NUMEROS

En el desierto de Sinaí

Censo de Israel

(26)

1 1El día primero del segundo mes del segundo año de la salida de Egipto, en el desierto de Sinaí, en la tienda del encuentro, el Señor dijo a Moisés:

2–Haz un censo completo de la comunidad israelita: todos los varones, uno a uno, por clanes y familias, registrando sus nombres. 3Tú y Aarón registrarán por escuadrones a todos los varones mayores de veinte años aptos para la guerra. 4 Para ello contarán con la ayuda de un jefe de familia por cada tribu.

5Los nombres de las personas que los asistirán son: por Rubén, Elisur, hijo de Sedeur; 6por Simeón, Salumiel, hijo de Surisaday; 7por Judá, Najsón, hijo de Aminadab; 8por Isacar, Natanael, hijo de Suar; 9por Zabulón, Eliab, hijo de Jalón; 10por los hijos de José: por Efraín, Elisamá, hijo de Amihud, y por Manasés, Gamaliel, hijo de Fedasur; 11por Benjamín, Abidán, hijo de Gedeoní; 12por Dan, Ajiezer, hijo de Amisaday; 13por Aser, Pagiel, hijo de Ocrán; 14por Gad, Eliasaf, hijo de Degüel; 15por Neftalí, Ajirá hijo de Enán.

16Éstos fueron los nombrados por la comunidad, jefes de tribus y cabezas de clanes.

17Moisés tomó a Aarón y a estos hombres escogidos por sus nombres. 18Ellos reunieron toda la asamblea el día primero del mes segundo, y todos se inscribieron, uno a uno, los mayores de veinte años, por clanes y familias, registrando sus nombres; 19Así los registró Moisés en el desierto de Sinaí como lo había mandado el Señor.

20Hijos y descendientes de Rubén, primogénito de Israel, por clanes y familias, registrando los nombres, uno a uno, de los varones mayores de veinte años y aptos para la guerra; 21total de la tribu de Rubén, cuarenta y seis mil quinientos.

22Hijos y descendientes de Simeón, por clanes y familias, registrando los nombres, uno a uno, de los varones mayores de veinte años y aptos para la guerra: 23total de la tribu de Simeón, cincuenta y nueve mil trescientos.

24Hijos y descendientes de Gad, por clanes y familias, registrando los nombres, uno a uno, de los varones mayores de veinte años y aptos para la guerra: 25total de la tribu de Gad, cuarenta y cinco mil seiscientos cincuenta.

26Hijos y descendientes de Judá, por clanes y familias, registrando los nombres, uno a uno, de los varones mayores de veinte años y aptos para la guerra: 27total de la tribu de Judá, setenta y cuatro mil seiscientos.

28Hijos y descendientes de Isacar, por clanes y familias, registrando los nombres, uno a uno, de los varones mayores de veinte años y aptos para la guerra: 29total de la tribu de Isacar, cincuenta y cuatro mil cuatrocientos.

30Hijos y descendientes de Zabulón, por clanes y familias, registrando los nombres, uno a uno, de los varones mayores de veinte años y aptos para la guerra: 31total de la tribu de Zabulón, cincuenta y siete mil cuatrocientos.

32Hijos y descendientes de Efraín, hijo de José, por clanes y familias, registrando los nombres, uno a uno, de los varones mayores de veinte años y aptos para la guerra: 33total de la tribu de Efraín, cuarenta mil quinientos.

34Hijos y descendientes de Manasés, hijo de José, por clanes y familias, registrando los nombres, uno a uno, de los varones mayores de veinte años y aptos para la guerra: 35total de la tribu de Manasés, treinta y dos mil doscientos.

36Hijos y descendientes de Benjamín, por clanes y familias, registrando los nombres, uno a uno, de los varones mayores de veinte años y aptos para la guerra: 37total de la tribu de Benjamín, treinta y cinco mil cuatrocientos.

38Hijos y descendientes de Dan, por clanes y familias, registrando los nombres, uno a uno, de los varones mayores de veinte años y aptos para la guerra: 39total de la tribu de Dan, sesenta y dos mil setecientos.

40Hijos y descendientes de Aser, por clanes y familias, contando los nombres, uno a uno, de los varones mayores de veinte años y aptos para la guerra: 41total de la tribu de Aser, cuarenta y un mil quinientos.

42Hijos y descendientes de Neftalí, por clanes y familias, registrando los nombres, uno a uno, de los varones mayores de veinte años y aptos para la guerra: 43total de la tribu de Neftalí, cincuenta y tres mil cuatrocientos.

44Éste es el censo que hizo Moisés con Aarón, asistidos por los doce jefes israelitas, uno por cada tribu, todos jefes de familia. 45El total de los israelitas, por familias, mayores de veinte años y aptos para la guerra, 46fue de seiscientos tres mil quinientos cincuenta.

47Pero los levitas no fueron registrados con los demás, por familias, 48porque el Señor había dicho a Moisés:

49–No incluyas a los levitas en el censo y registro de los israelitas; 50encárgales la tienda de la alianza, sus objetos y enseres; ellos transportarán la tienda de la alianza con sus objetos, estarán a su servicio y acamparán a su alrededor. 51Cuando haya que ponerse en marcha, los levitas desmontarán la tienda; cuando se haga alto, los levitas la montarán. Al laico que se meta, se le matará.

52Los israelitas acamparán por escuadrones, cada uno en su campamento, junto a su estandarte. 53Los levitas harán la guardia de la tienda de la alianza, para que no estalle la cólera contra la comunidad israelita. Los levitas cuidarán de la tienda de la alianza.

54Los israelitas hicieron todo lo que el Señor había mandado a Moisés; lo cumplieron todo.

 

El campamento

(Ez 48)

2 1 El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

2–Los israelitas acamparán cada uno junto a su banderín o estandarte de familia, mirando a la tienda del encuentro y alrededor de ella.

3Al este, hacia la salida del sol, acamparán los del estandarte de Judá, por escuadrones; jefe de los hijos de Judá es Najsón, hijo de Aminadab; 4su ejército cuenta con setenta y cuatro mil seiscientos alistados. 5Junto a él acampa la tribu de Isacar; su jefe es Natanael, hijo de Suar; 6su ejército cuenta con cincuenta y cuatro mil cuatrocientos alistados. 7La tribu de Zabulón; su jefe es Eliab, hijo de Jalón; 8su ejército cuenta con cincuenta y siete mil cuatrocientos alistados. 9Los alistados en el campamento de Judá, por escuadrones, son ciento ochenta y seis mil cuatrocientos. Se pondrán en marcha los primeros.

10Al sur, el estandarte del campamento de Rubén, por escuadrones; jefe de los rubenitas es Elisur, hijo de Sedeur; 11su ejército cuenta con cuarenta y seis mil quinientos alistados. 12Junto a él acampa la tribu de Simeón; su jefe es Salumiel, hijo de Surisaday; 13su ejército cuenta con cincuenta y nueve mil trescientos alistados. 14La tribu de Gad; su jefe es Eliasaf, hijo de Degüel; 15su ejército cuenta con cuarenta y nueve mil seiscientos cincuenta. 16Los alistados en el campamento de Rubén, por escuadrones, son ciento cincuenta y un mil cuatrocientos cincuenta. Se pondrán en marcha los segundos.

17Después se pondrá en marcha la tienda del encuentro y el campamento levita, en medio de los demás campamentos. Se pondrán en marcha según acampan, cada uno siguiendo su estandarte.

18Al oeste, el banderín del campamento de Efraín, por escuadrones; jefe de los efraimitas es Elisamá, hijo de Amihud: 19su ejército cuenta con cuarenta mil quinientos alistados. 20Junto a él, la tribu de Manasés; su jefe es Gamaliel, hijo de Fedasur; 21su ejército cuenta con treinta y dos mil doscientos alistados. 22Al otro lado, la tribu de Benjamín; su jefe es Abidán, hijo de Gedeoní; 23su ejército cuenta con treinta y cinco mil cuatrocientos alistados. 24Los alistados en el campamento de Efraín son ciento ocho mil cien. Se pondrán en marcha los terceros.

25Al norte, el estandarte del campamento de Dan, por escuadrones; jefe de los danitas es Ajiezer, hijo de Amisaday; 26su ejército cuenta con sesenta y dos mil setecientos alistados. 27Junto a él acampa la tribu de Aser; su jefe es Pagiel, hijo de Ocrán; 28su ejército cuenta con cuarenta y un mil quinientos alistados. 29Al otro lado, la tribu de Neftalí; su jefe es Ajirá, hijo de Enán; 30su ejército cuenta con cincuenta y tres mil cuatrocientos alistados. 31Alistados en el campamento de Dan, ciento cincuenta y siete mil seiscientos. Se pondrán en marcha los últimos, siguiendo sus estandartes.

32Éste es el censo de los israelitas por familias; los alistados en los campamentos por escuadrones, seiscientos tres mil quinientos cincuenta. 33Los levitas no se incluyeron en el censo de los israelitas, como lo había mandado el Señor a Moisés.

34Los israelitas hicieron todo lo que el Señor mandó a Moisés; según acampaban por estandarte, así se ponían en marcha, por clanes y familias.

 

Tribu de Leví

3 1Ésta es la descendencia de Aarón y Moisés cuando el Señor habló a Moisés en el monte Sinaí.

2Nombres de los hijos de Aarón: Nadab, el primogénito, Abihú, Eleazar e Itamar. 3Éstos son los nombres de los aaronitas ungidos como sacerdotes, a quienes consagró sacerdotes. 4Nadab y Abihú murieron sin hijos, en presencia del Señor, cuando ofrecieron al Señor fuego profano en el desierto del Sinaí. Eleazar e Itamar oficiaron como sacerdotes en vida de su padre, Aarón.

5El Señor dijo a Moisés:

6–Haz que se acerque la tribu de Leví y ponla al servicio del sacerdote Aarón. 7Harán la guardia tuya y de toda la asamblea delante de la tienda del encuentro y desempeñarán las tareas del santuario. 8Guardarán todo el ajuar de la tienda del encuentro y harán la guardia en lugar de los israelitas y desempeñarán las tareas del santuario. 9Aparta a los levitas de los demás israelitas y dáselos a Aarón y a sus hijos como donados. 10Encarga a Aarón y a sus hijos que ejerzan el sacerdocio. Al laico que se meta se le matará.

11El Señor dijo a Moisés:

12–Yo he elegido a los levitas de entre los israelitas en sustitución de los primogénitos o primeros partos de los israelitas. Los levitas me pertenecen, 13porque me pertenecen los primogénitos. Cuando di muerte a los primogénitos en Egipto, me consagré todos los primogénitos de Israel, de hombres y de animales. Me pertenecen. Yo soy el Señor.

14El Señor dijo a Moisés en el desierto del Sinaí:

15–Haz un censo de los levitas, por familias y clanes, de todos los varones mayores de un mes.

16Moisés hizo el censo, según la orden que le había dado el Señor.

17Nombres de los levitas: Guersón, Quehat y Merarí.

18Nombres de los guersonitas por clanes: Libní y Semeí, 19de los quehatitas por clanes: Amrán, Yishar, Hebrón y Uziel; 20de los meraritas por clanes: Majlí y Musí. Éstos son los clanes levitas por familias.

21Clanes guersonitas: el clan de Libní y el clan de Semeí. 22El número de los varones mayores de un mes fue de siete mil quinientos. 23Los clanes guersonitas acampaban al oeste, detrás del santuario; 24jefe de la casa de Guersón era Eliasaf, hijo de Lael. 25En la tienda del encuentro los guersonitas se encargaban de guardar la tienda con su cortina, 26la cortina de la puerta, las cortinas del atrio, la cortina de la puerta del atrio que da al santuario y rodea el altar, las cuerdas y todo su servicio.

27Clanes quehatitas: el clan de Amrán, el clan de Yishar, el clan de Hebrón y el clan de Uziel. 28Número de los varones mayores de un mes, encargados de las funciones del santuario, ocho mil seiscientos. 29Los clanes quehatitas acampaban al sur del santuario; 30su príncipe era Elisafán, hijo de Uziel; 31se encargaban de guardar el arca, la mesa, el candelabro, los altares, los instrumentos sagrados con que oficiaban, la cortina y de todo su servicio.

32Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, era el jefe supremo de los levitas, prefecto de los que ejercían funciones en el santuario.

33Clanes meraritas: el clan de Majlí y el clan de Musí; 34el número de varones mayores de un mes fue de seis mil doscientos; 35su jefe era Suriel, hijo de Abijail; acampaban al norte del santuario. 36Se encargaban de los tablones del santuario, de los travesaños, columnas y bases, con todos sus accesorios, y de todo su servicio; 37de las columnas que rodeaban el atrio con sus bases, estacas y cuerdas.

38Delante del santuario, al este, delante de la tienda del encuentro, a la salida del sol, acampaban Moisés, Aarón y sus hijos, hacían la guardia de los objetos sagrados, la guardia de los israelitas; al extraño que se metía, se le mataba.

39Censo de los levitas hecho por Moisés y Aarón, según las órdenes del Señor, por clanes: total de varones mayores de un mes, veintidós mil.

40El Señor dijo a Moisés:

–Haz el censo de todos los primogénitos israelitas varones mayores de un mes, registrando sus nombres; 41aparta para mí a los levitas en sustitución de los primogénitos israelitas, y el ganado de los levitas en sustitución de los primeros partos de los rebaños de los israelitas. Yo soy el Señor.

42Moisés hizo el censo de los primogénitos israelitas, como le había mandado el Señor; 43el número de los primogénitos varones mayores de un mes, contando sus nombres, fue de veintidós mil doscientos setenta y tres.

44El Señor dijo a Moisés:

45–Aparta a los levitas en sustitución de los primogénitos israelitas y el ganado de los levitas en sustitución de los primeros partos del ganado de los israelitas, y serán para mí. Yo soy el Señor. 46Para rescatar a los doscientos setenta y tres primogénitos israelitas que superan el número de los levitas, 47recoge cincuenta gramos por cabeza –pesos del santuario: dos óbolos por gramo–, 48y entrega el dinero a Aarón y a sus hijos, como rescate de los que superan su número.

49Moisés recibió de los que superaban el número de levitas el dinero de su rescate; 50recibió así de los primogénitos israelitas trece mil seiscientos cincuenta gramos –pesos del santuario–, 51y entregó el dinero del rescate a Aarón y a sus hijos, según las órdenes que el Señor había dado a Moisés.

 

4 1 El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

2–Hagan un censo de los quehatitas, aparte de los demás levitas, por clanes y familias; 3los comprendidos entre los treinta y los cincuenta años, aptos para el servicio, para que hagan las tareas de la tienda del encuentro. 4Los quehatitas atenderán a lo sagrado en la tienda del encuentro. 5Cuando se ponga en marcha el campamento, Aarón y sus hijos entrarán, descolgarán la cortina y taparán con ella el arca de la alianza, 6echarán encima una cubierta de piel fina, extenderán sobre ella un paño todo de púrpura violeta y meterán los travesaños. 7Sobre la mesa de los panes presentados extenderán un paño violeta, pondrán encima las fuentes, bandejas, copas y jarras para la libación; encima estará el pan de la ofrenda continua. 8Sobre ello extenderán un paño de púrpura escarlata y lo cubrirán con una funda de piel fina, y meterán los travesaños. 9Tomarán un paño violeta y cubrirán el candelabro con sus lámparas, sus tenazas y ceniceros y las vasijas de aceite para alimentarlo. 10Lo meterán con todos sus utensilios en una funda de piel fina y meterán los travesaños. 11Sobre el altar de los sacrificios extenderán un paño violeta, lo cubrirán con una funda de piel fina y meterán los travesaños. 12Tomarán todos los utensilios que se utilizan en el servicio del santuario, los meterán en un paño violeta, los cubrirán con una funda de piel fina y lo pondrán sobre los travesaños.

13Quitarán la ceniza del altar, extenderán sobre él un paño de púrpura roja, 14pondrán encima todos los enseres de su servicio, ceniceros, trinchantes, paletas y aspersorios, todos los utensilios del altar, extenderán sobre ellos una cubierta de piel fina y meterán los travesaños.

15Al ponerse en marcha el campamento, Aarón y sus hijos terminarán de cubrir el santuario con todos sus enseres; después entrarán los quehatitas, para transportarlo, sin tocar las cosas santas, pues morirían. Éstos son los objetos de la tienda del encuentro que han de transportar los quehatitas. 16Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, cuidará del aceite del candelabro, del incienso del sahumerio, de la ofrenda diaria, del aceite de la unción; cuidará además de todo el santuario y sus enseres, objetos y utensilios sagrados.

17El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

18–No permitan que desaparezca de la tribu de Leví el clan de los quehatitas, 19y para que no mueran, hagan lo siguiente: cuando tengan que acercarse a los objetos sagrados, Aarón y sus hijos entrarán y asignarán a cada uno su tarea y su carga. 20Pero ellos no entrarán a mirar los objetos sagrados ni por un momento, pues morirían.

21El Señor dijo a Moisés:

22–Haz también un censo de los guersonitas, por clanes y familias. 23Todos los comprendidos entre los treinta y los cincuenta años, aptos para el servicio, para trabajar en la tienda del encuentro.

24Ésta es la tarea y la carga de los guersonitas: 25transportarán las lonas del santuario, la tienda del encuentro, su cubierta y el toldo de piel fina y la antepuerta de la tienda del encuentro; 26las cortinas del atrio, la cortina de la puerta del atrio que rodea el santuario y el altar, las cuerdas y todos los utensilios de su servicio. Les prestarán todos los cuidados necesarios.

27Los guersonitas prestarán sus servicios a las órdenes de Aarón y sus hijos, que les asignarán sus servicios de guardia y de transporte. 28Éstas son las tareas de los guersonitas al servicio de la tienda del encuentro y su servicio de guardia a las órdenes de Itamar, hijo del sacerdote Aarón.

29Haz también el censo de los meraritas por clanes y familias, 30todos los comprendidos entre los treinta y los cincuenta años, aptos para el servicio, para trabajar en la tienda del encuentro.

31Esto es lo que han de guardar y transportar y su tarea en la tienda del encuentro: los tablones del santuario, los travesaños, columnas y bases; 32las columnas del atrio circundante con sus bases, estacas y cuerdas, sus utensilios y su servicio. Les asignarás nominalmente los objetos que han de guardar y transportar. 33Éstas son las tareas de los meraritas en la tienda del encuentro, a las órdenes de Itamar, hijo del sacerdote Aarón.

34Moisés y Aarón, con los jefes de la asamblea, hicieron el censo de los quehatitas por clanes y familias; 35todos los comprendidos entre los treinta y los cincuenta años, aptos para el servicio, para trabajar en la tienda del encuentro. 36Se contaron, por clanes, dos mil setecientos cincuenta. 37Éste es el censo de los clanes quehatitas que trabajaban en la tienda del encuentro, realizado por Moisés y Aarón por encargo del Señor.

38El censo de los guersonitas, por clanes y familias, 39comprendidos entre los treinta y los cincuenta años, aptos para el servicio, para trabajar en la tienda del encuentro, 40arrojó un número, por clanes y familias, de dos mil seiscientos treinta. 41Éste es el censo de los guersonitas que trabajaban en la tienda del encuentro, realizado por Moisés y Aarón por encargo del Señor.

42El censo de los meraritas, por clanes y familias, 43comprendidos entre los treinta y los cincuenta años, aptos para el servicio, para trabajar en la tienda del encuentro, 44arrojó un número, por clanes, de tres mil doscientos. 45Éste es el censo de los meraritas, realizado por Moisés y Aarón por encargo del Señor.

46Los levitas contados en el censo que hizo Moisés con Aarón y los jefes israelitas, por clanes y familias, 47comprendidos entre los treinta y los cincuenta años, aptos para el trabajo y el transporte de la tienda del encuentro, 48sumaron ocho mil quinientos ochenta.

49Moisés hizo el censo por encargo del Señor, asignando a cada uno su tarea y su carga. Así se hizo el censo, como se lo había mandado el Señor a Moisés.

 

Legislaciones varias

Expulsión de los impuros

5 1 El Señor habló a Moisés:

2–Di a los israelitas que expulsen del campamento a los enfermos de lepra, a los que padezcan de gonorrea, a los contaminados con cadáveres. 3Sean hombres o mujeres, los expulsarán del campamento, para que no se contamine el campamento, en medio del cual habito.

4Así lo hicieron los israelitas, expulsándolos del campamento; los israelitas cumplieron lo que el Señor había mandado a Moisés.

 

Restitución del daño causado

5El Señor habló a Moisés:

6–Di a los israelitas: Cuando un hombre o una mujer cometa un pecado contra otro hombre, ofendiendo al Señor y haciéndose culpable, 7confesará su pecado, restituirá el perjuicio al que haya perjudicado con un recargo del veinte por ciento. 8Si el perjudicado no tiene pariente a quien se haga la restitución, ésta se hará al Señor por medio del sacerdote, sin contar el carnero con el que se hace la expiación del culpable. 9El tributo sagrado que los israelitas llevan al sacerdote será para él. 10Lo que uno da al sacerdote, será para él.

 

Ley de los celos

11El Señor habló a Moisés:

12–Di a los israelitas: Cuando a un hombre lo engaña su mujer y le es infiel 13acostándose con otro hombre, y el marido no se entera, y queda oculta la mancha, porque no hay testigos contra ella ni ha sido sorprendida, 14si al marido le vienen celos de su mujer, sea que ella se haya manchado o no, 15entonces el marido llevará su mujer al sacerdote, con una ofrenda de la décima parte de una medida de harina de cebada, sin mezclar aceite ni incienso, porque es una ofrenda de celos para denunciar una culpa.

16El sacerdote la acercará y la colocará en presencia del Señor; 17tomará agua bendita en una vasija de barro, echará en el agua ceniza del suelo del santuario; 18colocará a la mujer en presencia del Señor, le soltará el pelo, le pondrá en las manos la ofrenda recordatorio de los celos, mientras el sacerdote tiene en la mano el agua amarga de la maldición, 19y le tomará juramento en estos términos: Si no se ha acostado contigo un extraño, si no te has manchado estando bajo la potestad de tu marido, que esta agua amarga de la maldición no te haga daño. 20Pero si has engañado a tu marido, estando bajo su potestad, si te has manchado acostándote con otro que no sea tu marido 21–el sacerdote tomará juramento a la mujer, diciéndole– entonces que el Señor te entregue a la maldición entre los tuyos, haciendo que se te aflojen los muslos y se te hinche el vientre; 22entre este agua de maldición en tus entrañas para hincharte el vientre y aflojarte los muslos. La mujer responderá: Amén, amén.

23El sacerdote escribirá esta maldición en un documento y lo lavará en el agua amarga. 24Después dará a beber a la mujer el agua amarga de la maldición, y entrará en ella el agua amarga de la maldición.

25El sacerdote recibirá de la mujer la ofrenda de los celos, la agitará ritualmente ante el Señor y la llevará al altar. 26Tomará un puñado de la ofrenda como obsequio y lo quemará sobre el altar. 27Después dará a beber el agua a la mujer. Si ésta se ha manchado y ha sido infiel a su marido, al entrar en ella el agua amarga de la maldición, se le hinchará el vientre y se le aflojarán los muslos, y la mujer será maldita entre los suyos. 28Si la mujer no se ha manchado, sino que está limpia, no sufrirá daño y podrá concebir.

29Ésta es la ley de los celos, para cuando una mujer, bajo la potestad del marido, lo engaña y se mancha, 30o cuando a un hombre le vienen celos de su mujer: el marido la presentará ante el Señor y el sacerdote cumplirá con ella este rito. 31El marido queda libre de culpa y la mujer cargará con su culpa.

 

Nazireato

(Jue 13–16)

6 1El Señor habló a Moisés:

2–Di a los israelitas: Cuando un hombre o una mujer quiera hacer un voto especial al Señor, voto de nazireato, 3se abstendrá de vino y licor, no beberá vinagres de vino ni de licor, no beberá zumo de uvas ni comerá uvas frescas ni pasas. 4Mientras dure su voto, no probará ningún producto de la vid, ni vino, ni semillas, ni siquiera pellejos. 5Mientras dure su voto de nazireato, la navaja no le tocará la cabeza; hasta que termine el tiempo de su dedicación al Señor, está consagrado y se dejará crecer el pelo. 6Mientras dure el tiempo de su dedicación al Señor, no se acercará a ningún cadáver: 7ni de su padre ni de su madre, ni de su hermano ni de su hermana; si mueren, no se contaminará con ellos, porque lleva en la cabeza la diadema de su Dios. 8Mientras dura su nazireato está consagrado al Señor.

9Si alguien muere de repente junto a él y se contamina su cabeza dedicada, se afeitará la cabeza el día de la purificación, es decir, el séptimo día. 10Al octavo llevará al sacerdote, a la puerta de la tienda del encuentro, dos tórtolas o dos pichones de paloma. 11El sacerdote ofrecerá uno en expiación y otro en holocausto, y expiará por el pecado que cometió con el cadáver. Ese día consagra su cabeza y dedica al Señor el tiempo de su nazireato. 12Ofrecerá un cordero de un año como sacrificio de reparación. Y el tiempo precedente no cuenta, porque había contaminado su nazireato.

13Instrucción sobre el nazireato: Cuando concluya el tiempo de su nazireato, irá a la puerta de la tienda del encuentro, 14llevando como ofrenda al Señor un cordero de un año sin defecto para el holocausto, una cordera de un año sin defecto para el rito de expiación y un carnero sin defecto para el sacrificio de comunión. 15Además, una cesta de panes sin levadura de harina de la mejor calidad, tortas amasadas con aceite, galletas sin levadura untadas de aceite, con sus correspondientes ofrendas y libaciones.

16El sacerdote lo presentará al Señor haciendo el holocausto y el sacrificio expiatorio. 17El carnero se lo ofrecerá al Señor en sacrificio de comunión, con la cesta de panes sin levadura; el sacerdote ofrecerá también las ofrendas y libaciones. 18Entonces el nazireo se afeitará la cabeza a la puerta de la tienda del encuentro, tomará el pelo de su nazireato y lo echará en el fuego del sacrificio de comunión. 19El sacerdote tomará la pierna cocida del carnero, una torta sin levadura y una galleta sin levadura de la cesta, y lo pondrá en manos del nazireo cuando éste se haya afeitado. 20Después el sacerdote lo agitará ritualmente ante el Señor: serán porción santa del sacerdote además del pecho agitado ritualmente y la pierna del tributo; después el nazireo podrá beber vino.

21Ésta es la ley del nazireo, la ofrenda que promete al Señor por su nazireato, sin contar lo demás que pueda ofrecer. Lo que haya prometido con voto lo cumplirá, según la ley del nazireato.

 

Bendición sacerdotal

(Sal 67)

22El Señor habló a Moisés:

23–Di a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas:

24El Señor te bendiga y te guarde,

25el Señor te muestre

su rostro radiante

y tenga piedad de ti,

26el Señor te muestre su rostro

y te conceda la paz.

27Así invocarán mi Nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.

 

Consagración del Santuario: ofrendas

(Éx 40,16-33)

7 1Cuando Moisés terminó de instalar el santuario, lo ungió y consagró con todos sus utensilios, y lo mismo el altar con sus utensilios: y los ungió y los consagró.

2Los jefes israelitas, cabezas de familia, y jefes de las tribus, que habían colaborado en el censo, se acercaron 3y presentaron sus ofrendas al Señor: seis carros cubiertos y doce bueyes, un carro por cada dos jefes y un buey por cada uno. Los ofrecieron ante el santuario.

4El Señor dijo a Moisés:

5–Recíbeselos para el servicio de la tienda del encuentro y entrégaselos a los levitas, a cada uno según su tarea.

6Moisés recibió los carros y los bueyes y se los entregó a los levitas: 7dos carros y cuatro bueyes a los guersonitas, para sus tareas; 8cuatro carros y ocho bueyes a los meraritas, para sus tareas a las órdenes de Itamar, hijo del sacerdote Aarón. 9A los quehatitas no les dio nada, porque éstos tenían que llevar a hombros los objetos sagrados.

10Además, los jefes trajeron ofrendas por la dedicación del altar cuando fue ungido; los jefes presentaron sus ofrendas ante el altar.

11El Señor dijo a Moisés:

–Cada día traerá un jefe su ofrenda por la dedicación del altar.

12El primer día trajo su ofrenda Najsón, hijo de Aminadab, de la tribu de Judá: 13una fuente de plata de mil trescientos gramos, un aspersorio de plata de setecientos gramos –pesos del santuario–, los dos llenos de harina de la mejor calidad amasada con aceite para la ofrenda; 14una bandeja de oro de cien gramos llena de incienso, 15un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto; 16un chivo para un sacrificio de expiación; 17dos vacas, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Ésta fue la ofrenda de Najsón, hijo de Aminadab.

18El segundo día trajo su ofrenda Natanael, hijo de Suar, jefe de Isacar: 19una fuente de plata de mil trescientos gramos, un aspersorio de plata de setecientos gramos –pesos del santuario–, los dos llenos de harina de la mejor calidad amasada con aceite para la ofrenda; 20una bandeja de oro de cien gramos llena de incienso; 21un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto; 22un chivo para un sacrificio de expiación; 23dos vacas, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Ésta fue la ofrenda de Natanael, hijo de Suar.

24El tercer día trajo su ofrenda Eliab, hijo de Jalón, jefe de la tribu de Zabulón: 25una fuente de plata de mil trescientos gramos, un aspersorio de plata de setecientos gramos –pesos del santuario–, los dos llenos de harina de la mejor calidad amasada con aceite para la ofrenda; 26una bandeja de oro de cien gramos llena de incienso; 27un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto; 28un chivo para un sacrificio de expiación; 29dos vacas, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Ésta fue la ofrenda de Eliab, hijo de Jalón.

30El cuarto día trajo su ofrenda Elisur, hijo de Sedeur, jefe de la tribu de Rubén: 31una fuente de plata de mil trescientos gramos, un aspersorio de plata de setecientos gramos –pesos del santuario–, los dos llenos de harina de la mejor calidad amasada con aceite para la ofrenda; 32una bandeja de oro de cien gramos llena de incienso; 33un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto; 34un chivo para un sacrificio de expiación; 35dos vacas, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Ésta fue la ofrenda de Elisur, hijo de Sedeur.

36El quinto día trajo su ofrenda Salumiel hijo de Surisaday, jefe de la tribu de Simeón: 37una fuente de plata de mil trescientos gramos, un aspersorio de plata de setecientos gramos –pesos del santuario–, los dos llenos de harina de la mejor calidad amasada con aceite para la ofrenda; 38una bandeja de oro de cien gramos llena de incienso; 39un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto; 40un chivo para un sacrificio de expiación; 41dos vacas, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Ésta fue la ofrenda de Salumiel, hijo de Surisaday.

42El sexto día trajo su ofrenda Eliasaf, hijo de Degüel, jefe de la tribu de Gad: 43una fuente de plata de mil trescientos gramos, un aspersorio de plata de setecientos gramos, los dos llenos de harina de la mejor calidad amasada con aceite para la ofrenda; 44una bandeja de oro de cien gramos llena de incienso; 45un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto; 46un chivo para un sacrificio de expiación; 47dos vacas, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Ésta fue la ofrenda de Eliasaf, hijo de Degüel.

48El séptimo día trajo su ofrenda Elisamá, hijo de Amihud, jefe de la tribu de Efraín: 49una fuente de plata de mil trescientos gramos, un aspersorio de plata de setecientos gramos –pesos del santuario–, los dos llenos de harina de la mejor calidad amasada con aceite para la ofrenda; 50una bandeja de oro de cien gramos llena de incienso; 51un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto; 52un chivo para un sacrificio de expiación; 53dos vacas, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Ésta fue la ofrenda de Elisamá, hijo de Amihud.

54El octavo día trajo su ofrenda Gamaliel, hijo de Fedasur, jefe de la tribu de Manasés; 55una fuente de plata de mil trescientos gramos, un aspersorio de plata de setecientos gramos –pesos del santuario–, los dos llenos de harina de la mejor calidad amasada con aceite para la ofrenda; 56una bandeja de oro de cien gramos llena de incienso; 57un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto; 58un chivo para un sacrificio de expiación; 59dos vacas, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Ésta fue la ofrenda de Gamaliel, hijo de Fedasur.

60El noveno día trajo su ofrenda Abidán, hijo de Gedeoní, jefe de la tribu de Benjamín: 61una fuente de plata de mil trescientos gramos, un aspersorio de plata de setecientos gramos –pesos del santuario–, los dos llenos de harina de la mejor calidad amasada con aceite para la ofrenda; 62una bandeja de oro de cien gramos, llena de incienso; 63un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto; 64un chivo para un sacrificio de expiación; 65dos vacas, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Ésta fue la ofrenda de Abidán, hijo de Gedeoní.

66El décimo día trajo su ofrenda Ajiezer, hijo de Amisaday, jefe de la tribu de Dan: 67una fuente de plata de mil trescientos gramos, un aspersorio de plata de setecientos gramos –pesos del santuario–, los dos llenos de harina de la mejor calidad amasada con aceite para la ofrenda; 68una bandeja de oro de cien gramos llena de incienso; 69un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto; 70un chivo para un sacrificio de expiación; 71dos vacas, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Ésta fue la ofrenda de Ajiezer, hijo de Amisaday.

72El undécimo día trajo su ofrenda Pagiel, hijo de Ocrán, jefe de la tribu de Aser: 73una fuente de plata de mil trescientos gramos, un aspersorio de plata de setecientos gramos –pesos del santuario–, los dos llenos de harina de la mejor calidad amasada con aceite para la ofrenda; 74una bandeja de oro de cien gramos llena de incienso; 75un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto; 76un chivo para un sacrificio de expiación; 77dos vacas, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Ésta fue la ofrenda de Pagiel, hijo de Ocrán.

78El duodécimo día trajo su ofrenda Ajirá, hijo de Enán, jefe de la tribu de Neftalí: 79una fuente de plata de mil trescientos gramos, un aspersorio de plata de setecientos gramos –pesos del santuario–, los dos llenos de harina de la mejor calidad amasada con aceite para la ofrenda; 80una bandeja de oro de cien gramos llena de incienso; 81 un novillo, un carnero y un cordero de un año para un holocausto; 82un chivo para un sacrificio de expiación; 83dos vacas, cinco carneros, cinco chivos y cinco corderos de un año para un sacrificio de comunión. Ésta fue la ofrenda de Ajirá, hijo de Enán.

84 Ésta fue la ofrenda de los jefes israelitas por la dedicación del altar cuando fue ungido: doce fuentes de plata, doce aspersorios de plata y doce bandejas de oro. 85 Cada fuente era de mil trescientos gramos y cada aspersorio de setecientos. En total veinticuatro mil gramos de plata –pesos del santuario–; 86doce bandejas de oro de cien gramos cada una –pesos del santuario– llenos de incienso; en total, mil doscientos gramos de oro; 87doce novillos, doce carneros y doce corderos de un año con sus correspondientes ofrendas para holocaustos; doce chivos para sacrificios de expiación; 88veinticuatro vacas, sesenta carneros, sesenta chivos y sesenta corderos de un año para sacrificios de comunión. Ésta fue la ofrenda por la dedicación del altar cuando fue ungido.

89Cuando Moisés entró en la tienda del encuentro para hablar con Dios, oyó la voz que le hablaba desde lo alto de la tapa que cubre el arca de la alianza, entre los querubines; desde allí le hablaba.

 

El candelabro

(Éx 25,31-40)

8 1El Señor habló a Moisés:

2–Di a Aarón: Cuando enciendas las siete lámparas, hazlo de modo que iluminen la parte delantera del candelabro.

3Aarón lo hizo así. Las lámparas iluminaban la parte delantera del candelabro, como el Señor se lo había mandado a Moisés. 4El candelabro era de oro forjado desde la base hasta las flores. Moisés lo hizo según el modelo que el Señor le había mostrado.

 

Consagración de los levitas

5El Señor dijo a Moisés:

6–Escoge entre los israelitas a los levitas y purifícalos con el siguiente rito: 7Los rociarás con agua expiatoria. Luego se pasarán la navaja por todo el cuerpo, se lavarán los vestidos y se purificarán. 8Después tomarán un novillo con la ofrenda correspondiente de harina de la mejor calidad amasada con aceite. Y tú tomarás otro novillo para el sacrificio expiatorio. 9Harás que se acerquen los levitas a la tienda del encuentro y convocarás toda la asamblea de Israel.

10Puestos los levitas en presencia del Señor, los demás israelitas les impondrán las manos. 11Aarón, en nombre de los israelitas, se los presentará al Señor con el rito de la agitación, para que se ocupen del culto del Señor.

12Los levitas pondrán las manos sobre la cabeza de los novillos, uno será ofrecido al Señor como sacrificio expiatorio, el otro en holocausto a fin de practicar el rito de expiación a favor de los levitas. 13Colocarás a los levitas ante Aarón y sus hijos para presentárselos al Señor con el rito de la agitación. 14Así separarás a los levitas de los demás israelitas, y serán míos.

15Acabadas las ceremonias, purificados y ofrecidos con el rito de la agitación, los levitas entrarán a servir en la tienda del encuentro. 16Son donados míos, que me han dado los israelitas a cambio de sus primogénitos, y yo me los reservo. 17Todos los primogénitos israelitas de hombres y animales me pertenecen: me los consagré cuando di muerte a los primogénitos egipcios. 18Por eso me reservo los levitas a cambio de los primogénitos israelitas, 19y se los cedo a Aarón y a sus hijos, como donados de parte de los israelitas. Ellos prestarán sus servicios en lugar de los israelitas en la tienda del encuentro; además realizarán el rito de expiación por los israelitas, para que si éstos se meten en la zona sagrada, no sufran una desgracia.

20Así lo hicieron Moisés, Aarón y toda la comunidad israelita; todo lo que el Señor había mandado a Moisés acerca de los levitas lo cumplieron.

21Los levitas se purificaron de sus pecados, lavaron sus vestidos. Aarón se los ofreció al Señor con el rito de la agitación y realizó el rito de expiación por ellos para purificarlos. 22Acabadas las ceremonias, entraron a servir en la tienda del encuentro, en presencia de Aarón y sus hijos. Así se cumplió todo lo que el Señor había mandado a Moisés acerca de los levitas.

23El Señor dijo a Moisés:

24–Los levitas harán los trabajos de la tienda del encuentro, de veinticinco años para arriba. 25A los cincuenta años serán dados de baja y no servirán más. 26Ayudarán a sus hermanos haciendo guardia en la tienda del encuentro, pero no trabajarán. Así asignarás el servicio de guardia a los levitas.

 

La Pascua

(Éx 12,1-13; 2 Cr 30)

9 1Al segundo año de salir los israelitas de Egipto, el mes primero, el Señor dijo a Moisés en el desierto del Sinaí:

2–Los israelitas celebrarán la Pascua en su fecha: 3 el día catorce del primer mes, al atardecer, la celebrarán con todos sus ritos y ceremonias.

4Moisés mandó a los israelitas celebrar la Pascua, 5y ellos la celebraron el catorce del mes primero, al atardecer, en el desierto del Sinaí. Así cumplieron lo que el Señor había mandado a Moisés.

6Había unos que estaban contaminados por haber tocado un cadáver y no pudieron celebrar la Pascua en su día. Se presentaron el mismo día a Moisés y a Aarón, 7y les dijeron:

–Estamos contaminados por haber tocado un cadáver. ¿Por qué no nos dejas traer nuestra ofrenda al Señor el día señalado, con los demás israelitas?

8Respondió Moisés:

–Esperen hasta que conozca lo que dispone el Señor.

9El Señor habló a Moisés:

10–Di a los israelitas: Si uno de ustedes o de sus descendientes está contaminado por un cadáver o se encuentra de viaje, 11celebrará la Pascua del Señor el catorce del segundo mes, al atardecer. Comerá la víctima pascual con panes sin levadura y hierbas amargas; 12no dejará nada para el día siguiente ni le romperá ningún hueso. La celebrará según el ritual de la Pascua. 13Pero el que estando puro y no encontrándose de viaje deje de celebrarla, será excluido de su pueblo. Cargará con la culpa de no haber llevado al Señor la ofrenda en su día. 14El emigrante que resida entre ustedes celebrará la Pascua del Señor siguiendo el ritual y ceremonial. El mismo ritual vale para el nativo y para el emigrante.

 

La nube

(Éx 13,21s)

15Cuando montaban la tienda, la nube cubría el santuario sobre la tienda de la alianza, y desde el atardecer al amanecer se veía sobre el santuario una especie de fuego. 16Así sucedía siempre: la nube lo cubría y de noche se veía una especie de fuego. 17Cuando se levantaba la nube sobre la tienda, los israelitas se ponían en marcha. Y donde se detenía la nube, acampaban. 18A la orden del Señor se ponían en marcha y a la orden del Señor acampaban. Mientras estaba la nube sobre el santuario, acampaban. 19Y si se quedaba muchos días sobre el santuario, los israelitas, respetando la prohibición del Señor, no se ponían en marcha. 20A veces la nube se quedaba pocos días sobre el santuario; entonces, a la orden del Señor, acampaban, y a la orden del Señor se ponían en marcha. 21Otras veces se quedaba desde el atardecer hasta el amanecer, y cuando al amanecer se levantaba, se ponían en marcha. O se quedaba un día y una noche, y cuando se levantaba, se ponían en marcha. 22A veces se quedaba sobre el santuario dos días o un mes o más tiempo aún; durante este tiempo los israelitas seguían acampados sin ponerse en marcha. Sólo cuando se levantaba se ponían en marcha. 23A la orden del Señor acampaban y a la orden del Señor se ponían en marcha. Respetaban la orden del Señor comunicada por Moisés.

 

Las trompetas

10 1El Señor dijo a Moisés:

2–Haz dos trompetas de plata labrada para convocar a la comunidad y poner en marcha el campamento. 3Al toque de las dos trompetas se reunirá contigo toda la comunidad a la entrada de la tienda del encuentro. 4Al toque de una sola, se reunirán contigo los representantes jefes de clanes. 5Al primer toque agudo se pondrán en movimiento los que acampan al este. 6Al segundo, los que acampan al sur. Se les dará un toque para que se pongan en marcha. 7Para convocar a la asamblea se dará un toque, pero no agudo.

8Se encargarán de tocar las trompetas los sacerdotes aaronitas. Ésta es una ley perpetua para todas las generaciones. 9Cuando ustedes, en su propia tierra, tengan que luchar contra el enemigo que los oprima, toquen las trompetas y lancen fuertes gritos. Y el Señor, su Dios, se acordará de ustedes y los salvará de sus enemigos. 10También los días de fiesta, festividades y principios de mes tocarán las trompetas anunciando los holocaustos y sacrificios de comunión. Y su Dios se acordará de ustedes. Yo soy el Señor, su Dios.

 

De Sinaí a Cades

 

Partida

11El segundo año, el veinte del segundo mes, se levantó la nube sobre el santuario de la alianza, 12y los israelitas emprendieron la marcha desde el desierto del Sinaí. La nube se detuvo en el desierto de Farán. 13A la orden del Señor dada por Moisés emprendieron la marcha.

14El primero en hacerlo fue el estandarte de Judá, por escuadrones, a las órdenes de Najsón, hijo de Aminadab. 15Iba acompañado del escuadrón de la tribu de Isacar, mandado por Natanael, hijo de Suar, 16y del escuadrón de la tribu de Zabulón, mandado por Eliab, hijo de Jalón.

17Desmontado el santuario, los guersonitas y meraritas, encargados de su transporte, se pusieron también en marcha.

18A continuación lo hizo el estandarte de Rubén, por escuadrones, a las órdenes de Elisur, hijo de Sedeur. 19Iba acompañado del escuadrón de la tribu de Simeón, mandado por Salumiel, hijo de Surisaday, 20y del escuadrón de la tribu de Gad, mandado por Eliasaf, hijo de Degüel.

21Seguían los quehatitas, encargados de transportar lo sagrado. Ellos avanzaban después, a fin de que el santuario ya estuviese erigido antes de su llegada.

22A continuación, el estandarte de Efraín, por escuadrones, a las órdenes de Elisamá, hijo de Amihud. Iba 23acompañado del escuadrón de la tribu de Manasés, mandado por Gamaliel, hijo de Fedasur, 24y del escuadrón de la tribu de Benjamín, mandado por Abidán, hijo de Gedeoní.

25Por último, y cerrando filas, partió el estandarte de Dan, por escuadrones, mandado por Ajiezer, hijo de Amisaday. 26Iba acompañado del escuadrón de la tribu de Aser, mandado por Pagiel, hijo de Ocrán, 27y del escuadrón de la tribu de Neftalí, mandado por Ajirá, hijo de Enán.

28Éste era el orden de marcha por escuadrones de los israelitas cuando emprendieron la marcha.

29Moisés dijo a su suegro, Jobab, hijo de Regüel, el madianita:

–Vamos a marchar al sitio que el Señor ha prometido darnos. Ven con nosotros, que te trataremos bien, porque el Señor ha prometido bienes a Israel.

30Le contestó:

–No voy. Prefiero volver a mi país natal.

31Insistió Moisés:

–No nos dejes, porque conoces este desierto y los lugares donde acampar. Debes ser nuestro guía. 32Si vienes con nosotros te haremos compartir los bienes que el Señor nos conceda y te trataremos bien.

33Partieron del monte del Señor y anduvieron por espacio de tres días. Durante todo el tiempo el arca de la alianza del Señor marchaba al frente de ellos, buscándoles un lugar donde descansar. 34Desde que se pusieron en marcha, la nube del Señor iba sobre ellos. 35Cuando el arca se ponía en marcha, Moisés decía:

¡Levántate, Señor!

Que se dispersen tus enemigos,

huyan de tu presencia los que te odian.

36Y cuando se detenía el arca, decía:

Descansa, Señor,

entre las multitudes de Israel.

 

Quejas del pueblo y de Moisés

Taberá

11 1El pueblo se quejaba al Señor de sus desgracias. Al oírlo él, se encendió su ira, estalló contra ellos el fuego del Señor y empezó a quemar el extremo del campamento. 2El pueblo gritó a Moisés; éste rezó al Señor por ellos, y el incendio se apagó. 3Y llamaron a aquel lugar Taberá, porque allí había estallado contra ellos el fuego del Señor.

 

Quejas

(Éx 5,22s; 16)

4Entre los israelitas se había mezclado gente de toda clase que sólo pensaba en comer. Y los israelitas, dejándose llevar por ellos se pusieron a llorar diciendo:

–¡Quién nos diera carne! 5Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, y de los pepinos, y melones, y puerros, y cebollas, y ajos. 6Pero ahora se nos quita el apetito de no ver más que maná. 7El maná se parecía a semilla de coriandro, con color amarillento como el de la resina; 8el pueblo se dispersaba a recogerlo, lo molían en el molino o lo machacaban en el mortero, lo cocían en la olla y hacían con ello tortas que sabían a pan de aceite. 9Por la noche caía el rocío en el campamento y encima de él el maná.

10Moisés oyó cómo el pueblo, familia por familia, lloraba, cada uno a la entrada de su tienda, provocando la ira del Señor, y disgustado 11dijo al Señor:

–¿Por qué maltratas a tu siervo y no le concedes tu favor, sino que le haces cargar con todo este pueblo? 12¿He concebido yo a todo este pueblo o lo he dado a luz para que me digas: Toma en brazos a este pueblo, como una nodriza a la criatura, y llévalo a la tierra que prometí a sus padres? 13¿De dónde sacaré carne para repartirla a todo el pueblo? Vienen a mí llorando: Danos de comer carne. 14Yo sólo no puedo cargar con todo este pueblo, porque supera mis fuerzas. 15Si me vas a tratar así, más vale que me hagas morir; concédeme este favor, y no tendré que pasar tales penas.

 

Anuncio y cumplimiento

(Éx 18,21-26)

16El Señor respondió a Moisés:

–Tráeme setenta dirigentes que te conste que dirigen y gobiernan al pueblo, llévalos a la tienda del encuentro y que esperen allí contigo. 17Yo bajaré y hablaré allí contigo. Apartaré una parte del espíritu que posees y se lo pasaré a ellos, para que se repartan contigo la carga del pueblo y no la tengas que llevar tú solo.

18Al pueblo le dirás: Purifíquense para mañana, porque comerán carne. Han llorado pidiendo al Señor: ¡Quién nos diera carne! Nos iba mejor en Egipto. El Señor les dará de comer carne. 19No un día, ni dos, ni cinco, ni diez, ni veinte, 20sino un mes entero, hasta que les produzca náusea y la vomiten. Porque han rechazado al Señor, que va en medio de ustedes y han llorado ante él diciendo: ¿Por qué salimos de Egipto?

21Replicó Moisés:

–El pueblo que va conmigo cuenta seiscientos mil de a pie, y tú dices que les darás carne para que coman un mes entero. 22Aunque se maten las vacas y las ovejas, no les bastará, y aunque se reúnan todos los peces del mar, no les bastaría.

23El Señor dijo a Moisés:

–¿Tan mezquina es la mano de Dios? Ahora verás si mi palabra se cumple o no.

24Moisés salió y comunicó al pueblo las palabras del Señor. Después reunió a los setenta dirigentes del pueblo y los colocó alrededor de la tienda. 25El Señor bajó en la nube, habló con él, y apartando parte del espíritu que poseía, se lo pasó a los setenta dirigentes del pueblo. Al posarse sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar, una sola vez.

 

Eldad y Medad

26Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad. Aunque estaban en la lista, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu se posó sobre ellos, y se pusieron a profetizar en el campamento. 27Un muchacho corrió a contárselo a Moisés:

–Eldad y Medad están profetizando en el campamento.

28Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino:

–Prohíbeselo tú, Moisés, señor mío.

29Moisés le respondió:

–¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!

30Moisés volvió al campamento con los dirigentes israelitas.

 

Tumbas de Quibrot Hatavá

31El Señor levantó un viento del mar, que trajo bandadas de codornices y las arrojó junto al campamento, aleteando a un metro del suelo en una extensión de una jornada de camino. 32El pueblo se pasó todo el día, la noche y el día siguiente recogiendo codornices, y el que menos, recogió diez cargas, y las tendían alrededor del campamento.

33Con la carne aún entre los dientes, sin masticar, la ira del Señor hirvió contra ellos y los hirió con una grave mortandad. 34El lugar se llamó Quibrot Hatavá, porque allí enterraron a los glotones.

35Desde allí se marcharon a Jaserot, donde se quedaron.

 

Moisés y sus hermanos

12 1María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado por esposa. 2Dijeron:

–¿Ha hablado el Señor sólo a Moisés? ¿No nos ha hablado también a nosotros?

El Señor lo oyó.

3Moisés era el hombre más sufrido del mundo.

4El Señor habló de repente a Moisés, Aarón y María:

–Vayan los tres hacia la tienda del encuentro.

Y los tres salieron.

5El Señor bajó en la columna de nube y se colocó a la entrada de la tienda, y llamó a Aarón y María. Ellos se adelantaron y el Señor 6les dijo:

–Escuchen mis palabras: Cuando entre ustedes hay un profeta del Señor, me doy a conocer a él en visión y le hablo en sueños; 7no es así con mi siervo Moisés, el más fiel de todos mis siervos. 8A él le hablo cara a cara; en presencia, no con enigmas, y él contempla la figura del Señor. ¿Cómo se han atrevido a hablar contra mi servidor Moisés?

9La ira del Señor se encendió contra ellos, y el Señor se marchó. 10Al apartarse la nube de la tienda, María tenía toda la piel descolorida, como la nieve. Aarón se volvió y vio que estaba leprosa.

11Entonces Aarón dijo a Moisés:

–Perdón; no nos exijas cuentas del pecado que hemos cometido insensatamente. 12No dejes a María como un aborto que sale del vientre, con la mitad de la carne comida.

13Moisés suplicó al Señor:

–Por favor, Dios, sánala.

14El Señor respondió:

–Si su padre le hubiera escupido en la cara, tendría que soportar esa deshonra siete días. Sáquenla fuera del campamento siete días y el séptimo se incorporará de nuevo.

15La echaron siete días fuera del campamento, y el pueblo no se puso en marcha hasta que María se incorporó a ellos. 16Después marcharon de Jaserot y acamparon en el desierto de Farán.

 

Los exploradores

(Dt 1,19-40)

13 1El Señor dijo a Moisés:

2–Envía gente a explorar el país de Canaán, que yo voy a entregar a los israelitas; envía uno de cada tribu, y que todos sean jefes.

3Moisés los envió desde el desierto de Farán, según la orden del Señor; todos eran jefes de los israelitas.

4Sus nombres eran los siguientes: de la tribu de Rubén, Samúa, hijo de Zacur; 5de la tribu de Simeón, Safat, hijo de Horí; 6de la tribu de Judá, Caleb, hijo de Jefoné; 7de la tribu de Isacar, Yigal, hijo de José; 8de la tribu de Efraín, Hosea, hijo de Nun; 9de la tribu de Benjamín, Paltí, hijo de Rafú; 10de la tribu de Zabulón, Gadiel, hijo de Sodí; 11de la tribu de Manasés –hijo de José–, Gadí, hijo de Susí; 12de la tribu de Dan, Amiel, hijo de Gamalí; 13de la tribu de Aser, Satur, hijo de Miguel; 14de la tribu de Neftalí, Najbí, hijo de Vafsí; 15de la tribu de Gad, Guevel, hijo de Maquí.

16Éstos son los nombres de los que envió Moisés a explorar el país; a Hosea, hijo de Nun, le cambió el nombre en Josué.

17Moisés los envió a explorar el país de Canaán, diciéndoles:

–Suban por este desierto hasta llegar a la montaña. 18Observen cómo es el país y sus habitantes, si son fuertes o débiles, escasos o numerosos; 19cómo es la tierra, buena o mala; cómo son las ciudades que habitan, de carpas o amuralladas; 20cómo es la tierra, fértil o estéril, con vegetación o sin ella. Sean valientes y traigan frutos del país. Era la estación en que maduran las primeras uvas.

21Subieron ellos y exploraron el país desde Sin hasta Rejob, junto a la Entrada de Jamat. 22Subieron por el desierto de Sin y llegaron hasta Hebrón, donde vivían Ajimán, Sesay y Tolmay, hijos de Anac. Hebrón había sido fundada siete años antes que Soán de Egipto. 23Llegados a Nájal Escol cortaron un ramo con un solo racimo de uvas, lo colgaron en una vara y lo llevaron entre dos. También cortaron granadas e higos.

24Ese lugar se llama Nájal Escol, por el racimo que allí cortaron los israelitas.

 

Informe

25Al cabo de cuarenta días volvieron de explorar el país, 26y se presentaron a Moisés, a Aarón y a toda la comunidad israelita, en el desierto de Farán, en Cades. Les presentaron el informe a ellos, a toda la comunidad israelita, y les enseñaron los frutos del país. 27Y les contaron:

–Hemos entrado en el país adonde nos enviaste; es una tierra que mana leche y miel; aquí tienen sus frutos. 28Pero el pueblo que habita el país es poderoso, tiene grandes ciudades fortificadas, hemos visto allí a los anaquitas. 29En la zona del desierto habitan los amalecitas; los heteos, jebuseos y amorreos viven en la montaña; los cananeos, junto al mar y junto al Jordán.

30Caleb hizo callar al pueblo ante Moisés, y dijo:

–Tenemos que subir y apoderarnos del país, porque podremos contra él.

31Pero los que habían subido con él replicaron:

–No podemos atacar al pueblo, porque es más fuerte que nosotros.

32Y desacreditaban la tierra que habían explorado delante de los israelitas:

–La tierra que hemos cruzado y explorado es una tierra que devora a sus habitantes; el pueblo que hemos visto en ella es de gran estatura. 33Hemos visto allí nefileos, hijos de Anac: parecíamos langostas a su lado, y así nos veían ellos.

 

Rebeldía contra el Señor

Motín

(20,3-5; Éx 14,11s; 16,3; 17,3)

14 1Entonces toda la comunidad empezó a dar gritos, y el pueblo lloró toda la noche. 2Los israelitas protestaban contra Moisés y Aarón, y toda la comunidad les decía:

–¡Ojalá hubiéramos muerto en Egipto o en este desierto, ojalá muriéramos! 3¿Por qué nos ha traído el Señor a esta tierra?, ¿para que caigamos a espada y nuestras mujeres e hijos caigan cautivos? ¿No es mejor volvernos a Egipto?

4Y se decían unos a otros:

–Nombraremos un jefe y volveremos a Egipto.

5Moisés y Aarón se echaron rostro en tierra ante toda la comunidad israelita. 6Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefoné, dos de los exploradores, se rasgaron los vestidos, 7y dijeron a la comunidad israelita:

–La tierra que hemos recorrido en exploración es una tierra excelente. 8Si el Señor nos aprecia, nos hará entrar en ella y nos la dará: es una tierra que mana leche y miel. 9Pero no se rebelen contra el Señor ni teman al pueblo del país, porque los venceremos fácilmente. Su Sombra protectora se ha apartado de ellos, mientras que el Señor está con nosotros. ¡No les tengan miedo!

10Pero la comunidad entera hablaba de apedrearlos, cuando la Gloria del Señor apareció en la tienda del encuentro ante todos los israelitas.

 

Intercesión

(Éx 32,7-14; Dt 9,25-29)

11El Señor dijo a Moisés:

–¿Hasta cuándo me despreciará este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán con todos los signos que he hecho entre ellos? 12Voy a herirlo de peste y a desheredarlo. De ti sacaré un pueblo grande, más numeroso que ellos.

13Moisés replicó al Señor:

–Se enterarán los egipcios, ya que tú, con tu fuerza, sacaste a este pueblo de en medio de ellos, 14y se lo dirán a los habitantes de esta tierra. Han oído que tú, Señor, estás en medio de este pueblo; que tú, Señor, te dejas ver cara a cara; que tu nube está sobre ellos, y tú caminas delante en columna de nube de día y en columna de fuego de noche. 15Si ahora das muerte a este pueblo como a un solo hombre, oirán la noticia las naciones y dirán: 16El Señor no ha podido llevar a este pueblo a la tierra que les había prometido; por eso los ha matado en el desierto. 17Por tanto, muestra tu gran fuerza, como lo has prometido. 18Señor, paciente y misericordioso, que perdonas la culpa y el delito, pero no dejas impune; que castigas la culpa de los padres en los hijos, nietos y bisnietos, 19perdona la culpa de este pueblo por tu gran misericordia, ya que lo has traído desde Egipto hasta aquí.

 

Perdón y castigo

20El Señor respondió:

–Perdono, como me lo pides. 21Pero ¡por mi vida y por la Gloria del Señor que llena la tierra!, 22ninguno de los hombres que vieron mi Gloria y los signos que hice en Egipto y en el desierto, y me han puesto a prueba, ya van diez veces, y no me han obedecido, 23verá la tierra que prometí a sus padres, ninguno de los que me han despreciado la verá. 24Pero a mi siervo Caleb, que tiene otro espíritu y me fue enteramente fiel, lo haré entrar en la tierra que ha visitado, y sus descendientes la poseerán. 25Pero como los amalecitas y cananeos habitan en el valle, mañana se dirigirán al desierto, camino del Mar Rojo.

26El Señor añadió a Moisés y a Aarón:

27–¿Hasta cuándo seguirá esta comunidad malvada protestando contra mí? He oído a los israelitas protestar contra mí. 28Por eso, diles: ¡Por mi vida!, oráculo del Señor, yo haré que les suceda a ustedes lo mismo que me han dicho en la cara; 29en este desierto caerán sus cadáveres, todos los mayores de veinte años que fueron registrados en el censo y que han hablado mal de mí morirán 30no entrarán en la tierra donde juré que los establecería. Sólo exceptúo a Josué, hijo de Nun, y a Caleb, hijo de Jefoné.

31A sus niños, de quienes dijeron que caerían cautivos, los haré entrar para que conozcan la tierra que ustedes han despreciado. 32Mientras que los cadáveres de ustedes caerán en este desierto. 33Sus hijos serán pastores en el desierto durante cuarenta años y cargarán con la infidelidad de ustedes, hasta que el último cadáver quede tendido en el desierto. 34Ustedes cargarán con su culpa durante cuarenta años por los cuarenta días que emplearon en explorar la tierra, cargarán con su culpa un año por cada día, cuarenta años. Para que sepan lo que es desobedecerme. 35Yo, el Señor, juro que trataré así a esa comunidad perversa que se ha amotinado contra mí: en este desierto se consumirán y en él morirán.

36En cuanto a los hombres que envió Moisés a explorar la tierra y volvieron e incitaron contra él a toda la comunidad, desacreditando la tierra, 37los hombres que desacreditaron la tierra murieron fulminados ante el Señor. 38Sólo Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefoné, quedaron con vida de todos los que habían explorado la tierra.

39Moisés comunicó estas palabras a todos los israelitas, y el pueblo hizo gran duelo.

 

Derrota

40A la mañana siguiente se levantaron y subieron a la cima del monte, diciendo:

–Subiremos al sitio que el Señor nos dijo. Hemos pecado.

41Moisés contestó:

–¿Por qué quebrantan el mandato del Señor? Fracasarán. 42No suban, porque el Señor no está con ustedes y los derrotará el enemigo. 43Los amalecitas y los cananeos les harán frente, y caerán a espada. Se han apartado del Señor, y por eso el Señor no está con ustedes.

44Pero ellos se empeñaron en subir a la cima del monte, mientras el arca y Moisés no se movían del campamento. 45Los amalecitas y cananeos que habitaban en la montaña bajaron y los derrotaron completamente y los persiguieron hasta Jorma.

 

Prescripciones sobre los sacrificios

Ofrendas y libaciones

15 1El Señor habló a Moisés:

2–Di a los israelitas: Cuando entren en la tierra que yo les voy a dar para que la habiten 3y hagan una oblación al Señor, de ganado mayor o menor –sea holocausto o sacrificio de comunión voluntario o en cumplimiento de un voto o con ocasión de una fiesta, oblación de aroma que aplaca al Señor–, 4el que haga la ofrenda ofrecerá la décima parte de una medida de harina de la mejor calidad amasada con un litro de aceite, 5y añadirá al holocausto o sacrificio de comunión una libación de un litro de vino por cada cordero. 6Si se trata de un carnero, añadirá una ofrenda de dos décimas partes de una medida de harina de la mejor calidad amasada con dos litros y cuarto de aceite 7y una libación de dos litros y cuarto de vino, aroma que aplaca al Señor.

8Si el holocausto o sacrificio de comunión –en cumplimiento de un voto o en acción de gracias al Señor– es de un novillo, 9añadirás una ofrenda de tres décimas partes de una medida de harina de la mejor calidad amasada con dos litros de aceite, 10y una libación de dos litros de vino, oblación de aroma que aplaca al Señor.

11Esto es lo que hay que ofrecer con un toro, un carnero, una oveja o una cabra. 12Aplicarán siempre esta proporción.

13Los israelitas procederán así cuando ofrezcan una oblación de aroma que aplaca al Señor. 14Si en el futuro un emigrante que viva o se encuentre entre ustedes quiere ofrecer una oblación de aroma que aplaca al Señor, hará lo mismo que ustedes. 15El mismo rito observarán ustedes y el emigrante residente entre ustedes. Ésta es una ley perpetua para todas las generaciones. Ante el Señor el emigrante es igual que ustedes. 16El mismo ritual y ceremonial observarán ustedes y el emigrante residente entre ustedes.

17El Señor habló a Moisés:

18–Di a los israelitas: Cuando entren en la tierra a la que los llevo 19y coman su pan, ofrecerán en tributo al Señor, 20de la primera harina, una torta como tributo de la trilla. 21Por todas las generaciones darán al Señor un tributo de la primera harina.

22Cuando por inadvertencia descuiden alguno de estos preceptos que el Señor ha dado a Moisés, 23es decir, lo que el Señor les ha mandado por medio de Moisés, desde el día de su promulgación y en adelante por todas las generaciones: 24si es toda la comunidad la que ha faltado por inadvertencia, ofrecerá en holocausto, aroma que aplaca al Señor, un novillo con su ofrenda y su libación según el ceremonial y un chivo en sacrificio expiatorio.

25El sacerdote realizará el rito de expiación por toda la comunidad israelita y quedará perdonada, porque se trataba de una inadvertencia, y por ella han ofrecido la oblación y la víctima expiatoria al Señor. 26Quedará perdonada toda la comunidad israelita y también el emigrante que reside entre ellos, porque la inadvertencia fue de todo el pueblo.

27Si es uno solo el que ha pecado por inadvertencia, ofrecerá un cabrito de un año en sacrificio expiatorio. 28El sacerdote realizará el rito de expiación por él en presencia del Señor, y quedará perdonado. 29La misma norma vale para el israelita y para el emigrante residente entre ellos en casos de inadvertencia. 30Pero el israelita o emigrante que a conciencia provoque al Señor, será excluido de su pueblo. 31Por haber menospreciado la palabra del Señor y haber quebrantado sus preceptos, será excluido. Cargará con su culpa.

 

Violación del sábado

32Estando los israelitas en el desierto, sorprendieron a un hombre recogiendo leña en sábado. 33Se lo llevaron a Moisés, a Aarón y a toda la comunidad. 34Lo arrestaron mientras se decidía lo que había que hacer con él.

35El Señor dijo a Moisés:

–Ese hombre debe ser castigado con la muerte. Que toda la comunidad lo apedree fuera del campamento.

36La comunidad lo sacó fuera del campamento y lo apedrearon hasta matarlo, como el Señor había mandado a Moisés.

37El Señor habló a Moisés:

38–Di a los israelitas: Háganse borlas y cósanlas con hilo violeta en el borde de sus vestidos. 39Cuando las vean, les recordarán los mandamientos del Señor y les ayudarán a cumplirlos sin ceder a los caprichos del corazón y de los ojos, que los arrastran al desenfreno. 40Así recordarán y cumplirán todos mis mandatos y vivirán consagrados a su Dios. 41Yo soy el Señor, su Dios, que los sacó de Egipto para ser su Dios. Yo soy el Señor, su Dios.

 

El pueblo, el Señor y Aarón

Rebelión de Córaj, Datán y Abirán

(26,9-11; Dt 11,6; Eclo 45,18s)

16 1Córaj, hijo de Yishar, hijo de Quehat, levita; Datán y Abirán, hijos de Eliab, y On, hijo de Pélet, rubenitas, 2se rebelaron contra Moisés, y con ellos doscientos cincuenta hombres, jefes de la asamblea, escogidos para su cargo y de buena reputación. 3Se amotinaron contra Moisés y Aarón, diciendo:

–Ya está bien. Toda la comunidad es sagrada y en medio de ella está el Señor, pero ¿por qué se ponen encima de la asamblea del Señor?

4Moisés, al oírlo, se echó por tierra 5y dijo a Córaj y a sus secuaces:

–Mañana el Señor hará saber quién es el que le pertenece: al consagrado lo hará acercarse, al escogido lo hará acercarse. 6Hagan, lo siguiente: Córaj y todos sus secuaces, tomen los incensarios, 7pongan en ellos fuego y mañana echen incienso ante el Señor. El hombre que el Señor escoja, ése, le está consagrado. Ya está bien, levitas.

8Moisés dijo a Córaj:

–Escúchenme, levitas: 9¿Todavía les parece poco? El Dios de Israel los ha separado de la asamblea de Israel para que estén cerca de él, presten servicio en su santuario y estén a disposición de la asamblea para servirle. 10A ti y a tus hermanos levitas los ha promovido. ¿Por qué reclaman también el sacerdocio? 11Tú y tus secuaces se han rebelado contra el Señor, porque ¿quién es Aarón para que protesten contra él?

12Moisés mandó llamar a Datán y a Abirán, hijos de Eliab, los cuales dijeron:

–No iremos. 13¿No te basta con habernos sacado de una tierra que mana leche y miel para darnos muerte en el desierto, que todavía pretendes ser nuestro jefe? 14No nos has llevado a una tierra que mana leche y miel, ni nos has dado en herencia campos, ni viñas, ¿y quieres sacarle los ojos a esta gente? No iremos.

15Moisés se enfureció y dijo al Señor:

–No aceptes sus ofrendas. Ni un asno he recibido de ellos ni he perjudicado a ninguno.

16Después dijo a Córaj:

–Mañana, tú y tus secuaces se presentarán ante el Señor, y también lo hará Aarón. 17Que cada uno tome su incensario, eche incienso y lo ofrezca al Señor. Cada uno de los doscientos cincuenta con su incensario, y tú y Aarón el suyo.

18Tomó, cada uno su incensario, puso fuego, echó incienso y se colocaron a la entrada de la tienda del encuentro con Moisés y Aarón. 19También Córaj reunió a sus secuaces a la entrada de la tienda del encuentro.

La Gloria del Señor se mostró a todos los reunidos, 20y el Señor dijo a Moisés y a Aarón:

21–Apártense de ese grupo, que los voy a consumir al instante.

 

Intercesión y castigo

22Ellos cayeron rostro a tierra y oraron: Dios, Dios de los espíritus de todos los vivientes, uno solo ha pecado, ¿y vas a irritarte contra todos?

23El Señor respondió a Moisés:

24–Di a la gente que se aparte de las tiendas de Córaj, Datán y Abirán.

25Moisés se levantó y se dirigió a donde estaban Datán y Abirán, y le siguieron las autoridades de Israel, 26y dijo a la asamblea:

–Apártense de las tiendas de estos hombres culpables y no toquen nada de lo suyo para no quedar comprometidos con sus pecados.

27Ellos se apartaron de las tiendas de Córaj, Datán y Abirán, mientras Datán y Abirán, con sus mujeres, hijos y niños, salieron a esperar a la entrada de sus tiendas.

28Dijo entonces Moisés:

–En esto conocerán que es el Señor quien me ha enviado a actuar así y que no obro por cuenta propia. 29Si éstos mueren de muerte natural, según el destino de todos los hombres, es que el Señor no me ha enviado; 30pero si el Señor hace un milagro, si la tierra se abre y se los traga con los suyos, y bajan vivos al abismo, entonces sabrán que estos hombres han despreciado al Señor.

31Apenas había terminado de hablar, cuando el suelo se resquebrajó debajo de ellos, 32la tierra abrió la boca y se los tragó con todas sus familias, y también a la gente de Córaj con sus posesiones. 33Ellos con todos los suyos bajaron vivos al abismo; la tierra los cubrió y desaparecieron de la asamblea.

34Al ruido, todo Israel, que estaba alrededor, echó a correr, pensando que los tragaba la tierra. 35Y el Señor hizo estallar un fuego que consumió a los doscientos cincuenta hombres que habían llevado el incienso.

 

Prerrogativas de los aaronitas

17 1El Señor habló a Moisés:

2–Di a Eleazar, hijo de Aarón, el sacerdote, que retire del fuego los incensarios y que desparrame las brasas, porque son santas; 3con los incensarios de esos que murieron por su pecado hagan chapas, que aplicarán al altar, porque en ellos se ofreció incienso al Señor y quedaron así consagrados. Y serán un signo para los israelitas.

4El sacerdote Eleazar tomó los incensarios de bronce que habían ofrecido los muertos en el incendio y los transformó en chapas, que aplicó al altar, 5como aviso a los israelitas, para que nadie que no sea de la estirpe de Aarón se meta a ofrecer incienso al Señor. Para que no le suceda lo que a Córaj y a su banda, como lo había anunciado el Señor por medio de Moisés.

6Al día siguiente toda la comunidad israelita protestó contra Moisés y Aarón, diciendo:

–Están matando al pueblo del Señor.

7Y como se formaba un motín contra Moisés y Aarón, ellos se dirigieron a la tienda del encuentro; la nube la cubrió y apareció la Gloria del Señor. 8Moisés y Aarón entraron en la tienda del encuentro, 9y el Señor les habló:

10–Apártense de esa comunidad, y los consumiré al instante.

11Pero ellos se echaron rostro a tierra, y Moisés dijo a Aarón:

–Toma el incensario, pon en él brasas del altar, echa incienso y ve aprisa a la comunidad para realizar el rito de expiación por ella, porque ha estallado contra ellos la cólera del Señor y ha comenzado a hacer estragos.

12Aarón hizo lo que decía Moisés, corrió a la comunidad y encontró que el pueblo había comenzado a sufrir estragos. Entonces puso incienso para realizar el rito de expiación por ellos, 13y colocándose entre los muertos y los vivos, detuvo la mortandad. 14Los muertos fueron catorce mil setecientos, sin contar los muertos en el motín de Córaj.

15Cuando Aarón volvió a Moisés, a la tienda del encuentro, la mortandad había cesado.

 

Prerrogativas de los levitas

(16)

16El Señor habló a Moisés:

17–Di a los israelitas que te traigan varas: una por cada jefe de familia, doce en total, y que cada uno escriba en ella su nombre. 18En la vara de Leví irá escrito el nombre de Aarón. Una vara por cada cabeza de tribu. 19Colóquenlas en la tienda del encuentro, ante el documento de la alianza que he hecho con ellos. 20La vara del que yo elija, florecerá. Y así acabaré con las protestas de los israelitas contra ustedes.

21Moisés dijo a los israelitas que le trajeran doce varas, una por cada jefe de tribu, y entre ellas la vara de Aarón. 22Moisés depositó las varas ante el Señor en la tienda de la alianza. 23Al día siguiente, cuando Moisés entró en la tienda de la alianza, vio que había florecido la vara de Aarón, representante de la tribu de Leví: echaba brotes y flores, y las flores maduraban hasta hacerse almendras.

24Moisés sacó todas las varas de la presencia del Señor y se las llevó a los israelitas. Ellos las examinaron, y cada cual recogió la suya.

25El Señor dijo a Moisés:

–Lleva otra vez la vara de Aarón a la presencia del documento de la alianza, para que se conserve como signo contra los rebeldes. Cesen sus protestas contra mí, y no morirán.

26Moisés hizo exactamente lo que le mandaba el Señor.

27Los israelitas dijeron a Moisés:

–Nos morimos, nos estamos muriendo todos. 28El que se acerca a la morada del Señor, muere. ¿Vamos a morirnos todos?

 

Funciones y derechos de aaronitas y levitas

Aaronitas y levitas

(Ez 44)

18 1El Señor dijo a Aarón:

–Tú serás responsable de los objetos sagrados, con tus hijos y familia; tú, con tus hijos, serán responsables de los sacerdotes. 2A tus hermanos de la tribu de Leví, la tribu de tu padre, los traerás contigo y se unirán a ti para ayudarte cuando tú y tus hijos estén en la tienda de la alianza. 3Custodiarán tu zona y toda la tienda, pero sin meterse hasta el altar y el ajuar sagrado, porque morirían ellos y también ustedes. 4Se unirán a ti para custodiar la tienda del encuentro, para las tareas de la tienda, y ningún extraño se meterá entre ustedes. 5Custodiarás el santuario y el altar y los objetos sagrados, y no volverá a estallar la cólera contra los israelitas. 6Yo mismo he escogido a los levitas, tus hermanos, entre los israelitas, para dárselos a ustedes, entregados al Señor para el servicio de la tienda del encuentro. 7Tú con tus hijos ejercerán el sacerdocio: todo lo relacionado con el altar o que se realiza tras la cortina; ustedes desempeñarán esas tareas, porque a ustedes les he dado el sacerdocio, y al extraño que intente meterse, se le matará.

 

Tributos para los sacerdotes

(Lv 7,28-36)

8El Señor dijo a Aarón:

–Yo te doy lo que se guarda de mis tributos. Lo que los israelitas consagran te lo doy a ti y a tus hijos, como privilegio de la unción. Es derecho perpetuo.

9De lo sagrado y de las oblaciones que no se queman te corresponde lo siguiente: todas las ofrendas, las oblaciones, los sacrificios expiatorios y los sacrificios penitenciales que me ofrezcan. Son cosa sagrada, que te corresponde a ti y a tus hijos. 10Comerán lo sagrado: todo varón lo podrá comer. Pero deberá tratarlo como algo santo.

11Además, te corresponde lo siguiente: la parte reservada de los dones que los israelitas presentan para la agitación ritual. Yo te la doy a ti, a tus hijos e hijas como derecho perpetuo. Los de tu casa que estén puros la podrán comer.

12Lo mejor del aceite, del vino y del trigo, las primicias que se ofrecen al Señor, a ti te las doy. 13Las primicias de sus tierras que ellos presentan al Señor, a ti te corresponden. Los de tu casa que estén puros las podrán comer. 14Lo que Israel dedica a Dios, a ti te corresponde.

15Todo primogénito, de animal o de hombre, que ellos ofrecen al Señor, a ti te corresponde. Pero deja que rescaten los primogénitos del hombre y también los de animales impuros. 16Los rescatarán cuando tengan un mes, tasándolos en cincuenta gramos –pesos del templo–, dos óbolos por gramo.

17Los primeros partos de vaca, oveja y cabra no se rescatarán: son cosa santa. Derramarás su sangre en torno al altar, quemarás su grasa en oblación de aroma que aplaca al Señor: 18su carne te corresponde a ti, lo mismo que el pecho agitado ritualmente y la pierna derecha.

19Todos los tributos sagrados de los israelitas te los doy a ti, a tus hijos e hijas, como derecho perpetuo: es una alianza perpetua, sellada con sal delante del Señor, para ti y tus descendientes.

 

Diezmos para los levitas

(Lv 27,30-33)

20El Señor dijo a Aarón:

–Tú no recibirás herencia en el territorio de los israelitas ni tendrás una parte en medio de ellos. Yo soy tu parte y tu herencia en medio de ellos. 21Yo doy como herencia a los levitas todos los diezmos en pago de los servicios que me prestan en el servicio de la tienda del encuentro. 22Los israelitas no volverán a incurrir en pecado y a morir por meterse en la tienda del encuentro. 23Los levitas desempeñarán las tareas de la tienda del encuentro y ellos serán los responsables por los israelitas. Ésta es una ley perpetua para sus descendientes, que no recibirán herencia en medio de los israelitas. 24Porque yo les doy a los levitas como herencia los diezmos que los israelitas reservan para el Señor. Por eso les he dicho que no recibirán herencia en medio de los israelitas.

25El Señor habló a Moisés:

26–Di a los levitas: Cuando reciban de los israelitas los diezmos que yo les doy como herencia, ofrecerán en tributo al Señor la décima parte de los diezmos. 27Esto les será tenido en cuenta como contribución, como hacen los israelitas cuando dan una parte de su trigo y de su vino. 28De ese modo también ustedes pagarán tributo al Señor por todos los diezmos que reciben de los israelitas. Y esa parte que reservan para el Señor se la darán a Aarón, el sacerdote. 29De todos los dones que reciban, reservarán un tributo para el Señor. La mejor parte será la consagrada.

30También les dirás: Después de haber apartado la grasa, los diezmos serán para los levitas, como si fueran su trigo y su vino. 31Ustedes pueden comerlos en cualquier lugar con sus familias, porque es su salario por el servicio que prestan en la tienda del encuentro. 32Si reservan la mejor parte, no cargarán con pecado, no profanarán lo consagrado por los israelitas, y no morirán.

 

La vaca de pelo rojizo

19 1El Señor habló a Moisés y a Aarón:

2–Ésta es la ley que ha dado el Señor: Di a los israelitas que te traigan una vaca de pelo rojizo sin tara ni defecto y que nunca haya llevado el yugo, 3y que se la entreguen al sacerdote Eleazar. Él la sacará fuera del campamento, donde la degollarán en su presencia.

4El sacerdote Eleazar untará un dedo en su sangre y salpicará siete veces hacia la tienda del encuentro. 5Y mandará quemar la vaca en su presencia: se quemará la piel, la carne y la sangre con los intestinos. 6Después el sacerdote tomará ramas de cedro, hisopo y púrpura escarlata y los echará al fuego, donde arde la vaca. 7El sacerdote lavará sus vestidos, se bañará y después volverá al campamento. Quedará impuro hasta la tarde. 8El que la quemó, lavará sus vestidos, se bañará y quedará impuro hasta la tarde.

9Un hombre puro se encargará de recoger las cenizas de la vaca y las depositará en un lugar puro fuera del campamento. La comunidad israelita las conservará para preparar el agua, que se usará en el rito de purificación. 10El que recogió las cenizas de la vaca lavará sus vestidos y quedará impuro hasta la tarde.

Leyes de pureza ritual

Ésta es una ley perpetua para los israelitas y para los emigrantes que viven con ellos. 11El que toque un muerto, un cadáver humano, quedará impuro por siete días. 12Se purificará con dicha agua al tercero y al séptimo día, y quedará puro; si no lo hace, no quedará puro. 13El que toque un muerto, un cadáver humano, y no se purifique, contamina la morada del Señor y será excluido de Israel, porque no ha sido rociado con agua de purificación. Sigue impuro y la impureza sigue en él.

14Ésta es la ley para cuando un hombre muere dentro de una tienda: El que entre en la tienda y todo lo que hay en ella quedan impuros por siete días. 15Todo recipiente abierto que no estaba tapado queda impuro. 16El que toque en el campo el cadáver de un hombre apuñalado o cualquier muerto o huesos humanos, o una sepultura, quedará impuro por siete días.

17Para el hombre impuro tomarán un poco de ceniza de la víctima quemada y echarán agua de manantial en un vaso sobre la ceniza. 18Un hombre puro tomará un hisopo, lo mojará en el agua y rociará la tienda, los utensilios, todas las personas que estén allí y al que haya tocado huesos, o un cadáver, o un muerto, o una sepultura. 19El hombre puro rociará al impuro los días tercero y séptimo. El séptimo día quedará libre de su pecado, lavará sus vestidos, se bañará y a la tarde quedará puro.

20El hombre impuro que no se haya purificado será excluido de la asamblea, por haber contaminado el santuario del Señor. No ha sido rociado con agua de purificación: él sigue impuro.

21Ésta es una ley perpetua: El que ha hecho la aspersión con las aguas de purificación lavará sus vestidos. El que toque las aguas de purificación quedará impuro hasta la tarde. 22Todo lo que toque el impuro quedará impuro. La persona que toque al impuro quedará impuro hasta la tarde.

 

Agua de la roca:

sentencia contra Moisés y Aarón

(Éx 17,1-7)

20 1La comunidad entera de los israelitas llegó al desierto del Sin el mes primero, y el pueblo se instaló en Cades. Allí murió María y allí la enterraron. 2Faltó agua al pueblo y se amotinaron contra Moisés y Aarón. 3El pueblo se encaró con Moisés, diciendo:

–¡Ojalá hubiéramos muerto como nuestros hermanos, delante del Señor! 4¿Por qué han traído a la comunidad del Señor a este desierto, para que muramos en él nosotros y nuestras bestias? 5¿Por qué nos han sacado de Egipto para traernos a este sitio horrible, que no tiene grano, ni higueras, ni viñas, ni granados, ni agua para beber?

6Moisés y Aarón se apartaron de la comunidad y se dirigieron a la entrada de la tienda del encuentro, y delante de ella se echaron rostro en tierra. La Gloria del Señor se les apareció, 7y el Señor dijo a Moisés:

8–Agarra el bastón, reúne la asamblea tú con tu hermano Aarón, y en presencia de ellos ordenen a la roca que dé agua. Sacarás agua de la roca para darles de beber a ellos y a sus bestias.

9Moisés retiró la vara de la presencia del Señor, como se lo mandaba; 10Moisés y Aarón reunieron la asamblea delante de la roca, y les dijo:

–Escuchen, rebeldes: ¿creen que podemos hacer brotar agua de esta roca?

11Moisés alzó la mano y golpeó la roca dos veces con el bastón, y brotó agua tan abundante que bebió toda la gente y las bestias.

12El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

–Por no haberme creído, por no haber reconocido mi santidad en presencia de los israelitas, no harán entrar a esta comunidad en la tierra que les voy a dar.

13Éste es el manantial de Meribá, donde los israelitas promovieron una querella contra el Señor, y él les mostró su santidad.

 

De Cades al Jordán

 

Edom niega el paso a Israel

(Jue 11,16s)

14Desde Cades Moisés despachó mensajeros al rey de Edom con este mensaje: Así dice tu hermano Israel: Ya conoces todas las fatigas que hemos pasado. 15Nuestros padres bajaron a Egipto, donde vivimos muchos años; los egipcios nos maltrataron a nosotros como a nuestros padres; 16entonces gritamos al Señor, él nos escuchó y envió un ángel para sacarnos de Egipto. Ahora nos encontramos en Cades, ciudad que linda con tu territorio. 17Déjanos cruzar por tu país: no atravesaremos ni campos, ni huertos, ni beberemos agua de los pozos; seguiremos el camino real, sin desviarnos a derecha ni a izquierda, hasta que hayamos atravesado tu territorio.

18El rey de Edom le contestó:

–No pasen por mi país si no quieren que los reciba con la espada.

19Insistieron los israelitas:

–Iremos por la calzada. Si nosotros o nuestro ganado bebemos agua tuya, te la pagaremos sin discutir. Déjanos pasar a pie.

20Él respondió:

–No pasen.

Y les salió al encuentro con una tropa numerosa y bien armada. 21Y como Edom se negó a dejar pasar a los israelitas por su territorio, ellos dieron un rodeo.

 

Muerte de Aarón

(Dt 10,6)

22Desde Cades toda la comunidad de Israel se dirigió al monte Hor. 23El Señor dijo a Moisés y a Aarón en el monte Hor, junto a la frontera de Edom:

24–Aarón se va a reunir con los suyos, ya que no entrará en la tierra que voy a dar a los israelitas, porque ustedes se rebelaron contra mi mandato en Meribá. 25Toma a Aarón y a su hijo Eleazar y sube con ellos al Monte Hor, 26quítale los ornamentos a Aarón y vísteselos a su hijo Eleazar, porque Aarón morirá allí.

27Moisés cumplió lo que le mandaba el Señor, y subió con ellos al Monte Hor, a la vista de toda la comunidad. 28Le quitó los ornamentos a Aarón y se los vistió a Eleazar, su hijo. Aarón murió allí, en la cima del monte. Moisés y Eleazar bajaron del monte 29y toda la comunidad, toda la casa de Israel, viendo que Aarón había muerto, lo lloró treinta días.

 

Exterminio

21 1Cuando el rey cananeo de Arad, en el Negueb, se enteró de que los israelitas se acercaban por el camino de Atarín, los atacó y capturó algunos prisioneros. 2Entonces Israel hizo voto al Señor:

–Si entregas a este pueblo en mi poder, consagraré al exterminio sus ciudades.

3El Señor escuchó a Israel, entregó a los cananeos en su poder, y ellos consagraron al exterminio sus ciudades. Y el lugar se llamó Jormá.

 

Serpientes

(Sab 16,5-14; 2 Re 18,4)

4Desde Monte Hor se encaminaron hacia el Mar Rojo, rodeando el territorio de Edom. El pueblo estaba extenuado del camino, 5y habló contra Dios y contra Moisés:

–¿Por qué nos has sacado de Egipto, para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan insípido.

6El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. 7Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:

–Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.

Moisés rezó al Señor por el pueblo, 8y el Señor le respondió:

–Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla.

9Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.

 

Diveresas etapas y victorias

Itinerario de Israel

10Los israelitas siguieron y acamparon en Obot. 11De allí siguieron y acamparon en Ruinas de Abarín, en el desierto, que se extiende al este de Moab. 12Desde allí siguieron y acamparon en el torrente Zared. 13Desde allí siguieron y acamparon al otro lado del Arnón, en el desierto, que sale del territorio de los amorreos porque el Arnón es frontera entre Moab y los amorreos. 14Así se dice en el libro de las batallas de Señor: Waheb en Sufá y los afluentes del Arnón, 15la ladera de los torrentes que se extienden hacia el territorio de Ar y se apoyan en territorios de Moab.

16Desde allí se trasladaron a Beer, El Pozo. Éste es el pozo donde el Señor dijo a Moisés: Reúne al pueblo y les daré agua.

17Los israelitas cantaban esta canción:

¡Brota, agua del pozo!

Cántenle al pozo.

     18Pozo que cavaron príncipes,

que abrieron jefes del pueblo,

con sus cetros, con sus bastones.

19Desde allí se trasladaron a Mattaná; de allí a Najaliel; de allí a Bamot. 20De allí, por el valle del campo de Moab, hacia la cumbre del Fasga, que mira hacia el desierto.

 

Victoria sobre Sijón

(Dt 2,24-37; Sal 136,19)

21Los israelitas despacharon mensajeros que dijeran a Sijón, rey de los amorreos:

22–Déjanos atravesar por tu tierra. No nos desviaremos ni por campo, ni por huerto, ni beberemos agua de pozo. Iremos por el camino real hasta atravesar tu territorio.

23Pero Sijón no permitió a Israel atravesar su territorio, sino que reunió toda su tropa, salió contra ellos al desierto, y llegado a Yahaz, atacó a Israel. 24Israel lo derrotó a filo de espada y se apoderó de su territorio, desde el Arnón al Yaboc y hasta el país de los amonitas porque Yazer es la frontera con los amonitas. 25Israel conquistó todas sus ciudades y se estableció en todas las ciudades amorreas, Jesbón y los pueblos de la comarca. 26Jesbón era la capital de Sijón, rey de los amorreos. Él había luchado contra el anterior rey de Moab y le había arrebatado su tierra desde el Yaboc al Arnón.

27Por eso canta el romance:

Entren en Jesbón. Que se edifique

y se restaure la capital de Sijón.

28Fuego ha salido de Jesbón,

llamas de la Villa de Sijón:

ha devorado a Ciudad Moab,

se ha tragado los cerros del Arnón.

29¡Ay de ti, Moab!

Estás perdido, pueblo de Camós.

Tus hijos que sobreviven y tus hijas

son cautivos del rey amorreo Sijón.

30Se quedan sin descendencia

desde Jesbón a Dibón.

 

Victoria sobre Og

(Dt 3,1-8; Sal 136,20)

31Israel se estableció así en tierra amorrea.

32Moisés despachó unos espías contra Yazer, que se apoderaron de los pueblos de la comarca, expulsando a sus habitantes amorreos. 33Después cambiaron de dirección y subieron por el camino de Basán. Og, rey de Basán, les salió al paso con toda su tropa, y los atacó en Edrey.

34El Señor dijo a Moisés:

–No le tengas miedo, yo lo entre-go en tu poder con toda su tropa y su tierra. Trátalo como a Sijón, rey de los amorreos, que habitaba en Jesbón.

35Los israelitas lo derrotaron a él y a toda su tropa, sin dejar uno con vida, y se apoderaron de su territorio.

 

Profecías de Balaán

Balac llama a Balaán

22 1Siguieron adelante y acamparon en las llanuras de Moab, al otro lado del Jordán, frente a Jericó. 2Balac, hijo de Sipor, vio cómo había tratado Israel a los amorreos, 3y Moab tuvo miedo de aquel pueblo tan numeroso; Moab tembló ante los israelitas. 4Y dijo a los senadores de Madián:

–Toda esta gente va a acabar con nuestra comarca como un buey acaba con la hierba de la pradera.

Balac, hijo de Sipor, era entonces rey de Moab. 5Y envió mensajeros a Balaán, hijo de Beor, que habitaba en Petor, junto al Éufrates, en tierra de amonitas, para que lo llamaran, diciéndole:

–Ha salido de Egipto un pueblo que cubre la superficie de la tierra, y se ha establecido frente a nosotros. 6Ven, por favor, a maldecir a ese pueblo, que es más numeroso que nosotros, a ver si logro derrotarlo y expulsarlo de la región. Porque yo sé que a quien tú bendices queda bendecido y a quien tú maldices queda maldecido.

7Los senadores de Moab y de Madián fueron con el dinero en la mano para pagar las maldiciones a donde estaba Balaán y le transmitieron el mensaje de Balac. 8Él les dijo:

–Duerman esta noche aquí y les comunicaré lo que el Señor me diga.

Los jefes de Moab se quedaron con Balaán.

 

Balaán se niega a ir

9Dios vino a ver a Balaán y le preguntó:

–¿Quiénes son esos que están contigo?

10Contestó Balaán:

–Me los ha enviado Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, con este mensaje: 11Un pueblo ha salido de Egipto que cubre la superficie de la tierra; ven pronto a maldecirlos, a ver si logro pelear con ellos y expulsarlos.

12Dios dijo a Balaán:

–No irás con ellos ni maldecirás a ese pueblo, que es bendito.

13Balaán se levantó a la mañana siguiente y dijo a los ministros de Balac:

–Vuelvan a su tierra, porque el Señor no me deja ir con ustedes.

14Los jefes de Moab se levantaron, y llegados a casa de Balac, le dijeron:

–Balaán se ha negado a venir con nosotros.

15Pero Balac despachó otros jefes más numerosos e importantes que los anteriores, 16los cuales llegaron adonde estaba Balaán y le dijeron:

–Así dice Balac, hijo de Sipor: No rehúses venir a verme, 17porque te haré muy rico y haré todo lo que me digas. Ven, por favor, a maldecir a este pueblo.

18Balaán respondió a los ministros de Balac:

–Aunque me diera su palacio lleno de oro y plata, yo no podría quebrantar el mandato del Señor, mi Dios, ni poco ni mucho. 19Por tanto, quédense aquí esta noche, hasta que sepa lo que me dice el Señor esta vez.

 

La burra de Balaán

20Dios vino de noche a donde estaba Balaán y le dijo:

–Ya que esos hombres han venido a llamarte, levántate y vete con ellos; pero harás lo que yo te diga.

21Balaán se levantó de mañana, aparejó la borrica y se fue con los jefes de Moab. 22Al verlo ir, se encendió la ira de Dios, y el ángel del Señor se plantó en el camino haciéndole frente. Él iba montado en la borrica, acompañado de dos criados. 23La borrica, al ver al ángel del Señor plantado en el camino, con la espada desenvainada en la mano, se desvió del camino y tiró por el campo. Pero Balaán la castigó para volverla al camino.

24El ángel del Señor se colocó en un paso estrecho, entre viñas, con dos cercas a ambos lados. 25La borrica, al ver al ángel del Señor, se arrimó a la cerca, y apretó la pierna de Balaán contra la tapia. Él la volvió a golpear.

26El ángel del Señor se adelantó y se colocó en un paso angosto, que no permitía desviarse ni a derecha ni a izquierda. 27Al ver la borrica al ángel del Señor, se tumbó debajo de Balaán. Él, enfurecido, se puso a golpearla. 28El Señor abrió la boca a la borrica y ésta dijo a Balaán:

–¿Qué te he hecho para que me apalees por tercera vez?

29Contestó Balaán:

–Que te burlas de mí. Si tuviera a mano un puñal, ahora mismo te mataría.

30Dijo la borrica:

–¿No soy yo tu borrica, en la que montas desde hace tiempo? ¿Me solía portar así contigo?

Contestó él:

–No.

31Entonces el Señor abrió los ojos a Balaán, y éste vio al ángel del Señor plantado en el camino con la espada desenvainada en la mano, e inclinándose se postró rostro en tierra.

32El ángel del Señor le dijo:

–¿Por qué golpeas a tu burra por tercera vez? Yo he salido a hacerte frente, porque sigues un mal camino. 33La borrica me vio y se apartó de mí tres veces. Si no se hubiera apartado, ya te habría matado yo a ti, dejándola viva a ella.

34Balaán respondió al ángel del Señor:

–He pecado, porque no sabía que estabas en el camino, frente a mí. Pero ahora, si te parece mal mi viaje, me vuelvo a casa.

35El ángel del Señor respondió a Balaán:

–Vete con esos hombres; pero dirás únicamente lo que yo te diga.

Y Balaán prosiguió con los ministros de Balac.

 

Balaán y Balac

36Cuando Balac oyó que se acercaba Balaán, salió a recibirlo a Ciudad Moab, en la frontera del Arnón, límite de su territorio. 37Y le dijo:

–Yo te mandé llamar, ¿por qué no querías venir? ¿No puedo yo hacerte rico?

38Respondió Balaán:

–Acabo de llegar a tu casa; pero, ¿qué puedo decir yo? Pronunciaré sólo la palabra que el Señor me ponga en la boca.

39Balaán prosiguió con Balac hasta que llegaron a Ciudad Jusot. 40Allí Balac hizo matar vacas y ovejas, y ofreció la carne a Balaán y a los jefes que lo acompañaban. 41A la mañana siguiente Balac tomó a Balaán y subió con él a Monte Baal, desde donde se distinguían los alrededores del campamento israelita.

 

Primer oráculo

23 1Balaán dijo a Balac:

–Haz que me construyan aquí siete altares y que me preparen siete novillos y siete carneros.

2Balac hizo lo que le pedía Balaán, y juntos ofrecieron una vaca y un carnero en cada altar.

3Después Balaán dijo a Balac:

–Quédate junto a tu holocausto mientras yo voy a ver si el Señor me sale al encuentro. Lo que él me manifieste, te lo comunicaré.

Y se fue a una altura pelada.

4Cuando Dios salió al encuentro de Balaán, éste le dijo:

–He preparado los siete altares y he ofrecido un novillo y un carnero en cada uno.

5El Señor puso su palabra en boca de Balaán y le encargó:

–Vuelve a Balac y dile esto.

6Él volvió y lo encontró de pie junto al holocausto, con todos los jefes de Moab.

7Entonces él recitó sus versos:

De Siria me ha traído Balac,

de los montes de oriente

el rey de Moab:

Ven y maldíceme a Jacob,

ven y fulmina a Israel.

     8¿Puedo maldecir

a quien no mal dice Dios,

puedo fulminar

a quien no fulmina el Señor?

     9Desde estas altas rocas los veo,

desde la altura los contemplo:

Es un pueblo que habita apartado

y no se cuenta entre las naciones.

     10¿Quién podrá medir

el polvo de Jacob,

quién podrá contar

la arena de Israel?

Que mi suerte sea la de los justos,

que mi fin sea como el suyo.

11Balac dijo a Balaán:

–¿Qué me estás haciendo? Te he traído para maldecir a mi enemigo, y te pones a bendecirlo.

12Respondió:

–Yo tengo que decir lo que el Señor me pone en la boca.

 

Segundo oráculo

13Balac le dijo:

–Anda, ven conmigo a otro sitio que te enseñaré, desde donde verás un extremo y no todo el pueblo. Maldícemelo desde allí.

14Y lo llevó al Campo Pelado, en el monte Fasga. Él levantó siete altares y ofreció un novillo y un carnero en cada uno, 15y dijo a Balac:

–Quédate aquí, junto a tu holocausto, que yo tengo una cita allá.

16El Señor salió al encuentro de Balaán, le puso en la boca unas palabras y le ordenó:

–Vuelve a donde está Balac y dile esto.

17Volvió y lo encontró de pie junto a los holocaustos, con los jefes de Moab. Balac le preguntó:

–¿Qué te dice el Señor?

18Él recitó sus versos:

Levántate, Balac, escúchame;

dame oído, hijo de Sipor:

19Dios no miente como hombre

ni se arrepiente a lo humano.

¿Puede decir y no hacer,

puede prometer y no cumplir?

20He recibido una bendición

y no puedo dejar de bendecir.

21No descubre maldad en Jacob

ni encuentra crimen en Israel;

el Señor, su Dios, está con él,

y él lo aclama como a un rey.

22Dios los sacó de Egipto

embistiendo como un búfalo.

23No valen presagios contra Jacob

ni conjuros contra Israel;

el tiempo dirá a Jacob

y a Israel lo que ha hecho Dios.

24El pueblo se alza como una leona,

se yergue como un león,

no se tumbará hasta devorar la presa

y beber la sangre de la matanza.

25Balac dijo a Balaán:

–Si no lo maldices, al menos no lo bendigas.

26Balaán le respondió:

–Ya te lo dije: Haré lo que me diga el Señor.

 

Tercer oráculo

27Balac insistió:

–Ven, te voy a llevar a otro sitio. A ver si a Dios le parece bien que lo maldigas desde allí.

28Y lo llevó a la cumbre del Fegor, que mira al desierto.

29Balaán dijo a Balac:

–Levántame aquí siete altares y prepárame aquí siete novillos y siete carneros.

30Balac hizo lo que le pedía Balaán, y éste ofreció un novillo y un carnero en cada altar.

 

24 1Viendo Balaán que el Señor se complacía bendiciendo a Israel, no anduvo como las otras veces en busca de presagios, sino que se volvió hacia el desierto, 2y tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus. El Espíritu de Dios vino sobre él, 3y recitó sus versos:

Oráculo de Balaán, hijo de Beor;

oráculo del hombre de ojos perfectos,

     4oráculo del que escucha

palabras de Dios,

que contempla visiones

del Todopoderoso,

en éxtasis, con los ojos abiertos.

     5¡Qué bellas las tiendas

de campaña de Jacob

y las moradas de Israel!

     6Como llanuras dilatadas,

como jardines junto al río,

como áloes que plantó el Señor

o cedros junto a la corriente;

     7el agua rebosa de sus cántaros

y con el agua

se multiplica su simiente.

Su rey es más alto que Agag

y su reino descuella.

     8Dios lo sacó de Egipto

embistiendo como un búfalo.

Devorará a las naciones enemigas

y triturará sus huesos,

las traspasará con sus flechas.

     9Se agazapa y se tumba

como un león, o como una leona,

¿quién lo desafiará?

Bendito quien te bendiga,

maldito quien te maldiga.

10Balac entonces, irritado contra Balaán, dio una palmada y dijo:

–Te he llamado para maldecir a mi enemigo y ya lo has bendecido tres veces. 11Ahora escapa a tu patria. Te había prometido riquezas, pero el Señor te deja sin ellas.

12Balaán contestó:

–Ya se lo dije yo a los mensajeros que enviaste: 13Aunque Balac me regale su palacio lleno de oro y plata, no puedo quebrantar el mandato del Señor haciendo mal o bien por cuenta propia; lo que el Señor me diga lo diré.

 

Cuarto oráculo

14Ahora me vuelvo a mi pueblo, pero antes te explicaré lo que este pueblo hará al tuyo en el futuro.

     15Y recitó sus versos:

Oráculo de Balaán, hijo de Beor;

oráculo del hombre de ojos perfectos,

     16oráculo del que escucha

palabras de Dios

y conoce los planes del Altísimo,

que contempla visiones

del Todopoderoso,

en éxtasis, con los ojos abiertos.

     17Lo veo, pero no es ahora;

lo contemplo, pero no será pronto.

Avanza la constelación de Jacob

y sube el cetro de Israel.

Triturará la frente de Moab

y el cráneo de los hijos de Set;

     18se adueñará de Edom,

se apoderará de Seír,

Israel ejercerá el poder,

     19Jacob dominará y acabará

con los que queden en la capital.

20Después, viendo a Amalec, recitó sus versos:

Amalec era primicia de las naciones,

al final ha de perecer.

21Viendo a los cainitas, pronunció sus versos:

Tu morada es duradera:

has puesto tu nido en la peña,

     22pero tu nido quedará arrasado.

¿Hasta cuando

te tendrá cautivo Asur?

     23Y siguió recitando:

Naves llegan del norte,

     24navíos del extremo del mar

que oprimirán a Asur y a Heber,

pero al final perecerán.

25Después Balaán se puso en camino y volvió a su casa, y Balac también emprendió su viaje.

 

Baal-Fegor

(Sal 106,28-31)

25 1Estando Israel en Sittim, el pueblo comenzó a prostituirse con las muchachas de Moab, 2que los invitaban a comer de los sacrificios a sus dioses y a postrarse ante ellos. 3Israel se dejó arrastrar al culto de Baal-Fegor, y la ira del Señor se encendió contra Israel.

4El Señor dijo a Moisés:

–Toma a los responsables del pueblo y cuélgalos delante del Señor, a la luz del sol, y la ira del Señor se apartará de Israel.

5Moisés dijo a los jueces de Israel:

–Que cada cual dé muerte a los suyos que se hayan dejado arrastrar al culto de Baal-Fegor.

6Un israelita fue y trajo a su tienda de campaña a una madianita, a la vista de Moisés y de toda la comunidad israelita, mientras ellos lloraban a la entrada de la tienda del encuentro. 7Al verlo, el sacerdote Fineés, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, se levantó en medio de la asamblea, empuñó su lanza, 8y entrando detrás del israelita en la alcoba, atravesó a los dos, al israelita y a la mujer, y cesó la matanza de israelitas. 9Los que murieron en la matanza fueron veinticuatro mil.

10El Señor dijo a Moisés:

11–El sacerdote Fineés, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, celoso de mis derechos ante el pueblo, ha apartado mi cólera de los israelitas y mi celo no los ha consumido; 12por eso prometo: Le ofrezco una alianza de paz: 13el sacerdocio será para él y para sus descendientes, en pacto perpetuo, en pago de su celo por Dios y de haber expiado por los israelitas.

14El israelita muerto con la madianita se llamaba Zimrí, hijo de Salu, jefe de familia en la tribu de Simeón. 15La madianita muerta se llamaba Cosbí, hija de Sur, jefe de familia en Madián.

16El Señor dijo a Moisés:

17–Ataca a los madianitas y derrótalos, 18porque ellos te atacaron con sus seducciones, con los ritos de Fegor y con su hermana Cosbí, la hija del príncipe madianita, muerta el día de la matanza, cuando sucedió lo de Fegor.

 

Nuevo censo

(1; Gn 46,8-25)

26 Después de esta matanza, 1el Señor habló a Moisés y al sacerdote Eleazar, hijo de Aarón:

2–Hagan el censo de la comunidad, registrando por familias a todos los israelitas mayores de veinte años, aptos para el servicio.

3Moisés con el sacerdote Eleazar hicieron en la estepa de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó, el censo de los mayores de veinte años 4como lo había ordenado el Señor a Moisés. Registro de los que salieron de Egipto:

5Rubén, el primogénito de Israel. Hijos de Rubén: Henoc y la familia de los henoquitas, Falú y la familia de los faluitas. 6Jesrón y la familia de los jesronitas, Carmí y la familia de los carmitas. 7Éstas son las familias rubenitas: el total de los registrados fue de cuarenta y tres mil setecientos treinta. 8Hijo de Falú, Eliab. 9Hijos de Eliab: Nemuel, Datán y Abirán. Datán y Abirán, miembros del Consejo, son los que se rebelaron contra Moisés, junto con la banda de Córaj, que se rebeló contra el Señor. 10La tierra se abrió y los tragó, junto con Córaj. Así murió toda la banda y el fuego devoró a doscientos cincuenta hombres para escarmiento del pueblo. 11Pero los hijos de Córaj no murieron.

12Hijos de Simeón por familias: Nemuel y la familia de los nemuelitas, Yamín y la familia de los yaminitas, Yaquín y la familia de los yaquinitas, 13Zéraj y la familia de los zerajitas, Saúl y la familia de los saulitas. 14Éstas son las familias simeonitas: veintidós mil doscientos registrados.

15Hijos de Gad por familias: Safón y la familia de los safonitas, Jaguí y la familia de los jaguitas, Suní y la familia de los sunitas, 16Ozní y la familia de los oznitas, Erí y la familia de los eritas, 17Arod y la familia de los aroditas, Arelí y la familia de los arelitas. 18Éstas son las familias gaditas: cuarenta mil quinientos registrados.

19Hijos de Judá: Er y Onán, que murieron en Canaán. 20Hijos de Judá por familias: Selá y la familia de los selaítas. 21Fares y la familia de los faresitas, Zéraj y la familia de los zerajitas. Hijos de Fares: Jesrón y la familia de los jesronitas, Jamul y la familia de los jamulitas. 22Éstas son las familias de Judá: setenta y seis mil quinientos registrados.

23Hijos de Isacar por familias: Tolá y la familia de los tolaítas, Puvá y la familia de los puvaítas. 24Yasub y la familia de los yasubitas, Simrón y la familia de los simronitas. 25Éstas son las familias de Isacar: sesenta y cuatro mil trescientos registrados.

26Hijos de Zabulón por familias: Séred y la familia de los sereditas, Elón y la familia de los elonitas, Yajleel y la familia de los yajleelitas. 27Éstas son las familias de Zabulón: sesenta mil quinientos registrados.

28Hijos de José por familias: Manasés y Efraín.

29Hijos de Manasés: Maquir y la familia de los maquiritas. Maquir engendró a Galaad. De Galaad se formó la familia de los galaaditas. 30Hijos de Galaad: Yézer y la familia de los yezeritas, Jélec y la familia de los jelequitas. 31Asriel y la familia de los asrielitas, Siquén y la familia de los siquenitas, 32Semidá y la familia de los semiditas, Jéfer y la familia de los jeferitas; 33Salfajad, hijo de Jéfer, no tuvo hijos varones, sino solamente hijas, que se llamaban Majlá, Noá, Joglá, Milcá y Tirsá. 34Éstas son las familias de Manasés: cincuenta y dos mil setecientos registrados.

35Hijos de Efraín por familias: Sutálaj y la familia de los sutalajitas, Béquer y la familia de los bequeritas, Tajan y la familia de los tajanitas. 36Hijos de Sutálaj: Erán y la familia de los eranitas. 37Éstas son las familias de Efraín: treinta y dos mil quinientos registrados.

Éstos son los hijos de José por familias.

38Hijos de Benjamín por familias: Bela y la familia de los belaítas, Asbel y la familia de los asbelitas, Ajirán y la familia de los ajiranitas, 39Sufán y la familia de los sufanitas, Jufán y la familia de los jufanitas. 40Hijos de Bela: Arad y Naamán con las familias de araditas y naamanitas. 41Éstos son los hijos de Benjamín por familias: cuarenta y cinco mil seiscientos registrados.

42Hijos de Dan por familias: Suján y la familia de los sujanitas. 43Éstas son las familias de Dan: sesenta y cuatro mil cuatrocientos registrados.

44Hijos de Aser por familias: Yimná y la familia de los yimnaítas, Yisví y la familia de los yisvitas, Beriá y la familia de los beriaítas. 45Hijos de Beriá: Héber y la familia de los heberitas, Malquiel y la familia de los malquielitas. 46La hija de Aser se llamaba Séraj. 47Éstas son las familias de los hijos de Aser: cincuenta y tres mil cuatrocientos registrados.

48Hijos de Neftalí por familias: Yajseel y la familia de los yajseelitas, Guní y la familia de los gunitas. 49Yéser y la familia de los yeseritas, Silén y la familia de los silenitas. 50Éstas son las familias de Neftalí: cuarenta y cinco mil cuatrocientos registrados.

51Número total de israelitas registrados: seiscientos un mil setecientos treinta.

52El Señor habló a Moisés:

53–Entre todos éstos repartirás la tierra en herencia, en proporción al número de hombres. 54Cada uno recibirá una herencia proporcional al número de registrados. 55Pero la distribución de las tierras se hará mediante un sorteo: se asignará la herencia a las diversas familias patriarcales, 56y se distribuirá entre los más numerosos y los menos numerosos por sorteo.

57Censo de los levitas por familias: Gersón y la familia de los gersonitas, Quehat y la familia de los quehatitas, Merarí y la familia de los meraritas. 58Éstas son las familias de los levitas: la familia de los libnitas, la familia de los hebronitas, la familia de los majlitas, la familia de los musitas, la familia de los corajitas. Quehat engendró a Amrán, 59cuya mujer se llamaba Yoquébed, hija de Leví, que le nació a Leví en Egipto. Ella le dio a Amrán tres hijos: Aarón, Moisés y María, su hermana. 60De Aarón nacieron Nadab y Abihú, Eleazar e Itamar. 61Nadab y Abihú murieron mientras ofrecían al Señor fuego profano.

62El total de los registrados fue de veintitrés mil varones mayores de un mes. No fueron registrados con los demás israelitas porque no habían de repartirse la herencia con ellos.

63Éste es el censo de israelitas que hicieron Moisés y el sacerdote Eleazar en la estepa de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó. 64Entre los registrados no había ninguno de los registrados en el censo que Moisés y el sacerdote Aarón habían hecho en el desierto de Sinaí. 65El Señor lo había dicho: Morirán todos en el desierto, y no quedó ninguno vivo, más que Caleb, hijo de Jefoné, y Josué, hijo de Nun.

 

Herencia de las hijas

27 1Se acercaron las hijas de Salfajad, hijo de Jéfer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, del clan de Manasés, hijo de José, que se llamaban Majlá, Noá, Joglá, Milcá y Tirsá, 2y se presentaron a Moisés, a Eleazar, a los jefes y a la comunidad entera a la entrada de la tienda del encuentro, y declararon:

3–Nuestro padre ha muerto en el desierto. No era de la banda de Córaj, de los que se rebelaron contra el Señor, sino que él murió por su propio pecado. Y no ha dejado hijos. 4Porque no haya dejado hijos no va a borrarse el nombre de nuestro padre dentro de su clan. Danos a nosotras una propiedad entre los hermanos de nuestro padre.

5Moisés presentó la causa al Señor, 6y el Señor dijo a Moisés:

7–Las hijas de Salfajad tienen razón. Dales alguna propiedad en herencia entre los hermanos de su padre; pásales a ellas la herencia de su padre. 8Después di a los israelitas: Cuando alguien muera sin dejar hijos, pasarán la herencia a su hija; 9si no tiene hijas, darán la herencia a sus hermanos; 10si no tiene hermanos, darán la herencia a los hermanos de su padre; 11si su padre no tiene hermanos, darán la herencia al pariente más cercano entre los de su clan; éste recibirá la herencia. Ésta es para los israelitas la norma justa, como el Señor se lo ordenó a Moisés.

 

El Señor anuncia a Moisés su muerte

12El Señor dijo a Moisés:

–Sube al monte Abarín y mira la tierra que voy a dar a los israelitas. 13Después de verla te reunirás también tú con los tuyos, como ya Aarón, tu hermano, se ha reunido con ellos. 14Porque se rebelaron en el desierto de Sin, cuando la comunidad protestó, y no les hicieron ver mi santidad junto a la fuente, Meribá, en Cades, en el desierto de Sin.

15Moisés dijo al Señor:

16–Que el Señor, Dios de los espíritus de todos los vivientes, nombre un jefe para la comunidad; 17uno que salga y entre al frente de ellos, que los lleve en sus entradas y salidas. Que no quede la comunidad del Señor como rebaño sin pastor.

18El Señor dijo a Moisés:

–Toma a Josué, hijo de Nun, hombre de grandes cualidades, impón la mano sobre él, 19preséntaselo a Eleazar, el sacerdote, y a toda la comunidad, dale instrucciones en su presencia 20y delégale parte de tu autoridad, para que la comunidad de Israel le obedezca. 21Se presentará a Eleazar, el sacerdote, que consultará por él al Señor por medio de las suertes, y conforme al oráculo saldrán y entrarán él y todos los israelitas, toda la comunidad.

22Moisés hizo lo que el Señor le había mandado: tomó a Josué, lo colocó delante del sacerdote Eleazar y de toda la asamblea, 23le impuso las manos y le dio las instrucciones recibidas del Señor.

 

Ofrendas que deben ser presentadas al Señor

(Lv 23; Ez 46,4-15)

28 1El Señor habló a Moisés:

2–Ordena a los israelitas: Pongan cuidado en presentarme a su debido tiempo mis ofrendas, mis alimentos y las oblaciones de aroma que aplaca. 3Diles también:

»Diariamente dos corderos de un año, sin defecto, como holocausto perpetuo. 4Uno de los corderos lo ofrecerás por la mañana y el otro al atardecer, 5junto con la ofrenda de la décima parte de una medida de harina de la mejor calidad amasada con un litro de aceite refinado. 6Es el holocausto perpetuo que se ofrecía en el monte Sinaí, como aroma que aplaca, oblación al Señor. 7La libación será de un litro por cada cordero. La libación de licor se hará en el templo. 8El segundo cordero lo ofrecerás al atardecer, con la misma ofrenda y la misma libación de la mañana, en oblación de aroma que aplaca al Señor.

9»El sábado ofrecerás dos corderos de un año, sin defecto, con dos décimas partes de una medida de harina de la mejor calidad amasada con aceite, como ofrenda, y con su libación. 10Es el holocausto del sábado que se añade al holocausto diario y a su libación.

11»El primero de mes ofrecerán en holocausto al Señor dos novillos, un carnero y siete corderos de un año sin defecto. 12Como ofrenda por cada novillo, tres décimas partes de una medida de harina de la mejor calidad amasada con aceite; por el carnero, una ofrenda de dos décimas partes de una medida de harina de la mejor calidad amasada con aceite, 13y por cada cordero, una ofrenda de una décima parte de una medida de harina de la mejor calidad amasada con aceite. Es un holocausto, oblación de aroma que aplaca al Señor. 14La libación será de dos litros de vino por cada novillo, de un litro y medio por el carnero y de un litro por cada cordero. Es el holocausto mensual para todos los meses del año. 15Se ofrecerá también al Señor un chivo en sacrificio expiatorio, además del holocausto diario y su oblación.

16»El día catorce del primer mes se celebra la Pascua del Señor y 17el día quince es día de fiesta. Durante siete días se comerá pan ázimo. 18El primer día se reunirán en asamblea litúrgica y no trabajarán. 19Ofrecerán en oblación, en holocausto al Señor, dos novillos, un carnero y siete corderos de un año sin defecto con una ofrenda de harina de la mejor calidad amasada con aceite: 20tres décimas partes de una medida de harina de la mejor calidad por cada novillo, dos décimas partes por el carnero 21y una décima parte por cada uno de los siete corderos. 22Ofrecerán también un chivo en sacrificio expiatorio para realizar el rito de expiación por ustedes; 23además del holocausto de la mañana, el holocausto diario. 24Lo mismo harán cada uno de los siete días: es alimento, oblación de aroma que aplaca al Señor. Harán eso además del holocausto diario y su libación. 25El séptimo día tendrán asamblea litúrgica y no trabajarán.

26»El día de las primicias, cuando ustedes presenten al Señor la ofrenda nueva, en la fiesta de las Semanas, tendrán asamblea litúrgica y no harán trabajo alguno. 27Ofrecerán como holocausto de aroma que aplaca al Señor dos novillos, un carnero y siete corderos de un año 28con una ofrenda de harina de la mejor calidad amasada con aceite: tres décimas partes de una medida por cada novillo, dos décimas partes de una medida por el carnero 29y una décima parte de una medida por cada uno de los siete corderos. 30Ofrecerán un chivo para realizar el rito de expiación por ustedes, además del holocausto diario y de su ofrenda. No tendrán defecto y añadirán la libación.

 

29 1»El primer día del séptimo mes tendrán asamblea litúrgica y no harán trabajo alguno. Ése día será para ustedes día de aclamación. 2Ofrecerán en holocausto de aroma que aplaca al Señor un novillo, un carnero y siete corderos de un año sin defecto, 3con una ofrenda de harina de la mejor calidad amasada con aceite: tres décimas partes de una medida por el novillo, dos décimas partes de una medida por el carnero 4y una décima parte de una medida por cada uno de los siete corderos. 5 Ofrecerán un chivo en sacrificio expiatorio para realizar el rito de expiación por ustedes, 6además del holocausto mensual con su ofrenda y del holocausto diario con su ofrenda, junto con sus libaciones, según lo prescrito. Es oblación de aroma que aplaca al Señor.

7»El décimo día del mismo mes séptimo tendrán asamblea litúrgica y harán penitencia y no harán trabajo alguno. 8Ofrecerán en holocausto de aroma que aplaca al Señor un novillo, un carnero y siete corderos de un año sin defecto: 9con una ofrenda de harina de la mejor calidad amasada con aceite: tres décimas partes de una medida por el novillo, dos décimas partes por el carnero 10y una décima parte por cada uno de los siete corderos. 11Ofrecerán un chivo en sacrificio expiatorio, además del sacrificio expiatorio del día de la expiación del holocausto diario, con sus ofrendas y libaciones.

12»El día quince del séptimo mes tendrán asamblea litúrgica y no harán trabajo alguno. Celebrarán fiesta en honor del Señor durante siete días. 13Ofrecerán en holocausto, oblación de aroma que aplaca al Señor, trece novillos, dos carneros y catorce corderos de un año sin defecto, 14con una ofrenda de harina de la mejor calidad amasada con aceite: tres décimas partes de una medida por cada uno de los trece novillos, dos décimas partes por cada uno de los dos carneros 15y una décima parte por cada uno de los catorce corderos. 16Ofrecerán un chivo en sacrificio expiatorio, además del holocausto diario, con su ofrenda y su libación.

17El segundo día ofrecerán doce novillos, dos carneros y catorce corderos de un año sin defecto, 18con las ofrendas y libaciones correspondientes al número de novillos, carneros y corderos. 19Ofrecerán un chivo en sacrificio expiatorio, además del holocausto diario, con su ofrenda y sus libaciones.

20El tercer día ofrecerán once novillos, dos carneros y catorce corderos de un año sin defecto 21con las ofrendas y libaciones correspondientes al número de novillos, carneros y corderos. 22Ofrecerán un chivo en sacrificio expiatorio, además del holocausto diario, con su ofrenda y su libación.

23El cuarto día ofrecerán diez novillos, dos carneros y catorce corderos de un año sin defecto 24con las ofrendas y libaciones correspondientes al número de novillos, carneros y corderos. 25Ofrecerán un chivo en sacrificio expiatorio, además del holocausto diario, con su ofrenda y su libación.

26El quinto día ofrecerán nueve novillos, dos carneros y catorce corderos de un año sin defecto 27con las ofrendas y libaciones correspondientes al número de novillos, carneros y corderos. 28Ofrecerán un chivo en sacrificio expiatorio, además del holocausto diario, con su ofrenda y su libación.

29El sexto día ofrecerán ocho novillos, dos carneros y catorce corderos de un año sin defecto 30con las ofrendas y libaciones correspondientes al número de novillos, carneros y corderos. 31Ofrecerán un chivo en sacrificio expiatorio, además del holocausto diario, con su ofrenda y su libación.

32El séptimo día ofrecerán siete novillos, dos carneros y catorce corderos de un año sin defecto 33con las ofrendas y libaciones correspondientes al número de novillos, carneros y corderos. 34Ofrecerán un chivo en sacrificio expiatorio, además del holocausto diario, con su ofrenda y su libación.

35El octavo día tendrán reunión solemne y no harán trabajo alguno. 36Ofrecerán en holocausto, oblación de aroma que aplaca al Señor, un novillo, un carnero y siete corderos de un año sin defecto 37con las ofrendas y libaciones correspondientes al novillo, al carnero y al número de los corderos. 38Ofrecerán un chivo en sacrificio expiatorio, además del holocausto diario, con su ofrenda y su libación.

39Harán todo esto en sus fechas, independientemente de sus votos y sacrificios voluntarios, de sus holocaustos, ofrendas, libaciones y sacrificios de comunión.

 

30 1Moisés habló a los israelitas conforme el Señor le había ordenado.

 

Ley sobre los votos

(Dt 23,22-24)

2Moisés habló a los jefes de las tribus de Israel:

–Esto es lo que ordena el Señor:

3Cuando un hombre haga un voto al Señor o se comprometa a algo bajo juramento, no faltará a su palabra: tal como lo dijo lo hará.

4Cuando una mujer en su juventud, mientras vive con su padre, haga un voto o adquiera un compromiso, 5si su padre, al enterarse del voto o del compromiso, no dice nada, entonces sus votos son válidos y quedan en pie los compromisos. 6Pero si su padre, al enterarse, lo desaprueba, entonces no quedan en pie sus votos ni el compromiso. El Señor la dispensa, porque su padre lo ha desaprobado. 7Y si se casa, estando ligada por el voto o por el compromiso que salió de sus labios por irreflexión, 8y al enterarse el marido no le dice nada, entonces los votos son válidos y quedan en pie los compromisos; 9pero si al enterarse el marido lo desaprueba, entonces anula el voto que la ligaba y los compromisos salidos de sus labios. El Señor la dispensa.

10El voto de la viuda y de la repudiada y los compromisos que adquiere son válidos.

11Cuando una mujer hace un voto en casa de su marido o se compromete a algo bajo juramento, 12si su marido, al enterarse, no dice nada y no lo desaprueba, entonces sus votos son válidos y quedan en pie los compromisos; 13pero si su marido, al enterarse, lo anula, entonces todo lo que salió de sus labios, votos y compromisos, es inválido. Su marido lo ha anulado y Dios la dispensa. 14El marido puede confirmar o anular todo voto o juramento de hacer una penitencia. 15Pero si a los dos días el marido no le ha dicho nada, entonces confirma todos los votos y compromisos que la ligan: los confirma con el silencio que guardó al enterarse; 16y si los anula más tarde, cargará él con la culpa de ella.

17Éstas son las órdenes que dio el Señor a Moisés para marido y mujer, para padre e hija cuando aún joven vive con su padre.

 

Destrucción de Madián

Guerra santa

(Dt 20)

31 1El Señor dijo a Moisés:

2–Primero vengarás a los israelitas de los madianitas, después te reunirás con los tuyos.

3Moisés dijo al pueblo:

–Elijan entre ustedes algunos hombres y ármenlos para la guerra; atacarán a Madián para ejecutar en ellos la venganza del Señor. 4Armen para la guerra mil hombres de cada tribu de Israel.

5Así, movilizaron para la guerra doce mil hombres, mil por cada tribu de Israel.

6Moisés los envió a la batalla, mil por cada tribu, a las órdenes de Fineés, hijo de Eleazar, con las armas sagradas y las cornetas para el toque de ataque. 7Presentaron batalla a Madián, como el Señor había mandado a Moisés, y mataron a todos los varones. 8Y mataron a los reyes de Madián con los demás caídos: Eví, Requen, Zur, Jur y Reba, los cinco reyes de Madián. Y también pasaron a cuchillo a Balaán, hijo de Beor. 9Hicieron cautivos a las mujeres y niños de Madián y saquearon sus bestias, su ganado y sus riquezas. 10Incendiaron todas las ciudades habitadas y los poblados, 11y se llevaron todos los despojos, hombres y animales. 12Trajeron los prisioneros, el botín y los despojos a Moisés, al sacerdote Eleazar y a toda la comunidad de Israel, que acampaba en la estepa de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó.

13Moisés con el sacerdote Eleazar y los jefes de la comunidad salieron a recibirlos fuera del campamento. 14Moisés se encolerizó con los jefes de la tropa, generales y capitanes que volvían de la batalla, 15y les dijo:

–¿Por qué han dejado con vida a las mujeres? 16Son ellas las que, instigadas por Balaán, hicieron a los israelitas traicionar al Señor por Baal-Fegor, y por ellas hubo una mortandad en la comunidad del Señor. 17Ahora mismo maten a todos los varones, incluidos los niños, y a todas las mujeres que hayan tenido relaciones con hombres. 18Las niñas y las jóvenes que no hayan tenido relaciones con hombres déjenlas vivas. 19Ustedes acampen fuera del campamento siete días. Los que hayan matado a alguno o hayan tocado algún muerto se purificarán con sus cautivos el día tercero y el séptimo. 20Purifiquen también toda la ropa, los objetos de piel o de pelo de cabra y los utensilios de madera.

21El sacerdote Eleazar dijo a los guerreros que habían vuelto de la batalla:

–Éstas son las prescripciones que el Señor ha dado a Moisés: 22Oro, plata, bronce, hierro, estaño y plomo, 23todo lo que resiste el fuego, lo purificarán a fuego y lo lavarán con agua de purificación, y lo que no resiste el fuego lo lavarán con agua. 24El séptimo día laven los vestidos para que queden limpios, y así puedan entrar en el campamento.

 

Botín

(1 Sm 30,21-25)

25El Señor dijo a Moisés:

26–Hagan la cuenta del botín capturado, de hombres y animales, tú con el sacerdote Eleazar y los cabezas de familia. 27Dividirás a medias el botín entre los soldados que fueron a la batalla y el resto de la comunidad. 28Cobra un tributo para el Señor a los soldados que fueron a pelear: el uno por quinientos, de hombres, vacas, asnos y ovejas, 29deducido de la mitad que les toca, y entrégaselo al sacerdote Eleazar como tributo para el Señor. 30De la otra mitad, de la porción de los israelitas, cobrarás el uno por cincuenta, de hombres, vacas, asnos, ovejas y toda clase de animales, y se lo entregarás a los levitas que atienden a las funciones del templo del Señor.

31Moisés y el sacerdote Eleazar hicieron lo que el Señor mandaba a Moisés.

32Censo del botín que capturaron las tropas: ovejas, seiscientas setenta y cinco mil; 33vacas, setenta y dos mil; 34asnos, sesenta y un mil; 35seres humanos, mujeres que no habían tenido que ver con hombres, treinta y dos mil.

36Porción que tocó a los que habían luchado: ovejas, trescientas treinta y siete mil quinientas; 37tributo de ovejas para el Señor, seiscientas setenta y cinco; 38vacas, treinta y seis mil; de ellas, tributo para el Señor, setenta y dos; 39asnos, treinta mil quinientos, de los cuales, tributo para el Señor, sesenta y uno; 40seres humanos, dieciséis mil; de ellos, tributo para el Señor, treinta y dos.

41Moisés entregó el tributo del Señor al sacerdote Eleazar, como le había mandado el Señor.

42De la otra mitad, que Moisés había requisado a los soldados para los demás israelitas, 43el censo fue el siguiente: ovejas, trescientas treinta y siete mil quinientas; 44vacas, treinta y seis mil; 45asnos, treinta mil quinientos; 46seres humanos, dieciséis mil; 47de ellos, Moisés tomó un tributo del dos por ciento, de hombres y animales, y lo entregó a los levitas que atienden a las funciones del templo del Señor, como lo había mandado el Señor.

48Los mandos de las tropas, generales y capitanes, se acercaron a Moisés 49y le dijeron:

–Tus siervos han hecho el censo de los soldados bajo su mando, y no falta ni uno. 50Por eso cada uno de nosotros en reconocimiento por haber salvado la vida ofrece al Señor, de lo que ha capturado, objetos de oro, pulseras, brazaletes, anillos, pendientes y cuentas.

51Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron el oro que les ofrecían, todo ello en artículos de orfebrería. 52El oro del tributo ofrecido al Señor pesó mil seiscientos setenta y cinco siclos. 53Los soldados lo habían recogido como botín para sí mismos. 54Moisés y el sacerdote Eleazar recibieron de los generales y capitanes el oro y lo llevaron a la tienda del encuentro, como recuerdo de los israelitas ante el Señor.

 

Primera ocupación: Rubén y Gad

32 1Los rubenitas y los gaditas poseían inmensos rebaños, y viendo que la tierra de Yazer y de Galaad era excelente para el ganado, 2acudieron a Moisés, al sacerdote Eleazar y a los jefes de la comunidad para proponerles:

3–Atarot, Dibón, Yazer, Nimrá, Jesbón, Elalé, Sebán, Nebo y Beón, 4el territorio de los pueblos que el Señor derrotó al avanzar los israelitas, es tierra buena para ganado, y tus siervos poseen rebaños. 5Por favor, haz que entreguen a tus siervos esa tierra en propiedad, y no pasaremos el Jordán.

6Moisés respondió a los gaditas y rubenitas:

–¿De modo que sus hermanos irán a la guerra, mientras ustedes se quedan aquí? 7Van a desmoralizar a los israelitas y no pasarán a la tierra que piensa darles el Señor. 8Eso es lo que hicieron sus padres cuando los envié desde Cades Barne a reconocer el país: 9subieron hasta Torrente de Escol, reconocieron la tierra y desmoralizaron a los israelitas para que no entraran en la tierra que pensaba darles el Señor. 10Aquel día se encendió la ira del Señor y juró: 11Los hombres que salieron de Egipto, de veinte años para arriba, no verán la tierra que prometí a Abrahán, Isaac y Jacob, porque no me han sido fieles. 12Exceptúo a Caleb, hijo de Jefoné, el quenizita, y a Josué, hijo de Nun, porque fueron fieles al Señor. 13La ira del Señor se encendió contra Israel, y los zarandeó por el desierto cuarenta años, hasta que se terminó la generación que había hecho lo que el Señor reprueba. 14Y ahora ustedes, raza de pecadores, ocupan el lugar de sus padres, avivando la ira ardiente del Señor. 15Porque si se apartan de él, otra vez los dejará en el desierto y ustedes serán los causantes de la destrucción de este pueblo.

16Ellos se acercaron a decirle:

–Construiremos aquí corrales para los rebaños y poblados para nuestros niños, 17y nosotros nos armaremos a toda prisa e iremos delante de los israelitas hasta dejarlos en su lugar; mientras, nuestros niños se quedarán en las ciudades fortificadas, protegidos de los habitantes del país. 18No volveremos a nuestras casas hasta que cada israelita no haya ocupado su herencia 19y no nos repartiremos con ellos la herencia al otro lado del Jordán, sino que nuestra herencia nos tocará a este lado, al este del Jordán.

20Moisés les contestó:

–Si se arman para la batalla, como el Señor quiere, 21y armados cruzan el Jordán, como el Señor quiere, hasta que él les quite de delante al enemigo, 22y la tierra quede sometida, como Dios quiere, y sólo después vuelven, entonces serán inocentes ante el Señor y ante Israel, y esta tierra será propiedad de ustedes por voluntad del Señor. 23Pero si no obran así, pecarán contra el Señor, y sepan que su pecado será castigado. 24Ahora, entonces, construyan poblados para sus niños y corrales para los rebaños, y hagan lo que han prometido.

25Los gaditas y rubenitas respondieron a Moisés:

–Tus siervos harán lo que tú, señor mandes; 26nuestros niños, mujeres, ganados y bestias quedarán aquí, en los poblados de Galaad, 27y tus siervos pasarán, todos armados, para luchar, como el Señor quiere y tú nos dices.

28Moisés dio instrucciones acerca de ellos al sacerdote Eleazar, a Josué, hijo de Nun, y a los cabezas de familia en las tribus de Israel:

29–Si los gaditas y rubenitas pasan con ustedes el Jordán, todos armados, para luchar, como el Señor quiere, y la tierra les queda sometida, les darán la tierra de Galaad en propiedad. 30Pero si no pasan armados con ustedes, recibirán su propiedad en la tierra de Canaán.

31Los gaditas y rubenitas contestaron:

–Haremos lo que el Señor manda a tus siervos. 32Nosotros pasaremos armados a la tierra de Canaán, como el Señor quiere, y nos tocará en propiedad una herencia a este lado del Jordán.

33Moisés asignó a los gaditas y rubenitas y a la mitad de la tribu de Manasés, hijo de José, el reino de Sijón, rey de los amorreos, y el reino de Og, rey de Basán, con todas las ciudades y poblados del territorio.

34Los gaditas reconstruyeron Dibón, Aroer, 35Atarot-Sofán, Yazer, Yogbehá, 36Bet Nimrá, Bet-Harán, fortificándolas, y construyeron corrales para los rebaños. 37Los rubenitas reconstruyeron Jesbón, Elalé, Quiriatain, 38Nebo, Baal Maón, Sibma, y pusieron nombres nuevos a los poblados reconstruidos. 39Los maquiritas, descendientes de Manasés, fueron y conquistaron Galaad y expulsaron a los amorreos, que habitaban allí. 40Moisés asignó Galaad a la tribu de Maquir, hijo de Manasés, que se estableció allí. 41Yaír, hijo de Manasés, fue y conquistó sus aldeas, y las llamó Aldeas de Yaír. 42Nóbaj fue y conquistó Quenat y los poblados de alrededor, y los llamó con su nombre: Nóbaj.

 

Itinerario de Israel

33 1Éstas son las etapas del viaje de los israelitas cuando salieron de Egipto, por escuadrones, bajo la guía de Moisés y Aarón. 2Moisés registró las etapas de la marcha, según la orden del Señor.

3El día quince del primer mes, el día siguiente a la Pascua, salieron decididos de Ramsés, a la vista de los egipcios. 4Los egipcios estaban todavía enterrando los primogénitos que el Señor había hecho morir para hacer justicia de sus dioses.

5Los israelitas salieron de Ramsés y acamparon en Sucot.

6Salieron de Sucot y acamparon en Etán, al borde del desierto.

7Salieron de Etán, volvieron a Pi Hajirot frente a Baal-Safón y acamparon frente a Migdol.

8Salieron de Pi Hajirot, atravesaron el mar hacia el desierto, caminaron tres días por el desierto de Etán y acamparon en Mara.

9Salieron de Mara y llegaron a Elim, donde había doce fuentes y setenta palmeras, y acamparon allí.

10Salieron de Elim y acamparon junto al Mar Rojo.

11Salieron del Mar Rojo y acamparon en el desierto de Sin.

12Salieron del desierto de Sin y acamparon en Dofca.

13Salieron de Dofca y acamparon en Alús.

14Salieron de Alús y acamparon en Rafidín, donde no encontraron agua para el pueblo.

15Salieron de Rafidín y acamparon en el desierto del Sinaí.

16Salieron del desierto del Sinaí y acamparon en Quibrot Hatavá.

17Salieron de Quibrot Hatavá y acamparon en Jaserot.

18Salieron de Jaserot y acamparon en Ritmá.

19Salieron de Ritmá y acamparon en Rimón Pares.

20Salieron de Rimón Pares y acamparon en Libná.

21Salieron de Libná y acamparon en Risá.

22Salieron de Risá y acamparon en Quehelata.

23Salieron de Quehelata y acamparon en el monte Safer.

24Salieron de Monte Safer y acamparon en Jarada.

25Salieron de Jarada y acamparon en Maqhelot.

26Salieron de Maqhelot y acamparon en Tajat.

27Salieron de Tajat y acamparon en Taraj.

28Salieron de Taraj y acamparon en Mitcá.

29Salieron de Mitcá y acamparon en Jasmoná.

30Salieron de Jasmoná y acamparon en Moserot.

31Salieron de Moserot y acamparon en Bene Yacán.

32Salieron de Bene Yacán y acamparon en Jor Haguidgad.

33Salieron de Jor Haguidgad y acamparon en Yotbata.

34Salieron de Yotbata y acamparon en Abroná.

35Salieron de Abroná y acamparon en Esión Gueber.

36Salieron de Esión Gueber y acamparon en el desierto de Sin, en Cades.

37Salieron de Cades y acamparon en el monte Hor, al extremo del territorio de Edom. 38El sacerdote Aarón subió al monte Hor, por mandato del Señor, y allí murió a los cuarenta años de la salida de Egipto, el día primero del quinto mes. 39Aarón murió en la cima de Monte Hor a la edad de ciento veintitrés años.

40El rey cananeo de Arad, que habitaba en el Negueb, en territorio cananeo, se enteró de que se acercaban los israelitas.

41Salieron de Monte Hor y acamparon en Salmoná.

42Salieron de Salmoná y acamparon en Punón.

43Salieron de Punón y acamparon en Obot.

44Salieron de Obot y acamparon en Ruinas de Abarín, en la frontera de Moab.

45Salieron de Ruinas de Abarín y acamparon en Dibón Gad.

46Salieron de Dibón Gad y acamparon en Almón Diblataín.

47Salieron de Almón Diblataín y acamparon en los montes de Abarín, frente a Nebo.

48Salieron de los montes de Abarín y acamparon en la estepa de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó.

49En la estepa de Moab acamparon a lo largo del Jordán, desde Bet Yesimot hasta Abel Sitín.

50En la estepa de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó, el Señor habló a Moisés:

51–Di a los israelitas: Cuando atraviesen el Jordán para entrar en el territorio de Canaán, 52expulsarán a todos sus habitantes, destruirán sus ídolos e imágenes y demolerán sus santuarios. 53Ocupen la tierra y habítenla porque yo se la doy en posesión. 54Se la repartirán a suertes entre los clanes. Cada uno recibirá una herencia proporcional al número de registrados. Cada tribu ocupará la parte que le toque por suerte. 55Si no expulsan a los habitantes del país, entonces los que queden serán para ustedes espinas en los ojos y aguijones en el costado, y los atacarán en la tierra que van a habitar. 56Y yo los trataré a ustedes como había pensado tratarlos a ellos.

 

Fronteras de Israel

(Jos 13–19)

34 1El Señor dijo a Moisés:

2–Ordena a los israelitas: Cuando entren en Canaán, estarán en la tierra que les toca en herencia y éstos serán sus límites.

3La zona del sur limitará por el desierto de Sin con Edom.

La frontera del sur arrancará del extremo del Mar Muerto por el este, 4torcerá hacia el sur por Maale Acrabbim, y pasando por Sin dará al sur de Cades Barne; seguirá por Jasar Addar y pasará por Asemán; 5en Asemán torcerá hacia el torrente de Egipto, para terminar en el mar.

6La frontera del oeste será el Mar Mediterráneo: es la frontera occidental.

7La frontera del norte la marcarán arrancando del Mar Mediterráneo hasta el Monte Hor; 8de allí seguirán hasta la entrada de Jamat, llegando hasta Sedadá. 9Seguirá por Zefrón, para terminar en Jasar Enán. Es la frontera del norte.

10La frontera del este la marcarán desde Jasar Enán hasta Safán; 11bajará desde allí hacia Rebla, al este de Enán; seguirá bajando bordeando por el este el lago de Genesaret; 12seguirá bajando a lo largo del Jordán, para concluir en el Mar Muerto.

Ésa es su tierra y los límites que la rodean.

13Moisés ordenó a los israelitas:

–Ésa es la tierra que repartirán a suertes y que el Señor ha ordenado dar a las nueve tribus y media. 14Porque la tribu de Rubén por familias y la tribu de Gad por familias han recibido ya su herencia, lo mismo que media tribu de Manasés. 15Esas dos tribus y media han recibido ya su herencia al otro lado del Jordán, frente a Jericó, al oriente.

16El Señor habló a Moisés:

17–Lista de personas que les repartirán la tierra: el sacerdote Eleazar y Josué, hijo de Nun. 18Además, un jefe por cada tribu para repartir la tierra. 19Ésta es la lista de los jefes: por la tribu de Judá, Caleb, hijo de Jefoné; 20por la tribu de Simeón, Samuel, hijo de Amihud; 21por la tribu de Benjamín, Eliad, hijo de Caselón; 22por la tribu de Dan, el jefe Boquí, hijo de Yoglí. 23Por los hijos de José: por la tribu de Manasés, el príncipe Janiel, hijo de Efod; 24por la tribu de Efraín, el príncipe Camuel, hijo de Seftán; 25por la tribu de Zabulón, el príncipe Elisafán, hijo de Parnac; 26por la tribu de Isacar, el jefe Paltiel, hijo de Azán; 27por la tribu de Aser, el jefe Ajihud, hijo de Salomí; 28por la tribu de Neftalí, el príncipe Fedael, hijo de Amihud.

29A éstos encargó el Señor repartir a los israelitas la herencia en la tierra de Canaán.

 

Ciudades levíticas

(Jos 21; Ez 48,13s)

35 1El Señor habló a Moisés en la estepa de Moab, junto al Jordán, a la altura de Jericó:

2–Ordena a los israelitas que cedan a los levitas, de su propiedad hereditaria, algunos pueblos con sus territorios circundantes para vivir; 3tendrán pueblos para vivir y campos para sus animales, ganados y bestias. 4Los campos de pastoreo de los pueblos que asignen a los levitas se extenderán en un radio de un kilómetro fuera de los muros. 5Es decir, medirán un kilómetro desde el muro del pueblo al este, sur, oeste y norte; el pueblo quedará en medio, y ésos serán sus campos de pastoreo. 6Asignarán a los levitas los seis pueblos de refugio que hayan separado para asilo del homicida y otros cuarenta y dos pueblos. 7En total, asignarán a los levitas cuarenta y ocho pueblos con sus alrededores. 8Esos pueblos se tomarán de la herencia de los israelitas en proporción a los que tenga cada tribu. Cada una cederá a los levitas pueblos en proporción a la herencia que haya recibido.

 

Ciudades de refugio

(Dt 19,1-13; Jos 20)

9El Señor habló a Moisés:

10–Di a los israelitas: Cuando atraviesen el Jordán para entrar en Canaán, 11elegirán varias ciudades de refugio, donde pueda buscar asilo el que haya matado a alguien sin intención. 12Les servirán de refugio contra el vengador, y así el homicida no morirá antes de comparecer a juicio ante la asamblea. 13Elegirán seis ciudades de refugio: 14tres al otro lado del Jordán y tres en Canaán. Serán ciudades de asilo. 15Esas ciudades servirán de refugio a los israelitas, a los emigrantes y a los criados que vivan con ellos. Allí podrá buscar asilo el que haya matado a alguien sin intención.

16Si lo ha herido con un objeto de hierro y lo ha matado, es homicida. El homicida será castigado con la muerte. 17Si lo ha herido empuñando una piedra capaz de causar la muerte y lo ha matado, es homicida. El homicida será castigado con la muerte. 18Si lo ha herido manejando un objeto de madera capaz de causar la muerte y lo ha matado, es homicida. El homicida será castigado con la muerte. 19Toca al vengador de la sangre matar al homicida: cuando lo encuentre, lo matará.

20Si lo ha derribado por odio o ha arrojado contra él algo con toda intención y lo ha matado, 21o lo ha golpeado a puñetazos por enemistad y lo ha matado, entonces el agresor será castigado con la muerte: es homicida. El vengador de la sangre matará al homicida cuando lo encuentre. 22Si lo ha derribado casualmente, sin odio, o ha arrojado algo contra él sin intención, 23o le ha dado una pedrada mortal sin haberlo visto, y lo mata, sin que le tuviera rencor ni intentase hacerle daño, 24entonces la comunidad juzgará al que hirió y al vengador de la sangre, conforme a estas leyes, 25y salvará al homicida de las manos del vengador de la sangre. La comunidad le dejará volver a la ciudad donde se había refugiado buscando asilo, y allí vivirá hasta que muera el sumo sacerdote ungido con óleo sagrado.

26Si el homicida sale fuera de los límites de la ciudad donde se había refugiado buscando asilo, 27y el vengador de la sangre lo encuentra fuera de los límites de la ciudad donde se había refugiado, y lo mata, no hay delito. 28Porque el homicida debe vivir en la ciudad donde se había refugiado, hasta que muera el sumo sacerdote. Y cuando el sumo sacerdote muera, el homicida podrá volver a la tierra donde se encuentra su herencia.

29Éstas son normas de justicia para ustedes, para todos sus descendientes y en cualquier lugar donde se encuentren.

30En casos de homicidio, se dará muerte al homicida después de oír a los testigos. Pero un testigo no basta para dictar pena de muerte. 31No aceptarán rescate por la vida del homicida condenado a muerte, porque debe morir. 32Tampoco aceptarán rescate del que buscó asilo en una ciudad de refugio, para dejarle volver a vivir en su tierra, antes de que muera el sumo sacerdote.

33No profanarán la tierra donde viven: con la sangre se profana la tierra, y por la sangre derramada en tierra no hay más expiación que la sangre del que la derramó. 34No contaminen la tierra en que viven y en la que yo habito. Porque yo, el Señor, habito en medio de los israelitas.

 

Herencia de las mujeres

(27,1-11)

36 1Los jefes de familia del clan de los galaaditas, descendientes de Maquir, hijo de Manasés, uno de los clanes de la casa de José, se presentaron a Moisés, a los príncipes y jefes de familia israelita, 2y declararon:

–Dios ha ordenado a mi señor que reparta la tierra por suerte a los israelitas. También ha ordenado a mi señor que haga pasar la herencia de Salfajad, nuestro hermano, a sus hijas. 3Pero si se casan con uno de otra tribu israelita, su herencia se sustraerá de la herencia de nuestros padres; la herencia de la tribu a la que ellas pasen aumentará y la que nos tocó a nosotros disminuirá. 4Y cuando llegue el jubileo de los israelitas, la herencia de ellas se sumará a la herencia de la tribu a la que hayan pasado y se sustraerá de la herencia de nuestros padres.

5Entonces Moisés, por mandato del Señor, ordenó a los israelitas:

–La tribu de los hijos de José tiene razón. 6El Señor ordena a las hijas de Salfajad: Podrán casarse con quien ellas quieran, pero siempre dentro de algún clan de su tribu. 7La herencia de los israelitas no pasará de tribu a tribu, sino que todo israelita queda ligado a la herencia de la tribu paterna. 8Las hijas que posean alguna herencia en cualquiera de las tribus israelitas, se casarán dentro de uno de los clanes de la tribu paterna. Así, cada israelita conservará la herencia de su padre; 9y no pasará una herencia de una tribu a otra, sino que cada tribu estará ligada a su herencia.

10Las hijas de Salfajad hicieron lo que el Señor había ordenado a Moisés, 11Majlá, Tirsá, Joglá, Milcá y Noá, hijas de Salfajad, se casaron con primos suyos. 12Se casaron en clanes de los manasitas, tribu de José, conservando su herencia dentro de la tribu a la que pertenecía el clan paterno.

13Éstas son las órdenes y las leyes que dio el Señor por medio de Moisés a los israelitas en la estepa de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó.

 

A este libro que nosotros llamamos «Números», por la referencia a los dos censos que contiene y por la minuciosidad aritmética que ofrece en cuestiones relacionadas con el culto, la tradición judía, según su costumbre, lo llaman «En el desierto», pues es una de las primeras palabras con las que comienza el relato. El desierto es el marco geográfico y también teológico, en el que se llevan a cabo todas las acciones.

 

Contexto del libro. El pueblo sigue en el desierto: sale del Sinaí (1–10) y se acerca a la tierra prometida después de un largo rodeo (21,10–33,49). A lo largo del peregrinaje va enriqueciendo su caudal de leyes o disposiciones.

El autor sacerdotal (P) ha convertido las andanzas de grupos seminómadas durante varios años en la marcha procesional de todo Israel, perfectamente dividido por tribus y clanes, perfectamente organizado y dispuesto como para un desfile militar o una procesión sacra. Las tribus son «los escuadrones» del Señor, cada una con su banderín o estandarte, que avanzan en rigurosa formación: en el centro, el Arca y la tienda; alrededor, los aaronitas y levitas y las doce tribus, tres por lado.

El viaje se realiza en cuarenta etapas (33), a toque de trompeta (10). El término del viaje es tierra sagrada y también es sagrada la organización; los israelitas son peregrinos hacia la tierra de Dios.

En contraste con este movimiento regular, se lee una serie poco trabada de episodios; entre ellos sobresalen el de los exploradores (13s) y el de Balaán (22–24). El primero narra la resistencia del pueblo, que provoca una dilación y un largo rodeo. El segundo muestra el poder del Señor sobre los poderes ocultos de la magia y la adivinación: el adivino extranjero se ve transformado en profeta de la gloria de Israel. Vemos a Moisés en su tarea de jefe y legislador, en sus debilidades y desánimos, en su gran intercesión a favor del pueblo.

 

Mensaje religioso. Sobre el sobrecogedor escenario del «desierto», imagen de nuestro peregrinar por la tierra, se va desarrollando la relación continua entre Dios y su pueblo Israel (símbolo de todos los pueblos). Dios es el guía de la peregrinación hacia la tierra prometida; a veces, lo hace con intervenciones de una presencia fulgurante; otras, silenciosamente, a través de la mediación de los profetas y hombres sabios que Él se ha escogido de entre el mismo pueblo.

El pueblo no es siempre dócil y fiel. Desobedece, se revela, pierde la meta de su peregrinación, añora otros caminos más fáciles y placenteros. Dios se irrita, reprende, castiga, pero siempre es el Dios que salva.

El libro de los Números nos ha dejado el ideal del «desierto», de las tentaciones y de la lucha, como el lugar privilegiado del encuentro del ser humano con su Dios. Tan gravado quedó en la conciencia colectiva de Israel, que toda reforma posterior será una llamada profética al ideal «desierto».

Es también el «desierto» a donde Jesús se retira antes de iniciar su vida pública para profundizar en su identidad de Hijo de Dios y vencer las tentaciones del maligno. Y serán también los Padres y las Madres del desierto, en la primera gran reforma del cristianismo, los que dejarán ya para toda la historia de la Iglesia la impronta indeleble del «desierto» como camino de conversión y reencuentro con Dios.

 


1,1-54 Censo de Israel. Este libro comienza ofreciendo una ubicación cronológica de los acontecimientos (1), más simbólica que real, y que tiene por finalidad indicar que el pueblo aún continúa en el desierto, concretamente junto al monte Sinaí. Allí, el Señor llama a Moisés y le ordena realizar un censo.

¿Qué sentido tiene notificar al comienzo del libro este acontecimiento? Quizá la escuela teológico-literaria sacerdotal (P), responsable de este libro, intentó dejar claro quiénes fueron los que salieron de Egipto, quiénes los que hicieron la travesía del desierto, y quiénes los que lograron entrar en la tierra prometida, pues sólo los fieles al Señor son dignos de ella. En el capítulo 14 se dice, en efecto, que la primera generación de israelitas salidos de Egipto muere en el desierto. Esa generación es la que encontramos aquí censada. Será otra la que encontremos en el capítulo 26, a punto de iniciar el proceso de conquista y reparto de la tierra.

 

2,1-34 El campamento. La rígida organización para las marchas y para cada acampada refleja la estricta concepción teológica de la escuela sacerdotal (P) respecto a la presencia del Señor en medio del pueblo y los ámbitos de santidad que esta presencia determina: en primer lugar, junto a la tienda, la tribu de Leví –y los sacerdotes–; luego, en los demás costados y en orden jerárquico, las demás tribus, estableciendo una especie de muro divisorio entre el lugar sagrado y el profano. Esta mentalidad es la que rige las relaciones internas y externas de Israel. El Señor santifica primero al pueblo judío según un orden jerárquico y según unos criterios de pureza ritual y cultual que se establecen en todos los rituales de Levítico y algunos pasajes de Números. La santidad de los más cercanos al Santuario/Templo es la que santifica a los demás correligionarios, y por último, a los no israelitas.

Este criterio o concepción es sumamente peligroso, porque puede llevar al creyente sencillo a pensar que a Dios no le interesan sino los «buenos», los «santos»; a creer que son santos y buenos porque cumplen externamente una serie de preceptos, aunque las actitudes de amor y misericordia estén completamente ausentes de su vida interior. Eso es lo que muchas veces denunciaron los profetas, y es exactamente uno de los motivos más importantes del ministerio de Jesús: rescatar la verdadera imagen de Dios y devolvérsela a los que la religión había excluido por «impuros» y «malos».

 

3,1–4,49 Tribu de Leví. La tradición israelita tuvo siempre a los levitas como los servidores exclusivos del Santuario; pero como podemos ver en Éx 25–31, hay un momento en la historia de Israel cuando los llamados descendientes del sacerdote Sadoc se las ingenian para emparentar con Aarón. Intentan aparecer como los amos y señores del Templo de Jerusalén, los únicos que podían oficiar, tocar y lucir objetos sagrados, relegando a los levitas a labores inferiores. Los levitas, sus familias y tribus, eran prácticamente sirvientes de los sacerdotes; así lo consigna el documento sacerdotal (P) en estos dos capítulos.

El argumento teológico que hace de los levitas una porción del pueblo tomada especialmente por Dios está en relación con la propiedad absoluta de Dios. El signo de aceptación es el ofrecimiento que se hace a Dios de todo primogénito. El Señor es dueño de todo el pueblo; por ello, todos deberían dedicarse exclusivamente a su servicio, aunque basta con que haya una parte representativa del pueblo consagrada a Él. Esa parte es la tribu de Leví, una especie de rescate que paga todo el pueblo (cfr. 8,22).

 

5,1–6,27 Legislaciones varias. Estos dos capítulos están dedicados a la legislación sobre aspectos varios de la vida del pueblo. El motivo fundamental de estas leyes es la preocupación por lograr un culto lo más perfecto posible, que implica necesariamente la pureza de la asamblea. Recordemos que en la mentalidad de la escuela teológico-literaria sacerdotal (P) Israel es, ante todo, una comunidad cultual que hace posible la presencia permanente de Dios entre ellos mediante la pureza en todos sus órdenes. De ahí que las leyes y normas para el culto y la disposición personal afecten a todos los aspectos de la vida humana: aspecto físico o salud corporal (5,1-4); aspecto social, en lo referente a las relaciones de propiedad (5,5-10); aspecto familiar, en lo relativo a las relaciones de pareja (5,12-31); finalmente, el aspecto religioso (6,1-21), concerniente a la costumbre de consagrarse al Señor mediante un voto, llamado «voto de Nazireato».

Como puede verse, son leyes y exigencias propias de un determinado modo de pensar, de la llamada escuela teológico-literaria sacerdotal (P). Los sacerdotes son los que juzgan, determinan y realizan los distintos ritos de normalización y restablecimiento del orden que había sido roto; son los únicos que tienen la potestad de bendecir al pueblo según una fórmula establecida (6,22-26).

 

7,1-89 Consagración del Santuario: ofrendas. Una forma de exigir al pueblo la costumbre de presentar permanentemente sus ofrendas al Templo de Jerusalén es poniendo este relato en el mismo lugar de la Alianza, del decálogo, o sea, en el mismo nacimiento de Israel como pueblo. La corriente sacerdotal (P) quiere dar un toque de autoridad divina a todo lo que tiene que ver con el Templo y con las funciones sacerdotales. Para darle, además, un toque de presentación histórica, retoma los nombres de los jefes de tribu que habían colaborado en el censo (2).

El creyente israelita estaba obligado a colaborar con el sostenimiento del Templo. Para la época del Nuevo Testamento estaba bien regulada la cuestión del tributo: había una tasa obligatoria anual y, al mismo tiempo, se hacía propaganda de las ofrendas voluntarias que tenían lugar especialmente durante las peregrinaciones a Jerusalén. El Templo estaba provisto de los recipientes necesarios para esta ofrenda voluntaria, que se prestaba al mismo tiempo para que los donantes fueran considerados como desprendidos y generosos con Dios. Sin embargo, Jesús estuvo en contra de esas actitudes; según nos relata Lc 21,1-4, Jesús alabó la generosidad, no de los que más echaban, sino de la pobre viuda que dio desde su necesidad.

 

8,1-26 El candelabro – Consagración de los levitas. Después de una breve instrucción sobre la forma de encender el candelabro y la descripción del mismo, viene el rito de consagración de los levitas precedido de la presentación de las ofrendas al Señor. La idea es que también al Señor se le presentan ofrendas humanas, pero como éstas no pueden ni deben ser sacrificadas, Él las toma para su servicio porque toda vida le pertenece (16-18).

Una vez más queda ratificada la primacía de los sacerdotes aaronitas por encima de los levitas, quienes simplemente serán subordinados de Aarón y sus hijos, como voluntad expresa de Dios (19s). Pero también queda establecida la separación de los levitas y su primacía respecto al resto del pueblo. Ellos sustituyen de algún modo el servicio que todo israelita debía cumplir delante del Señor, y ese servicio los hace exclusivos, los separa del resto de la comunidad.

 

9,1-14 La Pascua. La mención aquí de la Pascua refleja un período de fuerte institucionalización de esta costumbre entre pastores seminómadas. No tenía en sus orígenes ninguna prescripción de tipo religioso, ni sacerdotes que exigieran alguna ofrenda especial ese día.

 

9,15-23 La nube. Todavía no se ha movido el pueblo del Sinaí, pero ya se nos indica cómo se movilizaba el pueblo y cómo y cuándo debía acampar. Este dato confirma que se trata de un relato que se relee y actualiza desde otra época y contexto muy diferentes: el exilio de Babilonia.

La escuela sacerdotal (P) maneja una idea muy peculiar sobre Dios: Dios es un ser absolutamente santo, absolutamente trascendente, y de ahí la imposibilidad de «ver» a Dios, de acercarse siquiera al lugar de su presencia sin las debidas precauciones. Por eso, su presencia es sustituida por elementos que de uno u otro modo le ocultan, le envuelven, como es el caso de la nube o del fuego. La intimidad infranqueable del Santuario permite que Dios no se «contamine» con lo profano.

Si nosotros los cristianos basamos nuestra fe en el misterio de la encarnación hemos de aceptar que en Jesús Dios llegó a los extremos más insospechados de «impureza» y de «contaminación» con un solo propósito: rescatar al hombre y a la mujer y rescatarse Él mismo de semejante manera de pensar. Lo importante es que en nuestras comunidades, en nuestras Iglesias o congregaciones de cualquier confesión no sigamos imponiendo esa imagen de Dios, absolutamente contraria al Dios de Jesús.

 

10,1-10 Las trompetas. Junto con las secciones anteriores, esta indicación sobre las trompetas es la última instrucción dada para iniciar la marcha por el desierto que señala la disciplina que debe reinar en la comunidad. Nosotros imaginaríamos las marchas por el desierto del Israel emigrante sin un orden especial, dadas las condiciones de huída o expulsión de Egipto; sin embargo, en la mentalidad y perspectivas teológicas de la escuela sacerdotal se convierten en una asamblea que avanza en procesión litúrgica.

 

10,11-36 Partida. Por fin, el pueblo que hasta ahora había permanecido en el Sinaí, desde que Éx 19,1s nos informara de su arribo, se dispone a partir. Tal como estaba previsto, al levantarse la nube cada escuadrón rodea por los cuatro costados el Santuario portátil, con toda la solemnidad que el pueblo instruido y organizado puede darle a este gran momento.

Los versículos 29-32 indican la conciencia que poco a poco se estaba formando en algún sector del Israel del s. VI a.C. sobre la universalidad de los bienes del Señor.

 

11,1-35 Quejas del pueblo y de Moisés. Ya antes del Sinaí teníamos conocimiento de las quejas y rebeldías del pueblo al iniciar su marcha después de haber salido del lugar de la esclavitud (cfr. Éx 15,22–17,7), y de cómo el Señor les había respondido. Ahora sucede lo mismo; el pueblo comienza a experimentar la tentación más grave: la nostalgia de Egipto y el deseo de regresar. El comportamiento del pueblo conlleva la ira divina y, al mismo tiempo, el lamento y la súplica de Moisés, quien consigue la compasión del Señor hacia el pueblo.

En este capítulo se entrelazan dos tradiciones sobre las marchas por el desierto: la primera es el alimento que consumió el pueblo aprovechando la presencia de las codornices y del maná, lo cual es leído como una intervención providente de Dios. No hay ninguna indicación –a diferencia de Éx 16– sobre la ración autorizada por persona o por familia, ni sobre el ciclo diario de recolección del alimento; sólo se indica cómo el consumo exagerado por muchos termina con una gran mortandad. Se trata de una crítica, no tanto a la glotonería o a la gula, sino más bien a la avaricia, al afán desmedido por poseer más y más, en fin, a los que acaparan los bienes olvidándose de los demás.

La segunda tradición es la designación de setenta ancianos que comparten la guía y dirección del pueblo con Moisés. En Éx 18,14-27, esta solución es propuesta a Moisés por su suegro; aquí es el Señor quien decide hacerlo. La expresión «Apartaré una parte del espíritu que posees y se lo pasaré a ellos» (17.25) indica que cada uno tendría frente al pueblo la misma responsabilidad que Moisés: guiar, instruir, interceder.

Los versículos 26-30 subrayan las dificultades que a veces surgen también en nuestras comunidades: no dar crédito a quien obra el bien en favor del pueblo y en nombre de Dios, pero no pertenece a la institución o a «nuestro grupo». La corrección que hace Moisés a Josué (28s) la tiene que hacer también Jesús a sus discípulos (cfr. Mc 9,38-40); muchos retrocesos en nuestras comunidades se podrían evitar si la hiciéramos nuestra. Los versículos 31-35 concluyen la narración.

 

12,1-16 Moisés y sus hermanos. Las dificultades del desierto, las quejas, los lamentos y las contradicciones no corren sólo por cuenta del pueblo. Este relato nos revela que también hubo tropiezos y dificultades por parte de los dirigentes. María –la misma que vimos animando a las demás mujeres en el canto de acción de gracias después del paso del Mar Rojo (Éx 15,20s)– y Aarón se rebelan contra su hermano. Esta situación provoca la ira de Dios y el consiguiente castigo que extrañamente sólo recae en ella. Hasta dónde se siente responsable Aarón y hasta dónde teme que también él pueda ser castigado se puede deducir de los versículos 11s, donde intercede ante Moisés por su hermana y por él mismo.

Este relato deja ver la gran veneración que los redactores sienten por Moisés, al considerarlo un profeta absolutamente especial, con quien el Señor se comunica de un modo directo, «cara a cara», y no por mediaciones como lo hace con los demás profetas (6s).

 

13,1-33 Los exploradores – Informe. Sin decir exactamente cuánto ha caminado el pueblo y cuánto falta para su arribo a la frontera de la tierra prometida, encontramos este relato donde Moisés envía una expedición para examinar el territorio. El informe (25-29), pese a que en principio es alentador, se convierte pronto en motivo de desaliento: el país explorado es muy poderoso; a pesar del entusiasmo de algunos (30), los ánimos decaen con las palabras de quien lo describe como impenetrable y poblado por gigantes (31-33). Este capítulo es el motivo narrativo que da pie a los relatos del capítulo 14.

 

14,1-45 Rebeldía contra el Señor. El pesimismo expresado en 13,31-33 contagia a todo el pueblo, que se llena de miedo y desgana por continuar adelante. El llanto de toda la noche (1) y las protestas (3s) son el reflejo de un pueblo que aún carece de lo más esencial para adquirir su libertad: conciencia y ganas de alcanzarla. No hay que entender su deseo de regresar a Egipto como un querer retornar al mismo punto geográfico, sino más bien como un querer volver al mismo estado de cosas al que estaban acostumbrados. Era preferible para ellos el sometimiento pasivo que no acarreaba esfuerzos, renuncias, lucha, incomodidades, hambre o peligros y servir con la misma inercia con que se mueven los animales de trabajo, a conseguir su libertad.

El reto que se le presenta al pueblo es conquistar su libertad a base de esfuerzo. Las protestas y los intentos de retroceso que vemos ya en Éx 14,11s; 15,24; 16,3; 17,2; Nm 11 y de nuevo aquí (1-4) reflejan los miedos, las dudas, la falta de certeza sobre el éxito o el fracaso en los procesos de cambio. En el fondo, es lo que el famoso psicoanalista E. Fromm denominó «el miedo a la libertad». Pues bien, esos procesos de concienciación que toman tiempo, que presentan avances y retrocesos, que suscitan amigos y enemigos, simpatizantes y perseguidores de la causa, son convertidos por la corriente sacerdotal (P) en una especie de castigo o de represalia divina (20-38): sentencia al pueblo a vivir cuarenta años como pastores en el desierto y no permite que ninguno de la generación que salió de Egipto, excepto Josué y Caleb, entre en la tierra prometida.

Esto podría desanimar al lector actual, máxime si se trata de creyentes que están yendo por el camino de la concienciación y la liberación. Lo más lógico y lo más humano es que tanto el individuo como el grupo quieran ver o disfrutar los beneficios de la libertad; eso sería lo ideal, pero no siempre es así. Ahora, lo más importante es trazar caminos para los que vienen detrás de nosotros.

 

15,1-41 Prescripciones sobre los sacrificios. Interrumpiendo la narración sobre la vida en el desierto, los versículos 1-31 están dedicados a la prescripción sobre las ofrendas y libaciones que deberían realizar los israelitas una vez instalados en la tierra que el Señor les iba a dar. Cierra este ciclo de prescripciones la norma sobre los sacrificios de expiación que se ofrecían por las faltas cometidas inadvertidamente, faltas que eran perdonadas. Pero aparece también la advertencia de que aquellas faltas cometidas a conciencia –en hebreo «con la mano en alto»– no tienen perdón; éstas acarrean la exclusión de la comunidad (30s).

Los versículos 32-41 refieren un caso de condena a muerte de un hombre que fue sorprendido trabajando en sábado. Es obvio que no hemos de tomar en sentido literal esta rigidez e intransigencia por parte de Dios. Recordemos que los autores bíblicos ponen en boca de Dios aquello que ven necesario y conveniente para la vida de la comunidad. Tal vez este relato ejemplar se hizo necesario para enseñar al pueblo a cumplir con el ciclo semanal de trabajo y de descanso. Nótese cómo el proceso de aquel hombre termina con la orden de que todos elaboren borlas y flecos que debían pender de sus ropas como recordatorios de los mandatos y preceptos de Dios.

En todo caso, la actitud y el comportamiento respecto al sábado o a cualquier otro precepto y su posterior evolución son materia de fuertes denuncias por parte de Jesús. Además, es Él quien se autodefine como Señor también del sábado (Lc 6,5), y quien le devuelve el valor de mediación: el sábado tenía que estar al servicio del ser humano y no el ser humano al servicio del sábado (Mc 2,27).

 

16,1–17,28 El pueblo, el Señor y Aarón. Estos dos capítulos pueden dividirse en tres relatos: 1. La rebelión de Córaj, Datán y Abirán, y sus consecuencias (16,1– 17,5). 2. La protesta de toda la comunidad y la reacción del Señor (17,6-15). 3. El relato sobre la vara de Aarón (17,16-28). Los tres relatos subrayan la preeminencia del sacerdocio aaronita y sus funciones por encima de los levitas. Los descendientes de Aarón eran los únicos que podían acercarse al Santuario y oficiar en forma legítima el ritual de los sacrificios. En la «escuela de santidad», ellos eran los primeros, de ahí sus privilegios.

Ya sabemos que, de acuerdo con el criterio de justicia que debemos aplicar a cada pasaje de la Biblia, todos estamos llamados a la santidad, que no adquirimos por nuestro esfuerzo, ni por nuestra proveniencia, sino por pura gracia de Dios; don que también recibimos como tarea y compromiso en la búsqueda de la justicia y de la armonía en las relaciones con los demás.

 

18,1-32 Funciones y derechos de aaronitas y levitas. De nuevo se insiste en la primacía del sacerdocio aaronita sobre los levitas (1-7) y una vez más se recuerda la parte de las ofrendas que se presentaban al Señor, a la cual tenían derecho exclusivo los sacerdotes (8-19). Los levitas sólo recibían una parte de los diezmos que los fieles presentaban al Templo (20-32). Como se ve, el sacerdocio de Jerusalén tiene en sus manos todas las cartas para presentarse como el único dispuesto por el Señor para el servicio cultual o para percibir lo mejor de las ofrendas.

 

19,1-10 La vaca de pelo rojizo. No se conoce aún el sentido de esta prescripción. El mismo texto indica la finalidad de las cenizas de este animal, pero no se sabe por qué debía ser roja.

Hoy por hoy, las corrientes más ortodoxas del judaísmo esperan el momento de obtener un ejemplar que reúna estas condiciones; sería la señal para dar inicio al proceso de restauración del judaísmo y sus instituciones, que quedaron destrozadas después del año 70. Este proceso de restauración incluiría la reconstrucción del Templo, cuyo lugar está hoy ocupado por la segunda mezquita más importante del credo islámico. Es obvio, entonces, que un proyecto de tal magnitud no beneficiaría a nadie. De mejor proceder sería entablar un diálogo interreligioso entre estas comunidades –judías y musulmanas– que, aunque creen en el mismo Dios, no lo conciben de la misma manera.

 

19,11-22 Leyes de pureza ritual. La concepción de un Dios absolutamente puro y santo lleva a la preocupación por la pureza y dignidad con que los fieles pueden relacionarse con Dios. De ahí que la teología sacerdotal (P) se empeñe de una manera tan reiterativa, casi obsesiva, por separar lo puro de lo impuro, lo profano de lo santo, y de fijar las condiciones por medio de las cuales se puede adquirir de nuevo la condición de pureza en caso de haberla perdido.

Como puede verse, estamos en una etapa de concepción teológica en la que no se conoce aún el concepto de la gracia divina, que ciertamente no se alcanza por medio de ritos, ni ofrendas, ni sacrificios, sino que es puro don del Padre.

Este exceso de preocupación por no caer en impureza o en contaminación, que llega hasta volver al creyente insensible por el prójimo, queda perfectamente ilustrado y desenmascarado por Jesús en el relato lucano del buen samaritano (cfr. Lc 10,25-37).

 

20,1-13 Agua de la roca: sentencia contra Moisés y Aarón. Tenemos un relato paralelo sobre el agua de la roca en Éx 17,1-7 con características muy similares pero también con grandes diferencias. Una de ellas es el doble golpe que propicia Moisés a la roca con su vara (11) y la reacción negativa de Dios sentenciando a Moisés y a Aarón a no entrar en la tierra prometida (12). Esto bien podría ser la forma narrativa de anticipar la noticia de la muerte de Aarón en el desierto (28s). Se trata de uno de esos relatos etiológicos que tratan de explicar costumbres o circunstancias históricas que no tienen una explicación «científica». Seguramente, la tradición israelita siempre se preguntó por qué Moisés y Aarón no condujeron al pueblo también en la conquista de la tierra prometida. La única «explicación» es mediante el arreglo de un relato como éste –hubiera podido ser otro–, en el cual hay una supuesta desobediencia de Moisés, no de Aarón –incluso los términos de la falta de Moisés no son claros–: ¿Por qué increpó al pueblo en lugar de increpar a la roca según lo mandado (8)? O, ¿por qué la golpeó dos veces en lugar de una?

Con todo, ésa no es la preocupación del redactor. Lo que le importa es tratar de demostrar que pese al papel de Moisés, a su figura y a su peso delante de Dios, no por eso podía darse el lujo de contradecir su plan. O tal vez, porque ni siquiera Moisés, el gran caudillo, el gran mediador, el que hablaba «cara a cara» con Dios, ni siquiera él podía entrar en tierra de libertad según el criterio del mismo plan divino: no esta primera generación, sino la siguiente será la que entre en el país, con excepción –claro está– de Josué y Caleb.

Podríamos tomar este relato como una especie de recapitulación ilustrada de lo que han sido hasta ahora las etapas del desierto: desaliento, tentaciones de regresar al sistema socio-económico egipcio, murmuraciones y rebeldías, protestas por parte del pueblo y de sus mismos dirigentes. Son fracasos e infidelidades de la cuales ni Moisés ha estado exento. Dios ha castigado en su momento, pero no ha aniquilado por completo la semilla del pueblo con la que llevará adelante su propuesta de liberación. Ésta no se reduce sólo a la salida de Egipto, sino que incluye, además, la travesía del desierto, la conquista de la tierra y la puesta en marcha de un proyecto de igualdad y de justicia.

 

20,14-21 Edom niega el paso a Israel. Uno de los motivos de la eterna enemistad entre edomitas e israelitas fue el robo de Jacob/Israel a su hermano Esaú/Edom de los derechos de la primogenitura (cfr. Gn 25,27-34) y la bendición paterna (Gn 27,1-45). Ahora ha llegado el momento en que los edomitas se venguen al no permitir el paso de sus hermanos de sangre por su territorio, pese a la insistencia de Moisés.

 

20,22-29 Muerte de Aarón. Tal como estaba anticipado desde 20,12, Aarón muere en esta nueva etapa del desierto. El redactor sacerdotal se cuida de que la línea del sacerdocio aaronita sea transmitida a su hijo Eleazar imponiéndole los ornamentos sagrados de su padre.

 

21,1-3 Exterminio. Una victoria de Israel en medio de tantas penurias indica que su marcha sigue acompañada de cerca por la fuerza y el poder del Señor, su Dios.

 

21,4-9 Serpientes. Pese a la alegría que debió suscitar en el pueblo la victoria sobre un pueblo cananeo (1-3), este relato presenta un nuevo desánimo y nuevas murmuraciones de los israelitas. La respuesta divina es un castigo que amenaza con acabar con todo el pueblo. Moisés tiene que ejercer su ministerio de mediador, y una vez más la vida del pueblo es salvada y perdonada. Es probable que este relato obedezca a viejas leyendas de religiosidad popular atribuidas a sus antepasados en el desierto.

La serpiente elevada en el madero que sana a los mordidos por las serpientes venenosas con sólo mirarla es para el evangelista Juan la prefiguración de Cristo elevado en la cruz que salva a la humanidad (cfr. Jn 3,14; 8,28; 12,32).

 

21,10-35 Diversas etapas y victorias. Ya a las puertas de la tierra prometida, Israel ha aprendido que si quiere mantener su unidad y su identidad como pueblo no puede menospreciar al Señor. Sólo con su ayuda puede avanzar por el desierto y sólo con su asistencia puede derrotar a los enemigos que obstaculizan su marcha. Quedan consignadas las victorias de Israel sobre pueblos hostiles, como los amorreos y los habitantes de Basán, hasta convertirse en motivo de recuerdo perpetuo.

El Sal 136 menciona particularmente estos triunfos de Israel, pero siempre como acciones asistidas por el mismo Dios.

 

22,1–24,25 Profecías de Balaán. Las tradiciones sobre el desierto conservaron este relato que, releído durante el destierro en Babilonia o en otros momentos críticos de la vida de Israel, da esperanza y mantiene viva la fe del pueblo. El rey de Moab, viendo el avance de Israel, siente temor y llama a Balaán, un personaje respetado y famoso que, según parece, vive en territorio mesopotámico lejos de Moab. Según el texto, se trata de un hombre de Dios que, de acuerdo con las creencias de aquel entonces, tendría la capacidad suficiente de maldecir o de bendecir y lograr que su maldición o bendición tuvieran efecto. Lo llamativo del pasaje es que, a pesar de tratarse de un «hombre de Dios», su burra resulta tener más capacidad de visión y distinguir la presencia divina en el camino que él. El relato se construye sobre una especie de fábula o cuento que sirve para ilustrar el proceso de discernimiento que un personaje como Balaán tiene que realizar, para saber exactamente al servicio de qué dios está.

Los repetidos intentos de Balac por arrancar a Balaán la maldición para Israel, con el mismo resultado contrario, indican el grado de conciencia que de sí mismo ha ido desarrollando el pueblo israelita entre los demás pueblos. Éste es un punto de apoyo para los momentos históricos difíciles, cuando tanto la fe como la identidad nacional estuvieron a punto de perderse.

La escuela teológico-literaria sacerdotal (P) aprovecha estas tradiciones reelaborándolas y actualizándolas a la época del destierro en Babilonia, para animar la esperanza y hacer ver que a pesar del poderío de los enemigos de Israel y sus intenciones de hacerlos desaparecer, el poder del Dios, que se comprometió con Israel mediante una Alianza, no les fallará. Israel tiene que aprender a ser obediente, a no anteponer su voluntad y su capricho a los designios divinos, pues a causa de sus desobediencias le ha ido mal y ha debido ser castigado muchas veces.

 

25,1-18 Baal-Fegor. La relectura del pasado de Israel no olvida nada de lo que constituyó la experiencia de sus antepasados en su marcha por el desierto hacia la tierra prometida: rebeliones, protestas, desánimo, tentación de volver a Egipto, codicia y avaricia; situaciones todas que forman parte de la vida humana y que situadas en el desierto adquieren el valor simbólico de la conciencia que se va formando, que avanza pero que también retrocede.

En esta misma línea de relectura de los antepasados, especialmente de los pecados en que cayeron, encontramos este relato de idolatría que resulta ser novedoso en el contexto narrativo de las marchas por el desierto. Acampados en Sittim, el pueblo empezó a corromperse y terminó dando culto a Baal-Fegor, dios de la fertilidad de aquel lugar cuyo culto incluía la prostitución sagrada.

Este nuevo pecado de Israel trae la ira y el castigo de Dios. El relato nos habla de una matanza sumamente exagerada y de una actitud divina que, podríamos decir, promueve la violencia: sólo calma su ira cuando parece que ya hay suficiente sangre derramada. Hemos de tener mucho cuidado con la interpretación de pasajes como éste. No podemos dar valor real a lo que a todas luces posee un valor simbólico. La gran preocupación de los redactores del texto era rescatar la fe del pueblo, su identidad y, sobre todo, inculcar la idea de la absoluta obediencia al Señor y el total rechazo a cualquier otra propuesta religiosa. El mismo pueblo sabe por experiencia que cuando se ha ido detrás de otros dioses, es decir, cuando ha desobedecido y sido infiel al proyecto de la vida y de la justicia propuesto por Dios, lo único que ha conseguido han sido fracasos y caídas que los autores bíblicos asimilan con la muerte. De todos modos, pasajes como éste inducirían al creyente actual a la intransigencia y a la intolerancia religiosa, y hasta podrían alimentar y justificar desde aquí actitudes violentas que con gran facilidad se acuñarían con la autoridad divina.

 

26,1-65 Nuevo censo. A las puertas de la tierra prometida, terminada prácticamente la travesía, se hace necesario un nuevo censo por dos motivos: primero, para comprobar que ninguno de la primera generación estuviese presente (64s); y segundo, para repartir la tierra por tribus (53s).

Si se compara el número de los censados en el Sinaí (603.550 en 1,46) con el censo de las estepas de Moab (601.730 en 51), la diferencia es muy pequeña (sólo 1.820 personas). Sin embargo, en el versículo 62 se registran 23.000 varones mayores de un mes que, aunque no se consignaron con los demás israelitas, nos da idea de que la población había aumentado en lugar de disminuir, pese a las muertes registradas en el desierto. Ésta puede ser la intencionalidad teológica del capítulo: la fidelidad providente de Dios y su compromiso con la vida. A pesar de que las circunstancias del desierto y el comportamiento de Israel hubieran podido terminar con la completa desaparición del pueblo, ese compromiso y esa fidelidad de Dios han hecho que la vida progrese y no retroceda. De modo que en tiempos de crisis y de amenaza contra la vida, esta escena, que aparentemente es inabordable por su extensa relación de nombres, se convierte también en un mensaje esperanzador para el pueblo.

 

27,1-11 Herencia de las hijas. Un breve relato ejemplar sirve de marco para legislar sobre el derecho hereditario de la mujer en Israel. Sabemos que la mujer dependía toda su vida de un varón: cuando niña, de su padre; cuando adulta, de su marido; si quedaba viuda dependía de su hijo mayor, y si no tenía al menos un hijo varón quedaba completamente desprotegida. La ley que establece el derecho de herencia aun sin tener hermanos varones es lo más justo que pudo intuir el legislador sacerdotal (11).

 

27,12-23 El Señor anuncia a Moisés su muerte. Consecuente con el criterio del Señor de que ninguno de los que salieron de Egipto entraría en la tierra prometida –con la única excepción de Josué y Caleb–, el redactor incluye en esta sección netamente legislativa (capítulos 27–30) el anuncio del fin de Moisés y los preparativos para investir a Josué como guía sustituto. La sobriedad del diálogo entre el Señor y Moisés constituye el ejemplo paradigmático para los guías y líderes de cualquier comunidad, ya sean religiosos o políticos. Moisés es consciente de que no es indispensable, y la única preocupación que presenta al Señor es que sea el mismo Señor el que elija a uno del pueblo para que tome sus funciones. No está el proyecto personal del líder por encima del proyecto del pueblo, es el proyecto del pueblo el motivo de las preocupaciones y afanes del líder.

Sobradas experiencias de este tipo tenemos en tantos países y comunidades de donde provenimos; el despotismo y la tiranía que tantas veces hemos tenido que sufrir no tienen otra causa que un dirigente político o religioso que, creyéndose indispensable e insustituible, ha puesto como criterio máximo para todos su proyecto personal.

 

28,1–30,1 Ofrendas que deben ser presentadas al Señor. Estos dos capítulos prácticamente recogen lo ya legislado en Levítico 23 sobre las diferentes ofrendas que debían presentarse al Señor con motivo de las grandes festividades; sin embargo, advertimos varias novedades: 28,9s menciona por primera vez en el «corpus legislativo del culto» una ofrenda que debía ser presentada el sábado, sin paralelo en el Pentateuco pero sí en Ezequiel (Ez 46,4s), lo cual hace suponer que se trata de una ley que surge en el destierro y que posiblemente perdura hasta la época del Nuevo Testamento. La segunda novedad es la ley sobre los sacrificios el día primero de cada mes; es decir, el día de luna nueva, cuya fiesta se menciona sin regulaciones precisas en Nm 10,10; 1 Sm 20,5; Is 1,13 ; Sal 81,4.

Nótese que, por regla general, a una ofrenda animal le corresponde también una ofrenda vegetal. La intención teológica y pastoral de estas regulaciones es el reconocimiento permanente por parte del pueblo de la total soberanía del Señor mediante el ofrecimiento de parte de lo que el mismo Señor ha dado a sus hijos; el israelita debía tener en mente que no era él quien daba algo al Señor: era el Señor quien le había dado a él, y en reconocimiento devolvía parte de lo recibido. Desafortunadamente no siempre se entendió así esa dinámica, sino que se llegó a pensar que el Señor necesitaba de esas ofrendas o que con ellas los israelitas podían comprarse algún favor divino; al menos eso es lo que se puede deducir del Sal 50.

 

30,2-17 Ley sobre los votos. Es probable que esta ley responda a una cierta relajación sobre los votos y promesas hechos al Señor. Al varón se le exige que cumpla su palabra sin más; su palabra bastaba para dar solemnidad al compromiso y le acompañaba la obligación moral de cumplirla. No así en el caso de la mujer, lo que demuestra con toda claridad el grado de subordinación al que estaba sometida: su palabra sólo tenía validez si su padre –en el caso de una joven soltera– o su marido –si estaba casada– daba el consentimiento. Únicamente el voto y los compromisos de la viuda o de la repudiada eran válidos sin necesidad de que interviniera un hombre, por tratarse de mujeres que no disponían de un varón que las representara.

Este testimonio bíblico que hoy nos sorprende todavía no está superado en muchos de nuestros países y comunidades de origen. Aún falta la madurez humana y de fe tanto del hombre como de la misma mujer para vivir y aceptar esa paridad de derechos y responsabilidades queridos por Dios desde la creación (cfr. Gn 1,26).

 

31,1-54 Destrucción de Madián. Este capítulo retoma 25,16-18, donde en efecto se recibe la orden de atacar a los madianitas, un pueblo con el que Moisés tuvo al principio buenas relaciones (cfr. Éx 2,15s). El motivo de la guerra contra este pueblo, según lo explicita el mismo texto, es haber propiciado la idolatría de los israelitas cuando le rindieron culto a Baal-Fegor y muchos se acostaron con las mujeres consagradas a dicha divinidad.

El capítulo 25 nos narraba el castigo divino propinado a Israel; este capítulo, el castigo dirigido contra los madianitas. Hay una mención negativa de Balaán (8.16); el mismo que había bendecido a Israel rehusando enriquecerse con las ofertas de Balac, rey de Moab, está ahora interesado en la maldición de los israelitas. Estamos ante diversas tradiciones del mismo personaje, tal y como sucede con las tensiones entre Israel y los madianitas, que en algún momento de su historia provocaron la ruptura de sus relaciones. La rivalidad con otros pueblos se retroproyecta al momento mismo o al período previo a la entrada en la tierra prometida con una intencionalidad programática: Israel no puede compartir o imitar ninguna práctica religiosa de los pueblos que le rodean bajo pena de muerte; debe declarar la guerra a todo culto idolátrico y no contaminarse.

Esta represalia desmesurada y cruenta contra los madianitas no debe tomarse en sentido literal; tampoco podemos dudar de si la orden de ataque la dio o no el mismo Dios. Jamás debemos llegar a pensar que un acto de violencia y de barbarie como éste o como tantos otros que encontramos en el Antiguo Testamento pueda provenir del mismo «Ser» cuya esencia es sólo amor, misericordia y perdón. Estos relatos deben ser entendidos en su contexto y en el conjunto de preocupaciones e intencionalidades teológicas de sus redactores. Nunca pueden ser un argumento para promover la violencia o la intolerancia religiosa. Ingenuamente se habla a veces de guerra «santa», como si guerra y santidad fueran compatibles. Toda guerra o acto violento es condenable, por más que el nombre de Dios esté de por medio. Es necesario estar muy atentos para no caer en la aceptación de falsas ideologías político-religiosas que comprometen la auténtica imagen del Dios bíblico.

 

32,1-42 Primera ocupación: Rubén y Gad. Los éxitos militares de Israel han permitido conquistar ya un buen territorio despejado de enemigos al oriente del Jordán. Lo más lógico sería ocuparlo «oficialmente», de ahí la propuesta de los descendientes de Rubén y de Gad de posesionarse del territorio con la aparente justificación del exceso de ganado que poseen (1-5).

Moisés antepone varios reparos a la propuesta: en primer lugar, los acontecimientos del desierto han afectado, para bien o para mal, a toda la comunidad israelita; segundo, la conquista de este territorio es una empresa de todo el pueblo; en tercer lugar, y lo que es peor, esto podría ser visto por el Señor como un acto de desobediencia contra su voluntad, ya que desea que todo el pueblo atraviese el Jordán y conquiste el país de Canaán. Además, de no hacerlo así, sería motivo de desaliento y desmoralización para el resto del pueblo (6s).

Lo más trágico sería el desencadenamiento de un castigo divino contra todo el pueblo por causa de unos cuantos (8-17), como de hecho ya había ocurrido en otras ocasiones. Sólo bajo juramento acepta Moisés la propuesta de los rubenitas y gaditas: dejarán sus posesiones, sus mujeres y sus niños en el territorio que piensan ocupar y acompañarán al resto de la comunidad en la conquista de la tierra prometida. Finalmente, el territorio al este del Jordán es repartido entre los descendientes de Rubén, de Gad y de la mitad de la tribu de Manasés (33-42). Con este relato, la corriente sacerdotal (P) pretende enseñar que la desobediencia a las órdenes divinas trae como consecuencia la muerte.

 

33,1-56 Itinerario de Israel. En coherencia con el dato de los cuarenta años de Israel en el desierto, los redactores sacerdotales, responsables de este libro, acomodan en época tardía cuarenta etapas de un año de duración cada una. Evidentemente, se trata de cifras simbólicas. El desierto ha significado para la mentalidad israelita el tiempo y el espacio que la conciencia requiere para transformarse completamente. No era posible entrar en la tierra prometida con mentalidad de esclavos; por eso ninguna tradición antigua sobre la salida de Egipto y el ingreso en la tierra prometida sostiene que dicho evento se haya dado de manera inmediata. Este libro también insiste en que ninguno de la generación que salió de Egipto entró en la tierra prometida, ni siquiera Moisés. Con excepción de Josué y Caleb, todos murieron en el desierto.

Los versículos 50-56 son una repetición de Éx 23,23-33 y equivalen al programa de fondo de la conquista. De todos modos, una cosa es el ideal y otra muy distinta es la realidad. En muchas ocasiones, Israel se apartó de su camino e hizo todo lo contrario al programa de vida con el que se había comprometido, como sabemos por las numerosas y constantes denuncias de los profetas.

 

34,1-29 Fronteras de Israel. Los límites descritos son ideales (1-12). No hay noticia de que las doce tribus hayan ocupado este territorio así demarcado, por lo menos no antes del período de la monarquía, cuando David y luego Salomón conquistaron tierras que no lo habían sido hasta entonces. Los versículos 17-29 recogen de nuevo a los representantes de las nueve tribus y media que faltan por adquirir territorio, los cuales ya han aparecido en dos censos anteriores (capítulos 1 y 26) y, en parte, en la exploración de la tierra prometida (capítulo 13).

 

35,1-8 Ciudades levíticas. La única tribu que nunca tuvo territorio fue la de Leví. La explicación religiosa es que su heredad era el mismo Señor, pues su oficio era exclusivamente religioso. Sin embargo, en previsión del espacio físico que los levitas debían ocupar encontramos esta ley que ordena a cada israelita ceder parte de su heredad para los levitas. El servicio al Señor no excluye la necesidad de poseer un espacio propio para sí y para la familia.

 

35,9-34 Ciudades de refugio. El versículo 35,6 exigía la entrega de seis ciudades a los levitas de entre las cuarenta y ocho que toda la comunidad israelita debía donar a esta tribu; aquí se amplía y regula la cuestión. De por medio está la ley del Talión: quitar la vida a quien la haya quitado. La normativa busca favorecer a quien sin intención ni culpa alguna había dado muerte a otra persona. Lo llamativo es que el homicida debía permanecer refugiado en una de aquellas ciudades hasta la muerte del sumo sacerdote (25.28). Esta figura llegó a ser tan venerada, que cuando un condenado a muerte era llevado al lugar de la ejecución, si por fortuna se cruzaba por su camino el sumo sacerdote, inmediatamente era indultado. Lo mismo sucedía el día en que moría el sumo sacerdote: se promulgaban indultos, rebaja de penas, expiación de culpas, etc. Los versículos 30-34 dejan entrever que era posible rescatar la vida de un homicida, una antigua costumbre hitita.

Israel conoce desde antiguo esta ley de la sangre: matar a quien hubiese matado, tarea que correspondía al pariente más próximo del asesinado. Esta legislación tardía suaviza un poco esa costumbre y establece además un juicio formal que podía determinar la condena a muerte del agresor, o bien su huida a una ciudad de refugio sin posibilidad de rescate. ¿Por qué no podía ser rescatado? Porque había derramado sangre, y la sangre sólo era posible expiarla con sangre. El refugio era una gracia concedida al agresor, quien debía confinarse allí, pero podía ser asesinado por el vengador si lo encontraba fuera de la ciudad refugio, en cuyo caso no se consideraba un crimen (27).

 

36,1-13 Herencia de las mujeres. Esta ley debe ser leída en continuidad con 27,1-11, donde estas mismas mujeres, que no tienen hermanos varones ni maridos, reclaman por derecho una porción de tierra. El asunto del capítulo 27 es el derecho a recibir herencia; aquí, la transmisión de la herencia en el momento de casarse. Este caso responde al riesgo de la acumulación de tierra en pocas tribus por vía del matrimonio. Tal abuso es cortado de raíz al exigir como norma de derecho divino que los matrimonios se realicen entre parejas de clanes de una misma tribu; así, la tierra u otras posesiones no pasan a ser propiedad de tribus diferentes.

El versículo 13 concluye todo el libro, poniendo bajo la autoridad divina todo lo dicho y legislado en el período del desierto, y especialmente aquí, «en las estepas de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó», a las puertas ya de la tierra prometida.

La continuación narrativa de este libro tenemos que buscarla en Josué, donde se nos relata el paso del río Jordán y las campañas conquistadoras del país cananeo.