NEHEMÍAS

Introducción

1 1Autobiografía de Nehemías, hijo de Jacalías:

El mes de diciembre del año veinte me encontraba yo en la fortaleza de Susa 2cuando llegó mi hermano Jananí con unos hombres de Judá. Les pregunté por los judíos que se habían librado del destierro y por Jerusalén. 3Me respondieron:

–Los que se libraron del destierro están en la provincia pasando grandes privaciones y humillaciones. La muralla de Jerusalén está en ruinas y sus puertas consumidas por el fuego.

4Al oír estas noticias lloré e hice duelo durante unos días, ayunando y orando al Dios del cielo 5con estas palabras:

–Señor, Dios del cielo, Dios grande y terrible, fiel a la alianza y misericordioso con los que te aman y guardan tus preceptos: 6ten los ojos abiertos y los oídos atentos a la oración de tu servidor, la oración que día y noche te dirijo por tus servidores, los israelitas, confesando los pecados que los israelitas hemos cometido contra ti, tanto yo como la casa de mi padre. 7Nos hemos portado muy mal contigo, no hemos observado los preceptos, mandatos y decretos que ordenaste a tu siervo Moisés. 8Pero acuérdate de lo que dijiste a tu siervo Moisés: Si son infieles los dispersaré entre los pueblos; 9pero si vuelven a mí y ponen en práctica mis preceptos, aunque los desterrados se encuentren en los confines del mundo, allá iré a reunirlos y los llevaré al lugar que elegí para morada de mi nombre. 10Son tus servidores y tu pueblo, los que rescataste con tu gran poder y mano fuerte. 11Señor, mantén tus oídos atentos a la oración de tu servidor y a la oración de tus servidores que están deseosos de respetarte. Permíteme lograr mi cometido y que sea bien recibido por el rey.

Yo era entonces copero del rey.

 

El viaje

2 1Era el mes de marzo del año veinte del reinado de Artajerjes. Tenía el vino delante y yo tomé la copa y se la serví. En su presencia no debía tener cara triste. 2El rey me preguntó:

–¿Qué te pasa que tienes mala cara? Tú no estás enfermo, sino triste.

Me llevé un susto, 3pero contesté al rey:

–Viva su majestad eternamente. ¿Cómo no voy a estar triste cuando la ciudad donde se hallan enterrados mis padres está en ruinas y sus puertas consumidas por el fuego?

4El rey me dijo:

–¿Qué es lo que pretendes?

Me encomendé al Dios del cielo, 5y respondí:

–Si a su majestad le parece bien, y si está satisfecho de su servidor, déjeme ir a Judá a reconstruir la ciudad donde están enterrados mis padres.

6El rey y la reina, que estaba sentada a su lado, me preguntaron:

–¿Cuánto durará tu viaje y cuándo volverás?

Al rey le pareció bien la fecha que le indiqué y me dejó ir.

7Pero añadí:

–Si a su majestad le parece bien, que me den cartas para los gobernadores de Transeufratina, a fin de que me faciliten el viaje hasta Judá. 8Y una carta dirigida a Asaf, superintendente de los bosques reales, para que me suministren tablones para las puertas de la fortaleza del templo, para el muro de la ciudad y para la casa donde me instalaré.

9Gracias a Dios, el rey me lo concedió todo. Me proporcionó también una escolta de oficiales y jinetes, y cuando me presenté a los gobernadores de Transeufratina, les entregué las cartas del rey.

10Cuando el joronita Sanbalat y Tobías, el funcionario amonita, se enteraron de la noticia, les molestó mucho que alguien viniera a preocuparse por el bienestar de los israelitas.

11Llegué a Jerusalén y descansé allí tres días. 12Luego me levanté de noche con unos pocos hombres, sin decir a nadie lo que mi Dios me había inspirado hacer en Jerusalén. Sólo llevaba la cabalgadura que yo montaba. 13Salí de noche por la Puerta del Valle, dirigiéndome a la Fuente del Dragón y a la Puerta de la Basura; comprobé que las murallas de Jerusalén estaban en ruinas y las puertas consumidas por el fuego. 14Continué por la Puerta de la Fuente y el estanque real. 15Como allí no había sitio para la cabalgadura, subí por el torrente, todavía de noche, y seguí inspeccionando la muralla. Volví a entrar por la Puerta del Valle y regresé a casa. 16Las autoridades no supieron adónde había ido ni lo que pensaba hacer. Hasta entonces no había dicho nada a los judíos, ni a los sacerdotes, ni a los notables, ni a las autoridades, ni a los demás encargados de la obra. 17Entonces les dije:

–Ya ven la situación en que nos encontramos: Jerusalén está en ruinas y sus puertas incendiadas. Vamos a reconstruir la muralla de Jerusalén para que ya no seamos objeto de burla.

18Les conté cómo el Señor me había favorecido y lo que me había dicho el rey. Ellos dijeron:

–¡Vamos, pongámonos a trabajar!

Y pusieron manos a la obra con todo entusiasmo.

19Cuando se enteraron el joronita Sanbalat, Tobías, el siervo amonita, y el árabe Guesen, empezaron a burlarse de nosotros y a despreciarnos, comentando:

–¿Qué están haciendo? ¿Se van a rebelar contra el rey?

20Les repliqué:

–El Dios del cielo hará que tengamos éxito. Nosotros, sus servidores, seguiremos construyendo. Ustedes, en cambio, no tienen terrenos, ni derechos, ni un nombre en Jerusalén.

 

Reconstrucción de la muralla

3 1El sumo sacerdote, Eliasib, y sus parientes, los sacerdotes, pusieron manos a la obra y reconstruyeron la Puerta de las Ovejas; la consagraron y fijaron sus hojas; continuaron hasta la Torre de Ciento y hasta la Torre de Jananel. 2Junto a ellos trabajaron los hombres de Jericó, y junto a éstos, Zacur, hijo de Imrí. 3La Puerta de los Peces la reconstruyeron los hijos de Hasnaá; la armaron y fijaron sus hojas, barras y cerrojos. 4A su lado trabajó Meremot, hijo de Urías, hijo de Hacós; junto a éste, Mesulán, hijo de Berequías, hijo de Mesezabel; 5junto a éste, Sadoc, hijo de Baná; junto a éste trabajaron los de Tecua, aunque sus notables no quisieron colaborar con las autoridades. 6La Puerta del Barrio Nuevo la restauraron Yoyadá, hijo de Pasej, y Mesulán, hijo de Besodías; la armaron y fijaron sus hojas, barras y cerrojos. 7Junto a ellos trabajaron Melatías de Gabaón y Yadón de Meronot, con los hombres de Gabaón y de Atalaya, a expensas del gobernador de Transeufratina. 8Junto a él trabajó Uziel, hijo de Jarjayas, orfebre, y junto a éste el perfumista Ananías; ambos dejaron terminada la muralla de Jerusalén hasta el muro ancho. 9Junto a ellos trabajó Refayas, hijo de Jur, jefe de medio distrito de Jerusalén. 10A su lado lo hizo Yedayas, hijo de Jarumaf, delante de su casa. Junto a éste trabajó Jatús, hijo de Jasabnías.

11La parte siguiente, hasta la Torre de los Hornos, la restauraron Malquías, hijo de Jarín, y Jasub, hijo de Pajat Moab. 12Junto a éstos trabajó Salún, hijo de Halojés, jefe de medio distrito de Jerusalén, con sus hijas.

13La Puerta del Valle la restauró Janún con los habitantes de Zanoj; la reconstruyeron, fijaron sus puertas, barras y cerrojos, e hicieron quinientos metros de muralla, hasta la Puerta de la Basura.

14La Puerta de la Basura la restauró Malquías, hijo de Recab, jefe del distrito de Bet-Kérem; la reconstruyó y fijó sus hojas, barras y cerrojos.

15La Puerta de la Fuente la restauró Salún, hijo de Col-Jozé, jefe del distrito de Mispá; la reconstruyó, la cubrió y fijó sus hojas, barras y cerrojos; también construyó la muralla del estanque de Sélaj, junto al jardín real, hasta la escalera que baja de la Ciudad de David.

16A continuación, Nehemías, hijo de Azbuc, jefe de medio distrito de Bet-Sur, reparó hasta las tumbas de David, el estanque artificial y la Casa de los Valientes. 17A continuación lo hicieron los levitas: Rejún, hijo de Baní; junto a él, Jasabías, jefe de medio distrito de Queilá, su distrito. 18A continuación repararon sus parientes: Bavay, hijo de Jenadad, jefe de medio distrito de Queilá. 19Junto a él, Ezer, hijo de Josué, jefe de Mispá, restauró el sector a partir de la subida del arsenal del Ángulo.

20Baruc, hijo de Zabay, reparó el sector que va desde el Ángulo hasta la puerta de la casa del sumo sacerdote, Eliasib. 21Meremot, hijo de Urías, hijo de Hacós, restauró desde la puerta de la casa de Eliasib hasta el final de la misma. 22Luego lo hicieron los sacerdotes que habitaban en la vega del Jordán. 23Benjamín y Jasub repararon la zona frente a su casa, luego lo hizo Azarías, hijo de Maseyas, hijo de Ananías, en la zona junto a su casa. 24Binuy, hijo de Jenadad, reparó el sector desde la casa de Azarías hasta el Ángulo y la Esquina. 25Palal, hijo de Uzay, lo hizo a partir del Ángulo y la torre saliente del palacio real, la de arriba, que da al patio de la cárcel. Luego, Fedayas, hijo de Farós, reparó 26hasta enfrente de la Puerta del Agua, al este de la torre saliente. Los empleados del templo vivían en el Ofel.

27A continuación trabajaron los de Tecua, desde la torre grande saliente hasta la muralla del Ofel. 28A partir de la Puerta de los Caballos trabajaron los sacerdotes, cada cual frente a su casa. 29A continuación, Sadoc, hijo de Imer, reparó la zona delante de su casa y detrás de él lo hizo Semayas, hijo de Secanías, encargado de la Puerta de Oriente. 30Ananías, hijo de Selemías, y Janún, sexto hijo de Salaf, repararon el sector siguiente. Mesulán, hijo de Berequías, restauró frente a su vivienda. 31A continuación, el orfebre Malquías restauró hasta la casa de los empleados del Templo y de los comerciantes, frente a la Puerta de la Inspección, y hasta la habitación superior de la esquina. 32La zona entre la habitación superior de la esquina y la Puerta de las Ovejas la restauraron los orfebres y comerciantes.

33Cuando Sanbalat se enteró de que estábamos reconstruyendo la muralla, se indignó, y enfurecido, empezó a burlarse de los judíos, 34diciendo a su gente y a la guarnición samaritana:

–¿Qué hacen esos desgraciados judíos? ¿No hay nadie que se lo impida? ¿Van a ofrecer sacrificios? ¿Se creen que van a terminar el trabajo en un día? ¿O que de los montones de escombros van a sacar nuevas las piedras que se quemaron?

35El amonita Tobías, que se encontraba a su lado, dijo:

–Déjalos que construyan. En cuanto suba una zorra se desmoronará su muralla de piedra.

36Escucha, Dios nuestro, cómo se burlan de nosotros. Haz que sus insultos recaigan sobre ellos y mándalos al destierro para que se burlen de ellos. 37No encubras sus delitos, no borres de tu vista sus pecados, porque han ofendido a los constructores.

38Seguimos levantando la muralla, que quedó reparada hasta media altura. La gente tenía ganas de trabajar.

 

4 1Cuando Sanbalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los asdoditas se enteraron de que la reparación de la muralla de Jerusalén iba adelante –porque empezaban a cerrarse las brechas– se enfurecieron. 2Y se confabularon para luchar contra Jerusalén y sembrar en ella la confusión. 3Encomendándonos a nuestro Dios, pusimos una guardia día y noche para vigilarlos.

4Mientras los judíos decían: Los cargadores se agotan y los escombros son muchos; nosotros solos no podemos construir la muralla, 5nuestros enemigos comentaban: Que no sepan ni vean nada hasta que hayamos penetrado en medio de ellos y los matemos; así detendremos las obras.

6En esta situación, los judíos que vivían entre ellos, viniendo de diversos lugares, nos repetían una y otra vez que nos iban a atacar. 7Entonces aposté en trincheras detrás de la muralla y entre matorrales gente dividida por familias y armados con sus espadas, lanzas y arcos. 8Después de una inspección, dije a los notables, a las autoridades y al resto del pueblo:

–No les tengan miedo. Acuérdense del Señor, grande y terrible, y luchen por sus hermanos, hijos, hijas, mujeres y casas.

9Al ver nuestros enemigos que estábamos informados, Dios desbarató sus planes y pudimos volver a la muralla, cada cual a su tarea. 10Con todo, desde aquel día la mitad de mis hombres trabajaba mientras la otra mitad estaba armada de lanzas, escudos, arcos y corazas. Las autoridades se preocupaban de todos los judíos. 11Los que construían la muralla y los cargadores estaban armados; con una mano trabajaban y con la otra empuñaban el arma. 12Todos los albañiles llevaban la espada al cinto mientras trabajaban. Y el corneta iba a mi lado, 13porque había dicho a los notables, a las autoridades y al resto del pueblo: El trabajo es tan grande y tan extenso, que debemos esparcirnos a lo largo de la muralla, lejos unos de otros. 14En cuanto oigan la corneta, dondequiera que estén, vengan a reunirse con nosotros. Nuestro Dios combatirá por nosotros. 15Así seguimos, unos trabajando y otros empuñando las lanzas, desde que despuntaba el alba hasta que salían las estrellas. 16Por entonces también dije al pueblo:

–Todos pernoctarán en Jerusalén con sus criados. De noche haremos guardia y de día trabajaremos.

17Yo, mis hermanos, mis criados y los hombres de mi escolta dormíamos vestidos y con las armas al alcance de la mano.

 

Problemas sociales

(Jr 34,8-22)

5 1La gente sencilla, sobre todo las mujeres, empezaron a protestar enérgicamente contra sus hermanos judíos. 2Unos decían: Tenemos muchos hijos e hijas; que nos den trigo para comer y seguir con vida. 3Otros: Pasamos tanta hambre, que tenemos que hipotecar nuestros campos, viñedos y casas para conseguir trigo. 4Y otros: Hemos tenido que pedir dinero prestado para pagar el impuesto real. 5Somos iguales que nuestros hermanos, nuestros hijos son como los suyos, y, sin embargo, debemos entregar como esclavos a nuestros hijos e hijas; a algunas de ellas incluso las han deshonrado, sin que podamos hacer nada, porque nuestros campos y viñas están en manos ajenas.

6Cuando me enteré de sus protestas y de lo que sucedía me indigné y, sin poder contenerme, me encaré con los nobles y las autoridades. 7Les dije:

–Ustedes se están portando con sus hermanos como usureros.

8Convoqué contra ellos una asamblea general, y les dije:

–Nosotros, en la medida de nuestras posibilidades, rescatamos a nuestros hermanos judíos vendidos a los paganos. Y ustedes venden a sus hermanos para que luego nos los vendan a nosotros.

Se quedaron cortados, sin respuesta, 9y yo seguí:

–No está bien lo que hacen. Sólo respetando a nuestro Dios evitarán el desprecio de nuestros enemigos, los paganos. 10También yo, mis hermanos y mis criados les hemos prestado dinero y trigo. 11Olvidemos esa deuda. Devuélvanles hoy mismo sus campos, viñas, olivares y casas, y perdónenles el dinero, el trigo, el vino y el aceite que les han prestado.

12Respondieron:

–Se lo devolveremos sin exigir nada. Haremos lo que dices.

Entonces llamé a los sacerdotes para que les tomasen juramento de que cumplirían su palabra. 13Luego me despojé de mi manto, diciendo:

–Así despoje Dios de su casa y de sus bienes al que no cumpla su palabra, y que se quede despojado y sin nada.

Toda la asamblea respondió:

–Amén.

Y alabó al Señor. El pueblo cumplió lo prometido.

14Dicho sea de paso, desde el día en que me nombraron gobernador de Judá, cargo que ocupé durante doce años, desde el veinte hasta el treinta y dos del rey Artajerjes, ni yo ni mis hermanos comimos a expensas del cargo. 15En cambio los gobernadores anteriores fueron una carga para el pueblo, exigiéndole cada día cuatrocientos gramos de plata en concepto de pan y vino, y también sus servidores oprimían a la gente. 16Pero yo no obré así por respeto al Señor. Además, trabajé personalmente en la muralla, aunque yo no era terrateniente, y todos mis criados se pasaban el día en la obra. 17A mi mesa se sentaban ciento cincuenta nobles y consejeros, sin contar los que venían de los países vecinos. 18Cada día se aderezaba un toro, seis ovejas escogidas y aves; cada diez días encargaba vino de todas clases en abundancia. Y a pesar de esto nunca reclamé la pensión que me correspondía como gobernador, porque bastante agobiado estaba ya el pueblo.

19Dios mío, acuérdate para mi bien de todo lo que hice por esta gente.

 

Intrigas de los enemigos

6 1Cuando Sanbalat, Tobías, el árabe Guesen y el resto de nuestros enemigos se enteraron de que había reconstruido la muralla sin dejar ni una brecha –aunque todavía no había puesto las hojas de las puertas–, 2Sanbalat y Guesen mandaron a decirme:

–Ven a entrevistarte con nosotros en uno de los pueblos del valle de Onó.

3Venían con malas intenciones, y les contesté con unos mensajeros:

–Tengo muchísimo trabajo y no puedo bajar. No voy a dejar la obra parada para bajar a verlos.

4Cuatro veces me mandaron a decir lo mismo y les contesté igual. 5A la quinta, Sanbalat envió a su criado con una carta abierta, 6que decía: Se oye comentar entre la gente, y así lo afirma Guesen, que tú y los judíos piensan rebelarse, y que por eso has construido la muralla. 7Según esos rumores, tú serías el rey, y has nombrado profetas que te proclamen en Jerusalén rey de Judá. Esos rumores van a llegar a oídos del emperador. Ven, y decidiremos juntos lo que conviene hacer.

8Le respondí:

–Esos rumores de que hablas carecen de fundamento; son pura invención tuya.

9Querían intimidarnos, pensando que abandonaríamos la obra, dejándola a medio acabar. Al contrario, cobré nuevos ánimos.

10Por entonces fui a casa de Semayas, hijo de Pelayas, hijo de Mehetabel, que se hallaba impedido, y me dijo:

–Vamos a meternos en el templo, dentro de la nave, y cerramos la puerta. Porque van a venir a matarte; piensan matarte esta noche.

11Le contesté:

–Un hombre como yo no huye ni se mete en el templo para salvar la vida. No voy.

12Porque caí en la cuenta de que no era Dios quien lo enviaba; me hizo esta profecía sobornado por Tobías y Sanbalat, 13para que me entrase miedo y actuase de esa forma, cometiendo un pecado que pensaban aprovechar para denigrarme y difamarme.

14Dios mío, acuérdate de lo que han hecho Tobías y Sanbalat; también de la profetisa Noadías y de los otros profetas que intentaron asustarme.

15El veinticinco de septiembre, a los cincuenta y dos días de comenzada, se terminó la muralla. 16Cuando se enteraron nuestros enemigos y lo vieron los pueblos circundantes se llenaron de admiración y reconocieron que era nuestro Dios el autor de esta obra.

17Por aquellos días era intensa la correspondencia epistolar entre los notables de Judá y Tobías, 18ya que muchos judíos se habían juramentado con él por ser yerno de Secanías, hijo de Araj, y porque su hijo Juan estaba casado con la hija de Mesulán, hijo de Berequías. 19Me hablaban bien de él y a él le referían lo que yo hacía. Tobías siguió enviando cartas para intimidarme.

 

7 1Cuando estuvo reconstruida la muralla y coloqué las puertas, se asignaron los cargos de porteros, cantores y levitas. 2Puse al frente de Jerusalén a mi hermano Jananí, y a Ananías, jefe de la fortaleza, que era un hombre honrado y temeroso de Dios como pocos. 3Les dije:

–Que no abran las puertas de Jerusalén hasta que el sol caliente, y que las cierren y atranquen antes de que se ponga. Y que formen cuerpos de guardia con los habitantes de Jerusalén; unos vigilarán en los puestos y otros delante de su casa.

La repoblación de Jerusalén I

(Esd 2)

4La ciudad era espaciosa y grande, pero los habitantes escasos y no se construían casas. 5Entonces mi Dios me inspiró reunir a los notables, a las autoridades y al pueblo para hacer el registro. Encontré el registro de los primeros que habían vuelto, donde estaba escrito: 6Habitantes de la provincia que regresaron del destierro, adonde los llevó cautivos Nabucodonosor, rey de Babilonia, y volvieron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su pueblo: 7Vinieron con Zorobabel, Josué, Nehemías, Azarías, Raamías, Najmaní, Mardoqueo, Bilsán, Mispéret, Bigvay, Nejún y Baná.

Lista de los hombres del pueblo de Israel:

8Dos mil ciento setenta y dos descendientes de Farós.

9Trescientos setenta y dos descendientes de Sefatías.

10Seiscientos cincuenta y dos descendientes de Araj.

11Dos mil ochocientos dieciocho descendientes de Pajat Moab, descendientes de Josué y de Joab.

12Mil doscientos cincuenta y cuatro descendientes de Elam.

13Ochocientos cuarenta y cinco descendientes de Zatú.

14Setecientos sesenta descendientes de Zacay.

15Seiscientos cuarenta y ocho descendientes de Binuy.

16Seiscientos veintiocho descendientes de Bebay.

17Dos mil trescientos veintidós descendientes de Azgad.

18Seiscientos sesenta y siete descendientes de Adonicán.

19Dos mil sesenta y siete descendientes de Bigvay.

20Seiscientos cincuenta y cinco descendientes de Adín.

21Noventa y ocho descendientes de Ater, de Ezequías.

22Trescientos veintiocho descendientes de Jasún.

23Trescientos veinticuatro descendientes de Besay.

24Ciento doce descendientes de Jarif.

25Noventa y cinco oriundos de Guibeón.

26Ciento ochenta y ocho oriundos de Belén y Netofá.

27Ciento veintiocho de Anatot.

28Cuarenta y dos de Bet-Azmaut.

29Setecientos cuarenta y tres de Quiriat Yearim, Quepira y Beerot.

30Seiscientos veintiuno de Ramá y Guibeá.

31Ciento veintidós de Micmás.

32Ciento veintitrés de Betel y Ay.

33Cincuenta y dos descendientes de Nebo.

34Mil doscientos cincuenta y cuatro descendientes del otro Elam.

35Trescientos veinte de Jarín.

36Trescientos cuarenta y cinco de Jericó.

37Setecientos veintiuno de Lod, Jadid y Onó.

38Tres mil novecientos treinta de Senaá.

39Sacerdotes:

Novecientos setenta y tres descendientes de Yedayas, de la familia de Josué.

40Mil cincuenta y dos descendientes de Imer.

41Mil doscientos cuarenta y siete descendientes de Pasjur.

42Mil diecisiete descendientes de Jarín.

43Levitas:

Setenta y cuatro descendientes de Josué y de Cadmiel, de la familia de Hodavías.

44Cantores:

Ciento cuarenta y ocho descendientes de Asaf.

45Porteros:

Ciento treinta y ocho descendientes de Salún, Ater, Talmón, Acub, Jatitá y Sobay.

46Empleados del templo:

Descendientes de Sijá, Jasufá, Tabaot, 47Querós, Sia, Fadón, 48Lebaná, Jagabá, Salmay, 49Janán, Guidel, Gájar, 50Reayas, Resín, Necodá, 51Gazán, Siahá Uzá, Pasej, 52Besay, meunitas, nefusitas, 53Bacbuc, Jacufá, Jarjur, 54Baslut, Mejidá, Jarsá, 55Barcós, Sísara, Támaj, 56Nesij y Jatifá.

57Hijos de los servidores de Salomón:

58Descendientes de Sotay, Soféret, Perudá, Yalá, Darcón, Guidel, 59Sefatías, Jatil, Poquéret, el sebaíta, y Amí.

60Total de empleados del templo y de los hijos de los servidores de Salomón: trescientos noventa y dos.

61Lista de los que subieron de Tel Mélaj, Tel Jarsá, Querub, Adán e Imer, pero no pudieron probar su ascendencia o su origen israelita: 62seiscientos cuarenta y dos descendientes de Pelayas, Tobías y Necodá. 63Y de los sacerdotes, los descendientes de Jobayas, Hacós y Barzilay, que se había casado con una hija de Barzilay, el galaadita, y tomó su nombre. 64Buscaron su registro genealógico, pero no lo encontraron y se les excluyó del sacerdocio; 65el gobernador les prohibió comer los alimentos sagrados hasta que apareciese un sacerdote experto en consultar las suertes.

66En total, la comunidad constaba de cuarenta y dos mil trescientas sesenta personas, 67sin contar los esclavos y esclavas, que eran siete mil trescientos treinta y siete. 68Tenía doscientos cuarenta y cinco entre cantores y cantoras, setecientos treinta y seis caballos y doscientos cuarenta y cinco mulas, cuatrocientos treinta y cinco camellos y seis mil setecientos veinte asnos.

69Algunos jefes de familia hicieron donativos para la obra. El gobernador entregó al tesoro mil dáricos de oro, cincuenta aspersorios y quinientas treinta túnicas sacerdotales. 70Los jefes de familia ofrecieron para el culto veinte mil dáricos de oro y dos mil doscientas minas de plata. 71El resto del pueblo, veinte mil dáricos de oro, dos mil minas de plata y sesenta y siete túnicas sacerdotales.

72Los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, parte del pueblo, los empleados del templo y todo Israel se establecieron en sus pueblos. Al llegar el mes séptimo se encontraban instalados en ellos.

 

Lectura de la Ley

8 1Entonces todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que se abre ante la Puerta del Agua, y pidió a Esdras, el letrado, que trajera el libro de la ley de Moisés, que Dios había dado a Israel. 2El sacerdote Esdras trajo el libro de la ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era a mediados de septiembre. 3En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la ley.

4Esdras, el letrado, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. A su derecha se encontraban Matitías, Sema, Anayas, Urías, Jelcías y Maseyas; a su izquierda, Fedayas, Misael, Malquías, Jasún, Jasbadana, Zacarías y Mesulán. 5Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo –ya que se encontraba en un puesto elevado–, y cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. 6Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: Amén, amén. Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.

7Los levitas Josué, Baní, Serebías, Yamín, Acub, Sabtay, Hodiyías, Maseyas, Quelitá, Azarías, Yozabad, Janán y Felayas explicaron la ley al pueblo, que se mantenía en sus puestos. 8Leían el libro de la ley de Dios traduciéndolo y explicándolo para que se entendiese la lectura. 9El gobernador Nehemías, el sacerdote y letrado Esdras y los levitas que instruían al pueblo, viendo que la gente lloraba al escuchar la lectura de la ley, le dijeron:

–Hoy es un día consagrado al Señor, su Dios. No estén tristes ni lloren.

10Después añadió:

–Ya pueden retirarse, coman bien, beban vinos generosos y envíen porciones a los que no tienen nada, porque hoy es día consagrado a nuestro Dios. No ayunen, que al Señor le gusta que estén fuertes.

11Los levitas serenaban al pueblo, diciendo:

–¡Tranquilícense! Este día es santo; no estén tristes.

12El pueblo se fue, comió, bebió, envió porciones y organizó una gran fiesta, porque había comprendido lo que le habían explicado.

 

La fiesta de las Chozas

(Lv 23,33-43; Dt 16,13-15)

13Al día siguiente, los jefes de familia de todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas se reunieron con el letrado Esdras para estudiar el libro de la ley. 14En la ley que había mandado el Señor por medio de Moisés encontraron escrito: Los israelitas habitarán en chozas durante la fiesta del mes séptimo.

15Entonces anunciaron en todos sus pueblos y en Jerusalén:

–Vayan al monte y traigan ramas de olivo, pino, mirto, palmera y de otros árboles frondosos para construir las chozas, como está mandado.

16La gente fue, las trajo e hicieron las chozas; unos en la azotea, otros en sus patios, en los patios del templo, en la plaza de la Puerta del Agua y en la plaza de la Puerta de Efraín. 17Toda la asamblea que había vuelto del destierro hizo chozas, habitaron en ellas –cosa que no hacían los israelitas desde tiempos de Josué, hijo de Nun– y hubo una gran fiesta. 18Todos los días, del primero al último, Esdras leyó el libro de la ley de Dios. La fiesta duró siete días, y el octavo tuvo lugar una asamblea solemne, como está mandado.

 

Ceremonia de expiación

(Lv 16)

9 1El día veinticuatro de este mismo mes se reunieron los israelitas para ayunar, vestidos de sayales y cubiertos de polvo. 2La estirpe de Israel se separó de todos los extranjeros, y puestos de pie confesaron sus pecados y las culpas de sus padres. 3Permanecieron en sus puestos una cuarta parte del día, mientras se leía el libro de la ley del Señor, su Dios, y otra cuarta parte la pasaron confesando y rindiendo homenaje al Señor, su Dios.

4Josué, Baní, Cadmiel, Sebanías, Buní, Serebías, Baní y Quenaní subieron a la tribuna de los levitas e invocaron en alta voz al Señor, su Dios. 5Y los levitas Josué, Cadmiel, Baní, Jasabnías, Serebías, Hodiyas, Sebanías y Petajías dijeron:

–Levántense, bendigan al Señor, su Dios, desde siempre y por siempre; bendigan su Nombre glorioso, que supera toda bendición y alabanza.

6Y Esdras rezó:

Tú, Señor, eres el único Dios.

Tú hiciste los cielos,

lo más alto de los cielos

y todos sus ejércitos;

la tierra y cuantos la habitan,

los mares y cuanto contienen.

A todos les das vida,

y los ejércitos celestes

te rinden homenaje.

7Tú, Señor, eres el Dios

que elegiste a Abrán,

lo sacaste de Ur de los caldeos

y le pusiste por nombre Abrahán.

8Viste que su corazón te era fiel

e hiciste con él un pacto

para darle la tierra de los cananeos,

hititas, amorreos, fereceos,

jebuseos y guirgaseos,

a él y a su descendencia.

Y cumpliste la palabra

porque eres leal.

9Viste luego la aflicción

de nuestros padres en Egipto,

escuchaste sus clamores

junto al Mar Rojo.

10Realizaste signos y prodigios

contra el Faraón,

contra sus ministros

y toda la gente del país

–porque sabías

que eran arrogantes con ellos–

y te creaste una fama

que perdura hasta hoy.

11Abriste ante ellos el mar,

y cruzaron el mar

sin mojarse los pies.

Arrojaste al abismo

a sus perseguidores,

como una piedra

en aguas turbulentas.

12Con columna de nube

los guiaste de día,

con columna de fuego, de noche,

para iluminarles

el camino que debían recorrer.

13Bajaste al monte Sinaí,

hablaste con ellos desde el cielo.

Les diste normas justas, leyes válidas,

mandatos y preceptos excelentes.

14Les diste a conocer tu santo sábado,

les diste preceptos,

mandatos y leyes

por medio de tu siervo Moisés.

15Les enviaste pan desde el cielo

cuando tenían hambre,

hiciste brotar agua de la roca

cuando tenían sed.

Y les ordenaste

tomar posesión de la tierra

que, con la mano en alto,

habías jurado darles.

16Pero ellos, nuestros padres,

se mostraron arrogantes;

poniéndose tercos

desoyeron tus mandatos.

17No quisieron oír

ni recordar los prodigios

que hiciste en su favor.

Tercamente se empeñaron

en volver a la esclavitud de Egipto.

Pero tú, Dios del perdón,

clemente y compasivo,

paciente y misericordioso,

no los abandonaste,

18ni siquiera cuando hicieron

un ternero de metal fundido

y proclamaron: Éste es tu dios,

que te sacó de Egipto,

cometiendo una ofensa terrible.

19Pero tú, por tu gran compasión,

no los abandonaste en el desierto.

No se alejó de ellos

la columna de nube

que los guiaba por el camino de día,

ni la columna de fuego

que de noche les iluminaba

el camino que debían recorrer.

20Les diste tu buen espíritu

para instruirlos,

no les quitaste de la boca tu maná,

les diste agua en los momentos de sed.

21Cuarenta años

los sustentaste en el desierto

y nada les faltó;

ni sus vestidos se gastaron

ni se hincharon sus pies.

22Les entregaste reinos y pueblos,

repartiste a cada uno su región.

Se apoderaron

del país de Sijón, rey de Jesbón,

de la tierra de Og, rey de Basán.

23Multiplicaste sus hijos

como las estrellas del cielo,

los introdujiste en la tierra

que habías prometido a sus padres

en posesión.

24Entraron los hijos para ocuparla

y derrotaste ante ellos

a sus habitantes, los cananeos.

Los pusiste en sus manos,

igual que a los reyes

y a los pueblos del país,

para que dispusieran de ellos

a placer.

25Conquistaron fortalezas

y una tierra fértil;

poseyeron casas rebosantes

de riquezas,

pozos excavados, viñas y olivares,

y abundantes árboles frutales;

comieron hasta hartarse

y engordaron

y disfrutaron de tus dones generosos.

26Pero después fueron indóciles,

se rebelaron contra ti,

se echaron tu ley a las espaldas

y asesinaron a tus profetas,

que los amonestaban a volver a ti,

cometiendo gravísimas ofensas.

27Los entregaste

en manos de sus enemigos,

que los oprimieron.

Pero en su angustia clamaron a ti,

y tú los escuchaste desde el cielo;

y por tu gran compasión

les enviaste salvadores

que los salvaron de sus enemigos.

28Pero al sentirse tranquilos

hacían otra vez lo que repruebas;

los abandonabas

en manos de sus enemigos

que los oprimían;

clamaban de nuevo a ti,

y tú los escuchabas desde el cielo,

librándolos muchas veces

por tu gran compasión.

29Los amonestaste

para reducirlos a tu Ley,

pero ellos, altivos,

no obedecieron tus preceptos

y pecaron contra tus normas,

que dan la vida al hombre

si las cumple.

Volvieron la espalda con rebeldía;

tercamente, no quisieron escuchar.

30Fuiste paciente con ellos

durante muchos años,

tu Espíritu los amonestó

por tus profetas,

pero no prestaron atención

y los entregaste

en manos de pueblos paganos.

31Sin embargo, por tu gran compasión

no los aniquilaste ni abandonaste,

porque eres

un Dios clemente y compasivo.

32Ahora, Dios nuestro,

Dios grande, valiente y terrible,

fiel a la alianza y leal,

no menosprecies las aflicciones

que les han sobrevenido

a nuestros reyes,

a nuestros príncipes, sacerdotes

y profetas,

a nuestros padres y a todo tu pueblo

desde el tiempo de los reyes asirios

hasta hoy.

33Eres inocente

en todo lo que nos ha ocurrido,

porque tú obraste con lealtad,

y nosotros somos culpables.

34Ciertamente, nuestros reyes,

príncipes, sacerdotes y padres

no cumplieron tu ley

ni prestaron atención

a los preceptos y avisos

con que los amonestabas.

35Durante su reinado,

a pesar de los grandes bienes

que les concediste

y de la tierra espaciosa y fértil

que les entregaste,

no te sirvieron ni se convirtieron

de sus malas acciones.

36Por eso estamos ahora

esclavizados,

esclavos en la tierra

que diste a nuestros padres

para que comiesen

sus frutos excelentes.

37Y sus abundantes productos

son para los reyes

a los que nos sometiste

por nuestros pecados,

y que ejercen su dominio

a su arbitrio

sobre nuestras personas y ganados.

Somos unos desgraciados.

 

Renovación de la Alianza

10 1Con todo, hacemos un pacto y lo ponemos por escrito, sellándolo nuestras autoridades, nuestros levitas y nuestros sacerdotes.

2Lo firmaron Nehemías, hijo de Jacalías, y Sedecías, 3Serayas, Azarías, Jeremías, 4Pasjur, Amarías, Malquías, 5Jatús, Sebanías, Maluc, 6Jarín, Meremot, Abdías, 7Daniel, Guinetón, Baruc, 8Mesulán, Abías, Miyamín, 9Mazías, Bilgay, Semayas. Todos ellos sacerdotes.

10Levitas: Josué, hijo de Azanías; Binuy, descendiente de Jenadad; Cadmiel 11y sus hermanos; Secanías, Hodiyas, Quelitá, Felayas, Janán, 12Micá, Rejob, Jasabías, 13Zacur, Serebías, Sebanías, 14Hodiyas, Baní y Beninú.

15Autoridades: Farós, Pajat Moab, Elam, Zatú, Baní, 16Buní, Azgad, Bebay, 17Adonías, Bigvay, Adín, 18Ater, Ezequías, Azur, 19Hodiyas, Jasún, Besay, 20Jarif, Anatot, Nebay, 21Magpiás, Mesulán, Jezir, 22Mesezabel, Sadoc, Yadúa, 23Felatías, Janán, Anayas, 24Oseas, Ananías, Jasub, 25Halojes, Filjá, Sobec, 26Rejún, Jasabná, Maseyas, 27Ajías, Janán, Anán, 28Maluc, Jarín y Baná.

29El resto del pueblo, los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los empleados del templo y todos los extranjeros que se habían convertido a la ley de Dios, sus mujeres, hijos, hijas y todos los que tenían uso de razón 30se unieron a sus hermanos, los notables, y juraron solemnemente:

»Proceder según la ley de Dios dada por medio de Moisés, siervo de Dios, y poner en práctica todos los preceptos, decretos y mandatos del Señor.

31»No dar nuestras hijas a extranjeros y no casar a nuestros hijos con extranjeras.

32»No comprar en sábado o día de fiesta las mercancías, especialmente el trigo, que los extranjeros traen y venden en sábado.

»Renunciar cada siete años a la cosecha y a cualquier clase de deudas.

33Nos comprometimos además:

»A entregar cada año un tercio de siclo para el culto del templo de nuestro Dios: 34para los panes presentados y la ofrenda diaria; para el holocausto diario, el de los sábados, principios de mes, solemnidades, consagraciones y sacrificios expiatorios por Israel, y para todo lo que haga falta en el templo 35–en cuanto a la ofrenda de leña que debe arder en el altar del Señor, nuestro Dios, como manda la ley, sacerdotes, levitas y pueblo echaron suertes para traerla al templo por familias y en determinadas épocas cada año–.

36»A traer al templo cada año los primeros frutos de nuestros campos, las primicias de todos los árboles frutales 37y los primogénitos de nuestros hijos y ganados, como está escrito en la ley.

»A entregar a los sacerdotes que ofician en el templo los primogénitos de nuestros ganados mayor y menor.

38Para los sacerdotes llevaremos a los almacenes del templo lo mejor de nuestra harina, de nuestras ofrendas, de toda clase de frutos, del vino y del aceite, y daremos a los levitas el diezmo de nuestros campos –es decir, a los levitas que perciben el diezmo en todos los pueblos donde trabajamos–. 39Un sacerdote aaronita acompañará a los levitas cuando éstos reciban el diezmo, y los levitas entregarán la décima parte del mismo al templo de nuestro Dios, depositándolo en los almacenes del tesoro. 40Porque los israelitas y los levitas llevan las ofrendas de trigo, vino y aceite a los almacenes; allí está el mobiliario del santuario y viven los sacerdotes que están de servicio, los porteros y los cantores. En una palabra: no descuidaremos el templo de nuestro Dios.

 

La repoblación de Jerusalén II

11 1Las autoridades fijaron su residencia en Jerusalén, y el resto del pueblo se sorteó para que, de cada diez, uno habitase en Jerusalén, la ciudad santa, y nueve en sus pueblos. 2La gente colmó de bendiciones a todos los que se ofrecieron voluntariamente a residir en Jerusalén.

3Lista de los jefes de la provincia que fijaron su residencia en Jerusalén y en los pueblos de Judá. Cada cual residió en su propiedad, en su pueblo, seglares, sacerdotes, levitas, empleados del templo y los hijos de los servidores de Salomón. 4En Jerusalén residían judíos y benjaminitas.

Judíos: Atayas, hijo de Uzías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Sefatías, hijo de Mahlalel, descendiente de Fares; 5Maseyas, hijo de Baruc, hijo de Col-Jozé, hijo de Jazayas, hijo de Adaya, hijo de Yoyarib, hijo de Zacarías, hijo de Seloní. 6Total de descendientes de Fares que habitaban en Jerusalén: cuatrocientos sesenta y ocho hombres de recursos.

7Benjaminitas: Salú, hijo de Mesulán, hijo de Yoed, hijo de Fedayas, hijo de Colayas, hijo de Maseyas, hijo de Itiel, hijo de Isaías, 8y sus parientes, novecientos veintiocho hombres de recursos. 9Joel, hijo de Zicrí, estaba al frente de ellos, y Judá, hijo de Hasnuá, era el segundo jefe de la ciudad.

10Sacerdotes: Yedayas, Yoyarib, Yaquín; 11Serayas, hijo de Jelcías, hijo de Mesulán, hijo de Sadoc, hijo de Merayot, hijo de Ajitub, comisario del templo, 12y sus ochocientos veintidós parientes, que trabajaban en el templo; Adaya, hijo de Yeroján, hijo de Felalías, hijo de Amsí, hijo de Zacarías, hijo de Pasjur, hijo de Malquías, 13y sus doscientos cuarenta y dos parientes, jefes de familia; Amasay, hijo de Azarel, hijo de Ajzay, hijo de Mesilemot, hijo de Imer, 14y sus ciento veintiocho parientes, hombres de armas. Su superintendente era Zabdiel, hijo de Hagadol.

15Levitas: Semayas, hijo de Jasub, hijo de Azricán, hijo de Jasabías, hijo de Buní; 16Sabtay y Yozabad, jefes levitas al frente del servicio exterior del templo; 17Matanías, hijo de Micá, hijo de Zabdí, hijo de Asaf, que dirigía el canto y entonaba la acción de gracias; Bacbuquías, el segundo de sus hermanos; Abdías, hijo de Samúa, hijo de Galal, hijo de Yedutún. 18Total de levitas residentes en la ciudad santa: doscientos ochenta y cuatro.

19Porteros: Acub, Talmón y sus parientes, que hacían la guardia de las puertas: ciento setenta y dos.

20El resto de Israel, de los sacerdotes y de los levitas se estableció en los pueblos de Judá, cada cual en su propiedad. 21Los empleados del templo habitaban el Ofel; Sijá y Guispá estaban al frente de ellos. 22El encargado de los levitas de Jerusalén era Uzí, hijo de Baní, hijo de Jasabías, hijo de Matanías, hijo de Micá; era uno de los descendientes de Asaf, encargados del canto al servicio del templo. 23Una orden real y un reglamento fijaban la actuación de los cantores cada día. 24Petajías, hijo de Mesezabel, descendiente de Zéraj, hijo de Judá, estaba al servicio del rey para todos los asuntos del pueblo.

25En los pueblos y campos también habitaban judíos: en Villa Arbá y sus poblados, en Dibón y sus poblados, en Yecabsel y sus alrededores, 26en Yesúa, en Moladá, en Bet-Pélet, 27en Jasar Sual, en Berseba y sus poblados, 28en Sicelag, en Meconá y sus poblados, 29en En Rimmón, Soreá, Yarmut, 30Zanoj, Adulán y sus alrededores, en Laquis y su región, en Azecá y sus poblados. Se establecieron desde Berseba hasta el valle de Hinón.

31Los benjaminitas habitaban en Guibeá, Micmás, Ayá, Betel y sus poblados, 32Anatot, Nob, Ananías, 33Jasor, Ramá, Guittaym, 34Jadid, Seboín, Nebalat, 35Lod, Onó y en Gue Harasim. 36Grupos de levitas residían en Judá y Benjamín.

 

12 1Lista de los sacerdotes y levitas que subieron con Zorobabel, hijo de Sealtiel y con Josué: Serayas, Jeremías, Esdras, 2Amarías, Maluc, Jatús, 3Secanías, Rejún, Meremot, 4Idó, Guinetón, Abías, 5Miyamín, Maadías, Bilgá, 6Semayas, Yoyarib, Yedayas, 7Salú, Amoc, Jelcías, Yedayas. Eran los jefes de los sacerdotes y de sus parientes en tiempos de Josué.

8Levitas: Josué, Binuy, Cadmiel, Serebías, Judá, Matanías –encargado con sus hermanos de los himnos de acción de gracias–; 9sus hermanos Bacbuquías y Uní les ayudaban en el ministerio. 10Josué engendró a Joaquín; Joaquín engendró a Eliasib; Eliasib engendró a Yoyadá; 11Yoyadá engendró a Juan, y Juan engendró a Yadúa.

12Sacerdotes jefes de familia en tiempos de Joaquín: de la familia de Serayas, Merayas; de Jeremías, Ananías; 13de Esdras, Mesulán; de Amarías, Juan; 14de Maluc, Jonatán; de Secanías, José; 15de Jarín, Azná; de Meremot, Jelcay; 16de Idó, Zacarías; de Guinetón, Mesulán; 17de Abías, Zicrí; de Minyamín…; de Moadías, Piltay; 18de Bilgá, Samúa; de Semayas, Jonatán; 19de Yoyarib, Matnay; de Yedayas, Uzí; 20de Salú, Calay; de Amoc, Eber; 21de Jelcías, Jasabías; de Yedayas, Netanel.

22Los jefes de familia de los sacerdotes que vivieron en tiempos de Eliasib, Yoyadá, Juan y Yadúa están registrados en el libro de las Crónicas hasta el reinado del persa Darío.

23Levitas: Los jefes de familia están registrados en el libro de las Crónicas hasta el tiempo de Juan, nieto de Eliasib. 24Los jefes de los levitas eran Jasabías, Serebías, Josué, Binuy, Cadmiel; a sus órdenes estaban sus hermanos, que se turnaban por grupos en la alabanza y la acción de gracias, según dispuso David, hombre de Dios. 25Matanías, Bacbuquías, Abdías, Mesulán, Talmón y Acub eran porteros; hacían la guardia en los almacenes de las puertas. 26Todos éstos vivieron en tiempos de Joaquín, hijo de Josué, hijo de Yosadac, en tiempos del gobernador Nehemías y del sacerdote y letrado Esdras.

 

Inauguración de la muralla

27Al inaugurar la muralla de Jerusalén buscaron a los levitas por todas partes para traerlos a Jerusalén a celebrar la inauguración con una fiesta y con acciones de gracias, al son de platillos, arpas y cítaras. 28Se reunieron los cantores del valle del Jordán, de la región de Jerusalén, de los pueblos de Netofat, 29de Bet-Guilgal y de los campos de Guibeá y Azmaut –porque los cantores se habían construido poblados en las cercanías de Jerusalén–. 30Los sacerdotes y los levitas se purificaron y luego purificaron al pueblo, las puertas y la muralla.

31Mandé a las autoridades de Judá que subiesen a la muralla y organicé dos grandes coros. Uno iba por la derecha, encima de la muralla, hacia la Puerta de la Basura. 32Cerraban la marcha Oseas, la mitad de las autoridades de Judá, 33Azarías, Esdras, Mesulán, 34Judá, Benjamín, Semayas, Jeremías; 35sacerdotes con trompetas, Zacarías, hijo de Jonatán, hijo de Semayas, hijo de Matanías, hijo de Miqueas, hijo de Zacur, hijo de Asaf, 36y sus hermanos, Semayas, Azarel, Milalay, Guilalay, Maay, Netanel, Judá y Jananí, con los instrumentos de David, hombre de Dios. Esdras, el letrado, iba al frente de ellos.

37Pasaron por la Puerta de la Fuente y, siguiendo en línea recta, subieron a la escalera de la Ciudad de David y bajaron por la cuesta de la muralla, junto al palacio de David, hasta la Puerta del Agua, al este. 38aEl segundo coro, al que seguía yo con la mitad de las autoridades 41y los sacerdotes Eliacín, Maseyas, Minyamín, Miqueas, Elioenay, Zacarías y Ananías, con trompetas, 42ay Maseyas, Semayas, Eleazar, Uzí, Juan, Malquías, Elam y Ezer, 38bse dirigió hacia la izquierda, por encima de la muralla, a lo largo de la Torre de los Hornos hasta el muro ancho, 39y continuó por la Puerta de Efraín, la Puerta Antigua, la Puerta del Pescado, la Torre de Jananel, la Torre de los Cien y la Puerta de los Rebaños, hasta detenerse en la Puerta de la Cárcel. 40Los dos coros se situaron en el templo de Dios; 42b los cantores cantaban dirigidos por Yizrajías.

43Aquel día ofrecieron sacrificios solemnes y hubo fiesta, porque el Señor les había dado un gran motivo de gozo; también las mujeres y los niños compartían la alegría, y el regocijo de Jerusalén se escuchaba desde lejos.

44Por entonces se nombraron los encargados de los almacenes destinados a provisiones, ofrendas, primicias y diezmos, donde se guardaban, por campos y pueblos, las porciones que prescribe la ley para los sacerdotes y los levitas. Porque los judíos estaban contentos de los sacerdotes y levitas en funciones, 45que se ocupaban del culto de su Dios y del rito de la purificación, como habían mandado David y su hijo Salomón, y también de los cantores y porteros. 46Porque desde tiempos antiguos, en tiempos de David y Asaf, había jefes de cantores y cánticos de alabanza y de acción de gracias a Dios. 47Y en tiempos de Zorobabel y de Nehemías todos los israelitas entregaban diariamente los víveres a los cantores y porteros, y hacían ofrendas sagradas a los levitas, igual que éstos a los descendientes de Aarón.

 

Diversas reformas

13 1Por entonces, leyendo al pueblo el libro de Moisés, encontramos escrito: Los amonitas y moabitas nunca podrán pertenecer a la comunidad de Dios, 2porque no socorrieron a los israelitas con pan y agua, sino que contrataron a Balaán para que los maldijese –aunque nuestro Dios cambió la maldición en bendición–. 3Cuando escucharon esta cláusula apartaron de Israel a la masa de extranjeros.

4Antes de esto, el sacerdote Eliasib, encargado de las dependencias del templo y pariente de Tobías, 5le había acondicionado a éste una habitación espaciosa, en la que antes solían guardarse las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del trigo, del vino y del aceite debido a los levitas, cantores y porteros, y la contribución para los sacerdotes. 6En ese momento no me encontraba yo en Jerusalén, porque el año treinta y dos de Artajerjes, rey de Babilonia, fui a ver a su majestad; al cabo de cierto tiempo, con el permiso del rey, 7volví a Jerusalén y advertí la maldad que había cometido Eliasib acondicionándole a Tobías una habitación en los atrios del templo. 8Me pareció muy mal, mandé sacar de la habitación todas las cosas de Tobías, 9ordené que la purificasen y volví a guardar allí los utensilios del templo, las ofrendas y el incienso.

10Supe también que los levitas no habían percibido sus porciones y que por eso los levitas y los cantores encargados del culto se habían marchado a sus campos. 11Me encaré con los notables, y les dije:

–¿Por qué se ha descuidado el templo?

Mandé reunir a los levitas y volvieron a ocupar sus puestos. 12Todos los judíos trajeron a los almacenes el diezmo del trigo, del vino y del aceite. 13Puse al frente de los almacenes al sacerdote Selemías, al sacerdote Sadoc y al levita Fedayas, ayudados por Janán, hijo de Zacur, hijo de Matanías, que tenían fama de honrados; se encargaron de distribuir las porciones a sus hermanos.

14Tenme esto en cuenta, Dios mío, y no olvides mi piedad en favor del templo y de su culto.

15Vi también por entonces que algunos judíos pisaban las uvas para hacer el vino en sábado, otros hacían gavillas y las cargaban en mulos; e incluso introducían en sábado en Jerusalén vino, uvas, higos y toda clase de cargas. Les eché en cara que vendiesen su mercancía ese día. 16También los tirios residentes en Jerusalén traían pescado y toda clase de mercancías, y los vendían en sábado a los judíos y en Jerusalén.

17Me encaré con los nobles de Judá, y les dije:

–Obran mal profanando el día sábado. 18Es lo mismo que hicieron nuestros padres, y fíjense en el castigo que nos mandó nuestro Dios a nosotros y a esta ciudad. Profanando el sábado ustedes aumentan la ira de Dios contra Israel.

19Mandé que se cerrasen las puertas de Jerusalén al caer la tarde antes del sábado, con orden de no abrirlas hasta pasado el sábado. Y puse en las puertas a algunos de mis criados para que no entrase ninguna carga en día de sábado. 20Pero algunos comerciantes y mercaderes diversos se quedaron a pernoctar fuera de Jerusalén una y otra vez. 21Les advertí:

–¿Por qué duermen frente a la muralla? Si lo vuelven a hacer, los haré detener.

Desde entonces no aparecieron en sábado.

22Ordené a los levitas que se purificasen y ayudasen a los guardianes de las puertas a santificar el día sábado.

Tenme también esto en cuenta, Dios mío, y perdóname por tu gran misericordia.

23Por entonces advertí también que algunos judíos se habían casado con mujeres asdoditas, amonitas y moabitas. 24La mitad de sus hijos hablaban asdodeo u otras lenguas extranjeras, pero no sabían hablar hebreo. 25Me encaré con ellos, los maldije, golpeé a algunos, les tiré de los pelos y los conjuré solemnemente: No casen sus hijas con sus hijos ni tomen sus hijas para sus hijos o para ustedes. 26Ése fue precisamente el pecado de Salomón, rey de Israel. No había otro rey como él en toda la tierra, y su Dios lo quería tanto que lo hizo rey de todo Israel. Pero incluso a él lo hicieron pecar las mujeres extranjeras. 27Que no volvamos a enterarnos de que cometen la infamia de ofender a nuestro Dios casándose con extranjeras.

28Un hijo del sumo sacerdote, Yoyadá, hijo de Eliasib, era yerno del joronita Sanbalat. Lo alejé de mi presencia.

29¡Acuérdate de esta gente, Dios mío, porque profanaron el sacerdocio y la alianza de los sacerdotes y de los levitas!

30Yo los purifiqué de todo contacto con extranjeros y restablecí a los sacerdotes y levitas en sus respectivos cargos. 31También me ocupé de la ofrenda de leña en los tiempos señalados, igual que de las primicias.

Acuérdate de mí, Dios mío, para mi bien.

 

                                                         ESDRAS-NEHEMÍAS

 

¿Dos libros? Originariamente se trata de un solo libro, incorporado a la obra del Cronista. Más tarde sucede la separación, la colocación en la Biblia hebrea de Esdras y Nehemías antes de Crónicas y la división de Esdras en dos partes, llamadas primero y segundo libro de Esdras; posteriormente el segundo recibe el nombre de Nehemías, dando así relieve al personaje al asignarle un libro.

 

Orden de los libros y orden de los hechos. Los veintitrés capítulos no están en orden cronológico ni en el orden literario original. Se refieren a dos etapas distanciadas por un siglo: la primera repatriación, con la actividad de Ageo y Zacarías; otra repatriación con la actividad de Esdras y Nehemías. La primera es capital, porque afirma la continuidad del pueblo y de su historia. La segunda es importante para sus protagonistas y fuente de información fidedigna para nosotros. Es probable que Nehemías actuara antes que Esdras.

Dada la dificultad de restablecer el orden primitivo, proponemos aquí la reconstrucción que aceptamos como más probable –sin ir hasta los últimos detalles–.

Esdras 1–6: Repatriación en el 538 a.C. 1: Decreto de tolerancia. 2: Lista de repatriados. Llegada. 3: Construcción de un altar, se reanuda el culto, fiesta de las Chozas. Preparativos para el templo, se echan los cimientos. 4,1-5.24: Estorbos contra las obras. 5: Se reanudan los trabajos. 6: Dedicación del Templo. 4,6-23: Intrigas contra los judíos.

Nehemías 1–7: Construcción de la muralla. 1: En la corte: malas noticias, oración. 2: Permiso, viaje, inspección nocturna, dificultades. 3: Reparto del trabajo de construcción, burlas. 4: Amenazas; los constructores se arman. 5: Problemas sociales y desinterés de Nehemías. 6: Intrigas de los enemigos, intimidación y falsa profecía. 7,1-3: Las puertas de la ciudad.

Nehemías 7,4-72; 11–12: Repoblación de Jerusalén. 7: Repoblación de la capital, lista de repatriados. 11: Continuación de las listas. 12: Listas de sacerdotes y levitas. Inauguración de la muralla. Resumen.

Nehemías 8–10; 13: Alianza y reformas. 8: Lectura de la Ley. Fiesta de las Chozas. 9: Liturgia penitencial, oración de Esdras. 10: Renovación de la Alianza. 13: Reformas de Nehemías.

Esdras 7–10. 7: Esdras recibe poderes del rey persa. 8: Lista de repatriados. Viaje a Jerusalén. 9: Matrimonios mixtos: penitencia. 10: Asamblea, compromiso y ejecución. Lista.

 

Fuentes, autor y época. El autor ha utilizado las siguientes fuentes: Listas de personas y lugares conservadas quizás en el archivo del Templo o en algún archivo civil; algunas estaban ya incorporadas a las memorias. Un relato en arameo sobre la reconstrucción del Templo, que el autor recoge sin traducir: Esd 5s y 4,6-23. Las memorias de Esdras que abarcan: Esd 7,12–8,36; Neh 8; Esd 9s; Neh 9s. Las memorias de Nehemías que abarcan: Neh 1–7; 11–13.

El autor retoca y añade en diversas ocasiones; en general, respeta el texto original. Y hemos de agradecerle que haya dejado hablar a los protagonistas.

Para algunos, el autor del conjunto es el mismo de las Crónicas. Por eso se suele llamar esta obra histórica la Historia del Cronista. Su fecha de composición más probable es hacia el año 400 a.C. Al interrumpir la narración con la primera actividad de Esdras, parece considerar que los años siguientes no habían traído acontecimientos decisivos. Así comienza el gran silencio histórico, que se extiende hasta el tiempo de los seléucidas.

 

Mensaje religioso. ¿Qué añade estos libros al mensaje de Crónicas? Los que separaron este libro de los capítulos precedentes que conocemos por el nombre de Crónicas, sintieron que con esta nueva página comenzaba una nueva era. A nueva era, nuevo libro.  Precisamente el interés de Dios en la historia humana hace posible y real la nueva era. El Señor que «incitó» a Nabucodonosor al castigo, «suscita» ahora a Ciro para la reconstrucción.

Así se afirma el protagonismo de Dios: podrá la historia medirse por reinos humanos, pero su verdadero motor es Dios. Y su instrumento es el corazón del hombre: «El corazón del rey es una acequia a disposición de Dios, la dirige a donde quiere» (Prov 21,1).

Promulgando «el año primero de su reinado» un edicto de tolerancia religiosa, el emperador Ciro define su política y pregona el advenimiento de una nueva era. En la historia de Israel comienza también una nueva era. En adelante los israelitas serán los judíos, al rey sucederá el sacerdote; a los profetas, la escatología. En esta etapa se moldeará la comunidad del futuro.

 


1,1-11 La vuelta del destierro. Comienza una nueva era. Los que separaron este libro de los capítulos precedentes, que conocemos con el nombre de Crónicas, sintieron que con esta página comenzaba una nueva era, y entonces, a nueva era, nuevo libro. El Cronista quiso describir un final y lo concentró en Jerusalén, Templo y muralla. De los habitantes, unos murieron y otros fueron deportados como esclavos. Es decir, en la tierra prometida no quedaba nada, ni Templo, ni ciudad, ni habitantes. Quedaba un resto en Babilonia, y quedaba la fidelidad del Señor, soberano de la historia.

Precisamente ese interés de Dios en la historia de los hombres hace posible la nueva era. El Señor que incitó a Nabucodonosor para el castigo, suscita a Ciro para la restauración. Y, ¿cuál es la novedad? En la historia universal, el advenimiento de un nuevo imperio, que reemplaza a Asiria y Babilonia, aportando formas nuevas de vida internacional. Hay una novedad en la relación de Ciro con los judíos. El Señor no suscita jueces ni un rey para realizar su independencia, suscita un monarca extranjero. Sometida a él como provincia de un gran imperio, la comunidad judía se salvará de los enemigos vecinos y de las tentaciones políticas internas.

En la historia de Israel también comienza una nueva era. Ya el nombre lo dice: en adelante los israelitas serán los judíos; al rey sucederá el sacerdote; a los profetas la escatología. En esta etapa se modelará la nueva comunidad del futuro. En el edicto de tolerancia religiosa (2), el nuevo emperador define su política. La reconstrucción de los templos es una manera de congraciarse con las poblaciones locales y especialmente ganarse el apoyo de la clase sacerdotal, muy influyente de ordinario. La repatriación (3) será un modo de deshacer la política de los monarcas babilonios. Éstos habían quebrantado el nacionalismo judío. Ciro, permitiendo el regreso de los exilados marcaba la distancia que lo separaba de aquella política.

Este segundo éxodo es de principio a fin obra de Dios. No vuelven todos sino aquellos a quienes Dios «mueve» (5). Históricamente fue así: en la primera expedición solo regresaron unos escogidos, los entusiastas, los contagiados con la esperanza que predicó Isaías II, otros muchos se quedaron, los que habían perdido definitivamente la esperanza, los que se habían mezclado con la población, los que habían hecho fortuna en el destierro y no querían sacrificarla. No todos se sintieron movidos por Dios. Hacía falta en aquel momento sentir la pobreza o tener el desprendimiento para ponerse en marcha.

 

2,1-70 Lista de los deportados que volvieron a su tierra. El gusto del Cronista por listas y genealogías reaparece aquí con redoblada razón. Se trata de recoger para el recuerdo los nombres de aquellos primeros ciudadanos que volvieron a la patria. La lista es como una lápida escrita para la posteridad; de hecho, viven hoy judíos que hacen remontar su apellido a alguno de estos repatriados. La lista se encuentra con ligeras variantes en Neh 7.

 

3,1-13 Restauración del altar y del culto. Por analogía al capítulo 8, podemos calcular que el viaje se iniciaría en primavera y concluiría en pleno verano. Hay que imaginarse lo que significaba desplazar una caravana de cincuenta mil personas con los medios de entonces. El capítulo está centrado en el tema del Templo.

La restauración del culto restablece la legislación de Moisés y las instituciones de David. Esto significa que la nueva era está en continuidad con el pasado. La fiesta de las Chozas (4) correspondía al final de la vendimia y de todas las tareas del campo. Ordinariamente una fiesta agrícola, se aplicó a conmemorar el camino por el desierto al salir de Egipto. Resultaba oportuno celebrar como primera fiesta en la patria esa festividad alegre y popular: también los repatriados habían vivido en tiendas, repitiendo en cierto modo la experiencia de los salidos de Egipto.

 

4,1-24 Interrupción de las obras. Este capítulo tiene una coherencia temática: la oposición a las obras; pero no sigue el orden cronológico que es: Ciro, Darío, Jerjes, Artajerjes. Además, desde el versículo 8 el relato discurre en arameo. Con respecto a los rivales (1) se identifican a sí mismos como descendientes de los colonos trasladados por los asirios. Los colonos extranjeros eran representantes de un sincretismo religioso inconciliable con la fe israelita. Habían aprendido a venerar al Dios de Israel junto con sus dioses. Aceptar su ofrecimiento era poner en peligro a la comunidad naciente, por eso las autoridades judías lo rechazan.

A partir de esta negativa los colonos comienzan a poner trabas (4); indudablemente por detrás estaba un claro interés económico que nada tenía que ver con lo estrictamente religioso: la llegada de los antiguos dueños ponía en peligro sus propiedades. De arriba viene la orden de suspender las obras; los judíos tuvieron que aceptar de momento la intimación, hasta que se presentase otra ocasión favorable. Será la contribución de Nehemías.

 

5,1–6,22 Se reanuda la construcción. En estos capítulos pasamos a la segunda etapa del libro: la reconstrucción del Templo en tiempos de Darío I, en los años 520-515 a.C., o sea, desde que comienza la predicación de los profetas Ageo y Zacarías hasta que se celebra la dedicación del Templo y la Pascua sucesiva.

Los capítulos tienen una breve parte narrativa al principio y al fin y una larga parte documental. El primer documento es una carta informativa que transmite las explicaciones dadas por las autoridades judías; el segundo documento es una carta del emperador que recoge parte del decreto de Ciro. Finalizada la construcción del Templo se celebra la Pascua y el Templo reconstruido comienza a atraer y a reconstruir la unidad nacional con su presencia. Con todo, la formulación es genérica, quizá intencionadamente, como dejando la puerta abierta a los prosélitos, respondiendo a la visión universalista de Zacarías (8,20-23).

 

7,1–8,14 Esdras llega a Jerusalén. Con Esdras surge una nueva clase intelectual y religiosa en la historia de los judíos: el letrado o experto en la Ley. La función pudo muy bien nacer y desarrollarse en el destierro, cuando faltaba el culto. Un siglo más tarde, al acabarse prácticamente la clase profética, el experto de la Ley vería crecer su autoridad.

La Ley era ante todo un cuerpo de prescripciones, pero también por extensión, un cuerpo literario, que los letrados ayudaron a seleccionar, fijar, conservar y transmitir. De aquí pudo surgir la leyenda que hizo a Esdras el creador del primer canon de las Escrituras hebreas. En 7,10 tenemos descrita la vocación del «letrado»; se dedica a estudiar para «practicar y enseñar». La observancia es parte de su profesión, es maestro también con el ejemplo. En Eclo 39 se describe esta profesión como la más ilustre.

 

8,15-36 El viaje a Jerusalén. En total resultan casi mil quinientos varones. Parece como si la comunidad de Judá necesitase periódicamente estos refuerzos de población procedente de la diáspora.

En los versículos 21-23 vemos al guía espiritual de la caravana. Un viaje tan largo era un riesgo repetido por las bandas de salteadores que acechan las rutas caravaneras; el riesgo se multiplicaba cuando los peregrinos transportaban cargas valiosas. Pero Esdras no acepta escolta militar, así demostraba ante el emperador la grandeza de su Dios que cuida de sus fieles; y a los peregrinos les enseñaba a confiar en Dios, más que en los hombres. Nuevamente el desierto desempeña una función de prueba.

 

9,1–10,44 El problema de los matrimonios con extranjeras. En este capítulo y en el siguiente Esdras narra su acción en un asunto que considera trascendental: la cuestión de los matrimonios mixtos. El peligro de idolatría o sincretismo era lo que motivaba la prohibición en el  Éxodo y el Deuteronomio, un peligro que se volvía a presentar. En la convivencia de muchos pueblos dentro de un gran imperio unificado, el peligro máximo era perder la identidad nacional. De poco valía un Templo único si las familias lo acompañaban con cultos y ritos extraños. La acción enérgica de Esdras pretende cortar y prevenir estas posibilidades.

La comunidad del pueblo escogido se sigue llamando «los desterrados», aunque la mayoría son nacidos en Judá; como si el destierro fuera la clave de la continuidad. Si comparamos la lista que nos da 10,18-43 con la de los repatriados (2,1-70), observaremos que casi todos los casos responden a descendientes de familias de la primera caravana.

Con el último verso del capítulo 10 Esdras desaparece de la escena dejando a los suyos un ideal de segregación para mantener la identidad nacional y la pureza religiosa. Su legado es la interpretación rigorista de la Ley. Ahora vienen más de doscientos cincuenta años de silencio. Será a mediados del s. II a.C. cuando un historiador retome la pluma para contarnos lo que está sucediendo.

 

1,1-11 Introducción. El Eclesiástico (49,13) elogia a Nehemías por su tarea de reconstruir la muralla. Los seis primeros capítulos de este libro, más 12,27-43, se dedican a ese tema que indudablemente en aquel momento parecía de capital importancia, por eso la posteridad juzgó dignas de eterna memoria esas páginas. En el versículo 1 se nos indica la fecha, estamos en el año 445 a.C.

 

2,1-20 El viaje. Nehemías recibe la autorización del rey para desplazarse a Jerusalén a reconstruir las murallas. Las autoridades del lugar –a toda esta región se la denominaba «Transeufratina» o sea al otro lado del río Éufrates– se sienten molestas, pero no pueden enfrentarse a la voluntad real.

 

3,1–4,17 Reconstrucción de la muralla. En 3,1- 32 el autor nos ofrece una lista de nombres y secciones de trabajo. Puede ser un documento de archivo o unas notas para la organización. La tarea se reparte en 42 lotes. Nehemías era laico. Con su autoridad consigue que el sumo sacerdote trabaje también en la muralla, y que consagrando una puerta, dé un carácter sacro a la empresa. Luego el autor va a narrar las dificultades que hicieron dramática la construcción. Las razones de Sanbalar y sus amigos parecen ser la envidia, quizá también el miedo.

La mejor respuesta a las burlas será la actividad incesante y los resultados patentes.

De las burlas se pasa a las amenazas, pero Nehemías no se deja intimidar, prepara a su gente para repeler el posible ataque. La frase del versículo 4,11 ha hecho fortuna por su concisión expresiva más que por su realismo. El autor describe complacido la situación, las amenazas lejos de amedrentarlo, lo engrandecen. Y cuando ha puesto todos los medios posibles, pone su entera confianza en Dios.

 

5,1-19 Problemas sociales. No parece que lo que aquí se narra sucediese en los dos meses en que se reconstruía la muralla, pero es significativo que se cuente en este lugar. Indicaría que algunos judíos más pudientes aprovecharon el momento para oprimir a sus paisanos. Esta actitud ponía un duro interrogante a la comunidad; de poco serviría levantar un muro en torno a Jerusalén, para protegerla de los enemigos, si dentro de ella dominaba la explotación y la injusticia social. Nehemías enfrenta el problema, cuenta con la legislación de Israel sobre la justicia social (Lv 24,39-43 y Dt 15,1-11) y con el grito de algunos profetas (Is 58,6.7.12). Ya Jeremías había proclamado la liberación de los esclavos como condición para obtener la protección divina (Jr 34,8-22).

 

6,1–7,3 Intrigas de los enemigos. Habiendo fallado burlas e intimidaciones, los enemigos lanzan su ataque contra la cabeza. Este capítulo esquematiza los hechos en varias intimaciones orales, una acusación escrita y un intento de desacreditarlo; se añade una nota de conjunto sobre Tobías. Terminadas las obras, la muralla es como teofanía que inspira admiración y sobrecoge a los paganos. Realmente no fue empresa simple terminar las obras en menos de dos meses, en medio de la oposición externa y con dificultades internas. La obra es como un milagro de Dios, que había infundido una enorme confianza y tenacidad a los suyos.

 

7,4-72 La repoblación de Jerusalén I. Al terminarse la construcción de la muralla lo lógico sería que continuase el relato de una fiesta de dedicación; pero tenemos que leer una serie de episodios antes de encontrar dicha fiesta en el capítulo 12. Rodeada la ciudad con su muralla almenada, se aprecian los vacíos internos por la falta de casas y vecinos. Así pues, le queda a Nehemías una nueva tarea. Repoblar, pero parece que la capital no atraía: ¿solamente por la inseguridad? Quizá también porque no ofrecía buenas condiciones económicas, a no ser que uno fuera empleado del Templo, y aun éstos vivían en buena parte en sus posesiones o en poblaciones vecinas.

 

8,1-18 Lectura de la Ley – La fiesta de las Chozas. Sigue una serie de ceremonias y fiestas litúrgicas que se celebran apenas terminado el verano y las faenas del campo: lectura pública de la Ley, fiesta de las Chozas, liturgia penitencial, alianza con Dios.

 

9,1-37 Ceremonia de Expiación. La oración se inspira en la historia de Israel y concretamente en pasajes de diversas tradiciones, incluso con citas verbales. Es central el tema de la tierra. Después de la creación, al principio de la historia, Dios promete la tierra a Abrahán: así resulta que la promesa es la fuerza inicial que pone el resto en movimiento, es iniciativa y compromiso de Dios. En un segundo momento la tierra ha de ser entregada: hacia tal hecho gravitan la salida de Egipto y el camino por el desierto, en el hecho se cumple la promesa. El tercer momento es el presente: los judíos viven en la tierra prometida ya entregada, pero en calidad de vasallos; si falla la promesa, su valor queda comprometido.

 

10,1-40 Renovación de la Alianza. Firma del pacto y lista de los firmantes. La alianza contiene una primera estipulación genérica, como ley fundamental, que engloba todos los preceptos. Después se especifican algunas leyes que en el momento presente exigen atención: la ley de segregación en asuntos matrimoniales, la ley del sábado como signo de alianza, la ley del jubileo o remisión periódica de deudas en orden a la justicia social. Luego con otra terminología y con otro estilo, se añaden preceptos cúlticos.

 

11,1–12,26 La repoblación de Jerusalén II. El texto continúa el tema de la repoblación de Jerusalén y de ahí salta a los registros familiares complementarios.

 

12,27-47 Inauguración de la muralla. La inauguración de la muralla es una ceremonia que podía deleitar al Cronista. Una representación de autoridades, sacerdotes y levitas sube al remate de la muralla en un punto occidental de la ciudad. Desde allí se mueven procesionalmente, un grupo hacia el sur y otro hacia el norte, doblan los dos hacia el este y vuelven a girar para encontrarse en un punto al oriente, de donde bajan para entrar en el Templo. El resto del pueblo acompañaría la procesión por la parte inferior de la muralla o esperaría a la entrada del Templo. Se cantarían salmos al estilo del 48; 125 ó 147.

 

13,1-31 Diversas reformas. Este capítulo presenta algunas reformas de Nehemías. Vemos que coinciden con los compromisos del pacto; por eso tendrán lugar con ocasión de la ceremonia. O como parte de la penitencia o como consecuencia del pacto firmado.

Las memorias de Nehemías terminan invocando por quinta vez el recuerdo benévolo del Señor, según el espíritu y la letra de tantos salmos (Sal 25,7; 16,4).