PROVERBIOS

PRIMERA COLECCIÓN

 

Finalidad de los Proverbios

 

1

1Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel,

                   2para adquirir sabiduría y educación,

para entender máximas inteligentes,

                   3para obtener una educación acertada:

justicia, derecho y rectitud,

                   4para enseñar sagacidad al incauto,

saber y reflexión al muchacho

                   5–lo escucha el sensato y aumenta el saber,

el inteligente adquiere destreza–,

                   6para entender proverbios y refranes,

máximas y enigmas.

                   7Respetar al Señor es el principio de la sabiduría;

los necios desprecian la sabiduría y la educación.

 

Consejos a los jóvenes

 

                   8Hijo mío, escucha los avisos de tu padre,

no rechaces las enseñanzas de tu madre,

                   9pues serán hermosa diadema en tu cabeza

y collar en tu garganta.

                   10Hijo mío, si intentan engañarte

los pecadores, no lo permitas.

                   11Si te dicen: Ven con nosotros,

preparemos una trampa mortal

y acechemos al inocente sin motivo;

                   12nos lo tragaremos vivo, como el Abismo;

enterito, como a los que bajan a la tumba;

                   13obtendremos magníficas riquezas

y llenaremos nuestra casa de botín.

                   14Comparte tu suerte con nosotros,

tendremos una bolsa común,

                   15hijo mío, no los acompañes en su camino;

aparta tus pasos de su senda,

                   16porque sus pies corren a la maldad

y se apresuran a derramar sangre.

                   17Pero aunque no vale la pena poner una trampa

si la ven los pájaros,

                   18ellos se la tienden a sí mismos

y ponen su vida en peligro.

                   19Tal es la suerte de la codicia sin límite,

que quita la vida a su dueño.

 

Invitación a la Sabiduría

 

                   20La Sabiduría proclama por las calles,

en las plazas levanta la voz;

                   21grita en lo más ruidoso de la ciudad,

y en las plazas públicas pregona:

                   22¿Hasta cuándo, inmaduros, amarán la inmadurez,

y ustedes, insolentes, vivirán en la insolencia,

y ustedes, necios, odiarán el saber?

                   23Presten atención a mis correcciones,

y les abriré el corazón comunicándoles mis palabras.

24Los llamé y no quisieron oírme;

extendí la mano, y no me hicieron caso;

25rechazaron mis consejos,

no aceptaron mi corrección;

26pues yo me reiré de su desgracia,

me burlaré cuando estén muertos de miedo.

27Cuando los alcance como tormenta el terror,

cuando les llegue como huracán la desgracia,

cuando los sorprenda la angustia y el sufrimiento,

28entonces llamarán, y no los escucharé;

me buscarán, y no me encontrarán.

29Porque aborrecieron el saber

y no escogieron el respeto del Señor;

30no aceptaron mis consejos,

despreciaron mis advertencias;

31comerán el fruto de su conducta,

y se saciarán de sus planes.

32La rebeldía da muerte a los irreflexivos,

la despreocupación acaba con los imprudentes;

33pero el que me obedece vivirá tranquilo,

seguro y sin temer mal alguno.

 

Discurso del maestro

 

2

1Hijo mío, si aceptas mis palabras

y conservas mis mandatos,

2escuchando a la sabiduría

y prestando atención a la prudencia;

3si invocas a la inteligencia

y llamas a la prudencia;

4si la procuras como el dinero

y la buscas como un tesoro,

5entonces comprenderás el respeto del Señor

y alcanzarás el conocimiento de Dios.

6Porque es el Señor quien da la sabiduría,

de su boca proceden saber e inteligencia;

7Él reserva su ayuda para los hombres rectos,

es escudo para el de conducta intachable,

8cuida el camino del derecho

y custodia la senda de sus fieles.

9Entonces comprenderás la justicia y el derecho,

la rectitud y toda conducta buena,

10porque entrará en tu mente la sabiduría

y sentirás gusto en el saber,

11la sagacidad te guardará,

la prudencia te protegerá

12para librarte del mal camino,

del hombre que habla perversamente,

13de los que abandonan el sendero recto

para seguir caminos tenebrosos,

14de los que gozan haciendo el mal

y se alegran de la perversión,

15siguen senderos torcidos

y sendas extraviadas;

16para librarte de la ramera,

de la prostituta que halaga con sus palabras,

17que abandonó al compañero de su juventud,

olvidó la alianza de su Dios;

18su casa se inclina hacia la muerte,

sus sendas hacia el país de las sombras;

19los que entran allí no retornan,

no alcanzan las sendas de la vida.

20Para que sigas el buen camino

y te mantengas en sendas honradas,

21porque los rectos habitarán la tierra

y los íntegros permanecerán en ella;

22mientras que los malvados serán expulsados de la tierra

y los traidores serán arrancados de ella.

 

3

1Hijo mío, no olvides mi enseñanza,

conserva en tu memoria mis preceptos,

2porque te darán muchos días,

y años de vida, y prosperidad;

3no permitas que te abandonen bondad y lealtad,

cuélgatelas al cuello,

escríbelas en la tablilla del corazón:

4alcanzarás favor y aceptación

de Dios y de los hombres.

5Confía en el Señor de todo corazón

y no te fíes de tu propia inteligencia;

6en todos tus caminos tenlo presente,

y él enderezará tus sendas.

7No te tengas por sabio,

respeta al Señor y evita el mal;

8ésa es la mejor medicina para tu cuerpo

y para tus huesos.

9Honra al Señor con tus riquezas,

con las primicias de todas tus cosechas,

10y tus graneros se colmarán de grano,

tus bodegas rebosarán de vino nuevo.

11No rechaces, hijo mío, el castigo del Señor,

no te enojes con su corrección,

12porque al que ama lo reprende el Señor,

como un padre al hijo querido.

 

Sabiduría y prudencia

 

13Dichoso el hombre que alcanza sabiduría,

el hombre que adquiere inteligencia:

14es mejor mercancía que la plata,

produce más rentas que el oro,

15es más valiosa que los corales,

no se le compara joya alguna;

16en su mano derecha trae largos años,

en la izquierda honor y riqueza;

17sus caminos son deliciosos

y sus sendas son tranquilas,

18es árbol de vida para los que la agarran,

son dichosos los que la retienen.

19El Señor cimentó la tierra con sabiduría

y estableció el cielo con inteligencia;

20con su saber brotan los océanos

y las nubes destilan rocío.

21Hijo mío, no las pierdas de vista,

conserva la prudencia y la reflexión:

22serán vida para tu alma

y adorno para tu cuello;

23seguirás tranquilo tu camino

sin que tropiecen tus pies,

24te acostarás sin alarmas,

te acostarás y el sueño te será dulce,

25no te asustará el terror imprevisto

ni la desgracia que cae sobre el malvado.

26Porque el Señor se pondrá a tu lado

y librará tu pie de la trampa.

 

Deberes con el prójimo

 

27No niegues un favor a quien lo necesita

si está en tu mano hacérselo.

28Si tienes, no digas al prójimo:

Regresa otro día, mañana te lo daré.

29No trames daños contra tu prójimo

mientras vive confiado contigo.

30No lleves a juicio a nadie sin motivo

cuando él no te ha hecho daño.

31No envidies al violento

ni elijas ninguno de sus caminos.

32Porque el Señor aborrece al perverso,

pero se confía a los hombres rectos;

33el Señor maldice la casa del malvado

y bendice la morada del honrado;

34se burla de los insolentes,

pero trata con bondad a los humildes;

35otorga honor a los sabios

y reserva deshonra para los necios.

 

La tradición

 

4

1Escuchen, hijos, la corrección paterna;

pongan atención, para aprender prudencia;

2les enseño una buena doctrina,

no abandonen mi enseñanza.

3Yo también fui hijo de mi padre,

tierno y preferido de mi madre.

4Él me instruía así: Conserva mis palabras en la memoria,

guarda mis preceptos y vivirás;

5adquiere sabiduría, adquiere inteligencia,

no la olvides, no te apartes de mis consejos;

6no la abandones, y te guardará;

ámala, y te protegerá.

7El principio de la sabiduría es: Adquiere sabiduría,

gasta tu fortuna en adquirir prudencia;

8estímala, y te hará noble;

abrázala, y te hará rico;

9pondrá en tu cabeza una diadema hermosa,

te ceñirá una espléndida corona.

 

Los dos caminos

 

10Escucha, hijo mío, recibe mis palabras,

y se alargarán los años de tu vida:

11Te instruyo sobre el camino de la sabiduría,

te encamino por la senda recta.

12Al caminar no serán torpes tus pasos;

al correr no tropezarás.

13Agárrate a la instrucción, no la sueltes;

consérvala, porque ella es tu vida.

14No entres por el sendero de los malvados,

no pises el camino de los perversos;

15evítalo, no lo atravieses;

apártate de él y sigue.

16No duermen si no cometen crímenes,

pierden el sueño si no hacen caer a alguien,

17comen la maldad como pan

y beben violencias como vino.

18La senda de los honrados brilla como la aurora,

se va esclareciendo hasta pleno día;

19el camino de los malvados es tenebroso,

no saben dónde tropezarán.

 

El buen camino

 

20Hijo mío, atiende a mis palabras,

escucha mis consejos:

21que no se aparten de tus ojos,

guárdalos dentro del corazón;

22porque son vida para el que los sigue,

son salud para su cuerpo.

23Por encima de todo guarda tu corazón,

porque de él brota la vida.

24Aparta de ti la lengua tramposa

y aleja de ti los labios falsos;

25que tus ojos miren de frente

y tus pupilas se dirijan hacia adelante.

26Fíjate bien dónde pones tus pies,

que todos tus caminos sean seguros,

27no te desvíes a derecha ni a izquierda,

aparta tus pasos del mal.

 

5

1Hijo mío, haz caso de mi experiencia,

pon atención a mi inteligencia:

2así sabrás ser discreto

y tus labios guardarán el saber.

 

La ramera

 

3Los labios de la ramera destilan miel

y su paladar es más suave que el aceite;

4pero al final es más amarga que el ajenjo

y más cortante que puñal de doble filo;

5sus pies bajan a la Muerte

y sus pasos se dirigen al Abismo;

6no sigue el camino de la vida,

sus sendas se extravían sin que se dé cuenta.

7Por tanto, hijos, escúchenme

y no se aparten de mis consejos:

8aleja de ella tu camino

y no te acerques a la puerta de su casa,

9no vayas a dar a extraños tu honor

ni tu dignidad a gente despiadada;

10no se sacien con tu vigor gente extraña

y tus fatigas vayan a parar en casa de un desconocido.

11Gemirás cuando te llegue el desenlace

y se consuma la carne del cuerpo.

12Entonces dirás: ¿Por qué aborrecí la corrección

y mi corazón despreció la reprimenda?

13¿Por qué no hice caso a mis maestros

ni presté oído a mis educadores?

14Por poco llego al colmo de la desgracia,

en medio de la asamblea reunida.

 

Gozo del matrimonio

 

15Bebe agua de tu propia fuente,

bebe a chorros de tu pozo.

16No derrames por la calle tu manantial

ni tus arroyos por las plazas;

17sean para ti solo,

sin compartirlos con extraños.

18Sea tu fuente bendita,

goza con la esposa de tu juventud:

19cierva querida, gacela hermosa,

que siempre te embriaguen sus caricias,

que constantemente te deleite su amor.

20¿Por qué, hijo mío, te ha de deleitar la ramera

o has de estrechar el seno de la extraña?

21Los caminos humanos están bajo la mirada de Dios,

él vigila todas sus sendas.

22Sus propias culpas enredan al malvado

y queda preso en las redes de su pecado;

23muere por falta de corrección,

su enorme insensatez lo perderá.

 

Fianza

 

6

1Hijo mío, si has salido fiador de tu vecino

dando la mano a un extranjero,

2si te has enredado con tus palabras

o has quedado atrapado por la boca,

3haz lo siguiente, hijo mío, para librarte,

pues saliste responsable por tu vecino,

caíste en poder de tu vecino:

ve, insiste, acosa a tu vecino,

4no concedas sueño a tus ojos

ni reposo a tus pupilas;

5líbrate como gacela del cazador

o como pájaro de la trampa.

 

Pereza

 

6Mira a la hormiga, perezoso,

observa sus costumbres y aprende;

7aunque no tiene jefe,

ni capataz, ni gobernante,

8acumula grano en verano

y reúne provisiones durante la cosecha.

9¿Hasta cuándo dormirás, perezoso?,

¿cuándo sacudirás el sueño?

10Un rato duermes, un rato das cabezadas,

un rato cruzas los brazos y descansas

11y te llega la pobreza del vagabundo

y la miseria del mendigo.

 

El perverso

 

12Un hombre malvado, un individuo perverso,

camina contando mentiras,

13guiñando un ojo, sacudiendo los pies,

señalando con el dedo;

14en su corazón depravado planea maldades

siempre sembrando discordias,

15por eso de repente le llegará la perdición,

se quebrará de improviso y sin remedio.

 

Siete cosas

 

16Seis cosas detesta el Señor

y la séptima la aborrece de corazón:

17ojos soberbios, lengua mentirosa,

manos que derraman sangre inocente,

18corazón que maquina planes malvados,

pies que corren para la maldad,

19testigo falso y mentiroso

y el que provoca peleas entre hermanos.

20Guarda, hijo mío, los consejos de tu padre

y no rechaces la enseñanza de tu madre,

21llévalos siempre atados al corazón

y cuélgatelos al cuello:

22cuando camines, te guiarán;

cuando descanses, te guardarán;

cuando despiertes, hablarán contigo.

23Porque el consejo es lámpara y la enseñanza es luz

y es camino de vida la instrucción que corrige.

24Te guardarán de la mala mujer,

de la lengua seductora de la ramera.

25Que tu corazón no codicie su belleza

ni te dejes prender por sus miradas.

26Si la ramera busca un pedazo de pan,

la casada anda a la pesca de una vida lujosa.

27¿Podrá uno llevar fuego en el pecho

sin que se le queme la ropa?

28¿Podrá uno caminar sobre brasas

sin quemarse los pies?

29Pues lo mismo el que se junta con la mujer del prójimo,

no quedará sin castigo el que la toque.

30¿No se desprecia al ladrón que roba

para calmar su hambre?

31Si lo sorprenden, pagará siete veces más,

y aún tendrá que dar toda su fortuna.

                   32Pues el adúltero es hombre sin juicio,

obrando así se arruina a sí mismo:

33recibirá golpes e insultos

y su deshonra no se borrará.

34Porque los celos enfurecen al marido

y no perdonará el día de la venganza,

35no aceptará ninguna compensación

ni la querrá aunque aumentes la oferta.

 

La seducción

 

7

1Hijo mío, conserva mis palabras

y guárdate mis mandatos,

2conserva mis mandatos y vivirás,

que mi enseñanza sea como la niña de los ojos;

3átalos a los dedos,

escríbelos en la tablilla del corazón.

4Di a la Sabiduría: Eres mi hermana,

y llama amiga a la prudencia,

5para que te cuide de la ramera,

de la prostituta de palabra seductora:

6Estaba yo a la ventana de mi casa,

asomado a la reja,

7mirando a unos jóvenes sin experiencia

cuando distinguí entre ellos a uno sin juicio,

8pasaba por la calle, junto a la esquina

y se dirigía a la casa de ella;

9era la hora del crepúsculo,

era plena noche y oscura.

10Una mujer le sale al encuentro,

vestida como ramera, astuta, envuelta en un velo,

11atrevida y seductora,

sus pies no saben estarse en casa:

12ahora en la calle, luego en la plaza,

acechando en todas las esquinas.

13Lo agarra y lo besa

y con todo descaro le dice:

14He preparado un banquete

porque hoy he cumplido mi promesa;

15por eso he salido a tu encuentro

ansiosa de verte, y te he encontrado.

16He cubierto la cama con colchas,

he extendido sábanas de Egipto,

17he perfumado la alcoba

con mirra, áloe y canela.

18Ven, vamos a embriagarnos de caricias,

a saciarnos de amores;

19porque mi marido no está en casa,

ha emprendido un largo viaje,

20tomó la bolsa del dinero

y hasta la luna llena no vuelve.

21Con tantos discursos lo seduce,

lo atrae con sus dulces labios,

22y el infeliz se va detrás de ella

como buey llevado al matadero,

como ciervo que se enreda en el lazo,

23hasta que una flecha le desgarra el corazón,

como pájaro que vuela a la trampa

sin saber que le costará la vida.

24Y ahora, hijos míos, escúchenme,

pongan atención a mis consejos,

25no se extravíe tras ella tu corazón,

no te pierdas por sus sendas,

26porque ella ha asesinado a muchos,

sus víctimas son innumerables,

27su casa es un camino hacia el Abismo,

una bajada a la morada de la muerte.

 

Discurso de la Sabiduría

 

8

1La Sabiduría proclama,

la inteligencia levanta la voz.

2En lugares elevados junto al camino,

de pie en el cruce de las sendas,

3junto a las puertas, a la entrada de la ciudad,

en los accesos a los portales grita:

4A ustedes, hombres, los llamo,

a los seres humanos se dirige mi voz;

5los inexpertos, aprendan prudencia;

los necios, aprendan a tener juicio.

6Escuchen, que hablo sin rodeos,

abro los labios con sinceridad;

7mi paladar repasa la verdad

y mis labios aborrecen el mal;

8todas mis palabras son justas,

ninguna es falsa o perversa;

9son claras para el que entiende

y rectas para el que comprende.

10Reciban mi corrección y no plata,

un saber más precioso que el oro;

11porque la prudencia vale más que las perlas

y con ninguna joya se le puede comparar.

 

Himno a la Sabiduría

 

12Yo, Sabiduría, soy vecina de la Prudencia

y busco el trato de la Reflexión.

13Honrar al Señor es odiar el mal.

Yo detesto el orgullo y la soberbia,

el mal camino y la mentira.

14Son míos el consejo y la habilidad,

son míos la inteligencia y el poder.

15Por mí reinan los reyes

y los príncipes dan decretos justos,

16por mí gobiernan los gobernantes

y los nobles juzgan la tierra.

17Yo amo a los que me aman,

los que madrugan por mí me encuentran.

18Yo traigo riqueza y gloria,

fortuna sólida y justicia;

19mi fruto es mejor que el oro puro,

mi renta vale más que la plata.

20Camino por la vía de la justicia

y sigo las sendas del derecho,

21para ofrecer riquezas a mis amigos

y llenar sus tesoros.

22El Señor me creó como primera de sus tareas,

antes de sus obras;

23desde antiguo, desde siempre fui formada,

desde el principio, antes del origen de la tierra;

24no había océanos cuando fui engendrada,

no había manantiales ni ríos;

25todavía no estaban encajados los montes,

antes de las montañas fui engendrada;

26no había hecho la tierra y los campos

ni los primeros terrones del mundo.

27Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo;

cuando trazaba la bóveda sobre la superficie del océano,

28cuando sujetaba las nubes en la altura

y reprimía las fuentes abismales,

29cuando imponía su límite al mar,

para que las aguas no traspasaran sus orillas;

cuando asentaba los cimientos de la tierra,

30yo estaba junto a él, como confidente,

yo estaba disfrutando cada día,

jugando todo el tiempo en su presencia,

31jugando con el mundo creado,

disfrutando con los hombres.

32Por tanto, hijos, escúchenme:

dichosos los que siguen mis caminos.

33Escuchen mi corrección y serán sensatos,

no la rechacen,

34dichoso el hombre que me escucha,

velando en mi puerta cada día,

vigilando a la entrada de mi casa.

35Porque el que me encuentra, encuentra la vida

y goza del favor del Señor.

36Quien me pierde, se arruina a sí mismo;

los que me odian aman la muerte.

 

Banquete de la Sabiduría

 

9

1La Sabiduría se ha edificado una casa,

ha labrado siete columnas,

2ha matado los animales, mezclado el vino

y puesto la mesa,

3ha despachado a sus criadas a proclamarlo

en los puntos que dominan la ciudad.

4El que sea inexperto, venga acá;

al falto de juicio le quiero hablar:

5Vengan a comer de mis manjares

y a beber el vino que he mezclado.

6Dejen la inexperiencia y vivirán,

sigan derecho el camino de la inteligencia.

 

Destinatarios

 

7Quien corrige al soberbio se acarrea insultos;

quien reprende al malvado, desprecios;

8no reprendas al soberbio, pues te aborrecerá;

reprende al prudente y te querrá;

9instruye al sabio, y será más sabio;

enseña al honrado, y aprenderá.

10El principio de la Sabiduría es respetar al Señor,

y conocer al Santo es inteligencia.

11Por mí prolongarás tus días

y se te añadirán años de vida;

12si eres sabio, lo eres para tu provecho;

si eres soberbio, tú solo lo pagarás.

 

Banquete de la Necedad

 

13Doña Necedad es chismosa,

tonta e ignorante,

14está sentada a la puerta de su casa,

en un asiento que domina la ciudad,

15para llamar a los que pasan,

a los que van derechos por el camino:

16El que sea inexperto venga acá;

al falto de juicio le quiero hablar:

17El agua robada es más dulce,

el pan comido a escondidas es más sabroso.

18Pero ellos no saben que en su casa están los difuntos,

son ahora sombras en el reino de la muerte.

 

 

SEGUNDA COLECCIÓN – PROVERBIOS DE SALOMÓN

 

10

                   1Un hijo sabio es la alegría de su padre;

un hijo necio, es la pena de su madre.

2Tesoros mal ganados no aprovechan,

pero la justicia libra de la muerte.

3El Señor no deja con hambre al que es bueno,

pero rechaza la codicia del malvado.

4La mano perezosa empobrece,

el brazo trabajador enriquece.

5Quien almacena en otoño es prudente,

quien duerme en la cosecha es un descarado.

6Sobre la cabeza del honrado llueven bendiciones,

la boca malvada encubre violencia.

7La memoria del honrado es bendita,

el nombre del malvado se pudre.

8El hombre juicioso acepta órdenes,

labios necios acaban en la ruina.

9Quien procede sinceramente, camina seguro;

el que actúa con disimulo queda descubierto.

10Quien cierra los ojos trae sufrimientos,

quien reprende abiertamente trae remedio.

11La boca del justo es manantial de vida,

la boca del malvado encubre violencia.

12El odio provoca peleas,

el amor disimula las ofensas.

13En los labios del prudente hay sabiduría,

y un látigo en la espalda del necio.

14El sabio atesora saber,

la boca del necio atrae la desgracia.

15La fortuna del rico es su defensa,

la miseria es el terror del pobre.

16El salario del honrado es la vida,

la ganancia del malvado es el fracaso.

17El que acepta la corrección va por camino de vida,

el que la rechaza se extravía.

18Los labios mentirosos encubren odio,

quien difunde calumnias es un insensato.

19Donde abundan las palabras no falta el pecado,

quien se muerde los labios es discreto.

20Plata pura es la boca del honrado;

mente perversa no vale nada.

21Labios honrados guían a muchos,

los necios mueren por falta de juicio.

22La bendición divina enriquece,

y nada le añade nuestra fatiga.

23El necio se divierte haciendo trampas,

el hombre prudente con la sabiduría.

24Al malvado le sucede lo que teme,

al honrado se le da lo que desea.

25Pasa el huracán, desaparece el malvado;

pero el justo se mantiene para siempre.

26Vinagre a los dientes, humo a los ojos:

eso es el perezoso para quien le da un encargo.

27Respetar al Señor prolonga la vida,

los años de los malvados se acortan.

28La esperanza de los honrados es alegre,

la ilusión de los malvados fracasa.

29El camino del Señor es refugio para el hombre recto,

y es terror para los malhechores.

30El honrado jamás tropezará,

el malvado no habitará en la tierra.

31De boca honrada brota sabiduría,

lengua tramposa será cortada.

32Labios honrados saben de benevolencia;

la boca del malvado, de engaños.

 

11

                   1El Señor aborrece las balanzas falseadas

y le gustan las pesas exactas.

2El orgullo acarrea la deshonra;

pero la sabiduría acompaña a los humildes.

3La honradez guía a los buenos,

la falsedad destruye a los traidores.

4No sirve la fortuna el día del castigo,

pero la justicia libra de la muerte.

5La honradez del justo hace fácil su camino,

el malvado caerá por su maldad.

6La honradez de los rectos los salva,

los traidores quedan enredados en su codicia.

7Con la muerte del malvado muere su esperanza,

y muere también la ilusión de las riquezas.

8El honrado se libra del peligro,

el malvado ocupa su puesto.

9El malvado hunde al prójimo con la boca,

pero la inteligencia a los justos los salva.

10El éxito de los honrados lo festeja la ciudad,

y cuando fracasan los malvados, canta de júbilo.

11Con la bendición de los rectos prospera la ciudad,

la boca de los malvados la destruye.

12Quien desprecia al prójimo es un imprudente,

el hombre prudente se calla.

13El chismoso todo lo cuenta,

el hombre de confianza guarda el secreto.

14Por falta de gobierno se arruina un pueblo,

y se salva a fuerza de deliberación.

15Quien sale fiador por un extraño se perjudica,

el que evita hacer tratos vive tranquilo.

16La mujer hermosa se hace respetar,

la que odia la rectitud atrae la deshonra.

16La fortuna del perezoso es escasa,

los audaces conservan su riqueza.

17El hombre bondadoso se hace bien a sí mismo,

el despiadado destroza su propia carne.

18El malvado hace ganancias engañosas,

el que siembra justicia tiene paga segura.

19El que mide lo que es justo, vivirá;

el que persigue la maldad, morirá.

20Aborrece el Señor la mente perversa

y le agrada una conducta sincera.

21Tarde o temprano el malvado la paga,

la descendencia de los honrados está a salvo.

22Anillo de oro en hocico de puerco

es la mujer hermosa pero sin inteligencia.

23El deseo de los honrados se logra,

las ilusiones de los malvados pasan.

24Hay quien regala y se enriquece,

quien es tacaño y se empobrece.

25El que es generoso prospera,

el que da también recibirá.

26Al que acapara trigo lo maldice la gente,

al que lo vende lo cubren de bendiciones.

27Quien madruga para el bien alcanzará favor,

al que busca el mal le saldrá al encuentro.

28Quien confía en sus riquezas se marchita,

los honrados brotarán como follaje.

29Quien descuida su casa heredará viento,

el necio será esclavo del sabio.

30El fruto de la honradez es un árbol de vida,

el sabio se gana a la gente.

31Si al honrado le pagan en la tierra,

¡cuánto más al malvado y al pecador!

 

12

                   1El que ama la corrección, ama el saber;

el que la detesta, se embrutece.

2El bueno obtiene el favor del Señor,

el perverso será condenado.

3El que se apoya en la maldad no estará,

la raíz del honrado no se desprende.

4Mujer virtuosa es corona del marido,

la de mala fama es como caries en los huesos.

5Los planes de los honrados son rectos,

las tácticas de los malvados son traidoras.

6Las palabras del malvado son trampas mortales,

las de los rectos, causa de salvación.

7Se derrumban los malvados y desaparecen,

pero la casa de los honrados subsiste.

8Al hombre se lo estima según su prudencia,

pero el corazón perverso será despreciado.

9Más vale ser modesto y tener un criado

que presumir de rico y no tener pan.

10El honrado se preocupa por su ganado,

el malvado no entiende de compasión.

11El que cultiva su campo se saciará de pan,

el imprudente se ocupa de ilusiones.

12La codicia es la red de los malvados,

los honrados arraigan firmemente.

13En la falsedad de sus labios se enreda el malvado,

el honrado se librará del peligro.

14De lo que uno habla, recoge el fruto;

de lo que uno hace, recibe el pago.

15El necio está contento con su proceder,

el sensato escucha el consejo.

16El necio muestra enseguida su rabia,

el prudente disimula la ofensa.

17El que respira la verdad declara con justicia,

el testigo falso con mentiras.

18El chismoso hiere como una espada,

la lengua del sabio sana.

19La palabra verdadera permanece para siempre,

el mentiroso sólo un instante.

20El que maquina el mal tiene amargura,

quien aconseja la paz vive contento.

21Al honrado no le pasa nada malo,

los malvados andan llenos de desgracias.

22El Señor aborrece el labio mentiroso,

el hombre sincero obtiene su favor.

23El hombre prudente oculta su saber,

la mente insensata grita su ignorancia.

24Mano trabajadora mandará,

mano perezosa servirá.

25La angustia del corazón deprime,

una buena palabra reanima.

26El justo sirve de guía a su prójimo,

el camino de los malvados los extravía.

27El perezoso no gana su sustento,

el que trabaja alcanza riquezas.

28La senda de la justicia es vida,

el camino de la impiedad lleva a la muerte.

 

13

                   1El hijo sensato acepta la corrección paterna,

el arrogante no escucha la corrección.

2De lo que uno habla comerá,

pero los traidores tienen hambre de violencia.

3Quien guarda su boca, custodia su vida;

quien suelta los labios, marcha a la ruina.

4El perezoso desea mucho y no obtiene nada,

el que trabaja queda satisfecho.

5El honrado aborrece la mentira,

el malvado se hace odioso y se deshonra.

6La honradez custodia al hombre íntegro,

la maldad destruye al pecador.

7Hay quien presume de rico y no tiene nada,

quien pasa por pobre y tiene una fortuna.

8Las riquezas del rico le salvan la vida,

al pobre no le importan las amenazas.

9La luz de los honrados es alegre,

la lámpara de los malvados se apaga.

10La insolencia provoca discordias,

la sabiduría acompaña a los que se dejan aconsejar.

11Fortuna hecha de golpe encoge,

el que reúne poco a poco enriquece.

12Esperanza que tarda entristece el corazón,

deseo que se cumple es árbol de vida.

13El que desprecia la palabra se perderá,

el que respeta el mandato queda sin deudas.

14Fuente de vida es el consejo sabio

que aparta de los lazos de la muerte.

15El sentido común se gana el favor,

el camino de los perversos conduce a la ruina.

16El sagaz actúa con prudencia,

el necio hace gala de su ignorancia.

17El mensajero malvado precipita en la desgracia,

enviado fiel la remedia.

18Miseria y vergüenza para quien rechaza la corrección,

el que cumple los avisos recibirá honor.

19Deseo cumplido es dulce a la garganta,

al necio le da asco apartarse del mal.

20Trata con los sabios y te harás más sabio,

el que se junta con ignorantes se echa a perder.

21La desgracia persigue al pecador,

a los honrados la paz y el bien.

22La herencia del bueno queda en su familia,

la fortuna del pecador se reserva para el honrado.

23El campo de los nobles da rico sustento,

pero se puede perder por falta de justicia.

24El que no usa el castigo odia a su hijo,

el que lo ama lo corrige a tiempo.

25El honrado come hasta estar satisfecho,

el vientre del malvado pasa necesidad.

 

14

                   1La sabiduría edifica su casa,

la necedad la arruina con sus manos.

2El que procede rectamente respeta a Dios,

el de conducta torcida lo desprecia.

3De la boca del necio brota la soberbia,

los labios del sabio son su defensa.

4Donde no hay bueyes el establo está limpio,

pero la fuerza de un toro trae rica cosecha.

5Un testigo fiel no miente,

un testigo falso respira mentiras.

6El arrogante busca sabiduría y no la encuentra,

la ciencia es fácil para el inteligente.

7Deja la compañía del necio,

pues no descubriste saber en sus labios.

8Encontrar el camino es la sabiduría del prudente,

el engaño es locura de los necios.

9Los necios se burlan de sus culpas,

los rectos gozan de favor.

10Conoce el corazón su propia amargura

y no comparte su alegría con ningún extraño.

11La casa del malvado se arruina,

la tienda del honrado prospera.

12Hay un camino que parece recto,

y va a parar a la muerte.

13También entre risas llora el corazón,

y la alegría termina en aflicción.

14El insensato está satisfecho de su conducta,

el hombre bueno lo está de sus acciones.

15El ingenuo se lo cree todo,

el sagaz se fija en sus pasos.

16El sabio es cauteloso y se aparta del mal,

el necio se lanza confiado.

17El impulsivo hace locuras,

el reflexivo sabe aguantar.

18El ingenuo se adorna con necedad,

el sagaz se corona de saber.

19Los malos se postrarán ante los buenos,

y los malvados, a la puerta del honrado.

20El pobre es odioso aun a su compañero,

el rico tiene muchos amigos.

21Quien desprecia a su prójimo, peca;

dichoso quien se apiada de los pobres.

22¿No se extravía el que busca hacer el mal?

El que busca hacer el bien, es objeto de amor y lealtad.

23Toda fatiga trae su ganancia,

pero el charlar trae pobreza.

24Corona de los sabios es la prudencia,

collar del insensato es la necedad.

25El testigo fiel salva vidas,

el impostor respira mentiras.

26Respetar al Señor es un refugio seguro

que servirá de defensa a los hijos.

27Respetar al Señor es manantial de vida

que aparta de los lazos de la muerte.

28Pueblo numeroso es honor del rey,

la falta de gente es ruina del príncipe.

29El hombre paciente es rico en prudencia,

el impulsivo exalta su torpeza.

30Un corazón pacífico es vida del cuerpo,

la envidia carcome los huesos.

31Quien explota al necesitado ofende a su Hacedor,

quien se apiada del pobre, lo honra.

32El malvado tropieza en su maldad,

el honrado se refugia en su integridad.

33En corazón prudente habita la sabiduría,

aun en medio de necios se da a conocer.

34La justicia hace prosperar a una nación,

el pecado es la ruina de los pueblos.

35El rey favorece al ministro hábil,

descarga su ira sobre el indigno.

 

15

                   1Respuesta amable aplaca la ira,

palabra hiriente aviva el enojo.

2De la lengua de los sabios brota sabiduría,

de la boca del necio, necedades.

3En todo lugar los ojos de Dios

están vigilando a malos y buenos.

4Lengua suave es árbol de vida,

lengua perversa hiere en lo más vivo.

5El necio desprecia la corrección paterna,

quien cumple los avisos demuestra inteligencia.

6En casa del honrado hay abundancia,

la ganancia del malvado desaparece.

7Los labios del sensato esparcen saber,

la mente del necio ignorancia.

8El Señor aborrece el sacrificio del malvado,

la oración de los rectos alcanza su favor.

9El Señor aborrece la conducta del malvado

y ama al que busca la justicia.

10El que deja la senda será escarmentado;

el que odia la corrección, morirá.

11Infierno y Abismo son conocidos por Dios,

¡cuánto más el corazón humano!

12El insolente no quiere que lo reprendan,

por eso no se junta con los sabios.

13Corazón contento cara feliz,

corazón abatido desalienta el espíritu.

14El hombre inteligente procura saber,

la boca del necio se llena de estupideces.

15Para el desgraciado todos los días son malos,

el corazón contento está siempre de fiesta.

16Más vale poco respetando a Dios

que grandes tesoros con sobresalto.

17Mas vale ración de verdura con amor

que carne de vaca con rencor.

18El hombre impulsivo provoca peleas,

el hombre paciente las calma.

19El camino del perezoso es como un cerco de espinas,

la senda de los rectos está limpia.

20Hijo sabio, alegría de su padre;

hijo necio, deshonra de su madre.

21La necedad divierte al insensato,

el hombre prudente camina derecho.

22Fracasan los planes cuando no se consulta,

y se logran cuando hay consejeros.

23¡Qué alegría saber responder,

qué buena es la palabra oportuna!

24El prudente sube por un camino de vida

que lo aparta de la bajada al Abismo.

25El Señor destruye la casa del soberbio

y mantiene firme la propiedad de la viuda.

26El Señor aborrece los malos pensamientos

y considera puras las palabras amables.

27El codicioso arruina su casa,

el que odia el soborno vivirá.

28La mente honrada medita la respuesta,

la boca del malvado escupe maldades.

29El Señor está lejos de los malvados

y escucha la oración de los honrados.

30Mirada serena alegra el corazón,

buena noticia da vigor a los huesos.

31Oído que escucha la corrección saludable

se hospedará en medio de los doctos.

32Quien rechaza la corrección se odia a sí mismo,

quien escucha la reprensión adquiere juicio.

33Respetar al Señor es escuela de sabiduría,

delante de la gloria camina la humildad.

 

16

                   1El hombre hace proyectos en su corazón,

pero el Señor pone la respuesta en sus labios.

2A uno le parece limpia su conducta,

pero es el Señor quien examina las conciencias.

3Encomienda al Señor tus tareas,

y te saldrán bien tus planes.

4El Señor da a cada obra su destino,

también al malvado: el día funesto.

5El Señor aborrece al orgulloso,

tarde o temprano tendrá su castigo.

6Bondad y verdad perdonan la culpa,

el respeto del Señor aparta del mal.

7Cuando el Señor aprueba la conducta de un hombre

lo reconcilia con sus enemigos.

8Más vale poco con justicia

que muchas ganancias injustas.

9El hombre planea su camino,

el Señor le dirige los pasos.

10Hay un oráculo en los labios del rey:

no se equivoca cuando dicta sentencia.

11Los platillos de la balanza son del Señor,

todas las pesas son obra suya.

12El rey aborrece el obrar mal,

porque su trono se asienta en la justicia.

13El rey aprueba unos labios sinceros

y ama a quien habla rectamente.

14La ira del rey es anuncio de muerte,

el hombre sensato logra aplacarla.

15El rostro sereno del rey trae vida,

su favor es nube que trae lluvia.

16Mejor es comprar sabiduría que oro,

más vale comprar prudencia que plata.

17La senda de los hombres rectos se aparta del mal;

quien vigila su camino guarda su vida.

18Delante de la ruina va la soberbia,

delante de la caída va el orgullo.

19Más vale ser humilde con los pobres

que repartir botín con los soberbios.

20Al que mide sus palabras le irá bien,

dichoso el que confía en el Señor.

21El hombre juicioso tiene fama de prudente,

las palabras amables convencen mejor.

22Fuente de vida es la sabiduría para el que la posee,

la necedad es castigo del necio.

23A mente sabia, boca discreta;

sus labios convencen mejor.

24Panal de miel son las palabras amables,

dulzura en la garganta, salud de los huesos.

25Hay caminos que parecen derechos

y van a parar a la muerte.

26El que pasa necesidad trabaja con afán,

porque el hambre lo estimula.

27El hombre depravado cava zanjas funestas

y lleva en los labios fuego devorador.

28El hombre tramposo provoca peleas,

el que anda con cuentos causa enemistades.

29El hombre violento seduce a su prójimo

y lo guía por mal camino.

30Quien guiña un ojo medita engaños,

quién se muerde los labios ya ha hecho el mal.

31Las canas son noble corona:

ganada en el camino de la justicia.

32Más vale paciencia que valentía,

más vale saberse dominar que conquistar una ciudad.

33El hombre echa las suertes,

pero la decisión viene del Señor.

                  

17

                   1Más vale pan duro con paz

que casa llena de festines y peleas.

2El servidor inteligente se impondrá al hijo indigno

y compartirá la herencia con los hermanos.

3La plata se prueba en el horno, el oro en el crisol,

los corazones los prueba el Señor.

4El malvado hace caso de labios mentirosos,

el embustero presta oído a lengua maligna.

5Quien se burla del pobre afrenta a su Hacedor,

quien se alegra de la desgracia no quedará sin castigo.

6Corona de los ancianos son los nietos,

el orgullo de los hijos son los padres.

7No le va al tonto el lenguaje elevado,

ni al hombre respetable hablar con engaños.

8El soborno le parece piedra mágica al que lo da:

consigue cuanto se propone.

9Quien busca amistad disimula la ofensa,

quien la recuerda, aleja al amigo.

10Una corrección aprovecha al prudente

más que cien golpes al imprudente.

11El revoltoso busca dificultades:

le enviarán un mensajero cruel.

12Encuentre yo una osa a quien robaron las crías

y no un necio diciendo tonterías.

13A quien paga mal por bien,

el mal no se apartará de su casa.

14Quien comienza una discusión abre una represa:

antes de involucrarte, retírate.

15Al que absuelve al culpable y al que condena al inocente,

a los dos los aborrece el Señor.

16¿De qué sirve el dinero en mano del necio?

¿Podrá comprar sabiduría si no tiene seso?

17El amigo ama en toda ocasión,

y el hermano nació para compartir la adversidad.

18Es un insensato quien estrecha la mano

saliendo fiador de su vecino.

19Quien ama las peleas ama el delito,

quien agranda la puerta invita al robo.

20Corazón perverso no hará fortuna,

lengua retorcida caerá en la desgracia.

21Quien engendra un tonto pasará penas,

no tendrá alegría el padre de un necio.

22Corazón alegre favorece la sanación,

ánimo abatido seca los huesos.

23El malvado acepta soborno a escondidas

para torcer el curso de la justicia.

24La sabiduría está delante del sensato,

pero el necio mira al vacío.

25Un hijo necio es la tristeza del padre,

y fuente de amargura de la madre.

26No está bien multar al hombre inocente,

ni azotar al hombre honorable.

27Ahorra palabras el hombre sabio,

mantiene la calma el hombre prudente.

28Necio callado pasa por sabio;

el que cierra los labios, por prudente.

 

18

                   1El hombre egoísta sigue sus caprichos

y se irrita contra todo sano consejo.

2Al necio no le gusta la discreción,

sino publicar lo que piensa.

3Con la maldad entra el desprecio

y con el orgullo, la deshonra.

4Las palabras de un hombre son agua profunda,

arroyo que fluye, manantial de sensatez.

5No es justo favorecer al culpable

negando su derecho al inocente.

6Los labios del necio se meten en peleas

y su boca llama a los golpes.

7La boca del necio es su ruina,

en sus labios se enreda él mismo.

8Las palabras del que murmura son golosinas

que bajan hasta lo hondo del vientre.

9El hombre irresponsable en sus asuntos

es hermano del que destruye.

10El Nombre del Señor es una torre fortificada:

a ella acude el honrado, y es inaccesible.

11La fortuna del rico es su fortaleza,

se la imagina como alta muralla.

12Antes de la ruina el corazón fue soberbio,

antes de la gloria fue humilde.

13El que contesta antes de escuchar

sufrirá la vergüenza de su necedad.

14Buen ánimo sostiene en la enfermedad;

ánimo abatido, ¿quién lo levantará?

15Mente inteligente adquiere saber,

oído sensato busca conocer.

16Los regalos abren paso al hombre

y lo presentan ante los grandes.

17El primero que se defiende parece tener razón,

hasta que llega el otro y lo interroga.

18La suerte pone fin a las disputas

y decide entre los poderosos.

19El hermano ofendido es peor que ciudad amurallada,

las peleas son cerrojo de castillo.

20De los frutos del hablar se sacia el vientre,

uno se sacia de la cosecha de los labios.

21Muerte y vida están en poder de la lengua:

lo que elija eso comerá.

22Quien encuentra mujer encuentra un bien,

alcanza favor del Señor.

23El pobre habla suplicando,

el rico responde con altanería.

24Hay compañeros que se maltratan

y amigos más unidos que un hermano.

 

19

                   1Más vale pobre y honrado

que necio y mentiroso.

2No vale voluntad sin reflexión:

quien apura el paso, tropieza.

3La necedad del hombre le hace perder su camino,

su corazón se irrita y echa la culpa al Señor.

4La riqueza procura muchos amigos,

al pobre hasta sus amigos lo abandonan.

5Testigo falso no quedará sin castigo,

el testigo mentiroso no escapará.

6Muchos halagan al hombre generoso

y todos son amigos del que hace regalos.

7Si al pobre hasta sus hermanos lo desprecian,

cuánto más se distanciarán de él los amigos.

8Quien adquiere buen juicio se ama a sí mismo,

a quien conserva la prudencia le irá bien.

9Testigo falso no quedará sin castigo,

el que dice mentiras perecerá.

10No le va al necio vivir con lujo,

cuánto menos al servidor mandar a los príncipes.

11El hombre sensato frena la ira,

su honor consiste en pasar por alto una ofensa.

12Rugido de león es la cólera del rey,

rocío sobre hierba su favor.

13Hijo necio es desgracia del padre,

mujer que pelea es gotera continua.

14Casa y fortuna son herencia de los padres,

mujer habilidosa es don del Señor.

15La pereza hace dormir profundamente,

el perezoso pasará hambre.

16Quien guarda el precepto guarda su vida,

quien descuida su conducta morirá.

17Quien se apiada del pobre presta al Señor,

y él le dará su recompensa.

18Corrige a tu hijo mientras hay esperanza,

pero no te enfurezcas hasta matarlo.

19El que se enoja pagará una multa,

librarlo del castigo empeora las cosas.

20Escucha el consejo, acepta la corrección

y llegarás a ser sensato.

21El hombre medita muchos planes,

pero se cumple el designio del Señor.

22Lo que se espera del hombre es su lealtad:

más vale pobre que traidor.

23Respetar al Señor es vida:

uno duerme satisfecho y sin pesadillas.

24El perezoso mete la mano en el plato

pero no es capaz de llevarla a la boca.

25Castiga al insolente y el inexperto se hará cauteloso;

reprende al prudente y aumentará su saber.

26Quien maltrata al padre y expulsa a la madre

es hijo indigno e infame.

27Hijo mío, deja de aceptar la corrección

y te perderás por falta de principios.

28El testigo falso se burla del derecho,

la boca del perverso se traga el crimen.

29Para los insolentes hay látigos preparados

y azotes para la espalda de los necios.

 

20

                   1El vino hace insolente, el licor alborota;

bajo sus efectos nadie actúa con sabiduría.

2Como rugido de león el terror del rey:

quien lo irrita se juega la vida.

3Es un honor vivir sin peleas,

pero el necio se enreda en discusiones.

4En otoño no ara el perezoso,

en la cosecha pide y no hay.

5Agua profunda son las intenciones secretas:

el hombre inteligente sabe descubrirlas.

6Muchos tienen fama de bondadosos,

pero un hombre de confianza, ¿quién lo hallará?

7Honrado es quien procede con rectitud:

dichosos los hijos que le sucedan.

8Un rey sentado en el tribunal

con su mirada barre toda maldad.

9¿Quién podrá decir:

tengo la conciencia pura, me he limpiado de pecados?

10Pesas desiguales, medidas desiguales:

las dos cosas las aborrece el Señor.

11Ya con sus acciones deja ver el muchacho

si su conducta será pura y recta.

12Oído que escucha, ojo que mira:

ambas cosas las hizo el Señor.

13No tomes gusto al sueño, que te empobrecerás;

despega los ojos y te saciarás de pan.

14Malo, malo, dice el comprador;

después se aleja felicitándose por su compra.

15Existe el oro y las finas perlas,

pero la joya valiosa son unos labios prudentes.

16Quítale la ropa, sácale prendas,

pues salió fiador de un extraño desconocido.

17Es sabroso el pan robado,

después se llena la boca de piedras.

18Prepara tus planes aconsejándote,

y haz la guerra con táctica.

19El que anda con cuentos revela secretos,

no te juntes con el de labios fáciles.

20Al que maldice a su padre y a su madre

se le apagará la lámpara en plena oscuridad.

21Fortuna adquirida rápidamente

al final no prosperará.

22No digas: Me las pagará;

espera en el Señor, que él te defenderá.

23El Señor aborrece pesas desiguales,

no es justa la balanza con trampa.

24El Señor dirige los pasos del hombre;

nadie conoce su propio destino.

25Es una trampa prometer algo a la ligera

y después de prometido pensarlo.

26Rey prudente aleja a los malvados

y hace rodar la rueda sobre ellos.

27El espíritu humano es lámpara del Señor

que penetra hasta lo íntimo de las entrañas.

28Misericordia y lealtad guardan al rey,

la misericordia asegura su trono.

29Orgullo del joven es su fuerza,

honra del anciano son sus canas.

30Heridas y llagas purifican del mal;

los golpes sanan la conciencia.

 

21

                   1El corazón del rey es una corriente de agua en manos de Dios:

la dirige a donde quiere.

2Al hombre le parece siempre recto su camino,

pero es Dios quien pesa los corazones.

3Practicar el derecho y la justicia

agrada a Dios más que los sacrificios.

4Ojos altaneros, mente ambiciosa;

la luz de los malvados, todo es pecado.

5Los planes del hombre cuidadoso traen ganancia,

los del precipitado traen pobreza.

6Acumular tesoros con la mentira

es soplo que se esfuma, trampa mortal.

7La violencia de los malvados los acecha

porque se negaron a respetar el derecho.

8El camino del vicioso zigzaguea,

la conducta del honrado es recta.

9Más vale vivir en un rincón de la azotea

que compartir la casa con mujer pendenciera.

10Afán del malvado es desear el mal,

mira sin piedad a su prójimo.

11Cuando el insolente la paga, aprende el imprudente;

pero el sabio aprende con la experiencia.

12El justo observa la casa del malvado:

y precipita al malvado en la ruina.

13Quien cierra los oídos al clamor del necesitado

no será escuchado cuando grite.

14Un regalo a escondidas aplaca el enojo;

un obsequio hecho con discreción, la áspera ira.

15Al hacerse justicia, el honrado se alegra,

el malhechor tiembla.

16Quien se extravía del camino de la prudencia

descansará en la asamblea de los muertos.

17Quien ama los festejos acabará mendigo,

quien ama el vino y los perfumes no llegará a rico.

18El malvado pagará por el honrado;

el traidor, por el hombre recto.

19Más vale habitar en el desierto

que con mujer pendenciera y de mal genio.

20Un tesoro precioso hay en casa del sabio,

el insensato lo consume.

21El que busca justicia y misericordia

alcanzará vida y gloria.

22El hombre sabio atacará la ciudad bien defendida

y derribará la fortaleza confiada.

23Quien cuida la boca y la lengua

nunca se mete en aprietos.

24Se llama arrogante al insolente fanfarrón

que procede con pasión y soberbia.

25Los deseos dan muerte al perezoso,

porque sus manos se niegan a trabajar.

26Todo es desear y desear para el perezoso,

pero el honrado da sin tacañerías.

27Los sacrificios del malvado son repugnantes,

y mucho más si los ofrece con cálculo.

28El testigo falso perecerá,

el que escucha tendrá la última palabra.

29El malvado aparenta seguridad:

el honrado está seguro de su camino.

30No hay habilidad ni hay prudencia

ni hay consejo frente al Señor.

31Se prepara el caballo para la batalla,

pero la victoria la da el Señor.

 

22

                   1Mejor es buena fama que riquezas,

más vale simpatía que oro y plata.

2El rico y el pobre tienen algo en común:

a ambos los hizo el Señor.

3El prudente ve el peligro y lo evita,

el imprudente sigue y lo paga.

4En las huellas de la humildad y el respeto de Dios

caminan riqueza, honor y vida.

5Hay lazos y trampas en el camino del perverso:

quien guarda su vida se aparta de ellos.

6Educa al muchacho en el buen camino:

cuando envejezca no se apartará de él.

7El rico será señor de los pobres,

el deudor será esclavo del acreedor.

8Quien siembra maldad cosecha desgracia:

el látigo de su furor lo consumirá.

9El generoso será bendecido

porque repartió su pan con el pobre.

10Echa al insolente: se acabará la discordia

y cesarán peleas e insultos.

11El rey ama un corazón limpio

y aprecia un hablar ingenioso.

12Los ojos del Señor custodian el saber

y hacen fracasar las palabras del traidor.

13¡Afuera hay un león!, dice el perezoso,

en plena calle me matará.

14Fosa profunda es la boca de la ramera,

el enemistado con Dios caerá en ella.

15La estupidez se pega al corazón del joven:

el látigo de la corrección se la apartará.

16Se oprime al pobre para enriquecerse,

se da al rico para envilecerse.

 

TERCERA COLECCIÓN

                  

                   17Presta oído y escucha las palabras de los sabios,

presta atención a mi experiencia:

18te serán gratas si las guardas dentro de ti

y las tienes todas a punto en tus labios;

19para que pongas en Dios tu confianza,

también a ti te instruiré.

20He escrito para ti treinta máximas de experiencia,

21para enseñarte a conocer la verdad

y a dar razón de ella al que te dio un encargo.

22No explotes al pobre, porque es pobre;

no atropelles al desgraciado en el tribunal,

23porque el Señor defenderá su causa

y despojará de la vida a los que lo despojan.

24No te juntes con el malhumorado

ni vayas con el violento,

25no sea que te acostumbres a sus caminos

y te pongas una trampa mortal.

26No seas fácil en dar la mano

empeñándote en deudas,

27pues si no tienes qué devolver,

te quitarán la cama en la que duermes.

28No cambies de lugar los linderos antiguos

que colocaron tus abuelos.

29¿Has visto un hombre hábil en su oficio?

Estará al servicio de reyes,

no estará al servicio de gente mediocre.

 

23

                   1Sentado a la mesa de un señor,

mira bien quién tienes delante;

2ponte un cuchillo a la garganta

si tienes mucha hambre;

3no seas ansioso de sus manjares,

que son comida engañosa.

4No te esfuerces por enriquecerte,

deja de pensar en ello;

5si te fijas bien, verás que no hay riqueza,

ha echado alas como un águila y vuela por el cielo.

6No te sientes a comer con el avaro

ni ansíes sus manjares:

7son un pelo en la garganta, amargura en el paladar;

te dice: come y bebe, pero no te aprecia;

8el bocado comido lo tendrás que vomitar

y habrás malgastado tus palabras corteses.

9No hables a oídos necios,

porque despreciarán tus sabias razones.

10No cambies de lugar los linderos antiguos

ni te metas en el campo del huérfano,

11porque su defensor es fuerte

y defenderá su causa contra ti.

12Haz caso de la corrección,

presta oído a los consejos de la experiencia.

13No ahorres castigo al muchacho:

porque le azotes con látigo no morirá;

14tú lo azotas con el látigo

pero libras su vida del Abismo.

15Hijo mío, si tu corazón se hace sabio,

yo me alegraré de corazón,

16sentiré un gozo entrañable

cuando tus labios hablen como es debido.

17No sientas envidia de los pecadores,

sino siempre de los que respetan a Dios;

18así tendrás un porvenir,

y tu esperanza no fracasará.

19Escucha, hijo mío, sé juicioso,

encamina bien tu mente:

20no te juntes con bebedores

ni vayas con comilones,

21porque bebedores y comilones se arruinarán

y el perezoso se vestirá de harapos.

22Escucha al padre que te engendró,

no desprecies la vejez de tu madre:

23compra la verdad y no la vendas,

sabiduría, educación y prudencia;

24el padre del honrado se llenará de gozo,

el que engendra un hijo sabio se alegrará,

25tu padre estará contento de ti

y gozará la que te dio a luz.

26Hijo mío, hazme caso,

acepta de buena gana mis indicaciones.

27Trampa peligrosa es la mala mujer,

pozo angosto es la ramera;

28se pone al acecho como un ladrón

y provoca traiciones entre los hombres.

29¿Quién sufre?, ¿quién se queja?,

¿quién pelea?, ¿quién se lamenta?,

¿quién recibe golpes sin motivo?, ¿quién tiene la mirada turbia?

30El que vive para el vino

y va catando bebidas.

31No mires al vino cuando rojea

y lanza destellos en la copa;

32se desliza suavemente, al final muerde como culebra

y pica como víbora.

33Tus ojos verán maravillas,

tu mente imaginará absurdos;

34te hará sentir como quien está en alta mar

o agarrado en la punta de un mástil.

35Me han golpeado, y no me ha dolido;

me han sacudido, y no lo he sentido;

en cuanto despierte volveré a pedir más.

 

24

                   1No envidies a los malvados

ni desees vivir con ellos,

2su mente medita violencias,

sus labios dicen maldades.

3Con la sabiduría se construye una casa,

con la prudencia se mantiene firme,

4con el saber se llenan sus cuartos

de bienes, riquezas y comodidades.

5Más vale maña que fuerza,

experiencia más que vigor.

6Con buenos planes se gana la guerra,

y la victoria es fruto del consejo.

7La sabiduría es demasiado para el necio:

no abrirá la boca en público.

8Al que medita maldades

lo llamarán malintencionado;

9el que trama locuras fracasa;

al insolente lo detestan los hombres.

10¿Te has desanimado en el momento del peligro?,

tu fuerza es limitada.

11Salva a los condenados a muerte,

saca del peligro al que está para morir.

12Aunque digas que no lo sabías,

¿no lo va a saber el que pesa los corazones?,

¿no lo sabrá el que vigila tu vida

y paga al hombre sus acciones?

13Hijo mío, come miel, que es buena;

el panal es dulce al paladar:

14así sean el conocimiento y la sabiduría para tu alma;

si los alcanzas tendrás un porvenir

y tu esperanza no fracasará.

15No aceches la casa del honrado

ni destruyas su rebaño,

16pues aunque caiga siete veces el honrado se levantará,

mientras que los malvados se hundirán en la desgracia.

17Si cae tu enemigo no te alegres;

si tropieza, no lo celebres,

18no sea que el Señor lo vea

y retire su enojo de él.

19No te enojes por causa de los malvados,

no envidies a los que obran mal;

20porque el perverso no tiene futuro,

la lámpara de los malvados se apagará.

21Hijo mío, teme al Señor y al rey;

no provoques a ninguno de los dos,

22porque de repente salta su castigo,

y, ¿quién conoce su furor?

 

 

CUARTA COLECCIÓN

 

23No es justo ser parcial al juzgar:

24a quien declara inocente al culpable

la gente lo maldice y se irrita contra él;

25pero a quienes lo castigan, les va bien,

sobre ellos caen bendiciones.

26Quien da una respuesta oportuna,

es como si diera un beso en los labios.

27Ordena tus asuntos en la calle y realiza tus tareas en el campo,

después podrás edificar tu casa.

28No atestigües sin motivo contra tu prójimo,

no engañes con los labios.

29No digas: le haré lo que me hizo,

me las ha de pagar.

30Pasé por el campo de un perezoso,

por la viña de un hombre sin juicio:

31todo era espinas que crecían, los cardos cubrían el terreno,

la cerca de piedras estaba derribada;

32al verlo, reflexioné;

al mirarlo, aprendí esta lección.

33Un rato duermes, un rato descansas,

un rato cruzas los brazos para dormitar mejor,

34y te llega la pobreza del vagabundo,

la penuria del mendigo.

 

QUINTA COLECCIÓN

 

25

                   1Otros proverbios del rey Salomón que recogieron

               los escribientes de Ezequías, rey de Judá.

2Es gloria de Dios ocultar un asunto,

es gloria de reyes averiguarlo.

3La altura del cielo, la profundidad de la tierra

y el corazón de los reyes son impenetrables.

4Aparta las impurezas de la plata,

el platero hará una copa;

5aparta al malvado del servicio del rey,

y su trono se afirmará en la justicia.

6No te des importancia en la presencia del rey,

ni te coloques con los grandes:

7más vale escuchar: Sube aquí,

que ser humillado ante los nobles.

8Aun sobre lo que han visto tus ojos

no te apures en llevarlo a los tribunales,

pues, ¿qué harás al final,

cuando tu prójimo te deje confundido?

9Arregla el pleito con tu vecino

pero no reveles secretos ajenos,

10para que no te desprecie el que lo oye

y tu deshonra no tenga remedio.

11Naranjas de oro en diseños de plata

son las palabras pronunciadas a su tiempo.

12Pendientes de oro y alhajas de oro fino

es el sabio que amonesta al que sabe escuchar.

13Frescura de nieve en tiempo de cosecha

es el mensajero fiel para quien lo envía.

14Nubes y viento sin caer gota

es quien promete orgullosamente pero no cumple.

15Con paciencia se convence a un gobernante,

las palabras suaves rompen la resistencia.

16Si encuentras miel come lo justo,

no sea que te hartes y la vomites;

17no visites con frecuencia a tu vecino,

no sea que lo hartes y te aborrezca.

18Maza, espada y flecha aguda

es el que declara en falso contra su amigo.

19Diente picado y pie que resbala

es confiar en el traidor cuando llega el peligro.

20Vinagre en la llaga, ir sin ropa en el frío

es cantar coplas a corazón apenado.

21Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer;

si tiene sed, dale de beber;

22así enrojecerá de vergüenza

y el Señor te lo pagará.

23Viento de noroeste trae lluvia;

lengua murmuradora, caras furiosas.

24Más vale vivir en un rincón de la azotea

que en casa amplia con mujer pendenciera.

25Agua fresca en garganta sedienta

es la buena noticia de tierra lejana.

26Manantial turbio, fuente contaminada,

el honrado que tiembla ante el malvado.

27Comer mucha miel no aprovecha,

ni buscar excesivos honores.

28Ciudad desmantelada y sin muralla

el hombre que no domina su pasión.

 

26

                   1No le va bien la nieve al verano,

ni la lluvia al momento de la cosecha,

ni el honor al necio.

2Como gorrión que aletea, como golondrina sin nido,

la maldición injusta no va a ninguna parte.

3Para el caballo el látigo, para el burro el freno,

para la espalda del necio un garrote.

4No respondas al necio según su locura,

no te vayas a igualar a él;

5responde al necio haciéndole ver su locura,

para que no se crea que es inteligente.

6Se corta las piernas y bebe vinagre

quien envía mensajes por medio de un necio.

7Como son inseguras las piernas del inválido,

así un proverbio en la boca del necio.

8Quiere sujetar una piedra en la honda

quien concede honores a un necio.

9Rama de espino en manos de un borracho

es un proverbio en boca de un necio.

10Arquero que hiere a cualquiera que pasa

el que contrata a un necio o a un borracho.

11Perro que vuelve a su vómito

es el necio que insiste en sus estupideces.

12¿Has visto a uno que se tiene por sabio?

De un necio se puede esperar más.

13Dice el perezoso: Hay un león en el camino,

hay una fiera en la calle.

14La puerta gira en sus bisagras,

el perezoso en la cama.

15El flojo mete la mano en el plato

y lo cansa llevársela a la boca.

16El perezoso se cree más sabio

que siete personas que saben responder.

17Agarra un perro por las orejas

quien se mete en una discusión ajena.

18Como un loco que tira

flechas y lanzas mortales,

19así es el que engaña a su amigo

y luego le dice: Era en broma.

20Si se acaba la leña, se apaga el fuego;

si no está el chismoso, se acaba la discusión.

21Para hacer brasas, carbón, y para hacer fuego, leña;

para entablar una pelea, el pendenciero.

22Las palabras del chismoso son como golosinas

que bajan hasta lo profundo de las entrañas.

23Barniz que recubre la vasija de barro

son las palabras melosas de un corazón perverso.

24Disimula con los labios el que odia,

mientras que por dentro medita engaños;

25aunque te hable con ternura, no le creas,

lleva dentro siete maldades;

26aunque encubra el odio con disimulo,

su maldad se descubrirá en la asamblea.

27El que cava una fosa caerá en ella,

al que hace rodar una piedra le caerá encima.

28Lengua mentirosa duplica los daños,

boca que adula empuja a la ruina.

 

27

                   1No te gloríes del mañana,

no sabes lo que traerá el mañana.

2Que te alabe el extraño, y no tu boca;

el desconocido, y no tus labios.

3Pesada es la piedra y también la carga de arena:

más pesado es el mal genio del necio.

4Cruel es el enojo, destructiva la ira,

pero, ¿quién resistirá a los celos?

5Más vale corrección hecha con franqueza

que cariño falso.

6Más se puede confiar en el amigo que hiere,

que en el beso del enemigo.

7El que tiene el estómago lleno pisotea el panal,

para el hambriento hasta lo amargo es dulce.

8Pájaro escapado del nido

es el vagabundo lejos de su hogar.

9Perfume e incienso alegran el corazón,

el consejo del amigo endulza el ánimo.

10No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre,

no vayas con tus problemas a casa de tu hermano.

Más vale vecino cerca que hermano lejos.

11Ten juicio, hijo mío; dame esa alegría,

y podré responder a los que me ofenden.

12El prudente ve el peligro y lo evita,

el imprudente sigue adelante y lo paga.

13Toma la ropa de quien salió fiador por un desconocido

y quedó empeñado por un extraño.

14Quien saluda al vecino de madrugada y a gritos

es como si lo maldijera.

15Gotera continua en día de chaparrón

y mujer pendenciera se parecen:

16querer sujetarla es sujetar el viento

y agarrar aceite con la mano.

17El hierro afila al hierro,

el hombre en el trato con su prójimo.

18Quien cuida una higuera comerá higos,

quien custodia a su jefe recibirá honores.

19Como el rostro se refleja en el agua,

así el hombre en su conciencia.

20Infierno y Abismo son insaciables,

insaciables son los ojos del hombre.

21La plata en el horno, el oro en el crisol,

y el hombre en la boca de quien lo alaba.

22Aunque machaques al necio en un mortero,

no le quitarás su estupidez.

23Observa bien el aspecto de tus ovejas

y fíjate en tus rebaños;

24porque la fortuna no dura siempre

ni la corona de generación en generación.

25Nace la hierba, asoma el césped,

se recoge el pasto de los montes;

26tus ovejas te dan vestido,

tus cabritos dinero para comprarte un campo,

27las cabras leche para alimentarte tú y tu familia

y para mantener a tus criadas.

 

28

                   1El malvado huye sin que lo persigan,

el honrado va seguro como un león.

2Por los crímenes de un país se multiplican sus jefes;

con un hombre prudente y experto se mantiene el orden.

3Pobre que explota a los pobres

es lluvia torrencial que no da pan.

4Los que abandonan la ley alaban al malvado,

los que cumplen la ley rompen con ellos.

5Los malvados no entienden la justicia,

el que consulta al Señor lo entiende todo.

6Más vale pobre y honrado

que rico malintencionado.

7El que cumple la ley es prudente,

el que se junta con depravados avergüenza a su padre.

8El que aumenta sus riquezas prestando a usura

acumula para el que se compadece de los pobres.

9Si uno aparta sus oídos de la ley,

también su oración será aborrecida.

10El que extravía a los rectos por el mal camino

caerá en su propia trampa.

11El rico se cree sabio,

pero el pobre con inteligencia lo conoce a fondo.

12Cuando triunfan los honrados hay fiesta;

cuando se imponen los malvados, se esconde la gente.

13El que oculta sus crímenes no prosperará,

el que los confiesa y se arrepiente será perdonado.

14Dichoso el hombre que teme siempre al Señor,

pero el terco caerá en la desgracia.

15León rugiente y oso hambriento

es el gobernante malvado para los pobres.

16Un príncipe imprudente oprime a muchos;

el que odia el lucro prolongará sus años.

17El hombre culpable de homicidio

corre a la tumba: ¡nadie lo detenga!

18El de conducta recta se salva,

el que camina por atajos caerá en la trampa.

19El que cultiva su campo se saciará de pan,

el que sigue ilusiones se hartará de miseria.

20Hombre sincero, rico en bendiciones;

el que tiene apuro por enriquecerse no quedará sin castigo.

21No es justo discriminar a la gente:

por un pedazo de pan el hombre comete un crimen.

22El avaro se apura por enriquecerse

y no sabe que le llegará la miseria.

23El que reprende a otro será más estimado

que el de lengua aduladora.

24El que roba a sus padres y dice: No he pecado,

hace compañía al criminal.

25El que ambiciona mucho provoca peleas,

el que confía en el Señor prosperará.

26El que se fía de sí mismo es un necio,

el que procede con sabiduría está a salvo.

27El que da al pobre no pasará necesidad,

el que se desentiende se llenará de maldiciones.

28Cuando se imponen los malvados, uno se esconde;

cuando desaparecen, prosperan los honrados.

 

29

                   1El hombre que se enoja cuando lo corrigen

fracasará de improviso y sin remedio.

2Cuando gobiernan los honrados se alegra el pueblo,

cuando mandan los malvados se queja el pueblo.

3El que ama la sabiduría alegra a su padre,

el que se junta con rameras malgasta su fortuna.

4Un rey justo hace estable el país,

el que lo carga de impuestos lo arruina.

5El hombre que adula a su compañero

tiende una trampa a sus pasos.

6El crimen del malvado es su propia trampa;

pero el honrado vive alegre.

7El justo atiende a la causa de los pobres,

el malvado no comprende nada.

8Los provocadores agitan la ciudad,

los sabios calman los ánimos.

9Cuando el sabio pleitea con el necio,

aunque se enoje o se ría, no consigue nada.

10Los sanguinarios odian al hombre de bien,

los honrados cuidan de su vida.

11El necio da rienda suelta a toda su pasión,

y el sabio acaba por refrenarla.

12El gobernante que hace caso de calumnias

tendrá a criminales por ministros.

13El pobre y el usurero tienen algo en común:

el Señor da luz a los ojos de ambos.

14Cuando un rey juzga lealmente a los necesitados,

su trono está firme por siempre.

15Palos y correcciones procuran sabiduría,

muchacho consentido avergüenza a su madre.

16Cuando mandan los malvados aumentan los crímenes,

pero los honrados los verán caer.

17Corrige a tu hijo y te dará descanso

y satisfacciones.

18Donde no hay profeta, el pueblo queda sin freno;

pero dichoso el que guarda la ley.

19A un esclavo no se lo corrige con palabras,

aunque entienda no hará caso.

20¿Has visto a un hombre que habla sin parar?

Más se puede esperar de un necio.

21El que consiente al esclavo cuando muchacho,

al final lo lamentará.

22Hombre impulsivo aviva las peleas,

el violento muchedumbre de crímenes.

23La soberbia de un hombre lo humillará,

el humilde conservará su honor.

24El que va a medias con el ladrón se odia a sí mismo:

aunque oye maldiciones no lo denuncia.

25El que teme a los hombres caerá en la trampa,

el que confía en el Señor vivirá seguro.

26Muchos buscan el favor del que manda,

pero la sentencia viene de Dios.

27El criminal es aborrecido por los honrados,

el hombre recto es aborrecido por el malvado.

 

 

SEXTA COLECCIÓN

 

30

                   1Máximas de Agur, hijo de Yaqué, el masaíta.

Oráculo del varón: Me he fatigado, oh Dios,

me he fatigado y me rindo;

2porque soy muy torpe, menos que hombre,

y no tengo inteligencia humana,

3no he aprendido a ser sabio

ni he llegado a comprender al Santo.

4¿Quién subió al cielo y luego bajó?,

¿quién recogió el viento en el puño?,

¿quién encerró el mar en una capa?,

¿quién fijó los confines del mundo?

¿Cuál es su nombre y su apellido, si lo sabes?

5Cada Palabra de Dios es verdadera,

él es escudo para los que se refugian en él.

6No añadas nada a sus dichos,

no sea que te reprenda y quedes como mentiroso.

7Dos cosas te he pedido a ti;

no me las niegues mientras viva:

8aleja de mí falsedad y mentira;

no me des riqueza ni pobreza,

concédeme sólo el pan necesario;

9no sea que me sacie y reniegue de ti, diciendo:

¿Quién es el Señor?;

no sea que necesitado robe

y abuse del Nombre de mi Dios.

10No calumnies al siervo ante su amo:

te maldecirá y serás castigado.

11Gente que maldice a su padre

y no bendice a su madre,

12gente que se considera limpia

y no se lava su inmundicia,

13gente de ojos engreídos

y mirada altanera,

14gente con navajas por dientes

y cuchillos por mandíbulas,

para extirpar de la tierra a los humildes

y del suelo a los pobres.

15La sanguijuela tiene dos hijas:

Dame y Dame.

Tres cosas hay insaciables

y una cuarta que no dice: Basta:

16El Abismo, el vientre estéril,

la tierra que no se harta de agua,

y el fuego que no dice: Basta.

17Al que se burla de su padre

y rehúsa obediencia a su madre,

que le saquen los ojos los cuervos

y se los coman los buitres.

18Hay tres cosas que me asombran

y una cuarta que no comprendo:

19el camino del águila por el cielo,

el camino de la serpiente por la roca,

el camino de la nave por el mar,

el camino del hombre por la mujer.

20Así procede la adúltera:

come, se limpia la boca y dice:

No he hecho nada malo.

21Por tres cosas tiembla la tierra

y la cuarta no la puede soportar:

22siervo que llega a rey,

necio que tiene comida de sobra,

23mujer aborrecida que encuentra marido,

esclava que ocupa el lugar de su señora.

24Cuatro seres pequeños hay en el mundo

más sabios que los sabios:

25las hormigas, pueblo débil

que asegura su comida en verano;

26los tejones, pueblo sin fuerza

que hace madriguera en las rocas;

27las langostas, que no tienen rey

y avanzan todas en formación;

28las lagartijas, que se agarran con la mano

y entran en palacios reales.

29Hay tres seres de buen andar

y un cuarto de paso majestuoso:

30el león, el más valiente de los animales,

que no retrocede ante nadie;

31el gallo, que camina erguido; también el chivo;

el rey al frente de su ejército.

32Si te has dado importancia, por irreflexión o deliberadamente,

tápate la boca:

33aprietas la leche y sale manteca,

aprietas la nariz y sale sangre,

aprietas la ira y salen peleas.

 

SÉPTIMA COLECCIÓN

 

31

                   1Máximas de Lemuel, rey de Masá, que le enseñó su madre.

2¿Qué es eso, hijo mío?

¿Qué es eso, hijo de mis entrañas?

¿Qué es eso, hijo de mis promesas?

3No gastes tu fuerza con mujeres

ni tu vigor con las que corrompen a reyes.

4No es de reyes, Lemuel,

no es de reyes darse al vino

ni de gobernantes darse al licor,

5porque beben y olvidan la ley

y violan el derecho de los más humildes.

6Deja el licor al vagabundo

y el vino al que está triste:

7que beba y olvide su miseria,

que no se acuerde de sus penas.

8Abre tu boca a favor del mudo,

habla en defensa del indefenso;

9abre tu boca y da sentencia justa

defendiendo al pobre y al desgraciado.

A        10Una mujer hacendosa, ¿quién la encontrará?

Vale mucho más que las perlas.

B        11Su marido confía en ella

y no le falta nunca nada.

G        12Le trae ganancias y no pérdidas

todos los días de su vida.

D        13Adquiere lana y lino,

sus manos trabajan a gusto.

H        14Es como nave mercante

que importa el grano de lejos.

W       15Todavía de noche se levanta

para dar la ración a sus criados

y la porción a sus criadas.

Z        16Examina un terreno y lo compra,

con lo que ganan sus manos planta una viña.

H        17Se ciñe la cintura con firmeza

y despliega la fuerza de sus brazos.

T        18Cuida de que su negocio marche bien

y aun de noche no se apaga su lámpara.

Y        19Extiende la mano para hilar

y con sus dedos fabrica el tejido.

K        20Abre sus palmas al necesitado

y extiende sus manos al pobre.

L        21Si nieva no teme por los empleados,

porque todos llevan trajes forrados.

M        22Confecciona mantas para su uso,

se viste de lino y púrpura.

N        23En la plaza su marido es respetado

cuando se sienta entre los ancianos del pueblo.

S        24Teje sábanas y las vende,

provee de cinturones a los comerciantes.

        25Está vestida de fuerza y dignidad,

sonríe ante el día de mañana.

P        26Abre la boca juiciosamente

y su lengua enseña con bondad.

S        27Vigila lo que hacen sus empleados,

no come lo que no ha ganado.

Q        28Sus hijos se levantan para felicitarla,

su marido proclama su alabanza:

R        29Muchas mujeres han dado prueba de lo que valen,

pero tú las superas a todas.

S        30Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura,

la mujer que respeta al Señor merece alabanza.

T        31Felicítenla por el éxito de su trabajo,

que sus obras la alaben en la plaza.

 

 

Sapienciales

 

Los libros sapienciales forman uno de los grupos de libros bíblicos con perfil propio, netamente distinto de la literatura profética, de los cuerpos legales y de las obras narrativas. Cin­co libros forman esta pentápolis de claras fronteras, esta especie de «pentateuco» sapiencial: Proverbios, Job, Eclesiastés (Qohelet), Eclesiástico (Ben Sirá) y Sabiduría. Como el Pentateuco invoca co­mo autor o patrono a Moisés, así tres de estos libros invocan a Salo­món como autor.

Un cierto parentesco liga a Job con el Eclesiastés como testigos y actores de una patética controversia sobre el sentido de la vida; por otro lado caminan Proverbios y Eclesiástico, mientras que Sabiduría es un enclave tardío en territorio griego.

El cuerpo sapiencial tiene indudable afinidad con nuestros refranes populares, aforismos cultos y textos didácticos. El propósito de la tarea sapiencial no es la enseñanza intelectual, ni el proponer una especie de catecismo ético, ni indagar el puesto de la vida humana en el orden cósmico. Más bien sería como una «oferta de sensatez», que no una imposición, como guía para todo ser humano.

 

 

 

 

Proverbios

 

Forma del libro. Es la obra más típica del cuerpo sa­pien­­cial. Bajo el nombre ge­nérico de «meshalim» –proverbios– acoge un conjunto de colecciones de enigmas, sentencias, aforismos, refranes, adagios e instruc­ciones de carácter ético y moralizante a través de los cuales se transmite una sa­biduría popular acumulada du­rante siglos. Su presentación estimula el esfuerzo de comprensión del oyente o del lector: brevedad, carácter incisivo o enigmático y for­­ma rítmica, al mismo tiempo que facilidad de retención en la me­­moria.

Las doctrinas o enseñanzas de esta antología tienen dos ejes principales, cada uno con dos polos opues­tos: «sensato-necio» y «honrado-malvado». Los términos no son precisos: en el primero pueden entrar dotes naturales de inteligencia y perspicacia, conocimientos ad­­quiridos o destreza en el obrar. Lo mismo podemos decir del se­gun­do eje, que puede referirse a la integridad, la justicia o la inocencia. Estos dos ejes se cruzan, porque la sensatez tiene algo de ético, mientras que la maldad se considera insensata.

 

Época de composición y autoría del libro. Por su carácter anónimo y el tamaño minúsculo de sus unidades es imposible datar los pro­verbios. Su composición puede abarcar varios siglos. El prólogo y el epílogo serían obra del recopilador final y, por tanto, posteriores a las otras colecciones. Que Salomón diera impulso a esta corriente de pro­­verbios puede ser realidad o pura leyenda. En realidad, el libro salta las fronteras y las épocas.

 

Mensaje de los Proverbios. La sensatez es una actividad artesana, atribuida al Dios creador y ofrecida al ser humano para que sea el artífice de su existencia, para que aprenda el sentido de la vida y dé sentido a su propia vida. Para ello, el joven inexperto necesita el apoyo de la experiencia ajena, plural y compartida, que cuaja en refranes, máximas y aforismos; algunos son propios de escuelas de maestros, otros, entregados a la libre circulación ciudadana. Dios está presente en este mundo sapiencial y ético de los Proverbios: posee la sabiduría y concede la sensatez al ser humano; con su aprobación y reprobación consolida el mundo ético.

De una «sabiduría a ras de tierra», el libro va ganando en altura hasta colocar en 8,22-31 a la Sabiduría personificada en la esfera celeste de sus orígenes. Aunque no es Dios ni una divinidad, procede de Dios y precede al mundo; posterior a Dios y anterior al universo, inferior a Dios y superior al mundo. El poeta la presenta como personaje que nace, aprende, actúa.

No se sigue que el poeta se refiera a un ser personal existente fuera del poema, pero con el correr del tiempo esa «sabiduría» tendrá un nombre, Jesucristo, «Sabiduría de Dios», como lo llama San Pablo (1 Cor 1,24).

 

 

 

 

 

 

1,1-9,18 Primera colección. Estos primeros nueve capítulos conforman una especie de introducción a todo el libro, atribuido al redactor final de la obra.

 

1,1–7 Finalidad de los Proverbios. Tal como es presentada en los primeros 7 versículos, todos los seres hu­manos sin excepción deben buscar la sabiduría como al­go imprescindible para sus vidas. Entendida como un va­lor máximo, es algo así como una revelación divina que se pone al servicio del ser humano para adquirir vi­da. El ser humano abandonado a su destino necesita una luz que lo guíe, y para eso viene en su ayuda la sabiduría.

 

1,8-19 Consejos a los jóvenes. Como quien instruye a un hijo, el maestro de sabiduría nos pone en guardia contra quienes intentan introducir a nuevos miembros en las «organizaciones» del mal con artimañas y malos consejos.

 

1,20-33 Invitación a la Sabiduría. Con rasgos de profeta, la sensatez personificada llama en la plaza pública a los insensatos, a los necios e inexpertos, a los imprudentes e insolentes, a centrar su vida en función de una sola cosa: el respeto al Señor (29). Del discurso de la sensatez se desprende que la verdadera sabiduría está en el respeto al Señor; dicho respeto no es otra cosa que cumplir sus leyes y mandatos, única alternativa posible que evita la desgracia. La «tormenta» y el «huracán» (27) son símbolos de una vida que se vive sin perspectivas de plenitud. Saber vivir bien trae como consecuencia la serenidad, la tranquilidad y la seguridad ante los grandes males. El tono de este pregón está muy emparentado con el de Jeremías y en menor medida con el de Isaías. El objetivo no es tanto condenar cuanto llamar al recto juicio, a la sana vivencia y a la rectificación antes de que sea demasiado tarde (28).

 

2,1–3,12 Discurso del maestro. Este discurso del maestro de sabiduría descubre varios elementos que nos hacen caer en la cuenta de que, aunque la sabiduría pueda parecer fruto del esfuerzo humano, en realidad es un don ofrecido por Dios que el sabio debe acoger responsablemente. En la vida cotidiana, el sabio, como ser humano prudente y sagaz, debe mantener una actitud de discernimiento sobre lo que es recto, justo y adecuado. Ese discernimiento tiene dos consecuencias prácticas inmediatas: en primer lugar, nos libra del «mal camino», no se camina a tientas; en segundo lugar, nos libra de la ramera, de la prostituta, cuya figura se usa aquí para simbolizar el camino equivocado, el camino que no conduce a la vida. El llamado del maestro desemboca finalmente en una meditación práctica sobre la sabiduría: caminar por esta senda es caminar con Dios, y sólo quien camina según el querer divino alarga sus años. Por tanto, la larga vida es en la Biblia síntoma de sabiduría. Se vuelve a insistir en que esa sabiduría no es fruto del esfuerzo personal, sino un don de Dios del que el fiel debe apropiarse mediante la escucha de la Palabra y la puesta en práctica de los preceptos del Señor.

 

3,13-26 Sabiduría y prudencia. El ser humano que ha recibido conscientemente el don de la sabiduría y lo pone a trabajar es comparable al comerciante exitoso que obtiene provecho y beneficio abundante en sus ne­gocios o a un árbol frondoso que da cobijo, seguridad y vida a muchos otros seres. Trae la gran ventaja de la tranquilidad; sólo el que sabe cultivar la sabiduría, el que conserva el tino y la prudencia, puede vivir tranquilo: no tiene traspiés en su camino y su sueño es delicioso. Am­bas imágenes reflejan un estado interior, una experiencia y una conciencia de caminar según el querer divino.

 

3,27-35 Deberes con el prójimo. El lugar adecuado donde se asienta la sabiduría entendida como «camino recto» es indudablemente la conciencia, y el punto preciso donde ese caminar se realiza con rectitud, sensatez y sabiduría no puede ser otro que el prójimo. El prójimo será siempre el «termómetro» que permite medir el estado de mis relaciones con Dios y los avances o retrocesos de mi actuación. En este punto comulgan la corriente sapiencial y el espíritu deuteronomista. El prójimo no es un referente cualquiera, ni un accidente en mi camino; el prójimo me necesita y yo lo necesito a él como medio de acercamiento a Dios y lugar privilegiado donde puedo poner en práctica los preceptos del Señor: el Evan­gelio.

 

4,1-9 La tradición. El lugar ideal donde se transmite y se recibe sabiduría es la familia. El padre y la madre enseñan a sus hijos modelos de vida, no a través de discursos, sino fundamentalmente a través del ejemplo y de palabras que se condensan en dichos, máximas y sentencias. Ante los peligros externos e internos que rodean al israelita de la época del libro, esta formación familiar se debe hacer más intensa para que el joven no se deje llevar por otras corrientes, de ahí el énfasis en el honor que se va adquiriendo por el discernimiento y que involucra todas las esferas de la vida humana. Honor e identidad se implican mutuamente, y por eso están a la base del continuo ejercicio del discernimiento.

 

4,10-19 Los dos caminos. Los dos caminos a los que se refiere esta enseñanza son: 1. El camino de la sensatez, que permite caminar sin tropiezos. Quien transita por este camino no puede desechar la corrección, puesto que la sabiduría no es algo que se adquiere de un solo golpe, sino que ocupa toda la vida. 2. El camino descrito como «el sendero de los malvados» (14), que viven en función del mal. Los verbos «comer» y «beber» indican cómo la vida del malvado sólo se nutre del mal y sacia su sed con la violencia. Ambos caminos poseen características antagónicas: el camino del honrado, del justo, del sabio, es luz, no hay temor a tropezar porque todo lo que se hace está iluminado por la luz de la verdad; en cambio, la senda de los malvados es tenebrosa, se camina a tientas, sin saber dónde se va a tropezar.

4,20–5,2 El buen camino. Continúa el discurso sobre el buen camino como algo deseable. El camino adquiere en la corriente sapiencial un valor metafórico para referirse al estilo de vida que el creyente siempre debe buscar y desear. En el Nuevo Testamento, Jesús se identifica con ese camino: Él es el camino que conduce al Padre. El proyecto de Jesús nos da todo lo que necesitamos para conectar con el Padre, con su proyecto original de vida.

 

5,3-14 La ramera. Este pasaje no se detiene únicamente a prevenir al ser humano que está en búsqueda de la sabiduría de la relación con rameras. Si notamos bien, el consejo del sabio abarca también las relaciones con mujeres extranjeras, lo cual refleja una cierta preocupación que surgió en el Israel del postexilio. Los ju­díos son invitados a amar de corazón a su esposa, a una sola, y a escogerla dentro de la comunidad judía para evitar dos peligros fundamentales: 1. En el ámbito so­cio­eco­nómico existía el peligro de que, en caso de muerte del marido, su patrimonio fuese a parar a manos extranjeras, con lo cual la familia del difunto padre estaría a un paso de caer en servidumbre de un extranjero. 2. Desde el punto de vista religioso, la esposa no judía podía introducir los ídolos de su padre –de su familia– en la nueva familia formada con un israelita, algo que se consideraba abominable a los ojos del Señor.

 

5,15-23 Gozo del matrimonio. En continuidad con el tema anterior se subraya aquí el valor del matrimonio y la fidelidad a la esposa de la juventud. Es sabido que en el postexilio se presentaron varios abusos respecto al matrimonio, de ahí que se le dé mucho realce al esposo fiel y, sobre todo, al que ha escogido su esposa dentro de la misma comunidad israelita.

 

6,1-5 Fianza. El israelita teme caer en manos de un extranjero; este dicho refleja el recelo que se empieza a sentir en las relaciones con personas no judías. Al parecer, resultaba arriesgado celebrar contratos o servir de fiador a un extranjero, así que se aconseja no hacerlo, y en caso de haberse comprometido con un extranjero, li­brarse cuanto antes.

 

6,6-11 Pereza. A veces, la pobreza extrema o la ca­ren­cia de bienes y medios de subsistencia no se deben ne­cesariamente a unas relaciones económico-sociales in­justas; aquí se advierte contra la persona que no sea diligente ni emprendedora. Con la imagen de la hormiga, el autor invita al perezoso a trabajar para ganarse la vida dignamente. En este dicho, pereza, pobreza e indigencia se relacionan mutuamente. Conviene analizar hasta qué punto nuestra pobreza es fruto de la injusticia y hasta dónde es falta de diligencia y empeño personal.

 

6,12-15 El perverso. La anormalidad en las relaciones ético-sociales se puede visualizar hasta en la apariencia física del individuo. El ser humano malvado refleja exteriormente sus actitudes interiores.

 

6,16-35 Siete cosas. La primera parte de este dicho (16-19) es un ejemplo de lo que se conoce como «proverbio numérico»; su finalidad es mostrar de forma panorámica una serie de cosas afines entre sí y que causan impacto en el oyente. En este caso,  seis comportamientos irregulares se presentan como abominación al Señor. El resto del dicho invita a no abandonar los consejos de la madre, al tiempo que invita a meditar sobre las ventajas que tiene caminar según la instrucción del padre y de la madre. Los versículos 24-35 previenen contra las relaciones sexuales ilícitas y sus peligros, en concreto, contra las relaciones con una ramera y con la mujer del prójimo.

 

7,1-27 La seducción. Continúa la prevención contra el sexo ilícito. Quien sigue las lisonjas de la ramera es calificado como inexperto, porque no conoce el fin trági­co que ocasionan estas relaciones. Este pasaje po­dría estar tratando una vez más del desacuerdo con los matrimonios realizados con mujeres extranjeras. Pero también sería una forma metafórica de prevenir contra los discursos y planteamientos que el pensamiento griego va diseminando por todo el antiguo Cercano Oriente. Muy probablemente, estos primeros nueve capítulos que forman el marco de la obra pertenecen a una época en la que ya comienza a sentirse el influjo del pensamiento y la cultura griegos entre los mismos israelitas.

 

8,1-11 Discurso de la Sabiduría. Al estilo de un profeta que pregona su verdad en público, también la sabiduría sale a los cruces de los caminos y a las puertas de la ciudad para anunciar su mensaje; dice de sí misma que sus palabras son verdad y dignas de crédito, y que el que la adquiere puede contar con algo mejor que un valioso tesoro.

 

8,12-36 Himno a la Sabiduría. La sabiduría se au­topresenta bajo otra de sus facetas fundamentales: la sensatez. Subraya en su discurso sobre sí misma tres as­pectos importantes: 1. Su dignidad, íntimamente re­la­cio­­­na­da con la sagacidad y la reflexión; éstas le otorgan el carácter de autoridad para aconsejar con acierto y así lograr que quienes ejercen poder y autoridad desempeñen el papel de gobernantes sabios y justos. 2. Su origen. Observamos la autoconciencia de ser una criatura como las demás en el universo, pero al tratarse de la primera creación «acompaña» al creador en su trabajo. Valorada como ser preexistente, la sabiduría se declara un don ofrecido al resto de las criaturas. 3. Es la alternativa que tiene que solucionar el ser humano desde la libertad: poseer la sabiduría, buscarla cada día, es caminar hacia una meta feliz; extraviarse, desentenderse de ella, es perderse y morir. De este modo se emparenta la corriente sapiencial con el ideal deuteronomista, que pone la felicidad y la vida en la fidelidad al Señor –en el cumplimiento de sus mandatos–, y la muerte en el descuido de dichos mandatos.

 

9,1-6 Banquete de la Sabiduría. La sabiduría se complace en donarse de manera gratuita a quienes carecen de ella. La descripción de la casa de la sabiduría y del banquete que ofrece parece aludir al Templo y a los banquetes rituales o comidas sagradas, comunes en la religiosidad judía. De todos modos, el sentido de estos versículos es hacer ver la gratuidad con que la misma sabiduría se entrega a todos.

 

9,7-12 Destinatarios. Estos versículos ponen de ma­nifiesto los tipos de personas que comúnmente enfrenta el sabio: el soberbio y el malvado. La sensatez o la prudencia aceptan gustosas la corrección, pero quien no camina por la senda de la sabiduría responde con violencia a las correcciones. Se podría deducir que el que va por mal camino no tiene remedio, que no vale la pena intentar su corrección; pero sabemos que el ser humano no está predestinado para ser bueno o malo; obviamente, fuimos creados para el bien, pero somos nosotros quienes decidimos por dónde caminamos. Esto significa que hemos de mantenernos siempre abiertos a corregir nuestro camino, y reconocer que siempre tendremos necesidad de ayuda y orientación en el ejercicio de nuestra libertad.

 

9,13-18 Banquete de la Necedad. También el polo opuesto de la sabiduría, en este caso la insensatez o la necedad, se manifiesta como una entidad viva capaz de proponerse a las personas como alternativa o senda de vida, pero se trata de una caricaturización de la sabiduría. Utiliza términos semejantes y escenarios semejantes para «seducir» a los seres humanos, pero mientras la auténtica sabiduría ofrece vida, la insensatez o necedad sólo puede ofrecer muerte.

 

10,1–22,16 Segunda colección – Proverbios de Sa­lo­món. Se inicia el núcleo y la parte más antigua del libro bajo el título «Proverbios de Salomón». En realidad, los comentaristas ubican esta sección un poco después del reinado de Josías (640-609 a.C.). Babilonia ya ha penetrado en territorio judío y cada día que pasa au­menta el grado de violencia. En medio de la crisis, un grupo de sabios organiza una serie de dichos y refranes, unos de tipo moral, otros de tipo legislativo, con el objeto de animar a la comunidad y enseñar que los justos, los que creen en el Señor y lo aman de verdad, no sufrirán la violencia ni la muerte. Es frecuente en esta sección el llamado de la sabiduría a la conversión y a la búsqueda de la justicia, así como a la vivencia de la pobreza.

 

10,1-11 Sin coherencia alguna se reúnen varios di­chos que pueden tener como denominador común la vida del justo, del que actúa recta y honradamente, en contraposición con la de aquellos que actúan de un mo­do insensato. La sección comienza simulando a un pa­dre o una madre que se dirige a su hijo para enseñarle sabiduría. Es de notar la importancia de la figura pa­terna y materna en las primeras etapas de crecimiento de los hijos; este papel aún se cumple con encomiable esmero en algunos núcleos humanos y es necesario incentivarlo cada día más.

 

10,12-26 Podríamos enlazar esta serie de proverbios con el tema de las relaciones éticas y sociales. Dichas re­laciones se deben fundar en el amor que «disimula las ofensas» (12) y que luego va adquiriendo una serie de matices o canales de transmisión y de difusión, simbolizados en los labios para expresar que se tienen que percibir en las relaciones con los semejantes. Los labios, es decir la boca, el canal de expresión de la interioridad de la persona, debe estar al servicio de la verdad y de la justicia, y esa es una manera de vivenciar el amor. La charlatanería es la antinomia de unos labios puestos al servicio del bien. El tema de la boca, los labios y la lengua apa­rece nuevamente en los versículos 31s con idéntico sentido.

 

10,27-32 En definitiva, el gran secreto de la sabiduría es el respeto al Señor, la garantía de una vida sana y prolongada; justo lo contrario de lo que sucede a quienes no lo respetan. En la Biblia, la calidad de vida está en re­­lación íntima con el modo de relacionarse con Dios. Las edades exageradas de los Patriarcas y de otros grandes personajes del Antiguo Testamento deben entenderse a partir de esta clave que nos ofrece el versículo 27, no en un sentido literal cuantitativo. Ese respeto de­bido al Se­ñor permea el resto de actitudes y comportamientos del individuo, del cual se espera que sea siempre virtuoso.

 

11,1-13 En línea con las enseñanzas deuteronomistas y proféticas, los sabios apuestan por un orden justo que sólo los seres humanos sabios, prudentes y honrados pue­den ayudar a construir según el querer de Dios. La justicia es garantía de vida, puesto que la justicia es una di­mensión esencial de Dios. El que es justo y honrado atrae bendición para su pueblo. Se trata, por tanto, de las consecuencias reales y concretas que sobrevienen cuando los miembros de la comunidad están empeñados en la búsqueda del bien, de la solidaridad, de la paz y de la justicia; entonces no puede sino cosecharse frutos buenos. En eso consiste la bendición de la que nos habla el texto.

 

11,14-21 El sabio ha observado cómo un pueblo que carece de guía se arruina, se pierde. Por eso es importante que el guía del pueblo sea una persona sabia en el sentido que camine en rectitud y justicia; el mal guía o mal gobernante es como el ser humano necio, el malvado o el que aborrece al Señor, es decir, el que rehúsa caminar según el querer de Dios su vida es una continua tragedia; así el pueblo también camina hacia su propia destrucción.

 

11,22-31 La calidad de vida es responsabilidad de cada uno; la persona que cultiva el bien obtiene frutos de bondad, de ahí la insistencia de los sabios en la necesidad de obrar correctamente y saber aprovechar todo lo que es bueno; esto ejercita al ser humano para la libertad, «el necio será esclavo del sabio» (29).

 

12,1-9 La sabiduría es entendida aquí como un proceso en el cual está incluida la corrección. Por tanto, el discípulo del sabio demuestra su amor y su interés por la sabiduría en la aceptación gustosa de las correcciones de su maestro. Se insiste en rectificar continuamente las ac­titudes y los comportamientos en la vida ordinaria: «más vale ser modesto y tener un criado, que presumir de rico y no tener pan» (9).

 

12,10-14 Una de las cosas que observa el sabio es la armonía que puede reinar si cada uno se ocupa diligentemente de lo suyo; de ser así, toda empresa y actividad humanas tienen que prosperar. Lo contrario es el desorden y la improductividad que sobreviene al desinterés de las personas cuando descuidan sus deberes; eso es lo que califica el maestro de sabiduría como «necedad» o «insensatez».

 

12,15-21 El obrar sensatamente es producto de una conciencia cultivada. El sabio no actúa a la ligera; por eso, la sabiduría se puede encauzar por el camino de la justicia y sólo quien sabe caminar por la senda de la justicia puede estar seguro de estar andando detrás de la verdad.

 

12,22-28 La sabiduría, el saber vivir bien y el tener conciencia de actuar correctamente se ponen aquí en línea con la voluntad de Dios. «El Señor aborrece el la­bio mentiroso» (22); no se actúa según el querer divino cuando nuestras acciones o palabras dañan o perjudican a otras personas, o cuando las relaciones con los demás resultan cuanto menos poco constructivas. Las acciones del sabio conducen a la vida, son signos de vida; las del necio/insensato son signos de muerte y a  ella conducen.

 

13,1-10 Una vez más, el sabio se identifica con el padre que quiere formar de la mejor manera a su hijo. Era muy común que el maestro de sabiduría llamara «hijos» a sus discípulos. La clave para entender este pa­saje está en el versículo 2, que obedece a la simple ob­servación de las acciones humanas: de lo que uno es, de eso vive. Si en cada uno hay una preocupación constante por actuar bien, correctamente y con justicia, de eso come. Aquí, «comer» posee el valor simbólico del alimento necesario para sobrevivir. Pero quien actúa de manera contraria, se saciará de maldad y no sólo él, sino que sus acciones se extenderán al grupo y a la comunidad; ésos son los violentos, los que buscan siempre el mal y el perjuicio del otro.

 

13,11-18 Otra observación sencilla de la vida que se convierte en enseñanza para vivir bien es la fortuna. Es muy común que alguien se enriquezca por alguna causa fortuita, pero por lo general esa riqueza se esfuma tan rápido como llegó. El sabio da más valor a la fortuna que se va adquiriendo poco a poco, con el esfuerzo de cada día. El maestro de sabiduría lleva ese esfuerzo cotidiano al campo de la riqueza espiritual; la sabiduría es la mejor riqueza, es árbol de vida, fuente de vida; en cambio, quien no la acepta sólo podrá obtener miseria y vergüenza (18a).

 

13,19-25 Cuando se alcanza lo que se desea –un po­co más de amor, de justicia, de sanas relaciones, de paz– la vida es más dulce y placentera; ese debe ser el ideal de vida de cada persona. Según el texto, ese ideal se va alcanzando por las relaciones cada vez más amplias en­tre quienes buscan y cultivan el bien. A este propósito de­be encaminarse la educación y la corrección de los hijos y discípulos. Nótese cómo se establece una estrecha relación entre corrección temprana y el amor. Sólo quien ama de verdad es capaz de ver más allá del mo­mento actual y de preparar a los seres que ama, espe­cíficamente a los hijos y/o discípulos, para una vida digna y feliz.

 

14,1 Comienza el capítulo haciendo referencia a la mujer sabia, cuyo influjo en el hogar es positivo. Tenga­mos en cuenta que se trata de una época en la cual la mujer estaba circunscrita al ámbito del hogar y sometida en todo sentido a su marido. Por mujer sabia se entendería aquí la que cumple su función correctamente, en­cerrada en casa y dedicada al servicio del marido y al cuidado de los hijos. Hoy debemos aceptar que la mujer también tiene funciones muy importantes que cumplir en la sociedad y que esa sabiduría femenina cubre mu­cho más que el simple recinto del hogar; con ella hay que contar para soñar con una nueva familia y con una nueva sociedad.

 

14,2-5 La rectitud del ser humano se pone en relación directa con Dios: obrar rectamente es señal de respeto hacia Él. Pero inmediatamente se sigue que ese respeto a Dios tiene que pasar por la única mediación posible, que es el prójimo; si las relaciones con el prójimo –simbolizadas en la imagen del testigo fiel o testigo falso– son correctas, entonces la relación con Dios es correcta y respetuosa.

 

14,6-12 El discernimiento es una de las vías más importantes e indispensables para ir alcanzando la sabiduría. La figura del «camino» se refiere aquí a ese proceso, tan útil y necesario para vivir bien. Elegir el buen camino, vivir honrada y dignamente, es o debe ser el ideal de toda persona.

 

14,13-19 Se contraponen varios modos de ser y de vi­vir: el insensato y el bueno, el ingenioso y el sagaz; el juicioso y el necio; el de genio vivo y el reflexivo; el malvado y el bueno; todos «se satisfacen», comen y viven de lo que son. El ideal que se propone al discípulo de sabiduría es discernir el camino recto, adecuado. Hoy más que nunca se hace necesario presentar a la niñez y a la juventud –semillas de la sociedad futura– unas alternativas de vida basadas en propuestas pedagógicas fundadas a su vez en valores reales y alcanzables. No podemos ig­no­rar los antivalores, sino más bien educar para enfrentarlos y superarlos, especialmente aquellos que surgen del comercio y el lucro económico y que con tanta frecuencia encontramos en los medios de comunicación ma­siva.

 

14,20-24 Proverbio duro el versículo 20, pero por des­gracia constatable en muchos ambientes. No hay que ig­norar ni dejar de reconocer que la solidaridad y el com­partir sencillo son mucho más visibles entre los po­bres; aunque entre los mismos pobres también se dan si­tua­cio­nes inhumanas muy duras –basta echar una ojeada a los conflictos armados–. Los versículos siguientes son un llamado a saber encontrar en el pobre el camino de la rectitud y fidelidad a Dios. Se proclama dichoso, bienaventurado, a quien se apiada de los pobres (21, cfr. 14,31).

 

14,25-35 De nuevo, el respeto al Señor es tenido co­mo la garantía de una vida feliz, mas no únicamente pa­ra quien es respetuoso; su actitud se convierte en beneficio para otros, y el primer lugar donde se percibe este beneficio es el hogar, equiparable a un manantial de vi­da. Hay que recordar que el respeto del Señor está siempre mediatizado por el prójimo: no respeta al Señor quien explota a su prójimo (31), el que es envidioso (30), en fin, el que no practica la justicia.

 

15,1-7 La lengua (2.4) y los labios (7), órganos que simbolizan la comunicación, son el motivo que da unidad a este pasaje. Una persona que cultiva la sabiduría –el secreto del bien vivir– sólo utiliza su lengua y sus la­bios para esparcir el saber; esto es, llevando una vida que se dedica a vivir y a practicar el bien. El saber no ha­ce referencia tanto al conocimiento de cosas, sino al arte de vivir rectamente.

 

15,8-12 La auténtica práctica de la religión es ga­ran­tía de agradar al Señor; ningún sacrificio y, en definitiva, ninguna práctica religiosa agradan al Señor si no hay de por medio una sincera búsqueda de la justicia, si no hay amor y respeto por el prójimo. El juicio que so­breviene a toda práctica religiosa proviene de las actitudes y de la disposición misma con que se realizan dichas prácticas.

 

15,13-15 La persona sabia debe procurar mantener el corazón siempre alegre y contento, puesto que ésta es la vía de acceso a las sanas relaciones con los de­más.

15,16-19 Uno de los secretos para el buen vivir está en el tener, pero dignamente; las posesiones o riquezas adquiridas con injusticia y engaño son a la postre la ruina para el ser humano codicioso; tener lo necesario para vivir es permitir que los demás también obtengan lo que necesitan; eso es temor de Dios.

 

15,20-24 Una vez más aparece el tema del hijo sabio y sensato en contraposición al hijo necio y falto de juicio. El que es sabio sabe juzgar prudentemente, sabe responder y sabe transmitir palabras oportunas; por el contrario, el necio, además de ser una deshonra para la familia, está a las puertas de aparecer como alguien so­berbio e injusto.

 

15,25-27 La casa del soberbio simboliza al que rechaza al Señor y la senda que le conduce a Él; los linderos de la viuda, a los sujetos preferidos de Dios: los pobres. Por encima de todo, el Señor ama al pobre y al débil y toma partido por él.

 

15,28-33 Otro de los secretos para el buen vivir es la honradez; ella hace al ser humano capaz de ser escuchado por Dios y respetado por los demás. Se recuerda una vez más la necesidad de aceptar la corrección y se la coloca como señal del amor personal; quien se ama a sí mismo acepta que en cualquier momento puede estar en el error, una sana corrección ayuda a crecer y a ma­durar. La antropología filosófica nos enseña que el ser humano es un proyecto en permanente proceso, nunca terminado; luego, otro secreto más para vivir bien es aceptar la crítica constructiva de nuestros semejantes.

 

16,1-9 Hay un tema predominante en estos primeros versículos: el Señor, nombrado ocho veces, su acción permanente en la conciencia de la persona. Se diría que es una presencia atosigante, que no deja alternativa ni autonomía al ser humano. Pero no debemos entenderlo así. En la antigüedad, y por supuesto también en la mentalidad israelita, absolutamente todo era atribuido a la divinidad. Sabemos que Dios es el primero en respetar a toda costa la autonomía y la libertad humanas; sólo en el nivel de la conciencia interviene Dios de un modo que incluso podríamos llegar a decir exagerado.

 

16,10-15 El tema dominante es el rey, nombrado cinco veces. Éste era visto como un representante de Dios, por eso se esperaba que fuera el primero en administrar justicia; hasta se llegó a creer que era infalible y que su cólera podía ser catastrófica para el pueblo. Esta figura tan realzada del rey podría evocar al rey Josías, en una época en la que se añoraba a alguien que impartiera justicia.

 

16,16-24 La sabiduría es la mejor elección para el ser humano, pues supera cualquier fortuna, allana todo camino, hace sensible al sabio, lo hace prudente y discreto. En una palabra: hace a la persona más humana y, sobre todo, más libre.

 

16,25-33 Para la corriente sapiencial, una larga vida era indicio de una persona con una buena calidad de vi­da. La mala calidad de vida se emparenta aquí con la violencia, que hace tortuoso el camino de quien no sabe buscar la sabiduría, es decir, los secretos para vivir bien. El mejor indicio del buen vivir es la justicia vivida y practicada, cuyo signo externo son las canas. Aquí hay un llamado a respetar a los mayores de nuestras comunidades, puesto que ellos son el símbolo viviente de un ca­­mi­no recorrido y de una experiencia de vida que no se debería subestimar.

 

17,1-14 Una vez más, la sabiduría es la alternativa que necesita el ser humano para vivir bien. Ésta no se consigue de la noche a la mañana, es necesario dejarse acrisolar por ella, dejarse  moldear. Una vez alcanzada, quien la posee debe ser consciente de que todavía necesita la corrección y que debe acogerla con alegría para que tenga provecho. Todo hombre y toda mujer están llamados a buscar la sabiduría. Aunque se trate de un esclavo, si adquiere sabiduría tendrá mayor relevancia que un hijo libre –literalmente– «descabezado» (2), lo cual significa que la sabiduría no tiene en cuenta ni procedencia, ni clase social. Según el maestro de sabiduría, es mejor toparse con una osa a quien le han robado sus cachorros que con un necio diciendo sandeces (12); la falta de sabiduría merma la calidad de la per­sona.

 

17,15-23 Comienza y termina esta perícopa con dos alusiones claras a la injusticia que cometen el que absuelve al culpable y condena al inocente (15) y el que acepta soborno para torcer el juicio (23), figuras que en nuestros pueblos y comunidades nos son tan familiares. Que sean prácticas comunes no significa que tengamos que aceptarlas; es necesario denunciarlas por todos los medios y hacer ver que son contrarias al querer y a la voluntad divina.

 

17,24-28 La sabiduría no es algo que nos invade en un momento, hay que saber buscarla y encontrarla; sólo el que es sensato sabe descubrirla y la encuentra muy cerca de sí; el que es necio o insensato no sabe distinguirla, aunque la tenga cerca.

 

18,1-4 Uno de los atributos importantes de la sabiduría es la prudencia, contraria a la actitud de andar publicándolo todo. Sólo el prudente sabe hablar y callar lo que debe, inundando con sus palabras del «manantial de sensatez» a los demás (4).

 

18,5-10 Un nuevo proverbio que tiene que ver directamente con la justicia (5) se combina con las actitudes negativas de sembrar discordias y poner en pleitos a los demás. Lo mejor es siempre acogerse al Señor porque Él es «torre fortificada… inaccesible» (10).

 

18,11s Hay quienes fundamentan su vida en la riqueza, en el tener, y por ello se creen omnipotentes, sin tener en cuenta que a menudo las riquezas se esfuman y sólo queda el gran vacío de haber confiado en lo vano.

 

18,13-15 Apresurarse nunca es ventajoso; el maestro de sabiduría sugiere siempre la mesura, la calma, y sobre todo una actitud que tanta falta nos hace a veces: saber escuchar. Quien sabe escuchar tiene mayor posibilidad de discernir; quien sabe discernir, es capaz de transmitir vida en sus palabras.

 

18,16-20 Un buen secreto para ganarse la confianza de los grandes pueden ser los regalos y las dádivas. Esta figura evoca la antigua costumbre de presentarse ante alguien de mayor rango social con algún don, con el ob­jetivo de ganarse su favor y expresar en cierto modo su­misión –ése podía ser el sentido de uno de los últimos ejemplos bíblicos, ya del Nuevo Testamento: los reyes magos que se presentan ante el Niño Dios con costosos presentes–. Esta costumbre es todavía muy común, tanto entre los grandes y poderosos como entre los humildes y sencillos. Podemos impregnarla de Evangelio ha­cien­do de ella un verdadero gesto de compartir y de so­lidaridad con las personas que amamos.

 

18,21-24 La buena o mala vida depende de la lengua. Nosotros mismos construimos nuestro destino, no sólo con nuestras obras, sino también con las palabras. Una palabra de paz, de amor o de reconciliación sólo puede atraer el bien, la bendición y la paz. En cambio, la palabra utilizada para generar conflicto y violencia sólo puede traer muerte y destrucción.

 

19,1-12 El tema predominante de este segmento es el binomio rico-pobre, en relación con la conducta per­sonal. La conducta recta no la proporciona ni la riqueza ni la posición social; aquélla es obra del interés personal y del discernimiento continuo que siempre tiene presente el respeto al Señor y a sus preceptos. El segmento termina con una alusión al rey, que en nombre de Dios debe ser el primero en dar ejemplo de adhesión y respeto a Dios.

 

19,13-16 El hijo necio, la mujer que riñe y el perezoso son figuras que simbolizan el mal funcionamiento del hogar, de la familia, y por ende podrían reflejar el mal estado de una sociedad. Ya desde antiguo se ve que la familia era el lugar donde se podía reflejar la situación social. Hoy se hace cada vez más urgente y necesario el cultivo de los valores humanos, cívicos, sociales y religiosos en el seno de la familia para poder soñar con una sociedad distinta.

 

19,17-25 Nuestras actitudes respecto al pobre están en relación directa con el Señor, lo cual nos confirma que la opción fundamental de Dios es el pobre, el débil, el excluido. Ya lo confirmó también Jesús: «lo que hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí» (Mt 25,40). En este mismo sentido podemos hacer derivar los demás proverbios de este segmento: la corrección (18), la escucha del buen consejo (20); la verificación del cumplimiento de los designios del Señor (21), el respeto del Señor que nos permite un sueño tranquilo (23) y, en fin, la diligencia en la cotidianidad de la vida (24).

 

19,26-29 En línea con el pensamiento deuteronomista sobre el respeto y la caridad con los padres (Dt 5,16), el maestro de sabiduría denomina «indigno e infame» (26) al hijo que es capaz de maltratarlos (cfr. Éx 21,15. 17) y llama a los hijos para a que acepten gustosos la co­rrec­ción, ya provenga de los mismos padres –primeros maestros y educadores– o de los sabios de la comunidad.

 

20,1-8 Las dos alusiones al rey en los versículos 2 y 8 encierran las dos tendencias sobre las que gira el discurso de la sabiduría: la tendencia del insensato, cuyas acciones son negativas, y la tendencia o inclinación del sabio, ejemplificada en la actitud del rey que en el tribunal se inclina siempre –o se debería inclinar– a favor del justo.

 

20,9-19 Nadie puede sentirse absolutamente limpio de faltas, siempre tendremos por algún lado algo que rectificar; ya sea en la vida personal, privada, o en las relaciones con los demás, siempre estamos a un paso de equivocarnos. Lo importante es tener conciencia de que en todo momento podemos fallar, y eso nos ayuda a mantenernos en guardia para no juzgar a los otros.

 

20,20-30 Una vez más se pone como elemento de sabiduría el respeto debido a los padres (20); ya la legislación mosaica llamaba también a las sanas relaciones con los progenitores (cfr. Éx 21,15.17; Lv 19,3; 20,9). De esta sana relación con quienes nos han dado la vida se desprende también el recto comportamiento con los demás: no tomarse la justicia con la propia mano (22), el uso correcto de los pesos y medidas en el comercio (23); el discernimiento en las opciones de vida (25). Quien actúa de forma correcta es comparado con un rey bueno y misericordioso, cuyo trono está asegurado por su opción por la justicia (28).

 

21,1-15 De nuevo el comportamiento del rey es puesto como paradigma de comportamiento para el resto del pueblo. Pero ese comportamiento debe ser infundido por el mismo Dios, de ahí que el rey debiera ser un hombre completamente sumiso al Señor, hacer de su corazón una acequia para que el Señor le diera la orientación que quisiera (1), que siempre consiste en la jus­ticia.

 

21,16-24 El tema dominante de este segmento es el correcto discernimiento para ir alcanzando la felicidad a la que todos estamos llamados. Nótese cómo el principal objeto del discernimiento es la prudencia, sobre la cual se puede decir que descansa la vida; el imprudente no tiene vida, «descansará en la asamblea de los muer­tos» (16). Se trata, pues, de una clave más que nos ofrece el maestro de sabiduría para lograr una mejor calidad de vida.

21,25-31 Cuando no sabemos controlar nuestros de­seos, distorsionamos y damos al traste con el pro­yecto de armonía y de justicia sobre el cual Dios quiere que gire toda nuestra vida y la vida de toda la creación.

 

22,1-4 Riqueza, honor y vida son los tres pilares fundamentales que la sabiduría considera debe tener una persona para poder decir que vive bien. Pero ni la riqueza, ni el honor, ni la vida se adquieren mediante trampas o juego sucio; son fruto del «respeto de Dios» (4), expresión que equivale a decir que son fruto del cumplimiento de los preceptos divinos, cuyo eje principal es la justicia.

 

22,5-12 El sabio es, ante todo, aquél cuya vida es clara y limpia; en contraposición está el camino de los perversos, cuya vida –y por ende sus acciones– son descritas como trampas y lazos; también son pendencieros e insolentes, por eso se aconseja apartarse de ellos y educar al muchacho para una vida de bien. Una vida recta es apreciada por el rey. La gran mayoría del pueblo an­helaba obtener el favor del rey; pues bien, ese favor se logra a base de una vida recta y de una conducta intachable.

 

22,13-15 La sabiduría va de la mano con la diligencia; el ser humano diligente saca provecho de todo en la vida; por el contrario, el holgazán siempre encontrará y hasta inventará cualquier pretexto para mantenerse en esa actitud. El corazón joven, tierno e inexperto, sigue fácilmente esta tendencia; de ahí la necesidad de educar y corregir.

 

22,16 Vale la pena tener este proverbio como norma de vida. Es fácil explotar y oprimir al pobre porque es indefenso, porque sus necesidades, sus estrecheces y la urgencia de sobrevivir él y su familia son la vía más fácil para aprovecharse de él. Es la constatación de cada día en los ambientes donde vivimos. Sin embargo, quien oprime y explota está casi siempre abocado a servir y a pasar su riqueza a otros explotadores todavía peores; de ahí la observación del sabio: «Se oprime al pobre para enriquecerse, se da al rico para envilecerse». Lo mejor es ponerse del lado del pobre y luchar juntos por una justi­cia real y efectiva; puede que esto no produzca riqueza alguna, pero al menos trae la satisfacción de la conciencia de estar del lado del proyecto de Dios.

 

22,17–24,34 Tercera y cuarta colección. El maestro de sabiduría anuncia que ilustrará todo un cúmulo de conocimiento con treinta sentencias nacidas de la la experiencia y de la observación directa de la vida y del comportamiento humano. Podrían ser treinta o más –o menos–; lo importante es que este enunciado co­bija un buen número de sentencias que tocan los temas más disímiles de la vida humana. Ni esta sección ni ninguna otra de toda la literatura sapiencial es un tratado de sistemática epistemológica o una teoría del co­no­cimiento; se trata más bien de una antiquísima ma­nera de educar a los hijos y a los jóvenes inexpertos en general, en la que se transmiten unos sencillos «secretos» para explicarse ciertos movimientos del alma humana o para prevenir a la persona de no caer en determinados comportamientos aberrantes.

El que observa es consciente de que la vida tiene que tener un cierto orden, una cierta armonía, y que todo en la vida debe ser asumido con sensatez y prudencia. A la par que se descubre lo ventajoso de llevar una vida ordenada, también se constata lo desventajoso de seguir simplemente los instintos o de dejarse llevar por otros modelos de comportamiento que no desembocan en nada bueno. El padre o los ancianos de la comunidad transmiten a la joven generación estos conocimientos surgidos de la experiencia; corrigen y solicitan afanosamente que tal corrección sea aceptada con agrado, porque sólo quien ama corrige y sólo quien se siente amado es consciente de que la corrección es un bien, signo de acompañamiento y hasta de solidaridad. Este trabajo también es asumido con idéntica función por la corriente de sabios, los cuales elevaron la sabiduría del pueblo a las altas esferas de la corte, haciendo de ella una posesión prácticamente exclusiva de la aristocracia y de aquellos que podían permitirse el lujo de pagarse a un buen maestro. De este modo se desvirtuó el papel de la sabiduría en el plan de Dios y dejó en entredicho la orientación primera de la justicia.

 

25,1–29,27 Quinta colección.

 

25,1-7 Comienza en este capítulo una nueva serie de proverbios y dichos, probablemente coleccionados en época del rey Ezequías. Precisamente unos cuantos dichos que mencionan al rey hacen las veces de introducción. Por encima de todo están Dios y su justa soberanía, e inmediatamente después le sigue el rey, aunque existe la clara conciencia de que la figura real está sometida a Dios y a sus designios. El rey es la medida de la sociedad, por tanto, no hay que gloriarse delante de él ni ser avergonzado ante un noble. Las actitudes personales deben atraer por sí mismas la atención de los grandes, de ahí el dicho «más vale escuchar: Sube aquí, que ser humillado ante los nobles» (7). Jesús utiliza una figura parecida para enseñar a los suyos que no siguieran la fea costumbre de los letrados y fariseos, que amaban ocupar los primeros puestos en los banquetes (cfr. Lc 14,8-11). Se deduce que estos proverbios van dirigidos a personas que están en estrecho contacto con la corte; se trata, por tanto, de normas de comportamiento y de urbanidad.

 

25,8-17 Otro atributo del  sabio es su integridad personal. Quien vive y actúa correctamente no da lugar a sorpresas desagradables, como dar falso testimonio contra su propio amigo. Podemos estar confiados y seguros en la persona íntegra.

 

25,21-28 Es necesario hacer siempre el bien sin fijarnos a quién. Los que, por un motivo u otro, no son nuestros amigos no pueden estar excluidos de nuestros favores. Según la praxis de Jesús, si amamos a los que nos aman y bendecimos a quienes nos bendicen, ¿qué mérito tenemos? (Mt 5,46s). El bien realizado a quien nos hace mal es un golpe más duro que si respondiéramos con otro mal; esta actitud conduce mejor a la conversión de la otra persona que una agresión en los mismos términos.

 

26,1-28 Este capítulo está dedicado a tres tipos de persona que son la antítesis del verdadero sabio: 1. El necio (1-12), un personaje absolutamente negativo. En una sociedad que tiene como valor fundamental el honor, el escritor considera que tan perjudicial y vana es el agua de la lluvia en el momento de la cosecha como el honor al necio: sería como echarle perlas a los cerdos. 2. El perezoso (13-16). Es visto como un perjuicio para la sociedad, un estorbo que hay que evitar y nunca imitar. 3. Finalmente, el malicioso o pendenciero (17-28). Este tipo de persona tiene una consideración todavía peor que los dos anteriores, porque sus palabras y sus actitudes inciden de manera más directa en las sanas relaciones que deben presidir toda comunidad. La pa­labra es un atributo típicamente humano que debemos vigilar y cultivar con sumo cuidado; muchas veces, una palabra puede destruir todo un proceso, engendrar violencia entre los miembros de la familia y de grupos en­teros.

 

27,1-10 El factor común en este segmento es la rectitud en las relaciones, especialmente la integridad en las relaciones de amistad. De nada vale tener muchos amigos, si en ninguno se puede confiar; la amistad íntegra nunca es encubridora, corrige abiertamente y con libertad, nunca es lisonjera ni engañosa. Con toda razón afirma la misma corriente de la sabiduría: quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro (cfr. Eclo 6,14).

 

27,11-27 El maestro de sabiduría asume de nuevo el papel del padre que con base en los años vividos y en la experiencia acumulada enseña a sus hijos/discípulos. El maestro/padre hace caer en la cuenta de la necesidad que tienen los jóvenes de ser educados, puesto que su inexperiencia los lleva fácilmente a desviarse del recto camino. Estas enseñanzas se centran en las precauciones propias de la sociedad judía del postexilio: salir fiador por un forastero (13); guardarse de la hipocresía (17.19) y de la mujer pendenciera (15s); acostumbrarse a comer del fruto del trabajo de uno (18); en definitiva, adecuar la vida para que la conciencia tranquila fundamente la propia seguridad.

 

28,1-10 Estos refranes giran en torno a la Ley, cuyo cumplimiento se subraya como la mejor alternativa para el ciudadano del postexilio. El final del dominio babi­lónico y el inicio de la dominación persa bajo el mando del rey Ciro son decisivos en la historia del pueblo judío. Esta época marca el inicio del judaísmo en sentido propio, es decir, cuando a la base de la conciencia judía se sitúa el cumplimiento estricto de la Ley contenida en los cinco primeros libros de la Biblia –la Torá–.

 

28,11-18 Hay quienes encuentran en estos versícu­los una especie de resistencia religiosa popular contra un reinado tirano e injusto, como lo fue el de Manasés (687-642 a.C.). El mal se identifica y personaliza en quienes hacen del poder y la riqueza su punto de apoyo para explotar y oprimir; si el pobre es perspicaz, puede penetrar y desenmascarar las intenciones del mal­vado –aquí el rico y opresor–. El pobre confía en que su única fuente de vida está en su Dios; respetarlo y seguir sus mandatos es sinónimo de bendición para sí, para los suyos y para quienes comparten su misma suerte.

 

28,19-28 Se continúa percibiendo en el trasfondo de estos versículos situaciones de extrema miseria, de hambre y de desórdenes sociales de todo tipo. Encontramos términos contrapuestos: rico-pobre; avaro-generoso; insensato-prudente; sinceridad-adulación; malvados-justos; son términos antagónicos ante los cuales la persona tiene que elegir por dónde orienta su vida. El versículo 28 nos da la clave para entender que se está ha­blando del temible rey Manasés y su corte, que trajeron grandes males a la nación israelita. Aunque está re­dac­tado como un refrán, el sentido del proverbio es que este rey y sus secuaces deben desaparecer para que prosperen los justos.

 

29,1-16 Alternando con dichos diversos, el autor va insertando hábilmente la descripción de una época que trajo mucho dolor y ruina para el pueblo. Se alude al rey, a su corte, a los ministros, todos ellos comprometidos con la injusticia y una pésima dirección del pueblo. Pero en medio de todo hay una luz de esperanza por la cual hay que luchar y esperar contra todo pronóstico. «Cuan­do un rey juzga lealmente a los necesitados, su trono está firme por siempre» (14), alusión a la esperanza en un rey justo a la medida del rey David, la cual desembo­cará en las esperanzas mesiánicas: sólo un enviado de Dios, su ungido/mesías, podrá juzgar lealmente. Otra señal más de esperanza en medio de tanta opresión es que «Cuando mandan los malvados aumentan los críme­nes, pero los honrados los verán caer» (16); dichos como éstos mantenían encendida la pequeña llama de la fe y de la esperanza en tiempos particularmente di­fíciles para la gente.

 

29,17-27 Una vez más, la sabiduría llama al discernimiento y a la vida organizada e íntegra. No importa que no haya profetas ni quién instruya: ahí está la Ley del Señor y el sentimiento natural de respeto por sí mismos y por los demás. En época de crisis, la recta conciencia nos ayuda a mantenernos firmes.

 

30,1-33 Sexta colección.

 

30,1-9 No sabemos quién es este Agur, y menos aún su padre Yaqué, pero tenemos aquí una de las grandes preocupaciones de los representantes de la corriente sapiencial: el verdadero sabio siente cada vez más lejos la genuina sabiduría. Sólo Dios es completamente sabio, y el ser humano, por más que se esfuerce, a duras penas alcanza a ver destellos de esa gran sabiduría que se revela a la humanidad a través de su palabra.

Termina la plegaria con una petición que cobra gran actualidad. Se trata de lo peligrosa que resulta la riqueza, ya que puede venir a reemplazar a Dios. El capitalismo moderno en todas sus expresiones ha generado una es­pecie de ideología que hace creer al ser humano que el único absoluto es el dinero, el tener, y al servicio de es­te absoluto encontramos muchos «adoradores». La ex­trema pobreza también es peligrosa, por cuanto puede ha­cernos renegar de Dios. Los millones y millones de hombres y mujeres que a diario van quedando despojados y hambrientos, ¿a qué Dios se dirigen? ¿Qué respuesta obtienen de Dios? Dios está dispuesto a responder, pero única y exclusivamente a través de quienes nos consideramos sus seguidores. ¿Qué respuesta estamos dando nosotros? ¿Qué imagen de Dios estamos mostrando a esos seres humanos que padecen hambre y mi­se­ria?

 

30,10-14 Se alude a las personas que se dedican a hacer el mal o a distorsionar de algún modo el justo or­den querido por Dios. Estas personas están destinadas a la maldición.

 

30,15-33 Una de las formas mnemotécnicas que ayudaba a retener en la mente las sentencias era el llamado «proverbio numérico», del cual tenemos varios ejemplos en esta sección. Usando los números dos, tres y cuatro, el sabio describe lo insondable del misterio del seol (15s); con otro proverbio numérico se alude al misterio de la procreación y de la concepción (18s); algunas actitudes y comportamientos humanos son enjuiciados del mismo modo, como el de la esclava que sucede a su señora, una manera de enjuiciar la inversión de algunos valores de la época (21-23); la sabiduría de la naturaleza y del mundo animal también queda retratada en otro proverbio numérico (24-31). Termina la sección con un sabio consejo: no ser engreído y buscar una vida tranquila sin discordias ni pleitos (32s).

 

31,1-31 Séptima colección

 

31,1-9 Mediante figuras ficticias o tal vez reales, una madre enseña sabiduría a su hijo. No se trata de dos personajes comunes y corrientes, sino de una madre que enseña sabiamente a su hijo rey. Esta madre, que podría ser la Sabiduría personificada por el autor, da a su hijo unas instrucciones que corresponden más a un rey ideal que real.

¡No hay que tomar muy en serio el consejo que aprueba la bebida y el licor para los pobres y oprimidos, con el fin de que olviden sus penas y sufrimientos! (6s) Sin conocer el consejo de esta madre, en muchos lugares patrones y caciques políticos suelen emborrachar a los pobres para que «olviden sus penas» y no causen problemas; ¿estará de acuerdo Dios con eso? Todo lo contrario: necesitamos mostrar una conciencia lúcida que nos permita llenarnos más y más de la palabra de Dios, que es ante todo justicia, y en solidaridad con nuestros semejantes nos unamos en la lucha por reclamar nuestros derechos.

 

31,10-31 Termina el libro con un poema acróstico de­dicado a la mujer hacendosa o a la verdadera mujer, tal como era concebida por la sociedad oriental y judía de la época: dedicada completamente al hogar, a su ad­ministración y manejo. No se concebía que una mujer desempeñara trabajo o actividad alguna fuera de casa, porque eso sería una deshonra par su marido. ¿Qué pensar de la mujer moderna? ¿Cómo ayudarle a combinar su papel de madre y ama de casa con su necesaria presencia en el ámbito laboral?