caña quebrada que es Egipto? Al que se apoya en él se le clava en la mano y se la atraviesa. Eso es el faraón para los que confían en él. 7Y si me replicas: Confiamos en el Señor, nuestro Dios, ¿no es éste el Dios cuyos lugares de culto y altares ha suprimido Ezequías, exigiendo a Judá y a Jerusalén que se postren solamente ante ese altar? 8Por tanto, haz una apuesta con mi señor, el rey de Asiria, y te daré dos mil caballos, si es que tienes quien los monte. 9¿Cómo te atreves a desairar a uno de los últimos siervos de mi señor, el rey de Asiria, confiando en que Egipto te proporcionará carros y jinetes? 10¿Te crees que he subido a devastar este país sin contar con el Señor? Fue el Señor quien me dijo que subiera a devastar este país.

11Eliacín, Sobná y Yoaj dijeron al copero mayor:

–Por favor, háblanos en arameo, que lo entendemos; no nos hables en hebreo ante la gente que está en las murallas.

12Pero el copero les replicó:

–¿Crees que mi Señor me ha enviado para que les comunique a ti y a tu señor este mensaje? También es para los hombres que están en la muralla, y que con ustedes tendrán que comer su excremento y beber su orina.

13E irguiéndose el copero mayor, gritó bien fuerte en hebreo:

–Escuchen las palabras del emperador, rey de Asiria:

14Así dice el rey: que no los engañe Ezequías, porque no podrá librarlos. 15Que Ezequías no los haga confiar en el Señor, diciendo: El Señor nos librará y no entregará esta ciudad al rey de Asiria. 16No hagan caso a Ezequías, porque esto dice el rey de Asiria: ríndanse y hagan la paz conmigo, y cada uno comerá de su viña y su higuera y beberá de su pozo; 17hasta que llegue yo, para llevarlos a una tierra como la de ustedes, tierra de grano y de vino nuevo, tierra de pan y de viñas. 18Que no los engañe Ezequías, diciendo: El Señor nos librará. ¿Acaso los dioses de las naciones libraron a sus países de la mano del rey de Asiria? 19¿Dónde están los dioses de Jamat y Arpad, dónde los dioses de Sefarvaín? ¿Han librado a Samaría de mi poder? 20¿Qué dios de esos países ha podido librar sus territorios de mi mano? ¿Y va el Señor a librar a Jerusalén de mi mano?

21Ellos callaron y no le respondieron palabra. Tenían orden del rey de no responder. 22Entonces Eliacín, hijo de Jelcías, el mayordomo de palacio, Sobná, el secretario, y Yoaj el canciller, hijo de Asaf, se presentaron al rey Ezequías con las vestiduras rasgadas y le comunicaron las palabras del copero mayor.

 

Recurso a Isaías

(2 Re 19; Is 14,24-27)

37 1Cuando el rey Ezequías oyó esto, se rasgó las vestiduras, se vistió un sayal y se dirigió al templo del Señor, 2y despachó a Eliacín, el mayordomo de palacio; a Sobná, el secretario, y a los sacerdotes más ancianos, vestidos de sayal, para que fueran a decirle al profeta Isaías, hijo de Amós:

3–Así dice Ezequías: Hoy es un día de angustia, de castigo y de vergüenza; los hijos llegan al parto, y no hay fuerza para darlos a luz. 4Ojalá oiga el Señor las palabras del copero mayor, a quien su señor, el rey de Asiria, ha enviado para ultrajar al Dios vivo, y castigue las palabras que el Señor, tu Dios, ha oído. Reza por el resto que todavía subsiste.

5Los ministros del rey Ezequías se presentaron a Isaías 6y él les respondió:

–Digan a su señor: Así dice el Señor: No te asustes por esas palabras que has oído, por las blasfemias de los criados del rey de Asiria. 7Yo mismo les meteré un espíritu, y cuando oiga ciertas noticias, se volverá a su país, y en su país lo haré morir a espada.

 

Segunda versión de la embajada

(10,5-16)

8El copero mayor regresó y encontró al rey de Asiria combatiendo contra Alba, porque había oído que el rey se había retirado de Laquis 9al recibir la noticia de que Tajarca, rey de Nubia, había salido para luchar contra él.

Senaquerib envió de nuevo mensajeros a Ezequías a decirle:

10–Digan a Ezequías, rey de Judá: Que no te engañe tu Dios, en quien confían, pensando que Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiria. 11Tú mismo has oído cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países, exterminándolos, ¿y tú te vas a librar? 12¿Los salvaron a ellos los dioses de los pueblos que mis predecesores destruyeron: Gozán, Jarrán, Résef y los adanitas de Telasar? 13¿Dónde están el rey de Jamat, el rey de Arpad, el rey de Sefarvaín, de Hená y de Avá?

 

Oración de Ezequías

(Sal 44)

14Ezequías tomó la carta de manos de los mensajeros y la leyó: 15después subió al templo, la desplegó ante el Señor y oró:

16Señor Todopoderoso,

Dios de Israel,

sentado sobre querubines:

tú solo eres el Dios

de todos los reinos del mundo,

tú hiciste el cielo y la tierra.

17Presta oído, Señor, y escucha;

abre tus ojos, Señor, y mira.

Escucha el mensaje

que ha enviado Senaquerib

para ultrajar al Dios vivo.

18Es verdad, Señor: los reyes de Asiria

han asolado todas las naciones

y sus territorios,

19han quemado todos sus dioses

–porque no son dioses,

sino hechura de manos humanas,

leño y piedra– y los han destruido.

20Ahora, Señor, Dios nuestro,

sálvanos de su mano,

para que sepan

todos los reinos del mundo

que tú sólo, Señor, eres Dios.

 

Respuesta de Isaías

(2 Re 19,20-28; Is 10,5-16)

21Isaías, hijo de Amós, mandó decir a Ezequías:

–Así dice el Señor, Dios de Israel: He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiria. 22Ésta es la sentencia que el Señor pronuncia contra él:

Te desprecia

y se burla de ti

la doncella, la ciudad de Sión:

menea la cabeza a tu espalda

la ciudad de Jerusalén.

23¿A quién has ultrajado e insultado,

contra quién has alzado la voz

y levantado tus ojos a lo alto?

¡Contra el Santo de Israel!

24Por medio de tus servidores

has ultrajado al Señor:

Con mis numerosos carros

yo he subido

a las cimas de los montes,

a las cumbres del Líbano;

he talado la estatura de sus cedros

y sus mejores cipreses;

llegué hasta la última cumbre,

hasta lo más denso de su bosque.

25Yo excavé pozos

y bebí aguas extranjeras;

sequé bajo la planta de mis pies

todos los canales de Egipto.

26–¿No lo has oído?

Desde antiguo lo decidí,

en tiempos remotos lo preparé,

y ahora lo realizo;

por eso tú reduces

las ciudades fortificadas

a montones de escombros.

27Sus habitantes, faltos de fuerza,

con la vergüenza de la derrota,

fueron como hierba del campo,

como verde de los prados,

como grama de las azoteas

marchitada antes de crecer.

28Sé cuándo te sientas y te levantas,

cuándo entras y sales;

29porque te agitas contra mí

y tu arrogancia

sube a mis oídos,

te pondré mi argolla en la nariz

y mi freno en el hocico,

y te llevaré por el camino

por donde viniste.

 

Signo para Ezequías

(2 Re 19,29-34)

30Esto te servirá de señal:

Este año comerán el grano caído;

el año que viene,

lo que brote sin sembrar;

el año tercero sembrarán

y cosecharán,

plantarán viñas

y comerán sus frutos.

31De nuevo

el resto de la casa de Judá

echará raíces por abajo

y dará frutos por arriba;

32porque de Jerusalén saldrá un resto,

los supervivientes, del Monte Sión:

¡el celo del Señor Todopoderoso

lo cumplirá!

33Por eso, así dice el Señor

acerca del rey de Asiria:

No entrará en esta ciudad,

no disparará contra ella su flecha,

no se acercará con escudo

ni levantará contra ella un terraplén;

34por el camino por donde vino

se volverá,

pero no entrará en esta ciudad

–oráculo del Señor–.

35Yo defenderé a esta ciudad

para salvarla,

por mi honor y el de David, mi siervo.

 

Desenlace

36Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres; por la mañana, al despertar, los encontraron cadáveres.

37Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, se volvió a Nínive, y se quedó allí. 38Y un día, mientras estaba postrado en el templo de su dios Nisroc, sus hijos Adramélec y Saréser lo mataron con la espada, y escaparon al territorio de Ararat. Y le sucedió en el trono su hijo Asaradón.

 

Enfermedad y sanación de Ezequías

(2 Re 20,1-11)

38 1En aquel tiempo, Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amós, fue a visitarlo y le dijo:

–Así dice el Señor: Haz testamento, porque vas a morir sin remedio.

2Entonces, Ezequías volvió la cara a la pared y oró al Señor:

3–Señor, ten presente que he procedido de acuerdo contigo, con corazón sincero e íntegro, y que he hecho lo que te agrada.

Y lloró con largo llanto.

4El Señor dirigió la palabra a Isaías:

5–Ve y dile a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de tu padre David: He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas. Mira, añado a tus días otros quince años. 6Los libraré de las manos del rey de Asiria, a ti y a esta ciudad, y la protegeré.

21Isaías ordenó:

–Que traigan un ungüento de higos y lo apliquen a la herida para que se sane.

22Ezequías dijo:

–¿Cuál es la señal de que subiré a la casa del Señor?

7Respondió:

–Ésta es la señal del Señor, de que cumplirá el Señor la palabra dada: 8En el reloj de sol de Ajaz haré que la sombra retroceda los diez grados que ha avanzado.

Y desanduvo el sol en el reloj los diez grados que había avanzado.

 

Cántico de Ezequías

(Sal 30; 88)

9Cántico de Ezequías, rey de Judá, cuando enfermó y sanó de la enfermedad:

10–Yo pensé: En lo mejor de mis días,

tengo que marchar

hacia las puertas del abismo;

me privan del resto de mis años.

11Yo pensé: Ya no veré más al Señor

en la tierra de los vivos,

ya no miraré a los hombres

entre los habitantes del mundo.

12Levantan y enrollan mi morada

como tienda de pastores.

Como un tejedor enrollaba yo mi vida,

y me cortan la trama.

Día y noche me estabas acabando,

13sollozo hasta el amanecer.

Me quiebras los huesos como un león,

día y noche me estás acabando.

14Como una golondrina estoy piando,

gimo como una paloma.

Mis ojos mirando al cielo

se consumen:

¡Señor, que me oprimen,

sal fiador por mí!

15¿Qué le diré y qué pensaré

si él es quien lo hace?

Huye de mí el sueño

por la amargura de mi alma.

16Los que Dios protege, viven,

y entre ellos vivirá mi espíritu:

me has sanado,

me has hecho revivir.

17La amargura se me volvió paz

cuando detuviste mi vida

ante la tumba vacía

y volviste la espalda

a todos mis pecados.

18El abismo no te da gracias,

ni la muerte te alaba,

ni esperan en tu fidelidad

los que bajan a la fosa.

19Los vivos, los vivos son

quienes te dan gracias:

como yo ahora.

El padre enseña a sus hijos

tu fidelidad.

20Sálvame, Señor,

y tocaremos nuestras arpas

todos nuestros días

en la casa del Señor.

 

Embajada del rey de Babilonia

(2 Re 20,12-19)

39 1En aquel tiempo, Merodac Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y regalos al rey Ezequías cuando se enteró de que se había restablecido de su enfermedad.

2Ezequías se alegró y enseñó a los mensajeros su tesoro: la plata y el oro, los perfumes y ungüentos, toda la vajilla y cuanto había en sus depósitos. No quedó nada en su palacio y en sus dominios que Ezequías no les enseñase.

3Pero el profeta Isaías se presentó al rey Ezequías y le dijo:

–¿Qué ha dicho esa gente y de dónde vienen a visitarte?

Ezequías contestó:

–De una tierra lejana han venido a visitarme: de Babilonia.

4Isaías preguntó:

–¿Qué han visto en tu casa?

Ezequías contestó:

–Han visto toda mi casa; no he dejado de enseñarles nada de mis tesoros.

5Isaías le replicó:

–Escucha la Palabra del Señor Todopoderoso: 6Mira: llegarán días en que todo lo que hay en tu casa, cuanto atesoraron tus abuelos hasta hoy, se lo llevarán a Babilonia. No quedará nada, dice el Señor. 7Y a los hijos que de ti salieron, que tú engendraste, se los llevarán a Babilonia para que sirvan como palaciegos del rey.

8Ezequías contestó:

–Es favorable la Palabra del Señor que has pronunciado.

Porque se decía: Mientras yo viva habrá paz y seguridad.

 

Isaías II

(Deuteroisaías)

 

Autor y época. Es hoy opinión común que estos capítulos son obras de un profeta anónimo que ejerció su ministerio entre los desterrados de Babilonia, durante el ascenso de Ciro (553-539 a.C.). Tras conquistar Ecbatana, capital de los medos (553 a.C.), Ciro marcha contra Lidia y se apodera de gran parte de Asia Menor (Is 41,2s; 45,1-3). Toma la capital de Babilonia en el 539 a.C., se proclama emperador e inaugura una política de tolerancia que culmina con el edicto de repatriación de los judíos (538 a.C.).

Los deportados se repartían en tres categorías aproximadamente: los instalados en la nueva patria, los resignados sin esperanza, y los que resisten y sueñan con el retorno. Podemos imaginar sus reacciones al observar los acontecimientos políticos.

 

El mensaje de Isaías II. Este profeta anónimo es un extraordinario teólogo y un magnífico poeta. Concibe su obra como un segundo Éxodo, semejante y más glorioso que el primero. Conserva la estructura base y muchos motivos del primero y los trasfigura y exalta.

El destierro es para nuestro profeta el lugar de la redención de Israel, de la que saldrá purificado como un nuevo pueblo, guiado por el Dios de la historia a través de un nuevo éxodo hacia el cumplimiento escatológico y definitivo de la promesa. Isaías II anuncia el futuro, no en forma puntual y circunstancial, sino con arrebato poético, con imágenes y símbolos gloriosos, con horizonte ilimitado.

Los símbolos acogen la realidad puntual y circunstancial desbordándola; porque apuntan a una realidad superior, suprema: la liberación auténtica que las otras preparan y prefiguran y que abarca ya a todas las naciones de la tierra, una alianza que Jeremías verá impresa en el corazón de todos los humanos.

Para su tarea, el profeta, que lleva el nuevo título de «evangelista» o heraldo de buenas noticias, dispone solo de la «palabra», la cual enmarca la obra entera, 40,8 y 51,11; es eficaz, es como promesa de Dios

De múltiples resistencias tiene que triunfar el Señor. Primero de Babilonia, cruel y soberbia, confiada en sus dioses y en sus magos. Segundo, de los dioses de Babilonia a quienes el Señor desafía a que demuestren su capacidad de predecir y realizar. La tercera resistencia es la más grave, porque es la del pueblo judío que se resiste a esperar.

El pueblo se cansa y protesta (40,20); tiene miedo (41,13s); es ciego y sordo (42,18-20); nostálgico (43,18); pecador (43,23); no comprende la elección de un extranjero (45,9-11); es falso y obstinado (48,1-8); se cree abandonado (49,14).

El profeta tiene que convertir a la esperanza a ese pueblo fracasado o resignado o desalentado. No basta creer (7,9), hay que esperar, pues cuando suene la hora, solo los esperanzados harán real el objeto de su esperanza: se pondrán en camino y volverán.

 

El Siervo. Aunque varios personajes están al servicio del Señor, hay un personaje anónimo que lleva el título de Siervo y que emerge del contexto próximo en cuatro cantos: 42,1-4 (prolongado en 42,5-13); 49,1-7 (prolongado en 49,8-13); 50,4-9, y 52,13–53,12. Su vocación es profética y semejante a la de Moisés, es dramática por la actitud del pueblo, es trágica y gloriosa.

Su figura contrasta con la del pueblo. Israel es cobarde (40,27; 41,28; 44s), él es valiente (49,4; 50,7-9); Israel es pecador (43,27; 48,4), él es inocente (50,5; 53,9); Israel es impaciente (40,27; 49,14), él es paciente (53,7); Israel ha de expiar por sí (43,22; 47,6; 50,1; 54,7), él expía por otros (53,4-6.8-11).

¿Quién es este misterioso personaje? Es difícil de saber si el autor se refiere simbólicamente a una persona individual, o a un grupo o al pueblo entero de Israel. El judaísmo posterior dio una interpretación mesiánica a estos cantos misteriosos, pero fue Jesús de Nazaret el que se identificó a sí mismo como el Siervo. La profecía del deuteroisaías es uno de los textos mas citados del Nuevo Testamento; el evangelio de Juan, aunque sin citarlo, está bajo su influjo.

 

La Buena Noticia

(52,7-10)

40 1Consuelen,

consuelen a mi pueblo,

dice su Dios:

2hablen al corazón de Jerusalén,

anúncienle

que se ha cumplido su condena

y está pagado su crimen,

ya que de la mano del Señor

ha recibido

doble castigo por sus pecados.

3Una voz grita: En el desierto

preparen un camino al Señor;

tracen en la llanura

un sendero para nuestro Dios;

4que los valles se levanten,

que montes y colinas se aplanen,

que lo torcido se enderece

y lo escabroso se nivele;

5y se revelará la gloria del Señor

y la verán

todos los hombres juntos

–ha hablado la boca del Señor–.

6Dice una voz: Grita.

Respondo: ¿Qué debo gritar?

Toda carne es hierba

y su belleza como flor campestre:

7se seca la hierba,

se marchita la flor,

cuando el aliento del Señor

sopla sobre ellos;

8se seca la hierba,

se marchita la flor,

pero la Palabra de nuestro Dios

se cumple siempre.

9Súbete a un monte elevado,

mensajero de Sión;

alza fuerte la voz,

mensajero de Jerusalén;

álzala, no temas,

di a las ciudades de Judá:

Aquí está su Dios.

10Miren,

el Señor Dios llega con poder,

y su brazo manda.

Miren, viene con él su salario,

delante de él su recompensa.

11Como un pastor

que apacienta el rebaño,

su brazo lo reúne,

toma en brazos los corderos

y hace recostar a las madres.

 

Polémica de Dios con los ídolos

(41,21-29; 44,6-8; Sab 13–15)

12¿Quién ha medido a puñados el mar,

o mensurado a palmos el cielo,

o a cuartillos el polvo de la tierra?

¿Quién ha pesado

en la balanza los montes

y en la báscula las colinas?

13¿Quién ha medido

el Espíritu del Señor?

¿Quién le ha sugerido su proyecto?

14¿Con quién se aconsejó

para entenderlo,

para que le enseñara

el camino exacto?,

¿para que le enseñara el saber

y le sugiriese el método inteligente?

15Miren, las naciones

son gotas de un balde

y valen lo que el polvillo de balanza.

Miren, las islas

pesan lo que un grano,

16el Líbano no basta para leña,

sus fieras no bastan

para el holocausto.

17Frente a él las naciones

todas son como si no existieran,

para él no cuentan

absolutamente nada.

18¿Con quién podrán

ustedes comparar a Dios,

qué imagen van a contraponerle?

19¿La estatua que funde el escultor

y el orfebre recubre de oro

y le suelda cadenas de plata?

 

41 6Ellos se ayudan uno a otro,

dicen a su compañero: Ánimo,

7y el escultor anima al orfebre;

el que forja a martillo

al que golpea el yunque,

diciendo: Buena soldadura,

y la sujetan con clavos

para que no se mueva.

 

40 20El demasiado modesto

para hacer esa ofrenda

escoge una madera incorruptible,

se busca un hábil escultor

que le haga una estatua

que no se mueva.

21¿No saben, no lo han oído,

no se lo han anunciado

de antemano;

no lo han comprendido

desde la fundación del mundo?

22El que se sienta

sobre la cúpula de la tierra

–sus habitantes

parecen saltamontes–;

el que tendió como toldo el cielo

y lo desplegó

como tienda que se habita;

23el que reduce a nada a los príncipes

y convierte a los gobernantes

en nulidad:

24apenas plantados,

apenas sembrados,

apenas arraigan sus brotes en tierra,

sopla sobre ellos y se marchitan,

y el vendaval

los arrebata como paja.

25¿A quién podrán compararme?

¿A quién me asemejo?

–dice del Santo–.

26Levanten los ojos a lo alto y miren:

¿quién creó aquello?

El que cuenta y despliega su ejército

y a cada uno lo llama por su nombre;

tan grande es su poder,

tan robusta su fuerza,

que no falta ninguno.

 

Polémica de Dios con el pueblo

(43,22-28; 45,9-14; 50,13)

27¿Por qué andas hablando, Jacob,

y diciendo, Israel:

Mi suerte está oculta al Señor,

mi Dios ignora mi causa?

28¿Acaso no lo sabes,

es que no lo has oído?

El Señor es un Dios eterno

y creó los confines del mundo.

No se cansa, no se fatiga,

es insondable su inteligencia.

29Él da fuerza al cansado,

acrecienta el vigor del inválido;

30aun los muchachos

se cansan, se fatigan,

los jóvenes tropiezan y vacilan;

31pero los que esperan en el Señor

renuevan sus fuerzas,

echan alas como las águilas,

corren sin cansarse,

marchan sin fatigarse.

 

Dios promete la liberación a Israel:

Vocación de Ciro

(45,1-8; 48,12-19)

41 1Islas, callen ante mí;

naciones, esperen mi desafío.

Que se acerquen a hablar,

comparezcamos juntos a juicio.

2¿Quién lo ha mandado

desde oriente

y convoca la victoria a su paso,

le entrega los pueblos,

le somete los reyes?

Su espada los tritura

y su arco los dispersa como paja;

3los persigue y avanza seguro

por sendas que sus pies no pisaban

4¿Quién lo ha hecho y ejecutado?

El que anuncia

el futuro de antemano.

Yo, el Señor, que soy el primero,

yo estoy con los últimos.

5Véanlo, islas, y estremézcanse,

tiemblen los confines del mundo.

 

Israel, siervo del Señor

(44,1-5; Sal 48)

8Tú, Israel, siervo mío;

Jacob, mi elegido;

estirpe de Abrahán, mi amigo.

9Tú, a quien tomé

en los confines del mundo,

y llamé de las regiones

más remotas,

a quien dije: Tú eres mi siervo,

te he elegido y no te he rechazado.

10No temas, que yo estoy contigo;

no te angusties, que yo soy tu Dios:

te fortalezco y te auxilio

y te sostengo

con mi diestra victoriosa.

11Mira: se avergonzarán derrotados

los que se enardecen contra ti;

serán aniquilados y perecerán

los que pleitean contra ti;

12buscarás sin encontrarlos

a los que pelean contra ti;

serán aniquilados, dejarán de existir

los que guerrean contra ti.

13Porque yo, el Señor, tu Dios

te agarro de la diestra,

y te digo: No temas,

yo mismo te auxilio.

14No temas, gusanito de Jacob,

oruga de Israel,

yo mismo te auxilio

–oráculo del Señor–,

tu redentor es el Santo de Israel.

15Mira, te convierto

en un instrumento de trillar, afilado,

nuevo, dentado:

trillarás los montes y los triturarás,

convertirás en paja las colinas;

16los echarás al viento,

y el viento los arrebatará,

el vendaval los dispersará;

y tú te alegrarás con el Señor,

te gloriarás del Santo de Israel.

 

Nuevo éxodo

(43,14-21; 48,20-22; 52,11s)

17Los pobres y los indigentes

buscan agua, y no la hay;

su lengua está reseca de sed.

Yo, el Señor, les responderé;

yo, el Dios de Israel,

no los abandonaré.

18Haré brotar ríos en las dunas;

en medio de las valles,

manantiales;

transformaré el desierto en estanque

y el arenal en fuentes de agua;

19pondré en el desierto cedros,

y acacias, y mirtos, y olivos;

plantaré en la estepa cipreses,

junto con olmos y alerces.

20Para que vean y conozcan,

reflexionen y aprendan de una vez

que la mano del Señor lo ha hecho,

que el Santo de Israel lo ha creado.

 

Pleito con los dioses

(43,8-13)

21Expongan su caso, dice el Señor;

presenten sus pruebas,

dice el Rey de Jacob;

22que se adelanten

y nos anuncien lo que va a suceder.

Nárrennos sus predicciones pasadas

y prestaremos atención;

anúnciennos el futuro,

y comprobaremos el desenlace;

23narren los sucesos futuros,

y sabremos que son dioses.

Hagan algo, bueno o malo,

que nos demos cuenta

y lo veamos todo.

24Miren, ustedes son nada;

sus obras, vacío;

es despreciable elegirlos.

25Yo lo hice aparecer en el norte,

y ha venido;

en oriente lo llamo por su nombre;

pisará gobernantes como barro,

como pisa el alfarero la arcilla.

26¿Quién lo anunció de antemano

para que lo supiéramos,

por adelantado para que dijéramos:

Tiene razón?

Ninguno lo narra, ninguno lo anuncia,

nadie oye el discurso de ustedes.

27Lo anuncié yo el primero en Sión

y envié un mensajero a Jerusalén.

28Busqué;

pero entre ellos no había nadie,

ningún consejero a quien preguntarle

para que me informara.

29Todos juntos eran nada;

sus obras, vacío;

aire y nulidad sus estatuas.

 

Primer cántico del siervo:

Presentación

(49,1-13; 50,4-11; 52,12–53,12; Mt 12,18-21)

42 1Miren a mi siervo,

a quien sostengo;

mi elegido, a quien prefiero.

Sobre él he puesto mi Espíritu,

para que promueva

el derecho en las naciones.

2No gritará, no clamará,

no voceará por las calles.

3No romperá la caña quebrada,

no apagará la mecha vacilante.

Promoverá fielmente el derecho,

4no vacilará ni se quebrará,

hasta implantar

el derecho en la tierra,

y su ley que esperan las islas.

5Así dice el Señor Dios,

que creó y desplegó el cielo,

afianzó la tierra con su vegetación,

dio el respiro al pueblo que la habita

y el aliento

a los que se mueven en ella.

6Yo, el Señor,

te he llamado para la justicia,

te he tomado de la mano,

te he formado

y te he hecho alianza de un pueblo,

luz de las naciones.

7Para que abras los ojos de los ciegos,

saques a los cautivos de la prisión

y de la cárcel

a los que habitan en tinieblas:

8Yo soy el Señor, éste es mi Nombre,

no cedo mi gloria a nadie

ni mi honor a los ídolos.

9Lo antiguo ya ha sucedido,

y algo nuevo yo anuncio,

antes de que brote se lo comunico.

 

Himno

(Sal 96; 98)

10Canten al Señor un cántico nuevo,

y llegue su alabanza

a los confines de la tierra;

los que se hacen al mar,

los que lo pueblan,

las costas y sus habitantes.

11Alégrese el desierto con sus tiendas,

los poblados que habita Cadar;

exulten los vecinos de Petra,

clamen desde la cumbre

de las montañas;

12den gloria al Señor,

pronuncien su alabanza

en las costas.

13El Señor sale como un héroe,

excita su ardor como un guerrero,

lanza el alarido

desafiando al enemigo.

 

Nueva salvación

14Desde antiguo guardé silencio,

me callaba, aguantaba;

como parturienta, jadeo y resuello.

15Arrasaré montes y colinas,

secaré toda su hierba,

convertiré los ríos en tierra árida,

secaré los estanques;

16conduciré a los ciegos

por un camino que desconocen,

los guiaré por senderos que ignoran.

Ante ellos convertiré

las tinieblas en luz,

lo escabroso en llano.

Esto es lo que pienso hacer,

y no dejaré de hacerlo.

17Retrocederán defraudados

los que confían en el ídolo,

los que dicen a una estatua:

Tú eres nuestro Dios.

 

Ceguera del pueblo

(6,9s; 22,8-11)

18Sordos, escuchen y oigan;

ciegos, miren y vean:

19¿quién es ciego sino mi siervo,

quién es sordo

sino el mensajero que envío?

¿Quién es ciego como mi enviado,

quién es sordo

como el siervo del Señor?

20Mucho mirar y no sacabas nada,

con los oídos abiertos no te enterabas.

21El Señor, por amor de su justicia,

quería glorificar y engrandecer su ley;

22pero son un pueblo saqueado

y despojado,

atrapados todos en cuevas,

encerrados en cárceles.

Lo saqueaban, y nadie lo libraba;

lo despojaban,

y nadie decía: Devuélvelo.

23¿Quién de ustedes

prestará oído a esto,

y atento escuchará el futuro?

24¿Quién entregó a Jacob al saqueo,

a Israel al despojo?

¿No fue el Señor,

contra quien pecamos

no queriendo seguir sus caminos

ni obedecer su ley?

25Descargó sobre él el ardor de su ira,

el furor de la guerra;

lo rodeaban sus llamas,

y no se daba cuenta;

lo quemaban, y no hacía caso.

 

Rescate del pueblo

43 1Y ahora, así dice el Señor,

el que te creó, Jacob;

el que te formó, Israel:

No temas, que te he redimido,

te he llamado por tu nombre,

tú eres mío.

2Cuando cruces las aguas,

yo estaré contigo,

la corriente no te anegará;

cuando pases por el fuego,

no te quemarás,

la llama no te abrasará.

3Porque yo soy el Señor, tu Dios,

el Santo de Israel, tu salvador.

Como rescate tuyo

entregué a Egipto,

a Etiopía y Sabá a cambio de ti;

4porque te aprecio y eres valioso

y yo te quiero,

entregaré hombres a cambio de ti,

pueblos a cambio de tu vida:

5no temas, que contigo estoy yo;

desde oriente

traeré a tu descendencia,

desde occidente te reuniré.

6Diré al Norte: Entrégalo;

al Sur: No lo retengas;

tráeme a mis hijos de lejos

y a mis hijas del confín de la tierra;

7a todos los que llevan mi Nombre,

a los que creé para mi gloria,

a los que hice y formé.

El pueblo, testigo de Dios

8Saquen al pueblo ciego,

aunque tiene ojos;

a los sordos, aunque tienen oídos;

9que se reúnan las naciones

y se junten los pueblos:

¿quién de ellos puede contárnoslo

o informarnos

de predicciones pasadas?

Que presenten testigos

para ganar su causa,

que lo oigamos, y diremos: Es verdad.

10Ustedes son mis testigos

–oráculo del Señor–

y mis siervos, a quienes escogí,

para que conocieran y me creyeran,

para que comprendieran quién soy yo.

Antes de mí

no habían fabricado ningún dios

y después de mí ninguno habrá:

11Yo soy el Señor;

fuera de mí no hay salvador.

12Yo predije, y salvé; yo anuncié,

y no tenían dios extranjero.

Ustedes son mis testigos

–oráculo del Señor–;

13yo soy Dios,

desde siempre lo soy.

No hay quien libre de mi mano;

lo que yo hago, ¿quién lo deshará?

 

Salvación

14Así dice el Señor,

su Redentor, el Santo de Israel:

A causa de ustedes

yo he mandado gente a Babilonia,

he arrancado todos los cerrojos

de las prisiones,

y los caldeos rompen en lamentos.

15Yo soy el Señor, su Santo,

el creador de Israel, su Rey.

16Así dice el Señor,

que abrió camino en el mar

y senda en las aguas impetuosas;

17que sacó a batalla carros y caballos,

tropa con sus valientes:

caían para no levantarse,

se apagaron como mecha

que se extingue.

18No recuerden lo de antaño,

no piensen en lo antiguo;

19miren que realizo algo nuevo;

ya está brotando, ¿no lo notan?

Abriré un camino por el desierto,

ríos en el arenal;

20me glorificarán las fieras salvajes,

chacales y avestruces,

porque ofreceré agua en el desierto,

ríos en el arenal,

para apagar la sed de mi pueblo,

de mi elegido.

21El pueblo que yo me formé,

para que proclamara mi alabanza.

 

Requisitoria contra el pueblo

(45,9-14; 50,1-3)

22Pero tú no me invocabas, Jacob;

ni te esforzabas por mí, Israel;

23no me ofrecías ovejas

en holocausto,

no me honrabas con tus sacrificios;

yo no te avasallé

exigiéndote ofrendas,

ni te cansé pidiéndote incienso,

24no me comprabas

canela con dinero,

no me saciabas

con la grasa de tus sacrificios;

pero me avasallabas

con tus pecados,

y me cansabas con tus culpas.

25Yo, yo era quien por mi cuenta

borraba tus crímenes

y no me acordaba de tus pecados;

26recuérdamelo tú, y discutiremos;

razona tú, y saldrás absuelto.

27Ya tu primer padre pecó,

tus jefes se rebelaron contra mí;

28por eso profané

a príncipes consagrados,

entregué a Jacob al exterminio

y a Israel a los insultos.

 

Dios consuela a su pueblo

44 1Y ahora escucha,

Jacob, siervo mío;

Israel, mi elegido:

2Así dice el Señor que te hizo,

que te formó en el vientre

y te auxilia:

No temas, siervo mío,

Jacob, mi cariño, mi elegido;

3voy a derramar agua

sobre el suelo sediento

y torrentes en la tierra seca;

voy a derramar mi aliento

sobre tu descendencia

y mi bendición sobre tus retoños.

4Crecerán como hierba

junto a la fuente,

como sauces junto a las acequias.

5Uno dirá: Soy del Señor;

otro se pondrá el nombre de Jacob;

uno se tatuará en el brazo:

Del Señor, y se apellidará Israel.

6Así dice el Señor, Rey de Israel,

su redentor, el Señor Todopoderoso:

Yo soy el primero y yo soy el último;

fuera de mí no hay dios.

7¿Quién se parece a mí?, que hable,

que lo explique y me lo exponga.

¿Quién anunció

de antemano el porvenir,

quién nos predice

lo que ha de suceder?

8No teman, no tiemblen:

¿no lo anuncié

y lo predije por adelantado?

Ustedes son testigos:

¿Hay un dios fuera de mí?

No existe roca que yo no conozca.

 

Sátira contra la idolatría

(Jr 10,1-16; Sab 13–15; Bar 6)

9Los que modelan ídolos

no valen nada,

y es inútil lo que ellos aman,

sus devotos no ven nada ni conocen;

por eso quedan defraudados.

10¿Quién modela un dios

o funde una imagen

si no es para sacar algo?

11Miren: todos sus seguidores

quedarán defraudados,

porque los que los fabrican

no son más que hombres.

Que se reúnan todos

para comparecer:

sentirán espanto

y vergüenza a la vez.

12El herrero trabaja el ídolo en las brasas, lo va modelando con el martillo, lo trabaja con brazo robusto; pasa hambre, se agota, no bebe y está exhausto. 13El tallista aplica la regla, lo diseña a lápiz, lo trabaja con la gubia y lo delínea con el compás: le da figura de hombre y belleza humana, para instalarlo en un templo.

14Se corta cedros, se escoge una encina o un roble, dejándolos crecer entre los árboles del bosque, o planta un fresno que crece con la lluvia. 15A la gente le sirve de leña, lo toman para calentarse o también para hacer fuego y cocer pan; pero él hace un dios y lo adora, fabrica una imagen y se postra ante ella. 16Con una parte hace fuego: asa carne sobre las brasas, se la come, queda satisfecho, se calienta y dice: Bueno, estoy caliente y tengo luz. 17Con el resto se hace la imagen de un dios, se postra, lo adora y le reza: Líbrame, que tú eres mi dios.

18No comprenden ni distinguen, tienen los ojos cegados y no ven, la mente, y no entienden. 19No reflexiona, no tiene inteligencia ni criterio para decir: La mitad la he quemado en el fuego; he cocido pan sobre las brasas, he asado carne para comer. ¿Y voy a hacer del resto un ídolo? ¿Y a postrarme ante un trozo de madera? 20Él se alimenta de ceniza, una mente ilusa lo extravía, no es capaz de liberarse diciendo: ¿No es un engaño lo que tengo en mi mano?

 

Redención de Israel

21Acuérdate de esto, Jacob;

de que eres mi siervo, Israel.

Te formé, y eres mi siervo,

Israel, no te olvidaré.

22He disipado como niebla

tus rebeliones;

como nube tus pecados:

vuelve a mí, que soy tu redentor.

23Aclamen, cielos,

porque el Señor ha actuado;

griten de alegría,

profundidades de la tierra,

rompan en aclamaciones, montañas,

y tú, bosque, con todos tus árboles;

porque el Señor ha redimido a Jacob

y se gloría de Israel.

 

Yo soy el Señor

(45,16-25)

24Así dice el Señor, tu redentor,

que te formó en el vientre:

Yo soy el Señor, creador de todo;

Yo solo desplegué el cielo,

yo afiancé la tierra.

Y, ¿quién me ayudaba?

25Yo soy el que frustra

los presagios de los magos

y muestra la necedad de los adivinos;

el que echa atrás a los sabios

y muestra que su saber es ignorancia;

26pero realiza

la palabra de sus siervos,

cumple el proyecto

de sus mensajeros;

el que dice:

¡Jerusalén, serás habitada;

ciudades de Judá,

serán reconstruidas;

ruinas, las levantaré!;

27el que dice: Océano, aridece,

secaré tus corrientes;

28el que dice: Ciro, tú eres mi pastor

y cumplirás todo mi designio;

el que dice: Jerusalén,

serás reconstruida;

templo, serás cimentado.

 

Investidura de Ciro

(41,1-5; 48,12-19)

45 1Así dice el Señor

a su ungido, Ciro,

a quien lleva de la mano:

Doblegaré ante él naciones,

desarmaré a los reyes,

abriré ante él las puertas,

los batientes no se le cerrarán.

2Yo iré delante de ti

allanándote cerros;

haré trizas las puertas de bronce,

arrancaré los cerrojos de hierro,

3te daré tesoros ocultos,

caudales escondidos.

Así sabrás que yo soy el Señor,

que te llamo por tu nombre,

el Dios de Israel.

4Por mi siervo, Jacob;

por Israel, mi elegido.

Te llamé por tu nombre,

te di un título,

aunque no me conocías.

5Yo soy el Señor, y no hay otro;

fuera de mí no hay dios.

Te pongo la insignia,

aunque no me conoces,

6para que sepan de oriente a occidente

que no hay otro fuera de mí.

Yo soy el Señor, y no hay otro:

7artífice de la luz,

creador de las tinieblas,

autor de la paz,

creador de la desgracia;

yo, el Señor, hago todo esto.

8Cielos, destilen el rocío;

nubes, derramen la victoria;

ábrase la tierra y brote la salvación,

y con ella germine la justicia:

yo, el Señor, lo he creado.

9¡Ay del que pleitea con su artífice,

vasija contra el alfarero!

¿Acaso dice la arcilla al artesano:

Qué estás haciendo,

tu vasija no tiene asas?

10¡Ay del que le dice al padre:

¿Qué engendras?,

o a la mujer: ¿Por qué te retuerces?

11Así dice el Señor,

el Santo de Israel, su artífice:

Y ustedes, ¿van a pedirme

cuentas de mis hijos?

¿Me van a dar instrucciones

sobre la obra de mis manos?

12Yo hice la tierra

y creé sobre ella al hombre;

mis propias manos

desplegaron el cielo,

y doy órdenes a su entero ejército.

13Yo lo he suscitado para la victoria

y allanaré todos sus caminos:

él reconstruirá mi ciudad,

libertará a mis deportados

sin precio ni soborno

–dice el Señor Todopoderoso–.

14Así dice el Señor:

Los obreros de Egipto,

los mercaderes de Nubia

y los sabeos de alta estatura

a ti pasarán, tuyos serán,

tras de ti marcharán,

desfilarán en cadenas;

se postrarán ante ti y te suplicarán:

Sólo en ti está Dios,

y no hay más dioses.

15Es verdad:

Tú eres el Dios escondido,

el Dios de Israel, el Salvador.

16Derrotados, fracasados todos juntos,

se marchan con su fracaso

los fabricantes de ídolos,

17mientras el Señor salva a Israel

con una salvación perpetua,

y no serán derrotados

ni fracasarán nunca jamás.

18Así dice el Señor, creador del cielo

–él es Dios–,

el que modeló la tierra,

la fabricó y la afianzó;

no la creó vacía,

sino que la formó habitable:

Yo soy el Señor y no hay otro.

19No hablé a escondidas,

en un país tenebroso;

no dije a la estirpe de Jacob:

Búsquenme en el vacío.

Yo soy el Señor

que pronuncia sentencia

y declara lo que es justo.

20Reúnanse, vengan,

acérquense juntos,

supervivientes de las naciones:

No discurren los que llevan

su ídolo de madera

y rezan a un dios

que no puede salvar.

21Declaren, expongan las pruebas,

que deliberen juntos:

¿quién anunció esto desde antiguo,

quién lo predijo desde entonces?

¿No fui yo, el Señor?

No hay otro Dios fuera de mí.

Yo soy un Dios justo y salvador,

y no hay ninguno más.

22Vengan a mí para ser salvados,

confines de la tierra,

porque yo soy Dios, y no hay otro.

23Lo juro por mi Nombre,

de mi boca sale una sentencia,

una palabra irrevocable:

Ante mí se doblará toda rodilla,

por mí jurará toda lengua.

24Dirán: Sólo el Señor

tiene la justicia y el poder.

A él vendrán derrotados

los que se enfurecían contra él,

25por el Señor triunfará

y se gloriará la estirpe de Israel.

 

Contra los dioses de Babilonia

(Dn 14)

46 1Se encorva Bel,

se desploma Nebo;

cargan sus imágenes

sobre bestias y animales de carga,

y las estatuas que les cargan en andas

son una carga abrumadora;

2a una se encorvan y se desploman:

incapaces de librar al que los lleva,

ellos mismos marchan al destierro.

3Escúchenme, casa de Jacob,

resto de la casa de Israel,

con quien he cargado

desde que nacieron,

a quien he llevado

desde que salieron de las entrañas:

4hasta que envejezcan

yo seré el mismo,

hasta las canas yo los sostendré;

yo lo he hecho,

yo los seguiré llevando,

yo los sostendré y los libraré.

5¿A quién me compararán,

me igualarán

o me asemejarán?

¿Quién se me puede comparar?

6Sacan oro de la bolsa

y pesan plata en la balanza;

asalarian un orfebre

que con ello fabrique un dios,

se postran y lo adoran.

7Se lo cargan a hombros,

lo transportan;

donde lo ponen, allí se queda;

no se mueve de su sitio.

Por mucho que le griten,

no responde,

no los salva del peligro.

 

Dios, dueño del futuro

(48,1-11)

8Recuerden esto y medítenlo:

reflexionen, rebeldes,

9recordando el pasado predicho.

Yo soy Dios, y no hay otro;

no hay otro dios como yo.

10De antemano yo anuncio el futuro;

por adelantado,

lo que aún no ha sucedido.

Digo: Mi designio se cumplirá,

mi voluntad la realizo.

11Llamo al buitre de oriente,

de tierra lejana

al hombre de mi designio.

12Escúchenme, los valientes,

que se quedan lejos de la victoria:

13Yo acerco mi victoria,

no está lejos;

mi salvación no tardará;

traeré la salvación a Sión

y mi honor a Israel.

 

Humillación de Babilonia y de sus magos

(Jr 50s; Ez 28; Ap 18)

47 1Baja, siéntate en el polvo,

joven Babilonia;

siéntate en tierra, sin trono,

capital de los caldeos,

que ya no te volverán a llamar

blanda y refinada.

2Agarra un molino, muele harina,

quítate el velo, alza las faldas,

descubre el muslo, cruza los canales,

3aparezca tu desnudez,

véanse tus vergüenzas.

Tomaré venganza inexorable.

4Nuestro redentor,

que se llama el Señor Todopoderoso,

el Santo de Israel, dice:

5Siéntate y calla,

entra en las tinieblas,

capital de los caldeos,

que ya no te llamarán Emperatriz.

6Airado contra mi pueblo,

profané mi herencia,

la entregué en tus manos:

no tuviste compasión de ellos,

abrumaste con tu yugo a los ancianos,

7diciéndote:

Seré señora por siempre jamás,

sin considerar esto,

sin pensar en el desenlace.

8Pero ahora escúchalo,

sedienta de placeres,

que reinabas confiada,

que te decías: Yo y nadie más.

No me quedaré viuda,

no perderé a mis hijos.

9Las dos cosas te sucederán,

de repente en un solo día:

viuda y sin hijos te verás a la vez,

a pesar de tus muchas brujerías

y del gran poder de tus sortilegios.

10Tú te sentías segura en tu maldad,

diciéndote: Nadie me ve;

tu sabiduría y tu ciencia

te han trastornado,

mientras pensabas: Yo y nadie más.

11Porque vendrá sobre ti una desgracia

que no sabrás conjurar,

caerá sobre ti un desastre

del que no te podrás librar;

vendrá sobre ti de repente

una catástrofe que no te imaginabas.

12Insiste en tus sortilegios,

en tus muchas brujerías,

que han sido tu tarea desde joven;

quizá te aprovechen,

quizá los espantes.

13Estás harta de consejos:

que se levanten y te salven

los que conjuran el cielo,

los que observan las estrellas,

los que pronostican cada mes

lo que te va a suceder.

14Míralos convertidos en paja:

el fuego los consume

y no pueden librarse

del poder de las llamas;

ni siquiera son brasas para calentarse

ni hogar para sentarse enfrente.

15En eso han terminado

aquellos con quienes traficabas,

con quien te atareabas desde joven:

cada uno se pierde por su lado,

y no hay quien te salve.

 

Pleito con el pueblo

(43,22-28; 50,1-3)

48 1Escuchen esto, casa de Jacob,

que llevan el nombre de Israel,

y brotan de la semilla de Judá,

que juran por el Nombre del Señor,

e invocan al Dios de Israel,

pero sin verdad ni rectitud,

2aunque toman nombre

de la Ciudad Santa

y se apoyan en el Dios de Israel,

cuyo nombre es

Señor Todopoderoso.

3El pasado lo predije de antemano:

de mi boca salió y lo anuncié;

de repente lo realicé y sucedió.

4Porque sé que eres obstinado,

que tu cuello es una barra de hierro

y tu frente es de bronce;

5por eso te lo anuncié de antemano,

antes de que sucediera te lo predije,

para que no dijeras:

Mi ídolo lo ha hecho,

mi estatua de leño

o metal lo ha ordenado.

6Lo oíste; míralo todo,

¿por qué no lo anuncias?,

y ahora te predigo algo nuevo,

secretos que no conoces;

7ahora son creados, y no antes,

ni de antemano los oíste,

para que no digas: Ya lo sabía.

8Ni lo habías oído ni lo sabías,

aún no estaba abierta tu oreja;

porque yo sabía lo pérfido que eres,

que desde el vientre de tu madre

te llaman rebelde.

9Por mi Nombre modero mi cólera,

por mi honor me contengo

para no aniquilarte.

10Mira,

yo te he refinado como plata,

te he probado

en el crisol de la desgracia;

11por mí, por mí lo hago:

porque mi Nombre

no ha de ser profanado

y mi gloria no la cedo a nadie.

 

Misión de Ciro

(41,1-5; 45,1-8)

12Escúchame, Jacob;

Israel, a quien llamé:

yo soy, yo soy el primero

y yo soy el último.

13Mi mano cimentó la tierra,

mi diestra desplegó el cielo;

cuando yo los llamo,

se presentan juntos.

14Reúnanse todos y escuchen:

¿quién de ellos lo ha predicho?

Mi amigo cumplirá mi voluntad

contra Babilonia

y la raza de los caldeos.

15Yo, yo mismo he hablado

y lo he llamado,

lo he traído

y he dado éxito a su empresa.

16Acérquense y escuchen esto:

No hago predicciones en secreto,

y cuando sucede, ya estoy yo allí

–y ahora el Señor Dios

me ha enviado con su espíritu–.

17Así dice el Señor,

tu redentor, el Santo de Israel:

Yo, el Señor, tu Dios,

te enseño para tu provecho,

te guío por el camino que sigues.

18Si hubieras atendido

a mis mandatos,

sería tu paz como un río,

tu justicia como las olas del mar;

19tu descendencia

sería como la arena,

como sus granos,

los retoños de tus entrañas;

tu nombre no sería aniquilado

ni destruido ante mí.

 

Salida de Babilonia

(52,11-12; 55,12-13)

20¡Salgan de Babilonia,

huyan de los caldeos!

Con gritos de júbilo

anúncienlo y proclámenlo,

publíquenlo hasta el confín de la tierra.

Digan: el Señor ha redimido

a su siervo Jacob.

21No pasaron sed

cuando los guió por el desierto,

agua de la roca hizo brotar,

partió la roca y brotó agua.

 

Segundo cántico del siervo:

La misión

(42,1-9; 50,4-11; 52,13–53,12)

49 1Escúchenme, islas;

presten atención, pueblos lejanos:

Estaba yo en el vientre,

y el Señor me llamó;

en las entrañas maternas,

y pronunció mi nombre.

2Hizo de mi boca una espada afilada,

me escondió en la sombra de su mano;

me hizo flecha puntiaguda,

me guardó en su aljaba

3y me dijo:

Tú eres mi siervo –Israel–,

de quien estoy orgulloso.

4Mientras yo pensaba:

En vano me he cansado,

en viento y en nada

he gastado mis fuerzas;

en realidad mi derecho

lo defendía el Señor,

mi salario lo tenía mi Dios.

5Y ahora habla el Señor,

que ya en el vientre

me formó siervo suyo,

para que le trajese a Jacob,

para que le reuniese a Israel

–tanto me honró el Señor,

y mi Dios fue mi fuerza–:

6Es poco que seas mi siervo

y restablezcas las tribus de Jacob

y conviertas

a los supervivientes de Israel;

te hago luz de las naciones,

para que mi salvación alcance

hasta el confín de la tierra.

7Así dice el Señor,

redentor y Santo de Israel,

al despreciado,

al aborrecido de las naciones,

al esclavo de los tiranos:

Te verán los reyes, y se pondrán de pie;

los príncipes, y se postrarán;

porque el Señor es fiel,

porque el Santo de Israel

te ha elegido.

8Así dice el Señor:

En tiempo de gracia te he respondido,

en el día de la salvación

te he auxiliado;

te he defendido

y constituido alianza del pueblo;

para restaurar el país,

para repartir

las herencias devastadas,

9para decir a los cautivos: Salgan;

a los que están en tinieblas:

Vengan a la luz;

aun por los caminos pastarán,

tendrán praderas en todas las dunas;

10no pasarán hambre ni sed,

no les hará daño

el viento ardiente ni el sol;

porque los conduce

el que los compadece

y los guía a manantiales de agua.

11Convertiré mis montes en caminos

y mis senderos se nivelarán.

12Miren,

unos vienen de un país remoto;

miren, otros del norte y del occidente,

y aquellos del país de Siene.

13Grita de alegría, cielo;

alégrate, tierra;

prorrumpan en aclamaciones,

montañas,

porque el Señor consuela a su pueblo

y se compadece

de los desamparados.

 

Consuelo de Sión

(54; 66,7-14; Bar 4,30–5,9)

14–Decía Sión:

Me ha abandonado el Señor,

mi dueño me ha olvidado.

15–¿Puede una madre

olvidarse de su criatura,

dejar de querer

al hijo de sus entrañas?

Pero, aunque ella se olvide,

yo no te olvidaré.

16Mira, en mis palmas te llevo tatuada,

tus muros están siempre ante mí;

17los que te construyen

van más aprisa

que los que te destruían,

los que te arrasaban se alejan de ti.

18Levanta los ojos

a tu alrededor y mira:

todos se reúnen para venir a ti;

por mi vida –oráculo del Señor–,

a todos los llevarás

como vestido precioso,

serán tu cinturón de novia.

19Porque tus ruinas,

tus escombros, tu país desolado,

resultarán estrechos

para tus habitantes,

mientras se alejarán

los que te devoraban.

20Los hijos que dabas por perdidos

te dirán otra vez:

Mi lugar es estrecho,

hazme sitio para habitar.

21–Pero tú te preguntarás:

¿Quién me engendró a éstos?

Yo, sin hijos y estéril,

¿quién los ha criado?

Me habían dejado sola,

¿de dónde vienen éstos?

22–Esto dice el Señor:

Mira, con la mano

hago seña a las naciones,

alzo mi estandarte para los pueblos:

traerán a tus hijos en brazos,

a tus hijas las llevarán al hombro.

23Sus reyes serán tus tutores;

sus princesas, tus niñeras;

rostro en tierra te rendirán homenaje,

lamerán el polvo de tus pies,

y sabrás que yo soy el Señor,

que no defraudo a los seres

que esperan en mí.

24–Pero, ¿se le puede quitar

la presa a un soldado,

se le escapa su prisionero a un tirano?

25–Esto responde el Señor:

Si a un soldado

le quitan su prisionero

y la presa se le escapa a un tirano,

yo mismo defenderé tu causa,

yo mismo salvaré a tus hijos.

26Haré a tus opresores

comerse su propia carne,

se embriagarán de su sangre

como de vino;

y sabrá todo el mundo

que yo soy el Señor, tu salvador,

y que tu redentor

es el Fuerte de Jacob.

 

Pleito con el pueblo

(40,27-31; 41,21-29; 44,6-8)

50 1Así dice el Señor:

¿Dónde está el acta de divorcio

con que despedí

a la madre de ustedes?

¿O a cuál de mis acreedores

los he vendido?

Miren, por sus culpas

fueron vendidos,

por sus crímenes

fue repudiada su madre.

2¿Por qué cuando vengo no hay nadie,

cuando llamo nadie responde?

¿Tan corta es mi mano

que no puede redimir?

¿O es que no tengo fuerza para librar?

Miren: con un bramido seco el mar,

convierto los ríos en desierto;

por falta de agua se pudren sus peces,

muertos de sed.

3Yo visto el cielo de luto,

lo cubro de sayal.

 

Tercer cántico del siervo:

Sufrimiento y confianza

(42,1-9; 49,1-13; 52,13–53,12)

4Mi Señor me ha dado

una lengua de discípulo,

para saber decir al abatido

una palabra de aliento.

Cada mañana me despierta el oído,

para que escuche como un discípulo.

5El Señor me abrió el oído:

yo no me resistí ni me eché atrás:

6ofrecí la espalda

a los que me apaleaban,

las mejillas

a los que me arrancaban la barba;

no me tapé el rostro ante ultrajes

y salivazos.

7El Señor me ayuda,

por eso no me acobardaba;

por eso endurecí el rostro como piedra,

sabiendo que no quedaría defraudado.

8Tengo cerca a mi defensor,

¿quién pleiteará contra mí?

Comparezcamos juntos.

¿Quién tiene algo contra mí?

Que se me acerque.

9Miren, el Señor me ayuda,

¿quién me condenará?

Miren, todos se gastan como ropa,

los roe la polilla.

10¿Quién de ustedes respeta al Señor

y obedece a su siervo?

Aunque camine en tinieblas,

sin un rayo de luz,

que confíe en el Señor

y se apoye en su Dios.

11Atención, ustedes,

los que atizan el fuego

y preparan flechas encendidas:

caerán a la hoguera de su fuego,

bajo las flechas que han encendido.

Así los tratará mi mano,

quedarán tendidos en el tormento.

 

Palabras de consuelo a Jerusalén

51 1Escúchenme,

los que van tras la justicia,

los que buscan al Señor:

Miren la roca

de la que fueron tallados,

la cantera de donde los extrajeron;

2miren a Abrahán, su padre;

a Sara, que los dio a luz:

cuando lo llamé, era uno,

pero lo bendije y lo multipliqué.

3El Señor consuela a Sión,

consuela a sus ruinas:

convertirá su desierto en un edén,

su arenal en paraíso del Señor;

allí habrá gozo y alegría,

con acción de gracias

al son de instrumentos.

4Hazme caso, pueblo mío;

nación mía, dame oído;

porque de mí sale la ley,

mi mandato es la luz de los pueblos.

5En un momento

haré llegar mi victoria,

amanecerá

como el día mi salvación,

mi brazo gobernará los pueblos:

me están aguardando las islas,

ponen su esperanza en mi brazo.

6Levanten los ojos al cielo,

Miren abajo, a la tierra:

el cielo se disipa como humo,

la tierra se gasta como ropa,

sus habitantes mueren

como mosquitos;

pero mi salvación dura por siempre,

mi victoria no tendrá fin.

7Escúchenme

los entendidos en derecho,

el pueblo que lleva mi ley

en el corazón:

no teman la afrenta de los hombres,

no desmayen por sus ultrajes:

8Porque la polilla

los roerá como a la ropa,

como los gusanos roen la lana;

pero mi victoria dura por siempre,

mi salvación de edad en edad.

9¡Despierta, despierta;

revístete de fuerza, brazo del Señor;

despierta como en los días antiguos,

como en las generaciones pasadas!

¿No eres tú

quien destrozó al monstruo

y traspasó al dragón?

10¿No eres tú quien secó el mar

y las aguas del Gran Océano;

el que hizo un camino

por el fondo del mar

para que pasaran los redimidos?

11Los rescatados del Señor volverán:

vendrán a Sión con cánticos,

en cabeza alegría perpetua,

siguiéndolos gozo y alegría,

pena y aflicción se alejarán.

12Yo, yo soy tu consolador.

¿Quién eres tú

para temer a un mortal,

a un hombre que será como hierba?

13Olvidaste al Señor que te hizo,

que desplegó el cielo

y cimentó la tierra.

Y temías sin cesar, todo el día,

la furia del opresor,

cuando se disponía a destruir.

¿Dónde ha quedado

la furia del opresor?

14Se suelta a toda prisa

el preso encorvado,

no morirá en el calabozo

ni le faltará el pan.

15Yo, el Señor, tu Dios,

agito el mar, y rugen sus olas:

mi Nombre es Señor Todopoderoso.

16Puse en tu boca mi Palabra,

te cubrí con la sombra de mi mano;

extiendo el cielo, cimento la tierra,

y digo a Sión: Mi pueblo eres tú.

17¡Despiértate, despiértate,

levántate, Jerusalén!,

que bebiste de la mano del Señor

la copa de su ira,

y bebiste hasta el fondo

una copa, un cáliz embriagador.

18Entre los hijos que engendró,

no hay quien la guíe;

entre los hijos que crió,

no hay quien la lleve de la mano:

19esos dos males te han sucedido,

¿quién te compadece?;

ruina y destrucción, hambre y espada,

¿quién te consuela?

20Tus hijos yacen desfallecidos

en las encrucijadas,

como antílope en la red,

repletos de la ira del Señor,

del reproche de tu Dios.

21Por tanto, escúchalo, desgraciada;

borracha y no de vino.

22Así dice el Señor, tu Dios,

defensor de su pueblo:

Mira, yo quito de tu mano

la copa del vértigo,

no volverás a beber

del cuenco de mi ira;

23lo pondré en la mano

de tus verdugos, que te decían:

Dobla el cuello,

que pasemos encima;

y presentaste la espalda como suelo,

como calle para los transeúntes.

 

Despierta, Sión

52 1¡Despierta, despierta,

vístete de tu fuerza, Sión;

vístete el traje de gala,

Jerusalén, Santa Ciudad!,

porque no volverán a entrar en ti

incircuncisos ni impuros.

2Sacúdete el polvo,

ponte de pie, Jerusalén cautiva;

desátate las correas del cuello,

3porque así dice el Señor:

por nada fueron vendidos

y sin pagar los rescataré.

4Porque así dice el Señor:

Al principio mi pueblo bajó a Egipto,

para residir allí como extranjero;

al final, Asur lo oprimió.

5Pero ahora, ¿qué hago yo aquí?

–oráculo del Señor–.

A mi pueblo se lo llevan por nada,

sus dominadores lanzan aullidos

–oráculo del Señor–

y todo el día sin cesar

desprecian mi Nombre.

6Por eso mi pueblo

reconocerá mi Nombre,

comprenderá aquel día

que era yo el que hablaba,

y aquí estoy.

 

El mensajero de paz

(40,1-10; Nah 2,1-3)

7¡Qué hermosos son sobre los montes

los pies del mensajero

que anuncia la paz,

que trae la buena nueva,

que pregona la victoria,

que dice a Sión: Ya reina tu Dios!

8Escucha: tus vigías gritan,

cantan a coro,

porque ven cara a cara

al Señor, que vuelve a Sión.

9Estallen en gritos de alegría,

ruinas de Jerusalén,

que el Señor consuela a su pueblo,

rescata a Jerusalén.

10El Señor desnuda su santo brazo

a la vista de todas las naciones,

y verán los confines de la tierra

la victoria de nuestro Dios.

11¡Fuera, fuera! Salgan de allí,

no toquen nada impuro.

¡Salgan de ella! ¡Purifíquense,

los que llevan los vasos del Señor!

12No saldrán apresurados

ni se irán huyendo,

porque al frente de ustedes

marcha el Señor,

y en la retaguardia, el Dios de Israel.

 

Cuarto cántico del siervo:

Su pasión y gloria

(42,1-9; 49,1-13; 50,4-11; Lam 3; Hch 8,26-40)

13Miren, mi siervo tendrá éxito,

subirá y crecerá mucho.

14Como muchos se espantaron de él,

porque desfigurado

no parecía hombre

ni tenía aspecto humano;

15así asombrará a muchos pueblos;

ante él los reyes cerrarán la boca,

al ver algo que nunca se había visto

y contemplar algo inaudito.

 

53 1¿Quién creyó nuestro anuncio?

¿A quién mostró el Señor su brazo?

2Creció en su presencia como brote,

como raíz en tierra árida:

no tenía presencia ni belleza

que atrajera nuestras miradas

ni aspecto que nos cautivase.

3Despreciado y evitado de la gente,

un hombre habituado a sufrir,

curtido en el dolor;

al verlo se tapaban la cara;

despreciado, lo tuvimos por nada;

4a él,

que soportó nuestros sufrimientos

y cargó con nuestros dolores,

lo tuvimos por un contagiado,

herido de Dios y afligido.

5Él, en cambio, fue traspasado

por nuestras rebeliones,

triturado por nuestros crímenes.

Sobre él descargó

el castigo que nos sana

y con sus cicatrices

nos hemos sanado.

6Todos errábamos como ovejas,

cada uno por su lado,

y el Señor cargó sobre él

todos nuestros crímenes.

7Maltratado,

aguantaba, no abría la boca;

como cordero llevado al matadero,

como oveja muda ante el esquilador,

no abría la boca.

8Sin arresto, sin proceso,

lo quitaron de en medio,

¿quién meditó en su destino?

Lo arrancaron de la tierra de los vivos,

por los pecados de mi pueblo

lo hirieron.

9Le dieron sepultura con los malvados

y una tumba con los malhechores,

aunque no había cometido crímenes

ni hubo engaño en su boca.

10El Señor quería triturarlo

con el sufrimiento:

si entrega su vida como expiación,

verá su descendencia,

prolongará sus años

y por su medio triunfará

el plan del Señor.

11Por los trabajos soportados

verá la luz, se saciará de saber;

mi siervo inocente

rehabilitará a todos

porque cargó con sus crímenes.

12Por eso le asignaré

una porción entre los grandes

y repartirá botín con los poderosos:

porque desnudó el cuello para morir

y fue contado entre los pecadores,

él cargó con el pecado de todos

e intercedió por los pecadores.

 

Fecundidad de la estéril

(49,14-26; 62,1-9; 66,7)

54 1Canta de gozo, la estéril

que no dabas a luz;

rompe a cantar de júbilo,

la que no tenías dolores;

porque la abandonada

tendrá más hijos

que la casada –dice el Señor–.

2Ensancha el espacio de tu tienda,

despliega sin miedo tus lonas,

alarga tus cuerdas,

clava bien tus estacas;

3porque te extenderás

a derecha e izquierda,

tu descendencia heredará naciones

y poblará ciudades desiertas.

4No temas,

no tendrás que avergonzarte,

no te sonrojes, no te afrentarán;

olvidarás la vergüenza de tu soltería,

ya no recordarás

el desprecio de tu viudez.

5Porque el que te hizo

te toma por esposa:

su Nombre es Señor Todopoderoso.

Tu redentor es el Santo de Israel,

se llama Dios de toda la tierra.

6Como a mujer abandonada y abatida

te vuelve a llamar el Señor;

como a esposa de juventud,

repudiada –dice tu Dios–.

7Por un instante te abandoné,

pero con gran cariño te recogeré.

8En un arrebato de ira

te escondí un instante mi rostro,

pero con lealtad eterna te quiero

–dice el Señor, tu redentor–.

9Me sucede como en tiempo de Noé:

juré que las aguas del diluvio

no volverían a cubrir la tierra;

así juro no enojarme contra ti

ni reprocharte.

10Aunque se retiren los montes

y vacilen las colinas,

no te retiraré mi lealtad

ni mi alianza de paz vacilará

–dice el Señor, que te quiere–.

 

Reconstrucción de Jerusalén

(60,10-18; Bar 4,30–5,9)

11¡Oh afligida, zarandeada,

desconsolada!

Mira, yo mismo te coloco

piedras de azabache,

te cimento con zafiros,

12te pongo almenas de rubí,

y puertas de esmeralda,

y muralla de piedras preciosas.

13Tus hijos serán discípulos del Señor,

tendrán gran paz tus hijos.

14Tendrás firme asiento en la justicia;

quedará lejos la opresión,

y no tendrás que temer,

y el terror, que no se te acercará.

15Si alguno te asedia,

no es de parte mía;

si lucha contigo, caerá frente a ti.

16Yo he creado al herrero

que aviva las brasas

y saca una herramienta,

y yo he creado

al devastador funesto:

17ningún arma forjada contra ti

dará resultado;

y a la lengua que te acuse en juicio

le probarás que es culpable.

Ésta es la herencia

de los siervos del Señor,

yo soy su vengador

–oráculo del Señor–.

 

Alianza del Señor

(2 Sm 7; Sal 89)

55 1¡Atención, sedientos!,

vengan por agua,

también los que no tienen dinero:

vengan, compren trigo,

coman sin pagar,

vino y leche gratis.

2¿Por qué gastan dinero

en lo que no alimenta?,

¿y el salario

en lo que no deja satisfecho?

Escúchenme atentos,

y comerán bien,

se deleitarán con platos sustanciosos.

3Presten atención y vengan a mí,

escúchenme y vivirán.

Sellaré con ustedes alianza perpetua,

la promesa que aseguré a David:

4a él lo hice mi testigo

para los pueblos,

caudillo y soberano de naciones;

5tú llamarás a un pueblo desconocido,

un pueblo que no te conocía

correrá hacia ti:

por el Señor, tu Dios;

por el Santo de Israel, que te honra.

 

La Palabra del Señor

(40,6-8)

6Busquen al Señor

mientras se deje encontrar,

llámenlo mientras esté cerca;

7que el malvado abandone su camino

y el criminal sus planes;

que regrese al Señor,

y él tendrá piedad;

a nuestro Dios,

que es rico en perdón.

8Mis planes no son sus planes,

sus caminos no son mis caminos

–oráculo del Señor–.

9Como el cielo está

por encima de la tierra,

mis caminos están

por encima de los suyos

y mis planes de sus planes.

10Como bajan la lluvia

y la nieve del cielo,

y no vuelven allá,

sino que empapan la tierra,

la fecundan y la hacen germinar,

para que dé semilla al sembrador

y pan para comer,

11así será mi Palabra,

que sale de mi boca:

no volverá a mí vacía,

sino que hará mi voluntad

y cumplirá mi encargo.

 

Epílogo: Salida de Babilonia

(48,20-22; 52,11-12)

12Saldrán con alegría,

los llevarán seguros:

montes y colinas

romperán a cantar ante ustedes

y aplaudirán los árboles silvestres.

13En vez de espinos, crecerá el ciprés;

en vez de ortigas, el arrayán:

serán el renombre del Señor

y monumento perpetuo,

indestructible.

 

ISAÍAS III

(Tritoisaías)

 

Contexto y autores de la tercera parte del libro. Al volver del destierro y no cumplirse las maravillosas promesas del profeta (40–55), sucede el desencanto, decae la fidelidad al Señor; se forman y se consolidan grupos opuestos de conservadores realistas o exclusivistas y de idealistas ilusionados.

Al «tritoisaías» tocará mantener vivas las esperanzas. Comparando los diversos oráculos de esta última parte del libro de Isaías, se observan claras tensiones entre la preocupación presente y la esperanza futura, la denuncia de delitos y los mensajes de aliento, el desencanto presente y la expectación mesiánica, la apertura a los extranjeros y la condena sin matices. La proyección escatológica cobra fuerza y se afirma al final, como sucesora de la profecía. Pasa a segundo plano el tema del éxodo y ocupa el primer plano la futura Jerusalén, la ciudad transfigurada por el cumplimiento de las promesas.

Asignar el bloque de los capítulos 56–66 a un Isaías III o Tritoisaías fue durante mucho tiempo opinión difundida, abandonada ya. Hoy se piensa que forman una colección de oráculos heterogéneos. Indudablemente muchos fragmentos continúan el estilo del maestro: poca construcción, amplitud al desarrollar, imágenes visionarias.

 

Fin del exclusivismo

(Hch 8,26-40)

56 1Así dice el Señor:

Observen el derecho,

practiquen la justicia,

que mi salvación está para llegar

y se va a revelar mi victoria.

2Dichoso el hombre que obra así,

dichoso el mortal

que persevera en ello,

que guarda el sábado

sin profanarlo

y guarda su mano

de hacer cualquier mal.

3No diga el extranjero

que se ha unido al Señor:

El Señor me excluirá de su pueblo.

No diga el eunuco:

Yo soy un árbol seco.

4Porque así dice el Señor:

A los eunucos

que guarden mis sábados,

que escojan lo que me agrada

y perseveren en mi alianza,

5les daré en mi casa y en mis murallas

un monumento y un nombre

mejores que hijos e hijas;

nombre eterno les daré

que no se extinguirá.

6A los extranjeros que se hayan unido

al Señor, para servirlo,

para amar al Señor

y ser sus servidores,

que guarden el sábado sin

profanarlo

y perseveren en mi alianza,

7los traeré a mi Monte Santo,

los alegraré en mi casa de oración;

aceptaré sobre mi altar

sus holocaustos y sacrificios;

porque mi casa es casa de oración,

y a mi casa la llamarán

todos los pueblos Casa de Oración.

8Oráculo del Señor,

que reúne a los dispersos de Israel,

y reunirá otros a los ya reunidos.

 

Perros mudos

9Fieras salvajes, vengan a comer;

fieras todas de la selva:

10que los guardianes están ciegos

y no se dan cuenta de nada,

son perros mudos incapaces de ladrar,

vigilantes tumbados,

amigos de dormir,

11son perros

con un hambre insaciable,

son pastores

incapaces de comprender;

cada cual va por su camino

y a su ganancia, sin excepción.

12¡Vengan! Voy a buscar vino,

emborrachémonos de licor;

y mañana lo mismo que hoy,

hay provisión abundante.

 

57 1Perece el inocente,

y nadie hace caso;

se llevan a los hombres fieles,

y nadie comprende que ante la maldad

se llevan al inocente,

2para que entre en la paz

y descanse en su lecho

el que procedía con sinceridad.

 

Idolatría

(65,1-7; Ez 16)

3Acérquense ustedes, hijos de bruja,

raza de un adúltero y una prostituta:

4¿de quién se burlan abriendo la boca

y sacando la lengua?

¿No son ustedes hijos ilegítimos,

una raza bastarda?

5Ustedes que arden de lujuria

entre los robles,

bajo cualquier árbol frondoso;

que inmolan niños junto a los arroyos

y entre las grietas de las rocas.

6ac Las piedras lisas del arroyo

serán tu herencia,

ellas te tocarán en suerte:

en su honor derramabas libaciones

y ofrecías sacrificios.

7Sobre un monte alto y elevado

colocabas tu cama;

allá subías a ofrecer sacrificios.

6d ¿Podrá eso aplacarme?

8Detrás de los postes de la puerta

colocabas tu amuleto;

te olvidabas de mí, te desnudabas,

subías al lecho y hacías sitio;

hacías trato con tus amantes,

con los que te gustaba acostarte;

mirando su desnudez,

fornicabas con ellos sin cesar.

9Ibas a Moloc con ungüento,

prodigando perfumes;

despachabas lejos a tus mensajeros,

los hacías bajar hasta el abismo.

10Te cansabas de tanto caminar,

pero no decías es inútil,

recobrabas fuerzas y no desfallecías.

11¿Quién te asustaba,

a quién temías para negarme

y no acordarte de mí ni pensar en mí?

¿No es que yo callaba y disimulaba,

y por eso no me temías?

12Pero yo te denunciaré,

tu justicia y tus obras no te servirán;

13tus ídolos ni te librarán cuando grites,

a todos los barrerá el viento,

un soplo los arrebatará.

Pero el que se refugia en mí,

heredará el país

y poseerá mi Monte Santo.

 

Consuelo

(63,10-12)

14Abran paso, abran paso,

despejen el camino,

quiten todo tropiezo

del camino de mi pueblo,

15porque así dice el Alto y Excelso,

Morador eterno,

cuyo Nombre es Santo:

Yo habito en la altura sagrada,

pero estoy con los de espíritu

humilde y arrepentido,

para reanimar a los humildes,

para reanimar el corazón arrepentido.

16No estaré recriminando siempre

ni me irritaré constantemente,

porque entonces

sucumbirían ante mí el espíritu

y el aliento que yo he creado.

17Por su delito me irrité un momento,

lo herí y me oculté irritado,

él se apartó y siguió por su camino.

18Yo vi su conducta, pero lo sanaré,

lo guiaré, lo llenaré de consuelos;

y a los que hacen duelo por él,

19les haré brotar

en los labios este canto:

Paz al lejano, paz al cercano

–dice el Señor–, y lo sanaré.

20Los malvados

son como el mar agitado,

que no pueden calmarse:

sus aguas remueven fango y barro.

21No hay paz para los malvados

–dice mi Dios–.

 

El ayuno

(1,10-20; Zac 7)

58 1Grita con fuerte voz,

no te contengas,

alza la voz como una trompeta,

denuncia a mi pueblo sus delitos,

a la casa de Jacob sus pecados.

2Consultan mi oráculo a diario,

muestran deseo

de conocer mi camino

como si fueran un pueblo

que practicara la justicia

y no abandonase

el mandato de su Dios.

Me piden sentencias justas,

desean tener cerca a Dios.

3¿Para qué ayunar, si no haces caso?

¿Mortificarnos, si tú no te fijas?

Miren: el día de ayuno

buscan su propio interés,

y maltratan a sus servidores;

4miren:

ayunan entre peleas y disputas,

dando puñetazos sin piedad.

No ayunen como ahora,

haciendo oír en el cielo sus voces.

5¿Es ése el ayuno que el Señor desea,

el día en que el hombre se mortifica?

Doblar la cabeza como un junco,

acostarse sobre estera y ceniza,

¿a eso lo llaman ayuno,

día agradable al Señor?

6El ayuno que yo quiero es éste:

abrir las prisiones injustas,

hacer saltar los cerrojos de los cepos,

dejar libres a los oprimidos,

romper todos los cepos;

7compartir tu pan con el hambriento,

hospedar a los pobres sin techo,

vestir al que ves desnudo

y no despreocuparte de tu hermano.

8Entonces brillará

tu luz como la aurora,

tus heridas sanarán rápidamente;

tu justicia te abrirá camino,

detrás irá la gloria del Señor.

9Entonces llamarás al Señor,

y te responderá;

pedirás auxilio, y te dirá: Aquí estoy.

Si destierras de ti toda opresión,

y el señalar con el dedo,

y la palabra maligna;

10si das tu pan al hambriento

y sacias el estómago del necesitado,

surgirá tu luz en las tinieblas,

tu oscuridad se volverá mediodía.

11El Señor te guiará siempre,

en el desierto saciará tu hambre,

hará fuertes tus huesos,

serás un huerto bien regado,

un manantial de aguas

cuyas aguas nunca se agotan,

12reconstruirás viejas ruinas,

levantarás

sobre los cimientos antiguos;

te llamarán reparador de brechas,

restaurador de casas en ruinas.

 

El sábado

(Jr 17,19-27)

13Si detienes tus pies el sábado,

y no haces negocios en mi día santo;

si llamas al sábado tu delicia,

y honras el día consagrado al Señor;

si lo honras absteniéndote de viajes,

de buscar tu interés,

de tratar tus negocios,

14entonces el Señor será tu delicia.

Te haré cabalgar

sobre las alturas de la tierra,

te alimentaré con la herencia

de tu padre Jacob

–ha hablado la boca del Señor–.

 

Liturgia penitencial

 

El pecado, obstáculo a la salvación

(1,10-20; Jr 2)

59 1Mira, la mano del Señor

no se queda corta para salvar

ni es duro de oído para oír;

2son las culpas de ustedes

las que se interponen

entre ustedes y su Dios;

son sus pecados

los que les ocultan su rostro,

e impiden que los oiga;

3pues las manos de ustedes

están manchadas de sangre,

sus dedos, de crímenes;

sus labios dicen mentiras,

sus lenguas susurran maldades.

4No hay quien invoque la justicia

ni quien vaya a juicio con sinceridad;

se apoyan en la mentira,

afirman la falsedad,

conciben el crimen

y dan a luz la maldad.

5Incuban huevos de serpiente

y tejen telarañas:

quien coma esos huevos morirá;

si se rompen, salen víboras.

6Sus telas no sirven para vestidos;

son tejidos que no pueden cubrir.

Sus obras son obras criminales,

sus manos ejecutan la violencia.

7Sus pies corren hacia el mal,

tienen prisa por derramar

sangre inocente;

sus planes son planes criminales,

destrozos y ruinas dejan a su paso.

8No conocen el camino de la paz,

no existe el derecho en sus senderos,

se abren sendas torcidas;

quien las sigue, no conoce la paz.

9Por eso está lejos de nosotros

el derecho

y no nos alcanza la justicia:

esperamos la luz, y vienen tinieblas;

claridad, y caminamos a oscuras.

10Como ciegos

vamos palpando la pared,

andamos a tientas

como gente sin vista;

en pleno día tropezamos

como al anochecer,

en pleno vigor

estamos como los muertos.

11Gruñimos todos igual que osos

y nos quejamos como palomas.

Esperamos en el derecho, pero nada;

en la salvación,

y está lejos de nosotros.

12Porque nuestros crímenes

contra ti son muchos,

y nuestros pecados nos acusan;

tenemos presentes

nuestros crímenes

y reconocemos nuestras culpas:

13rebelarnos y negar al Señor,

volver la espalda a nuestro Dios,

hablar de opresión y revuelta,

planear por dentro engaños;

14y así se tuerce el derecho

y la justicia se queda lejos,

porque en la plaza

tropieza la honradez,

y a la sinceridad no la dejan entrar;

15la lealtad está ausente,

y despojan a quien evita el mal.

 

Interviene el Señor

El Señor contempla disgustado

que ya no existe la justicia.

16Ve que no hay nadie,

se extraña de que nadie intervenga.

Entonces su brazo le dio la victoria,

y su justicia lo mantuvo:

17por coraza se puso la justicia

y por casco la salvación;

por traje se vistió la venganza

y por manto

se envolvió en la indignación.

18A cada uno va a pagar

lo que merece:

a su enemigo, furia;

a su adversario, castigo.

19Los de occidente temerán al Señor,

los de oriente respetarán su gloria;

porque vendrá

como río encajonado,

empujado por el soplo del Señor.

20Pero a Sión vendrá un Redentor

para alejar los crímenes de Jacob

–oráculo del Señor–.

 

Oráculo de salvación

(Jr 31,31-33)

21Por mi parte, dice el Señor,

ésta es mi alianza con ellos:

el Espíritu mío, que te envié;

las Palabras mías,

que puse en tu boca,

no se caerán de tu boca,

ni de la boca de tus hijos,

ni de la boca de tus nietos,

nunca jamás –lo ha dicho el Señor–.

 

La luz de la nueva Jerusalén

(Ap 21,10-14.23-25)

60 1¡Levántate, brilla,

que llega tu luz;

la gloria del Señor amanece sobre ti!

2Mira: las tinieblas cubren la tierra,

la oscuridad los pueblos;

pero sobre ti amanecerá el Señor,

su gloria aparecerá sobre ti;

3y acudirán los pueblos a tu luz,

los reyes al resplandor de tu aurora.

4Echa una mirada

a tu alrededor y observa:

todos ésos se han reunido,

vienen a ti;

tus hijos llegan de lejos,

a tus hijas las traen en brazos.

5Entonces lo verás,

radiante de alegría;

tu corazón se asombrará,

se ensanchará,

cuando vuelquen sobre ti

los tesoros del mar

y te traigan

las riquezas de los pueblos.

6Te inundará

una multitud de camellos,

de dromedarios de Madián y de Efá.

Vienen todos de Sabá,

trayendo incienso y oro

y proclamando

las alabanzas del Señor.

7Reunirá para ti los rebaños de Cadar

y los carneros de Nebayot

estarán a tu servicio;

subirán a mi altar

como víctimas gratas

y honraré mi noble casa.

8¿Quiénes son ésos

que vuelan como nubes

y como palomas al palomar?

9Son navíos que acuden a mí,

en primera línea las naves de Tarsis,

trayendo a tus hijos de lejos,

y con ellos su plata y su oro,

por la fama del Señor, tu Dios,

del Santo de Israel, que así te honra.

 

Homenaje de los pueblos

(49,14-26; 54,11-17)

10Extranjeros

reconstruirán tus murallas

y sus reyes te servirán;

si te herí con ira,

con amor te compadezco.

11Tus puertas

estarán siempre abiertas,

ni de día ni de noche se cerrarán:

para traerte

las riquezas de los pueblos

con sus reyes desfilando.

12El pueblo y el rey

que no se te sometan, perecerán;

las naciones serán arrasadas.

13Vendrá a ti el orgullo del Líbano,

con el ciprés y el abeto y el pino,

para adornar el lugar de mi santuario

y ennoblecer el lugar

donde se posan mis pies.

14Los hijos de tus opresores

vendrán a ti encorvados,

y los que te despreciaban

se postrarán a tus pies;

te llamarán Ciudad del Señor,

Sión del Santo de Israel.

15Estuviste abandonada, aborrecida,

sin un transeúnte,

pero te haré el orgullo de los siglos,

la delicia de todas las edades.

16Mamarás la leche de los pueblos,

mamarás al pecho de reyes;

y sabrás que yo,

el Señor, soy tu salvador,

que el Fuerte de Jacob

es tu redentor.

17En lugar de bronce, te traeré oro;

en lugar de hierro, te traeré plata;

en lugar de madera, bronce,

y en lugar de piedra, hierro;

te daré por magistrado la paz,

y por gobernador, la justicia.

18No se oirá más en tu tierra

¡Violencia!,

ni dentro de tus fronteras

¡Ruina, destrucción!;

tu muralla se llamará Salvación,

y tus puertas, Alabanza.

 

Luz perpetua

(Zac 14,6s; Ap 21,23; 22,5)

19Ya no será el sol tu luz en el día,

ni te alumbrará la claridad de la luna;

será el Señor tu luz perpetua,

y tu Dios será tu esplendor;

20tu sol ya no se pondrá

ni desaparecerá tu luna,

porque el Señor será tu luz perpetua

y se habrán acabado

los días de tu luto.

21En tu pueblo todos serán justos

y poseerán por siempre la tierra:

es el brote que yo he plantado,

la obra de mis manos, para gloria mía.

22El pequeño crecerá hasta mil,

y el menor se hará pueblo numeroso:

yo soy el Señor

y haré que pronto suceda.

 

Misión del profeta

(42,1-4; Lc 4,18s)

61 1El Espíritu del Señor

está sobre mí,

porque el Señor me ha ungido.

Me ha enviado para dar

una buena noticia a los que sufren,

para vendar

los corazones desgarrados,

para proclamar

la liberación a los cautivos

y a los prisioneros la libertad,

2para proclamar

el año de gracia del Señor,

el día del desquite de nuestro Dios;

para consolar a los afligidos;

3para cambiar su ceniza en corona,

su luto en perfume de fiesta,

su abatimiento en traje de gala.

Los llamarán Robles del Justo,

plantados por el Señor, para su gloria.

 

Restauración

4Reconstruirán las viejas ruinas,

levantarán los antiguos escombros;

renovarán las ciudades en ruinas,

los escombros

de muchas generaciones.

5Se presentarán extranjeros

a pastorear sus rebaños,

y forasteros

serán sus labradores y viñadores.

6Ustedes se llamarán

Sacerdotes del Señor,

dirán de ustedes:

Ministros de nuestro Dios.

Comerán la opulencia de los pueblos,

y tomarán posesión de sus riquezas.

7A cambio de su vergüenza

e insultos,

ellos obtendrán una porción doble;

poseerán el doble en su país,

y gozarán de alegría perpetua.

8Porque yo, el Señor, amo la justicia,

detesto la rapiña y el crimen.

Les daré su salario fielmente

y haré con ellos una alianza perpetua.

9Su descendencia

será célebre entre las naciones,

y sus vástagos entre los pueblos.

Quienes los vean reconocerán

que son la descendencia

que bendijo el Señor.

11Como el suelo echa sus brotes,

como un jardín

hace germinar sus semillas,

así el Señor hará brotar la justicia

y su fama frente a todos los pueblos.

 

La nueva Jerusalén

(49,14-26; 54,11-17; 60)

10Desbordo de gozo con el Señor,

y me alegro con mi Dios:

porque me ha vestido un traje de gala

y me ha envuelto

en un manto de triunfo,

como novio que se pone la corona

o novia que se adorna con sus joyas.

 

62 1Por amor de Sión no callaré,

por amor de Jerusalén

no descansaré,

hasta que irrumpa

la aurora de su justicia

y su salvación brille como antorcha.

2Los pueblos verán tu justicia,

y los reyes, tu gloria;

te pondrán un nombre nuevo

impuesto por la boca del Señor.

3Serás corona espléndida

en la mano del Señor

y diadema real en la palma de tu Dios.

4Ya no te llamarán la Abandonada

ni a tu tierra la Devastada,

a ti te llamarán mi Preferida

y a tu tierra la Desposada,

porque el Señor te prefiere a ti,

y tu tierra tendrá esposo.

5Como un joven se casa con su novia,

así te desposa el que te construyó;

la alegría que encuentra

el esposo con su esposa

la encontrará tu Dios contigo.

6Sobre tus murallas, Jerusalén,

he colocado centinelas:

nunca callan, ni de día ni de noche,

los que invocan al Señor

no se den descanso;

7no le den descanso

hasta que la establezca,

hasta que haga de Jerusalén

la admiración de la tierra.

8El Señor lo ha jurado por su diestra

y por su brazo poderoso:

ya no entregará tu trigo

para que se lo coman tus enemigos;

ya no se beberán extranjeros tu vino,

por el que tú trabajaste.

9Los que lo cosechan lo comerán

y alabarán al Señor;

los que lo vendimian lo beberán

en mis atrios sagrados.

 

Llegada del salvador victorioso

(40,3-10; 57,14-17)

10Pasen, pasen por las puertas,

abran camino al pueblo;

nivelen, nivelen el sendero,

límpienlo de piedras,

levanten un estandarte

para los pueblos.

11El Señor envía un mensaje

hasta el confín de la tierra:

Digan a la ciudad de Sión:

Mira a tu Salvador, que llega,

el premio de su victoria lo acompaña,

la recompensa lo precede;

12los llamarán Pueblo Santo,

redimidos del Señor,

a ti te llamarán la Buscada,

Ciudad no abandonada.

 

63 1¿Quién es ése

que viene de Edom,

de Bosra,

con las ropas teñidas de rojo?

¿Quién es ése vestido de gala

que avanza lleno de fuerza?

–Yo, que sentencio con justicia

y soy poderoso para salvar.

2–¿Por qué están rojos

tus vestidos y la túnica,

como quien pisa la uva?

3–Yo solo he pisado la uva

y de otros pueblos nadie me ayudaba.

Los pisé con cólera,

los estrujé con furor:

su sangre salpicó mis vestidos

y me manché toda la ropa.

4Porque es el día

que pienso vengarme,

el año del rescate ha llegado.

5Miraba sin encontrar un ayudante,

espantado

al no haber quien me apoyara;

pero mi brazo me dio la victoria,

mi furor fue mi apoyo;

6pisoteé a los pueblos con mi cólera,

los embriagué con mi furor,

para que su sangre bajara a la tierra.

 

Meditación histórica

(Sal 77,12-21)

7Voy a recordar

la misericordia del Señor,

las alabanzas del Señor:

todo lo que hizo por nosotros el Señor,

sus muchos beneficios

a la casa de Israel,

lo que hizo con su compasión

y su gran misericordia.

8Él dijo: Son mi pueblo,

hijos que no engañarán.

Él fue su salvador 9en el peligro:

no fue un mensajero ni un enviado,

él en persona los salvó,

por su amor y su clemencia

los rescató, y los liberó

y los llevó siempre en brazos

en todos los peligros.

10Pero ellos se rebelaron

e irritaron su Santo Espíritu;

entonces él se volvió su enemigo

y luchó contra ellos.

11Se acordaron del pasado,

del que sacó a su pueblo:

¿Dónde está el que sacó de las aguas

al pastor de su rebaño?

¿Dónde el que metió en su pecho

su Santo Espíritu?

12¿El que estuvo

a la derecha de Moisés

guiándolo con su brazo glorioso?

¿El que dividió el mar ante ellos,

ganándose renombre perpetuo?

13¿El que los hizo andar

por el fondo del mar

como el caballo

por el desierto sin tropezar,

14y como ganado que baja al valle?,

el Espíritu del Señor

los llevó al descanso:

así condujiste a tu pueblo

ganándote renombre glorioso.

 

Invocación a Dios Padre

(Sal 103)

15Observa desde el cielo,

mira desde tu morada santa

y gloriosa:

¿dónde está tu celo y tu valor,

tu entrañable ternura y compasión?

No la reprimas,

16que tú eres nuestro padre:

Abrahán no sabe de nosotros,

Israel no nos conoce;

tú, Señor, eres nuestro padre,

tu Nombre de siempre es

Nuestro Redentor.

17Señor, ¿por qué nos extravías

lejos de tus caminos

y endureces nuestro corazón

para que no te respete?

Vuélvete, por amor a tus siervos,

a las tribus que te pertenecen.

18Por un momento nuestros enemigos

se apoderaron de tu pueblo santo,

y pisotearon tu santuario.

19Estamos como antiguamente,

cuando no nos gobernabas

y no llevábamos tu Nombre.

 

El pueblo pide una teofanía

(Sal 68)

¡Ojalá rasgases el cielo y bajases,

derritiendo los montes

 

64 1con tu presencia,

como fuego que prende

en los sarmientos

o hace hervir el agua!

Para mostrar a tus enemigos

quién eres,

para que tiemblen ante ti

las naciones,

2cuando hagas maravillas

que no esperábamos.

3Jamás oído oyó ni ojo vio

un Dios fuera de ti

que hiciera tanto

por el que espera en él.

4Sales al encuentro del que practica

gozosamente la justicia

y tiene presentes tus caminos.

 

Confesión del pecado y súplica

(59,9-15; Sal 79)

Estabas enojado,

y nosotros fracasamos:

aparta nuestras culpas,

y seremos salvos.

5Todos estábamos contaminados,

nuestra justicia era un trapo sucio;

todos nos marchitábamos

como follaje,

nuestras culpas nos arrebataban

como el viento.

6Nadie invocaba tu Nombre

ni se esforzaba por aferrarse a ti;

porque nos ocultabas tu rostro

y nos entregabas

en poder de nuestra culpa.

7Y, sin embargo, Señor,

tú eres nuestro padre,

nosotros la arcilla y tú el alfarero:

somos todos obra de tu mano.

8No te irrites tanto, Señor,

no recuerdes siempre nuestra culpa:

mira que somos tu pueblo.

9Tus santas ciudades son un desierto,

Sión se ha vuelto un desierto,

Jerusalén una desolación.

10Nuestro templo, nuestro orgullo,

donde te alabaron nuestros padres,

ha sido incendiado,

y lo que más queríamos

está reducido a escombros.

11¿Te quedas insensible

a todo esto, Señor,

te callas y nos afliges sin medida?

 

Denuncia y amenaza

(57,3-13)

65 1Yo ofrecía respuesta

a los que no preguntaban,

salía al encuentro

de los que no me buscaban;

decía: Aquí estoy,

aquí estoy al pueblo

que no invocaba mi Nombre.

2Tenía mis manos extendidas

todo el día hacia un pueblo rebelde,

que andaba por el mal camino,

siguiendo sus antojos,

3pueblo que me provocaba

en la cara continuamente,

que sacrificaba en los jardines

y ofrecía incienso sobre los ladrillos,

4que se sentaba en los sepulcros

y pernoctaba en las grutas,

que comía la carne de cerdo

y caldo abominable en las tazas;

5que decía: Retírate, no te acerques,

que estoy consagrado.

Eso hace humear mi cólera

como fuego que arde todo el día.

6Lo tengo escrito delante

y no descansaré

hasta que les de su merecido

por 7sus culpas y las de sus padres,

todas juntas –dice el Señor–.

Porque ofrecían incienso

en las montañas

y me ultrajaban en las colinas,

les mediré su paga

y se la echaré encima.

 

Suerte de buenos y malos

(Dt 27s; Jos 8,30-35; Mt 25,31-46)

8Así dice el Señor:

Como al encontrar jugo

en un racimo se dice:

No lo eches a perder,

que es una bendición,

así haré yo

en atención a mis siervos:

no lo echaré a perder todo.

9Sacaré descendencia

de Jacob, de Judá,

quienes posean mis montañas:

las poseerán mis elegidos

y mis siervos habitarán allí.

10El Sarón será un redil de ovejas,

y el Valle de Acor, pastizal de vacas,

para mi pueblo que me ha buscado.

11Pero a ustedes

que abandonaron al Señor

olvidando mi Monte Santo,

que preparaban la mesa

en honor de la Fortuna

y levantaron la copa

en honor del Destino,

12yo los destino a la espada,

y todos se encorvarán

para el degüello:

porque llamé y no respondieron,

hablé y no escucharon,

hicieron lo que no me agrada,

eligieron lo que no quiero.

13Por eso, así dice el Señor:

Miren: mis siervos comerán,

y ustedes pasarán hambre;

miren: mis siervos beberán,

y ustedes tendrán sed;

miren: mis siervos estarán alegres,

y ustedes avergonzados;

14miren: mis siervos cantarán

de puro contento,

y ustedes gritarán de puro dolor

y aullarán con el corazón desgarrado.

15Dejarán su nombre a mis elegidos

como fórmula de imprecación.

A ustedes el Señor les dará muerte,

y a sus siervos

les dará otro nombre.

16El que quiera felicitarse en el país,

se felicitará con el Dios fiel;

el que quiera jurar en el país,

jurará por el Dios fiel.

Sí, se olvidarán

las angustias del pasado

y hasta de mi vista desaparecerán.

 

Nueva creación

17Miren, yo voy a crear un cielo nuevo

y una tierra nueva;

de lo pasado no quedará recuerdo

ni se lo traerá a la memoria,

18más bien gócense

y alégrense siempre

por lo que voy a crear;

miren, voy a transformar

a Jerusalén en alegría

y a su población en gozo;

19me alegraré de Jerusalén

y me gozaré de mi pueblo,

y ya no se oirán en ella

gemidos ni llantos;

20ya no habrá allí niños

que mueran al nacer

ni adultos que no completen sus años,

pues será joven

el que muera a los cien años,

y el que no los alcance

se tendrá por maldito.

21Construirán casas y las habitarán,

plantarán viñas y comerán sus frutos,

22no construirán

para que otro habite,

ni plantarán para que otro coma;

porque los años de mi pueblo

serán los de un árbol

y mis elegidos podrán gastar

lo que sus manos fabriquen.

23No se fatigarán en vano,

no engendrarán hijos

para la catástrofe;

porque serán la descendencia

de los benditos del Señor,

y como ellos, sus retoños.

24Antes de que me llamen

yo les responderé,

aún estarán hablando

y los habré escuchado.

25El lobo y el cordero pastarán juntos,

el león como el buey comerá paja.

No harán daño ni estrago

por todo mi Monte Santo

–dice el Señor–.

 

El culto auténtico

(Jr 7; Sal 50)

66 1Así dice el Señor:

El cielo es mi trono,

y la tierra, el estrado de mis pies:

¿Qué templo podrán construirme

o qué lugar para mi descanso?

2Todo esto lo hicieron mis manos,

y así existió todo esto

–oráculo del Señor–.

Pero en ése pondré mis ojos:

en el humilde y en el abatido

que se estremece ante mis palabras.

3Hay quien inmola un toro,

y es como si matara a un hombre;

hay quien sacrifica una oveja,

y es como si desnucara un perro;

hay quien trae una ofrenda,

y es como si fuera sangre de cerdo;

hay quien inciensa invocando,

y es como si bendijera a un ídolo.

Todos ellos eligieron su camino

y escogieron

sus prácticas idolátricas,

4pues yo también elegiré sus castigos

y les mandaré lo que más temen;

porque llamé, y nadie contestó;

hablé, y no escucharon;

hicieron lo que no me agrada,

escogieron lo que no quería.

 

Juicio

5Escuchen la Palabra del Señor,

los que tiemblan ante sus palabras:

Dicen sus hermanos,

los que los detestan,

los que los rechazan por mi Nombre:

Que el Señor muestre su gloria,

y disfrutemos de la alegría de ustedes.

Pues ellos serán confundidos.

6Una voz retumba en la ciudad,

una voz sale del templo:

es la voz del Señor,

que da su merecido a sus enemigos.

 

Un pueblo renace

(54,1-10)

7Antes de las contracciones dio a luz,

antes que le llegaran los dolores

ha dado vida a un varón:

8¿Quién ha oído tal cosa

o quién ha visto algo semejante?

¿Se engendra todo un país

en un solo día,

se da luz a un pueblo de una sola vez?

Apenas sintió los dolores,

Sión dio a luz a sus hijos.

9Abro yo la matriz,

¿y no haré que dé a luz?

–dice el Señor–.

Yo, que hago dar a luz,

¿la voy a cerrar? –dice tu Dios–.

10Festejen a Jerusalén,

gocen con ella, todos los que la aman;

alégrense de su alegría

los que por ella estaban de duelo;

11mamarán de sus pechos

y se saciarán de sus consuelos,

y saborearán las delicias

de sus pechos abundantes.

12Porque así dice el Señor:

Yo haré correr hacia ella,

como un río, la paz;

como un torrente en crecida,

las riquezas de las naciones.

Ella los amamantará

y los llevará en brazos,

y sobre las rodillas los acariciará;

13como a un niño

a quien su madre consuela,

así los consolaré yo.

14Al verlo se alegrará su corazón

y sus huesos

florecerán como un prado;

la mano del Señor

se manifestará a sus siervos,

y su cólera, a sus enemigos.

 

Juicio de los pueblos

(Jl 4,1-8)

15Porque el Señor llegará con fuego

y sus carros como torbellino,

para desahogar con furor su ira

y su indignación con llamas.

16Porque el Señor va a juzgar

con su fuego y con su espada

a todo mortal:

serán muchas las víctimas del Señor.

17Los que se consagran y purifican

para entrar en los jardines

tras uno que ocupa el centro,

los que comen carne de cerdo

y reptiles y ratas,

sus obras y sus planes perecerán juntos

–oráculo del Señor–.

 

Reunión de todos los pueblos

(2,2-5)

18Pero yo vendré para reunir

a las naciones de toda lengua:

vendrán para ver mi gloria;

19les daré una señal,

y de entre ellos despacharé

supervivientes a las naciones:

a Tarsis, Etiopía, Libia,

Masac, Tubal y Grecia;

a las costas lejanas,

que nunca oyeron mi fama

ni vieron mi gloria,

y anunciarán mi gloria

a las naciones.

20Y de todas las naciones,

como ofrenda al Señor,

traerán a todos sus hermanos

a caballo y en carros y en literas,

en mulos y dromedarios,

hasta mi Monte Santo de Jerusalén

–dice el Señor–,

como los israelitas traen la ofrenda

en una vasija pura

al templo del Señor.

21De entre ellos escogeré sacerdotes

y levitas –dice el Señor–.

22Como el cielo nuevo

y la tierra nueva,

que voy a hacer, durarán ante mí

–oráculo del Señor–,

así durará su descendencia

y el nombre de ustedes.

23Cada luna nueva y cada sábado

vendrá todo mortal a postrarse

ante mí –dice el Señor–.

24Y al salir verán los cadáveres

de los que se rebelaron contra mí:

su gusano no muere,

su fuego no se apaga,

y serán el horror

de todos los mortales.

 

 

1,1 Visión de Isaías. Encabezamientos de este tipo son comunes en la literatura profética. Normalmente designa la naturaleza del libro, el nombre del autor y, en algunos casos, alude al tipo de audiencia y al período histórico en el que se desenvuelve.

Visión: es el término que describe a los 66 capítulos de esta obra. El profeta de los tiempos antiguos predecía el porvenir basándose en visiones y sueños. Más tarde lo consideraron como un portavoz de Dios. Una pequeña observación de 1 Sm 9,9 precisa que «antes se llamaba vidente al que hoy llamamos profeta». Isaías no es como esos antiguos profetas visionarios. Aquí, como en Abd 1,1 y Hab 2,2, la palabra «visión» designa el conjunto de la profecía: el profeta es aquél a quien Dios descubre lo que no puede ver el común de los mortales.

En todos los países de Medio Oriente había profetas y adivinos. Adivinos a los que pequeños y grandes acudían para saber si sus empresas serían bendecidas; profetas para transmitir a los reyes la voluntad divina y las bendiciones que les afectaban. Los profetas estaban ligados a la institución real y la apoyaban; la voluntad divina que portaban estaba en línea con la voluntad del monarca de turno y tenía que ver siempre con el orden del culto. En Israel, sin embargo, durante todo el período de los reyes, fueron apareciendo profetas de un nuevo estilo, a partir de los cuales se fue formando un perfil propio: hombres –y quizás mujeres– que hablaban exclusivamente en nombre de Dios –del Dios de la justicia y de la opción radical por el pobre y oprimido–; hombres libres e independientes del poder, y hombres de una profunda y gran experiencia de Dios. En la práctica, éstos son los signos más claros para establecer la verdadera y la falsa profecía, el verdadero y el falso profeta aún en nuestro tiempo.

 

1,2-9 Requisitoria de Dios y confesión del pueblo. Dios invoca a los cielos y a la tierra como testigos de un pleito que tiene con su pueblo (cfr. también Dt 4,26; 32,1; Sal 50,4). En los casos en que se invoca esta clase de «testigos», las relaciones de Dios con su pueblo –y con todos los pueblos– tienen siempre repercusiones cósmicas (cfr. 44,23; Jr 4,28).

Con esta primera requisitoria, el profeta describe la situación en la que están las relaciones del pueblo con Dios: el pueblo parece ignorar que todos sus dolores y fracasos son fruto del alejamiento de su Dios. Al menos un asno o cualquier animal reconoce su pesebrera o los predios de su amo (3), pero Israel, ni siquiera eso; sus faltas le hacen cada vez más ignorante y propenso a la devastación. El versículo 9 es una tímida confesión de fe y de esperanza: a pesar de todo, el Señor siempre se fija en el «pequeño resto», la pequeña semilla que está llamada a germinar, a crecer y a dar fruto abundante. Esta idea del «resto» ya la había anunciado Amós (Am 3,12; 5,15); el mismo Isaías volverá sobre el tema en 6,13; 7,3; 10,19-21; 28,5; 37,4; 37,31s; en la misma línea otros profetas: Miq 4,7; 5,2; Sof 2,7.9; 3,12; Jr 3,14; 5,18; Ez 5,3; 9.

 

1,10-20 Segunda requisitoria. El profeta llama Sodoma y Gomorra a los dirigentes y habitantes de Jerusalén (10). Sus actitudes apenas son comparables con las de aquellas dos ciudades que, según Gn 19, estaban ubicadas cerca del Mar Muerto. Ambas fueron destruidas por sus abominaciones. La comparación debió ser muy dolorosa para un pueblo que creía ser muy diferente gracias a su culto y a sus tradiciones religiosas; pero ahí radica precisamente la crítica: un culto y una religión que no se basan en la justicia con el pobre y con el oprimido resulta abominable al Señor (cfr. Am 4,1; 5,21-27; Is 29,13s).

Hay una alusión a las antiguas fiestas de Israel (13s), cuyas connotaciones son como las paganas. Cualquier rito o práctica religiosa que no se haga con las manos limpias, es decir, libres de injusticia, es igual que mezclar la sangre de los inocentes con la de las víctimas sacrificadas. En el fondo, Dios no exige nada para sí; su exigencia real es respetar la justicia y el derecho de los más pobres. La viuda y el huérfano son el símbolo de los más pobres entre los pobres a los cuales la misma ley debía proteger: Éx 22,21s; Dt 10,18; 14,29; 27,19; por ellos interceden los profetas: Jr 7,6. Viudas, huérfanos y extranjeros son esa clase de pobres que «tendrán siempre entre ustedes» (Mc 14,7), pero cuya pobreza no puede volverse permanente (Dt 15,11).

Cuando el tono del oráculo nos hace pensar en una tremenda condena, en realidad lo que Dios ofrece es la posibilidad del perdón, pero como fruto de una sincera conversión basada en la obediencia a su palabra (18-20).

 

1,21-28 La ciudad infiel. Esta lamentación donde Jerusalén es vista como una prostituta nos recuerda la predicación de Oseas. La decadencia que subraya aquí el profeta contrasta con la fidelidad primera a la cual debe volver una vez que haya sido purificada (26a). En la Biblia, el cambio de nombre (26b) indica nuevo rumbo, nuevo destino (Gn 17,5; 32,29). La Jerusalén futura recibirá otros nombres por parte de los profetas (cfr. 60,14; 62,4.12; Ez 48,35).

 

1,29-31 Contra los cultos idolátricos. Los israelitas aprendieron de los cananeos a realizar ciertos ritos y prácticas religiosas debajo de algunos árboles, lo cual nunca fue bien visto en la Biblia (Dt 12,2s). Esos cultos idolátricos serán la vergüenza para Israel (29) y su perdición (30s).

 

2,1-5 Sión, centro del reino escatológico. Como en 1,1 se utiliza de nuevo el título de visión para introducir una serie de oráculos que se extienden hasta el capítulo 5. Isaías es el profeta del universalismo de Dios; aquí hay un anuncio de esa universalidad que varias veces mencionará a lo largo del libro. También Isaías se preocupa por el tema de la paz, que no es la simple ausencia de guerra, sino la oportunidad que todos deben tener para vivir bien, comenzando por el derecho a tener un trabajo. La figura de las lanzas convertidas en instrumentos de trabajo hace ver que un pueblo no es más poderoso o importante por su gran ejército, sino por las oportunidades que dé para que sus gentes puedan satisfacer en paz todas sus necesidades, para lo cual no es necesaria la guerra.

 

2,6-22 Teofanía y juicio de Dios. Varias son las cosas por las cuales Dios rechaza a su pueblo: 1. La proliferación de adivinos y hechiceros; es un fenómeno muy común en las culturas orientales; eso es, según los profetas, dudar del poder de Dios. 2. En la abundancia y el bienestar económico el pueblo se vuelve autosuficiente y cambia la adoración debida al Señor por la adoración a todo lo que simboliza riqueza y poder.

Como más tarde proclamará María (Lc 1,52), el profeta anuncia la humillación del altanero y del soberbio. Se trata aquí del reino del Norte que está pasando por un período de abundancia y prosperidad, lo cual ha hecho a su gente soberbia y autosuficiente, llegando incluso a menospreciar a sus hermanos del Sur.

Jesús mismo enseña que el que se enaltece será humillado. Estas palabras no pueden seguir siendo un simple consuelo para los empobrecidos y humillados, sino que deben ser un mensaje lleno de esperanza activa, porque es sólo con ellos y desde ellos que Dios destruye los planes de los altivos y arrogantes.

 

3,1-15 Anarquía en Jerusalén. El profeta vaticina la decadencia de Jerusalén porque el Señor se aparta de su pueblo. Pero en realidad la decadencia como tal se da como resultado de la incapacidad de sus dirigentes por mantener la armonía en la organización social de la ciudad. Con mucha frecuencia estas situaciones se atribuyen a un castigo divino, del mismo modo que se le atribuye también la prosperidad como bendición. Los versículos 10s son la huella del concepto que ya se tenía de la retribución: al justo le irá bien y al malvado le irá mal. Concepto que también es entendido así por la literatura sapiencial. Los versículos 12-15 son un fuerte reclamo a los dirigentes del pueblo que han pervertido el plan original de Dios, de acompañar y respaldar la puesta en marcha de un modelo de sociedad alterno al que habían experimentado los antepasados en Egipto.

 

3,16-26 Contra el lujo femenino. Las hijas de Sión simbolizan la pretensión a veces de ocultar la cruda realidad del pueblo con todo tipo de distracciones: la opulencia de algunos, representada en las baratijas de las hijas de Sión, es un insulto para la ingente cantidad de hombres y mujeres que carecen de lo mínimo. Esto es considerado por los profetas una verdadera afrenta a Dios.

 

4,1-6 Las viudas de Jerusalén. No era extraño que en tiempos de guerra muchos hombres murieran, trayendo como consecuencia su escasez. La solución más práctica, aunque humillante, era que un hombre tuviera varias mujeres a la vez; pues en aquel entonces, la vida de una mujer sin marido era un oprobio. Siete mujeres que toman el mismo hombre es una imagen exagerada, pero cargada con todo el sentido anterior. Describe una realidad muy crítica, puesto que no era la mujer la que tomaba al hombre, sino el hombre que tomaba mujer.

El versículo 2 utiliza la expresión «vástago» –también traducido como germen, brote, retoño y fruto–. Muchos comentaristas ven aquí un claro anuncio del Mesías y de su obra completamente transformadora como lo indica también Jeremías (Jr 23,5) y Zacarías (Zac 3,8; 6,12). Pero antes de la aparición de ese vástago es necesario que Israel pase por el castigo purificatorio, castigo del cual ha de quedar un «resto». Este resto purificado, que ahora se encuentra en Jerusalén, está llamado a convertirse en un pueblo fuerte; sin embargo, cuando sobrevino la catástrofe del 587 a.C., este resto había que buscarlo entre los deportados (Ez 6,8-10), quienes serían convocados por Dios para la restauración mesiánica: Is 11,11.16; Jr 23,3; 31,7; 50,20; Miq 2,12s.

Con todo, ocurrió que después del destierro, el resto cayó también en infidelidad y de nuevo tuvo que ser castigado: Zac 1,3; 8,11; Ag 1,12. La fidelidad hasta el final sólo será vivida y encarnada por Jesús, verdadero brote y germen del nuevo Israel.

 

5,1-7 Canto a la viña. La imagen de la viña es de lo más familiar para la mayoría de los pueblos del Cercano Oriente. Se trata de un pedazo de tierra cultivado con especial esmero ya que de allí era posible extraer el sustento básico para la familia. Pero no sólo eso, era patrimonio para el israelita, lo mínimo que podía tener una persona para sentirse ligado a su clan, incluso para fundamentar su derecho de ciudadanía. En muchos casos, en la misma viña reposaban los restos de los antepasados. Nótese, pues, el vínculo tan profundo que une al israelita con su viña, por ejemplo el caso de la viña de Nabot (1 Re 21). Piénsese en los millones de seres humanos que no tienen ese pedazo de tierra o en aquellos a los que se la arrebatan por la fuerza. Israel es para su Dios una viña a la que ama y cuida con celo, de ahí la decepción de Dios por los pocos frutos que produce su pueblo (cfr. Os 10,1; Jr 2,21; 5,10; 6,9; Ez 15,1-8; 17,3-10; 19,10-14).

 

5,8-25 Amenazas contra los malvados. Comienza aquí una serie de seis ayes o amenazas contra los malvados, una forma muy común en la predicación profética. El mismo Jesús la utilizó muchas veces. Juntar casa con casa y campo con campo, denuncia y condena a los que acaparan los bienes y especulan con las necesidades del empobrecido. La condena y maldición del profeta cobra una gran vigencia hoy, pues millones de seres humanos viven esta misma realidad, y con un agravante: esa condena no es sólo para los terratenientes y acaparadores, ésa misma vale para quienes miramos impávidos la expoliación de nuestros hermanos y hermanas sin que ello afecte para nada nuestro compromiso cristiano y nuestra vocación a la justicia.

El versículo 20 denuncia a quienes confunden a los demás llamando bueno a lo malo y malo a lo bueno; el mismo Jesús denuncia de una manera muy fuerte esta actitud llamándola blasfemia contra el Espíritu Santo (Mc 3,29; Mt 12,31s; Lc 12,10), y es también una llamada para que nosotros revisemos el mensaje que transmitimos a los demás.

 

5,26-30 Invasión asiria. La invasión que están realizando los asirios en tiempos de Isaías es vista como un castigo necesario para purificar a Israel. Es como si el mismo Dios la ordenara. Hay que tener mucho cuidado con esta forma de pensar. Muchos podrán creer aún que Dios está de acuerdo con que un pueblo azote a otro en su Nombre o en nombre de valores tan importantes como la democracia o la libertad; nada más contrario y ajeno al plan de Dios.

 

6,1-13 Vocación de Isaías. Esta visión de Isaías que incluye su vocación, debería estar al inicio del libro. Parece que a los redactores finales les pareció conveniente colocarla aquí para encabezar con ella el llamado «Libro del Emanuel», es decir, Dios con nosotros. En todos los casos de vocación que nos narra la Biblia hay siempre una constante: Dios llama para confiar una misión; es decir, vocación y misión están íntimamente relacionadas. La vocación, don gratuito de Dios, implica una tarea, un compromiso para el llamado. La santidad de Dios sobrecoge al hombre. Es muy característico en Isaías este concepto de la santidad de Dios. No por nada su vocación tiene origen en el lugar más sagrado, en donde el profeta experimenta la presencia tremenda de Dios que le hace tomar conciencia de su indignidad. Con todo, el sentido de la experiencia de Isaías es que pese a la absoluta santidad de Dios, esa santidad no aniquila al ser humano. Éste puede ir poco a poco alcanzando mejores grados de calidad humana. Calidad de vida y santidad forman parte de la misma vocación humana. La señal de la presencia del Señor es la gran cantidad de humo en forma de nube como en Éx 19,16 y en Éx 40, 34s.

Nadie que haya visto a Dios queda con vida. Es una tradición tardía de Israel, fruto de la excesiva sacralización de Dios. Aquí la cuestión queda aclarada, la presencia tremenda de Dios va a purificar al profeta, que tenía una imagen demasiado mística y sacralizada de Dios; y Dios no es eso. Su cercanía al hombre tiene como fin renovarlo, purificarlo de toda deshumanización, pero jamás destruirlo. Confróntese el resultado de los acercamientos de Jesús a la gente, de un modo muy especial el caso de Zaqueo (Lc 19).

Isaías, transformado por la presencia de Dios, se apresura sin dilaciones a ofrecerse para la misión. Su prontitud sin vacilaciones nos recuerda la obediencia de Abrahán (Gn 12,1-4); no así los temores y rodeos de Moisés (Éx 4,10-12); la indecisión de Jeremías (Jr 1,6), y, en el Nuevo Testamento, la preocupación de María (Lc 1,34). No toda vocación es clara, y cada conciencia se comporta de modo diferente en el proceso de clarificación de su llamada.

No hay que tomar al pie de la letra las afirmaciones del versículo 10, sería pensar que Dios bromea con algo tan serio y definitivo como es la conciencia y la libertad humanas. Sentencias como «endurece su oíd… ciega sus ojos… que su corazón no entienda» (10), no son otra cosa que la constatación de realidades que ya se están dando como fruto de una libertad personal. Estamos, pues, ante una manera profética de decir las cosas. No olvidemos que el hombre religioso del AntiguoTestamento todo lo atribuye a la obra de Dios, hasta la misma obstinación. Esta misma idea la encontramos en el Nuevo Testamento (Mc 4,11s), que tiene la misma explicación. No es que Dios quiera la obstinación u obstaculice el entendimiento, simplemente lo prevé y lo pone al servicio de su propio designio.

 

7,1-9 Primer aviso a Acaz. Los datos del versículo 1 corresponden a la guerra siro-efraimita. Asiria está ganando cada vez más terreno; Damasco y Samaría quieren obligar al rey de Judá a aliarse con ellos para atacar juntos a Asiria. Contra los consejos de Isaías, Judá prefiere pedir ayuda a los asirios. Éstos apoyan al pequeño reino del Sur, pero le someten a un duro vasallaje; de otra parte, comienzan las invasiones a Samaría que terminan por destruirla en el 722 a.C.

Isaías, como la gran mayoría de profetas, predica no sólo de palabra, sino también a través de gestos simbólicos y de signos. Aquí encontramos uno de sus signos, representado en el nombre que coloca a su hijo Sear Yasub, literalmente, «un resto volverá»; con lo cual anuncia al rey y a los demás habitantes de Jerusalén y de Judá que un pequeño resto se convertirá y escapará a los castigos previstos (cfr. 4,3; 10,21-23).

 

7,10-25 Segundo aviso: el signo de Emanuel – Invasión asiria. Desesperadamente, Isaías quiere hacer entrar en razón a Acaz, rey de Judá, para que no se fíe de los poderes humanos. Para eso le propone pedir una señal directa al Señor. La actitud del rey es ambigua: por una parte parece tener tanto respeto al Señor que teme ponerlo a prueba; pero por otra, parece que ante la inminente amenaza de Damasco y Samaría, confía más en el poder de Asiria; claro que el coste fue muy alto: el vasallaje de Judá y la destrucción del hermano reino del Norte. A pesar de todo, el profeta convierte en signo profético el nacimiento de un niño al parecer del mismo rey. El niño será llamado Emanuel que significa «Dios con nosotros» (8,8-10). El sentido del signo es que a pesar de todo Dios mantiene la promesa de proteger a la dinastía real y a todo el pueblo.

No es claro de qué doncella se trata cuando dice que dará a luz. Podría ser alguna de la casa de Acaz. Hay quienes afirman, incluso, que se trata de una de sus mujeres. La cuestión es que el texto hebreo habla de una jovencita o muchacha, como en Gn 24,43 y Éx 2,8, en estado de contraer matrimonio o ya casada. Más tarde la traducción al griego (LXX) empleará la palabra «virgen» introduciendo al texto una relectura mesiánica que posiblemente no tuvo desde el origen. El hecho es que al final del Antiguo Testamento, pero especialmente la tradición cristiana, rápidamente encontró aquí el anuncio profético del nacimiento de Jesús, descendiente de David y salvador de su pueblo. He ahí por qué Mt 1,23 cita a Is 7,14 y Mt 4,15s a Is 8,23–9,1. El alimento que consumirá el niño recuerda la época del desierto (Dt 32,13s), y podría indicar que el país volverá a pasar por esos tiempos dadas las incursiones de los enemigos en territorio de Judá. Sin embargo, la situación sería temporal, como en efecto así fue.

Los versículos 18-26 nos presentan una serie de cuatro profecías introducida cada una por la frase «en aquel día» o «en esos días» (18.20.21.23). Nótese que aquí los actores de guerra ya no son los siro-efraimitas sino Egipto y el reino del Sur. La mención, una vez más, de la leche y la miel vuelven a hacer pensar en los días del desierto. El desierto encierra un gran simbolismo. ¿No fue en el desierto donde el Señor creó una nación? ¿No hará falta permanentemente volver al desierto? (cfr. Os 2,14s).

 

8,1-4 El hijo de Isaías. De nuevo una señal profética unida a un nombre simbólico. Esta vez se trata del segundo hijo de Isaías. Ya no está presente el acento mesiánico del Emanuel, sino el anuncio de la destrucción de Damasco y Samaría a manos de los asirios. El nombre del niño significa «pronto al saqueo, rápido al botín» (4). La historia confirma que, en efecto, un poco más tarde, Damasco y Samaría fueron arrasadas. Isaías no es el único en utilizar nombres simbólicos (cfr. Os 1,4.6.9).

 

8,5-8 Invasión. A través de las imágenes contrapuestas de Siloé y del Éufrates, el profeta denuncia la falta de confianza en Dios. Del lado norte de la ciudad bajaba un canal que alimentaba el gran estanque de Siloé, el cual servía a toda la ciudad. Las aguas mansas y tranquilas de este canal simbolizan la tranquilidad y bienestar de parte de Dios que el rey Acaz rechazó cuando decidió aliarse con Asiria. Pues bien, Asiria, procedente del Éufrates, se ha levantado como río embravecido y arrasará con todo lo que encuentre a su paso. El versículo 8 evoca el nombre profético de Emanuel (7,14) tal vez para anunciar el cumplimiento de las promesas después de los castigos anunciados.

 

8,9s Liberación. La certeza de la compañía del Emanuel no tiene por qué hacer vacilar al pueblo de Dios. Es un mensaje de esperanza en un contexto de guerra y de alianzas destructoras.

 

8,11-15 El Señor, piedra de tropiezo. El profeta ha sido contrario a la política de Acaz de aliarse con el rey de Asiria (cfr. 2 Re 16). Aliarse con cualquier otro rey era desconfiar del Señor. Pero lo más peligroso en la mentalidad del profeta era el riesgo de contaminar el culto israelita con prácticas idolátricas, como en efecto nos confirma 2 Re 16,10-18. Ante el dilema de ofrecer sacrificios al Señor y a otro Dios extranjero, el profeta anuncia que el Dios de Israel se convierte en piedra de tropiezo para ambos reinos; es decir, sus mandatos y normas serán el rasero para acusarlos y castigarlos.

 

8,16-20 Dios esconde su rostro. Estos versículos anuncian públicamente la retirada del profeta de su ministerio, pero dejando constancia, que seguirá firme en el Señor. Con todo, por las circunstancias que se están viviendo, Isaías prevé que necesitarán consultar a los brujos y adivinos, a quienes el profeta ironiza llamándolos charlatanes porque sólo dicen tonterías.

 

8,21-23a Días oscuros. Descripción de las penurias y calamidades que ya ha padecido el reino del Norte bajo el poder asirio, y que el profeta anuncia ahora para Judá. El versículo 23b menciona al país de Zabulón y de Neftalí, dos territorios ubicados al norte del país que fueron los primeros en soportar los desastres de la invasión asiria (cfr. 2 Re 15,29). La humillación a la que han sido sometidos atrae la actitud benevolente y liberadora de Dios. Siglos más tarde, la aparición del Mesías en Galilea confirmará plenamente el cumplimiento de esta profecía; así lo demuestra Mt 4,13-16.

 

8,23b–9,6 Profecía mesiánica. Este corto poema lleno de esperanzas viene a continuación del anuncio de días aciagos para el pueblo. Es costumbre entre los profetas no compartir el entusiasmo general cuando se cree en un éxito total, sino recordar más bien las promesas divinas cuando todos se desesperan. Por más que haya habido una hostilidad permanente entre los judíos y los israelitas del norte, la destrucción del reino de Samaría no dejó de ser un duro golpe para el reino de Judá y Jerusalén. Isaías afirma que habrá un regreso de los deportados –no se trata de los judíos deportados a Babilonia en el siglo siguiente, sino de los israelitas desterrados al otro extremo de Asiria, al actual Afganistán–. Esa revancha de la historia será la obra del futuro rey o Mesías que Dios prometió a David, quien reunirá al final a ambas naciones israelitas, la del norte y la del sur.

Era usual que a los reyes se les proclamara con una serie de títulos similares a los que encontramos en el versículo 5. Isaías los vislumbra para el descendiente davídico que deberá encarnar las virtudes de sus antecesores. Más tarde, cuando no hubo más reyes en Israel, este pasaje se interpretó a la luz de Is 7,14 y Miq 5,2s, en conexión directa con el nacimiento del Mesías. Sólo el someterse al poder de Dios garantiza un orden justo en la humanidad.

Nótese que la restauración y consolidación del pueblo de Dios no debe pensarse al margen de la equidad y la justicia, elementos que están a la base misma del surgimiento de Israel como pueblo; cuando esto falla, el Señor castiga (cfr. Éx 20,5; Dt 4,24).

 

9,7-21 La ira del Señor. Este poema está conformado por tres dichos o mensajes; al final de cada uno se repite una especie de estribillo (11b. 16b. 21). Los tres se dirigen al reino del Norte, que, a pesar del golpe recibido por manos de los asirios, piensa en reconstruirse sin tener en cuenta al Señor, lo cual es considerado como un acto de soberbia. En ese panorama, tampoco el Señor se acordará de ellos, ni siquiera de los que están más cerca del corazón de Dios que son los huérfanos y las viudas. «Sigue extendida su mano», es una forma de denunciar la obstinación y la contumacia; pese a todo, el pueblo no se arrepiente ni cambia.

 

10,1-4 Malaventura. El peor de los males que puede pasar en una sociedad o grupo es que sus dirigentes desvíen a sus seguidores, lo cual trae como consecuencia inmediata el descuido de lo más elemental de la justicia, que es la protección a los sujetos más débiles de la sociedad que son el pobre, la viuda y los huérfanos. Éste es uno de los motivos más frecuentes de denuncia por parte de los profetas (cfr. Jr 23,1s); el mismo Jesús denuncia algo semejante en su tiempo llamándolos guías ciegos que guían a otros más ciegos (Mt 15,14) y los maldice, (Mt 23,16.17.19.24; Jn 9,41). ¿No será ésta la causa de tantos males sociales de nuestro tiempo?

 

10,5-16 Asiria, instrumento de Dios. Aún sin saberlo, el poderoso de turno es instrumento de castigo en manos de Dios (cfr. Is 13,5; 5,26; 7,18, 8,7). Este mismo criterio lo asumirá más tarde Jeremías, para quien Nabucodonosor, rey de Babilonia, no es más que el instrumento con el cual Dios castiga a su pueblo (Jr 51,20; 50,23), y en tal sentido lo llama «servidor del Señor» (Jr 25,9; 27,6; 43,10). Pero también se presenta el caso inverso: un rey extranjero que sirve de azote para quien ha hecho daño al pueblo de Dios. En este caso Ciro, rey persa, incluso llamado «mi mesías», es decir, «mi ungido», «mi enviado» por el Deuteroisaías, Is 45,1. De esta concepción propia de los profetas, se desprende que aunque los invasores como los reyes asirios, caldeos o persas, hayan sido vistos como instrumentos de castigo, no por eso son liberados de la responsabilidad histórica por los males causados. Para ellos también habrá un castigo el día que Dios mismo señalará (Is 10,12). Dios mismo pasará revista a todos los reyes y poderosos engreídos. El evangelizador actual debe volver a pasajes como éste, para advertir al pueblo que esta forma de pensar está muy superada, que ciertamente Dios no necesita de ningún pueblo o nación, por potente que sea, para azotar a otras y que por el contrario, es hora de que la historia y la conciencia de los pueblos empiece a juzgar y a hacer desaparecer las ideologías que se resguardan detrás de estas formas de pensar.

 

10,17-23 El resto de Israel. De nuevo aparecen los rasgos de la teología de la esperanza que Isaías concreta en el «pequeño resto», a partir del cual Dios continuará adelante con su plan de justicia (cfr. 4,3; 7,3, etc.). Las esperanzas puestas en el «resto» no ocultan las amenazas de castigo, las tiene que anunciar, pero subrayando la promesa para ese «resto» de una conversión, del perdón y de nuevas bendiciones.

 

10,24-32 Oráculo de liberación – Avance asirio y derrota. El invasor asirio se acerca hasta las mismas murallas de Jerusalén dejando atrás una estela de destrucción y muerte. Pero contra todo lo previsto, y según el modo de pensar del profeta, el Señor interviene a favor de la capital; el enemigo es derrotado por intervención divina, no por las armas de Judá. No están claros los hechos históricos que obligaron a las tropas asirias a regresar con urgencia a su país. El hecho es que Jerusalén escapó a la destrucción, lo cual fue visto como una respuesta milagrosa de Dios en defensa de su ciudad y sus baluartes; de este acontecimiento quedan recuerdos en Sal 46; 48; 76.

 

10,33–11,9 Paz mesiánica. Este poema es un canto que anuncia al Mesías futuro, y describe sus rasgos fundamentales: será descendiente de David (1); estará lleno de espíritu profético (2); se empeñará en implantar la justicia y la paz entre los hombres (3-5) y con la naturaleza (6-8), lo cual es un volver al estado inicial de armonía implícito en la creación, y ello exige conocimiento del Señor. Isaías habla indistintamente del «Espíritu del Señor» y del «Santo Espíritu del Señor» (cfr. 42,1; 61,1s; 63,10-13). Este espíritu o soplo –ambas son traducciones del hebreo «rúaj»– ha estado actuando desde siempre. Antes de la creación ya estaba sobre las aguas (Gn 1,2). Él es quien ha dado la vida a todo ser viviente (Gn 2,7; Sal 33,6; 104,29s); los jueces de Israel eran suscitados por Él (Jue 3,10; 6,34; 11,29) y les infundía la capacidad de discernir (Nm 11,17); en la construcción del santuario, Él infunde habilidad a los artesanos (Éx 31,3; 35,31); es Él quien inspira a los profetas incluyendo a Moisés (Nm 11,17), a David (2 Sm 23,2), a Elías (2 Re 2,9) y, en fin, a todos (Miq 3,8; Is 48,16; 61,1; Zac 7,12); lo cual es el distintivo del verdadero profeta. Los falsos profetas no hacen otra cosa que seguir su propio espíritu (Ez 13,3).

Este espíritu de los profetas es el que invadirá al futuro Mesías. Hacia finales del Antiguo Testamento empieza a surgir la expectativa del Mesías escatológico que tendría como misión revelar la totalidad de las Escrituras; pero lo más importante: derramará el espíritu de una manera universal (Jl 2,28s). Éstos, pues, son los elementos que están en la base de la doctrina sobre el Espíritu Santo que encuentra su máxima expresión en el Nuevo Testamento (cfr. Jn 1,33s; 14,16s; Hch 1,8; 2; Rom 5,5, etc.).

 

11,10-16 Retorno de los desterrados. Esta profecía hace alusión al regreso de los desterrados de Babilonia. Dicho destierro no había sucedido todavía en la época del profeta, luego, este pasaje es muy posterior. Esto significa que en torno al núcleo de enseñanzas de Isaías «hijo de Amós», se formó una escuela que se encargó de prolongar y actualizar permanentemente el espíritu del profeta, agregándole nuevas enseñanzas que incluso pusieron en boca de él. Más tarde, todo el material existente pasó por un proceso de redacción y se le colocó el nombre que encontramos en 1,1: «Visión de Isaías».

Los biblistas nos ayudan a descubrir hasta «tres Isaías» –o mejor– tres épocas distintas en los 66 capítulos que conforman el libro actual. Parece que a los redactores nos les interesaba tanto la cronología de las enseñanzas cuanto su contenido.

El versículo 11 nos da una idea de los lugares a donde fueron dispersados los judíos, de ahí la gran esperanza en el retorno, visto siempre como obra amorosa de Dios que recogerá a su pueblo de todos esos países (cfr. Ez 11,17; 20,34.41; Sal 147,2). Y otro elemento de esperanza es el fin de la división y la hostilidad entre Israel (reino del Norte) y Judá (reino del Sur).

¿Qué elementos de esperanza siembra nuestra actividad evangelizadora y pastoral entre los miles y miles de despatriados y desplazados modernos?

 

12,1-6 Himno. El profeta ha venido hablando de las esperanzas del retorno, del fin de la opresión, del acto liberador de Dios y del nuevo éxodo. Así como al terminar la travesía del Mar Rojo Moisés entona un cántico de acción de gracias (Éx 15,1-18), también este nuevo éxodo vaticinado por Isaías será motivo de cánticos y acciones de gracias. Éste es el sentido de este breve capítulo.

 

13,1-22 Contra Babilonia. Los capítulos 13–23 conforman una colección de oráculos contra las naciones. En otros libros proféticos encontramos también la misma tendencia a poner en seguidilla todos los oráculos (Jr 46–51; Ez 25–32). El oráculo que encontramos aquí es muy posterior al Isaías del s. VIII a.C., sin embargo, a los responsables de redactar el libro, posiblemente entre los s. VI y V a.C., les pareció bien comenzar esta colección con el oráculo que va dirigido contra Babilonia. Es posible que ya en el panorama internacional se empezara a percibir la fuerza de los persas apoyados por los medos. Ellos fueron quienes provocaron la ruina de Babilonia en el 539 a.C.

Ninguna de las expresiones que encontramos aquí puede ser motivo para justificar guerras ni violencias. Jamás Dios aprobará ningún tipo de violencia en su nombre.

 

14,1-4a Vuelta del destierro. Presagio de un cambio de suerte. Los dominados serán dominadores, los esclavos serán esclavizadores; son las categorías de pensamiento de la época.

Para el cristiano actual éste nunca puede ser el punto de llegada de la lucha por la justicia. Jesús ha mostrado el camino que conduce a la ruptura con la espiral de violencia que genera el rencor y la venganza: la solidaridad y la fraternidad.

 

14,4b-23 Sátira contra el rey de Babilonia. La costumbre de ridiculizar a los prepotentes y soberbios es muy antigua, y se basa en la simple observación de que por más poder que ostenten y crean poder dominar al mundo, siempre tienen un fin idéntico al de todo mortal. La sátira que encontramos aquí es probablemente más antigua de lo que parece. Algunos comentaristas piensan que posee expresiones que la gente sencilla cantaba a propósito de los reyes asirios, retocada después y dedicada al rey de Babilonia. Materiales de este tipo son saludables y liberadores pues evitan absolutizar personas e ideologías.

La imagen del «lucero hijo de la aurora» corresponde a un mito cananeo según el cual este astro del amanecer era un dios que había pretendido ponerse a la cabeza de los demás dioses. Por sus pretensiones fue derribado y condenado a vivir en un monte lejano al norte. De la misma forma el rey babilónico caerá a causa de su soberbia. La tradición medieval sobre Lucifer, príncipe de los ángeles, que cayó en desgracia a causa de su soberbia, tiene su base en esta misma imagen.

 

14,24-27 Contra el rey de Asiria. Palabras de amenaza contra el imperio asirio que corresponden a la época propia del profeta. Los pueblos pequeños han visto surgir al imperio asirio y han padecido sus acciones expansionistas. El reino del Norte ha desaparecido a manos de ellos y así, otros muchos (cfr. 10,5-34). Con esta profecía se inculca la esperanza en la caída también de Asiria. No se trata tanto de un nacionalismo exaltado cuanto de un estilo de fe profética que no admite ninguna otra soberanía por encima de la soberanía de Dios.

 

14,28-32 Contra Filistea. Filistea celebró con gran alegría la muerte de un rey asirio, probablemente Sargón II, que varias veces les había atacado. A su muerte le sucedió su hijo Senaquerib. Al parecer su nombre significa «víbora» o «dragón volador». Lo cierto es que resultó peor que su padre. Las tropas invasoras, tanto de Asiria como de Babilonia, procedían del norte (Jr 4,6; 6,1.22; Ez 26,7), pasando por territorio judío.

Los filisteos, ubicados más al sur de Jerusalén, probablemente enviaban espías o –por qué no– mensajeros que proponían a los jerosolimitanos una coalición contra el enemigo. Los habitantes de Sión prefieren mantener su confianza en la inviolabilidad de su ciudad protegida por el Señor.

 

15,1-9 El luto de Moab. Poema sobre la situación de Moab, territorio vecino de Israel. Es la manera como ve el profeta el estado en que quedan los pueblos al paso de las tropas invasoras; imágenes como éstas son también familiares para nosotros. ¿Qué tendremos que decir como creyentes a este respecto?

 

16,1-5 Los moabitas se refugian en Judá. Los aterrorizados habitantes de Moab envían corderos a Sión. Podría tratarse de un gesto amistoso con el fin de conseguir una coalición contra el enemigo. Podría tener también un sentido religioso: enviar animales para ser sacrificados en el templo de Jerusalén y así obtener el favor del Dios de Israel. Hay quienes piensan que se trata de una evocación de la época en que Moab pagaba tributo a Israel en lana y corderos (cfr. 2 Re 3,4). Surge una pregunta: ¿qué pueden hacer tantos pueblos debilitados para defenderse de los fuertes? Se siente la angustia de los moabitas, y, al mismo tiempo, su expresión de confianza en la ayuda de los vecinos. Las relaciones entre los pueblos deberían afianzarse en épocas de paz para que cuando llegue la amenaza, la solidaridad no se haga esperar.

 

16,6-14 Lamentaciones sobre Moab. La respuesta de los judíos a los moabitas es triste y desastrosa, peor que las mismas amenazas que vienen de fuera. La Biblia no nos oculta situaciones como éstas, ante las cuales el creyente tendrá que ir tomando conciencia del tipo de personas y situaciones con las que se fue encontrando la revelación de Dios a lo largo de la historia. El evangelizador actual tiene que estar preparado y preparando a los destinatarios del evangelio para aprender a leer textos como éste a la luz del máximo criterio de justicia. Seguramente actitudes como ésta fueron y seguirán siendo reprobadas por Dios y por sus hijos e hijas.

 

17,1-8 Oráculo contra Damasco – Fin de la idolatría. La mención de Damasco, capital de Siria, y de Samaría, capital de Israel obedece a la alianza que hicieron estos dos reinos para atacar a Judá (7,1–8,4, también Jr 49,23-27; Am 1,3-5; Zac 9,1). Damasco fue conquistada por los asirios al mando de Teglat-Falasar en 732 a.C., y la misma suerte corrió Samaría en 722 a.C. a manos de Sargón.

El profeta recuerda las infidelidades de Israel, especialmente su idolatría porque son las causas que atrajeron su destrucción. Pero también se vaticina el retorno al Hacedor. Casi siempre buscamos la realización de nuestros planes y proyectos a espaldas del plan de Dios, lo cual es ya una salida en falso. Ponemos nuestra fe y nuestra confianza en valores que son el equivalente de los ídolos, que menciona el profeta. Y cuando esos absolutos que nosotros mismos creamos nos fallan, tenemos que volver los ojos al Único que puede garantizarnos la verdadera vida.

 

17,9-11 Los jardines de Adonis. Evocación de un culto pagano dedicado a Adonis-Tammuz, dios de la vegetación (cfr. Ez 8,14s). Lo que llama la atención es la brevedad de vida de las plantaciones ofrecidas a esa divinidad, lo cual sirve para comparar la fe pasajera de Israel.

 

17,12-14 La marea de los pueblos. Estos versículos parecen describir la amenaza de destrucción de Jerusalén a manos de Senaquerib en el 701 a.C. y que no se realizó (compárese con 29,5-7; 37,6).

 

18,1-7 Contra el reino de Nubia. A Etiopía se le denominaba Kush, pero aquí se refiere propiamente a Egipto, que por esta época estaba gobernada por una dinastía etíope. Desde allí habían enviado mensajeros y embajadores a Judá para proponer una coalición contra Asiria. El profeta los invita a regresar, y al mismo tiempo les predice la invasión de la que será víctima aquel país. En efecto, así sucedió a mediados del s. VII a.C. bajo Asarjaddón y Asurbanipal. El oráculo concluye con un anuncio sobre la conversión de los etíopes. Se repiten algunas expresiones del versículo 2 y describe cómo esta gente enviará sus dones y presentes al templo de Jerusalén (Sof 3,10); era una manera de anunciar su amistad con los judíos.

 

19,1-15 Contra Egipto. En la Biblia, Egipto es siempre un símbolo negativo para Israel por el recuerdo de su esclavitud; de ahí que ningún profeta recomienda coaliciones con este país. Este oráculo predice la ruina que sobrevendrá a los egipcios dada su desorganización interna (2-4); el mal manejo económico (5-10), y la corrupción e incompetencia de sus funcionarios (11-15); en estas condiciones nada se puede esperar de Egipto, según el profeta. No es difícil deducir que un reino     débil en su interior sea presa fácil de los invasores. No es que el Señor entregue el país a un dominador duro, sino que las mismas circunstancias de ese pueblo lo hacen vulnerable al dominio extranjero. Recuérdese que para el hombre antiguo y, en este caso, para el israelita, todo procede de Dios, todo es obra suya; por eso, en la mentalidad del profeta, toda la anarquía y el desastre interno de Egipto son consecuencia del espíritu de vértigo que ha infundido el Señor a quienes dirigen aquel país.

 

19,16-25 Conversión de Egipto y Asiria. Estos versículos probablemente fueron añadidos al oráculo anterior en una época muy posterior y diferente a la del Primer Isaías, cuando ya incluso habitan judíos en Egipto. Encontramos aquí seis anuncios proféticos sobre ese país introducidos cada uno con la expresión «en aquel día» (16.18.19.23.24). No hay que entender aquí una anticipación de lo que sucedería en el futuro, sino la constatación de lo que está viviendo en su tiempo el autor de estos versículos; es decir, colonos judíos establecidos en Egipto (cfr. Jr 44,1). Se subraya la reconciliación entre Egipto, Israel y Asur y la bendición de la que son objeto gracias a la propia bendición de Israel. La reconciliación conlleva de por sí muchas bendiciones.

 

20,1-6 Acción simbólica: Contra Egipto y Nubia. Asdod, ciudad filistea instigada por Egipto, se había levantado contra Asiria; Sargón II, rey de Asiria, atacó a Asdod en 711 a.C., sin que ésta hubiera obtenido apoyo alguno por parte de los egipcios. En medio de todo, los egipcios instigan a Judá para atacar juntos a Asiria. El profeta es contrario a esta propuesta, pero el rey de Judá duda. A propósito de esto, el profeta realiza el gesto simbólico que nos narra este pasaje. Era normal que los profetas utilizaran signos y gestos simbólicos para reforzar su mensaje (cfr. Jr 13,1-11; Ez 4,1-5,17). El mensaje final del profeta es claro, si los egipcios terminan vencidos y humillados por los asirios, ¿de qué sirve pactar con ellos?

 

21,1-17 Caída de Babilonia – Contra Duma – Contra Arabia. Es probable que el poema sobre la caída de Babilonia no fuera compuesto contra ella, sino contra Asur; pero después de la caída de Babilonia, fue adaptado y colocado en este lugar. Nótese el acento satírico del canto. Eso infunde fuerza, ánimo y esperanza en quienes esperan la caída de los opresores. Sigue al oráculo contra Babilonia, los oráculos contra Duma (Edom) y contra Arabia. La razón para yuxtaponer estos oráculos puede ser la proximidad geográfica de ambos pueblos.

 

22,1-14 Contra Jerusalén. El profeta trata de nuevo el tema sobre la alegría y el regocijo que produjo la sorpresiva retirada de Senaquerib en 701 a.C., estando a punto de conquistar la ciudad (cfr. 2 Re 18,13-16; 19,9; Is 36,1s; 37,8). El profeta insiste que, a pesar de todo, el castigo sigue amenazando, pues se han preparado muy bien militarmente, pero sin tener en cuenta al Señor. El profeta critica la visión tan obtusa de los habitantes de la ciudad que en lugar de confiar en el Señor, confían más en sus armas y sus estrategias; y porque en lugar de hacer penitencia se lanzan al desenfreno (12s).

 

22,15-18 Contra el mayordomo de palacio. No es raro encontrar algún oráculo profético contra un individuo en particular (cfr. Jr 20,1-6; 28,12-17). Precisamente éste es uno contra un extranjero, al parecer egipcio, que ha ascendido muy alto en la corte de Ezequías. Su posición le ha permitido tal vez incidir demasiado en las decisiones reales lo cual atrae la condena del profeta (cfr. 30,2-5; 31,1-3, cfr. 2 Re 18,26; 19,2).

 

22,19-25 Nuevo mayordomo. El profeta no ve con buenos ojos que la función del maestro de palacio sea realizada por un extranjero; por eso apoya su destitución para que sea sustituido por un verdadero israelita. Mt 16,19 pondrá estas palabras dirigidas a Pedro en boca de Jesús, mientras que Ap 3,7 las aplica al Mesías. El sustituto del funcionario extranjero también cae en desgracia, y en su caída arrastra a todos los suyos.

 

23,1-14 Contra Tiro y Sidón. Este oráculo, donde se menciona tanto a Tiro como a Sidón, en realidad va dirigido contra los fenicios en general. Éstos habían prosperado mucho económicamente, lo cual les daba también un cierto poder político. La posición geográfica de Tiro le permitía beneficiarse del tráfico comercial, lo cual era aprovechado para oprimir al resto de los pueblos. No hay una descripción detallada de la caída de Tiro, pero sí queda el registro de las distintas veces en que fue amenazada y semidestruida. La destrucción total no llegaría hasta el s. IV a.C., con Alejandro Magno.

 

23,15-18 Tiro, olvidada y restaurada. No obstante, para Tiro también hay un mensaje de esperanza en su reconstrucción y retorno a su pasado glorioso. Comparada con una prostituta que ha perdido sus encantos de juventud, el profeta vaticina un cambio de suerte después de un largo período de decadencia.

 

24,1-6 Catástrofe. Muchos comentaristas denominan «pequeño apocalipsis de Isaías» a esta sección que comienza aquí y se extiende hasta el capítulo 27. En realidad no se trata de un apocalipsis, pero sí presenta ya varios elementos que serán característicos de ese género literario, y que tendrá su máxima expresión en Daniel y Zac 9–14. Por eso hay imágenes de juicio final y banquete al final de los tiempos, todo ello adornado con salmos de petición y de acción de gracias. Estos capítulos son tal vez los más recientes de Isaías.

 

24,7-12 La ciudad desolada. Este poema describe la destrucción y desolación de una ciudad, tal vez pagana, pero que sirve al profeta para compararla con Jerusalén. Es difícil aventurar de qué ciudad se trata. De todos modos, éste era el panorama que iba quedando al paso de los ejércitos asirios por todos los rincones de la región que algunos denominan «media luna fértil».

 

24,13-16a El resto. A pesar de la desolación y la muerte, algún pequeño grupo de fieles quedará para reconocer y cantar las grandezas del Dios de Israel.

 

24,16b-23 Destrucción – Juicio y reino del Señor. Desde la perspectiva apocalíptica, la única salida para un cambio en la realidad que se vive es la intervención directa de Dios. Esta intervención se intuye como una destrucción total, cósmica, en orden a recrear la armonía. El género apocalíptico tiene en cuenta muy poco la responsabilidad humana y sus posibilidades de transformar por sí mismo las estructuras de injusticia mediante un cambio de actitud respecto de la justicia.

Nosotros como cristianos, convencidos de nuestra responsabilidad y vocación de transformar la realidad y las estructuras que nos rodean, no podemos cruzar los brazos esperando una intervención del cielo. Si de verdad queremos transformar la realidad, no nos queda otro camino que empezar a recorrer el mismo camino de Jesús, poniendo en práctica el Evangelio; sólo desde una conciencia nueva, podremos soñar con una realidad nueva y distinta.

 

25,1-12 Himno de los salvados. Canto de acción de gracias que contrasta con la lamentación anterior sobre la ciudad devastada. Contiene varios temas: acción de gracias por la derrota de los opresores y por la ayuda a los necesitados (1-5); anuncio de un banquete en los últimos tiempos (6-8). En el banquete estarán presentes todos los pueblos –salvación universal–. En medio de todo se anuncia el castigo contra Moab (10-12), motivado tal vez por un mal recuerdo histórico.

 

26,1-6 Himno de victoria. Canto a la victoria del Señor. La ciudad fuerte puede ser que no exista en ese momento, pero ahí está precisamente la labor del profeta: animar, reconfortar, levantar la moral del pueblo. Lo mismo vale decir para nuestra tarea de evangelizadores. Nuestros pueblos necesitan el consuelo, ser reanimados en su esperanza. Ellos no esperan necesariamente milagros pero sí razones para vivir y para confiar en su Dios.

 

26,7-13 Los juicios del Señor. Salmo de reconocimiento a la justicia divina; el Señor juzga con justicia, fijándose siempre en el humilde.

 

26,14–27,1 Resurrección. Este poema parece aludir a la resurrección de los muertos. Hay quienes afirman que ésta sería la alusión más antigua al tema de la resurrección; otros no van tan lejos y más bien afirman que se trata sólo del tema de la restauración de Israel tal como lo describe también Jr 37.

El Leviatán (27,1) es un legendario monstruo, posiblemente proveniente de la mitología mesopotámica. En la Biblia encontramos varias alusiones a dicho ser (Job 3,8; Sal 74,13s; 104,26). Para Israel, estos monstruos mitológicos están representados en las grandes naciones que le han oprimido. Pero pese a su fuerza y poderío terminarán siendo aniquilados por el Señor.

 

27,2-5 Canción de la viña. Como en 5,1-6, el Señor cuidará de Israel como un viñador cuida su viña, pero Israel tiene que acudir al Señor para vivir en paz.

 

27,6-11 Renovación de Israel. Israel ha purificado sus culpas. Recuérdese que los sucesos ocurridos son vistos siempre en perspectiva religiosa. Para el pueblo judío, las invasiones y destrucciones, aunque tienen sus propias motivaciones socio-políticas, económicas e incluso geográficas, se miran, desde la dinámica fidelidad/infidelidad: si el pueblo es fiel, Dios lo cuida; si es infiel, Dios lo castiga. Para los opresores también habrá castigo.

 

27,12s Reunión final en Jerusalén. Promesa de retorno a la tierra. Este retorno será promovido por el mismo Señor. Así como la comunidad israelita se congrega al toque del cuerno, a ese mismo toque se reunirán uno por uno de todas las naciones por donde están dispersos.

 

28,1–33,24 Oráculos varios. Los capítulos 28–33 se refieren esencialmente a los acontecimientos provocados por los asirios entre el 701 y el 691 a.C. Algunos proponen como hilo conductor de los mensajes contenidos en esta sección, el «ay» que encabeza cada uno de los seis mensajes: 28,1; 29,1.15; 30,1; 31,1; 33,1.

 

28,1-6 Contra el reino del Norte. El primer «ay» de amenaza va dirigido contra Samaría. Isaías, profeta del Sur, anuncia el desastre de sus hermanos del Norte. No hay noticias de viaje alguno del profeta a la capital norteña, pero tiene conocimiento del desenfreno y excesos de las gentes de aquel territorio, quizás como consecuencia de la prosperidad económica que estaban viviendo (cfr. Os 7,5-7; Am 3,9-15). En medio de todo encontramos esta promesa para el resto del pueblo (5). Este resto fiel contrasta con los borrachos de Israel (1) y de Judá (7s).

 

28,7-13 Contra los que se burlan del profeta. ¿Conflictos entre profetas y sacerdotes? Sí; y no hay que maravillarse, pues la cosa no era tan inusual (cfr. Jr 26,8-19; Os 4,4-8; Am 7,10-17; Mi 3,5-11). El motivo fundamental era la verdadera y la falsa profecía entremezcladas con el verdadero y el vano culto. En 1,1 indicamos el perfil del verdadero profeta que poco a poco va surgiendo en Israel. La verdadera profecía se va distanciando cada vez más de las frecuentes prácticas adivinatorias, de la utilización de bebidas embriagantes, de las danzas frenéticas, etc., utilizadas como medios de adivinación. El verdadero profeta no «adivina», es alguien que con sus cinco sentidos despejados mide el pulso a cada situación, hace su lectura a la luz del criterio máximo que es la justicia, y proclama un mensaje que, aunque es claro, no siempre es comprendido por su generación. Ése es el tipo de generación de la que se lamentará Jesús: «mirando no ven y escuchando no entienden» (cfr. Lc 8,17; Mt 3,13).

 

28,14-19 Pacto con la muerte y verdadero cimiento. Los malos consejeros no hacen otra cosa que desviar a sus aconsejados. Esta expresión hace referencia al pacto que hizo el rey Ezequías con Egipto para defenderse de Asiria. En la mentalidad del profeta, este pacto no puede traer más que muerte (18).

La verdadera roca o piedra que sirve de fundamento (16) a toda sociedad es precisamente la equidad y la justicia. He ahí por qué es tan fácil identificar a los verdaderos y a los falsos profetas: mientras que éstos últimos sólo piensan en halagar a sus señores, los primeros sólo buscan poner en primer plano el querer firme y decisivo de Dios que es la justicia.

 

28,20-22 Contra los cínicos. Probablemente se trata de un refrán popular. El sentido aquí es que los oyentes de Isaías se encuentran impotentes para cambiar la situación (cfr. Jr 13,23; 17,1).

 

28,23-29 Instrucción agrícola. El plan o designio de Dios no tiene nada de complicado ni de espectacular. El profeta compara la manera de actuar de Dios con la del campesino que sabiamente va ejerciendo su oficio de agricultor. Lo mismo hace Dios: con sabiduría va dirigiendo la historia de su pueblo. Esto confirma que no hay que complicar el mensaje. Mírese la contraposición que hay entre este pasaje y 28,9s.

 

29,1-14 Contra Jerusalén. Segundo «ay», dirigido ahora a Jerusalén. El sentido de este mensaje es que Jerusalén no es consciente de la realidad que está viviendo y la que está por venir. Los acontecimientos que le hicieron temblar de miedo; es decir, el cerco puesto por los asirios, el profeta lo atribuye al mismo Dios, así como fue obra también divina el hecho de que sus enemigos hayan regresado a su país dejándola intacta. Pero aun así, Jerusalén no ha sabido interpretar estos acontecimientos como manifestaciones de Dios. El versículo 9 es una especie de sátira contra la terquedad de quienes saben leer (11) pero no saben interpretar (12). También esta torpeza es vista por el profeta como una acción directa de Dios (14).

 

29,15s Malaventura. El tercer «ay» o anuncio de desastre evoca el ambiente de discusiones en la corte sobre la conveniencia o no de rebelarse contra Asiria. Las decisiones estaban llamadas al fracaso, pues para nada tenían en cuenta la propuesta del profeta, o sea, la de Dios. El profeta sigue convencido que Dios puede transformarlo todo a su modo.

 

29,17-24 Salvación escatológica. En medio de la injusticia promovida por quienes no ponen en práctica los mandatos del Señor, resuena este mensaje esperanzador para quienes aún confían en el Dios de Israel.

 

30,1-5 Contra el pacto con Egipto. El cuarto «ay» de amenaza ahora va dirigido contra Ezequías, que ha decidido aliarse con Egipto para enfrentarse a los asirios. Efectivamente Judá recurrió a Egipto entre el 703-702 a.C. Isaías es contrario a esta política, no ve necesario buscar otro apoyo fuera del que ofrece el Señor. Ciertamente Egipto prometió ayuda, pero a la hora definitiva dio la espalda a Judá (cfr. Is 31,1-3).

¿Cómo releer hoy estos textos cuando la realidad es que tantos pueblos están próximos a desaparecer por la falta de solidaridad y apoyo entre los débiles? Hoy cobra mucha vigencia la necesidad de confiar en la ayuda y el apoyo de Dios, pero, ¿cómo vivir esta confianza en la realidad concreta?

 

30,6s Contra la embajada. Continúa la mofa contra los embajadores de Ezequías que, cruzando el Negueb, tienen como destino final el país egipcio. «Rahab», «Caos», «la Bestia del Sur», era un monstruo de la mitología antigua; según la tradición popular, dicho monstruo se había vuelto inofensivo (cfr. Job 26,12). Por transposición de ideas, Egipto que había sido un imperio poderoso, ahora es un inofensivo.

 

30,8-17 Testamento de Isaías. Este poema está compuesto por tres oráculos (9-11; 12-14; 15-17). Tienen como idea central la terquedad del rey y sus consejeros al no aceptar las recomendaciones del profeta. Para que conste, el profeta decide poner por escrito lo que ha dicho al rey. Quizás el tiempo le daría la razón.

Los versículos 10s son una llamada al profeta para que anuncie cosas halagüeñas. El mensaje de los profetas casi siempre resulta incómodo y poco grato de escuchar; con todo, el hombre de Dios no puede, por fidelidad a su vocación, regalar los oídos al rey. Otro signo para conocer al verdadero y al falso profeta (cfr. Zac 10,2).

 

30,18-26 Conversión del pueblo. Después de las amenazas anteriores, encontramos en este pasaje un tono esperanzador. El Señor no olvidará a su pueblo ni le quitará completamente su apoyo; el pueblo podrá reconocer que sólo Dios es quien le protege. El signo de esta aceptación será el rechazo a todos los ídolos que muchos judíos tienen en sus casas (22).

 

30,27-33 Teofanía y castigo de Asiria. Este pasaje nos recuerda la inminente amenaza de invasión por parte de Asiria en 701 a.C. El Tofet, fue por mucho tiempo el lugar donde en la mismísima Jerusalén se quemaban los niños que eran ofrecidos al dios Moloc (2 Re 23,10; Jr 7,31). Isaías, que conoce muy bien sus tradiciones, vaticina que este lugar está ahora preparado para el rey asirio.

 

31,1-6 Contra el pacto con Egipto. De nuevo un «ay» de amenaza motivado por la decisión de pedir ayuda a Egipto. Las circunstancias en que se pronuncia son iguales a 30,1-5.6s. El versículo 4 insiste en el poder de Dios, que está dispuesto a defender su ciudad y su gente. La esperanza en la protección divina debe fundarse en la conversión (6) y en la renuncia y rechazo de los ídolos (7).

 

31,7-9 Conversión de Judá y fin de Asiria. La conversión de Judá se determina desde el abandono de todo tipo de práctica religiosa que es contraria al culto de Israel: dejar de lado los ídolos porque son la perdición del pueblo. El fin de los días de Asiria se prevé como una acción divina: «caerá a espada no humana» (8). En la mentalidad del profeta, el ascenso de un poderoso es obra divina, lo mismo que su caída.

 

32,1-8 Reino de la justicia. El profeta ansía, como todo el pueblo, un gobierno justo. La experiencia cotidiana es que los reyes y gobernadores no han desempeñado su papel con justicia. Algunos comentaristas atribuyen a este pasaje características mesiánicas, ya que el Mesías será el único que podrá ejercer su mandato desde la verdadera justicia. Se nota en todo el pasaje la descomposición e inversión de valores que se vive en la época de Isaías.

 

32,9-20 Contra las mujeres frívolas – Restauración. De nuevo –como en 3,16-24– las mujeres son objeto de reprensión. Podría tratarse de cierta clase de mujeres frívolas, totalmente despreocupadas e indiferentes a la realidad de su pueblo. Amós atacó también duramente esta clase de mujeres (Am 4,1-3).

Después de los reproches y anuncio de desolación, viene un anuncio esperanzador sobre la efusión del Espíritu (cfr. Jl 3,1s), cuya presencia será el inicio de una nueva era, tal vez de una nueva creación. El Espíritu, según la mentalidad bíblica, renueva la faz de la tierra (cfr. Sal 104,30).

 

33,1-24 Esperanza en el Señor. Según algunos comentaristas, este capítulo no corresponde a la época de Isaías; contiene ideas y temas suyos, pero seguramente se trata de otro autor. En cuanto a su contenido, se trata de una larga oración sálmica propia del culto del templo, que se proclamaba en forma de diálogo. Se pueden distinguir varios motivos: amenazas de desastre (1); oración de súplica (2-4); himno de alabanza (5s); lamentación (7-9); respuesta del Señor (10-13); diálogo sobre quiénes pueden acercarse al Señor (14-16). Los versículos 17-24 son una promesa de retorno, una esperanza de volver a ver a Jerusalén. Recuérdese que Jerusalén fue destruida por los caldeos o babilonios en el 587 a.C., y que por estos mismos años se realizó la deportación selectiva de judíos a Babilonia.

El cambio de suerte para Jerusalén y sus habitantes implica, primero de todo, asumir actitudes de justicia y de rectitud, tal como lo expresan los versículos 15s (cfr. también Sal 15; 24,3-5), pero implica también estar libres del poder opresor (19). En todo caso hay que confiar siempre en el Dios de la salvación, pero nunca hay que perder de vista la responsabilidad de todos en la construcción de una sociedad justa.

 

34,1–35,10 Escatología de Isaías II. Los capítulos 34s componen un gran díptico escatológico: en un primer momento un gran juicio sentencia y castiga a la ciudad rebelde; y en un segundo, el pueblo es restaurado. El estilo corresponde a Isaías II (el autor de los capítulos 40–55); por eso la restauración está vista como una gran vuelta a la tierra prometida. El primer cuadro es más vigoroso y amplio, el segundo expresa el gozo sereno.

 

34,1-17 Juicio. Edom es objeto de muchos oráculos de condenación en la literatura profética, (Is 63,1-6; Jr 49,7-22; Ez 25,12-14; 35,1-15; Am 1,11s; Abd 1-14; Mal 1,2-5, etc.). Los profetas, y en general los israelitas, nunca pudieron perdonar a Edom –descendiente del hermano gemelo de Jacob– su conducta durante la invasión de Babilonia. Edom aprovechó la debilidad de Israel e invadió y saqueó su territorio. Por eso el profeta augura un castigo tremendo y un trágico final para su vecino. Esta actitud concuerda con la mentalidad israelita que considera a los pueblos enemigos como malditos, enemigos también de su Dios. Léase con esta clave la lista de naciones que presenta Gn 10. El sentimiento de un pueblo se atribuye también a Dios.

El tono de éste y tantos otros pasajes repugnan por el tinte violento y vengativo que contienen. Con todo, están ahí en la Biblia. Pero eso es el ser humano: capaz de lo más sublime, pero también capaz de lo peor. Lo importante es no perder de vista la clave de justicia con la cual interpretar cada pasaje bíblico que leemos, en orden a establecer el verdadero sentido de la Palabra y de la Voluntad divinas.

 

35,1-10 Vuelta a Sión. Después del desastroso futuro vaticinado para Edom, viene esta serie de bendiciones y de buenos augurios para Jerusalén. Se debe entender para la Jerusalén del postexilio. De acuerdo con esto, el capítulo 35 está más en relación con el Segundo Isaías. El restablecimiento material descrito como prosperidad, felicidad y como integridad física (5s), debe estar acompañado del progreso espiritual; esto es, como capacidad de andar por la senda del Señor (8s).

 

36,1–39,8 Sección histórica. Estos capítulos transcriben prácticamente 2 Re 18,13–20,9 con pocas variaciones. Los redactores finales de Isaías quisieron colocar aquí este material tal vez para darle un carácter de historicidad a la persona y la actuación del Isaías del s. VIII a.C. que, como sabemos, vivió en la época del imperio Asirio. Se debe advertir que Is 38,9-20 no aparece en 2 Re, así como 2 Re 18,14-16 no aparece en esta sección de Isaías.

 

36,1-22 Invasión de Senaquerib. El año 14 del reinado de Ezequías corresponde al año 701 a.C., año en el que Senaquerib, hijo de Sargón II, sitió a Jerusalén con sus ejércitos (cfr. 2 Re 18,13). Este capítulo contiene las amenazas y las advertencias de los asirios, y de su embajada de no confiar ni en la ayuda de Egipto ni en la ayuda del Dios de Israel.

 

37,1-13 Recurso a Isaías – Segunda versión de la embajada. Ezequías, consternado, se dirige al Señor para consultarle. Consultar al Señor o a otros dioses era una práctica común en el mundo antiguo (cfr. 1 Sm 9,9; 23,4; 1 Cr 21,30, etc.). Isaías pronostica la fidelidad del Señor y los castigos que tiene preparados para los invasores.

 

37,14-20 Oración de Ezequías. Ante la inminencia de un ataque asirio a Jerusalén, el rey Ezequías ora consternado en el templo. Reconoce la grandeza y exclusividad divina en el acto creador y, por tanto, su soberanía universal (16s). También reconoce el poderío de Senaquerib que no ha perdonado ciudad ni aldea, que ha sembrado pavor y muerte, y ha arrojado al fuego a toda divinidad que ha encontrado a su paso (18s). Ezequías teme que el Dios de Israel corra esa misma suerte; si Dios manifiesta su omnipotencia, Israel podrá estar a salvo.

 

37,21-29 Respuesta de Isaías. El profeta envía un mensaje de tranquilidad al rey anunciándole que el Señor ha escuchado su oración. De nuevo, como en 10,5-16, se ratifica el poder y soberanía absoluta de Dios y la manera como se vale de cualquier instrumento para castigar. La intención del profeta es denunciar la arrogancia de quienes se creen amos y señores del mundo, por el hecho de que en un momento dado poseen poder económico y militar.

Los oyentes de Isaías, testigos del poderío asirio, tienen que tener claro que el único poderoso y sabio es el Dios de Israel, y que todo le está sometido, incluso los planes de las naciones más lejanas.

 

37,30-35 Signo para Ezequías. Pese a las amenazas de la inminente toma de la ciudad por parte de los asirios, y pese a tratarse de un enemigo cruel y sanguinario que arrasaba realmente ciudades y aldeas, Isaías transmite un mensaje de confianza y seguridad para el rey y los habitantes de la ciudad. La situación no va a cambiar; el ritmo de vida seguirá igual, lo cual ilustra el profeta con la imagen del ciclo de la cosecha y del consumo de los frutos (30). Al mismo tiempo, vaticina la misión que tendrá el «resto» de Israel: echar raíces y dar frutos (31).

 

37,36-38 Desenlace. Como en Éx 14,24 narrando la liberación de los esclavos de Egipto, el redactor final constata también la liberación del poder asirio mediante una intervención divina espectacular a través del ángel del Señor. La realidad histórica fue que Senaquerib abandonó precipitadamente el cerco que estaba realizando contra Jerusalén sin que se sepan los motivos. Este acontecimiento lo relee la fe israelita como una acción directa de Dios a favor de su ciudad.

Es importante que nosotros, desde nuestra fe y adhesión a Dios, y desde nuestra confianza en Él, leamos en nuestra historia sus intervenciones amorosas aún en las situaciones más simples y sencillas. Pero siempre teniendo cuidado de que esa fe y confianza en Dios no nos propicie falsas seguridades ni inmovilidad en nuestro compromiso como ocurrió con los habitantes de Jerusalén. Ellos creyeron que merecían que Dios los cuidara, y les cuidara también la ciudad; lo que les llevó a despreocuparse completamente de hacer de Jerusalén el lugar de la realización del plan divino de justicia.

 

38,1-8 Enfermedad y sanación de Ezequías. La enfermedad y sanación de Ezequías, narrada también en 2 Re 20,1-11 y 2 Cr 32,24-26, sirve de marco a la predicación de Isaías que insiste en confiar únicamente en el poder de Dios. Para ello se vale también de una señal (22). Dos cosas quiere subrayar el profeta con estas señales: así como el rey escapa a la muerte, también Jerusalén escapará de la destrucción; y así como Dios puede «detener el sol» o hacerlo retroceder, también puede detener los ejércitos invasores y hacerlos regresar a su tierra.

 

38,9-20 Cántico de Ezequías. Esta oración de súplica o lamentación no aparece en el relato paralelo del Segundo libro de los Reyes, y es probable que tampoco sea de Ezequías. Algunos críticos se inclinan a pensar que se trata de un salmo compuesto después del destierro que refleja la situación de alguien que está sufriendo una tremenda enfermedad.

Los versículos 10-15 exponen la razón de la súplica: el ciclo normal de la vida va llegando a su final, y a ello se suma un cierto dolor moral y físico que el salmista describe en forma de persecución y por el cual solicita el auxilio del Señor. Los versículos 16-20 son la acción de gracias al Señor porque ha escuchado la oración del afligido; no ha tenido en cuenta los pecados del salmista y le ha sanado, le ha hecho revivir.

 

39,1-8 Embajada del rey de Babilonia. La embajada de Babilonia y la actitud de Ezequías (1s), la visita de Isaías y el diálogo que sostienen (3-7), hacen de bisagra entre un período histórico dominado por los asirios y los días futuros que serán de dominación babilónica. No sabemos si son históricas las palabras de Isaías (6s), pero de hecho así sucedió. Quizás los redactores han querido consignar aquí una constatación ya vivida para preparar el mensaje que vendrá a continuación en Is 40–55 llamado el «Libro de la Consolación», atribuido a un Segundo Isaías.

 

40,1-11 La Buena Noticia. Una voz clama en el desierto. La esperanza del retorno ha ido tomando forma, va cobrando intensidad. ¿Qué voz es ésa? ¿De quién se trata? Podría ser la del mismo profeta; sin embargo, ha quedado así, imprecisa. La misma frase va a utilizar el Nuevo Testamento para referirse a la actividad precursora de Juan Bautista (Mc 1,3; Mt 3,3; Lc 3,4; Jn 1,23).

La alegría más grande para los desterrados es saber que Dios mismo está preparando el regreso, que Él mismo allana el camino. Es importante tener en cuenta que todo esto es promovido por la predicación profética; pero más importante aún es tener en cuenta que esa actividad profética está siempre sujeta a la Palabra, es Dios quien inspira la Palabra y la respalda (9s), de lo contrario se hablará de «palabras de un profeta» que se marchitan y se secan. Sólo la Palabra de Dios subsiste por siempre.

En los albores del s. XXI, el mundo, nuestra sociedad, está inundada de palabras, ¿cuál de tantas es la Palabra de Dios? El versículo 11 utiliza la imagen pastoril –típica de las tierras bíblicas– y lo aplica al mismo Dios, que no simplemente promete el retorno por medio del profeta, sino que Él mismo lo realiza y acompaña. La imagen del pastor y su rebaño ha sido fuente de inspiración para otros profetas (cfr. Jr 23,1-6; Ez 34), y en el Nuevo Testamento Jesús mismo la utiliza (Mt 18,12-14 par.) y se la aplica a sí mismo (Jn 10,11-18).

 

40,12-31 Polémica de Dios con los ídolos – Polémica de Dios con el Pueblo. Era apenas comprensible que los israelitas con casi 50 años de destierro dudaran de las posibilidades de regresar a su tierra; muchos abiertamente no lo creían. Este pasaje no va hacer tanta fuerza sobre el regreso en sí mismo, sino en el poder absoluto de Dios, del Dios de Israel. Hay que tener presente que con la victoria de Babilonia sobre todos los territorios dominados por los Asirios, el dios triunfante era Marduk, y el Señor debía darle culto a él (cfr. Sal 137,3); la manera de pensar de la época era que el Señor había sido dominado por Marduk. Ya se podrá entender la labor de los profetas para convencer a su pueblo de todo lo contrario. Estamos en los inicios de la formulación absoluta del monoteísmo (cfr. también 41,21ss), que tendrá su culmen después del destierro. Con razón decimos que la fe es un camino, una aventura, ¡y qué aventura! ¿Qué debía concluir el israelita después de escuchar estas palabras? Que esa omnipotencia de Dios descrita aquí estaba al servicio de ellos; perfectamente Dios podría crear algo nuevo y distinto, porque Él es Soberano de todo.

 

41,1-20 Vocación de Ciro – Israel, siervo del Señor – Nuevo éxodo. La consolación es uno de los temas centrales del Segundo Isaías y encontramos aquí una nueva intervención que el profeta pone en labios de Dios. Hay tres motivos importantes en este mensaje de consuelo para quienes están soportando la humillación del destierro: 1. Dios promete liberar a los cautivos y lo hará a través de alguien que tiene el poder suficiente para derribar la supremacía babilónica; sin mencionar ningún nombre, sabemos que aquí se está hablando de Ciro, rey de los persas (1-7). 2. Israel, aunque humillado y reducido a la servidumbre, no debe temer ni se debe angustiar porque Dios mismo le sostiene y acompaña; y quienes han hecho mal a Israel serán aniquilados (8-16). La única garantía para los oprimidos, los marginados y desheredados del mundo es esta opción radical de Dios por ellos, y en eso el evangelizador tiene que insistir por todos los medios posibles, no con meras palabras de consuelo, sino con constatación real, demostrada en la vida y obra de Jesús, que entre Dios y los poderosos de este mundo no hay compatibilidad posible puesto que Dios no se puede «dividir» entre los que ostentan el poder, la riqueza y el dominio, y los desheredados de la sociedad. 3. La consolación de Dios a su pueblo no se agota en las meras palabras; Él está empeñado en que esa promesa de liberación se cumpla realmente. Por eso el profeta hace una descripción ideal del camino de retorno, pintándolo como una nueva creación. La aridez del desierto, la tristeza, el llanto, la desesperanza y, en fin, todo lo opaco y negativo que acompañó al pueblo hacia el destierro, Dios lo convertirá en otra realidad completamente distinta. Es la manera de concretar el sentido esperanzador del mensaje (17-20); y esta acción de liberación que Dios va a realizar es una acción exclusivamente suya; ninguna otra deidad está en grado de competir con el poder del Señor. Ése es el sentido del pleito contra los ídolos de los versículos 21-29.

 

41,21-29 Pleito con los dioses. El alegato ahora no es contra las naciones, sino contra todos los dioses falsos que vienen denominados como nada y vacío (24); que carecen absolutamente de todo conocimiento; sólo Dios es amo y Señor del tiempo y de la historia. Las afirmaciones de estos versículos son las manifestaciones fundantes del monoteísmo absoluto de Israel; reflejan las dudas y la confusión que abundaba en tiempos de la deportación a Babilonia: cantidad de adivinos, de dioses, de mensajes revelados, etc., y en medio de todo, el resto de Israel que ha sido deportado con el peligro de involucrarse en tal comercio de divinidades. Ya se indicó que el triunfo de Babilonia era también el triunfo de Marduk sobre el Señor. Lo cierto es que el Señor fue incapaz de defender su ciudad, su templo y su pueblo en el 587 a.C., ¿a quién seguir, entonces?

El comercio de dioses se acabó. El Señor es el único Dios, Dueño del universo y no hay nadie más fuera de Él. Esta explicitación, que volveremos a encontrar más adelante (43,11.13; 44,6-8; 45,5s.18.21s; 48,12), es el llamado monoteísmo absoluto o teórico, el cual se venía gestando ya desde la época del monoteísmo práctico, es decir, la adoración exclusiva al Señor sin descartar la existencia de otros dioses.

 

42,1-9 Primer cántico del siervo: Presentación. Nos encontramos con el primero de cuatro cánticos (49,1-6; 50,4-9; 52,13–53,12) dedicados a un desconocido personaje que ha sido denominado Siervo del Señor . No se sabe con certeza si se trata de un individuo –y siendo así habría que pensar en Ciro– o de un colectivo, y siendo así se podría pensar en la comunidad fiel de los israelitas. Lo cierto del caso es que este personaje es presentado como un siervo que ha sido elegido y sostenido por Dios mismo (1). Sobre él ha sido derramado el Espíritu (2), que le habilita para una misión: ser Alianza y luz (6), y obrar una liberación (7). El Nuevo Testamento cita en varias ocasiones estos textos y los aplica a la vida y obra de Jesús (Mt 8,17; Hch 8,32-33, Rom 15,21). Una de las características de estos textos es la apertura del plan salvífico de Dios a todas las naciones.

 

42,10-13 Himno. Normalmente el canto y las canciones son para animar, para transmitir alegría. Aquí el profeta incita a entonar cantos nuevos de alabanza al Señor, cantos en los que toda la creación alaba a su Señor. Contrasta este tono con el de Sal 137,1.

 

42,14-17 Nueva salvación. La intervención de Dios es inminente, según lo intuye el profeta; y su intervención tiene como objeto transformar la realidad de oscuridad y muerte en una nueva época de luz y de vida para quienes han confiado y esperado en Él. Su acción es exclusiva, ningún otro dios es capaz de dar confianza y seguridad a quienes le invocan (17).

 

42,18-25 Ceguera del pueblo. «No hay peor ciego que aquel que no quiere ver, ni peor sordo que aquel que no quiere escuchar», es un refrán popular que aún nosotros utilizamos y que el profeta aplica al pueblo de la elección. Israel cuenta en su historia con muchos signos e intervenciones del amor de Dios a su favor; pero aún así, no ha podido aprender a captar el lenguaje divino.

Hoy hablamos de saber interpretar los signos de los tiempos, y para ello es muy importante que estemos a la escucha de la Palabra, con los ojos muy abiertos a nuestra realidad para poder captar en cada acontecimiento y en cada situación qué es lo que Dios nos quiere decir. El profeta pone como ejemplo lo acaecido al reino del Norte, que fue invadido y destruido, pero Judá no cayó; eso también era un aviso para ellos.

 

43,1-7 Rescate del pueblo. Llamada de nuevo a la confianza en el Señor, similar a 41,8-20. Israel no debe tener miedo porque quien le protege es su mismo Hacedor. En esta época cobra mayor sentido el concepto de Dios creador de todas las cosas: si todo lo ha creado Dios, ¿cómo no va a poder re-crear a Israel? Se acrecienta también la comprensión del Dios liberador: si Dios liberó a su pueblo de Egipto, ¿cómo no va a poder liberarlo ahora de Babilonia?

En consonancia con 41,14 donde aparece Dios como «go’el», rescatador, aquí Él mismo declara el rescate que ha pagado. El profeta ve como obra divina el sometimiento de Egipto, Canaán y Mesopotamia al poder de Ciro, ya que gracias a ello Israel podrá retornar a la tierra. El fuerte nacionalismo que impregna estos versículos y tantos otros a lo largo del Antiguo Testamento no nos debe hacer pensar que Dios destruye o sacrifica pueblos, o naciones, o la humanidad entera para favorecer a unos cuantos. Cada pasaje de éstos nos debe reforzar más y más la fe en un Dios Padre de todos que no hace acepción de personas (cfr. Hch 10,34), un Padre que acoge a todo aquel que escucha su Palabra y la pone en práctica (cfr. Lc 8,21).

 

43,8-13 El pueblo, testigo de Dios. De nuevo una solemne declaración del monoteísmo absoluto puesta en boca del mismo Dios (cfr. 41,21). Antes del exilio, Israel admite que hay otras divinidades, pero sólo cree y adora al Señor; eso es lo que llamamos monoteísmo práctico. A finales del exilio y en el postexilio, ya encontramos este avance en la fe israelita de la formulación explícita de su monoteísmo. Nótese la fuerza casi vehemente de los versículos 10s.

 

43,14-21 Salvación. El nuevo éxodo que Dios realizará en favor de su pueblo será aun más maravilloso que aquel éxodo de Egipto (cfr. 52,11s).

 

43,22-28 Requisitoria contra el pueblo. Suena un poco extraño esta especie de reproche en el contexto de la consolación a Israel. Con todo, no se trata de un oráculo de censura condenatoria; más bien se trata de recordar al pueblo la esencia del verdadero culto, que no debe ser ni obligación ni carga. En el exilio, al no haber templo, no hubo culto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ¿por qué, pues, este reclamo? Puede tener un tono más futurista: cuando Israel regrese a su tierra y reconstruya su templo deberá tener en cuenta que el culto no puede ser una carga, pues más carga para Dios son sus pecados.

 

44,1-8 Dios consuela a su pueblo. Israel no tiene por qué temer; su Dios le ha elegido desde antes de nacer. Ésta es una manera de decir que en los planes de Dios no hay improvisaciones; desde siempre Dios ha estado comprometido con el débil y humillado; es la mejor Buena Noticia para quienes dudan del compromiso de Dios con el débil.

 

44,9-20 Sátira contra la idolatría. Sátira contra los ídolos y contra sus adoradores. La Biblia es contraria a esta práctica y lo demuestra el gran número de pasajes que tratan sobre este tema (Gn 35,2; Éx 20,3.23; 23,24.33; 32,31; 34,17; Dt 5,7; 6,14; 7,16, etc.).

 

44,21-23 Redención de Israel. Para quienes se sientan olvidados o rechazados por Dios, y están tentados a cambiarlo, este mensaje es de esperanza y de recuperación de su fe; el mismo Dios que ha creado a cada uno, se ocupa de todos, perdona y rescata.

 

44,24-28 Yo soy el Señor. De nuevo el tema de la omnipotencia divina; no hay ningún poder que se iguale al de Dios. Babilonia atravesaba una época de esplendor religioso y de proliferación de magos y adivinos, lo cual fue para Israel una tentación permanente.

Nuestra época contemporánea no logra superar esta tendencia. Quizás hace falta una acción más contundente que lleve al pueblo a formarse una conciencia mucho más crítica y menos ingenua. En el versículo 28 encontramos la primera mención explícita de Ciro, rey persa, a pesar de que ya se había hablado de él (41,1-5; 41,25; 42,1-9). Varias veces más se repetirá su nombre (45,1-13; 46,8-13; 48,12-16).

 

45,1-25 Investidura de Ciro. Ciro, rey persa que no conoce al Señor, es nombrado como «ungido» del Señor. Cuando el Antiguo Testamento habla de unción hace referencia a alguien que era consagrado especialmente para una tarea o una función determinada; así por ejemplo, se unge con el aceite al rey (2 Sm 5,3), a los sacerdotes (Éx 29,7), y a veces a los mismos profetas (1 Re 19,16). En el caso de Ciro se trata de la unción para el ejercicio de la realeza, y la función o la tarea que se deriva de dicha unción es liberar a todos los cautivos que están en Babilonia y en otros lugares del imperio. Es un hecho que la política de Ciro contraste con los dos inmediatos antecesores: los asirios, sanguinarios, aplicaron una política de arrasamiento; los babilonios, aunque también destruían, utilizaron más la práctica de la deportación de grupos selectos económica, política y culturalmente fuertes, en orden a dejar las distintas colonias desprovistas de dirigentes; los persas, encabezados por Ciro, prefieren dejar a cada habitante en su lugar de origen, en orden a mantener más efectivamente su política de dominación mediante el sistema del tributo. De ahí que entre las primeras acciones de Ciro se cuenta el haber liberado no sólo a los israelitas que permanecían en exilio, sino a otros grupos procedentes de otras naciones.

Es cierto que en el caso de los israelitas parece que hubo cierta consideración y apoyo, incluso económico, para que los cautivos regresaran a su tierra. Pues bien, estos acontecimientos son leídos desde una perspectiva de fe en el Señor y su preocupación por el pueblo que Él se había elegido. Por eso Ciro no actúa en nombre propio; desde la óptica del profeta, es el Señor quien dirige los acontecimientos, valiéndose de todos los medios, incluso de una persona que no le conoce, como Ciro.

Para que no queden dudas sobre el poder único y exclusivo de Dios, encontramos repetidas veces a lo largo de este capítulo expresiones como «Yo soy el Señor, y no hay otro» o «fuera de mí no hay Dios». Esta concepción ya madura del monoteísmo teórico está respaldada por la fe en un único Dios que ha creado, Él solo, cielos y tierra, que ha puesto habitantes en la tierra para confiarles cada obra creada, primero a la humanidad, pero de un modo muy particular a Israel. Esta exclusividad del Señor se pone en contraste con los ídolos y dioses de los demás pueblos (16-25); la diferencia está en que sólo el Dios de Israel es creador, es salvador y sólo su Palabra es verdadera porque no confunde ni extravía.

 

46,1-13 Contra los dioses de Babilonia – Dios, dueño del futuro. El poder y la omnipotencia del Señor van a quedar suficientemente confirmados e ilustrados porque los dioses del panteón siro-babilónico: Bel, dios del cielo, y Nebó, dios de la sabiduría, ni siquiera pueden huir por sí mismos para salvarse; deben ser transportados con el resto de pertenencias en animales de cargas (1). Israel no tiene que transportar a su Dios, sino que Dios transporta a su pueblo, lo salva (40,10s). El Señor no ha sido jamás vencido como pudo haber sido el sentimiento del pueblo cuando la caída de Judá. Cada acontecimiento ha sido planeado y dirigido por el mismo Dios (3s). El poder de Dios es incomparable; los dioses babilónicos son hechura humana, no escuchan y, por eso, no pueden responder; no tienen ningún poder y, por eso, no pueden salvar; no padecen las desgracias de los pueblos porque no las conocen ni las han trazado desde antiguo, como el Señor (9.11).

 

47,1-15 Humillación de Babilonia y de sus magos. Las ideologías del poder hacen que se crean invencibles los poderosos de turno. Babilonia ostentó por varias décadas el título de «reina de los reinos»; su ascenso al poder no fue por la vía más «santa»; todo lo contrario; y ése es el motivo de su caída. Todo poder fundado sobre la injusticia, la violencia y la muerte está condenado al fracaso por más fuerza y firmeza que aparente. El debilitamiento de Babilonia y el fortalecimiento de los persas hacen sospechar la inminente caída de los caldeos. Esto es visto por el profeta como la hora del Señor, el momento de llamar a juicio. La caída y destrucción de Judá y Jerusalén estaban previstos como un castigo, pero Babilonia se excedió y por eso será también castigada.

Los versículos 13-15 son una sátira contra los magos y adivinos de Babilonia. Es verdad que en Mesopotamia y especialmente en Babilonia había excelentes astrónomos, personas muy diestras en el conocimiento de los astros, pero desafortunadamente utilizaban su conocimiento de una manera poco ortodoxa; otras veces eran manipulados también por los propios poderosos que les pagaban para que auguraran cosas siempre buenas y positivas, con tal de mantener el dominio sobre la conciencia del pueblo.

 

48,1-11 Pleito con el pueblo. Como en un pleito, el Señor recuerda a su pueblo por medio del profeta cómo todo lo acontecido y lo que está por acontecer estaba ya anunciado. Se van alternando en este capítulo llamadas de atención y reproches muy fuertes de parte de Dios con promesas de perdón y salvación.

Desde muy temprano, cuando Israel se formó como pueblo, demostró ser obstinado, de dura cerviz (Éx 32,9; Dt 9,13). Ante las propuestas de Dios muchas veces se ha hecho el sordo y el ciego (Is 6,9s); su obstinación y rechazo al Señor le ha acarreado la servidumbre y sometimiento a otros pueblos (Dt 28,48; cfr. Jr 27,8-11). A pesar de que Dios tiene sobradas razones para abandonar a Israel, no lo rechaza (9-11).

 

48,12-19 Misión de Ciro. Si Israel hubiera sido siempre fiel al Señor… Israel mira su historia pasada cargada de bendiciones y promesas, comenzando por aquellas hechas a Abrahán (Gn 13,16; 15,5 etc.); y no sólo promesas y bendiciones sino también acciones a su favor: liberación de Egipto (Éx 13s); compañía en el desierto (Éx 15s, don de la tierra; etc. Israel únicamente tenía que ser fiel al compromiso de tener solo al Señor por Dios, y mantener el firme propósito de no volver a caer en la experiencia de Egipto. Pero ahí estuvo su fracaso: cuando se dejó tentar siguiendo otros dioses, cuando decidió organizarse como monarquía, cuando prefirió aliarse con otras naciones, demostró que el Señor no le interesaba y por ahí entró el fracaso histórico. Pese a todo, el Señor mantiene su firme intención de liberar y de acabar con sus opresores valiéndose de un extranjero a quien llama «mi amigo» (14).

 

48,20s Salida de Babilonia. Orden de libertad que se convierte en un cántico de liberación. El Señor rescata a su siervo y tendrá cuidado de que no le falte ni siquiera el agua en su travesía hacia la tierra. Con este anuncio del fin del destierro se cierra prácticamente el tono de los discursos de los capítulos 47s.

 

49,1-13 Segundo cántico del siervo: La misión. Encontramos el segundo canto del «Siervo del Señor». Algunos comentaristas lo cortan en el versículo 6; otros incluyen los versículos 7-9. Vuelven a resonar algunas ideas del primer cántico (42,1-9), pero insiste en otras nuevas: los versículos 1-4 son la auto-presentación del siervo y su misión; los versículos 5s ratifican la misión de rescatar a Israel, pero considera que es poco y por eso le confía la tarea de ser luz de las naciones; así la misión del siervo se hace universal. No hay ninguna claridad sobre la identidad real de este personaje que sigue siendo anónimo y misterioso. El hecho es que no en todos los manuscritos aparece tal nombre, que pudo haber sido insertado aquí. Con todo, el siervo sería un colectivo, aunque reducido, encargado de llevar adelante el proyecto salvífico de Dios. Si se identifica al siervo con Israel, no encajan los versículos 5s que claramente designan a un individuo que tiene como tarea hacer volver a Jacob/Israel a Dios.

El versículo 4 es una especie de lamentación que hace notar el aspecto doloroso y fatigante de la misión. Humanamente duele el esfuerzo y la lucha que acarrean las tareas de la evangelización si se les compara con los frutos recogidos; pero, ¿acaso tenemos que ser al mismo tiempo sembradores y cosechadores? (cfr. Jn 4,37).

 

49,14-26 Consuelo de Sión. Imágenes familiares que manifiestan la ternura de Dios. Con toda validez se puede hablar del rostro materno de Dios; algunos hablan del Padre-Madre Dios. La imagen de la desposada del versículo 18 evoca la predicación de Oseas y Jeremías. Muchos israelitas no podían creer que fuera posible liberarse del poder de Babilonia; el profeta garantiza que no tendrán ningún obstáculo para su liberación, pues es Dios mismo quien está por medio para liberarle.

 

50,1-3 Pleito con el pueblo. Al poner en continuidad con los últimos versículos del capítulo 49 este corto poema, se quiere infundir ánimo y esperanza en quienes todavía no pueden creer en la liberación cercana. Dios no ha rechazado a Israel para siempre, no se trata de un divorcio, sino de una breve separación. Tampoco Dios se comportó como deudor que vende a sus hijos para pagar sus deudas (2; cfr. Éx 21,7; 2 Re 4,1; Neh 5,5; Bar 4,6), los entregó para purificarlos, pero ahora los rescata.

 

50,4-11 Tercer cántico del siervo: Sufrimiento y confianza. Hay un acento nuevo en este tercer cántico del siervo, y es el de ser discípulo fiel del Señor, formado en la escucha de la Palabra (5), para consolar (4). Su misión es enseñar a todos los que temen al Señor y a todos los que anden extraviados y carentes de claridad (10). Su misión no será fácil; aquí se explicita un poco más el aspecto doloroso de la misión: tendrá que enfrentar incluso la hostilidad y la agresión física; sin embargo, él soportará fielmente (5s), pues espera el triunfo definitivo que Dios mismo le concederá (9-11). Los padecimientos de este siervo tienen algunos aspectos comunes con los padecimientos de Jeremías (Jr 11,18– 12,6), pero también tiene cosas muy distintas: aquí el siervo sufre en silencio, no se lamenta, ni pide venganza contra sus enemigos y perseguidores (cfr. Jr 11,20; 15,15), pues sabe que el Señor está de su parte (8s).

 

51,1-23 Palabras de consuelo a Jerusalén. El largo poema que comprende todo este capítulo va alternando la constatación de los males y la humillación padecida, con el anuncio esperanzador de la liberación cercana. Las promesas de liberación del presente están en conexión con la bendición y promesas hechas a los antepasados. Dios no ha cambiado su opción; los opresores no podrán hacer nada contra los hijos de Abrahán y Sara (2), porque el brazo poderoso de su Dios les protege y les salva como pueblo de su propiedad (16). El profeta incita a su Dios para que comience a actuar ahora como lo hizo antiguamente, instaurando la armonía sobre el caos y destruyendo las fuerzas del mal personificadas en los monstruos mitológicos. En la mentalidad de los profetas, lo que ha sucedido a Judá y a su capital Jerusalén es un castigo, es la «copa de la ira» que Dios mismo había puesto en su mano. Pero ha llegado el momento de retirar el castigo y levantarse; ahora la «copa de la ira» será puesta en manos de Babilonia que también tendrá que purgar sus faltas (23; cfr. Jr 13,13; 25,15-18; 48,26; 49,12), y en general a todos los que han atormentado a Israel (Jr 51,7).

 

52,1-6 Despierta, Sión. Llamada a la alegría y a la confianza en que nunca más Jerusalén será profanada. Por unos siglos esta promesa se cumplió hasta la aparición de los griegos (cfr. 1 Mac 1). Con la figura del tráfico de esclavos que podían ser vendidos y rescatados, el profeta anuncia que el Señor no vendió a su pueblo y, por lo tanto, el rescate tampoco tendrá costo alguno. Aquí está en germen el sentido de la gratuidad de la salvación otorgada por Dios.

 

52,7-12 El mensajero de la paz. Este pasaje sintetiza muy bien todo el llamado «Libro de la Consolación» (40–55): se resaltan las buenas noticias refrendadas con la liberación de los cautivos. En un mundo plagado de violencia y muerte, los trabajadores del reino tienen la gran tarea de ser también anunciadores y promotores de paz, de justicia y de vida.

 

52,13–53,12 Cuarto cántico del siervo: Su pasión y gloria. Éste es el cuarto cántico del siervo, donde se explicita mucho más abiertamente el aspecto del sufrimiento sin causa y su victoria final. El asombro de muchos (52,14), consiste en pensar que sus padecimientos son un castigo divino. Los espectadores tendrán que reconocer que ellos son los verdaderos culpables de dichos padecimientos, y que el siervo era inocente. Así, pues, la pasión del siervo tenía como fin la expiación de los pecados de muchos (53,4.6.8.10-12).

Tampoco en este cántico queda aclarada la cuestión de la identidad del siervo. Para muchos sigue siendo un colectivo, el resto fiel de Israel, mientras que para otros se trata de un individuo que soportará en su propia carne las consecuencias de la injusticia y del rechazo a la voluntad de Dios. En ambas realidades, sea colectividad o individuo, es constatable el sufrimiento injusto inflingido por individuos y estructuras que caminan en contra del querer del Señor. Los padecimientos no podrán ser excusa para dejar de denunciar los proyectos de los fuertes y poderosos, siempre con la convicción de que tras el siervo doliente está el Dios de la vida que lo respalda.

Contrasta el origen humilde y miserable del siervo 11,1.10 donde se anuncia con gran gozo el nacimiento del Mesías davídico. Aquí podría estar el posible origen de por lo menos dos corrientes mesiánicas en el judaísmo: la corriente triunfalista, nacionalista y gloriosa, y otra que ve en el siervo desfigurado, maltratado y rechazado al Mesías, cuya misión, con matices universales, cumple desde el anonadamiento (cfr. Flp 2,6-8). Pero también a lo largo de la historia de la Iglesia hasta nuestros días, estos mismos textos han servido para fundamentar corrientes cristológicas que de alguna manera conectan con las tendencias mesiánicas judías (cfr. el diálogo de los discípulos de Emaús con el tercer peregrino, Lc 24,13-31).

En 53,11 el Señor toma la palabra para explicar la finalidad de los padecimientos del siervo: no son sus propias faltas las que lo han hecho padecer, pues él era justo (9b), sino los crímenes y abominaciones de la multitud. Su sacrificio, entonces, tiene el carácter de intercesión y de rescate, por eso justificará a muchos.

 

54,1-10 Fecundidad de la estéril. Los sufrimientos y humillaciones del pueblo personificado en Sión van a dar sus frutos. Nadie esperaría que una nación reducida a servidumbre pudiera reconquistar siquiera su nombre. El profeta describe los tiempos cercanos, llenos de gozo y de felicidad, semejantes al gozo y a la alegría que siente la mujer que era estéril y despreciada y que ahora es fecunda y de nuevo acogida (cfr. 1Sa 2,5; Sal 113,9). Otra imagen también familiar para el pueblo era la de la mujer repudiada y de nuevo acogida como esposa. Oseas había utilizado en su tiempo la misma figura (Os 1,16s). Dios promete amor eterno; y no es que quiera reiniciar, en sentido estricto, esta relación con su pueblo, Él jamás lo ha abandonado, su aparente ocultamiento fue sólo un instante (7). El pueblo puede estar seguro y confiado del amor perpetuo de su Dios (cfr. Dt 4,37; 10,15; Jr 31,2; Miq 1,2), sobre todo porque es un amor gratuito. Dios no se «enamoró» de Israel porque fuera una nación «buena» y «santa», sino porque era un pueblo esclavizado que ni siquiera le conocía (cfr. Dt 7,7s); mas cuando le conoció, tampoco fue un modelo de santidad ni fidelidad. Ahí radica precisamente la gratuidad del amor divino: Dios ama sin méritos suficientes.

 

54,11-17 Reconstrucción de Jerusalén. La nueva Jerusalén: no hay más de dos o tres alusiones a la parte física o material de la nueva ciudad: las murallas, las torres o atalayas y las puertas (12), lo esencial para hablar de ciudad en el Antiguo Testamento; el resto del pasaje apunta a la verdadera ciudad que se debe fundamentar en la justicia (14). Lo cual sólo será posible manteniendo lejos la opresión (14). Es de notar que al Segundo Isaías no le preocupa tanto el tema del templo, como a Ezequiel, también profeta del exilio, que llega a describirlo hasta el detalle (cfr. Ez 40–48). Isaías mantiene su empeño en vaticinar una ciudad futura, cuyos cimientos sean la justicia y el derecho, únicos capaces de repeler cualquier amenaza (17).

 

55,1-5 Alianza del Señor. Otra característica de la nueva época que inaugurará el retorno de Israel será la participación justa y equitativa en los dones de la creación. Si Israel comenzó a fallar cuando le dio la espalda al proyecto de la igualdad aun a sabiendas de lo que le sobrevendría (cf.1Sa 8,1-20), justo es empezar por ahí su restauración, recuperando el proyecto de la justicia, de la igualdad y la oportunidad para todos, al punto de considerarse como el inicio de una nueva alianza (3; cfr. Jr 31,3s).

La evocación de las promesas hechas a David (3), suenan aquí un poco extrañas; primero porque al Segundo Isaías jamás le interesó la idea de restaurar la monarquía para Israel, y segundo, porque estamos en una época en la cual la estirpe de David ha perdido el poder. Se podría tratar de la intuición del profeta de que aquellas promesas davídicas ahora abarcan no una familia, sino a todo el pueblo, que tendrá como encargo ser luz de otras naciones, derramar los bienes del Señor sobre los demás pueblos.

 

55,6-11 La Palabra del Señor. La Palabra de Dios es viva, capaz de fecundar, engendrar y generar vida. Y la fidelidad del creyente se mide exactamente desde ese criterio. ¡Qué gran actualidad recobra hoy este pasaje, en una era especialmente inundada por tanta palabra que poco a poco intenta asfixiar la Palabra! ¿Cuál es la tarea del creyente? Ser creyente y servidor de la Palabra. Pero, ¿cómo?

 

55,12s Epílogo: salida de Babilonia. Estos dos versículos finales concluyen todo el llamado «Libro de la Consolación», dejando en la mente de los oyentes las imágenes del retorno o del nuevo Éxodo (cfr. 43,19; 44,3s).

 

56,1-8 Fin del exclusivismo. En consonancia con el mensaje final del Libro de la Consolación –la escucha de la Palabra–, esta parte se abre con la llamada a poner en práctica esa Palabra; esto es, velando porque se practique la equidad y la justicia (cfr. 58,5-7).

Encontramos una bienaventuranza: dichoso, feliz, bienaventurado el que practica la justicia (cfr. Mt 5,10). Aquí no se refiere exclusivamente a los hijos de Israel, el texto original dice «Bienaventurado el ben-Adám»: el hijo de Adán que haga estas cosas… Esto es importante porque se comienza a registrar la evolución del pensamiento religioso judío hacia la paternidad universal de Dios, que tendrá su culmen en el Nuevo Testamento con Jesús, y luego con la comunidad primitiva (Hch 10,34). Dios es Padre de todos porque Él es justo; y lo que nos hace a todos hermanos es la práctica de la justicia. El judaísmo, que comienza a configurarse como tal sólo después del exilio, enfrenta la duda de quiénes pueden o no pertenecer al pueblo judío.

Los versículos 3-8 son la posición del profeta, muy clara. Sin embargo, el ala más «ortodoxa» del judaísmo se ha encargado de cerrar cada vez más esta apertura del amor de Dios. Jesús retomará la línea profética (cfr Jn 4; 20.23), y en Él desaparecerá cualquier forma de acepción de personas (Hch 10,34; Gál 3,28).

 

56,9–57,2 Perros mudos. Si este oráculo no es anterior al destierro, sus motivos sí parecen serlo. El profeta ataca fuertemente la ineptitud de los que han guiado a Israel, comparándolos con los perros guardianes que se dejan llevar por la molicie y la pereza. Este tema de los malos guías es muy común en los profetas (cfr. Jr 2,8.26s; 5,4-5.31; 10,21-23; 23,1s; Ez 8,11-13); Jesús los llamará también guías ciegos (Mt 23,16-24), y salteadores y bandidos (Jn 10,1s).

 

57,3-13 Idolatría. Al parecer este oráculo, como el anterior, podría ubicarse en la época anterior al destierro, pues recrea el ambiente contra el cual se habría pronunciado Jeremías (Jr 2). Sin embargo, aparece aquí porque probablemente las prácticas idolátricas y ritos mágicos, hechicería, adivinación, astrología, volvieron a aparecer en el postexilio, lo mismo que esporádicos sacrificios de niños (5), y ritos orgiásticos (7s). El problema de todos estos artificios es que ocultan o distraen la perfecta unión con el Señor, poniendo los atributos divinos en el mismo plano de la charlatanería y del comercio religioso.

 

57,14-21 Consuelo. De nuevo se presenta el Señor compadecido por su pueblo y, en especial por quienes han sufrido la humillación al extremo. Es con ellos, con los más débiles y despreciados, con los que ejecuta sus planes. (cfr. Sof 2,3s).

 

58,1-12 El ayuno. La justicia que juega un papel determinante en el pensamiento deuteronomista, representada también por los profetas, no puede quedar oculta ni siquiera por las más extraordinarias prácticas religiosas, ya que estas últimas corren el riesgo de volverse mecánicas y externas. Este oráculo está, pues, en línea con la exigencia de la interiorización de las prácticas religiosas: si éstas no salen del corazón y sobre todo como fruto de una verdadera justicia, se convierten en abominación para Dios. El meollo del oráculo lo encontramos en los versículos 5-7.

Los versículos 8-12 enumeran detalladamente los frutos que produce la práctica de la justicia. El creyente debe recurrir con frecuencia a este tipo de mensajes para examinar la calidad de su vida humana y cristiana.

 

58,13s El sábado. Según algunos biblistas, estos versículos parecen ser un añadido al oráculo anterior. Sobre la institución del sábado, véase Éx 20,8-11; y sobre el respeto al sábado, Is 56,2; Jr 17,19-27.

 

59,1-15a El pecado, obstáculo a la salvación. En continuidad con el capítulo anterior encontramos aquí una especie de liturgia penitencial que se desarrolla en forma de diálogo entre dos coros. La idea central es que la salvación prometida tarda en realizarse, pero eso no es un capricho de Dios, sino consecuencia del pecado humano (1s).

Los versículos 3-8 presentan el motivo del acto penitencial. El pueblo tiene que reconocer humildemente sus culpas (9-15).

 

59,15b-20 Interviene el Señor. La intervención del Señor, aunque se describe con la imagen de un guerrero, no tiene como finalidad destruir, sino salvar y restituir el orden perdido por la irresponsabilidad humana.

 

59,21 Oráculo de salvación. Promesa de la perpetuidad de la Alianza con Israel. Dicha perpetuidad consiste en la presencia siempre viva y actuante del Espíritu que se manifiesta –y se manifestará– a través de la Palabra (cfr. 40,7s; 51,16; 61,1; Jr 1,9).

 

60,1-9 La luz de la nueva Jerusalén. Desde este capítulo –y hasta el 62– encontramos una sucesión de imágenes que describen el esplendor y el gozo de Jerusalén, que de nuevo está habitada por quienes habían sido desterrados. Hay quienes atribuyen estos poemas al Segundo Isaías de los capítulos 40–55 o por lo menos a un fiel discípulo suyo que asimiló muy bien su estilo. Sobresale el aspecto de la luz como símbolo de salvación y del amanecer como una nueva época, nueva etapa en la historia.

El versículo 5 evoca el tráfico comercial tan común en Canaán. De hecho Canaán era camino obligado de todas las caravanas que se dirigían de norte a sur y de sur a norte. El profeta pone como destino final de todo ese tráfico la nueva Jerusalén.

 

60,10-18 Homenaje de los pueblos. Se alude a Jerusalén destruida y desolada por los babilonios. Hay que tener en cuenta que Jerusalén era llamada también «Ciudad del Señor». La convicción religiosa era que el Señor en persona la cuidaba y la defendía. Esta convicción se había afianzado más a partir del 701 a.C., cuando estuvo a punto de caer en manos de Senaquerib, rey asirio. La suerte no fue igual en 587 a.C., cuando Nabucodonosor, rey babilonio, la asalta, saquea el templo y toma prisioneros a lo más selecto de la sociedad judía para llevarlos cautivos a Babilonia. Los sentimientos religiosos debieron ser demasiado tristes y sombríos. Con este trasfondo podemos entender, entonces, las palabras de consuelo y las promesas de restauración de la ciudad y del templo; todo un cambio de situación. Quienes vinieron a humillar a la ciudad y a sus habitantes, volverán algún día a rendirle tributo.

 

60,19-22 Luz perpetua. En el Antiguo Testamento la luz es símbolo de salvación, pero entendida esa salvación como la presencia activa de Dios en medio del pueblo. Por eso aquí esa luz se confunde con Dios mismo, quien estando en medio del pueblo, transformará la realidad de luto y muerte en luz y sanas relaciones entre todos. Nótese que se alude a realidades muy tangibles y humanas para describir esa nueva realidad salvífica: la posesión perpetua de la tierra como respuesta a una situación de invasión y desplazamiento del territorio propio; y, el amejoramiento de unas relaciones éticas basadas en la honradez y la justicia (21), realidades que garantizan una larga vida que se transmite de generación en generación (22). No es posible aspirar a una realidad marcada por la salvación sin un espacio concreto y una intención firme de mejorar nuestras relaciones éticas y de justicia con respecto a los demás.

 

61,1-3 Misión del profeta. El profeta anuncia que ha sido ungido y enviado por el Señor para portar la Buena Noticia a su pueblo. Los términos de esta Buena Noticia son, en primer lugar, la consolación (1-3), la reconstrucción (4) y un cambio total de la situación (5-7). Todo lo cual queda ratificado por una nueva Alianza que establecerá Dios con su pueblo. Finaliza el poema con un canto de acción de gracias, en donde el profeta personifica a Sión. Es de notar que las palabras iniciales de este poema son las que utiliza Lucas (Lc 4,18s) para enmarcar el punto de partida de la misión de Jesús. El «año de gracia» o «año jubilar» (Lv 25,8-16), se debía proclamar en Israel cada 49 años, e incluía condonación de deudas, liberación de los esclavos y retorno a la propiedad familiar. Esta ley no se cumplía desde hacía tiempo. Cuando se instituyó sirvió para remediar la situación de empobrecimiento de muchos israelitas; el espíritu era nivelar socialmente al pueblo, un volver a comenzar.

¿No sería ésta una buena solución para el problema del empobrecimiento mundial? ¿Seremos demasiado ingenuos si apostamos por esta posibilidad? El jubileo en Israel nunca se pensó para ser vivido «espiritualmente», tenía connotaciones muy concretas, animado, eso sí, por el espíritu o por la espiritualidad de la justicia.

 

61,4-9 Restauración. De nuevo un mensaje de consuelo y esperanza para quienes añoraban volver a tener una ciudad restaurada.

 

61,10–62,9 La nueva Jerusalén. Este poema intenta «seducir» a los oyentes para que se enamoren de una ciudad que permanece todavía en ruinas, pero que puede volver a ser la ciudad de Dios, fortaleza del Señor. La fuerza con que se describe esta nueva Jerusalén nos hace entender que quizás entre los oyentes no había ánimos ni compromiso efectivo por reconstruir la ciudad. Hay que tener en cuenta que al regreso del destierro las cosas no fueron tan fáciles ni tan hermosas como muchos lo soñaban y esperaban. El panorama seguía siendo muy sombrío con sentimientos encontrados entre los que regresaban de Babilonia y los que se habían quedado en el país. Los primeros reclamaban sus antiguas pertenencias y posesiones, mientras los segundos se afirmaban en el derecho adquirido sobre ellas.

En medio de todo, el profeta tiene que cumplir su tarea, debe hacer «soñar», hacer suspirar por algo nuevo y grandioso. No se trata de una forma de alienación. Los grandes logros de la humanidad y nuestros logros comunitarios y personales, ¿no fueron primero un «sueño»? No está mal soñar, suspirar por algo nuevo y distinto, siempre y cuando no nos quedemos simplemente en esa primera etapa. De ahí hay que pasar a la siguiente que es el compromiso efectivo y la lucha conjunta por lograr lo que soñamos.

 

62,10–63,6 Llegada del salvador victorioso. Las palabras de este mensaje dan a entender que el final de la deportación y del cautiverio todavía no ha llegado, pero se presagia ya como inminente, como algo que será realizado por el Señor en persona; éste asume en 63,1-6 los rasgos de un guerrero. No dice el texto expresamente que ese guerrero sea el Señor, es el oyente del mensaje quien debe deducir que la liberación que se describe aquí sólo puede realizarla el Señor.

 

63,7-14 Meditación histórica. La oración que realiza aquí el profeta –encarnando a toda la comunidad israelita– tiene como trasfondo, en primer lugar, la elección gratuita, y en segundo, la fidelidad divina. Por eso, en el momento de angustia, el pueblo apela a la fidelidad y misericordia divina.

 

63,15-19a Invocación a Dios Padre. En los casos de crisis extrema, el hombre desea una intervención especial de la divinidad. ¡Qué mejor que una intervención directa de Dios para poner fin a una situación caótica! ¿Será ése el camino? En nuestras encrucijadas históricas también nosotros anhelamos una intervención divina, y hasta deseamos que en el último segundo las armas de los asesinos no funcionen contra la gente humilde e indefensa, que las bombas queden suspendidas en el aire, que se hundan los portaviones. Y sabemos que Dios puede hacerlo, pero, ¿le corresponde eso a Dios? ¿No será que a fuerza de «creer» tanto en Dios se va perdiendo la fe en el hombre mismo? Y, ¿qué clase de fe en Dios es ésa que riñe con la fe en nosotros mismos, en nuestro destino y en nuestra misión?

 

63,19b–64,4a El pueblo pide una teofanía. Dios está detrás de toda obra de justicia, pero es el ser humano quien en su obstinación trastoca el orden y la armonía. Ahí está la infidelidad de Israel y de todo el que conociendo ese designio divino, lo ignora o lo contradice con sus obras. Sin embargo Dios no abandona para siempre.

 

64,4b-11 Confesión del pecado y súplica. Dos veces en el mismo poema se reconoce la paternidad de Dios: aquí y en 63,16; apelando a esta paternidad se vuelve al tono de la súplica (8.11).

 

65,1-7 Denuncia y amenaza. El Señor mismo denuncia la obstinación de su pueblo no sólo porque no lo busca, sino porque de continuo lo ha rechazado desviándose en prácticas paganas (3s). Estos versículos evocan el problema de los cultos paganos que florecieron en Israel y que, aún después del exilio, tuvieron que ser combatidos.

La alusión a los que se sientan en las tumbas o andan entre sepulcros es una forma de denunciar a los que consultaban a los muertos, una antiquísima práctica que se dio también en Israel (cfr. 1 Sm 28, 3-24). La ley de Moisés prohibía la nigromancia (Dt 18,11).

El versículo 5 parece ser una fórmula de advertencia para no acercarse a alguien que ha realizado algún rito sagrado de iniciación. Se creía que al realizar ciertos rituales se quedaba impregnado de cierta carga sagrada que podía transmitirse por contagio. Dicha carga era tan peligrosa para el poseedor como para el que se acercaba.

Nótese que en el mismo Israel hay rastros de esta costumbre pagana (cfr. Ez 44,19). En ciertas culturas afro americanas se ha podido detectar algo similar, sólo que se habla del que «tiene espíritu», «hay niños que nacen con espíritu»: la creencia es que esto no es perjudicial para los demás, pero si se le dice al propio poseedor, muere.

 

65,8-16 Suerte de buenos y malos. Estos versículos describen el cambio de suerte para los que se han mantenido fieles al Señor.

 

65,17-25 Nueva creación. El desorden y el caos introducido por las infidelidades y la obstinación de Israel hacen que Dios decida intervenir; y su intervención será la creación de un cielo nuevo y una tierra nueva. Ésta es una figura muy frecuente en la literatura apocalíptica: Dios intervendrá; Dios recreará; pero hasta que esto suceda, el hombre y la sociedad tienen que ir dando los primeros pasos. Las posesiones y bienes de los israelitas habían sido usufructuados por los invasores y dominadores. Dios mismo promete que eso no volverá a suceder. ¿Cómo hacer real este mensaje para las miles de familias que han sido despojadas y desplazadas de sus parcelas? ¿Cuál será el papel del profeta actual ante eso? ¿Seguiremos esperando una intervención extraordinaria de Dios, o seguiremos lamentándonos porque no interviene?

 

66,1-4 El culto auténtico. Este oráculo parece una evocación del ambiente cultual antes del destierro; sin embargo, lo más probable es que se trate del ambiente previo a la reconstrucción después del 534 a.C., cuando regresaron los deportados. La atención está puesta en reconstruir lo material, pero no hay en todos una disposición interior; por eso el reclamo del Señor. De hecho Él no necesita templos ni cultos, pero sí quiere la adoración en espíritu y en verdad (cfr. Jn 4,23). El verdadero culto es la atención y obediencia a su Palabra (2), o dicho de otro modo, escuchar la Palabra de Dios y practicarla (cfr. Lc 11,28).

 

66,5s Juicio. Siempre nos encontraremos con los que creen y con los que no creen, con los que guardan esperanzas y con los desesperanzados, con los que en su humildad y pobreza sienten y ven la acción de Dios aunque ésta no sea demasiado clara. Éstos no le exigen nada especial a Dios, saben que Él está ahí; los otros necesitan «señales», necesitan ver la gloria de Dios para poder «creer». En realidad son los que ni siquiera viendo resucitar un muerto creerán (cfr. Lc 16,30s). Son los que tienen la capacidad de predecir el tiempo, pero no son capaces de entender los signos de los tiempos (cfr. Lc 12,56).

 

66,7-14 Un pueblo renace. Mediante las imágenes del alumbramiento y de las actitudes maternales para con los niños, se describe lo que será la restauración del pueblo y de Jerusalén. Se subraya en este canto la exclusividad de Dios en el acto de dar la vida y de sostenerla.

Nótese cómo la nueva Jerusalén que anuncia el profeta es una ciudad que respira paz y prosperidad, antítesis de la ciudad antigua, que tenía como características fundamentales ser centro de injusticia y corrupción.

 

66,15-17 Juicio de los pueblos. Para que haya nueva vida tienen que morir muchas actitudes y comportamientos equivocados en las relaciones con los demás y con Dios; no se trata de que esperemos a que Dios mismo venga a exterminar el mal, se trata más bien, de los símbolos que utiliza el profeta para llamar a un cambio radical en cada uno, como punto de partida para el inicio de un hombre nuevo y de una sociedad nueva.

 

66,18-24 Reunión de todos los pueblos. La conclusión del libro deja abierta la puerta de la esperanza para varias cosas, entre ellas: la reunión de todas las naciones (18); muchos paganos que no conocían el nombre del Señor se convertirán y hasta serán enviados a predicar a los mismos israelitas (19s); ¡qué mejor señal del «cielo nuevo y tierra nueva» que la adoración universal al único Dios (23)!

Queda el sabor amargo de la condena perpetua para los enemigos del Señor; pero, ¿no son también éstos los que de algún modo están incluidos en el versículo 23? Por lo menos eso da a entender su uso en la sinagoga: después del versículo 24 se repite el versículo 23 y así continúa abierto el tono de la esperanza hacia el futuro.