ZACARÍAS

Uno o dos Zacarías. La mayoría de los comentaristas modernos distinguen dos partes en el libro (1–8 y 9–14), diversas por el contenido, estilo e intención. La primera se ocupa del templo, la segunda prescinde de él; la primera da mucha importancia a la actividad humana, la segunda sólo se fija en la acción de Dios; la primera  estima mucho la profecía, la segunda asiste a su desaparición; la primera es libro de visiones, la segunda de oráculos; en la primera abundan los datos biográficos, en la segunda son escasos; en la primera abundan las fórmulas proféticas, en la segunda las apocalípticas. La primera parte recogería la predicación de Zacarías, contemporáneo de Ageo; la segunda sería obra de otro autor de época posterior.

 

Zacarías y su época. Aparece citado, junto con Ageo, en Esdras 5,1 y 6,14, como inspirador de la reconstrucción del templo. Probablemente perteneció a una familia sacerdotal y, como tal, fue llamado desde muy joven al servicio del templo. Su actividad se extiende hasta diciembre del 518 a.C. Coincidió por poco tiempo con Ageo, con quien compartió los dos grandes temas de predicación, reconstrucción del templo y la restauración escatológica.

Sobre la época véase la introducción a Ageo. En cuanto al contexto histórico de la segunda parte del libro: Zacarías II (9–14), es muy difícil de precisar. Los nombres mencionados, tales como Asiria, Egipto, etc., más que referirse a una situación presente, evocan el pasado para resaltar que lo que Dios hizo con esos pueblos lo sigue y seguirá haciendo, como Señor de la historia, con otros pueblos.

 

Mensaje religioso. Zacarías se inserta conscientemente en la línea de los antiguos profetas (1,4), predica la conversión, inculca exigencias éticas, critica el culto sin justicia. Depende de Isaías II (2,10-17) y más de Ezequiel en procedimientos literarios.

Como para Ageo, también para Zacarías la reconstrucción del templo es garantía de la restauración de la era mesiánica. Este futuro mesiánico es descrito en la segunda parte del libro en un estilo visionario que está anticipando ya la literatura apocalíptica. Aunque difícil de entender para nosotros, este Zacarías II es el más citado en el Nuevo Testamento, cuyos autores vieron realizados en la pasión de Jesucristo el simbólico mensaje del profeta.

 

1 1En el año segundo de Darío, el mes octavo, el Señor dirigió la palabra al profeta Zacarías, hijo de Berequías, hijo de Idó:

 

Exhortación a la conversión

2–El Señor estaba muy irritado con los antepasados de ustedes. 3Ahora diles: Así dice el Señor Todopoderoso:

Vuelvan a mí

–oráculo del Señor Todopoderoso–,

y yo volveré a ustedes

–dice el Señor Todopoderoso–.

4No sean como sus antepasados,

a quienes predicaban

los más antiguos profetas

diciendo:

Así dice el Señor Todopoderoso:

Conviértanse de su mala conducta

y de sus malas acciones;

pero ellos no me escucharon

ni me hicieron caso

–oráculo del Señor Todopoderoso–.

5Sus antepasados, ¿dónde están?,

sus profetas, ¿viven para siempre?

6En cambio, mis palabras y decretos,

que encomendé

a mis siervos los profetas,

¿no alcanzaron a sus antepasados?

Entonces se convirtieron diciendo:

Como el Señor

había dispuesto tratarnos

por nuestra conducta,

y nuestras acciones,

así nos ha tratado.

 

Ocho visiones

 

Primera:

Los jinetes

(Ap 6,1-8)

7El veinticuatro del mes undécimo del segundo año del reinado de Darío, el Señor dirigió la palabra a Zacarías, hijo de Berequías, hijo de Idó:

8En una visión nocturna se me apareció un jinete sobre un caballo rojo, parado en una hondonada entre unos arbustos; detrás de él había caballos rojos, castaños y blancos. 9Pregunté: –¿Quiénes son, señor? Me contestó el ángel que hablaba conmigo:

–Te voy a enseñar quiénes son.

10Y el que estaba entre los arbustos me dijo: –A éstos los ha despachado el Señor para que recorran la tierra.

11Ellos informaron al ángel del Señor, que estaba entre los arbustos:

–Hemos recorrido la tierra y la hemos encontrado en paz y tranquila.

12Entonces el ángel del Señor dijo: –Señor Todopoderoso, ¿cuándo te vas a compadecer de Jerusalén y de los pueblos de Judá? Ya hace setenta años que estás enojado con ellos.

13El Señor contestó al ángel que hablaba conmigo palabras buenas, frases de consuelo. 14Y el ángel que me hablaba me ordenó proclamar:

–Así dice el Señor Todopoderoso:

Siento celos de Jerusalén,

celos grandes de Sión,

     15y siento un gran enojo

contra las naciones confiadas

que se aprovechan

de mi breve enojo

para redoblar su maldad.

16Por eso, así dice el Señor:

Me vuelvo a Jerusalén

con compasión,

mi templo será reedificado

–oráculo del Señor Todopoderoso–

y aplicarán la plomada a Jerusalén.

17Sigue proclamando:

Así dice el Señor Todopoderoso:

Otra vez rebosarán

las ciudades de bienes,

el Señor consolará otra vez a Sión,

Jerusalén será su elegida.

 

Segunda:

Los cuernos y los herreros

(Dn 7,8.11.20; Sal 75)

2 1Levanté la vista y vi cuatro cuernos. 2Pregunté al ángel que hablaba conmigo: –¿Qué significan?

Me contestó: –Significan los cuernos que dispersaron a Judá, a Israel y Jerusalén.

3Después el Señor me enseñó cuatro herreros. 4Pregunté: –¿Qué han venido a hacer?

Respondió: –Aquellos son los cuernos que dispersaron tan bien a Judá, que nadie pudo levantar cabeza, y los herreros han venido a espantarlos, a derribar los cuernos de las naciones que embestían a Judá para dispersarla.

 

Tercera:

El cordel de medir

(Is 54,2-3; Jr 31,38-40)

5Levanté la vista y vi a un hombre con un cordel de medir. 6Pregunté: –¿Adónde va ése?

Me contestó: –A medir Jerusalén, para comprobar su anchura y longitud.

7Entonces se adelantó el ángel que hablaba conmigo y otro ángel le salió al encuentro, diciéndole:

8–Corre a decirle a aquel muchacho:

Por la multitud de hombres

y ganados que habrá,

Jerusalén será ciudad abierta;

9yo la rodearé

como muralla de fuego

y mi gloria estará en medio de ella

–oráculo del Señor–.

10¡Ánimo, vamos!,

escapen del país del norte

–oráculo del Señor–,

que yo los dispersé

a los cuatro vientos

–oráculo del Señor–.

11¡Ánimo, hijos de Sión,

que habitan en Babilonia, escapen!

12Porque así dice

el Señor Todopoderoso

a las naciones que los deportaron:

El que los toca a ustedes,

toca a la niña de mis ojos.

13Yo levantaré mi mano contra ellos,

y serán saqueados

por sus propios esclavos,

y sabrán que el Señor Todopoderoso

me ha enviado.

14Festeja y aclama, joven Sión,

que yo vengo a habitar en ti

–oráculo del Señor–.

15Aquel día se incorporarán al Señor

muchos pueblos

y serán pueblo mío;

habitaré en medio de ti,

y sabrás que el Señor Todopoderoso

me ha enviado a ti.

16El Señor tomará a Judá

como herencia suya

en la tierra santa

y volverá a elegir a Jerusalén.

17¡Silencio todos ante el Señor,

que se levanta en su santa morada!

 

Cuarta:

Investidura del sumo sacerdote

(Éx 28s; Lv 8)

3 1Después me enseñó al sumo sacerdote, Josué, de pie ante el ángel del Señor. A su derecha estaba el Satán acusándolo. 2El Señor dijo a Satán:

–El Señor te llama al orden, Satán; el Señor, que ha escogido a Jerusalén, te llama al orden. ¿No es ése un carbón ardiente sacado del fuego?

3Josué estaba vestido con un traje sucio, de pie delante del ángel. 4Éste dijo a los que estaban allí delante: –Quítenle el traje sucio.

Y a él le dijo: –Mira, aparto de ti la culpa y te visto de fiesta.

5Y añadió: –Pónganle en la cabeza un turbante limpio.

Le pusieron el turbante limpio y lo revistieron.

6El ángel del Señor, que estaba de pie, dijo a Josué:

7Así dice el Señor Todopoderoso:

Si sigues mi camino

y guardas mis mandamientos,

también administrarás mi templo

y guardarás mis atrios,

y te dejaré acercarte

con ésos que ahí están.

8Escuchen, Josué, sumo sacerdote, y sus compañeros que están sentados delante de él: ustedes son figuras proféticas de lo que ha de venir. Yo he de traer a mi siervo Germen. 9Miren la piedra que presento a Josué: es una y lleva siete ojos. Tiene una inscripción: En un día quitaré el pecado de esta tierra –oráculo del Señor Todopoderoso–. 10Aquel día se invitarán unos a otros a descansar bajo la parra y la higuera –oráculo del Señor Todopoderoso–.

 

Quinta:

El candelabro y los dos olivos

(Ap 11,1-14)

4 1Volvió el ángel que hablaba conmigo y me despertó como se despierta a uno del sueño; 2y me dijo: –¿Qué ves?

Contesté: –Veo un candelabro de oro macizo con un recipiente para el aceite encima, y siete lámparas a las que llega el aceite por siete tubos. 3Y dos olivos junto a él, a derecha e izquierda.

4Pregunté al ángel que hablaba conmigo: –¿Qué significa, señor?

5El ángel que hablaba conmigo contestó: –Pero, ¿no sabes lo que significan?

Repuse: No, señor.

6aEntonces él me explicó:

10b–Esas siete lámparas representan los ojos del Señor, que se pasean por toda la tierra.

11Entonces yo pregunté: –¿Y qué significan esos dos olivos a derecha e izquierda del candelabro?

12Insistí: –¿Qué significan las dos ramas de olivo junto a los dos tubos de oro que conducen el aceite?

13Me dijo: –Pero, ¿no lo sabes?

Respondí: –No, señor.

14Y me dijo: –Son los dos ungidos que sirven al Dueño de todo el mundo.

6bEn esto dice el Señor a Zorobabel: –No cuentan la fuerza ni la riqueza, lo que cuenta es mi Espíritu –dice el Señor Todopoderoso–. 7¿Quién eres tú, gran montaña? Delante de Zorobabel quedarás convertida en llanura. Él sacará la piedra principal entre exclamaciones: ¡Qué bella, qué bella!

8El Señor me dirigió la palabra:

9–Zorobabel con sus manos puso los cimientos de esta casa y con sus manos la terminará. Y así sabrás que el Señor Todopoderoso me ha enviado a ustedes. 10a El que despreciaba los humildes comienzos, gozará viendo en manos de Zorobabel la piedra emplomada.

 

Sexta:

El libro volando

5 1Levanté de nuevo la vista y vi un libro que volaba. 2El ángel me preguntó: –¿Qué ves?

Contesté: –Veo un libro que vuela, de diez metros por cinco.

3Me explicó: –Es la maldición que se dirige a la superficie de todo el país. Por un lado del libro está escrito: Los ladrones quedan sin castigo, por el otro: Los que juran en falso quedan sin castigo.

4Yo la haré venir

–oráculo del Señor Todopoderoso–

para que entre en casa del ladrón

y en casa del que jura falsamente

por mi Nombre;

se instalará en la casa

hasta consumir

maderas y piedras.

 

Séptima:

El recipiente y la mujer

5El ángel que hablaba conmigo se adelantó y me dijo:

–Levanta la vista y mira lo que aparece.

6Pregunté: –¿Qué?

Me contestó: –Un recipiente de una medida de harina: así de grande es la culpa en todo el país.

7Entonces se levantó la tapa de plomo y apareció una mujer sentada dentro del recipiente.

8Me explicó: –Es la maldad.

La empujó dentro del recipiente y puso la tapa de plomo.

9Levanté la vista y vi dos mujeres, con alas de cigüeña aleteando en el viento, que transportaban el recipiente entre cielo y tierra.

10Pregunté al ángel que hablaba conmigo:

–¿Adónde se llevan el recipiente?

11Me contestó:

–A construirle un santuario en territorio de Senaar, y cuando esté terminado, la pondrán sobre un pedestal.

 

Octava:

Los cuatro carros

6 1Levanté la vista de nuevo y vi aparecer cuatro carros entre dos montañas: las montañas eran de bronce. 2Del primer carro tiraban caballos rojos; del segundo, caballos negros; 3del tercero, caballos blancos; del cuarto, caballos manchados.

4Pregunté al ángel que hablaba conmigo: –¿Qué significan, señor?

5El ángel me respondió:

–Están al servicio del Dueño de todo el mundo y salen a los cuatro vientos. 6Los rojos parten hacia oriente, los negros hacia el norte, los blancos hacia occidente, los manchados hacia el sur.

7Salían briosos, dispuestos a recorrer la tierra. Él les ordenó:

–Recorran la tierra.

Y lo hicieron. 8Y a mí me gritó: –Los que salen hacia el norte calman mi enojo contra el país del norte.

 

La corona

9El Señor me dirigió la palabra:

10–Pide ofrendas a los exiliados que han vuelto de Babilonia: a Jelday, Tobías y Yedayas; después vete a casa de Josías, hijo de Sofonías. 11Toma oro y plata, fabrica una corona y colócala en la cabeza a Zorobabel hijo de Sealtiel. 12Y le dirás:

Así dice el Señor Todopoderoso:

Aquí está el hombre

llamado Germen,

que construirá el templo

–su descendencia germinará–;

13él construirá el templo,

él asumirá la dignidad

y se sentará en el trono

para gobernar;

mientras el sumo sacerdote

se sentará en el suyo,

y reinará la concordia entre los dos.

14La corona quedará en el templo del Señor como recordatorio para Jelday, Tobías, Yedayas y Josías, hijo de Sofonías.

15Si obedecen al Señor, su Dios,

de lejos vendrán

a construir el templo,

y sabrán que

el Señor Todopoderoso

me ha enviado a ustedes.

 

Consulta litúrgica: culto y justicia

(Is 58)

7 1El año cuarto del reinado de Darío, el cuatro del mes noveno, es decir, en noviembre, el Señor dirigió la palabra a Zacarías.

2Betel-Saréser había enviado a Reguem-Melec con su séquito a aplacar al Señor 3y a consultar a los sacerdotes del templo del Señor Todopoderoso y a los profetas lo siguiente:

–¿Debemos observar el quinto mes un día de duelo y abstinencia como lo venimos haciendo desde hace años?

4El Señor Todopoderoso me dirigió la palabra:

5–Di a la gente del campo y a los sacerdotes: Cuando estos setenta años ayunaban y hacían duelo los meses quinto y séptimo, ¿lo hacían en mi honor? 6Cuando comen y beben, ¿no lo hacen en provecho propio? 7Recuerden las palabras que proclamaba el Señor por medio de los antiguos profetas, cuando Jerusalén y los pueblos de su alrededor, el Negueb y la Sefela todavía estaban habitados.

8El Señor dirigió la palabra al profeta Zacarías:

9–Así dice el Señor Todopoderoso:

Hagan justicia de verdad,

que cada uno trate a su hermano

con amor y misericordia,

10no opriman a viudas, huérfanos,

emigrantes y necesitados,

que nadie piense en hacer maldades

contra su prójimo.

11Pero no hicieron caso,

me dieron la espalda rebelándose,

se taparon los oídos para no oír.

12Endurecieron su corazón

como el diamante

y no escucharon la ley

ni las palabras

que el Señor Todopoderoso

inspiraba a los antiguos profetas.

Entonces el Señor Todopoderoso

se indignó profundamente y dijo:

13Como no escucharon

cuando yo los llamaba,

no los escucharé cuando me llamen.

14Y los dispersaré

por naciones extranjeras;

a su espalda quedó

la tierra devastada,

sin vecinos ni caminantes.

Así convirtieron

una tierra envidiable

en una desolación.

 

Diez promesas

(Jr 30s; 33; Ez 36,16-38)

8 1El Señor Todopoderoso envió este mensaje:

2Así dice el Señor Todopoderoso:

Siento celos de Sión, celos terribles,

siento de ella unos celos

que me arrebatan.

3Así dice el Señor Todopoderoso:

Volveré a Sión,

habitaré en medio de Jerusalén;

Jerusalén se llamará Ciudad fiel,

el monte del Señor Todopoderoso,

Monte santo.

4Así dice el Señor Todopoderoso:

Otra vez se sentarán

ancianos y ancianas

en las calles de Jerusalén,

y habrá hombres tan ancianos

que se apoyarán en bastones;

     5las calles de la ciudad

se llenarán de niños y niñas

que jugarán en la calle.

6Así dice el Señor Todopoderoso:

Si esto parece imposible

a los ojos del resto de este pueblo,

¿será también imposible para mí?

7Así dice el Señor Todopoderoso:

Yo salvaré a mi pueblo y lo traeré

de los países de oriente y occidente,

para que habite en Jerusalén.

     8Ellos serán mi pueblo,

yo seré su Dios auténtico y legítimo.

9Así dice el Señor Todopoderoso:

Anímense a trabajar

los que escucharon estas palabras,

pronunciadas por los profetas,

el día en que se echaron

los cimientos para la construcción

del templo del Señor Todopoderoso.

     10Porque antes no había salario

para hombres ni animales,

no había seguridad

para los que iban y venían,

a causa del enemigo.

Yo enfrentaba unos contra otros.

     11Ahora no trataré

al resto del pueblo

como en tiempos pasados

–oráculo del Señor Todopoderoso–.

     12Sembrarán tranquilos,

la viña dará su fruto,

la tierra dará su cosecha,

el cielo dará su rocío;

todo se lo entrego como herencia

al resto de este pueblo.

     13Así como antes,

pueblo de Judá y pueblo de Israel

fueron maldecidos por los paganos,

así ahora los salvaré

y serán bendecidos.

No teman, anímense.

14Así dice el Señor Todopoderoso:

Como planeaba desgracias

contra ustedes,

cuando me irritaban sus padres,

y no me arrepentía

–dice el Señor Todopoderoso–,

     15así cambiaré en estos días

mis planes

para hacer bien a Jerusalén y a Judá.

No teman.

     16Esto es lo que tienen que hacer:

Decir la verdad al prójimo,

juzgar con integridad

en los tribunales;

     17no tramar males

unos contra otros,

no acostumbrarse a jurar en falso,

que yo aborrezco todo eso

–oráculo del Señor–.

18El Señor Todopoderoso

me dirigió la palabra:

19Así dice el Señor Todopoderoso:

El ayuno de los meses

cuarto, quinto, séptimo y décimo

se cambiará para Judá en gozo,

alegría y festividad.

Amen la sinceridad y la paz.

20Así dice el Señor Todopoderoso:

Todavía vendrán pueblos

y vecinos de ciudades populosas;

     21los habitantes de una ciudad

irán a los de otra y les dirán:

Vamos a apaciguar al Señor.

–Yo voy contigo a visitar

al Señor Todopoderoso.

     22Así vendrán pueblos numerosos

y naciones poderosas

a visitar al Señor Todopoderoso

en Jerusalén y a apaciguar al Señor.

23Así dice el Señor Todopoderoso:

En aquellos días diez hombres

de cada lengua extranjera

agarrarán a un judío

por el borde del manto y le dirán:

Queremos ir con ustedes,

porque hemos oído

que Dios está con ustedes.

 

Contra las naciones

(Am 1,3-10)

9 1La Palabra del Señor

llega al territorio de Jadrac,

y se detiene en Damasco;

porque al Señor le pertenece

la capital de Siria

como todas las tribus de Israel;

2y también la vecina Jamat,

y Tiro y Sidón,

con toda su sabiduría.

3Tiro se construyó una fortaleza,

amontonó plata como polvo

y oro como barro de la calle;

4pero el Señor se apoderará de ella,

arrojará al mar sus riquezas

y ella será consumida por el fuego.

5Ascalón al verlo temblará,

Gaza se retorcerá y también Ecrón,

porque su esperanza

quedó defraudada.

Será eliminado el rey de Gaza,

Ascalón quedará deshabitada.

6En Asdod habitarán bastardos,

y aniquilaré el orgullo de los filisteos.

7Les arrancaré de la boca la sangre

y de los dientes

las comidas prohibidas:

entonces un resto de ellos

será de nuestro Dios,

será como una tribu de Judá

y Ecrón como los jebuseos.

8Pondré una guarnición en mi casa

contra los que merodean,

y no volverá a pasar el tirano,

porque ahora vigilo con mis ojos.

 

Paz y guerra

9Alégrate, ciudad de Sión:

grita de júbilo, Jerusalén;

mira a tu rey que está llegando:

justo, victorioso, humilde,

cabalgando un burro,

una cría de burra.

10Destruirá los carros de Efraín

y los caballos de Jerusalén;

destruirá los arcos de guerra

proclamará la paz a las naciones;

dominará de mar a mar,

del Gran Río al confín de la tierra.

11Por la sangre de tu alianza,

libertaré a los presos del calabozo.

12Regresen a la ciudad fortificada,

cautivos esperanzados;

hoy te envío un segundo mensajero.

13Tensaré a Judá como un arco

y lo cargaré con Efraín;

Sión, te convierto

en espada de campeón,

e incitaré a tus hijos

contra los de Grecia.

14El Señor se les aparecerá

disparando flechas como rayos,

el Señor tocará la trompeta

y avanzará entre huracanes del sur.

15El Señor Todopoderoso

será su escudo:

se tragarán como carne

a los honderos,

beberán como vino su sangre,

se llenarán como copas

o como salientes de altar.

 

Fecundidad

16Aquel día el Señor los salvará,

y su pueblo será

como un rebaño en su tierra,

como piedras agrupadas

en una diadema.

17¡Qué felicidad, qué belleza!

El trigo hará florecer a los jóvenes,

el vino nuevo a las muchachas.

 

10 1Pidan al Señor

las lluvias tempranas y tardías,

que el Señor envía

los relámpagos y los aguaceros,

da pan al hombre

y hierba al campo.

2En cambio, los ídolos dan

respuestas vacías,

los adivinos solo ven falsedades,

cuentan sueños fantásticos,

consuelan sin provecho.

Por eso el pueblo vaga perdido

como ovejas sin pastor.

 

Repatriación

3Contra los pastores

se enciende mi cólera,

voy a castigar a los chivos.

El Señor Todopoderoso cuidará

de su rebaño –la casa de Judá–

y hará de él

su caballo preferido en la batalla.

4De ellos saldrá la piedra angular

y estacas para las tiendas,

los arcos guerreros

y los capitanes;

5todos juntos serán como soldados

que pisan el barro de la calle

en la batalla; pelearán

porque el Señor está con ellos,

y los jinetes saldrán derrotados.

6Fortaleceré a la casa de Judá,

daré la victoria a la casa de José,

los devolveré a su patria

porque me dan lástima,

y serán

como si no los hubiera rechazado.

Yo soy el Señor, su Dios,

que les responde.

7Efraín será como un soldado,

se sentirá alegre,

como si hubiera bebido;

sus hijos al verlo se alegrarán,

se sentirán gozosos con el Señor.

8Silbaré para reunirlos,

porque los rescaté,

y serán tan numerosos como antes.

9Si los dispersé por varias naciones,

allá lejos criarán hijos,

se acordarán de mí y volverán.

10Los devolveré a su patria

desde Egipto,

los reuniré en Asiria,

los conduciré a Galaad y al Líbano

y ni siquiera así

habrá sitio suficiente.

11Entonces atravesarán un mar hostil:

golpearé el mar agitado

y se secará el fondo del Nilo.

Será abatido el orgullo de Asiria

y arrancado el cetro de Egipto;

12con la fuerza del Señor

avanzarán en su nombre

–oráculo del Señor–.

 

11 1Abre tus puertas, Líbano,

que el fuego se alimente

con tus cedros.

2Gime, ciprés, que ha caído el cedro,

han talado los árboles poderosos;

giman, encinas de Basán,

que ha caído la selva impenetrable.

3Escuchen: gimen los pastores,

porque han arrasado sus pastos;

escuchen: rugen los leones,

porque han arrasado

la arboleda del Jordán.

 

Ovejas y pastores

(Ez 34)

4Así dice el Señor, mi Dios: Engorda las ovejas para la matanza: 5los compradores las matan sin sentirse culpables; los vendedores dicen: ¡Bendito sea Dios!, me hago rico; los pastores no se compadecen de ellas.

6No volveré a perdonar

a los habitantes del país

–oráculo del Señor–;

entregaré a cada uno en manos

de su pastor y de su rey;

cuando destruyan el país,

no los libraré de sus manos.

7Entonces yo engordé las ovejas para la matanza, por cuenta de los comerciantes. Tomé dos bastones: a uno lo llamé Belleza, al otro Unión, y seguí engordando las ovejas. 8En un mes eliminé a los tres pastores: ya no los aguantaba, ni ellos a mí. 9Les dije: –No quiero seguir pastoreando con ustedes. Si una se muere, que se muera; si una perece, que perezca; las que queden se comerán unas a otras.

10Tomé el bastón Belleza y lo rompí, en señal de que anulaba mi alianza con todas las naciones. 11Aquel día se anuló, y los comerciantes que me vigilaban comprendieron que se trataba de una Palabra del Señor.

12Entonces les dije:

–Si les parece bien, páguenme el salario; si no, déjenlo.

Ellos pesaron mi salario: treinta monedas de plata.

13Y el Señor me dijo: –Échalo en el tesoro del templo.

Yo tomé aquella valiosa suma en que me habían valorado y la eché en el tesoro del templo del Señor.

14Después rompí el segundo bastón, Unión, en señal de que anulaba la hermandad de Judá e Israel.

15El Señor me ordenó:

Vístete con la ropa

de un pastor irresponsable.

16Porque yo pondré en el país

un pastor que descuide

a las ovejas extraviadas

y no busque a las perdidas,

que no sane a las heridas

ni alimente a las sanas,

que se coma las gordas

y les arranque las pezuñas.

17¡Ay del mal pastor

que abandona el rebaño!

¡Que un puñal hiera su brazo,

y su ojo derecho!

¡Que se le paralice el brazo,

que se le ciegue el ojo derecho!

 

7¡Levántate, espada,

contra mi pastor,

contra mi ayudante!

–oráculo del Señor Todopoderoso–.

Hiere al pastor,

que se dispersen las ovejas;

volveré mi mano

contra los pequeños.

8En todo el país –oráculo del Señor–

dos tercios serán arrancados

y perecerán,

y quedará sólo un tercio.

9Ese tercio lo pasaré por fuego,

lo purificaré como al oro,

lo limpiaré como a la plata.

Después me llamará

y yo le contestaré;

diré: Son mi pueblo,

y ellos dirán: El Señor es mi Dios.

 

Aquel día

12 1Oráculo. Palabra del Señor para Israel. Oráculo del Señor que desplegó el cielo, cimentó la tierra y formó el espíritu del hombre dentro de él.

2Miren: voy a hacer de Jerusalén una copa embriagadora para todos los pueblos vecinos; también Judá estará en el asedio de Jerusalén.

3En aquel día haré de Jerusalén una piedra muy pesada para todos los pueblos: cuando se alíen contra ella todas las naciones del mundo, el que intente levantarla se herirá con ella.

4Aquel día –oráculo del Señor–

haré que se espanten los caballos

y se asusten los jinetes;

pondré mis ojos en Judá

y cegaré los caballos

de los paganos.

5Las tribus de Judá se dirán:

Los vecinos de Jerusalén

cobran fuerzas

gracias al Señor Todopoderoso,

su Dios.

6Aquel día haré de las tribus de Judá

un incendio en el bosque,

una antorcha entre la paja,

devorarán a derecha e izquierda

a todos los pueblos vecinos.

Mientras Jerusalén

seguirá habitada en su sitio.

7El Señor salvará las tiendas de Judá

como antiguamente:

así ni la dinastía davídica

ni los vecinos de Jerusalén

mirarán con orgullo a Judá.

8Aquel día escuchará el Señor

a los vecinos de Jerusalén:

el más inseguro

se sentirá fuerte como David,

el sucesor de David será un dios,

como un ángel del Señor

al frente de ellos.

9En aquel día me dispondré

a aniquilar

a todas las naciones

que invadan Jerusalén.

10Sobre la dinastía davídica

y los vecinos de Jerusalén

derramaré un espíritu

de gracia y de súplica.

Al mirarme traspasado

por ellos mismos,

harán duelo como por un hijo único,

llorarán como se llora

a un primogénito.

11Aquel día el luto de Jerusalén

será tan grande

como el de Hadad-Rimón,

en el valle de Meguido.

12Hará duelo el país,

familia por familia:

la familia de David por su lado,

y sus mujeres por su lado;

la familia de Natán por su lado,

y sus mujeres por su lado;

13la familia de Leví por su lado,

y sus mujeres por su lado;

la familia de Semeí por su lado,

y sus mujeres por su lado;

14todas las familias supervivientes

cada una por su lado,

y sus mujeres por su lado.

 

13 1Aquel día

se abrirá un manantial

para que puedan lavar en él

sus pecados e impurezas

la dinastía de David

y los vecinos de Jerusalén.

2En aquel día

–oráculo del Señor Todopoderoso–

arrancaré del país

los nombres de los ídolos

y no serán invocados más;

también apartaré del país

sus profetas

y el espíritu que los contamina.

3Si uno vuelve a profetizar, los mismos padres que lo engendraron le dirán: No quedarás vivo, por haber profetizado mentiras en nombre del Señor. Sus mismos padres lo apuñalarán por hacerse pasar por profeta.

4En aquel día se avergonzarán los profetas de sus visiones y profecías y no se vestirán mantos peludos para engañar. 5Dirán: No soy profeta, sino labrador; la tierra es mi ocupación desde la juventud. 6Le preguntarán: ¿Y qué son esas heridas que llevas entre los brazos? Contestará: Es que me hirieron en casa de mis amantes.

 

14 1Miren que llega

el día del Señor,

en que tus despojos, Jerusalén,

serán repartidos en medio de ti.

2Movilizaré a todas las naciones

contra Jerusalén;

conquistarán la ciudad,

saquearán las casas,

violarán a las mujeres;

la mitad de la población

marchará al destierro,

el resto del pueblo

no será expulsado de la ciudad.

3Porque el Señor saldrá a luchar

contra esas naciones como

cuando salía a luchar

en la batalla.

4Aquel día asentará los pies sobre el Monte de los Olivos, a oriente de Jerusalén, y lo dividirá por el medio formando un gran valle de este a oeste: la mitad del monte se apartará hacia el norte, la otra mitad hacia el sur. 5El valle de Hinón quedará bloqueado, porque el valle entre los dos montes seguirá su dirección. Y ustedes huirán como cuando el terremoto en tiempos de Ozías, rey de Judá. Y vendrá el Señor, mi Dios, con todos sus consagrados.

6En aquel día no habrá más

astros luminosos, frío y hielo;

7será un día único,

elegido por el Señor,

sin distinción de noche y día,

porque al atardecer

seguirá habiendo luz.

8En aquel día brotará

un manantial en Jerusalén:

la mitad fluirá

hacia el mar oriental,

la otra mitad

hacia el mar occidental;

lo mismo en verano

que en invierno.

9El Señor será rey de todo el mundo.

Aquel día el Señor será único

y su nombre único.

10Todo el país se transformará en llanura: desde La Gueba hasta Rimón Negueb. Jerusalén estará en alto y habitada, desde la Puerta de Benjamín hasta la Puerta Vieja y hasta la Puerta del Ángulo, desde la torre de Jananel hasta las Bodegas del Rey. 11Estará habitada, no volverá a ser amenazada de exterminio; habitarán en Jerusalén tranquilos.

12A todos los pueblos

que lucharon contra Jerusalén

el Señor les impondrá

el siguiente castigo:

se les pudrirá la carne

mientras estén de pie,

se les pudrirán los ojos

en las cuencas,

se les pudrirá la lengua en la boca.

13En aquel día les asaltará

un pánico terrible

enviado por el Señor.

Cuando uno agarre la mano

de un camarada,

el otro volverá su mano contra él.

14Hasta Judá

luchará contra Jerusalén.

Arrebatarán las riquezas

de los pueblos vecinos:

plata y oro y trajes innumerables.

15Los caballos, mulos, burros, camellos y demás animales que haya en los campamentos sufrirán el mismo castigo. 16Los supervivientes de las naciones que invadieron Jerusalén vendrán cada año a rendir homenaje al Rey, al Señor Todopoderoso, y a celebrar la fiesta de las Chozas. 17La tribu que no suba a Jerusalén a rendir homenaje al Rey no recibirá lluvia en su territorio. 18Si alguna tribu egipcia no acude, el Señor la castigará como castiga a los que no van a celebrar la fiesta de las Chozas. 19Ésa será la pena de Egipto y de las naciones que no vengan a celebrar la fiesta de las Chozas.

20Aquel día

los cascabeles de los caballos

llevarán escrito:

Consagrado al Señor;

las ollas del templo

serán tan sagradas

como los aspersorios del altar.

21Todas las ollas de Jerusalén y Judá

estarán consagradas al Señor.

Los que vengan

a ofrecer sacrificios

las usarán para guisar en ellas.

Y ya no habrá, aquel día,

mercaderes en el templo

del Señor Todopoderoso.

 

 

1,1 Título del libro. Este primer versículo nos ubica en la historia. Esta fecha corresponde al año 520 a.C. También nos revela el nombre del profeta que da nombre al libro.

 

1,2-6 Exhortación a la conversión. Con estos versículos introductorios, Zacarías se sitúa en la línea de la profecía en Israel, uno de cuyos aspectos fue siempre el llamado a la conversión al Señor. Zacarías recuerda a la comunidad de repatriados que antes del exilio hubo profetas que predicaron esto mismo y que no fueron escuchados. Así la comunidad actual debe tener conciencia de ese pasado, leer los acontecimientos históricos como intervenciones de Dios y no recaer en el mismo camino de sus antepasados para que el Señor no tenga que castigarlos de nuevo. La memoria histórica no se puede perder, de ella hay mucho que aprender si se quiere crear con seguridad el futuro.

 

1,7–6,15 Ocho visiones. Lo esencial de la primera parte del libro llamado «Zacarías I», está compuesta por ocho visiones, que están en relación con la suerte de Jerusalén. Todas las visiones, excepto la cuarta, presentan un mismo esquema: el vidente obtiene una visión e interroga al ángel del Señor sobre el significado de lo que ve. No hay un orden lógico en las visiones, pero sí se pueden agrupar en torno a una posible idea precisa del profeta: Dios decide purificar la tierra (1ª, 2ª, 6ª y 8ª), esta purificación tiene un epicentro: Judá y Jerusalén, primero exterminando de allí el pecado (7ª) y luego haciendo de Jerusalén lugar para todos los pueblos bajo el único señorío de Dios (3ª), concretado en el sumo sacerdote (4ª). Allí Dios se encargará de vigilar a toda la tierra con la ayuda de dos ungidos (5ª). Las visiones culminan con la coronación simbólica de Zorobabel.

 

1,7-17 Primera: Los jinetes. Los jinetes que recorren toda la tierra la encuentran en paz (11), pero falta el bienestar completo en Jerusalén y en el resto de ciudades de Judá. Por ello, el ángel interroga sobre el fin del castigo. El Señor impone el castigo contra quienes se aprovecharon de su breve cólera para incrementar el mal a su pueblo. Luego vendrá el tiempo de la compasión para Jerusalén (16) y para el resto de ciudades de Judá (17).

 

2,1-4 Segunda: Los cuernos y los herreros. Esta segunda visión se compone de dos imágenes: la primera corresponde a los cuatro cuernos que embisten a toda la tierra. El cuerno aquí es símbolo de fuerza y de poder; el número cuatro podría referirse a los imperios poderosos que han azotado a los pequeños pueblos del Cercano Oriente, pero también podrían simbolizar la «universalidad» del mal que se propaga por los cuatro puntos cardinales de la tierra. Esta última posibilidad encuadra mejor con la segunda imagen: los cuatro herreros que espantan a los cuernos. Es como una decisión de Dios de poner fin al mal que cunde sobre toda la tierra (3).

 

2,5-17 Tercera: El cordel de medir. El ambiente postexílico no deja de ser preocupante para el pueblo y para el profeta. Jerusalén continúa en ruinas, las promesas no se cumplen y el desánimo –quizá también la desidia– es el denominador común. En su afán de animar al pueblo, el profeta se figura una ciudad reconstruida; sus trazos, sus murallas… Sin embargo, no es necesario trazar ni encerrar con muros unas cuantas casas. Jerusalén será una ciudad abierta para que pueda contener la afluencia no sólo de los judíos que aún permanecen dispersos, los cuales son invitados a regresar (10s), sino también para muchos otros pueblos que vendrán hasta Jerusalén, para formar entre todos un solo pueblo, con un solo Señor (15), que reinará sobre todos desde su ciudad (17).

 

3,1-10 Cuarta: Investidura del sumo sacerdote. Esta cuarta visión posee como característica especial la investidura de Josué como sumo sacerdote en una extraña asamblea celestial donde está siendo acusado por Satán. Pese a las acusaciones, Josué es perdonado e investido con vestiduras limpias. Nótese la relación entre vestiduras «sucias» y «acusador» con «ser perdonado» y vestiduras «limpias». Podría tratarse de alguna situación anómala o impedimento que hacían de Josué indigno de llevar la investidura de máximo sacerdote. Mediante este recurso de la visión, el profeta entroniza oficialmente a Josué validando su ministerio ordenado por el mismo Dios. En el trasfondo de esta visión hay que recordar las contradicciones y enfrentamientos frecuentes entre los que regresaron de Babilonia y los que no habían ido al destierro.

La segunda parte de la visión, hasta ahora sin explicación satisfactoria, corresponde a la piedra con siete ojos que recibe el sumo sacerdote. El contexto induce a pensar en la vigilancia cercana que tendrá el Señor con su pueblo, el cual será purificado en un solo día (9). Ya purificados, los fieles vivirán en paz y tranquilidad y cada uno podrá invitar a su amigo a su propia higuera y a su propia parra.

 

4,1-14 Quinta: El candelabro y los dos olivos. Otra preocupación que se percibe en la época del profeta es el ejercicio del poder: ¿quién debe ejercerlo, la parte civil o la parte religiosa? Ciertamente el sector religioso no está muy interesado en una nueva monarquía, por eso tal vez considera que es la hora del sector religioso y por eso se hará mayor énfasis en la teocracia. Los judíos de hecho, no podían hacerse muchas ilusiones con entronizar de nuevo un rey ya que su condición de vasallos de Persia no se lo permitía. Sin embargo, no perdían la esperanza de que un descendiente davídico volviera a ocupar el trono en Jerusalén.

De todas formas, las perspectivas se ven lejanas, y por eso se empieza a soñar con dos tipos de Mesías: uno de índole sacerdotal y otro de índole civil o laico. Ambos procederán de un mismo y único Señor de toda la tierra que en esta visión es representado por el candelabro de las siete lámparas como símbolo de poderío y majestad. De Él proceden los dos ungidos, representados por los dos árboles de olivo que penden del candelabro. Las palabras dirigidas en forma exclusiva a Zorobabel indican la deferencia particular por este descendiente de David en quien se han fijado también las esperanzas de la restauración, la cual aunque insignificante al principio será grandiosa en su final, porque será fruto exclusivo del poder del Espíritu del Señor (14.10a).

 

5,1-4 Sexta: El libro volando. Esto manifiesta los escrúpulos concernientes a la pureza, necesaria en la reconstrucción de la ciudad y en el nuevo templo. Dos tipos de pecados sintetizan a todos los demás: el robo, que podríamos entender como pecado de índole ético-social, y el perjurio como atentado contra las sanas relaciones con Dios o pecado ético-religioso. Ambos pecados deben desaparecer completamente para poder adelantar las tareas de la reconstrucción.

 

5,5-11 Séptima: El recipiente y la mujer. La preocupación del profeta por una completa purificación es ilustrada con esta visión: la maldad completa del país es introducida en una gran olla y llevada por los aires por dos mujeres con alas de cigüeña. La mentalidad de la época hacía de Babilonia origen de todas las maldades, allá debía ser recluida la maldad existente en la tierra santa, allá en su propio lugar será venerada como una divinidad más.

 

6,1-8 Octava: Los cuatro carros. Quedaba pendiente la visión sobre el castigo infligido al país del Norte, Babilonia. Los cuatro carruajes realizan una purificación a los cuatro puntos de la tierra, pero en el fondo sólo se explicita como Dios aplaca su ira contra ese país.

 

6,9-15 La corona. Se completa el ciclo de visiones sobre la purificación de la ciudad, la investidura del sumo sacerdote y la reconstrucción del templo con este oráculo de invitación a coronar a Zorobabel como rey. Por la historia sabemos que Zorobabel nunca fue rey y que la monarquía en Israel nunca pudo ser restaurada al modo como se llegó a pensar en los primeros tiempos del postexilio.

El profeta intuye la restauración de los dos pilares de la vida de Israel, el religioso y el civil, y sueña con un ejercicio de poderes en paz y armonía (13). El exilio había servido en parte para purificar el pensamiento judío, pero quienes regresaron no fueron capaces de soñar con un Israel restaurado desde otras posibilidades, sino desde las mismas instituciones y estructuras que Babilonia les había truncado: el templo, el poder en torno al templo y la monarquía. Nunca se les ocurrió que hubiera estructuras que por más que se intentasen diseñar idealmente nunca serían benéficas para el pueblo.

Otra cosa que hay que recordar es que el proyecto de reconstrucción no fue jamás objeto de diálogo con los habitantes de Judá y de Jerusalén que no habían ido al destierro. Hubo dos perspectivas, dos proyectos diferentes, pero terminó imponiéndose el de los repatriados.

 

7,1–8,23. Estos dos últimos capítulos, cierran la primera parte del libro de Zacarías. En ellos encontramos varios puntos de contacto entre la profecía nueva, es decir, la que se está desarrollando en la primera época del postexilio, con aquella que podría llamarse profecía clásica, la que se desarrolló antes del exilio. Por primera vez en Zacarías encontramos una doctrina en materia de justicia social y otros aspectos que no habían aparecido aún, dado que su mensaje y su preocupación primaria fue el tema de la reconstrucción del templo, la entronización ideal del sumo sacerdote y la coronación del «Germen» para Israel.

 

7,1-14 Consulta litúrgica: culto y justicia. La oportunidad de este oráculo se da gracias a la consulta sobre si era necesario continuar la práctica de un día de ayuno y penitencia por la destrucción de la ciudad y del templo. Ahora que todo está volviendo a su normalidad, ¿se debe mantener el ayuno? El profeta desenmascara el formalismo de esa práctica. Pensaban que el beneficiado con todo ello era Dios, pero el profeta hace notar que los únicos beneficiados eran ellos y, sin embargo, la han convertido en un cumplimiento vacío.

Recurriendo a la predicación de los profetas anteriores al destierro, Zacarías enseña la necesidad de dar un sentido también de justicia a las prácticas religiosas. Si no hay inclinación ni sensibilidad por los más débiles y excluidos de la sociedad, ninguna práctica religiosa sirve para nada, ni siquiera se debe hacer, y mucho menos en nombre del Señor. ¿Para qué un ayuno carente de solidaridad con el hambriento? ¿Para qué vestirse de saco y ceniza por un día cuando no hay sensibilidad por los miles de desnudos? ¿Para qué un día de lamentación y duelo fingido cuando todos los días hay viudas y huérfanos a quienes nadie escucha sus lamentos ni se compadece de su dolor? La práctica de justicia no puede quedarse entonces en un mero enunciado o frase que deja las cosas como están.

Zacarías, al igual que los antiguos profetas, comienza por aplicar la justicia a la cotidianidad de la vida israelita: que los juicios sean rectos y no siempre a favor del más poderoso que tiene con qué comprar la conciencia del juez; la práctica del amor y la misericordia… El profeta, invocando la forma de actuar de los habitantes de la Jerusalén de antes, que escuchaban a los profetas y no les hacían caso (9-12), previene a esta nueva generación para que sepan que esos criterios siguen siendo válidos, que pasar por alto los mandatos del Señor puede acarrearles también hoy la misma reacción de Dios, esto es, el rechazo a sus prácticas vacías y el castigo por sus injusticias (13s).

 

8,1-23 Diez promesas. Podríamos denominar este capítulo como un «oráculo múltiple», pues en realidad son diez oráculos en uno solo. Para intentar entenderlo mejor podemos reducirlo a un esquema muy sencillo: promesa-exigencias-efectos hacia el futuro. El profeta parte de una actitud de Dios: Él está celoso por Sión, arde en deseos de volver a habitarla (2), y decide volver; por tanto, promete establecerse de nuevo en ella (3) y poblarla de nuevo (4s). Aunque para muchos sea algo imposible lo que Dios piensa realizar (6), Él está decidido a salvar a su pueblo, Él mismo hará volver a los dispersos (7); con ellos promete restablecer en primer lugar la Alianza: «ellos serán mi pueblo, yo seré su Dios auténtico y legítimo» (8).

Con la restauración de la Alianza vienen las promesas de un cambio de situación que comienza con la normalización de las relaciones interpersonales o, si se quiere, intergrupales (10), cambio de situación en lo que atañe al necesario bienestar y prosperidad (12), que se traduce en bendición (13), y paz (15), elementos esenciales del «shalom» hebreo y del «salam» árabe. Estas promesas, fruto de la decisión divina, implican unos compromisos efectivos (16-19) que tienen que ver tanto con la relación con los demás: justicia y rectitud (16.17a), como con las relaciones con Dios (17b.19). Las promesas inquebrantables de Dios y el esfuerzo del pueblo por cumplir sus compromisos traerán efectos propios a la vida interna (9-15), y a la vida externa: muchos otros se animarán a regresar, pero también pueblos y naciones de otras lenguas llegarán hasta Jerusalén atraídos por las obras del Señor; allí le adorarán y pedirán también ellos su protección (20-23).

 

9,1-8 Contra las naciones. Oráculo de condenación contra varias naciones de las cuales Israel tiene ingratos recuerdos del pasado. El profeta tiene en mente la irrupción de una época nueva para su pueblo, pero no puede dejar de anunciar la desgracia para las naciones que oprimieron a Israel en tiempos pasados. Se resalta así el señorío universal de Dios sobre todos los pueblos y se abre una ventana a la posible incorporación de los paganos al Israel restaurado (7). Dios mismo se encargará de vigilar y proteger a su pueblo (8).

 

9,9-15 Paz y guerra. La mención de los griegos en el versículo 13 refleja el período de dominación griega que sobrevino con las conquistas de Alejandro Magno y su victoria sobre el poder persa. Estaríamos hablando de finales del s. IV a.C., época en que la ideología mesiánica presenta ya dos vertientes: una de tipo triunfalista, nacionalista, y militar, y otra de carácter más bien sobrio, centrada en la espera de un Mesías humilde, sin pretensiones triunfalistas. Esta última es la que se ve reflejada en versículo 9.

El Nuevo Testamento va a ver en Jesús al Mesías humilde descrito aquí por Zacarías, al hombre de dolores (Is 53,3) que cargó con nuestras culpas (Is 53,6). Su poder no está determinado por su ejército ni por sus guerreros, está determinado por su constitutivo esencial que es la paz, único bien que hace florecer la vida en la tierra. La mención de los jóvenes y las doncellas (16s), sirve para ilustrar la nueva generación marcada por la paz y la prosperidad, características de la era mesiánica.

 

9,16–10,2 Fecundidad. Todavía en conexión con el tema de la era mesiánica, estos dos versículos refuerzan la bondad del reinado del Mesías, único capaz de proporcionar la lluvia necesaria para esa fecundidad descrita al final de la sección anterior. Este presupuesto sirve para recordar que fuera del Señor nada ni nadie puede proporcionar vida, alegría, estabilidad y paz. La mención de los pastores irresponsables que abandonan a sus ovejas, prepara la siguiente sección dirigida contra ellos precisamente.

 

10,3–11,3 Repatriación. Como otros profetas anteriores, Zacarías denuncia la irresponsabilidad de los pastores –reyes– de Israel (cfr. Jr 23,1-3). A causa de ellos el pueblo se ha extraviado. Por tal motivo, el Señor tomará represalias contra pastores y machos cabríos –¿jefes?–, pero su acción no se queda en el mero castigo. Su verdadera acción está en reunir de nuevo a las ovejas dispersas y encargarse Él mismo de su cuidado. La dispersión del rebaño ha sido aprovechada por los poderosos para oprimir a las ovejas; pues bien, con esas mismas ovejas débiles y dispersas, Dios hará su caballo glorioso con el que aplastará la prepotencia de las naciones que se creen invencibles. El avance del vencedor será la gloria para Israel.

Nótese la utilización de imágenes que recuerdan la liberación de Egipto y el paso del Mar Rojo (10,10-12). Este triunfo definitivo de los que antes estaban derrotados no puede menos que ser cantado con júbilo (cfr. Éx 15,1-21). Los que se creían grandes, poderosos e invencibles han caído y se han hecho cenizas. El lamento o la invitación a gemir (11,2), es una sátira contra la prepotencia de los poderosos.

 

11,4-17. 13,7-9 Ovejas y pastores. Con la imagen del rebaño y del pastor como telón de fondo, se desarrolla esta sección en la que se utiliza, además, una acción simbólica realizada por el profeta a instancias de su Dios. No hay claridad sobre algunos aspectos de esta sección: tres pastores que son eliminados en un solo mes, ¿a qué puede referirse? Dos cayados denominados «Belleza» y «Concordia» que son quebrados, ¿se estará refiriendo a la división del reino y su posterior hundimiento en 721 y 587 a.C.? O, ¿más bien podría tratarse de los dos ungidos propuestos por Zacarías I?

El pastor al que se le paga su salario –30 siclos de plata– que finalmente son depositados en la alcancía del templo, queda también en incógnita. Mateo se lo aplicará a Judas el que vendió a Jesús (Mt 26,14s). 13,7-9 aparece desplazado a este lugar por considerarse que es continuación de esta sección. Concluye la idea que se viene desarrollando en torno al rebaño dividido. Con el tercio que escapa de la matanza, el Señor hará cosas increíbles. Ellos reconocerán al Señor y Él los llamará «mi pueblo», es decir, con ellos restaurará la Alianza.

 

12,1–14,21 Aquel día. Sección final cargada de promesas de salvación y gloria para Jerusalén. El tono de estos capítulos es eminentemente apocalíptico y escatológico, lo cual se deduce de su reiterada fórmula «entonces aquel día…», «sucederá en aquel día…». El profeta alude a imágenes y sucesos que están por venir. Hay quienes ven en estos capítulos una unidad independiente del resto del libro por el cambio de tema y de tono, sin embargo, otros autores afirman que hay una cierta coherencia con el pensamiento desarrollado a partir del capítulo 9.

 

12,1-14: El versículo 1 introduce con toda solemnidad una serie de oráculos favorables a Jerusalén y a Judá. La esencia de esta sección está en el mensaje de liberación definitiva de Jerusalén que será convertida en «copa embriagadora» (2), y en «piedra que hiere» (3), mas no triunfará Jerusalén sobre sus enemigos por sí sola, sino por la ayuda efectiva de su Señor. Él mismo espantará los caballos, asustará a los jinetes y cegará los caballos de los paganos (4). Todos reconocerán que Jerusalén ha cobrado su fuerza a causa de su Dios (5-9). El versículo 10 describe la efusión del Espíritu sobre la dinastía davídica y los vecinos de Jerusalén con el fin de introducir un pasaje de difícil interpretación. Ese espíritu será de gracia y de súplica, que les permitirá mirar con dolor al traspasado (10b-14). ¿Quién es ese traspasado? El contexto nos habla del mismo Dios. El Nuevo Testamento aplicará esta profecía a Jesús en la cruz (cfr. Jn 19,37).

 

13,1-6: La Jerusalén futura no sólo podrá contar con una primacía militar. Ya 12,10 anunciaba la efusión del espíritu de gracia y de súplica como anticipo de lo que también va a formar parte de la ciudad futura: la purificación de los pecados e impurezas, incluyendo el mismo culto (1), porque se extirparán del país los ídolos sus profetas, automáticamente considerados falsos (2), al punto de que hasta los mismos familiares de estos profetas se encargarán de perseguirlos. La mención de las heridas en los brazos (6), alude a las prácticas de hacerse incisiones en la piel con el fin de alcanzar el trance y obtener visiones.

No hay que ver pues aquí un vaticinio del final de la profecía en Israel, como algunos proponen. Cierto que con Zacarías estamos llegando al final de este período, mas aquí no es el caso. El contexto nos ayuda a entender que en la Jerusalén del futuro no habrá profetas falsos porque los ídolos a quien ellos sirven van a ser extirpados.

 

14,1-21: Utilizando las imágenes que quedaron en la tradición sobre la destrucción de Jerusalén en el 587 a.C., el profeta describe los días previos a su «día final», el día de su victoria definitiva (1s). Después de los dolores y padecimientos, vendrá un cambio radical en todos los sentidos en el tiempo y en el espacio: el tiempo ya no será más cambiante, será un eterno día lleno de luz y felicidad; el espacio geográfico, de por sí árido y abrupto, se convertirá en llanura fértil, gracias a las fuentes que le irrigan tanto a oriente como a occidente (cfr. Ez 47,1-12). Son éstas las bases para una ciudad segura, tranquila y en paz, gracias a la permanente presencia del Señor y sus santos en ella (3-11). Pero antes de esta era idílica, el Señor castigará a todos los pueblos y naciones que han hecho el mal a Jerusalén, sin embargo, no los aniquilará completamente. De ellos quedará un «resto» que de algún modo entrará en comunión con el pueblo elegido, cumpliendo como todos la obligación de subir a Jerusalén a dar culto al Señor (12-19). Los versículos 20s «desmontan» la exclusividad sacra de ciertos elementos al poner en su mismo nivel cosas tan profanas como las campanillas de los caballos y los calderos de Jerusalén. ¿Sátira contra el sacralismo exagerado de ciertos objetos?

Termina el libro con la constatación de un anhelo que sólo Jesús vendrá a colmar: expulsar del templo a mercaderes y cambistas porque hacían del lugar un lugar profano como cualquiera (21c).