SABIDURÍA

JUICIO DEFINITIVO

La justicia es inmortal

 

1

             1Amen la justicia, ustedes, los que gobiernan la tierra;

tengan rectos pensamientos sobre el Señor

y búsquenlo con sencillez de corazón.

    2Lo encuentran los que no exigen pruebas

y se revela a los que no desconfían.

    3Los razonamientos retorcidos alejan de Dios,

y su poder, cuando es puesto a prueba, confunde a los necios.

    4La Sabiduría no entra en un alma perversa

ni vive en un cuerpo entregado al pecado.

    5El santo espíritu que nos instruye huye del engaño,

se aparta de los razonamientos sin sentido

y se aleja cuando está presente la injusticia.

    6La Sabiduría es un espíritu amigo de los hombres

que no deja sin castigo las palabras del blasfemo;

Dios es testigo de sus sentimientos, vigila puntualmente su corazón

y escucha lo que dice su lengua.

    7Porque el Espíritu del Señor llena la tierra

y el que todo lo contiene conoce cada voz.

    8Por eso quien dice cosas malas no quedará oculto,

no podrá evitar la acusación de la justicia.

    9Los planes del impío serán investigados,

el informe de sus palabras llegará hasta el Señor

y quedarán probados sus delitos,

    10porque un oído celoso lo escucha todo

y no le pasan inadvertidos cuchicheos ni protestas.

    11Cuídense, por tanto, de murmuraciones inútiles

y absténganse de hablar mal;

porque aun la palabra más secreta tiene sus consecuencias;

y la boca mentirosa lleva a la muerte.

    12No busquen la muerte con una vida extraviada

ni se atraigan la perdición con las obras de sus manos;

    13Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes.

    14Todo lo creó para que existiera;

las criaturas del mundo son saludables:

no hay en ellas veneno de muerte ni el Abismo impera en la tierra.

    15Porque la justicia es inmortal.

    16Los impíos llaman a la muerte con obras y palabras,

creyéndola su amiga, se perdieron por ella;

y han hecho con ella un pacto, porque son dignos de formar parte de ella.

 

Sea nuestra fuerza la norma de la justicia

 

2

             1Se dijeron, razonando equivocadamente:

La vida es corta y triste, y la muerte del hombre, irremediable;

y no se sabe de nadie que haya regresado del Abismo.

    2Nacimos casualmente y luego pasaremos como quien no existió;

nuestro aliento es como el humo,

y el pensamiento, chispa del corazón que late;

    3cuando ésta se apague, el cuerpo se volverá ceniza

y el espíritu se desvanecerá como suave brisa.

    4Nuestro nombre, con el tiempo, caerá en el olvido

y nadie se acordará de nuestras obras;

pasará nuestra vida como rastro de nube, se disipará como neblina

acosada por los rayos del sol y abrumada por su calor.

    5Nuestra vida es el paso de una sombra,

y nuestro fin, no puede ser retrasado;

está aplicado el sello, no hay retorno.

    6Por eso, a disfrutar de los bienes presentes,

a gozar de las cosas con ansia juvenil;

    7a llenarnos del mejor vino y de perfumes,

que no se nos escape la flor primaveral;

    8Coronémonos con capullos de rosas antes de que se marchiten;

    9que no quede pradera sin probar nuestra orgía;

dejemos en todas partes huellas de nuestra alegría,

porque ésta es nuestra suerte y nuestra fortuna.

    10Atropellemos al justo que es pobre,

no nos apiademos de la viuda

ni respetemos las canas venerables del anciano;

    11que sea nuestra fuerza la norma de la justicia,

porque está visto que la debilidad no sirve para nada.

    12Tendamos trampas al justo, que nos resulta incómodo:

se opone a nuestras acciones,

nos echa en cara las faltas contra la ley,

nos reprende las faltas contra la educación que nos dieron;

    13declara que conoce a Dios y dice que él es hijo del Señor;

    14se ha vuelto acusador de nuestras convicciones,

y su sola presencia nos molesta;

    15lleva una vida distinta de los demás y va por un camino aparte;

    16nos considera de mala ley

y se aparta de nuestras sendas como si contaminasen;

proclama dichoso el final del justo

y se gloría de tener por padre a Dios.

    17Vamos a ver si es verdad lo que dice:

comprobando cómo es su muerte;

    18si el justo ese es hijo de Dios,

él lo auxiliará y lo arrancará de las manos de sus enemigos.

    19Lo someteremos a tormentos despiadados,

para apreciar su paciencia y comprobar su resistencia;

    20lo condenaremos a muerte deshonrosa,

pues dice que hay alguien que cuida de él.

    21Así discurren, y se engañan, porque los ciega su maldad;

    22no conocen los secretos de Dios, no esperan el premio de la virtud

ni valoran el galardón de una vida intachable.

    23Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo imagen de su propio ser;

    24pero la muerte entró en el mundo por la envidia del Diablo

y sus seguidores tienen que sufrirla.

 

Los justos están en paz

 

3

             1La vida de los justos está en manos de Dios y no los tocará el tormento.

         2La gente insensata pensaba que morían,

consideraba su muerte como una desgracia,

    3y su partida de entre nosotros, como destrucción,

pero ellos están en paz.

    4Pues aunque a los ojos de los hombres sean castigados,

ellos esperaban de lleno la inmortalidad;

    5sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores,

porque Dios los puso a prueba y los encontró dignos de él;

    6los probó como oro en crisol,

los recibió como sacrificio de holocausto;

    7a la hora del juicio brillarán

como chispas que prenden por un cañaveral;

    8gobernarán naciones, someterán pueblos,

y el Señor reinará sobre ellos eternamente.

    9Los que confían en él comprenderán la verdad,

los fieles a su amor seguirán a su lado;

porque quiere a sus devotos, se apiada de ellos

y mira por sus elegidos.

    10Los impíos serán castigados por sus razonamientos:

menospreciaron al justo y se apartaron del Señor;

    11desdichado el que desprecia la sabiduría y la instrucción:

vana es su esperanza, vacíos sus afanes e inútiles sus obras;

    12necias son sus mujeres, depravados sus hijos y maldita su descendencia.

 

Dichosa la estéril irreprochable

   

    13Feliz la mujer estéril que no se ha manchado

que desconoce la unión pecaminosa:

alcanzará su fruto el día del juicio.

      14Feliz también el eunuco que no cometió delitos con sus manos

ni tuvo malos deseos contra el Señor,

por su fidelidad recibirá favores extraordinarios

y un lote codiciable en el templo del Señor.

    15Porque el que se preocupa por el bien obtiene frutos espléndidos;

la prudencia es tronco inconmovible.

    16Los hijos de los adúlteros no llegarán a la madurez

y la descendencia ilegítima desaparecerá.

    17Si llegan a viejos, nadie les hace caso,

al fin tendrán una vejez deshonrosa;

    18si fallecen antes, no tendrán esperanza

ni quien los consuele el día del juicio;

    19el final de la gente perversa es cruel.

 

4

1Más vale ser virtuoso, aunque sin hijos;

la virtud se inmortaliza en el recuerdo:

la conocen Dios y los hombres.

    2Cuando está presente, la imitan; cuando está ausente, la añoran;

en la eternidad, ceñida la corona, desfila triunfadora,

victoriosa en la prueba de trofeos bien limpios.

    3La familia numerosa de los impíos no prosperará:

nacida de retoños ilegítimos, no arraigará profundamente

ni tendrá base firme;

    4aunque por algún tiempo reverdezcan sus ramas,

como está mal asentada, la zarandeará el viento

y será arrancada de raíz por los huracanes.

    5Se quebrarán sus brotes tiernos, su fruto no servirá:

está verde para comerlo, no se aprovecha para nada;

    6pues los hijos que nacen de sueños ilegítimos

son testigos de cargo contra sus padres

a la hora del interrogatorio.

 

Maduró en pocos años

   

    7El justo, aunque muera antes de tiempo, tendrá descanso;

    8vejez venerable no son los muchos días,

ni se mide por el número de años;

    9canas del hombre son la prudencia,

y la edad avanzada, una vida sin mancha.

    10Agradó a Dios, y Dios lo amó;

vivía entre pecadores, y Dios se lo llevó;

    11lo arrebató para que la malicia no pervirtiera su conciencia,

para que la maldad no sedujera su alma;

    12porque la fascinación del vicio ensombrece la virtud,

el vértigo de la pasión pervierte una mente sin malicia.

    13Maduró en pocos años, cumplió mucho tiempo;

    14como su alma era agradable a Dios,

él se dio prisa para sacarlo de la maldad;

la gente lo ve y no lo comprende, no se da cuenta de esto:

    15que Dios quiere a sus elegidos,

se apiada de ellos y es refugio para sus consagrados.

    16El justo fallecido condena a los impíos que aún viven,

y una juventud arrebatada antes de tiempo,

a la prolongada vejez del malvado;

    17la gente verá el final del sabio

y no comprenderá lo que el Señor quería de él,

ni por qué lo puso a salvo.

    18Lo mirarán con desprecio, pero el Señor se reirá de ellos;

    19después de esto se convertirán en cadáver sin honra,

objeto de vergüenza entre los muertos para siempre;

pues los derribará cabeza abajo, sin dejarles hablar,

los zarandeará desde los cimientos, y los arrasará hasta lo último;

vivirán en dolor y su recuerdo perecerá.

 

Juicio: confusión de los impíos

   

        20Se presentarán asustados por el recuento de sus pecados

y sus delitos los acusarán a la cara.

 

5

             1Aquel día el justo estará de pie sin temor

delante de los que lo hicieron sufrir y despreciaron sus trabajos.

 

Juicio: para nosotros no salía el sol

   

    2Al verlo, se estremecerán de espanto y sorpresa,

porque no esperaban que se hubiera salvado;

    3dirán entre sí, arrepentidos, entre sollozos de angustia:

    4Éste es aquél de quien un día nos reíamos

con coplas injuriosas, nosotros, insensatos;

su vida nos parecía una locura, y su muerte una deshonra.

    5¿Cómo ahora lo cuentan entre los hijos de Dios

y comparte la herencia con los santos?

    6Sí, nosotros nos salimos del camino de la verdad,

no nos iluminaba la luz de la justicia,

para nosotros no salía el sol;

    7nos enredamos en los matorrales de la maldad y la perdición,

recorrimos desiertos intransitables, sin reconocer el camino del Señor.

    8¿De qué nos ha servido nuestro orgullo?

¿Qué hemos sacado presumiendo de ricos?

    9Todo aquello pasó como una sombra, como un correo veloz;

    10como nave que surca agitadas aguas,

sin que quede rastro de su travesía ni estela de su quilla en las olas;

    11o como pájaro que vuela por el aire sin dejar vestigio de su paso;

con su aleteo azota el aire leve,

y el aire, hendido por la fuerza estrepitosa de sus alas,

queda dividido y luego no queda señal de su ruta;

    12o como flecha disparada al blanco

cuyo surco en el aire inmediatamente se cierra

difuminándose su estela;

    13igual nosotros: nacimos y desaparecemos,

no dejamos ni una señal de virtud,

nos malgastamos en nuestra maldad.

    14Sí, la esperanza del impío es como paja que arrebata el viento;

como espuma ligera que la tempestad arrastra;

se disipa como humo al viento,

pasa como el recuerdo del huésped de un día.

 

Los justos viven eternamente

   

    15Los justos viven eternamente,

reciben de Dios su recompensa, el Altísimo cuida de ellos.

    16Recibirán la noble corona, la rica diadema de manos del Señor,

con su derecha los cubrirá, con su brazo los defenderá.

 

Vestirá la coraza de la justicia

   

    17Tomará la armadura de su celo

y la creación será un arma para defenderse de sus enemigos;

    18vestirá la coraza de la justicia,

se pondrá como casco un juicio insobornable;

    19empuñará como escudo invencible su santidad;

    20afilará la espada de su ira incontenible

y el universo peleará a su lado contra los insensatos.

    21Saldrán certeras ráfagas de rayos

y como del arco bien tenso de las nubes, volarán hacia el blanco;

      22la catapulta de su ira lanzará espeso pedrisco;

las aguas del mar se embravecerán contra ellos,

los ríos los inundarán sin piedad;

    23se levantará contra ellos un viento poderoso

que los barrerá como un huracán,

la iniquidad arrasará toda la tierra

y los crímenes derrocarán los tronos de los soberanos.

 

Exordio: el poder les viene del Señor

 

6

             1Escuchen, reyes, y entiendan;

aprendan, gobernantes de todo el mundo;

    2pongan atención, ustedes los que dominan a los pueblos

y están orgullosos de esa multitud de súbditos;

    3el poder les viene del Señor, y la autoridad, del Altísimo:

él juzgará sus obras y examinará sus intenciones;

    4porque siendo ministros de su reino, no gobernaron rectamente,

ni guardaron la ley, ni obraron según la voluntad de Dios.

    5Él vendrá sobre ustedes de manera repentina y terrible,

porque a los poderosos los juzga implacablemente.

    6A los más humildes se los compadece y perdona,

pero los poderosos serán examinados con rigor;

    7Porque el Dueño de todos no retrocede ante nadie,

ni lo intimida la grandeza:

él creó al pobre y al rico y se preocupa de todos por igual,

    8pero a los poderosos les aguarda un riguroso examen.

    9Se lo digo a ustedes, soberanos, a ver si aprenden sabiduría y no pecan:

    10los que cumplen sensatamente su santa voluntad serán declarados santos;

los que se la aprendan encontrarán quien los defienda.

    11Deseen, entonces, mis palabras;

búsquenlas ardientemente y serán instruidos.

 

La Sabiduría conduce al reino

 

    12La Sabiduría es luminosa y eterna, la ven sin dificultad los que la aman,

y los que van buscándola, la encuentran;

    13ella misma se da a conocer a los que la desean.

    14Quien madruga por ella, no se cansa: la encuentra sentada a la puerta.

    15Meditar en ella es la perfección de la prudencia,

el que se desvela por ella pronto estará libre de preocupaciones;

    16ella misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen,

los aborda benigna por los caminos,

y les sale al paso en todo proyecto.

    17Su comienzo auténtico es un deseo de instrucción;

el afán por la instrucción es amor;

    18el amor es la observancia de sus leyes;

la custodia de las leyes es garantía de inmortalidad;

    19la inmortalidad acerca a Dios;

    20por tanto, el deseo de la Sabiduría conduce al reino.

    21Así que, si les gustan los tronos y los cetros,

soberanos de las naciones,

respeten la Sabiduría y reinarán eternamente.

    22Les voy a explicar lo que es la Sabiduría y cuál es su origen,

sin ocultarles ningún secreto

me voy a remontar al comienzo de la creación,

dándola a conocer claramente, sin pasar por alto la verdad.

    23No haré el camino con la podrida envidia,

que no tiene nada que ver con la Sabiduría.

    24Muchedumbre de sabios salva al mundo

y rey prudente da bienestar al pueblo.

    25Por tanto, déjense instruir por mi discurso, y sacarán provecho.

 

Ningún rey empezó de otra manera

 

7

             1También yo soy un hombre mortal, igual que todos,

hijo del primer hombre modelado en arcilla,

en el vientre materno fue esculpida mi carne;

    2tardé diez meses en tomar consistencia en su sangre,

gracias al semen de mi padre y del placer que acompaña al sueño.

    3Al nacer, también yo respiré el aire común,

y al caer en la tierra que todos pisan,

estrené mi voz llorando, igual que todos;

    4me criaron con mimo, entre pañales.

    5Ningún rey empezó de otra manera;

    6idéntica es la entrada de todos en la vida e igual es la salida.

    7Por eso supliqué y se me concedió la prudencia,

invoqué y vino a mí el espíritu de Sabiduría.

    8La preferí a cetros y tronos,

y en comparación con ella tuve en nada la riqueza;

    9no la equiparé a la piedra más preciosa,

porque todo el oro a su lado es un poco de arena,

y, junto a ella, la plata vale lo que el barro;

    10la quise más que a la salud y la belleza

y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso.

    11Con ella me vinieron todos los bienes juntos,

en sus manos había riquezas incontables;

    12de todas gocé, porque la Sabiduría las trae,

aunque yo no sabía que es la madre de todas.

    13La aprendí sin malicia, la comparto sin envidia y no me guardo sus

riquezas;

    14porque es un tesoro inagotable para los hombres:

los que la adquieren se atraen la amistad de Dios,

porque el don de su enseñanza los recomienda.

 

La Sabiduría me lo enseñó

 

    15Que me conceda Dios saber expresarme

y pensar como corresponde a ese don,

pues él es el guía a la Sabiduría y quien marca el camino a los sabios.

    16Porque en sus manos estamos nosotros y nuestras palabras,

y toda la prudencia y el talento.

    17Él me otorgó un conocimiento infalible de los seres

para conocer la trama del mundo y las propiedades de los elementos;

    18el comienzo y el fin y el medio de los tiempos,

las diversas posiciones del sol y el cambio de las estaciones;

    19los ciclos anuales y la posición de las estrellas;

    20la naturaleza de los animales y la furia de las fieras,

el poder de los espíritus y las reflexiones de los hombres,

las variedades de plantas y las virtudes de las raíces;

    21todo lo sé; oculto o manifiesto,

porque la Sabiduría, artífice del universo, me lo enseñó.

 

Reflejo de la luz eterna

 

    22En ella hay un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil,

penetrante, inmaculado, transparente, invulnerable, bondadoso, agudo,

    23independiente, benéfico, amigo del hombre, firme, seguro, sereno,

que todo lo puede, que todo lo vigila, que en todos los espíritus penetra,

en los inteligentes, en los puros, en los sutilísimos.

    24La Sabiduría es más móvil que cualquier movimiento,

y, en virtud de su pureza, lo atraviesa y lo penetra todo;

    25porque es exhalación del poder divino,

emanación purísima de la gloria del Omnipotente,

por eso nada inmundo se le pega.

    26Es reflejo de la luz eterna,

espejo nítido de la actividad de Dios e imagen de su bondad.

    27Siendo una sola, todo lo puede; sin cambiar en nada, renueva el universo,

y, entrando en las almas buenas de cada generación,

va haciendo amigos de Dios y profetas;

    28pues Dios ama sólo a quien convive con la Sabiduría.

    29Es más bella que el sol y que todas las constelaciones,

comparada a la luz del día, sale ganando,

    30pues a éste lo releva la noche,

mientras que a la Sabiduría no la puede el mal.

 

8

             1Se despliega con vigor de un extremo al otro

y gobierna el universo con acierto.

 

La pretendí como esposa

 

    2La quise y la busqué desde muchacho

y la pretendí como esposa, enamorado de su hermosura.

    3Su unión con Dios realza su nobleza,

porque la ama el que es Señor de todos;

    4ella conoce los secretos de Dios y elige lo que él hace.

    5Si la riqueza es un bien deseable en la vida,

¿quién es más rico que la Sabiduría, que lo realiza todo?

    6Y si es la prudencia quien lo realiza,

¿quién, sino la Sabiduría, es la autora de todo cuanto existe?

    7Si alguien ama la justicia, las virtudes serán el fruto de sus esfuerzos;

es maestra de templanza y prudencia, de justicia y fortaleza;

para los hombres no hay en la vida nada más provechoso que esto.

    8Y si alguien ambiciona una rica experiencia,

ella conoce el pasado y adivina el futuro,

sabe los dichos ingeniosos y la solución de los enigmas,

comprende de antemano los signos y prodigios,

y el desenlace de cada momento, de cada época.

    9Por eso decidí unir nuestras vidas,

seguro de que sería mi consejera en la dicha,

y mi alivio en las preocupaciones y tristezas:

    10Gracias a ella me elogiará la asamblea,

y, aun siendo joven, me honrarán los ancianos;

    11en los juicios lucirá mi agudeza y seré la admiración de los monarcas;

    12si callo, estarán a la expectativa; si tomo la palabra, prestarán atención,

y si me alargo hablando, se llevarán la mano a la boca.

    13Gracias a ella alcanzaré la inmortalidad

y dejaré a la posteridad un recuerdo imperecedero.

    14Gobernaré pueblos, someteré naciones;

    15soberanos temibles se asustarán al oír mi nombre;

con el pueblo me mostraré bueno, y en la guerra, valeroso.

    16Al volver a casa, descansaré a su lado,

porque su trato no produce amargura,

su intimidad no deprime, sino que regocija y alegra.

    17Esto es lo que yo pensaba y sopesaba en mi corazón:

la inmortalidad consiste en tener parentesco con la Sabiduría;

    18su amistad es noble gozo; el trabajo de sus manos, riqueza inagotable;

su trato familiar, prudencia; conversar con ella, celebridad;

entonces me puse a buscarla, tratando de llevármela a casa.

    19Yo era un niño bueno por naturaleza, dotado de un alma bondadosa;

    20mejor dicho, siendo bueno, entré en un cuerpo sin mancha.

    21Al darme cuenta de que sólo me la ganaría si Dios me la otorgaba

–y ya era un signo de prudencia saber el origen de este don–,

me dirigí al Señor y le supliqué, diciendo de todo corazón:

 

Envíala desde el cielo

 

9

             1Dios de los padres, Señor de misericordia,

que todo lo creaste con tu palabra

    2y con tu Sabiduría formaste al hombre

para que dominara todas tus criaturas,

    3gobernara el mundo con justicia y santidad

y administrara justicia rectamente:

    4dame la Sabiduría que reina junto a ti,

y no me excluyas de entre tus siervos.

    5Porque soy siervo tuyo, hijo de tu sierva,

hombre débil y de existencia breve,

incapaz de entender el derecho y la ley.

    6Por perfecto que sea un hombre,

si le falta tu Sabiduría, no valdrá nada.

    7Tú me has elegido como rey de tu pueblo

y jefe de tus hijos e hijas,

    8me encargaste construirte un templo en tu monte santo

y un altar en la ciudad de tu morada,

copia del santuario que fundaste al principio.

    9Contigo está la Sabiduría, que conoce tus obras,

a tu lado estaba cuando hiciste el mundo;

ella sabe lo que a ti te agrada, lo que responde a tus mandamientos.

    10Envíala desde el cielo sagrado, mándala desde tu trono glorioso,

para que esté a mi lado y trabaje conmigo,

enseñándome lo que te agrada.

    11Ella, que todo lo sabe y lo comprende,

me guiará prudentemente en mis empresas

y me custodiará con su gloria;

    12así aceptarás mis obras, juzgaré a tu pueblo con justicia

y seré digno del trono de mi padre.

    13Porque, ¿qué hombre conoce los planes de Dios?

¿Quién comprende lo que Dios quiere?

    14Los pensamientos de los mortales son mezquinos

y nuestros razonamientos son inseguros;

    15porque el cuerpo mortal es un peso para el alma

y la tienda terrestre abruma la mente que reflexiona.

    16A duras penas adivinamos lo que hay en la tierra

y con trabajo encontramos lo que está a nuestro alcance:

¿quién podrá rastrear las cosas del cielo?

    17¿Quién conocerá tu designio, si tú no le das la Sabiduría

enviando tu santo espíritu desde el cielo?

    18Sólo así fueron rectos los caminos de los que están sobre la tierra,

así los hombres aprendieron lo que te agrada y la Sabiduría los salvó.

 

La Sabiduría salvó al justo

 

10

             1Ella fue quien protegió al primer formado, padre del mundo,

único creado, y lo liberó de su pecado,

    2y le dio el poder de dominarlo todo.

    3Se apartó de ella el criminal lleno de ira,

y su furia fratricida le acarreó la ruina.

    4Por su culpa vino el diluvio a la tierra, y otra vez la salvó la Sabiduría,

guiando al justo en un simple tablón.

    5Cuando los pueblos, unidos en la maldad,

fueron confundidos ella se fijó en el justo

y lo preservó irreprochable ante Dios,

manteniéndolo entero sin ablandarse ante su hijo.

    6Cuando la aniquilación de los impíos, ella puso a salvo al justo,

escapado del fuego llovido sobre las cinco ciudades;

    7testimonio de aquella maldad, aún está el desierto humeante,

los árboles frutales de cosechas prematuras

y la estatua de sal que se levanta, monumento a un alma que no creyó.

    8Por haberse apartado de la Sabiduría,

tuvieron la desgracia de no conocer el bien,

y además dejaron a la historia un recuerdo de su insensatez,

para que su mal paso no quedara oculto.

    9La Sabiduría en cambio, sacó de apuros a sus servidores.

    10Al justo que escapaba de la ira de su hermano

lo condujo por sendas llanas,

le mostró el reino de Dios y le dio a conocer las cosas santas;

dio éxito a sus tareas e hizo fecundos sus trabajos;

    11lo protegió contra la codicia de los explotadores y lo enriqueció;

    12lo defendió de sus enemigos y lo puso a salvo de sus ataques,

le dio la victoria en la dura batalla,

para que supiera que la piedad es más fuerte que nada.

    13No abandonó al justo vendido, sino que lo libró del pecado;

    14bajó con él al calabozo y no lo dejó en la prisión,

hasta entregarle el cetro real y poder sobre sus opresores;

demostró la falsedad de sus calumniadores y le concedió gloria eterna.

    15Al pueblo santo, a la raza irreprochable, lo libró de la nación opresora;

      16entró en el alma del servidor de Dios,

que hizo frente a reyes temibles con sus prodigios y señales.

    17Dio a los santos la recompensa de sus trabajos

y los condujo por un camino maravilloso;

fue para ellos sombra durante el día y resplandor de astros por la noche.

    18Los hizo atravesar el Mar Rojo y los guió a través de aguas caudalosas;

    19sumergió a sus enemigos,

y luego los sacó a flote de lo profundo del Abismo.

    20Por eso los justos despojaron a los impíos

y cantaron, Señor, un himno a tu santo Nombre,

celebrando a coro tu brazo victorioso;

    21porque la Sabiduría abrió la boca de los mudos

y soltó la lengua de los niños.

 

 

JUICIOS HISTÓRICOS I

 

Juicio del agua

 

11

             1Coronó con el éxito sus obras por medio de un santo profeta.

         2Atravesaron un desierto inhóspito, acamparon en terrenos intransitados;

    3hicieron frente a ejércitos hostiles y rechazaron a sus adversarios.

    4Tuvieron sed y te invocaron:

una roca áspera les dio agua y les sanó la sed una piedra dura.

    5Con lo que sus enemigos eran castigados,

ellos, en el apuro, eran favorecidos.

      6A cambio del caudal permanente

de un río enturbiado por la mezcla de sangre y agua

    7–castigo del decreto infanticida– les diste sin esperarlo agua abundante,

    8para que aprendieran, por la sed pasada,

cómo habías castigado a sus adversarios.

    9En efecto, cuando sufrían una prueba, aunque corregidos con misericordia,

comprendían los tormentos de los impíos, al ser juzgados con ira;

    10porque a los tuyos los probaste como padre que reprende,

pero a los otros, como rey inexorable, los examinaste y condenaste.

    11Ausentes y presentes se consumían por igual;

    12un doble pesar se apoderó de ellos y gemían, recordando el pasado;

    13cuando comprendieron que sus propios castigos

eran un bien para los otros, reconocieron allí al Señor.

    14Al que antes expusieron y luego rechazaron burlándose de él,

al final de los sucesos lo admiraron,

al sufrir una sed distinta de aquella de los justos.

 

Juicio de los animales

   

    15Su mentalidad insensata y depravada los extravió

hasta el punto de rendir culto a reptiles sin razón y viles alimañas,

y tú te vengaste enviando contra ellos un sinfín de animales sin razón,

    16para que aprendieran que en el pecado está el castigo.

    17Bien que podía tu mano omnipotente,

que de materia sin forma había creado el mundo,

soltar contra ellos osos a manadas o bravos leones,

    18o especies nuevas de animales recién creados, ferocísimos,

que lanzasen resoplidos llameantes

o despidiesen una humareda pestilente,

o cuyos ojos echasen chispas terribles;

    19bestias que no sólo podían aniquilarlos con su poder maléfico,

sino que podían exterminarlos con su aspecto terrorífico.

    20Aun sin esto, ellos podían haber caído de un solo soplo,

perseguidos por la justicia, barridos por tu soplo poderoso,

pero tú todo lo tenías predispuesto con peso, número y medida.

    21Desplegar todo tu poder está siempre a tu alcance;

¿quién puede resistir la fuerza de tu brazo?

    22Porque el mundo entero es ante ti como grano de arena en la balanza,

como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra.

    23Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes,

cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan.

    24Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho;

si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado.

    25Y, ¿cómo subsistirían las cosas si tú no lo hubieses querido?

¿Cómo conservarían su existencia si tú no las hubieses llamado?

    26Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida.

 

12

1Todos llevan tu soplo incorruptible.

 

Los cananeos

 

    2Por eso corriges poco a poco a los que caen,

les recuerdas su pecado y los reprendes,

para que se conviertan y crean en ti, Señor.

    3A los antiguos pobladores de tu santa tierra

    4los aborreciste por sus odiosas prácticas,

ritos sacrílegos y actos de magia,

    5crueles sacrificios de criaturas

y banquetes canibalescos de vísceras y sangre humana;

a ellos, que practicaban tales ritos,

    6padres asesinos de vidas indefensas,

decidiste eliminarlos por medio de nuestros padres,

    7para que tu tierra predilecta

acogiera a la digna colonia de los hijos de Dios.

    8Pero aun a ésos, como hombres que eran,

los perdonaste y les enviaste, como avanzada de tu ejército,

avispas para exterminarlos poco a poco.

    9Bien que podías haber entregado a los impíos en manos de los justos,

en batalla campal, o haberlos aniquilado de una vez

por medio de fieras terribles, o con una severa orden de mando;

    10pero, castigándolos poco a poco, les diste ocasión de arrepentirse,

sabiendo que eran malos por naturaleza, perversos de nacimiento,

y que su manera de ser no cambiaría nunca.

    11Eran raza maldita desde su origen;

Y no les perdonaste los delitos porque tuvieras miedo a nadie.

    12Porque, ¿quién puede decirte: qué has hecho?

¿Quién protestará contra tu sentencia?

¿Quién te denunciará por el exterminio

de las naciones que tú has creado?

¿Quién se levantará contra ti para defender a los injustos?

    13Además, fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todos,

para que puedas mostrar que no juzgas injustamente;

    14no hay rey ni soberano que pueda desafiarte por haberlos castigado.

    15Eres justo, gobiernas el universo con justicia y juzgas indigno de tu poder

condenar a quien no merece castigo.

    16Porque tu poder es el principio de la justicia

y el ser dueño de todos te hace perdonarlos a todos.

    17Ante el que no cree en la perfección de tu poder despliegas tu fuerza,

y confundes la imprudencia de aquellos que la conocen;

    18pero tú, dueño de tu fuerza, juzgas con moderación

y nos gobiernas con mucha indulgencia;

hacer uso de tu poder está a tu alcance cuando quieres.

    19Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el hombre justo debe ser humano,

e infundiste a tus hijos la esperanza,

porque dejas arrepentirse a los que pecan.

    20Si a los enemigos de tus hijos, reos de muerte,

los castigaste con tanto miramiento e indulgencia,

dándoles tiempo y ocasión de arrepentirse de sus culpas,

    21¿con cuánta mayor consideración juzgarás a tus hijos,

a cuyos padres prometiste favores con juramentos y alianzas?

 

Juicio de burla

 

    22A nosotros nos instruyes azotando mil veces a nuestros enemigos,

para que nosotros, a la hora de juzgar pensemos en tu benevolencia

y cuando nos toque ser juzgados esperemos misericordia.

    23A los necios que vivieron una vida depravada

los torturaste con sus propios ídolos;

    24se extraviaron muy lejos por el camino del error,

teniendo por dioses a los animales más viles y repugnantes,

dejándose engañar como niños sin inteligencia;

    25por eso, como a niños que no razonan,

les enviaste un castigo que los puso en ridículo.

    26Los que no escarmentaron con semejante corrección

tendrían que sufrir un juicio digno de Dios.

    27Al ser castigados por aquellos mismos a los que tenían por dioses

–y los habían hecho sufrir e irritarse–,

abrieron los ojos y reconocieron como Dios verdadero

al que antes no habían querido conocer;

por eso les sobrevino el peor de los castigos.

 

 

LA IDOLATRÍA

 

Fascinados por la hermosura del universo

 

13

             1Eran naturalmente faltos de inteligencia

todos los hombres que ignoraban a Dios,

y fueron incapaces de conocer al que es

partiendo de las cosas buenas que están a la vista,

y no reconocieron al artífice fijándose en sus obras,

    2sino que tuvieron por dioses al fuego, al viento, al aire leve,

a las órbitas astrales, al agua impetuosa,

a las lumbreras celestes, regidoras del mundo.

    3Si fascinados por su hermosura los creyeron dioses,

sepan cuánto los aventaja su Dueño,

pues los creó el autor de la belleza;

    4y si los asombró su poder y actividad,

calculen cuánto más poderoso es quien los hizo;

    5pues, partiendo de la grandeza y belleza de las criaturas,

se puede reflexionar y llegar a conocer al que les dio el ser.

    6Con todo, a éstos poco se les puede echar en cara,

pues tal vez andan extraviados

buscando a Dios y queriéndolo encontrar;

    7en efecto, dan vueltas a sus obras, las exploran,

y su apariencia los subyuga, porque es bello lo que ven.

    8Pero ni siquiera éstos tienen excusa,

    9porque si lograron saber tanto que fueron capaces de investigar el universo,

¿cómo no encontraron antes a su Dueño?

 

Ídolos de madera

   

    10Son unos infelices los que ponen su esperanza en cosas muertas,

los que llamaron dioses a las obras de sus manos humanas,

al oro y la plata labrados con arte y a figuras de animales,

o a una piedra sin valor, obra de una mano antigua.

    11Tomemos como ejemplo a un carpintero: tala un árbol fácil de manejar,

lo descorteza con maña y, aplicándose a su oficio con destreza,

hace un objeto útil para necesidades de la vida;

    12las astillas que le sobran las gasta preparando la comida, y se sacia;

    13pero queda todavía un resto que para nada sirve,

un palo retorcido y nudoso; lo agarra y lo talla en sus ratos de ocio

y se entretiene dándole forma hábilmente,

hasta sacar la imagen de un hombre

    14o lograr el parecido de un animal despreciable; lo cubre de bermellón,

le pinta de rojo todo el cuerpo y recubre así sus imperfecciones;

    15le prepara un lugar adecuado

y lo coloca en la pared, sujetándolo con una abrazadera.

    16Sabiendo que no puede valerse por sí mismo,

toma sus precauciones para que no se caiga:

es una imagen y necesita ayuda.

    17Luego le reza por sus bienes, su boda y los hijos,

sin sonrojarse de acudir a un ser sin vida;

implora la salud de un ser débil,

    18ruega por la vida a un muerto, solicita ayuda al más torpe

y un buen viaje a quien ni de sus pies puede servirse;

    19para sus negocios y trabajos y el éxito feliz de sus tareas

pide ayuda al que menos vigor tiene en las manos.

 

14

             1Otros, al hacerse a la mar, dispuestos a atravesar las encrespadas olas,

invocan a un madero más frágil que la embarcación que los transporta.

    2Ésta la proyectó el afán de lucro y la armó la habilidad técnica;

    3pero es tu providencia quien la guía, Padre,

tú trazaste un camino en el mismo mar

y una senda segura entre las olas,

    4demostrando que puedes salvar de todo riesgo,

para que se embarquen aun los inexpertos.

    5No quieres que sean inútiles las obras de tu Sabiduría;

por eso los hombres confían sus vidas a un madero insignificante,

y cruzando el oleaje en una balsa, llegan sanos y salvos.

    6En efecto, cuando al principio perecieron los soberbios gigantes,

la esperanza del mundo se refugió en una balsa,

que, guiada por tu mano, transmitió la semilla de la vida a los siglos.

    7Bendita la madera que se emplea rectamente,

    8pero maldito el ídolo hecho por manos humanas y quien lo hizo;

éste por haberlo fabricado,

aquél porque, siendo corruptible, fue considerado dios.

    9Porque Dios aborrece igualmente al impío y su impiedad;

    10también la obra será castigada con su autor.

    11También a los ídolos de los gentiles se les pedirá cuenta por esto:

porque, entre las criaturas de Dios,

se han convertido en algo detestable,

tropiezo para las almas de los hombres

y trampa para los pies de los necios.

 

Origen de la idolatría: la desgracia y el poder

 

    12El principio de la inmoralidad arranca de proyectar ídolos,

y su invención trajo la corrupción de la vida.

    13Porque ni existían desde el principio ni existirán eternamente;

    14en efecto, entraron en el mundo por la vanidad de los hombres,

y por eso tienen marcado un fin repentino.

    15Un padre, desconsolado por un luto prematuro,

hace una imagen del hijo difunto,

y al que antes era un hombre muerto,

ahora lo venera como un dios

e instituye misterios e iniciaciones para sus subordinados;

    16más tarde, con el tiempo, esta impía costumbre se arraiga

y se observa como ley.

    17También por decreto de los soberanos se daba culto a sus estatuas;

como los hombres, viviendo lejos, no podían venerarlos en persona,

representaron a la persona remota

haciendo una imagen visible del rey venerado,

así, mediante esta diligencia, se adulaba al ausente

como si estuviera presente.

    18Luego la ambición del artista,

promovió este culto, atrayendo aun a los que lo ignoraban;

    19en efecto, queriendo tal vez halagar al potentado,

exageró con arte la belleza de la imagen,

    20y la gente, atraída por el encanto de la obra,

juzga ahora digno de adoración

al que poco antes veneraba como hombre.

    21Este hecho resultó una trampa para el mundo:

ya que los hombres, bajo el yugo de la desgracia y del poder,

impusieron el nombre incomunicable a la piedra y al leño.

 

Consecuencias de la idolatría

 

      22Pero no les bastó equivocarse en el conocimiento de Dios,

sino que, metidos en la guerra cruel de la ignorancia,

saludan a esos males con el nombre de paz.

    23En efecto, practican ritos en los que matan a niños,

o celebran cultos misteriosos, o realizan locas orgías de extraño ritual,

    24ya no conservan pura ni la vida ni el matrimonio,

sino que unos a otros se acechan para eliminarse

o se humillan con sus adulterios.

    25En todas partes reina la confusión: sangre y crimen, robo y engaño,

corrupción, infidelidad, revueltas y falsos juramentos,

    26confusión de los valores, olvido de la gratitud,

contaminación de las almas, perversiones sexuales,

desórdenes matrimoniales, adulterio e inmoralidad.

    27Porque el culto a los ídolos que no son nada

es principio, causa y fin de todos los males;

    28en efecto, o celebran fiestas en las que se pierde el juicio,

o profetizan falsedades,

o viven en la injusticia, o juran en falso con facilidad;

    29como confían en ídolos sin vida,

no temen que el jurar en falso les ocasione ningún daño.

    30Será doble la condena que les caiga:

por tener una falsa idea de Dios, al estar pendientes de los ídolos,

y por jurar contra la verdad y la justicia, despreciando la santidad;

    31porque no es el poder de aquellos por quienes se jura,

sino el justo castigo reservado a los pecadores

quien persigue siempre las transgresiones de los injustos.

 

Conocerte a ti es justicia perfecta

 

15

             1Pero tú, Dios nuestro, eres bueno y fiel,

tienes mucha paciencia y gobiernas el universo con misericordia.

    2Aunque pequemos, somos tuyos, reconocemos tu poder;

pero no pecaremos, sabiendo que te pertenecemos.

    3Conocerte a ti es justicia perfecta,

y reconocer tu poder es la raíz de la inmortalidad.

    4No nos extraviaron las malas artes inventadas por los hombres,

ni el trabajo estéril de los pintores

–figuras embadurnadas de muchos colores–;

    5su contemplación apasiona a los necios,

que se entusiasman con la imagen sin aliento de un ídolo muerto.

    6Están enamorados del mal y son dignos de tales esperanzas,

tanto los autores como los entusiastas y los adoradores.

 

Ídolos de barro

 

    7Un alfarero se esfuerza amasando y reblandeciendo la arcilla;

moldea cacharros para nuestro servicio,

pero con la misma arcilla modela por igual

vasijas destinadas a menesteres nobles o innobles;

el destino de cada una lo decide el alfarero.

    8Luego, con malas artes, modela con la misma arcilla un dios falso,

el que poco antes nació de la tierra

y en breve va adonde lo sacaron,

cuando le reclamen la deuda de su alma.

    9Pero no le preocupa que tenga que morir y que su vida sea corta;

sino que compite con orfebres y plateros, imita a los escultores en bronce

y se enorgullece en modelar figuras engañosas.

    10Su mente es ceniza; su esperanza, más mezquina que el barro,

y su vida vale menos que la arcilla;

    11pues no reconoció a quien lo modeló a él,

le infundió un alma activa y le sopló aliento de vida,

    12sino que consideró la vida como un juego,

la existencia como una feria de negocios:

Hay que sacar partido –decía– de lo que sea, hasta del mal.

    13Éste más que nadie sabe que peca:

el que fabrica con materia terrosa vasijas frágiles y estatuas.

 

Animales divinizados

 

      14Pero los más faltos de inteligencia, y más infelices que el alma de un niño,

son los enemigos que oprimieron a tu pueblo,

    15porque tuvieron por dioses a todos los ídolos de los gentiles,

cuyos ojos no les sirven para ver, ni la nariz para respirar,

ni las orejas para oír, ni los dedos de las manos para tocar

y sus pies no sirven para andar.

    16Porque los hizo el hombre, los modeló un ser de aliento prestado,

y ningún hombre puede modelar un dios a su semejanza;

    17siendo mortal, sus manos pecadoras producen un cadáver;

vale más él que los objetos que adora,

pues él tiene vida, los otros jamás.

    18También dan culto a los animales más odiosos,

que en cuanto a estupidez, son peores que los otros;

    19no tienen ninguna belleza que los haga atractivos

–cosa que sucede con otros animales–,

sino que se quedaron sin la aprobación de Dios y sin su bendición.

 

 

JUICIOS HISTÓRICOS

 

Codornices

 

16

             1Por eso recibieron el castigo merecido

torturados por una plaga de pequeños animales.

    2Frente a ese castigo, a tu pueblo lo favoreciste,

y, para satisfacer su apetito,

les proporcionaste codornices, manjar desusado;

    3así, mientras los otros, aunque hambrientos, perdían el apetito natural,

asqueados por los bichos que les habías enviado,

éstos, después de pasar un poco de necesidad,

se repartían un manjar desusado.

    4Porque era justo que a aquellos opresores les sobreviniera

una necesidad sin salida,

y a éstos se les mostrara sólo cómo eran torturados sus enemigos.

 

Juicio de las serpientes

 

    5Así cuando les sobrevino la terrible furia de las fieras

y morían mordidos por serpientes huidizas,

tu ira no duró hasta el final;

    6para que escarmentaran, se les asustó un poco,

pero tenían un emblema de salud

como recordatorio del mandato de tu ley;

    7en efecto, el que se volvía hacia él sanaba

no en virtud de lo que veía, sino gracias a ti, Salvador de todos.

    8Así convenciste a nuestros enemigos de que eres tú quien libra de todo mal;

    9a ellos los mataron a picaduras alacranes y moscas,

sin que hubiera remedio para sus vidas,

porque tenían merecido este castigo;

    10a tus hijos, en cambio, ni los colmillos de culebras venenosas los pudieron,

porque acudió a sanarlos tu misericordia.

    11Las mordeduras les recordaban tus palabras –y enseguida sanaban–

para que no cayeran en profundo olvido

y se quedaran sin experimentar tu acción benéfica.

    12Y no los sanó hierba ni ungüento alguno,

sino tu palabra, Señor, que lo sana todo.

    13Porque tú tienes poder sobre la vida y la muerte,

llevas a las puertas del infierno y haces regresar;

    14el hombre, en cambio, aunque con su maldad dé muerte,

no hace volver el espíritu una vez que se fue,

ni libera el alma ya recibida.

 

Juicio del fuego y el alimento

 

    15Imposible escapar de tu mano;

    16a los impíos que no querían conocerte los azotaste con tu brazo vigoroso:

los perseguían lluvias desconocidas y pedriscos

y tormentas implacables, y el fuego los devoró;

    17y lo más sorprendente: en el agua, que todo lo apaga, ardía más el fuego,

porque el universo combate a favor de los justos;

    18unas veces se amansaba la llama,

para no quemar a los animales enviados contra los impíos,

para que, viéndolos, comprendieran que el juicio de Dios los perseguía;

    19pero otras veces, aun en medio del agua,

la llama ardía con más fuerza que el fuego,

para destruir la cosecha de una tierra malvada.

    20A tu pueblo, por el contrario, lo alimentaste con manjar de ángeles,

proporcionándole gratuitamente, desde el cielo,

pan a punto, de mil sabores, a gusto de todos;

    21este sustento tuyo demostraba a tus hijos tu dulzura,

pues servía al deseo de quien lo tomaba

y se convertía en lo que uno quería.

    22Nieve y hielo aguantaban el fuego sin derretirse,

para que se supiera que el fuego –ardiendo en medio de la granizada

y centelleando bajo el aguacero– aniquilaba los frutos de los enemigos;

    23pero él mismo, en otra ocasión, se olvidó de su propio poder,

para que los justos se alimentaran.

    24Porque la creación, sirviéndote a ti, su Creador,

despliega su energía para castigar a los malvados

y se calma para beneficiar a los que confían en ti.

    25Por eso también entonces, tomando diversas formas,

estaba al servicio de tu generosidad, que da alimento a todos,

de acuerdo con el deseo de los que te suplicaban,

    26para que aprendieran tus hijos queridos, Señor,

que no alimenta al hombre la variedad de frutos,

sino que es tu palabra quien mantiene a los que creen en ti.

    27Porque lo que el fuego no devoró,

se derritió simplemente calentado por un fugaz rayo de sol,

    28para que se supiera que es preciso

madrugar más que el sol para darte gracias, y rezar al clarear el alba;

    29ya que la esperanza de los ingratos se derretirá como escarcha invernal

y se escurrirá como agua sin provecho.

 

Juicio de las tinieblas

 

17

             1Tus juicios son grandiosos e inexplicables;

por eso las almas que no aprenden se extraviaron.

    2Pensaban los malvados que oprimían a la nación santa,

mientras ellos permanecían prisioneros de las tinieblas,

en el calabozo de una larga noche, recluidos bajo sus techos,

excluidos de la eterna providencia.

    3Creían pasar inadvertidos,

con sus pecados encubiertos bajo el tupido velo del olvido,

pero fueron dispersados, presa de un terrible miedo,

sobresaltados por visiones.

    4Porque ni el rincón que los escondía los salvaguardaba del miedo,

retumbaban a su alrededor ruidos aterradores

y se les aparecían tétricos fantasmas de lúgubres rostros.

    5No había fuego bastante para iluminarlos,

ni el resplandor brillante de los astros

lograban iluminar aquella noche siniestra.

    6Para ellos brillaba solamente una fogata espeluznante que ardía por sí sola,

y era tal el miedo, que cuando la visión desaparecía de su vista,

todavía les parecía más terrible.

    7Los trucos de la magia habían fracasado

y su alarde de ciencia sufría un descalabro vergonzoso,

    8porque los que se comprometían

a expulsar del alma enferma terrores y sobresaltos

padecían ellos mismos un pánico ridículo.

    9Aunque nada inquietante les metiera miedo,

horrorizados por el paso de alimañas y el silbido de reptiles,

    10sucumbían temblando, negándose a mirar el aire

del que nadie puede escapar.

    11Pues la maldad de por sí es cobarde y se condena a sí misma;

acorralada por la conciencia se imagina siempre lo peor,

    12porque el miedo no es otra cosa

que la renuncia a los auxilios que da la reflexión;

    13siendo menor la esperanza,

más grave se le hace la causa de la tortura.

    14Durante aquella noche insoportable,

salida de los rincones del impotente Abismo,

mientras dormían el mismo sueño,

    15o los perseguían monstruosos espectros,

o al darse por vencidos quedaban paralizados,

porque los invadió un miedo repentino e inesperado.

    16Así, todo el que allí caía, quienquiera que fuese,

quedaba encarcelado, recluido en una prisión sin barrotes;

    17fuese labrador o pastor u obrero que trabajara en lugares solitarios,

sufría, sorprendido, el castigo inevitable;

    18porque a todos amarraba la misma cadena de tinieblas.

El silbido del viento,

el canto melodioso de las aves en la espesura de las ramas,

la cadencia del agua fluyendo impetuosa,

    19el golpe seco de las rocas al precipitarse,

la invisible carrera de los animales retozando,

el rugido de las bestias más feroces,

el eco retumbante en las cavernas de los montes

los dejaba paralizados de terror.

    20El mundo entero, iluminado por una luz radiante,

se entregaba sin trabas a sus tareas;

    21sobre ellos solos se cernía una noche agobiante,

imagen de las tinieblas que los esperaba.

Pero ellos eran para sí mismos más insoportables que las tinieblas.

 

18

             1Tus santos, en cambio, tenían una luz magnífica;

los otros, que oían sus voces sin ver su figura,

los felicitaban por no haber padecido;

    2les daban las gracias

porque no se desquitaban de los malos tratos recibidos

y pedían perdón por haber estado enemistados.

    3Entonces les proporcionaste una columna de fuego

que los guiara en el viaje desconocido

y un sol inofensivo, para su viaje glorioso.

    4Los otros merecían quedarse sin luz, prisioneros de las tinieblas,

por haber tenido recluidos a tus hijos,

que iban a transmitir al mundo la luz incorruptible de tu ley.

 

Juicio de los primogénitos

 

    5Cuando decidieron matar a los niños de los santos

–y se salvó uno sólo, abandonado–,

en castigo les arrebataste sus hijos en masa,

y los eliminaste a todos juntos en las aguas enfurecidas.

    6Aquella noche se les anunció de antemano a nuestros padres

para que tuvieran ánimo,

al conocer con certeza la promesa de que se fiaban.

    7Tu pueblo esperaba ya la salvación de los justos

y la perdición de los enemigos,

    8pues con una misma acción castigabas a los adversarios

y nos honrabas llamándonos a ti.

    9Los piadosos, hijos de los buenos,

ofrecían sacrificios a escondidas

y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada:

que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes,

y empezaron a entonar las alabanzas de los padres.

    10Les hacían eco los gritos destemplados de los enemigos,

y se propagaban los gritos lastimeros del duelo por sus hijos;

    11idéntico castigo sufrían el esclavo y el amo,

el hombre del pueblo y el rey padecían lo mismo;

    12todos sin distinción tenían muertos innumerables,

víctimas de la misma muerte;

los vivos no daban abasto para enterrarlos,

porque en un momento pereció lo mejor de su raza.

    13Aunque la magia los había hecho desconfiar de todo,

cuando el exterminio de los primogénitos

confesaron que el pueblo aquel era hijo de Dios.

    14Un silencio sereno lo envolvía todo, y al mediar la noche su carrera,

    15tu palabra todopoderosa se abalanzó, como guerrero implacable,

desde el trono real de los cielos al país condenado;

    16llevaba la espada afilada de tu orden terminante;

se detuvo y lo llenó todo de muerte;

pisaba la tierra y tocaba el cielo.

    17Entonces, de repente, los sobresaltaron terribles pesadillas,

los asaltaron temores imprevistos;

    18tirados, medio muertos, cada uno por su lado,

manifestaban la causa de su muerte;

    19pues sus sueños turbulentos los habían prevenido,

para que no perecieran sin conocer el motivo de su desgracia.

 

Expiación

 

    20También a los justos los alcanzó la prueba de la muerte

y en el desierto tuvo lugar una gran matanza,

pero no duró mucho la ira;

    21porque un varón intachable se lanzó en su defensa,

manejando las armas de su ministerio:

la oración y el incienso expiatorio;

hizo frente a la cólera y puso fin a la catástrofe,

demostrando ser ministro tuyo;

    22venció la indignación no a fuerza de músculos ni empuñando las armas,

sino que rindió con la palabra al que traía el castigo,

recordándole los pactos y promesas hechos a los padres.

    23Cuando ya se amontonaban los cadáveres, unos encima de otros,

se plantó en medio y atajó el golpe,

cortándole el paso hacia los que aún vivían.

    24Pues en su vestidura de tela estaba el mundo entero,

y el esplendor de los padres

en las cuatro hileras de piedras talladas,

y tu majestad en la diadema de su cabeza.

    25Ante esto, el exterminador retrocedió atemorizado;

una sola prueba de tu ira bastaba.

 

Juicio del Mar Rojo

 

19

             1Pero sobre los impíos descargó hasta el fin una ira despiadada,

porque Dios ya sabía lo que iban a hacer:

    2que los dejarían marchar y los apurarían para que se fueran,

pero luego, cambiando de parecer, los perseguirían.

    3En efecto, antes de terminar los funerales,

llorando junto a las tumbas de los muertos,

tramaron otro plan insensato,

y a los que habían expulsado con súplicas,

los perseguían como fugitivos.

    4Hasta este extremo los arrastró una merecida fatalidad

y los hizo olvidarse del pasado,

para que completaran con un nuevo castigo,

lo que a sus tormentos faltaba

    5y, mientras tu pueblo realizaba un viaje sorprendente,

toparan ellos con una muerte insólita.

    6Porque la creación entera, cumpliendo tus órdenes,

cambió radicalmente su naturaleza para guardar sin daño a tus hijos.

    7Se vio la nube dando sombra al campamento,

la tierra firme surgiendo donde antes había agua,

el Mar Rojo convertido en camino despejado

y el violento oleaje hecho una llanura verde;

    8por allí pasaron, en formación compacta,

los que iban protegidos por tu mano,

presenciando prodigios asombrosos.

    9Retozaban como potros y saltaban de alegría como corderos,

alabándote a ti, Señor, su libertador.

    10Aún tenían en la memoria todo lo del destierro:

cómo la tierra, y no los animales, produjo mosquitos;

cómo, en vez de especies acuáticas, el río vomitó cantidad de ranas.

    11Más tarde vieron también un nuevo modo de nacer los pájaros,

cuando, acuciados por el apetito, pidieron delicados manjares;

    12pues, para satisfacerlos, salieron codornices del mar.

 

Esclavizaron a unos emigrantes

 

    13Y a los pecadores les sobrevinieron los castigos

no sin el previo aviso de retumbantes truenos;

justamente sufrían por sus propios delitos,

por haber odiado cruelmente a los extranjeros.

    14Sí, hubo quien negó hospitalidad a unos visitantes desconocidos;

pero éstos esclavizaron a unos extranjeros que eran bienhechores.

    15Más aún: qué castigo no les tocará a aquellos

por haber recibido hostilmente a los extranjeros;

    16pero éstos, después de agasajarlos a su llegada,

cuando tenían ya los mismos derechos,

los maltrataron con trabajos inhumanos.

    17Y también los hirió la ceguera, como aquellos otros, a la puerta del justo,

cuando envueltos en una densa oscuridad,

buscaban a tientas la entrada de su casa.

 

Metamorfosis de la creación

 

    18Los elementos se armonizan entre sí,

como en el arpa los sonidos modifican la clase de ritmo,

conservando siempre el mismo tono.

Y esto es lo que puede deducirse de lo que pasó:

    19pues los seres terrestres se volvían acuáticos,

y los que nadan, se paseaban por la tierra;

    20el fuego acrecentaba su propia fuerza en el agua,

y el agua olvidaba su poder de apagar;

    21las llamas, por el contrario,

no quemaban las carnes de los débiles animales

que por allí merodeaban,

ni derretían aquella especie de manjar divino, cristalino y soluble.

    22Porque en todo, Señor, has engrandecido y glorificado a tu pueblo,

y nunca y en ningún lugar dejaste de asistirlo y socorrerlo.

 

 

El libro, el autor y fecha de com­posición. El título tradicional del libro, Sabiduría de Salomón, es justificado y capcioso. Justificado porque el libro pertenece al grupo o corriente «sa­piencial», que se ampara al patronato de Salomón. Entronca con los Pro­verbios, parece polemizar contra el Eclesiastés, tiene coincidencias no­tables con Eclesiástico (Ben Sirá) y algún contacto con Job.

La sabiduría ocupa en el libro una posición altísima –en continuación con Prov 6 y Eclo 24–. Al­ta, pero no exclusiva ni central. A partir del capítulo 11 la sabiduría desaparece, salvo un par de menciones. En cambio, la justicia atraviesa el libro de cabo a rabo: justicia, in­justicia, justos e injustos, jui­­cio. Un título temático del libro sería: «A los gobernantes: sobre la justicia».

En cuanto a Salomón, aparece como ficción retórica en los capítulos 7–9. No hay otra razón interna para poner su nombre en el título. El autor es anónimo. Es muy probable que haya vivido en Alejan­dría. La fecha de composición pa­re­ce ser el tiempo de Jesús, o algún decenio antes. Es cronológicamente el último libro del Antiguo Tes­ta­mento. Tiene bastantes coincidencias con el Nuevo Testamento, so­­bre todo con san Pablo y su es­cuela.

 

Contexto cultural. El autor realiza en su tratado una conjunción de culturas: la griega y la semita. Es­tá embebido en los escritos del An­tiguo Testamento que lee en la tra­ducción griega de los «Setenta» (LXX); lo que tiene tan asimilado le sale de muchas formas, controladas o espontáneas. Conoce también la cultura filosófica griega, es­pecialmente su corriente estoica, filosofía en estado de cultura poco profunda. El autor aparece como mediador sereno de ambas tradiciones culturales.

Lo que sucede con el pensamiento, sucede también con el estilo. Los recursos hebreos del paralelismo, del comentario midrásico son patentes. No menos lo son los recursos griegos: palabras com­puestas, exquisitas, multiplicación de sinónimos, adjetivación refinada, alteraciones, rimas, juegos de palabras. La simbiosis de una tradición hebrea con una alejandrina engendra una obra original, a veces recargada y reiterativa, artificiosa, con alardes de artesanía estilística, rica en sorpresas y agudezas de ingenio.

 

Tema del libro. El libro de la Sabiduría es el más importante tratado de «teología política» del Antiguo Testamento. Si preferimos, es un tratado sobre la justicia en el gobierno, con argumentación teológica y orientación doctrinal. Ni manual práctico ni tratado profano.

El tema de la justicia en el gobierno es de buena ascendencia sapiencial: «El trono se afianza con la justicia» (Prov 16,12). Di­ri­girse a los gobernantes, israelitas o extranjeros, que quieran leer no es una fantasía desatinada. Lo habían hecho otros antes: Ester y el tercer libro de los Macabeos en forma narrativa, Daniel en clave apocalíptica. Quizás nuestro autor lo hace con una conciencia más lúcida y también con mayor acierto. No es extraño que su obra tu­viera más lectores judíos que paganos, más súbditos que gobernantes; los que gobiernan son siempre menos.

El discurso sobre la justicia, sobre todo si es crítico, es provocado muchas veces por la práctica de la injusticia, sobre todo de la «injusticia establecida», de «los que dictan sentencias en nombre de la Ley» (Sal 94,20). Aparte las persecuciones bien conocidas, por ejemplo, la de Tolomeo II, es probable que los judíos de la diás­pora alejandrina tuvieran que sufrir discriminaciones, opresión y vejaciones a manos de gobernantes griegos o romanos; también pudieron sumarse a esos opresores algunos judíos renegados e in­flu­yentes.

El libro no especifica la raza de los destinatarios, pues quiere atravesar fronteras (6,1); el libro no disimula su actitud crítica, que estriba en la justicia de Dios, en un «pensar recto del Señor» (1,1). La denuncia profética se hace aquí crítica sapiencial.

A diferencia de los otros libros sapienciales, el autor de la Sabiduría se mueve ya en otro horizonte, el del destino inmortal del ser humano: «Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser» (2,23). Es la clara respuesta a la angustia del mal y del dolor de Job y del Eclesiastés.

Es desde este horizonte que el autor nos habla de Dios como ser trascendente, omnipotente, creador de todo, pero también mi­sericordioso y providente, cuya bondad rebasa los límites de Israel, abarcando a toda la familia humana: «a todos perdonas porque son tuyos, Señor, amigo de la vida» (11,26). Y también nos habla del ser humano, como el que debe rendir culto a Dios haciendo su voluntad y caminando por sus caminos, gracias al don de la Sabiduría o Palabra o Espíritu de Dios. Estamos ya en los umbrales de la «Gra­cia» del Evangelio.

 

 

 

1,1–10,21 Juicio definitivo. El sabio y el necio son los dos polos sobre los que gravitan los temas desarrollados en esta primera sección. El primero es quien se reconoce formando parte de la creación de Dios; el segundo, por el contrario, confía exclusivamente en sus fuerzas y sólo busca su propio bien. Para el libro de la Sabiduría, el juicio de Dios caerá implacablemente sobre los malvados en forma de castigo.

Dos mil años después, este mensaje puede ser comprendido por los creyentes de forma nueva: conocen a Dios quienes se saben en sus manos, formando parte del plan que Él estableció desde antiguo para todos los hombres y las mujeres de la tierra.

 

1,1-16 La justicia es inmortal. El título «la justicia es inmortal» (15), resume el contenido de este capítulo y es al mismo tiempo la enseñanza de toda la obra. Para el libro de la Sabiduría hay una relación directa entre Dios, la justicia y la sabiduría, y en este primer capítulo se expone del siguiente modo:

Punto de partida (1). El libro se dirige a los gobernantes, ámbito común de los discursos sapienciales de la antigüedad (Sal 2,10; Prov 31,1s), y posiblemente también porque fue atribuido a Salomón. En realidad se ofrece a los judíos amenazados por el ambiente pagano –criticados, tal vez, por la aparente despreocupación de Dios–, a los que se exhorta a la práctica de la justicia como conjunto de actitudes agradables a Dios.

Desarrollo (2-12). Con la imagen de la sabiduría personificada (cfr. Prov 8,22-31) y asumiendo la función de los maestros (cfr. Prov 1-9) se describe el comportamiento recto (2-5) y el conocimiento que Dios tiene de todas las cosas (6-10), y se ofrecen un par de consejos para el creyente-justo-sabio (11s). Detrás está el problema típicamente sapiencial de las suertes cambiadas de los fieles y los malvados.

Conclusión (13-16). La solución definitiva se presenta al identificar la justicia con la vida y la inmortalidad (Prov 8,31.36; Hch 2,2-4), y la injusticia con la muerte y la separación definitiva de Dios (Ap 6,8; 20,14). Los im­píos son la heredad de la muerte, como Israel es la de Dios (Dt 32,9; Sal 16,5; 73,26). La justicia, ya sea desde el punto de vista individual o colectivo, grita desde todos los lugares y desde todos los tiempos, y su voz se silencia con toda suerte de recursos. La sabiduría verdadera se hace eco de ello y pone a Dios por testigo mientras existan quienes sufran y quienes trabajen por ella.

 

2,1-24 Sea nuestra fuerza la norma de la justicia. La contrapartida al capítulo primero la hallamos a continuación: «la fuerza como norma de la justicia» (11), resumen de las convicciones de los impíos –tal vez se refiera a los judíos renegados, pero también a muchas escuelas filosóficas griegas– a juicio de los justos (Job 12,6; Hab 1,7.11):

Fugacidad de la vida (1-5). Porque la creación del ser humano se debe al azar (Job 27,3) y su recuerdo tras la muerte es efímero (Prov 10,7; Is 56,5; Ap 1,18). De donde deducen las dos normas siguientes de comportamiento. El disfrute (6-10). Cfr. Ecl 2,24; 3,12; 9,7; y el ataque a los justos (10-20). Éstos son el pobre y la viuda, a los que manda respetar la Escritura, (Éx 22,21; Lv 19,32) y los judíos fieles. Se percibe una alusión al justo sufriente de Isaías (52s), que luego la Iglesia recogerá como una alusión a la pasión y muerte de Cristo (Mt 27,42s), y un recuerdo del pasado del pueblo elegido en el título «hijo de Dios» (cfr. Sab 9,7; 10,15.17; 12,19.21; 16,26; 18,4).

La respuesta a estas convicciones (21-24) se hace desde el final de la vida, que para los impíos es la muerte por la envidia del Diablo (véase Gn 3), y para los justos la bienaventuranza eterna de quien fue creado a imagen de Dios (Gn 1,26).

¿Dónde está la fuerza de los débiles, de los que siempre pierden y de los fieles a Dios? ¿En el abandono de sus convicciones? El texto de la Sabiduría responde desde el más allá. Pero aún hay palabras para esta vida: en el trabajo por un mundo más justo y solidario, en la fuerza de la comunidad fiel al mensaje de Dios y en la esperanza de que el Señor tiene la última palabra.

 

3,1-12 Los justos están en paz. ¿Cuál es el sentido del sufrimiento de los justos? ¿Qué premio reciben los fieles de Dios, cuando la realidad muestra que los malvados son los que triunfan? Ambas preguntas son conocidas entre los investigadores de la Biblia como el problema de la retribución. El libro de la Sabiduría ofrece esta solución:

El sufrimiento es una prueba para la purificación de la fe del creyente (Gn 22,1; Tob 12,13; Job 1,2; Sal 66,10; 1 Pe 1,6s). Al final de los tiempos habrá un juicio en que Dios intervendrá a favor del justo (Dn 12,3; Mt 13,43) y en contra de los malvados (cfr. Is 1,31; 5,24; Nah 1,10; Abd 18; Zac 12,6; Mal 3,10).

Éste es el primer texto de la Biblia en el que se habla de la esperanza bienaventurada de los justos. Hace mu­chos años que se escribió esta obra. La solución al problema de la retribución ha de encarnarse hoy también entre los cristianos. El sufrimiento puede ser comprendido como la llamada de Dios a la solidaridad, y la esperanza, más que como una venganza, como posibilidad para descubrir los signos del reino ya en este mundo.

 

3,13–4,6 Dichosa la estéril irreprochable. La mentalidad tradicional de la Biblia veía en los hijos un signo de la bendición divina (Gn 17,19s; Job 1,1-5). La esterilidad, por el contrario, de maldición (1 Sm 1,1-3). De esto es de lo que trata este nuevo apartado, aunque su conclusión es distinta. Se afirma, siguiendo el modelo del quiasmo –dos ideas que se van superponiendo–, que la falta de hijos por virtud no es maldición (13-15), mien­­tras que el fruto de uniones ilegítimas queda en na­da (4,3-6), y por otro lado, se dice que la ancianidad del malvado es deshonrosa (16-19), pero por la virtud se obtiene la inmortalidad (4,1s).

La virtud supera la idea tradicional de la bendición. En realidad, el texto está hablando de los judíos que se unían en matrimonio con no judíos (Dt 7,3; Esd 9,1s), de ahí que se les tache de infieles o adúlteros por quebrantar un precepto divino (Is 57,3; Jr 9,1; Ez 23,37; Os 3,1).

Cuando los valores personales o comunitarios son puestos a prueba por un ambiente contrario o indi­ferente, Dios puede manifestarse en forma de compromiso por la vida y por un mundo que no deja de lado a los más débiles. La fidelidad no ha de olvidar la misericordia.

 

4,7-19 Maduró en pocos años. De nuevo hallamos aquí una manera distinta de comprender las creencias tradicionales. En este caso se trata del sentido de una muerte temprana. Se afirmaba que una larga vida debía ser la herencia del justo (Dt 4,40; 5,16; Job 5,26; Sal 91,16; Prov 3,2.16; 4,10; Eclo 1,12.20), mientras que la del impío era una muerte súbita (Job 15,20-23; 18,5-20; Eclo 1,12.20). Si bien es cierto que los hechos contradecían estas afirmaciones (2 Re 23,29; Job 21,7; Ecl 8,12-14).

Para el libro de la Sabiduría la muerte prematura del justo responde a los planes de Dios que lo libra de los sufrimientos, de la corrupción de la maldad, y evidencia la vida y el final de los impíos (cfr. Is 14,16-19; 19,10; 66,24).

La pregunta por quien muere prematuramente se re­suelve aquí, por vez primera en toda la Biblia, de forma positiva, porque es respondida desde Dios.

 

4,20–5,1 Juicio: confusión de los impíos. A continuación se va a hablar del juicio final de los impíos (cfr. Is 59,6-14). Este pequeño apartado es una introducción.

Los profetas hablaban de «aquel día…». No sólo se referían al futuro, era también una esperanza ya presente, y una convicción: las injusticias y el sufrimiento no tienen la última palabra en la historia, Dios camina con su pueblo.

 

5,2-14 Juicio: para nosotros no salía el sol. Tras la preparación del breve apartado anterior, viene la reflexión de los impíos en el momento del juicio final –sus propias obras los acusarán y mostrarán el vacío de su comportamiento–, contrapartida de lo que encontrábamos en el capítulo segundo (cfr. Lc 6,20-26). El discurso aparece encuadrado con palabras del narrador (2s. 14) bajo la óptica de la esperanza.

El pasaje recuerda un género literario muy utilizado en la literatura griega antigua (la retractación), aunque con imágenes propias del Antiguo Testamento: hijos de Dios (Sal 16,3; 29,1; Job 1,6; Eclo 42,17; Is 4,3; Dn 7,18; Zac 14,5), la luz de la justicia (Is 59,9), vida fugaz (Sal 1,4; Job 9,25s), etc.

La salvación o la condenación son asumidas por los textos más tardíos de la Biblia y también por la tradición de la Iglesia como una realidad que se encuentra fuera de la historia. He aquí un texto en donde una frase consigue enfocar de modo nuevo esta creencia: «para noso­tros no salía el sol». La vida del creyente está llena de sentido y de felicidad ya en esta tierra.

 

5,15s Los justos viven eternamente. Se presenta ahora la contrapartida de la situación anterior, mientras la recompensa de los impíos es una vida sin sentido, para los justos será la vida eterna junto a Dios (Is 62,11), expresado también con imágenes típicas de la Biblia (Prov 4,9; 1 Cor 9,25).

La retribución aparece aquí descrita como el reconocimiento de los méritos realizados en la vida y una existencia junto a Dios. Pero, ¿acaso no es posible la experiencia de esto mismo en esta tierra? Pues de lo con­trario, ¿no estaremos olvidando aspectos fundamentales de la encarnación de Dios?

 

5,17-23 Vestirá la coraza de la justicia. Se describe aquí el juicio final anunciado por los profetas (Is 28,17; Ez 13,13; 38,22; Ap 8,7; 11,19; 16,21) con términos apocalípticos (Is 24-26; Ez 38s; Am 8,8s). Dios aparece como un guerrero a cuyo lado combate la creación en­tera. Igualmente los elementos aquí empleados se en­cuentran ya en los libros más antiguos del Antiguo Tes­tamento: la espada divina (Dt 32,41; Is 66,16; Ez 21), la tempestad (Éx 19,16; Sal 18,15; Hab 3,11; Zac 9,14) o el desencadenamiento de las aguas (Jue 5,21; Sal 18,5; Éx 14,26s).

Hay muchos lugares en la Biblia en que Dios aparece lleno de venganza y de ira contra los enemigos. ¿Cómo es posible? Normalmente respondemos que se trata de textos que reflejan una mentalidad arcaica. Pero cabe también otra reflexión: todas las realidades humanas, el amor, el odio, el trabajo, el ocio, etc., pueden estar orientadas hacia Dios, la clave consistirá en dejar de lado el egoísmo y en poner en Él el sentido de todas las cosas.

 

6,1-11 Exordio: el poder les viene del Señor. En este nuevo apartado se vuelve al estilo con que comenzó el libro (1,1): discurso directo, exhortación a escuchar las palabras para adquirir la sabiduría y demostración de que la sabiduría lleva a la inmortalidad.

Al dirigirse a los reyes se asume la doctrina del origen divino del poder (Sal 2,10-12; Prov 8,15s; Rom 13,1-7), y se expone, desde una perspectiva universalista, el mo­do de que estos aseguren la estabilidad de sus tronos.

¿Sabiduría o inteligencia? Actualmente para nuestro mundo ambas cosas son lo mismo. Se valora la sagacidad de quien logra encumbrarse a los más altos puestos de la sociedad. El texto, sin embargo, exhorta a los ahí situados, a reconocer que Dios está cerca del humilde, y Él es el dueño de la vida. Ésa es la verdadera sabiduría.

 

6,12-25 La Sabiduría conduce al reino. En el apartado anterior se retomaba el discurso del comienzo del libro. Ahora, se hace más explícita la idea de cómo se encuentra a la sabiduría. El texto puede dividirse en dos partes: 1. Personificación de la sabiduría (12-20): la sabiduría aparece con características personales, como una cualidad o atributo divino –como en Prov 8,22-31– que sale al encuentro de quienes la buscan. Los versículos 17-19 emplean un recurso literario típico de los antiguos griegos estoicos (sorites: el final de una idea es el co­mienzo de la siguiente). 2. Anuncio del discurso del rey (21-25): donde se prepara el deseo del autor de compartir con otros los misterios de la sabiduría –la atribución del libro de la Sabiduría a Salomón se inspira en el discurso que se anuncia ahora y se desarrollará más tarde–. Aquí se encuentran algunas alusiones a las religiones mistéricas de la antigüedad, en las que la revelación de la sabiduría se reservaba a los iniciados (22.23). La sabiduría es un don de Dios. Pertenece a esas realidades que hallan su lugar en quienes la buscan con corazón sincero. ¿Cómo encontrar a Dios en un mundo que tantas veces oculta su rostro incluso en su nombre? Sabio es aquel que se deja formar por la sabiduría, y Dios se manifiesta a través de él.

 

7,1-14 Ningún rey empezó de otra manera. A continuación comienza el discurso del rey, en su deseo de compartir cuanto ha llegado a saber de la sabiduría. Desde el ejemplo de su vida va a mostrar cómo llegó a obtenerla. Esta primera parte se puede dividir en dos: 1. Autopresentación del rey (1-6): siguiendo el modelo de la diatriba griega, el autor se sitúa, aun siendo rey, en el nivel de los demás hombres (Gn 2,7; Job 10,8-12; Sal 139,13-16). 2. Explicación de cómo adquirió la sabiduría (7-14): con posibles alusiones al sueño de Salomón en Gabaón (1 Re 3), se presenta la sabiduría como fruto de la oración y estimada más que todos los bienes –la belleza, la salud y la luz eran algunos de los valores más estimados por los griegos–.

A pesar de los siglos, hay muchos textos de la Biblia de plena actualidad. El comienzo de este texto es uno de ellos. La sabiduría de Dios no puede ser reconocida sin antes reconciliarse con la propia naturaleza humana, y desde aquí, contemplarla como un regalo que supera todos los bienes que el hombre pueda adquirir por sus propios méritos. Un don que, como todos, cuanto más se reparte, más se obtiene de él.

 

7,15-21 La Sabiduría me lo enseñó. El discurso del rey continúa ahora con una invocación para saber ex­presarse adecuadamente, seguida de una enumeración de los conocimientos que ha obtenido de la sabiduría (1 Re 5,9-14). Muchos de los elementos son una actualización del texto de 1 Re 4,32-34, según los conocimientos de la física griega –actividad del mundo, relación de los elementos naturales, etc.–. De este modo el rey se atribuye para sí la ciencia que buscaba la cultura del mo­mento.

Hoy día el mundo hace alarde constantemente de la independencia de los distintos ámbitos de la realidad –el conocimiento, las relaciones humanas, la sociedad, el mun­do laboral, la economía, el derecho, la política, etc.–, con la consiguiente deshumanización de las mismas. Para este texto, sin embargo, Dios es quien unifica toda verdad, ¿acaso no es urgente comprender esta frase desde el compromiso con el mundo más necesitado?

 

7,22–8,1 Reflejo de la luz eterna. En este apartado se define la naturaleza de la sabiduría, con términos de la filosofía griega aplicados a la religión judía (Eclo 24,3; Jn 1,5.9; Col 1,15). Comienza enumerando 21 características de la sabiduría (22s) y continúa estableciendo la relación de ésta con Dios y con la creación (7,24–8,1), como en Prov 8,22-31, prólogo de toda la teología en la que se inspirarán Juan (Jn 1,3.10), Pablo (Col 1,15-17) y Hebreos (Heb 1,3). De este modo, el autor del libro expresa la superioridad de la sabiduría respecto al conocimiento griego.

¿Cómo reconocer la verdadera sabiduría? ¿Es posible hallarla en medio de un mundo tantas veces alejado de la verdad y envuelto en juegos egoístas? Sí, mientras existan quienes, con sus vidas, sean portadores de esperanza y de sentido para quienes los han perdido, y mientras haya también, quienes los reconozcan.

 

8,2-21 La pretendí como esposa. La búsqueda de la sabiduría es el centro de esta parte del discurso del rey. El tema se desarrolla en dos planos alternativos: por un lado la decisión de alcanzar sabiduría (2.9.17.19-21) y por otro, los bienes obtenidos gracias a ella (3-8.10-16.18).

Los recursos utilizados están tomados, como ocurre en todo el libro, del Antiguo Testamento, así, por ejemplo, la sabiduría es presentada como mujer (Prov 31), de ella se obtienen riqueza, saber, virtud, etc. (1 Re 5,14-21), dichos agudos, las soluciones a los enigmas (Jue 14,12; 1 Re 5,12), etc., aunque contemplados bajo la in­fluencia de la filosofía griega, como los conceptos de mo­deración, cordura, justicia y valor –que los estoicos to­maban como las cuatro virtudes principales–, o la idea del alma que penetra en un cuerpo –posible alusión a la doctrina platónica de la preexistencia de las almas–.

 

9,1-18 Envíala desde el cielo. Las palabras del ca­pítulo nueve recuerdan la oración de Salomón cuando Dios se le aparece en sueños para que le pida lo que desee (1 Re, 6-9; 2 Cro 1,8-10). El rey invoca la sabiduría (4.10.17) que requiere especialmente para su oficio de administrador de la justicia (3.5.9.12.18), pues ella es la verdadera transmisora de la voluntad divina.

En torno a la petición se aprecian algunos elementos importantes: la sabiduría como un ser personal, aquí asistiendo a Dios en sus funciones, como la creación y el gobierno del mundo (Prov 8,22-31); la alusión al templo, imagen del celeste (1 Re 5,1-3; 1 Cro 28,5s) y la con­vicción de que el ser humano no es nada sin Dios (Sal 86,16; 116,16; Job 4,19; Mc 13,1-3; Gál 5,17), que recuerda también al dualismo de la filosofía griega antigua.

El capítulo nueve es un texto que bien podría ser utilizado por los gobernantes de cualquier condición a la hora del desempeño de sus cargos. El ser humano es poca cosa sin la asistencia de la sabiduría, sobre todo para la administración de la justicia, su principal tarea. ¿Qué es lo que les preocupa? Demasiados son sus intereses. He aquí una muestra de la que habría de ser su principal tarea.

 

10,1-21 La Sabiduría salvó al justo. En este apartado se da comienzo a una serie de ilustraciones acerca del pasado de Israel a la luz de la sabiduría. Se trata de una historia sagrada embellecida con detalles imaginarios y tradiciones populares para mostrar cómo la sabiduría –que aquí toma el papel de Dios– ha salvado o castigado a los hombres a lo largo de la historia: Adán, rehabilitado de su pecado (1s, cfr. Gn 2,4b-25); Caín, cuyos descendientes, según una tradición, provocaron el diluvio (3, cfr. Gn 4,8-15); Noé (4, cfr. Gn 6,9); Abrahán (5, cfr. Gn 22,1-3); Lot y la destrucción de Sodoma y las cinco ciudades de la llanura (6-8, cfr. Gn 19; 14,2); Jacob (9-12, cfr. Gn 27,1-3); José vendido por sus hermanos (13s, cfr. Gn 27–29); y la salida de Egipto (15-21, cfr. Éx 1,1-3).

Conviene destacar algunos detalles: por ejemplo, se pasan por alto las infidelidades de Israel; la expresión «reino de Dios» (10), única vez que aparece en todo el Antiguo Testamento –parece significar los cielos–; y el término «impíos» –que ahora no serán los judíos desertores, sino las naciones no judías–.

La historia de Israel narrada en el capítulo 10 invita al creyente a recorrer la suya con ojos de Dios: los acontecimientos, tanto positivos como negativos, mostrarán que Él es quien lo conduce.

 

11,1–12,27 Juicios históricos I. Dos veces encontramos este título en el libro de la Sabiduría. Ambos recogen tradiciones de la Biblia, principalmente del Éxodo, y las actualizan apoyados en otras tradiciones judías o del ambiente filosófico que le rodea. En todo momento se transmite el mismo mensaje: lo que sirvió de castigo a los malvados, fue salvación para los justos.

La historia tanto personal como comunitaria, son mo­tivo de encuentro con Dios para los creyentes. Si en otros tiempos Dios se revelaba como un ser vengador de maldades, hoy se nos manifiesta cargado de misericordia.

 

11,1-14 Juicio del agua. A continuación, como ya aparecía en el apartado anterior, se sigue el método narrativo del midrash –comentario de la Biblia seleccionando algunos detalles y actualizando las razones que motivaron a ello–. Se explica cómo los israelitas se benefician de las cosas que castigan a los egipcios, para fundamentar la confianza en Dios: el agua infectada del Nilo que castiga a los egipcios (Éx 7,17-24) por el decreto infanticida (Éx 1,16.22), es agua de salvación –roca del desierto– para Israel (Éx 17,5-7; Nm 20,8-11), a quien, a su vez le sirve de prueba y explicación de la sed (Dt 8,2-5). Al mismo tiempo se ignoran las murmuraciones del pueblo y se idealiza su comportamiento (como en Sal 107,6).

En otro tiempo el pueblo de Israel era invitado a contemplar la presencia de Dios en medio de las pruebas y de la liberación. Su pasado garantizaba el presente y el futuro. También para nuestra situación personal y comunitaria, textos como éste son apoyo y ocasión para en­contrar los momentos en que Dios ha sido quien nos ha reconfortado y salvado.

 

11,15–12,1 Juicio de los animales. ¿Por qué no castiga Dios a los malvados? Ésta es la pregunta central que aquí encontramos. Se ofrece como respuesta el misterio de la creación (Gn 1,2): todas las cosas existen porque Dios quiere, y reserva, con misericordia –prolongación del poder creador divino–, un final para cada una de ellas (Gn 9,6; Jue 1,6s; 1 Sm 15,23; Prov 5,22). Como ejemplo –continuando el desarrollo del apartado anterior– expone cómo los egipcios sufrieron el castigo de las plagas de animales (Éx 8–10) porque habían pecado adorándolos –en Egipto recibían culto serpientes, cocodrilos, lagartos y sapos–.

La idolatría no es un fenómeno ceñido exclusivamente al pasado. Muchas formas de adoración actuales lo ma­nifiestan –el dinero, el abuso de poder, etc.–. Utili­zan­do el lenguaje del libro de la Sabiduría se puede de­cir que en el pecado está el castigo: al culto de lo que no es Dios le sucede la destrucción de su proyecto sobre la creación.

 

12,2-21 Los cananeos. De nuevo tenemos una explicación de los acontecimientos del pasado: el pecado de los cananeos (Éx 23,28; Dt 7,11.20; 18,9-12; 20,18-20). La lógica seguida es idéntica a la del apartado anterior. El ejemplo resalta la misericordia de Dios en el castigo de los pecados para dar lugar al arrepentimiento.

La misericordia es una de las experiencias que más nos acercan a Dios. Supera a la justicia y comprende que el mundo y la vida están en sus manos.

 

12,22-27 Juicio de burla. Aquí llegamos a la conclusión de lo tratado anteriormente: el sentido que tiene para los fieles el castigo de los malvados (22) y el juicio divino sobre éstos cuando han de reconocer al Dios verdadero (23-27). Se alude nuevamente a los falsos dioses y los ídolos (Dt 7,26; 27,15) y cómo el castigo está en relación con el pecado cometido.

A veces nos ocurre que nuestra alabanza a Dios se origina al comparar la situación personal o comunitaria de la que disfrutamos, respecto a otras situaciones conocidas. Esto mismo puede concluirse de este texto. Mas el creyente ha de hacer actuales también las palabras que completan el versículo 22: benevolencia y misericordia en los juicios. Y aún más, si cabe: compromiso con las situaciones de dolor y de castigo.

 

13,1–15,19 La idolatría. El ambiente que rodeaba a la composición de este libro queda plasmado en esta nueva sección. Se interrumpen los juicios históricos –continuarán en el capítulo 16– y aparece una dura críti­ca de la idolatría politeísta.

El mensaje de esta parte del libro sigue siendo plenamente actual. Los ídolos se multiplican en nuestra sociedad –el poder, el dinero, el placer…–. Sus consecuencias son evidentes: cinismo, injusticias, destrucción… Al creyente le queda todavía su tarea de denuncia, pero también de esperanza.

 

13,1-9 Fascinados por la hermosura del universo. El primer versículo del capítulo 13 expresa una idea sustentada en lo que encontraremos aquí desarrollado y en otros capítulos que vienen a continuación: la incapacidad de los idólatras para reconocer al Creador de todas las cosas –con la consiguiente evidencia de su culpa–.

En este primer apartado se critica la idolatría de los astros y de las fuerzas naturales –similares puntos de vista se hallan también en escritores judíos de la época, como Filón de Alejandría–. El Antiguo Testamento también alaba el poder y la grandeza de Dios a través de la creación (Job 36,22-26; Sal 19,2; Is 40,12-14), pero aquí se condena a los que lo ven como un fin en sí mismo (cfr. Hch 14,17; 17,27; Rom 1,19s).

La naturaleza es lugar de encuentro con Dios, sobre todo cuando quien la contempla se sabe dentro de ella y no como su dueño y señor. También a pesar de las ca­tás­trofes humanas y naturales, es posible percibir la huella de Dios en la hermosura y en la grandeza de la creación, cuando uno se reconoce instrumento para que és­ta sea reflejo del amor misericordioso de quien la formó.

 

13,10—14,11 Ídolos de madera. La crítica a la idolatría iniciada anteriormente, se hace ahora con más fuerza al dirigirse contra las creaciones humanas. Este apartado puede dividirse de esta forma: 1. Introducción (10): más miserables que los adoradores de la naturaleza son los que ponen su esperanza en los ídolos sin vida. 2. Desarrollo (13,11–14,6): se recoge un tema tradicional en la literatura bíblica –y también en la filosofía griega–, la sátira contra el culto a las imágenes (Is 40,19s; 44,9-20; 46,1-7; Jr 10,2-15; Carta de Je­re­mías; Sal 115,4-8; 135,15-18). En 13,10-19 se enumeran distintos tipos de culto a las imágenes y en 14,7-11 se describe el caso del culto del navegante, con lo que se recuerda el episodio del arca de Noé (Gn 6,1-5). 3. Conclusión (14,7-11): se añade que los ídolos serán so­metidos a juicio porque inducen a los hombres al mal.

No está exenta de actualidad esta crítica que se hace a los ídolos hechos de manos humanas. Casos se pueden constatar en contextos tanto religiosos como profanos. El creyente de hoy día no ha de olvidar que la imagen más real de Dios se encuentra en los hermanos y hermanas más necesitados que le rodean.

 

14,12-21 Origen de la idolatría: la desgracia y el poder. El autor del libro de la Sabiduría sigue poniendo en duda la veracidad del culto a las creaciones humanas. Ahora critica a las estatuas que representan a los seres humanos. Se puede estructurar de este modo su exposición: 1. Idea central (12-14): siguiendo la tradición bíblica de emparentar la idolatría con la infidelidad (Éx 34,16; Dt 31,16; Os 2; Dan 3,1-7), afirma al principio que los ídolos son de origen humano y llevan a muchos males –idea ya presente en pensadores de la Grecia antigua–. 2. Ejemplos (15-21): la idea central se ilustra con dos ejemplos de culto a las imágenes, veneración a los hijos muertos (15s), como se hacía en Egipto, y divinización de los reyes (17-21).

La frescura de algunos textos de la Biblia es muchas veces sorprendente. Aquí tenemos un nuevo ejemplo de cómo una composición de hace dos mil años, criticando la idolatría de las imágenes, puede tener aplicación di­recta a muchos ámbitos de nuestra vida, incluido el religioso. ¿Acaso Dios puede encerrarse en una construcción humana? ¿No es su mejor reflejo las personas que nos rodean?

 

14,22-31 Consecuencias de la idolatría. Si en el apartado anterior se mostraba el origen de la idolatría, aquí se exponen sus consecuencias: principio, causa y fin de todos los males (27); se enumeran algunos vicios y se proyecta la situación hacia el futuro: la condena en el juicio final (30s).

El tema de la corrupción de costumbres como consecuencia de la idolatría es clásico en los antiguos filósofos griegos y en la Biblia (Lv 18,21; Nm 25; Rom 1,24-32) y manifiesta tanto el ambiente donde se hallaban inmersos como las reacciones que en ellos provocaban.

¿Cómo reaccionar ante la pérdida de valores humanos? ¿O ante ambientes similares al aquí descrito? Los antiguos creyentes no sólo hablaban de los premios futuros, sino que eran conscientes de la enajenación que todo aquello provocaba. El compromiso con la vida de los más indefensos será la bandera que hable de Dios por encima de cualquier forma de egoísmo deshumanizador.

 

15,1-6 Conocerte a ti es justicia perfecta. Esta primera parte del capítulo 15 gira en torno a dos experiencias: la bondad, la fidelidad, la paciencia y la misericordia divinas (1; Éx 34,6s), y aquella que señala que el conocimiento de Dios es justicia perfecta o principio de inmortalidad (3; Jn 17,3).

Conocer a Dios es una experiencia. Experiencia plena ya en esta tierra porque Él es bueno y fiel, paciente y misericordioso. Así manifiesta su fuerza y su justicia.

 

15,7-13 Ídolos de barro. De forma casi semejante a cuando se describen los ídolos de madera (13,10-19), se habla ahora de los ídolos de barro (Is 45; Rom 9,21), pero con una diferencia, que aquí no se incide tanto en la idolatría cuanto en que el creador humano no sea consciente de su propia vida, por ejemplo, no le preocupa que tenga que morir (9), su mente es ceniza (10), consideró la vida como un juego (12), etc., pues, aunque haga figuras de barro, forma parte a su vez de la crea­ción de Dios (Gn 2,3; 3,19).

¿Por qué, según parece, desde antiguo los seres hu­ma­­nos andan preocupados por sentirse orgullosos de sus propias obras, o por competir con sus semejantes como si la vida se tratara de un juego? ¿Y si se reconociesen hijos e hijas en manos de Dios, o mirasen a los otros como seres irrepetibles, imágenes de quien a ellos los ha creado?

 

15,14-19 Animales divinizados. El tema de la idolatría concluye aquí recordando de nuevo a los egipcios y sus ídolos, que sirve, a su vez de transición a lo que en el capítulo 16 encontraremos. La crítica a los animales divinizados recuerda a la que se hace en Sal 115,5-7; 135,16.17, probablemente también se esté proyectando el pasado del sincretismo religioso vivido en Israel du­rante el período helenístico (200 años atrás).

Cuando el ambiente que rodea al creyente vaya destruyendo sus propias convicciones, y la soledad y la deses­peranza crezcan en su interior, recuerde que no es de la mayoría la verdad, ni Dios está donde los ídolos o el culto sean más numerosos. Sino que aquella habita más allá de quienes intentan atraparla, y desvela el sentido de las cosas, y Éste habita, como un sacramento, en las personas.

 

16,1–19,22 Juicios históricos. Se continúa con la sec­ción de los juicios históricos iniciada en el capítulo 11.

 

16,1-4 Codornices. En esta primera parte del capítulo 16 se establece una equiparación entre el alimento del que disfrutaron los israelitas en el desierto con las codornices (Éx 16,9-13; Nm 11,10-32), y el hambre pa­decida por los egipcios con las plagas de los animales que les fueron enviadas. Los detalles de los relatos bíblicos a los que se alude, son interpretados libremente, como se ha podido ir comprobando en otros lugares de esta obra.

Al encontrar en la Biblia expresiones de venganza o alegría por el sufrimiento de los enemigos, es fácil que se resienta la sensibilidad del creyente actual. Para comprenderlas hay que situarse, por un lado, en su contexto histórico –estamos leyendo textos de hace más de dos mil años–, y por otro lado, tratar de percibir un mensaje teológico actual. ¿Por qué no concluir que igual que en el pasado percibían la presencia del poder de Dios en la defensa de su pueblo y en el castigo de sus enemigos, también es posible descubrir la presencia del amor de Dios en los creyentes, e incluso en sus enemigos?

 

16,5-14 Juicio de las serpientes. El libro de la Sa­biduría se detiene aquí a explicar, en forma de midrash, el episodio de las serpientes que encontramos en Nm 21,4-6. Se emplea la misma lógica: lo que sirve de castigo a los enemigos, para Israel en este caso, es salvación y recordatorio del mandato de la Ley de Dios (6). Añade, además, que el prodigio de las sanaciones se debió al poder divino (cfr. Jn 3,14.17), que domina sobre la vida y la muerte (13; cfr. 1 Re 17,17-23; Sal 9,14; 107,17-19; Is 38,10-17).

«Como Moisés elevó la serpiente en el desierto…», ha sido aplicado por la misma Biblia, a otros acontecimientos posteriores, como el ejemplo que encontramos aquí. El mensaje sigue siendo actual: «como Moisés elevó la serpiente en el desierto…», también el Señor se hace presente en la comunidad y en la vida personal a través de las cosas negativas que sin querer llegan. No se trata de, «¿qué he hecho yo, Señor, para merecer esto?», cuan­to de, «¿qué es lo que a través de esto me quieres decir, Señor?».

 

16,15-29 Juicio del fuego y el alimento. Lluvia de maná en vez de la plaga de tormentas, es el mensaje de este nuevo apartado que el libro de la Sabiduría hace actual para sus contemporáneos, sirviéndose como otras veces, de la técnica del midrash. Se recuerda la séptima plaga de Egipto (Éx 9,13-15), como si ocurriera al mismo tiempo que el episodio del maná (Éx 16; Nm 11), con el fin de ilustrar a los contemporáneos que el verdadero alimento es la Palabra del Señor (26), así como la necesidad de la oración (28; cfr. Éx 16,21).

Este episodio ha sido muy recordado tanto en la tradición judía –por ejemplo, el hecho de que tuviera infinidad de sabores–, como cristiana, principalmente referido a la eucaristía (Sal 78,25; 105,40; Jn 6).

La plaga del granizo y el acontecimiento del maná sirven al libro de la Sabiduría para hablar a sus contemporáneos de la importancia de la fidelidad a la Palabra del Señor y a la oración, dos puntos también centrales en la vida del creyente actual, sin pasar por alto su dimensión fraterna.

 

17,1–18,4 Juicio de las tinieblas. El pasaje recordado ahora por el libro de la Sabiduría es la plaga de las tinieblas de Egipto (Éx 10,21-23). Conclusión: Mientras los egipcios eran presa de las tinieblas, los israelitas eran guiados por la columna de fuego.

Igual que ocurre en otros lugares de esta obra, también aquí el relato bíblico del Éxodo está enriquecido con muchos detalles provenientes de leyendas judías y explicaciones rabínicas, con el fin de actualizar el mensaje de estos acontecimientos –que vemos claramente en algunas ocasiones, como 17,1-3.11-13; 18,4–. La orientación final de todo este apartado también parece clara: las tinieblas de Egipto son la anticipación de las del infierno, reservadas para los pecadores (17,21), mientras que la Ley es la luz que ilumina al mundo (18,4, cfr. Is 2,2-5).

De nuevo la Sabiduría invita al lector creyente a volver sobre su propia historia para descubrir las huellas de Dios. Aquella piensa, de acuerdo a las ideas de la época, en el castigo de los enemigos. A éste, sin embargo, a la luz del Evangelio, se le llama a la esperanza: vencer el mal a fuerza del bien.

 

18,5-19 Juicio de los primogénitos. Con la misma técnica que los pasajes anteriores, ahora se establece la correspondencia entre la décima plaga del Éxodo y la salida de los israelitas del país. En castigo por su decisión de matar a los primogénitos (Éx 1,22–2,10), los egipcios son condenados a perder a los suyos (Éx 11,4-6; 12,29-32), así entendieron que Israel era Hijo de Dios.

El libro del Éxodo no establece relación alguna entre estos dos acontecimientos, pero como ya se ha comprobado en otras ocasiones, la Sabiduría toma como base las narraciones antiguas, a las que suma otras tradiciones para iluminar la situación presente. Son interesantes algunos detalles, como la alusión a las promesas de los Patriarcas (6; cfr. Gn 15,13s; 46,3s), la transposición al pasado del modo de celebrar la Pascua en el s. I a.C., cuando se entonaba el «Hallel» (9; cfr Sal 113-118), o la palabra como instrumento ejecutor de los juicios divinos (15; cfr. Jr 23,29; Os 6,5).

 

18,20-25 Expiación. En este apartado, siguiendo el modo de exposición anterior, se recoge el relato de la plaga que los israelitas sufrieron en el desierto (Nm 16,44-50). No se está haciendo un paralelo con los egipcios, sino que, precisamente, se destaca la diferencia –la plaga no se prolongó, gracias al sacerdote Aarón–.

Es interesante la descripción de las vestiduras sacerdotales de Aarón, pues se entremezclan, por un lado, la tradición bíblica –por ejemplo, «las cuatro hileras de piedras talladas» simbolizaban las tribus o los patriarcas –Éx 28,15-21; y la «diadema» la grandeza de la dignidad sacerdotal (Éx 28,36)–, y por otro lado, la tradición judía –para ésta la túnica era el cielo, el ceñidor el océano y los broches de los hombros el sol y la luna–.

La historia del pueblo bíblico está llena de fracasos e infidelidades. Lo más sorprendente es que siempre es Dios quien toma la iniciativa para que la relación se restablezca. La prueba más extraordinaria está en la entrega de su propio Hijo. Por ella el creyente reconoce que más importante aun que la justicia es la misericordia.

 

19,1-12 Juicio del Mar Rojo. El relato del paso del Mar Rojo (Éx 14), tantas veces recordado por la Biblia, es aquí presentado, con cierto aire apocalíptico (1), co­mo el colmo del castigo que los egipcios sufrieron con la última plaga. Aquí se destaca cómo el paso del Mar Rojo provocó una nueva creación; así, por ejemplo, las funciones que al principio Dios asignó a la tierra o al agua (Gn 1), adquirieron nuevas formas, destacándose, de es­te modo, el poder del Creador favoreciendo siempre a su pueblo.

El sabio refrán popular de que cuando una puerta se cierra, Dios siempre abre otra, puede servir al creyente para hacer actual este texto. Una invitación a contemplar los milagros de Dios en las cosas cotidianas: la vida, el amor, la generosidad, etc., son también la nueva crea­ción de Dios, capaz de renovar tantos desajustes y co­sas negativas de nuestro mundo.

 

19,13-17 Esclavizaron a unos emigrantes. El tema desarrollado en este nuevo apartado es el de la hos­pitalidad –ley suprema en el Cercano Oriente–. Como base, el libro de la Sabiduría hace una comparación entre el Éxodo de los israelitas (Éx 14) y el relato de Sodoma (Gn 19). Si éstos, aun considerados los más pecadores, po­drían ser exculpados por su desconocimiento de los fo­rasteros (14a), el delito de los egipcios es mucho mayor, pues esclavizaron a Israel, que era un pueblo por ellos conocido, y mataron a sus primogénitos.

Posiblemente detrás del texto hay una alusión a la experiencia de los judíos fieles a la Ley que vivían en Alejandría en tiempos en que fue compuesto el libro.

«Dios es quien guía los destinos de la historia». Es el mensaje central que hace más de dos mil años transmitía a sus contemporáneos el libro de la Sabiduría. En aquel tiempo, se expresaba como un deseo de venganza contra los enemigos. Actualmente puede ser comprendido como un mensaje de esperanza donde el mal un día será transformado en bien, la insolidaridad en compromiso y el odio en amor.

 

19,18-22 Metamorfosis de la creación. El último apartado del libro de la Sabiduría resulta un tanto brusco al lector actual. Algunos investigadores opinan que este final obedece a esquemas numéricos muy típicos de este tipo de escritos. Como final, sin embargo, ilustra muy bien el itinerario seguido por el libro de la Sabi­duría: actualización, con la ayuda de la tradición y del pensamiento filosófico contemporáneo, de los acontecimientos del pasado del pueblo de Israel –en este caso nos encontramos con el primer intento de explicar los milagros bíblicos a la luz de la idea griega de la armonía cósmica–, para dar respuesta a la nueva situación, ex­presada paradigmáticamente en el último versículo.

Las últimas palabras del libro de la Sabiduría: «Porque en todo, Señor, has engrandecido y glorificado a tu pueblo, y nunca y en ningún lugar dejaste de asistirlo y socorrerlo», ¿no es, acaso, el mensaje, o la experiencia a la que estamos llamados todos los creyentes? ¿No es también nuestro compromiso?